Elecciones italianas: la alternativa es entre democracia y populismo

Por: | 24 de febrero de 2013

Autor invitado: Luciano Vecchi

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El escenario de las elecciones legislativas que tiene lugar hoy y mañana, 24 y 25 febrero, es absolutamente diferente con respecto a las confrontaciones electorales de los últimos veinte años.

El futuro Parlamento italiano representará una absoluta anomalía respecto a la tradición política nacional y al panorama político y electoral de los países de Europa occidental. Las elecciones italianas determinarán, en todo caso, una etapa importante también para Europa. La alternativa será entre la opción  progresista, representada por la coalición reunida alrededor del Partido Democrático, y una de las distintas opciones populistas.

UN SISTEMA ELECTORAL PECULIAR
Los italianos votarán una vez más con un sistema electoral muy peculiar, que fue impuesto en 2005 por la entonces mayoría de centro-derecha, con el fin de hacer imposible (y el resultado se alcanzó) una victoria nítida de la alianza progresista. El sistema, conocido como “porcellum” (cochinada), prevé un premio en escaños (55%) en la Cámara a la coalición que gane (cualquiera que sea el porcentaje alcanzado).

Pero en el Senado – que en Italia tiene los mismos poderes de la Cámara, caso único en Europa de “bicameralismo perfecto” – el premio de mayoría se otorga en base regional, haciendo así determinante el voto de algunos grandes territorios (Lombardía, Véneto, Sicilia), tradicionalmente inclinadas a la derecha.

Para conseguir la mayoría de escaños en ambas Cámaras y poder así gobernar, no es suficiente obtener una mayoría de votos a escala nacional, sino que hace falta también ganar en casi todas las veinte regiones.

Los últimos sondeos publicados (en las dos semanas antes del voto no se pueden difundir nuevas encuestas de opinión) muestran a la coalición de centro-izquierda (PD-Partido Democrático, SEL-Izquierda Ecología y Libertad, Partido Socialista y Centro Democrático), liderada por Pierluigi Bersani, como ganadora a nivel nacional, con un margen de 5-6% sobre la de centro-derecha, dirigida por Silvio Berlusconi.

El desenlace está abierto en algunas regiones clave (Lombardía y Sicilia), en las que los sondeos han señalado que las dos coaliciones están a la par en intención de voto (en 2008 la derecha ganó en estas regiones, con un margen de cerca de 30%), mientras que el frente progresista podría vencer en 17 territorios y perder en uno (Véneto).

Simultáneamente se elegirán los parlamentos y gobiernos de tres regiones (Lombardía, Lazio y Molise), donde los precedentes gobiernos de derecha tuvieron que dimitir debido a escándalos vinculados a la corrupción política, con unas expectativas de voto ahora favorables al centro-izquierda.


DEL BIPOLARISMO A LA FRAGMENTACIÓN DEL MAPA POLÍTICO ITALIANO
Tras la introducción, a comienzos de los años noventa, de sistemas electorales mayoritarios, el mapa político italiano se ha caracterizado por un substancial bipolarismo, basado en dos coaliciones de geometría variable pero en realidad estructuradas en un centro-derecha (siempre liderado por Silvio Berlusconi aliado con los neofascistas de Alianza Nacional – fundidos en 2008 con Forza Italia en el “Pueblo de las libertad-PDL” – y con el partido populista-secesionista Liga Norte) y en un centro-izquierda que halló en la coalición El Olivo y después en el Partido Democrático su punto de referencia.

Una de las novedades de esta campaña electoral ha sido la vertebración de movimientos y coaliciones que tienen como objetivo declarado romper el esquema bipolar de la política italiana. En concreto, han surgido la coalición centrista impulsada por el Presidente del Gobierno Mario Monti (que reúne la Unión Democrática de Centro de Pier Ferdinando Casini y el movimiento Futuro y Libertad por Italia del antiguo líder de derecha Gianfranco Fini, que protagonizó una sonora ruptura con Berlusconi).

En las urnas obtendrá un resultado contundente (según los sondeos, entre 15 y 20%) la fuerza populista creada por el actor cómico Beppe Grillo (Movimiento Cinco Estrellas), que con el lema “que se vayan todos” intenta aglutinar el furor contra el sistema político con un programa difuso que consigue comunicar con un electorado decepcionado por la actuación negativa de una parte de la política italiana y empobrecido por la crisis económica y del empleo, que está golpeando con dureza a todo el país.

Sea como sea finalmente, el Parlamento que salga de las elecciones será muy diferente del actual, en el que la alianza de Berlusconi con la Liga Norte contó en un inicio con una abrumadora mayoría, que se disgregó progresivamente en los tres años (2008-2011) de un gobierno desastroso. A partir del próximo mes, los 630 diputados y 315 senadores serán parlamentarios novatos en unos dos tercios de los escaños.

LA ALTERNATIVA ENTRE REFORMISMO Y POPULISMO
De manera diferente a lo habitual en Europa Occidental, la dinámica política en Italia no se limita a una confrontación entre derecha e izquierda (que, no obstante, sigue siendo la principal, con Bersani y Berlusconi como los dos verdaderos competidores por la victoria electoral), sino que se caracteriza también por un antagonismo entre coaliciones políticas que se presentan con un programa creíble de gobierno – la izquierda de Bersani y el centro de Monti – y las que se centran en un más o menos eficaz mensaje antisistema (Berlusconi, Grillo y la extrema izquierda “Revolución Civil”).

No se trata, para Italia, de algo sin precedentes: el mensaje populista es el que caracterizó, en la llamada “Segunda República” (el sistema que se concretó después de los escándalos de Tangentopoli), la reorganización del espacio político de la derecha. El perfil del populismo es casi idéntico cualquiera que sea la forma que adopte: un fuerte mensaje antipolítico (“no nos sirven partidos y sindicatos”), antiestado (“bajemos el gasto público”, “reduzcamos los impuestos”, “defendamos a los ciudadanos de la amenaza del Estado”) y antieuropeo (”salir del Euro”, “reconsiderar la participación en la Unión Europea”, “contra los burócratas de Bruselas”) que, en la realidad italiana, hace bastante similares el discurso de la derecha y del Movimiento Cinco Estrellas.

Son eslóganes que, en una situación de crisis de sistema, llegan a capas sociales muy distintas y excitan hasta a una parte de las clases dirigentes del país (es llamativa la analogía con el análisis de Antonio Gramsci sobre “la actitud a la subversión de las clases dirigentes” que contribuyó al surgimiento del fascismo en Italia).


EL RETO DEMOCRÁTICO
Todas estas consideraciones, que son también un útiles como alarma acerca de lo que puede ocurrir en otros países europeos, no pueden sin embargo oscurecer lo que es ya hoy el verdadero elemento de novedad positiva en el escenario político italiano. En realidad, las elecciones las ganará la coalición organizada alrededor del PD, que se presenta como el único actor político fiable, democrático y europeísta, en un marco italiano en rápida e incierta transformación.

Después de una dura oposición al Gobierno Berlusconi y del apoyo leal al gobierno de “emergencia nacional” de Mario Monti entre diciembre 2011 y enero 2013, el Partido Democrático (creado en 2007 por la convergencia de los Demócratas de Izquierda y de los católicos progresistas se La Margarita) ha propuesto un programa sólido de gobierno para Italia y la transformación de Europa, y, al mismo tiempo, habiendo introducido una gran innovación en la forma de hacer política.

El 25 octubre y el 2 noviembre de 2012, cerca de 3 milliones de electores del centro-izquierda eligieron al líder de la coalición y candidato a la jefatura del Gobierno a través de primarias abiertas. Bersani obtuvo, en la segunda vuelta, el 62% de los votos frente al joven alcalde de Florencia, Matteo Renzi. El 29 y 30 diciembre, más de 1.200.000 electores seleccionaron (y se trata de algo absolutamente nuevo) los candidatos del Partido Democrático al Parlamento también en elecciones primarias abiertas.

Las listas que se configuraron llevarán al Parlamento algunos cientos de mujeres y de noveles, con una renovación sin precedentes de la representación política italiana. La coalición de Centro-Izquierda (denominada “Italia Bien Común”), cuyo programa ha sido el producto de un proceso de elaboración empezado ya en 2010, se sitúa como la única capaz de encarar los profundos desafíos políticos y morales de la sociedad italiana: relanzar el desarrollo y el empleo, promover nuevas políticas publicas sociales y económicas, impulsar la educación y la innovación, garantizar el equilibrio de las finanzas publicas y ser parte de un cambio profundo de las políticas de la Unión Europea.

Bersani, consciente de la envergadura de los retos a encarar, afirmó desde el comienzo de la campaña electoral, la necesidad de que su coalición obtenga la mayoría en ambas Cámaras para contar con la fuerza y estabilidad necesarias en la acción de gobierno, pero también que señaló que “el objetivo es alcanzar el 51% y actuar como si se tuviera el 49%”, indicando así la perspectiva de una convergencia programática en el futuro inmediato “de las fuerzas democráticas, europeístas y antipopulistas construir el futuro de Italia y Europa”. El reto en estas elecciones es, en suma, construir una salida democrática y progresista a la crisis política, económica y moral italiana, la única alternativa seria a la degradación del país.

ITALIA Y EUROPA
Es evidente que el reto de las elecciones italianas forma parte importante del futuro escenario europeo. Tras el triunfo de los socialistas de Hollande en Francia y pocos meses antes de las comicios alemanes del próximo otoño, el éxito de los Demócratas italianos es una de las condiciones para un cambio en las políticas europeas, en estos años determinadas por las orientaciones neoliberales de las derechas del continente.

El desarrollo, en los meses pasados, de una colaboración programática sin precedentes entre los más importantes líderes y partidos socialistas y progresistas europeos muestra una nueva toma de conciencia de la necesidad de definir una agenda política de progreso para el futuro europeo.

Luciano Vecchi,
Miembro de la Asamblea Nacional del Partito Democratico,
diputado a la Asamblea Legislativa de Emilia-Romagna

Hay 3 Comentarios

Un post excelente que ayuda a entender en pocas palabras la situación de Italia. ¡Felicitaciones a Alternativas! Y suerte a Bersani.

Es una vergüenza: Los americanos hacen politica con dinero. Los europeos hacen dinero con la politica. Mientras no se cambie esa mentalidad de Ali Babá y los cuarenta ladrones, Europa no pùede properar, en absoluto.

www.antoniolarrosa.com www.narrador.es .

Monti y Bersani son los verdaderos "antisistema": antisistema democrático y social.
Por el contrario, para los italianos, "el programa creíble de gobierno" es el de Berlusconi, Grillo y Rivoluzione Civile -q suman al menos un 55% de los votos-. Creíble porq dicen BASTA A MERKEL, AL DEUTSCHE BANK Y A LOS EUROGANDUILES.

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