Venezuela después de Chávez

Por: | 08 de marzo de 2013

RAFAEL ESTRELLA.Embajador de España

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Cinco meses después de una resonante victoria electoral, el Presidente Hugo Chávez ha perdido la batalla por la vida tras una enfermedad larga y dolorosa. En los últimos meses, han sido los responsables políticos quienes han informado, ocasionalmente, más de su estado anímico que de su salud. La ausencia de informes médicos que precisaran la naturaleza y gravedad de su enfermedad favoreció todo tipo de especulaciones, que han servido a las autoridades venezolanas bien para identificar y señalar al enemigo interior, bien para sugerir una reaparición quasi milagrosa de un Chávez recuperado.

La singular personalidad de Chávez, la exuberancia de sus gestos y de sus actos contribuyen a simplificar y polarizar las valoraciones y juicios sobre las luces y sombras de su papel como dirigente político. Pero la muerte de Hugo Chávez trae a primer plano la realidad, plagada de incógnitas, a que se enfrenta hoy Venezuela: en primer lugar, sobre la viabilidad de un chavismo sin Chávez, la capacidad de los herederos de mantener la cohesión como él lo hacía y de generar un liderazgo indiscutido a partir de la invocación de la memoria del Comandante y de su declaración de heredero en la figura de Maduro; en segundo lugar, sobre la capacidad de afrontar y dar respuestas a problemas que ponen cada vez más de manifiesto la debilidad del modelo y la ineficacia en la gestión de la economía, como la inflación galopante, el desabastecimiento, la demanda de dólares, el cierre de empresas o la grave inseguridad, con tasas de violencia que están entre la más altas del mundo;  finalmente, la incógnita sobre las consecuencias geopolíticas de la desaparición de Chávez sobre la corriente no orgánica de pensamiento, vertebrada por complicidades y simpatías, que él impulsaba y representaba en la región. Otros -Rafael Correa, Cristina Fernández- podrán ocupar en parte el papel que Chávez jugaba en la escena latinoamericana, pero ellos no eran lo mismo que Chávez y, sin él, es dudoso que dediquen su tiempo y su crédito político a ejercer plenamente ese papel con el que tan a gusto se sentía el caudillo venezolano.

Nada indica que vayan a producirse cambios dramáticos en la estrecha y estratégica relación con Cuba  -incluida la dependencia político-ideológica y, por tanto, el petróleo seguirá pagando médicos y otros profesionales que Venezuela no es capaz de formar pese a la riqueza de que disfruta, un petróleo que Chávez repartía también a precios generosos a otros países del Caribe recibiendo a cambio un reconocimiento implícito de su liderazgo.

Tampoco son previsibles novedades en la ambivalente relación con EEUU que, demonizado por Chávez, es el primer destino de las exportaciones petroleras de Venezuela, que es, a su vez, su tercer proveedor petrolero.

 A corto plazo, Venezuela se prepara para una nueva elección presidencial en que Nicolás Maduro se prefigura hoy como el candidato con mejores opciones frente a una oposición que aún debe designar su candidato -presumiblemente Capriles- y que deberá enfrentarse no sólo al poder organizado del oficialismo sino, sobre todo, a una mayoría de la sociedad galvanizada por el impacto de la muerte de Chávez y emotivamente predispuesta a cumplir el deseo sucesorio del Comandante. La oposición parece hoy condenada a pensar y a construir a medio plazo, una tarea que puede ser atractiva en un escenario, el del postchavismo, que, en palabras de Moisés Naím, se presenta marcado por el déficit de liderazgo y por el déficit financiero.

La aplicación literal del artículo 233 de la Constitución debiera llevar a que asumiera el Gobierno el Presidente de la Asamblea Legislativa y a que se procediera “a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes”. No parecen ser esos los designios del núcleo duro del oficialismo que ha decidido convertir a Maduro en “Presidente encargado”, sobre la base de una interpretación de más que dudoso acomodo con la letra y el espíritu del texto constitucional. De ese modo burdo –parece- sortearía también lo que prescribe el art. 229: “no podrá ser elegido Presidente de la República quien esté en ejercicio del cargo de Vicepresidente Ejecutivo”. Todo antes que hacer lo más sencillo: aceptar que Diosdado Cabello asumiese la Presidencia y presentarse a las elecciones a pecho descubierto.

Con esta acción, Maduro habría querido evitar, cualquier quiebra o duda del cierre de filas del oficialismo en torno a su figura. En la misma dirección estaría la presión que ha llevado a las Fuerzas Armadas a una sorprendente declaración de apoyo a su candidatura presidencial.

Nicolás Maduro tiene ante sí, además de los importantes problemas del país, si vence en las elecciones, el reto de  una construcción de liderazgo en que su mayor activo es la invocación de Chávez y la translación y de su legado hacia su propia persona.

Es indudable que la figura de Chávez, por encima de su carácter controvertido, no necesita que se le mitifique para ocupar un lugar muy relevante en la historia de su país y en la de América Latina. Son sus sucesores, sus herederos políticos, los que sí precisan de esa construcción para fortalecer su legitimidad y, en lo posible, absorber por esa vía parte de su innegable carisma y liderazgo.

El problema es que la necesaria invocación persistente acabará haciendo inevitable la comparación, y hará surgir dudas más que razonables sobre la posibilidad de crear un bucle que repita la historia mediante la reproducción de una de sus figuras irrepetibles

Hay 7 Comentarios

Cómo es posible que la gran mayoria de la prensa Occidental, nos quieran hacer ver que Chavez fué un dictador, cuando ha dado cultura a más del 80% de la población de Venezuela, que con el otro regimen no les daba y menos aun, que no estaban registrados cómo tales ciudadanos (Empadronados) ya que les tenian marginados hasta que llegó Chavez ¿Que hicieron todo el gobierno de Venezuela por entonces? Saquear, expoliar los recursos naturales para el propio beneficio de los capitalistas y politicos del anterior gobierno, y estos de Capriles se piensan que van a ganar la batalla, a quien quieren engañar esta prensa Occidental ¿Cuando han estado mejor los venezolanos llanos nada más que ahora? Con educación, medicina y ayudas sociales, Venezuela es un país rico para los venezolanos, no sólo para unos pocos cómo era antes de mandar Chavez, en los paises Occidentales pueden decir misa, pero que vayan a decirselo a los venezolanos, haber lo que piensan del anterior gobierno antes del mandato de Chavez. Y no he mencionado al presidente anterior, el que fué derrocado por Chavez, porque no se lo merece cómo tal y cómo persona, ya que no se puede sacar a los militares a matar a venezolanos por coger comida de las grandes superficies solamente para comer y otras necesidades, porque si se hubiesen repartido las riquezas de Venezuela entre los venezolanos, Cavez no habria salido de presidente por mayorias aplastantes, cómo ha ocurrido durante todos estos años atras. Y lo explico en estas gramatica para que muchas personas lo entiendan, no quiero hutilizar palabras tecnicas.

Es inminente le llegada de un mandatario con visión clara y proyectos firmes que con medio estaco en contra tendrà que armarse de fortaleza inteligencia y sobretodo inbocacdo al alticimo para fundar bien sus metas y poderlas cumplir. Capriles sin duda ganara la batalla esto va a ser un hecho!!

Suerte! Es lo mejor que les podemos decir, cuando pase esta resaca, a ver que queda, que por ahora ya se han saltado la constitución.

Interesante reflexiòn de Tavasco, ...se cae cuando comienza a hablar sin estar realmente informado: Chavez no se preocupò de la pobreza de Venezuela, la usò en provecho de sus trasnochados ideales. Para ello buscò un mentor y grupito de sátrapas chupa sangre, definieron un discurso, fueron consistentes y se lo vendieron a los pobres y a gente como tu.

Siempre me he preguntado por qué la herencia hispana ha sido tan disgregadora, contrariamente a lo sucedido en la América del Norte, dando lugar a más de 15 países. Esa tendencia centrífuga, que quizás está asociada a la idiosincrasia hispana la podemos observar en la actualidad, también, en nuestro propio país. ¿Cuándo nos daremos cuenta de que solo desde la unión se pueden idear y realizar proyectos, más allá de los límites regionales/nacionales? Caminar hacia la disgregación es ir por el atajo más rápido hacia el sumidero de la irrelevancia histórica. Hugo Chávez ha sido el único dirigente, desde Bolívar, en intentar poner en marcha ese gran proyecto de unión para Iberoamérica/Latinoamérica. Es lamentable que España no lo haya apoyado en su proyecto, más pendiente de lo que digan los USA que de favorecer procesos integradores en Iberoamérica. Por otro lado, nunca ningún gobernante se había preocupado tanto por eliminar la pobreza y la marginación social en un país con tantos recursos naturales como Venezuela. La Historia lo recordará como uno de los mayores líderes de la América del s/XXI! Descanse en paz!

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