Percepción de la desigualdad social

Por: | 07 de noviembre de 2012

MARTA ROMERO

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Frente al espejismo de que el crecimiento económico conllevaría una (re)distribución de la riqueza, la intensidad y persistencia de la crisis económica ha hecho aflorar el problema de la desigualdad social en los países desarrollados (y, en particular, en los países europeos). Incluso, desde los sectores económicos más ortodoxos, se observa con preocupación el desigual reparto de la riqueza, en tanto que éste puede crear ineficiencias y afectar al desarrollo económico.

En los países de la OCDE, la renta media del 10% de la población más rica es casi nueve veces superior a la del 10% más pobre. Esta diferencia de ingresos es la mayor de los últimos treinta años. Pero el incremento de la desigualdad social es anterior a la crisis y se habría ido gestando en las dos últimas décadas. Paradójicamente, mientras -a nivel global- los países más pobres han reducido la brecha con los países más ricos, en muchos países -a nivel interno- las desigualdades sociales han aumentado.

En el caso español, los estragos causados por la destrucción masiva de empleo, la reducción de salarios y la supresión de prestaciones sociales -que se están produciendo al calor de la crisis y de la aplicación de las políticas de austeridad-, han conducido a un considerable incremento de la desigualdad social. De acuerdo con el ratio 80/20 de Eurostat (que establece la relación entre el 20% de la población que más gana y el 20% que menos gana), España es el país de la Unión Europea con el nivel más alto (7,5: 2011) de desigualdad entre rentas altas y rentas bajas.

No es de extrañar así que, tras más de cuatro años de intensa crisis, al elevado pesimismo de los ciudadanos sobre la situación económica, se una la preocupación por el futuro y el malestar ante la percepción de que la salida de la crisis no está siendo justa desde el punto de vista social. Como se reconoce desde varios organismos internacionales, el contrato social está empezando a desmoronarse en muchos países y por primera vez en muchas generaciones, la gente no cree que sus hijos vayan a disfrutar de un nivel de vida superior al que tuvieron ellos.

En este contexto, cabe plantearse cuál es la percepción que tienen los ciudadanos de la desigualdad social y en qué medida el modelo de sociedad percibido es el deseado, con las consiguientes consecuencias políticas que ello tiene para la legitimidad del sistema democrático.

En el último número de Zoom Político (Sociedad percibida frente a sociedad deseada) de la Fundación Alternativas, abordamos estas cuestiones a partir de los datos de opinión pública que proporciona el Centro de Investigaciones Sociológicas. Del análisis de esos datos se obtienen cinco conclusiones principales:

1)    En España, la ciudadanía percibe grandes desigualdades de oportunidades y derechos entre los diferentes grupos sociales. Especialmente, entre las clases altas y las clases medias.
 
2)    Los ciudadanos creen que el salario de las personas que más ganan es hasta diez veces superior al que reciben las personas que menos ganan. Con la crisis se ha acentuado la opinión de que el reparto de la riqueza es injusto.

3)    En España, la desigualdad social cuenta con un elevado grado de deslegitimación. La opinión mayoritaria es que una gran diferencia de ingresos es negativa (porque no contribuye a que la gente se esfuerce más, ni a la prosperidad del país). Si bien se asume como un problema inevitable.

4)    El modelo de sociedad percibido está muy alejado del modelo de sociedad deseado. La mayoría aboga por una sociedad en la que brecha salarial sea mucho más reducida y el esfuerzo personal, frente a los contactos, sea el principal factor para triunfar socialmente.

5)    Pese a que los votantes de izquierda muestran una mayor sensibilidad hacia el problema de la desigualdad social, en todos los segmentos del electorado es mayoritaria la preferencia por un modelo social equitativo, en el que el Estado juegue un papel activo en la provisión del bienestar de todos los ciudadanos.

La percepción de que la brecha entre ricos y pobres es cada vez más amplia, podría afectar a la legitimidad del sistema democrático, pues en España la democracia no sólo es considerada en términos procedimentales (un sistema de elección de representantes), sino también en términos de resultados (generación y reparto de la riqueza). Y, en ese sentido, la movilidad social es una piedra angular. Pero, ahora mismo, el ascensor social no sólo parece estar bloqueado, sino que parece estar activado en un una única dirección descendente. De acuerdo con una reciente encuesta realizada por la empresa MyWord, la mayoría (51,3%) de los ciudadanos considera que “la crisis económica le ha hecho descender posiciones en la escala social”.

Hay 2 Comentarios

Hace tiempo que no leía tantas chorradas por línea. Si no hay riqueza que repartir, no hay sino pobres que lamentar. La economía de mercado se basa en que cada individuo busca su lucro personal y en que, como consecuencia, la sociedad en su conjunto, gracias a la extensión de los intercambios y al flujo constante del dinero en función del interés, gana en prosperidad. Las desigualdades surgen de la mayor o menor capacidad del mercado para alcanzar hasta los elementos menos aptos para competir. Cuanto mayores sean las trabas al libre funcionamiento del mercado, tanto mayores dificultades tendrán los ciudadanos en aprovechar la riqueza del conjunto.
Parece mentira que, tras el estrepitoso fracaso de las economías planificadas y centralizadas, tras la evidente miseria que comprobamos cada día en los restos patéticos del socialismmo real (Corea del Norte, Cuba, Zimbawe, Venezuela...), sigan todavía apareciendo los clichés marxistoides en gente a la que se sopone al tanto de la historia y de la evolución socioeconómica en el siglo XXI. Si China ha despuntado como potencia emergente no es porque haya atendido en primer término a mantener una estricta igualdad en el límite de la miseria sino porque el PCCH ha comprendido que sin crecimiento y sin incentivos que promuevan la riqueza individual, la actividad económica apenas genera recursos más que para la simple subsistencia , y en ocasiones, ni eso (véase Corea del Norte y Zimbawe).
El estado del bienestar en una sociedad que desea ser rica no puede ir contrar esa lógica económica. No se puede pagar si no se tiene dinero suficiente para ello; no se puede dar gartis lo que cuesta más de lo que se puede pagar; y no se puede gastar lo que no se tiene porque entonces no sólo se erosiona la riqueza del país sino que se hipoteca el futuro de la entera nación.

Frente a la utopia bien rentabilizada por la banca del estado del bienestar, regresamos a la tortuosa lucha de clases. Cada vez mas evidente el esfuerzo de los que se hallan en el poder por mantener el status quo. Una sociedad cuyo fundamento, cuya epistemología es la del mercado, carece de otros principios y otros fines y por tanto, en su desarrollo, no emerge lo humano. Aunque el debate sobre lo humano no cesa ni progresa.

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