Alternativas

Sobre el blog

Crisis de la política, la economía, la sociedad y la cultura. Hacen falta alternativas de progreso para superarla. Desde el encuentro y la reflexión en España y en Europa. Para interpretar la realidad y transformarla. Ese es el objetivo de la Fundación Alternativas, desde su independencia, y de este blog que nace en su XV Aniversario.

Sobre los autores

Nicolás SartoriusNicolás Sartorius. Vicepresidente Ejecutivo de la Fundación Alternativas (FA), abogado y periodista, ha sido diputado al Congreso.

Carlos CarneroCarlos Carnero. Director Gerente de FA, ha sido Embajador de España en Misión Especial para Proyectos en el Marco de la Integración Europea y eurodiputado.

Vicente PalacioVicente Palacio. Director del Observatorio de Política Exterior de la Fundación Alternativas, Doctor en Filosofía, Visiting Fellow y Visiting Researcher en Harvard.

Sandra LeónSandra León. Profesora de Ciencias Políticas en la Universidad de York (Reino Unido) y responsable de la colección Zoom Político de la Fundación Alternativas.

Carlos MaravallCarlos Maravall. Doctor en Macroeconomía y Finanzas Internacionales por la Universidad de Nueva York. Ha trabajado como asesor en Presidencia del Gobierno en temas financieros.

Erika RodriguezErika Rodriguez Pinzón. Doctora en relaciones internacionales por la Universidad Autónoma de Madrid y coordinadora de América Latina en la Fundación Alternativas.

Ana Belén SánchezAna Belén Sánchez, coordinadora de Sostenibilidad y Medio Ambiente de la Fundación Alternativas.

Jose Luis EscarioJose Luis Escario. Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid y Master de Derecho Internacional y Comunitario por la Universidad de Lovaina. Coordinador del Área Unión Europea de FA.

Kattya CascanteKattya Cascante coordina el área de Cooperación al Desarrollo del Observatorio de Política Exterior de la Fundación.

Enrique BustamanteEnrique Bustamante. Catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad en la UCM. Es un experto de la economía y sociología de la televisión y de las industrias culturales en España.

Alfons MartinellAlfons Martinell. Director de la Cátedra Unesco en la Universidad de Girona y profesor titular en esa misma institución. Codirige el Laboratorio Iberoamericano de Investigación e Innovación en Cultura y Desarrollo.

Carles ManeraCarles Manera. Catedrático de Historia e Instituciones Económicas en la Universitat de les Illes Balears. Es Premio Catalunya de Economía (Societat Catalana d’Economia, 2003).

Stuart MedinaStuart Medina Miltimore. Economista y MBA por la Darden School de la Universidad de Virginia. Es presidente de la Red MMT y fundador de la consultora MetasBio.

Luis Fernando MedinaLuis Fernando Medina. Profesor de ciencia política en la Universidad Carlos III de Madrid. Es autor de 'A Unified Theory of Collective Action and Social Change' (University of Michigan Press) y de "El Fénix Rojo" (Editorial Catarata).

José María Pérez MedinaJosé María Pérez Medina. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología y en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid. Funcionario del Estado. Ha sido Asesor en el Gabinete del Presidente del Gobierno entre 2008 y 2011.

José Antonio NogueraJosé Antonio Noguera. Profesor Titular de Sociología en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y director del grupo de investigación GSADI (Grupo de Sociología Analítica y Diseño Institucional).

Antonio QueroAntonio Quero. Experto en instrumentos financieros de la Comisión Europea y coordinador de Factoría Democrática. Es autor de "La reforma progresista del sistema financiero" (Ed. Catarata).

Paloma Román MarugánPaloma Román Marugán. Profesora de Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid. Autora y coordinadora de distintos libros, artículos en revistas especializadas, artículos divulgativos y artículos de prensa.

Jesús Prieto de PedroJesús Prieto de Pedro. Doctor en Derecho, Catedrático de Derecho Administrativo en la UNED y titular de la Cátedra Andrés Bello de Derechos Culturales.

Santiago Díaz de Sarralde MiguezSantiago Díaz de Sarralde Miguez. Profesor de la URJC y coordinador de Economía en OPEX de la Fundación Alternativas.

Javier ReyJavier Rey. Doctor en Medicina y Cirugía, especialista en Cardiología. Secretario de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida.

El Gobierno no quiere refugiados

Por: | 26 de junio de 2015

Diego López Garrido

 

El Consejo Europeo de este fin de semana tiene dos puntos calientes: Grecia y las cuotas de refugiados. En las dos, Rajoy ha estado en las posiciones más duras y menos sensibles a los principios en que se sustenta el proyecto de Europa.

Me voy a centrar en el asunto de los refugiados, sobre el que ya hay una posición de la cumbre, que es: no a las cuotas obligatorias de acogida a 40.000 solicitantes de asilo, provenientes de Siria y Eritrea, que ya están en la UE (Italia y Grecia).

Refugiados blog el paísLo que no admite el Consejo Europeo es que las propuestas de la Comisión sean vinculantes para los Estados y su sacrosanta soberanía. Lo dicen Gobiernos supuestamente muy europeístas, incapaces de ver que la situación actual de los refugiados en el mundo, sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial, producto de conflictos civiles, de Estados fallidos, de guerras  como las de Irak y Siria, del Estado Islámico y el terrorismo yihadista, es absolutamente nueva y terrible.

Los Gobiernos de los países que forman la UE (“tierra de asilo”) se pelean entre sí porque no quieren que unos miles de refugiados se ubiquen en sus territorios, mientras cierran los ojos a los cinco millones que están hacinados en  campamentos como los de Líbano, Turquía o Jordania (que he tenido ocasión de visitar).

La actitud del Gobierno Español es particularmente inaceptable, continuidad de lo que ha venido haciendo esta Legislatura con quienes piden asilo. La Unión tuvo el año pasado 600.000 solicitudes de asilo. España, 5.947 (menos del 1%, aunque representa el 10% de la economía europea), y concedió 384 (¡). El 56 % de las solicitudes ni siquiera fueron admitidas a trámite. Con estas cifras delante, el Gobierno, sin pestañear, rechaza que sea obligatoria la propuesta de mínimos de la Comisión, que consiste en que España admita 4.288 refugiados en dos años, por los que recibiría 6.000 € de ayuda por persona. Sólo en Líbano hay 1.200.000 refugiados. Al Gobierno se le tendría que caer la cara de vergüenza.

 Diego López Garrido. Presidente del panel de Asuntos Europeos de la Fundación Alternativas. Catedrático de Derecho Constitucional. Diputado.

 

 

 

¿Ocaso o renacer de la izquierda tras la crisis?

Por: | 24 de junio de 2015

Antonio Quero

 

Han pasado siete años desde que estalló la crisis y aún no se atisba en el horizonte una alternativa al capitalismo financiero que la provocó. Nuevas fuerzas políticas, inexistentes o irrelevantes antes de la crisis, han conseguido acceder al poder, como Syriza en Grecia o Ahora Podemos en Madrid, pero sus propuestas estrella, ya sea el fin de la austeridad, la restructuración de la deuda pública o la creación de un banco público, han sido reducidas a gestos simbólicos, postergadas indefinidamente o abandonadas. Mientras, los partidos socialdemócratas en el poder, en Francia o en Italia, acometen reformas que hace unos años se consideraban de derechas. ¿Quiere decir que no hay alternativa, como ya avisara Thatcher, o la hay pero nadie en la izquierda la ha formulado todavía?

Para que una alternativa emerja, primero hay que imaginarla, pensarla y desarrollarla, una labor que recae habitualmente en los intelectuales pero que necesita el estímulo y la complicidad de los actores políticos que conforman el debate público, ya sean partidos, sindicatos, movimientos sociales, etc. Por su naturaleza e impacto, la crisis ha generado un debate extremadamente fértil en el terreno de la macroeconomía, de la política monetaria y de la regulación financiera. Autores de reconocida trayectoria académica han elaborado análisis y propuestas que antes de la crisis hubieran sido tachadas de heterodoxas o, incluso, de heréticas. Blogelpais

Paradójicamente, desde la izquierda, hacia la que todas las miradas se volvieron tras el fracaso estrepitoso que la crisis de 2008 supuso para el neoliberalismo, la producción de ideas susceptibles de generar los cambios profundos que una democracia representativa agotada y un modelo económico social y ecológicamente depredador requieren ha sido decepcionante. Por ello vale la pena apuntar aquí dos contribuciones que no desesperan de ver renacer la capacidad transformadora de la izquierda.

Una de ellas es el último libro del ex-primer ministro francés y figura socialdemócrata Michel Rocard, "Suicide de l'Occident, suicide de la humanité?" (París, Ed. Flammarion, 2015). La otra es el ensayo del doctor en Economía y profesor de Ciencia Política Luis Fernando Medina, "El fénix rojo. Las oportunidades del socialismo" (Madrid, Ed. Catarata, 2014). Ambos hacen un diagnóstico opuesto sobre el capitalismo. Para Rocard el conjunto de derivas y peligros que acechan a la humanidad es el resultado de la "madurez terminal del sistema capitalista vigente". Según Medina, "serán los éxitos del capitalismo, tanto o más que sus fracasos, los que le den fuerza al socialismo en el siglo XXI". Aun así, los dos ofrecen una perspectiva de superación del mercado como dueño y señor del destino de las personas.

Rocard plantea un catálogo de los desafíos a los que se enfrentan nuestras sociedades, desde la amenaza persistente de explosión de la burbuja financiera mundial hasta el agravamiento vertiginoso de las desigualdades, pasando por el calentamiento global, el incierto equilibrio futuro entre bloques regionales con intereses y visiones contrapuestas o el auge multiforme de la violencia. Frente a ellos, Rocard reivindica el papel de la política, no solo la política tradicional protagonizada por los partidos, sino también al activismo de la sociedad civil. Ante el paisaje intelectual y político desolador de Occidente, Rocard emplaza a los partidos políticos a cumplir con una de sus funciones primordiales: pensar el futuro y elaborar respuestas posibles a los dramas del presente. Para ello les dicta tres condiciones: que recuperen y respeten la función de pensar, que asuman plenamente la dimensión ante todo internacional de los problemas y de sus soluciones y que acuerden una prioridad absoluta a la reflexión a largo plazo.

Rocard elabora una agenda política urgente, desde reformar la ONU hasta dotar de contenido jurídico y contable la noción de bien público, y señala lo que para él ha sido el mayor descubrimiento de la crisis, a saber la inestabilidad estructural, profunda y permanente de un sistema monetario y financiero en el que la contrapartida a la emisión de moneda central son deudas bancarias, de carácter volátil e inestable, en vez de inversiones productivas directamente generadoras de riqueza. El mérito de Rocard no está tanto en las soluciones que apunta, en muchos casos solo esboza pistas de reflexión, como en la valentía y rigor con los que encara los problemas, huyendo de dos características por desgracia comunes de los responsables políticos contemporáneos: el comportamiento de avestruz ante la complejidad del mundo globalizado y la agitación de propuestas simplistas de inspiración mediática y demoscópica.

El ensayo de Medina concentra su reflexión en un objetivo más circunscrito pero no menos ambicioso. Medina constata el derrumbe del socialismo ligado al derrumbe del trabajo como estructura de legitimación social; su papel lo ocupa ahora el consumo. Sin embargo, antes que deplorar resignadamente esta evolución, Medina opina que "este mismo proceso puede llevar la surgimiento de un nuevo tipo de socialismo".

Partiendo de una concepción del socialismo como "una visión de sociedad que ofrece a los individuos espacios de cooperación donde puedan encontrarse relativamente a salvo de la presión de los mercados y de los estados", Medina ve en la renta básica la base material para garantizar la plena libertad individual.

Medina invita pues a considerar la renta básica como algo más que un instrumento de lucha contra la pobreza: "desde una perspectiva socialista, la renta básica encarna el principio de propiedad colectiva sobre la riqueza de la sociedad". La renta básica no es en sí misma equivalente a socialismo, aclara Medina, pero representa "uno de los pasos más certeros que se pueden tomar para transformar la lógica subyacente del capitalismo actual".

La renta básica merece ciertamente un debate en profundidad, superando las objeciones un tanto burdas con las que se la suele descalificar, pero también sin prejuzgar del desenlace de dicho debate. Plantear seriamente la renta básica obliga a reformular los pilares del contrato social en sociedades materialmente ricas. Independientemente de la opción final que se adoptara tras un proceso democrático deliberativo, incluso si no se lleva a cabo finalmente, la aspiración de libertad, de igualdad y de fraternidad con la que se identifica el socialismo descubriría en dicho proceso respuestas nuevas que la sociedad capitalista e individualista de consumo actual no ofrece.

Parece, por lo tanto, que la supuesta falta de alternativa al capitalismo financiero dominante es más un problema de insuficiencia de reflexión, debate y desarrollo de propuestas que de ausencia real de alternativa. Esta es la responsabilidad que nos incumbe tras una crisis como la que padecemos. El hecho de que los nuevos partidos surgidos del desencanto o del rechazo de los partidos tradicionales no asuman esta responsabilidad, como tampoco lo hacen los tradicionales, no es excusa para dejar de trabajar por ello, desde fuera o desde dentro de los mismos. La demanda ciudadana es evidente y no va a desaparecer porque la cobardía, la incompetencia o el cinismo de las "élites" y de las direcciones de estos partidos pretenda ignorar las raíces de los problemas.

Aportaciones como las de Rocard y Medina ayudan a entrever la vía de renacimiento de la izquierda como aspiración a la justicia social en una economía libre, regulada según la voluntad democrática de la ciudadanía. Prolongando su análisis más allá de las páginas de sus libros, se pueden formular dos condiciones para dicho renacimiento.

La primera, enlazando con el énfasis de Rocard sobre la dimensión internacional de los problemas a los que nos enfrentamos y con el universalismo del socialismo como recuerda Medina, es la ambición de generar una corriente de pensamiento que federe y sirva de base común a las opciones políticas, progresistas como diría Rocard o socialistas como las califica Medina, en cada país europeo, además de servir de puente con otros continentes. Las políticas económicas de apoyo al crecimiento y el empleo, las reformas necesarias del sistema financiero, la gestión de las migraciones o la seguridad en el Mediterráneo y en el Este de Europa son ejemplos de cuestiones que, desde una perspectiva de izquierda, deben recibir una respuesta común y no depender del país en el que se discuten. La Unión Europea como herramienta política ofrece una soberanía ciudadana frente a las fuerzas del mercado o a la violencia y el sufrimiento de la que carecen los Estados por sí solos. En vez de generar la impotencia democrática descrita por Sánchez Cuenca, en la que la voluntad ciudadana se ve cercenada por imposiciones supranacionales que escapan del ámbito de influencia de las democracias nacionales, la Unión Europea puede ser una palanca poderosa si nos apropiamos de ella ejerciendo la política desde la colaboración transnacional. Ya va siendo hora, como clama Habermas, de que los partidos políticos piensen y actúen en clave europea, poniendo las instituciones europeas al servicio de la ciudadanía, como permiten los cauces establecidos en el Tratado de la UE, en vez de dejarlas en manos de la tecnocracia y de la ley del más fuerte, es decir, de Alemania. A condición, claro está, de que se consiga expresar una voluntad popular genuinamente europea. Esto que parece tan utópico para los actores y los observadores de la política europea, es claramente factible cuando se habla con el ciudadano de a pie de cualquier país. El internacionalismo está en los genes del socialismo, no hay renacimiento de la izquierda posible si no es desde una perspectiva por lo menos europea.

La segunda, inspirada por la propuesta de Medina sobre la renta básica y la libertad de pensamiento con la que Rocard supera tabúes, es la apertura de la agenda política a las propuestas que actúan sobre la raíz de los males de nuestro tiempo, por muy complejas y desconcertantes a primera vista que puedan resultar. Replantear las bases del contrato social, imaginar un nuevo modelo para la creación y gestión del dinero, favorecer modelos productivos sostenibles, redefinir las fronteras entre propiedad privada, libertad individual, bien común y derechos como el trabajo, la salud o la vivienda, acotando el mercado a los espacios en los que genera riqueza colectiva y desterrando la mercantilización de las relaciones humanas y de la emancipación personal, concebir un derecho internacional centrado en el ser humano, en vez del blindaje actual de la soberanía inviolable de los Estados, o diseñar instituciones internacionales más democráticas y más eficaces a la hora de garantizar la paz, el respeto de los derechos humanos, los derechos sociales y la defensa de los bienes comunes de la humanidad, son algunos de los ejemplos de la futura agenda política que debiera movilizar la energía intelectual y política de la izquierda. Son cuestiones con un horizonte temporal de medio y largo plazo, pero cuyo debate proporciona soluciones inmediatas y duraderas a problemas acuciantes como el paro, los desahucios o las desigualdades, en vez de los meros parcheos que apenas alcanza a proponer la política actual de vuelo rasante y motivación electoral cortoplacista.

Finalmente, añadiría una tercera condición que no se encuentra explícitamente en los libros de Rocard y Medina pero que los atraviesa desde el instante en el que se pretende pasar de la reflexión a la acción. Se trata de diseñar y practicar formas participativas y deliberativas de democracia. Ya sea por razones intrínsecas, aspirando a hacer realidad el ideal de construcción democrática de la voluntad popular, como por razones instrumentales, porque sin espacios de debate abiertos, no sometidos al cálculo electoral y mediático permanente, se hace inconcebible una agenda política como la anteriormente mencionada. Las transformaciones profundas que conlleva la puesta en práctica de una agenda política tan ambiciosa amenazan directamente a muchos intereses particulares que secuestran hoy la política (poderes económicos, aparatos de los partidos, tecnocracias opacas, etc.). En teoría, la voluntad ciudadana expresada democráticamente debería vencer la resistencia de dichos grupos de intereses, pero, en la práctica, el acceso privilegiado de estos a los circuitos de decisión política frena los cambios deseados. De ahí la necesidad de abrir el espacio y los procedimientos democráticos.

Hay motivos, pues, para la esperanza de ver surgir tras la crisis un pensamiento progresista verdaderamente transformador. Rocard recuerda que "ninguno de los riesgos que nos acechan parece irremediable hasta el punto de escapar al radio de acción de una acción preventiva de la humanidad", mientras que Medina subraya que "pocos momentos hay más definitivos e irreversibles, más llenos de poder que aquel instante en el que por fin podemos visualizar el primer paso".

 

Antonio Quero. Coordinador de Factoría Democrática. Autor de 'La reforma progresista del sistema financiero' (Ed. Catarata)

La cultura en el eje de las transformaciones sociales

Por: | 22 de junio de 2015

Carta del Consejo de Cultura y Comunicación de la Fundación Alternativas

Las políticas de la cultura y comunicación han sufrido un importante retroceso en los años de la crisis, pero no así la capacidad de creación cultural. Sin unas políticas acertadas se hace más difícil que estas creaciones culturales y artísticas tengan un mayor impacto en la sociedad.

Consejo asesor OCC1En el próximo otoño se celebrarán elecciones generales y ahora es un buen momento de elaborar nuevas propuestas que sitúen a la cultura en el eje de las trasformaciones sociales y de la recuperación que este país necesita. La capacidad de propuesta de  la Fundación Alternativas nace de su capacidad de reflexión y  análisis y por ello quiere contribuir a que la cultura y la comunicación dispongan de un ámbito más favorable en el debate público.

 

Tras los resultados de las elecciones municipales y autonómicas se abre definitivamente un nuevo ciclo político en España. Las políticas culturales tienen su mayor espacio de acción en el ámbito local y municipal (el 75% de los presupuestos públicos).

En este año de gran trascendencia y cambios en la política de nuestro país relanzamos nuevas  ideas y estrategias para que la Fundación Alternativas sea capaz de contribuir de forma efectiva y eficaz a los debates públicos sobre las políticas culturales, y al papel fundamental que debe jugar la cultura en el conjunto de políticas públicas y en la sociedad. Pensamos que la cultura es el centro de la regeneración moral y ética de la sociedad y debe ser un motor de cambio.

El estado de la cultura en España

El Observatorio de cultura y comunicación abordará los temas y contenidos del tercer Informe sobre el Estado de la Cultura en España, como uno de los principales documentos para proponer políticas a las administraciones e instituciones, y para el debate público. El informe 2015 desarrollará en su análisis sectorial, una revisión sobre el estado de situación de algunos sectores culturales no analizados en ediciones anteriores, como el mercado del arte, el patrimonio, las  bibliotecas, la proyección exterior del audiovisual o el diseño como industria creativa. En su parte de análisis transversal, se llevará a cabo un análisis actualizado de las políticas autonómicas y locales para la cultura, junto con experiencias españolas e internacionales sobre participación ciudadana y autogestión cultural por una parte y de modelos, experiencias  y eficacia de los viveros culturales por otra. Así mismo presentaremos una mirada internacional, en términos de cooperación, sobre buenas prácticas culturales en América Latina, y  la apuesta por el sector creativo y el mercado único digital  en las políticas de la Unión Europea.

La sociedad digital

En el contexto de cambio de las políticas culturales, debemos  estar atentos a los impactos de la revolución tecnológica en términos  de gobernabilidad en  Internet y  revisar a fondo los marcos normativos que permitan adaptar los derechos de acceso y los derechos de autor a la sociedad digital. Atenderemos en este sentido aspectos tales como el desarrollo de una economía equitativa en materia de edición y distribución, las condiciones del dominio público para contenidos de uso educativo e investigador, los intercambios  no mercantiles, las garantías de neutralidad de la red, o la fiscalidad digital de la cultura.

La cultura en la política local y autonómica

Respecto de las nuevas políticas para la cultura en los niveles local y autonómico, se debe pensar en propuestas que eviten acciones aniquiladoras y de privatización de servicios públicos culturales. Para ello, queremos analizar la experiencia de los espacios culturales de arte contemporáneo, los centros de barrio y de proximidad en sentido amplio y los movimientos de autogestión cultural, como herramientas fundamentales para la participación y movilización ciudadana. También queremos pensar y poner en valor  la creación cultural que se genera y se difunde en todo el territorio, más allá  de lo que ocurre en las grandes capitales como Madrid o Barcelona.

Los públicos

Tradicionalmente, las políticas culturales se han focalizado principalmente en los agentes y sus industrias y no en los públicos ni en los derechos de participación activa. Los ciudadanos son los titulares de los derechos de acceso a la cultura. España se encuentra en un proceso en el que los modelos y referentes construidos a través de los medios masivos de comunicación, así como la disminución de contenidos artísticos y culturales en los procesos educativos, no ayudan a regenerar el tejido cultural.

Queremos conocer las experiencias de la innovación cultural, los vínculos entre arte y educación, los circuitos alternativos de creación y comunicación y nuestro patrimonio cultural contemporáneo. Necesitamos saber más  acerca de las experiencias artísticas de los públicos de las artes, que en último término, son las que sustentan el valor público de las artes y dan sentido a la oferta cultural de las instituciones y empresas culturales.

Debemos analizar, en este sentido, el trabajo de los medios de comunicación en relación a  la crítica y a la información cultural, y el de las instituciones educativas ante los procesos educativos formales cultuales y artísticos,  pues entendemos que se está perdiendo interés por la innovación cultural. Existe una gran exposición y fascinación por la innovación tecnológica que parece tener un gran valor para el público, pero no tanto por los contenidos culturales y artísticos en sí, que parece que deben ser gratuitos.  Se constituyen nuevos públicos de y para la tecnología, en el que la cultura tiene un valor instrumental.  Entendemos que ambos aspectos no sólo son compatibles sino incluso complementarios. 

A pesar de todo Europa ha sido, es y será la solución

Por: | 19 de junio de 2015

Nicolás Sartorius

 

Al cumplirse los 30 años de la entrada de España en la entonces Comunidad Europea se ha puesto de moda entre ciertos opinantes, de uno u otro signo, poner en duda la validez del proyecto europeo e incluso afirmar que, en estos momentos,  la Unión  no es la solución sino el problema, dándole la vuelta a la famosa frase de Ortega y Gasset cuando dijo aquello de España es el problema y Europa la solución.

Europa blog el paisPara no caer en tesis tan simple conviene recordar, con brevedad, algunas cuestiones que parecen haberse olvidado. Durante estos años España ha multiplicado varias veces su riqueza, ha superado a Italia en renta por cabeza, ha construido una de  las infraestructuras mejores de Europa, tiene por primera vez en su historia un Estado social moderno- sanidad, educación, pensiones etc- hoy cuarteado por las políticas de los últimos años; ha dejado atrás, definitivamente, las aventuras golpistas y España está integrada en todos los organismos internacionales- incluyendo el G20-. Todo eso se lo debemos a la democracia que conquistamos en 1978, en la hoy igualmente denostada, por los mismos, Transición; como si uno, en política, pudiese hacer lo que le viniese en gana sin tener en cuenta la relación de fuerzas de cada momento.

Pero también hemos podido hacer todas esas cosas gracias a la aportación de los importantes fondos que recibimos de Europa durante todos estos años. ¿ O es que ya no nos acordamos de los más de 6000 millones de euros- entonces un billón de pesetas- que recibíamos todos los años de los diferentes fondos europeos?. Como decía un amigo cuando se inauguró el AVE a Barcelona: ”supongo que cuando el convoy entre en la estación de Sants llevará en la máquina la bandera de la Unión Europea”. No me acuerdo ya si la llevaba porque aquí hemos jugado a que cuando se trataba de una buena noticia se la apuntaba el gobierno de turno y cuando había que hacer alguna trapacería era que nos obligaba Europa. Pues bien, para no caer en un “euro escepticismo” más o menos ramplón conviene conocer, aunque sea someramente, algunas cosas.

La Unión Europea, como tal, no es un sujeto político autónomo- como pueden ser los EE.UU- sino que en la  mayoría de las políticas decisivas depende de la voluntad de los estados que la componen, es decir de la decisión de los gobiernos nacionales y, en demasiados asuntos, hay que tomar las decisiones por unanimidad. Esto quiere decir, que la Unión no tiene la culpa de que hayamos creado una burbuja inmobiliaria o que la evasión fiscal y la corrupción  sean escandalosas; o que nuestro sistema fiscal sea un desastre o que España esté a la cabeza del desempleo y la desigualdad y a la cola en inversión en medio ambiental o en I+D+i, por poner algunos ejemplos.

Claro que nos gustaría  que la Unión Europea tuviese un presupuesto más potente; y que el Banco Central tuviera en cuenta el desempleo además de la inflación y un Tesoro europeo y que la deuda estuviese mutualizada; y una política económica común, además de una política exterior y de seguridad compartida, en una palabra una Unión política de naturaleza federal. Pero todo esto no depende de la Comisión europea, ni tan siquiera de su Parlamento, sino de los estados que componen la Unión, es decir, también de los ciudadanos europeos, de nuestra voluntad  a la hora de elegir a  representantes que tengan como proyecto fundamental construir una Europa Federal que es la meta a la que debemos aspirar.

Por eso me atrevo a decir que Europa ha sido, es y será la solución, pues si alguien piensa que fuera de ella un país como el nuestro tiene futuro se equivoca. Espero y deseo que también los griegos lo entiendan así, por el bien de todos. Treinta años en la historia de una nación no es nada y los que eramos adultos cuando esta aventura empezó podemos afirmar que la España de hoy, a pesar de la crisis, es mucho mejor que la de entonces.

Nicolás Sartorius. Abogado, escritor, periodista y vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas

El laberinto político

Por: | 17 de junio de 2015

Carles Manera


Mientras Rajoy anuncia que la crisis ya es historia y que 2015 va a ser el año de la recuperación económica, la Unión Europea vive la sacudida de la incertidumbre que sigue afectando la situación de Grecia. Recuerden el objetivo del acoso heleno, que no es otro que el pago de las deudas a bancos significados del sistema financiero europeo: alemanes, franceses y también españoles. El paro en el país supera el 27%, y la pérdida de riqueza está evaluada, ahora mismo, en un 30%. Los griegos son más pobres y viven en una nación mucho más insegura que hace apenas cinco o seis años. Eso sí: sus cuentas se han saneado, y si quieren recibir más dinero europeo deben seguir recortando salarios, pensiones y prestaciones sociales.

Varufalis guindos blogRajoy y el PP, en paralelo, sacan pecho: el año 2015 va a ser fantástico. El mismo diagnóstico dijeron para 2012, 2013 y 2014, con resultados que todos sabemos. La macroeconomía proporciona mejorías pírricas; pero los aspectos microeconómicos delatan una situación que dista mucho de un repunte robusto. El miedo se azuza para consolidar esas pretendidas victorias: es una hoja de ruta informativa que advierte de la catástrofe que sería si gobernara la izquierda radical, tanto en Grecia como en España. No lo crean. Entre otras cosas, porque ni Syriza ni Podemos aplicarán lo que ahora prometen, de manera que, ya verán, la realpolitik también les impregnará, como ya lo está haciendo. Pero frente a esto, la actitud del PP es diáfana, presidida por un anticomunismo de matriz franquista: que vienen los rojos, que formarán nuevas mayorías en ayuntamientos y comunidades autónomas.

La sarta de tonterías y mentiras que se están vertiendo desde ámbitos conservadores es un disparate. La democracia es elegir, disentir, convencer, y también gestionar y administrar con criterios de servicio público. Y tengamos claro que cuando esos “radicales” izquierdistas se instalen en los puentes de mando deberán dejar las soflamas y los discursos tras las banderas y los platós de televisión. Y deberán decidir cosas: cosas que afectarán a personas, a colectivos, a sensibilidades dispares. Porque también en las ciencias blandas existen los juegos de suma cero. De ahí que prometer lo que ya se ve que no se va a poder cumplir puede ser muy táctico (y maquiavélico, incluso) para llegar al poder. Pero su incumplimiento generará nuevas frustraciones y desengaños. Es mucho mejor para el sur de Europa que aparezcan grupos con perfiles claramente progresistas, con tintes inequívocamente populistas, frente a otros países en los que el enfado se canaliza hacia opciones fascistas. Pero alerta con presentarse como la solución a todos los problemas. Retorcer demasiado las esperanzas de la gente puede comportar, entonces sí, salidas más imprevisibles.

Carles Manera. Catedrático de Economía de la Universidad de las Islas Baleares.@CarlesManera

El libro como tecnología consolidada

Por: | 15 de junio de 2015

Fernando Rueda

Libro electronicoAyer cerró la Feria del Libro de Madrid con el anuncio optimista de crecimiento en las ventas en un 6.1% respecto del año anterior, y similar al del pasado día de Sant Jordi en Cataluña. Estas son buenas noticias. Tengamos en cuenta el dato de que la caída general del sector del libro en España ha sido de un 40% desde el inicio de la crisis, por lo que cualquier atisbo de recuperación, por pequeño que sea es muy alentador.

 

En el mismo periodo, la penetración del libro digital en España ha pasado de representar apenas el 2,4% sobre el total de publicaciones en 2008 al 23.2% en 2013. Un mercado todavía inmaduro, con muchas distorsiones -tres multinacionales digitales acaparan el 73% de las ventas - poca bibliodiversidad, -apenas 500.000 títulos digitalizados-, y escaso peso económico –apenas el 5% de cuota de mercado-. El libro impreso sigue siendo la  herramienta básica para el acceso a la educación y la cultura.

Hace algunos años se popularizó un viral en Internet sobre el libro como tecnología consolidada, “el Book”  que con más de tres millones de descargas recomendaba que “simplemente basta con abrirlo y comenzar a disfrutar de sus enormes ventajas (…) no lleva cargadores, ni pilas,  no necesita conexiones wifi, o líneas de acceso.”   Milagros  del Corral, quien fuera directora general de la Biblioteca Nacional de España nos recordaba  en las reuniones de UNESCO para promover la diversidad de las expresiones  culturales, que los artefactos  tecnológicos evolucionan y son superados por otros que ofrecen ventajas comparativas, como por ejemplo los vehículos de tracción motora, pero que el libro y la imprenta es una tecnología de hace unos cuantos siglos que todavía  no ha sido superada por ninguna otra. El libro impreso como tecnología tiene el mismo formato, las mismas utilidades y  las mismas ventajas que hace siglos.

Pero volviendo a la Feria del Libro, el proceso de encuentro entre el lector y el autor, seres de carne y hueso,  en un excelente espacio físico como El Retiro, para dialogar en torno a historias e ideas  impresas  en un soporte material es un potente e incuestionable elemento de transformación social  y de experiencia cultural.

Ahora que comienza una nueva etapa en muchos de los ayuntamientos españoles, cabría comenzar la tarea  en éste ámbito por coordinar y  potenciar las políticas públicas  en torno al libro  como herramienta de transformación social. Las más de 4500 bibliotecas municipales del territorio español son potentes fábricas para esa recuperación.

Las bibliotecas tienen muchas utilidades además de albergar libros. Con nuevas  políticas se puede recuperar su papel  esencial en las ciudades, pero además se pueden transformar y ampliar   sus usos: ¿Porque no aprovecharlas para convertirlas en centros de búsqueda activa de empleo, de formación en profesiones digitales,  o en  lugares para una amplia gama de detección de necesidades básicas y de servicios sociales?  Y todo ello, en torno  a un buen libro impreso, a una buena lectura, a una inolvidable experiencia cultural.

Fernando Rueda. Politólogo, gestor cultural y experto en cooperación internacional. Coordina el Observatorio de Cultura y Comunicación  de la Fundación Alternativas.

Traspiés de Erdogan, victoria para la democracia

Por: | 12 de junio de 2015

Itxaxo Domínguez de Olazábal

Erdogan blog el paisTras 11 años como primer ministro, Recep Tayyip Erdogan se convirtió en 2014 en presidente en la primera elección directa a la Jefatura del Estado en la historia de Turquía. En estas elecciones legislativas su principal objetivo era que el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) consiguiese una mayoría de escaños suficiente para aprobar una nueva Constitución. Una carta magna que convirtiera a Turquía en una república presidencialista, lo que en la práctica limitaría la separación de poderes. Nadie dudaba de la victoria del AKP. Dos eran sin embargo los avatares que los islamistas moderados vigilaban con fruición: el número de escaños obtenidos en la Gran Asamblea Nacional Turca que les permitiera adoptar el texto unilateralmente o referéndum mediante, y el éxito o fracaso del Partido Demócrata del Pueblo (HDP) en su batalla por cruzar el umbral electoral -tildado por algunos de ‘antidemocrático’- del 10%. 

El AKP ha ganado las elecciones pero ha perdido un importante número de votos -del 50% al 41%-. Y esto es lo que cuenta cuando se trae a colación que estas elecciones eran un plebiscito para Erdogan. A pesar de que el Presidente tiene la obligación de mantenerse neutral en la arena política, la campaña ha sido en efecto considerablemente personalista. Todo indica a que el AKP deberá aprender la lección y comenzar a construir esa nueva Turquía a la que hacía mención el lema de su campaña -‘Nueva Turquía, Nuevo Poder’- sin arrinconar ni a sus competidores en particular ni a la sociedad en general. Sus votantes le han dado una segunda oportunidad para volver a los orígenes que un día inspiraron a propios y ajenos.

 

La primera frase de un capítulo más pluralista en la política turca

A pesar de estamos en la primera fase de negociaciones para formar gobierno, las elecciones evidencian que estamos ante un cambio de tendencia. El AKP no solo no está en posición de modificar la Constitución, sino que será además incapaz de formar un gobierno en solitario. Todos los rumores y apuestas giran hoy en día en torno al baile de sillas al que a partir de ahora pueden jugar todos los partidos políticos. No es menos cierto que la perspectiva de un gobierno de coalición evoca recuerdos oscuros por la inestabilidad política y el malestar económico reinantes durante la década de 1990. De hecho, la incertidumbre política hizo que la lira tocara fondo y alcanzara un mínimo histórico frente al dólar.

Durante la campaña electoral, casi todos los líderes juraron y perjuraron que no pactarían. Sus declaraciones y acciones tras cerrarse las urnas parecen indicar todo lo contrario. El segundo partido en número de votos es el secularista Partido Republicano del Pueblo (CHP) – de tinte kemalista y bases nacionalistas –,  a las antípodas ideológicas del AKP. El tercer partido es el Partido Nacionalista Popular (MHP), de carácter también marcadamente nacionalista pero más conservador. Sería, a primera vista,  el candidato perfecto para una alianza con el AKP. No parece factible que CHP, MHP y HDP unan sus fuerzas para cuestionar la hegemonía del AKP. Tampoco debería descartarse que el propio AKP decida gobernar en minoría y forzar la convocatoria de elecciones anticipadas cuando considere que se dan las condiciones adecuadas.  Sean quienes sean los aliados elegidos, de lo que no cabe duda es de que cualquier gobierno de coalición tiene 45 días para tomar forma, a riesgo de que la Corte Suprema convoque nuevas elecciones.

Las claves de los resultados

  • El AKP ha estado a la cabeza del país de forma omnipresente durante 13 años, y muchos de sus votantes se mostraban hastiados e incluso desilusionados. Eran ya evidentes los signos de fatiga ante un autoritarismo in crescendo, un desdén cada vez mayor hacia los principios modernizadores y seculares que instauró Ataturk, las acusaciones constantes de corrupción y violaciones de derechos humanos, y una sociedad polarizada y en tensión constante.
  • Tras años de crecimiento económico sin parangón, los votantes turcos comenzaban a sentir la desaceleración.
  • Tampoco ha ayudado al AKP una política exterior que ha pasado del principio de ‘cero problemas con los vecinos’ a un torbellino de miopía geopolítica, cortoplacismo, apoyo a ciegas al islamismo, alianzas envenenadas y nacionalismo exacerbado.

 Una victoria simbólica para los kurdos

De acuerdo con diversas estimaciones, los kurdos representan un 20% de la población turca. Sin embargo, es la primera vez que un partido de raíces kurdas entra en el Parlamento. La estrategia del HDP ha sido impecable: pasó de ser un ‘partido kurdo’ a un ‘partido para todos’ los insatisfechos con la situación actual. Se erigió en particular en campeón de causas liberales como los derechos de todo tipo de minorías o la lucha contra la desigualdad económica y social. Fue, además, la primera vez que la formación se presentaba como bloque en lugar de presentar candidatos independientes asociados a la causa kurda. El órdago se ha mostrado efectivo y el HDP se ha llevado un 13% de los votos. Nada de esto hubiese sido posible sin el liderazgo del joven político kurdo Selahattin Demirtaş –al que han tardado poco en comparar con Obama– que ha conseguido ir limando el escepticismo y los prejuicios de una sociedad turca más conservadora de lo que muchos admiten. Así, una gran cantidad de turcos dejaron de lado por un momento sus preferencias ideológicas y se decantaron por el 'voto útil'. Útil para descarrilar las ambiciones de Erdogan, claro está.

Que haya sido un partido kurdo quien haya frustrado las ambiciones de Erdogan ha sido cuanto menos un desliz de la ironía. Estos comicios simbolizan la evolución del movimiento desde los campos de batalla de una insurgencia sangrienta hasta los pasillos de las instituciones en Ankara. Y es que el ‘conflicto kurdo’ ha emponzoñado la vida política y el día a día de los turcos durante años. Hoy en día reina una paz frágil, fruto de las negociaciones con el líder del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), Abdullah Öcalan, todavía en prisión. El avance del HDP representa sin lugar a dudas una excelente noticia para todos los que anhelan la paz, por encima de todo, dentro y fuera del país. El Parlamento contará por primera vez con la participación –que se perfila muy activa– de un partido que ha prometido luchar en pos de los derechos de la minoría kurda y de una mayor descentralización.

Una victoria para la sociedad civil en su conjunto

Tras décadas de titubeos, se ha formado en Turquía –a pesar de la creciente represión e insuficiente respeto de los derechos fundamentales– una vibrante sociedad civil dispuesta a hacerse escuchar. La sangría de votos del AKP ha sido más significativa en los centros urbanos, muestra de que el ‘espíritu de Gezi’ no ha muerto. Los jóvenes que tomaron el parque de Gezi en la primavera de 2013 dieron el pistoletazo de salida de una nueva etapa de movilización y dinamizaron la arena política turca canalizando el voto de descontento contra el AKP y sus prácticas autoritarias. El alto índice de participación (un 86%) es doblemente meritorio si se tiene en cuenta que los turcos fueron a votar en un contexto de polarización ideológica creciente. No hay que olvidar asimismo que estas elecciones han representado también una victoria para las mujeres: hay hoy más féminas en la Asamblea turca que nunca antes y el número de diputadas ha pasado de 79 en 2011 a 96 en 2015.

Itxaxo Domínguez de Olazábal. Analista en relaciones internacionales y coeditora del blog Passim.

Sinn Sentido

Por: | 10 de junio de 2015

Luis Fernando Medina Sierra

Grecia blog el paisComo dijo un oficial en la guerra de Vietnam, es necesario destruir el pueblo para salvarlo. Esa parece ser la lógica con la que operan en estos días algunos economistas europeos, entre los que se destaca el influyente analista Hans Werner Sinn, tal vez el portavoz más caracterizado de la línea del gobierno alemán (aunque, justo es aclararlo, no tiene ningún cargo oficial).

Ahora que se intensifican (una vez más) las negociaciones entre Grecia y la Unión Europea, Sinn ha presentado un análisis, por decir lo menos, exótico de la situación. Según el insigne profesor, el gobierno griego está aprovechando las demoras en llegar a un acuerdo para darle a sus ciudadanos la oportunidad de canjear activos dudosos en Grecia por activos saludables en el resto de Europa, operación que, supuestamente, descargaría sobre los bancos europeos pasivos griegos de pésima calidad que, una vez Grecia salga del euro, terminarían por traducirse en pérdidas enormes.

A simple vista pareciera ser un argumento muy ingenioso aunque, como ha mostrado la analista Frances Coppola, no resiste un detenido examen. Pero hay algo que llama la atención, aún en el caso de que Sinn tenga razón y que es lo que invita a pensar en aquel oficial norteamericano de la guerra de Vietnam: la solución que Sinn propone que consiste, ni más ni menos en que Grecia imponga controles de capitales.

Supuestamente, uno de los objetivos centrales de la creación del euro era, precisamente, facilitar la creación de un mercado de capitales de tamaño continental, sin restricciones de ninguna especie. En esta nueva Arcadia liberal, se decía, cualquier ciudadano europeo podría invertir en cualquier país de su hogar común.

Si, como sostiene Sinn, Grecia se está beneficiando del libre flujo de capitales, cosa que es por lo demás dudosa, no sería por ninguna maquiavélica maniobra sino simplemente porque así está diseñado el euro. Si yo he pactado con mi banco que le voy a pagar las cuotas de un préstamo los últimos días de cada mes, mal puede el banco quejarse el día 15 de que yo estoy afectando su liquidez al no pagar ese día; simplemente estoy haciendo uso de una prerrogativa que me corresponde en virtud de lo que habíamos acordado. Dicho de otra manera, si de verdad Grecia está obteniendo tan jugosos beneficios como dice Sinn, sería una traición a los intereses nacionales que el gobierno impusiera controles de capital en este momento para ahorrarle perjuicios a bancos de otros países. Que sean aquellos países los que impongan controles, en ese caso.

Pero, obviamente, los otros países no tienen por qué imponer controles de capitales. Ese es el tipo de medida que se aplica cuando se viene un ataque especulativo contra la moneda doméstica y los demás países europeos no están en esa situación. Más aún, Grecia tampoco lo está. No por ahora, por lo menos. De hecho, si Grecia impusiera en este momento controles de capitales, sería una señal inequívoca de que está pensando seriamente en salirse del euro y en ese caso seguramente Sinn consideraría (con algo de razón) que las actuales negociaciones no tienen ningún sentido.

Pero, por lo visto, para algunos prominentes economistas europeos, es tan importante mantener el dogma monetario y la camisa de fuerza fiscal, que están dispuestos a renunciar al libre movimiento de capitales, una de las piezas maestras de la integración económica, si es necesario. A estas alturas ya no nos debería sorprender. Las afirmaciones de Sinn son simplemente la reductio ad absurdum de algo que ya hemos visto en todos los debates sobre el euro: el desempleo desbordado y el desmantelamiento del estado del bienestar son consecuencias que resultan perfectamente aceptables con tal de mantener la moneda común. Parece que hay que destruir al euro para salvarlo.

Luis Fernando Medina Sierra. Profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III y colaborador del Laboratorio de la Fundación Alternativas

Por una reforma fiscal verde: hacia la convergencia europea

Por: | 08 de junio de 2015

Elena Villar Rubio*

La preocupación por el deterioro del medio ambiente se ha hecho extensible en la mayoría de los países europeos, evocando la necesidad de establecer una serie de mecanismos a través de los cuales el mercado limite el uso indiscriminado y el abuso de recursos naturales. A nivel europeo son dos los instrumentos que se articulan en torno al desarrollo de una economía sostenible, por una parte el mercado de derechos de emisión, con el objetivo de limitar las emisiones de gases efecto invernadero, y el segundo instrumento  es la política fiscal medioambiental, identificándose como un instrumento muy potente, ya que diseñada e implementada de manera adecuada puede beneficiar tanto al medio ambiente como a la economía en su conjunto. Sin embargo, son varias las limitaciones que se presentan en su consolidación hasta el momento.

Un análisis comparativo que publica la Fundación Alternativas pone de manifiesto que, a pesar de que la fiscalidad “verde” presenta un gran potencial recaudatorio, hasta el momento se trata de una fuente
prácticamente inexplotada, tanto en España como en gran parte del resto de países de la UE-27, perfilándose como uno de los retos pendientes por acometer en el ámbito de la política fiscal, con amplias posibilidades prácticamente intactas.

Economía verdeEn concreto, la recaudación por impuestos medioambientales se aproxima a los 310.293 millones de euros en el año 2012 para el conjunto países integrantes de la UE-27, lo que supone una recaudación del 6,1% sobre el total de ingresos fiscales y cotizaciones sociales y se aproxima al 2,4% del Producto Interior Bruto (PIB) para la media de los Estados miembros. 

En el caso español las cifras nos alejan bastante de la media europea, ascendiendo el volumen recaudatorio por impuestos ambientales a 16.152 millones de euros en el año 2012, lo que supone el 4,8% sobre el total de ingresos fiscales y cotizaciones sociales y aproximadamente el 1,6% del PIB, lo que convierte a España en el país con la presión fiscal medioambiental más baja de toda la UE-27, situándose en la oposición opuesta a países como Dinamarca, Eslovenia y Países Bajos.

La política fiscal medioambiental se caracteriza por un bajo nivel de armonización fiscal, materializado en movimientos aislados que dificultan los procesos de convergencia en presión fiscal medioambiental.  

La “economía verde” es todavía un concepto emergente, siendo necesarias profundas reformas que fortalezcan la coordinación a nivel europeo  en materia de fiscalidad ambiental, en la medida en que dicha armonización sea necesaria para garantizar el correcto funcionamiento del Mercado Interior, con la consiguiente modificación en los patrones de consumo y producción existentes. En última instancia, deben ser el legislador y las fuerzas políticas las que marquen el rumbo de las nuevas directrices a seguir, con la férrea convicción de que el medio ambiente y la economía son dos áreas capaces de generar multitud de beneficios en su correcta interacción.

*Elena Villar Rubio es Doctora en Economía y Profesora en el Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Granada.

 

Is China Overturning the International Order?

Por: | 05 de junio de 2015

Melissa Conley Tyler
 
China 2
 
One of the most significant questions in contemporary international politics is how states should respond to the reemergence of China as a leading global power. Does China's rise threaten to overturn the current international order? Should Beijing beaccommodated or is this a form of appeasement? 

International divisions have emerged recently over these issues: in particular, regarding the widespread participation of Western states in the China-led Asian Infrastructure Investment Bank (AIIB) and the controversy over China’s land reclamation activities in the South China Sea. In both cases, concerns have been raised that states are being too accommodating of Beijing. 

Spain and the AIIB

The AIIB's final list of its 57 approved founding members shows that after a rush of final applications the AIIB now has strong representation from Western states, including Spain.  This is despite Washington’s reported efforts to dissuade its allies from participating in the Bank as part of a ‘trend of constant accommodation’ of China.  Some in Spain will have noted these warnings and be wondering whether its government made the right decision in applying for AIIB membership. 

The United States and Japan both declined to apply, citing concerns about transparency and the risk of the Bank undercutting the existing (and Japan- and US-dominated) Asian Development Bank and World Bank. The World Bank and International Monetary Fund have governed the global economy since their formation in the wake of World War II and there are fears that the global economic governance architecture will be fragmented by the AIIB, citing it as an example of China seeking to upturn the current international order.  However, such claims should be scrutinised.

The primary objective of the AIIB is to invest in global public goods: financing road, port, rail and other infrastructure projects in Asia in order to facilitate economic growth and stability.  It remains an open question whether the AIIB will operate according to the liberal economic principles privileging multilateralism, openness and stability that have characterised the post-war global economy.  Beijing claims that it will; if it does the AIIB will operate in a similar way to the ADB and World Bank in order to achieve very similar objectives. The main distinction is that it will be led from Beijing. From China's perspective, it is securing itself a place in the global financial architecture that reflects its contemporary economic significance.  

China has repeatedly stated that the AIIB will complement rather than compete with existing international institutions.  Indeed, given the acute need for infrastructure in developing Asian economies, there is no immediate reason for the AIIB to compete with these other institutions.  Whether the AIIB will ultimately be ‘lean, clean and green’ remains to be seen, however for now it can be hoped that, rather than undermining the international order, the AIIB may strengthen it. As such, Spain should not be overly concerned that its decision to join the Bank has accommodated any Chinese efforts to overhaul the contemporary system of global economic governance.  

Australia and the South China Sea

Australia faces a similar dilemma in responding to China's behaviour in South China Sea territorial disputes with criticism that it has been too accommodating of Beijing.

In a speech at the Australian War Memorial, US Pacific Fleet Commander Admiral Harry Harris declared that China was creating a “great wall of sand” in these contested waters citing the growing collection of images showing Beijing's land reclamation work. US President Barack Obama echoed these sentiments when he expressed concern about China ‘not necessarily abiding by international norms and rules’ and using its ‘sheer size and muscle to force countries into subordinate positions’. Arguments that China’s reclamation activities pose a threat to the contemporary international order were strongly in evidence at last week's Shangri-La Dialogue. 

States that seek to remain neutral on the issue are criticised for accommodating China.  However, again, a question arises as to whether this claim is accurate.

The first problem with the notion that these activities are upturning the international order is that China is not the only disputant engaging in land reclamation: Vietnam has done so at Sin Cowe Island and Taiwan is expanding and reinforcing its port and airstrip on Itu Aba Island.  Indeed, the 1982 United Nations Convention on the Law of the Sea (UNCLOS) does not prohibit the construction and use of artificial islands and structures and thus little can be said against it from the perspective of the Convention. 

The broader problem with the claim that China’s behaviour is undermining the international order is that it assumes the rules and institutions of the contemporary international system offer a clear mechanism for the resolution of these disputes.  UNCLOS does not address the issue of territorial sovereignty; rather, it provides a framework for, amongst other things, the delimitation of maritime zones adjacent to land and other features. With none of the claimants willing to make concessions on sovereignty, UNCLOS does not resolve the dispute. One regional institution that could play a leading role, the Association of South East Asian Nations (ASEAN), has been hamstrung because five of its members are rival claimant states who do not agree with each other on their sovereignty claims. Many respected international lawyers have underlined the fact that the disputes and the legal issues they raise are extremely complex

With no resolution in sight, it is unsurprising that China and other claimants seek to reinforce their sovereignty claims by strengthening control over the various maritime features.  This in itself does not indicate Beijing’s intention to overturn the contemporary international order, but rather the reality that this is an area where international rules and institutions do not provide a clear-cut answer to these disputes. 

A Reform-Minded Status Quo Power

The debates about the establishment of the AIIB and land reclamation activity in the South China Sea are part of a wider, ongoing debate about whether China’s rise poses a fundamental threat to existing systems of global governance. In each case Western countries have to analyse carefully whether China is seeking to overturn the international order or merely asserting its interests within it. 

Fudan academic Ren Xiao has characterised China as a ‘reform-minded status-quo power’: that is, a country that is generally satisfied with the existing international system, from which it has benefited significantly, but pushing for changes where reform is overdue. If this is correct, the best approach is to accommodate reasonable demands for reform rather than give China the impression that there is no way for it incrementally to improve the status quo. 

China’s creation of the AIIB may be seen as an example of this.  Frustrated by the failure of US Congress to pass reforms to IMF voting rights to give greater power to China and other emerging economies, and discontent with its limited influence in the Asian Development Bank despite being the largest economy in Asia, Beijing may have felt that the only way forward was to create its own development bank with an organisational structure that reflects its contemporary economic significance.

Observers should resist the tendency automatically to construe Chinese behaviour as antithetical to the contemporary international order; it may be a push for adjustments within that order. In the case of the AIIB and the South China Sea, Beijing is definitely asserting its interests; it is not clear that it is overthrowing the basic tenets of the international system in doing so. As such, it seems some reasonable accommodation of China’s expanding interests is not as dangerous as some would suggest. It seems wiser than denying China a greater role which risks convincing China that its only option is to remake the international system entirely.

Melissa Conley Tyler is National Executive Director and Victor Ferguson is a researcher at the Australian Institute of International Affairs www.internationalaffairs.org.au. The AIIA was recently ranked the Top Think Tank in Southeast Asia and the Pacific in the Global Go To Think Tanks Index.

El País

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