Luis Prados

Mirreyes, ladies y abuso de poder en México

Por: | 20 de mayo de 2013

Un escándalo y una película han vuelto a poner bajo la lupa en las últimas semanas los abusos de poder en México de los mirreyes, ladies, pirruris, fresas, -las mil palabras con las que se definen aquí a los que en España se llama pijos-, una casta de zánganos, frecuentemente hijos y familiares de funcionarios de “primer nivel”, caprichosos y tiránicos, que se mueven por la ciudad y el país como si fuesen suyos.

A finales de abril la hija del Procurador Federal del Consumidor (Profeco), amenazó a la dueña del restaurante Maximo Bistrot del DF con cerrarlo por no darle de inmediato la mesa que quería para cenar con sus amigos pese a no tener reserva.  Esa misma noche tres inspectores de Consumo se presentaron en el local y los clausuraron. La historia saltó enseguida a los periódicos y redes sociales como el caso Lady Profeco, una joven malcriada y prepotente a la que había que darle una lección. La presión obligó al presidente Peña Nieto a destituir al padre semanas después.

Lady_profecoA principios de mayo, la llamada por la prensa Lady Roma, volvió a indignar a la opinión pública. Conduciendo un Porsche en estado de ebriedad atropelló a una mujer de 50 años, que moriría cuatro días después, en la colonia Roma de Ciudad de México.  Cuando fue detenida le dijo a un policía: “No
me toques cabrón, ni se te ocurra porque soy familiar de Alfa 3 y te vas a quedar en la calle”. El tal Apolo Alfa 3 es un supuesto alto cargo de la policía de la capital y la ya famosa lady resultó ser una delincuente habitual.

Llueve sobre mojado. No son inusuales los casos de mirreyes abusando de los meseros de restaurantes o antros de lujo, -y aquí abusar quiere decir que sus guaruras (escoltas) ametrallen el local porque al niño no les gustó el servicio- o el escandaloso tren de vida que llevan, por ejemplo,  los hijos del líder histórico del sindicato de los trabajadores del petróleo, Carlos Romero Deschamps, con viajes en jets privados, coches de lujo y un consumo millonario y disparatado.

Lo nuevo tal vez sea que la opinión pública mexicana no está dispuesta a tolerar un abuso más y que las redes sociales se han convertido en un eficacísimo instrumento de denuncia. También, que al poder, al Gobierno del PRI, no parece temblarle la mano a la hora de cortar la cabeza de aquellos que
dañen su imagen.

La película es Nosotros,los Nobles, el debut cinematográfico de Gaz Alazraki y una divertida comedia que se ha convertido en la más taquillera de la historia de México al recaudar más de 255 millones
de pesos (unos 16 millones de euros). Cuenta la historia de un padre empresario y viudo que harto de la inutilidad y frivolidad de sus tres hijos finge que está arruinado y se mudan a vivir a un barrio popular del DF. Sus vástagos tendrán que ponerse a trabajar y aprender en carne propia la dureza de una sociedad tan desigual como la mexicana.

Un personaje interesante es su novio, basado según algunos críticos en Colate, el ex de Paulina Rubio. Se trata de un tipo que se hace pasar por español, lleva pins con la bandera española y el escudo del Real Madrid y habla como un pijo madrileño, palabrotas incluidas. Quién lo diría, pero en determinados ambientes fresas hablar así es un signo de distinción y queda mucho mejor decir por ejemplo coche que carro o autobús por camión, que suenan muy vulgares. 

Nosotros los Nobles es un buen retrato sociológico del arriba y abajo mexicano, aunque para las élites de izquierda del DF que se han dignado a ir a verla les resulte demasiado amable y demasiado indulgente con los ricos y poderosos. En cualquier caso, la película marca un cambio de tendencia. Antes, era la caricatura del vecindario popular lo que hacía reír. Ahora es la burla de las clases altas.

Lamentablemente, dado el desastre de la distribución mundial del cine que no es estadounidense, la película no tendrá mucho recorrido fuera de México. Una pena porque entre otras cosas no estamos perdiendo la diversidad y la riqueza de nuestro idioma, en el que hablamos y escribimos más de 400
millones de personas.

Para que se hagan una idea, reproduzco parte de una página de humor del diario Reporte Índigo,
en el que el periodista Alejandro Fuentes remeda el habla de los pijos mexicanos a través de una supuesta carta abierta a la opinión pública de Lady Profeco.

Ahí  va:

 “A ver, o sea, ya bien les voy a decir qué onda con mis sentimientos.

Ya sé que estuvieron fregando para que mi papi renunciara, pero no se les hizo caso. Bueno, al final en súper mal plan Enrique Peña Nieto lo cesó. Pero, tipo de que está súper mal porque, o sea, yo me la estaba pasando brutal y no quiero que otros niños y niñas pasen por lo que estoy pasando.

No está padre que su papi vaya a trabajar todos los días para que por una simple clausura insignificante les quiten lo que ustedes se merecen. Es por eso que a ustedes les digo: ¡¡No renuncien!!!  

No renuncien al derecho que tienen por ser hijos de funcionarios súper nice de primer nivel.

No renuncien a utilizar los vehículos oficiales para ir de wiken o de reven.

No renuncien a saludar de beso al cadenero del antro. Tipo de que asco, pero se ve cool.

No renuncien a decir claves mamucas y apantallantes como Alfa3 o ClaveCondor cuando les pare la
policía

No renuncien a su prerrogativa de amenazar a cualquier naquete diciéndole que va a perder su chamba si no les hacen caso A-H-O-R-A

No renuncien a usar los celulares de sus papis que, of cors, lo paga el presupuesto.

No renuncien a su derecho a no mezclarse con la Prole.

No renuncien a pedir champú y la mesa de la pista en el antruki.

Lady’s de México

¡Uníos! Por un Mirreynato más justo para nosotros”.  

Una amiga mexicana, que vio la película y le gustó, recomendó a sus hijas adolescentes que fueran a verla. Las niñas respondieron: “O-B-V-I-O que no, mamá”.

La novela de Irak

Por: | 25 de marzo de 2013

Powers

Los diez años de la guerra de Irak han motivado grandes relatos periodísticos, importantes ensayos políticos y unas cuantas buenas películas pero de momento poca literatura de ficción. Los pájaros amarillos, la primera novela de Kevin Powers, un joven escritor de Richmond (Virginia), es una excepción. El libro, que acaba de ser traducido al español por la pequeña y prestigiosa  editorial mexicana Sexto Piso, ha ganado desde su aparición el año pasado el First Book Award del diario británico The Guardian; ha sido finalista del National Book Award de EE UU, seleccionado como el segundo mejor libro de narrativa del 2012 por Amazon y hace unos días recibió el Premio Hemingway. Además, Powers ha sido comparado con el autor de Por quién doblan las campanas, Erich Maria Remarque, Norman Mailer, Tim O’Brien  e incluso se podría añadir a esa lista a Tobias Wolff.

Hasta aquí la contraportada. ¿Demasiado bueno para ser verdad? Probablemente sí.  Powers sirvió en una unidad de combate durante la guerra en la ciudad de Al Tafar, en la provincia de Nínive, limítrofe con Siria, entre 2004 y 2005, y el libro cuenta  su experiencia de aquellos días y sus consecuencias, a través del soldado Bartle, de 21 años, y su colega Murphy, de 18, a quien trata de proteger.

“La guerra intentó matarnos en primavera (…) Cuando dormíamos, la guerra frotaba sus mil costillas contra el suelo, rezando; cuando forzábamos el paso hasta la extenuación, los ojos se le ponían en blanco y se quedaban abiertos en la oscuridad y, cuando comíamos, aceleraba sin más alimento que su propia penuria. Hacía el amor, daba a luz y se extendía con el fuego”. Así empieza Los pájaros amarillos, una novela escrita con extraordinaria intensidad y precisión, donde se oye el ruido del
sufrimiento de los hombres bajo un sol, demonio del mediodía, que tiñe de sangre, cuerpos mutilados y melancolía el campo de batalla.

KevinNo hay tremendismo ni indiferencia ante el horror por parte de Powers. Irak tampoco es ese “jardín del mal” como llamó Tim O’Brien a Vietnam. Es más bien una lotería macabra y febril, donde la muerte tiene tu número en una bala disparada a ciegas o más probablemente en un artefacto explosivo de fabricación casera que estalla en una cuneta. Un mundo de extremos, entre un sol incandescente y las tinieblas de los callejones, el estruendo de los morteros y el silencio de la noche, de esperas vacías y carreras alucinadas, en el que Bartle y Murphy son un par de intrusos, cuyo “mayor error consistía en creer que lo que pensábamos tenía importancia”.

Los pájaros amarillos se suma también a la tradición de relatos y películas que han tratado el difícil y doloroso regreso a casa de los veteranos de guerra. Como los de Vietnam, otra guerra fracasada, los de Irak como Bartle vuelven de la pesadilla derrotados aunque no vencidos, ni víctimas ni verdugos, dislocados emocionalmente, intrusos también en su propio hogar, en su propio país, frágiles en todo menos en la certeza de su integridad. Powers ha escrito probablemente la mejor novela de guerra del siglo XXI.

Hermanos de espuma

Por: | 05 de febrero de 2013

Un amigo colombiano y otro venezolano me descubren dos vidas americanas unidas dramáticamente a España. Dos historias personales que evocan un pasado ido para siempre y son, o quizá sería más preciso decir para desgracia nuestra que eran, parte de una misma comunidad cultural y sentimental, dos hermanos de la espuma de un océano que en las últimas décadas parece haberse ensanchado.

Guty Cárdenas, cantante y compositor yucateco, tuvo una carrera fulgurante plagada de éxitos en los años veinte en México, viajó a Nueva York, grabó con el sello Columbia Records, fue amigo de Nicolás Guillén con quien escribió en La Habana Canto Negro (redescubierta 80 años más tarde y estrenada en 2010), y en 1931compuso el corrido La República en España. Un canto a las esperanzas e ilusiones que despertó la II República en este lado del Atlántico, trágicamente rotas.

Óiganlo.

 

La canción le costaría la vida. El 5 de abril de 1932 en la cantina Salón Bach del centro histórico de Ciudad de México (fundada en 1901 y hoy restaurada), Guty tuvo una pelea con dos hermanos comerciantes españoles monárquicos. Uno de ellos lo mató de un disparo. Tenía 27 años. Su asesino volvió a España y no hace falta ni decir en qué bando participó en la guerra.

Qué hubiera pasado si…

Rafael Bolívar Coronado, escritor y poeta venezolano, pero sobre todo bohemio y pillastre, pertenece a lo que el escritor peruano Fernando Iwasaki ha llamado preboom de las letras latinoamericanas en España. Ingresó en el hampa literaria de Madrid a principios del siglo XX, a donde llegó huyendo del dictador Juan Vicente Gómez. Cansinos Assens lo cita en su maravillosa La novela de un literato como uno más entre las decenas de sablistas que recorrían las calles del foro en aquellos días. Pero Bolívar Coronado, -los apellidos son ya una ironía-, era un verdadero artista, un falsario genial –llegó a utilizar 600 seudónimos- pero que nunca plagió.

Publicó una antología de los 45 poetas bolivianos más ilustres, con autores, biografías y versos inventados de cabo a rabo, estudios sociológicos que eran puro embuste y alcanzó la gloria del engaño cuando logró que su compatriota, el escritor y diplomático Rufino Blanco Fombona, creador de la Editorial América,  cuyas colecciones Biblioteca del Porvenir y Tiempos Nuevos, divulgaron entre los españoles a los socialistas clásicos y a los novelistas rusos, publicase nueve, nada menos que nueve, crónicas de Indias tan inéditas como falsas.

Bien es verdad que eran obras de títulos y autores irresistibles, que colmaban las ambiciones culturales del editor: La Gran Florida, por Juan de Ocampo, autor también La Nueva Umbría, sobre la conquista de una región imaginaria entre Venezuela y Colombia en 1518; Fray Nemesio de la Concepción, autor de Los caciques heroicos; Fray Salcedo y Ordóñez que describió su viaje a la región de los Chiapas en el más que improbable río Paraguay….

El exceso de confianza y el éxito le delataron. Amigos del editor le empezaron a advertir de que algunas crónicas contenían anacronismos inconcebibles (palabras como “urbanizaciones” en el castellano del siglo XVI) o se desarrollaban en lugares fantásticos. Don Rufino, indignado por la estafa, lo persiguió por cafés y redacciones de periódicos, y el falsario huyó a Barcelona.  Allí se amancebó con la hija de un obrero impresor de tendencias anarquistas y llegó a publicar crónicas extraordinarias sobre la guerra de Marruecos, donde jamás había estado, con las anécdotas que recordaba haber escuchado en las tabernas de Málaga.     

Se dice que su mujer más de una vez se despertaba por las noches con las carcajadas del tipo a la máquina de escribir.

El propio Bolívar Coronado, que escribió una autobiografía con el título de Memorias de un semibárbaro,  explicó el éxito de su estafa citando una frase de Emilio Carrere: “En España viven del libro los que no saben leer”-

Murió en 1924 pobre, alcohólico y tuberculoso. Pero al final logró la inmortalidad por ser el autor de la letra de Alma Llanera, algo así como un segundo himno para los venezolanos.

Cuelgo la versión karaoke por si se animan.

 

Lecturas americanas

Por: | 22 de diciembre de 2012

No son los mejores libros del año, ni tan siquiera son todos de 2012. Son solo una serie de lecturas que quizá sean tan útiles para quienes estén interesados en América Latina como lo han sido para mí. Empecemos por el principio.

Américo. El hombre que dio su nombre a un continente (Tusquets), del historiador británico Felipe Fernández Armesto, es una biografía inteligente y amena de Vespucio, florentino embaucadAmericoor, sagaz  mercader,  mediocre navegante y, sobre todo,  un genio de la autopromoción, cuyas crónicas, debidamente adornadas de forma sensacionalista por sus editores  -suya es la responsabilidad de imprimir en la imaginación europea la idea del supuesto canibalismo de los indios- le otorgaron para la posteridad una gloria inmerecida. Merece la pena descubrir en sus páginas el asombro de aquellos primeros aventureros avanzando a tientas por una tierra incógnita con el único bagaje de la tradición literaria y un precario conocimiento científico. 

Los indios mexicanos en el umbral del milenio (FCE), del antropólogo mexicano Arturo Warman, es una útil introducción a la realidad indígena de este país -siempre en transformación contra lo que manda el tópico- desde la hecatombe demográfica que supuso la Conquista en el siglo XVI hasta su marginación práctica y glorificación retórica por la república.

 ElSimonBolivar2egía criolla (Tusquets), del historiador español residente en México, Tomás Pérez Vejo, ofrece una sugerente reinterpretación de las guerras de independencia hispanoamericanas, menos romántica y más compleja de lo que enseñan las historiografías oficiales, como conflictos civiles que duran hasta bien entrado el siglo XIX en búsqueda de una legitimidad aún inacabada. El hundimiento de la
Monarquía Hispánica, fenómeno telúrico comparable a la caída de la Imperio Otomano o a la más reciente implosión de la Unión Soviética, dio lugar a la guerra, la gran partera de naciones. 

La cultura mexicana en el siglo XX (El Colegio de México), del siempre brillante Carlos Monsiváis, traza, a partir de unas notas de 1977, un recorrido por la historia cultural de su país desde el modernismo hasta 1980, con sus cambios de percepción –“el nacionalismo ya no persuade, pero la
atención a lo nacional es obsesiva”-  y su papel de resistencia.

El narco. En el corazón de la insurgencia criminal mexicana (Tendencias Editores), del periodista británico Ioan Grillo, probablemente es uno de los mejores libros, de los cientos que se publican sobre el tema, para comprender el fenómeno del narcotráfico y la tragedia, vista muy de cerca, que azota a México  desde hace seis años.

Ahora o nunca. La gran oportunidad de México para crecer (Debate), del analista Jorge Suárez Vélez, es a la vez un diagnóstico y una agenda de este país para los años que vienen, de sus posibilidades de crecimiento en una coyuntura internacional favorable ante la desaceleración de China y Brasil.

Violencia pública en Colombia, 1958-2010 (FCE), del historiador colombiano Marco Palacios, es una utilísima guía para entender en apenas 200 páginas ese medio siglo Farcdel conflicto colombiano, que tal vez comience a terminar con las conversaciones de paz de La Habana. De la guerra fría a la guerra a las drogas pasando por la guerra al terrorismo, el libro subraya la dimensión internacional en la dificultad para consolidar un Estado democrático y el juego de poder entre las élites políticas, guerrilleras, paramilitares y criminales. 

La herencia de la tribu. Del mito de la Independencia a la Revolución Bolivariana (Editorial Alfa), de la novelista caraqueña Ana Teresa Torres,  explora el peso aplastante de los mitos políticos de la identidad venezolana –demasiada épica y poca ciudadanía- y la fabricación de esa alegoría nostálgica de Bolívar y la independencia por parte de ese chatarrero de la historia que es Hugo Chávez.

La rebelión de Carloslos náufragos (editorial Alfa), de la periodista venezolana Mirtha Rivero, analiza el segundo mandato del presidente Carlos Andrés Pérez y la crisis política que llevó a su renuncia en 1993 con el derrumbe institucional subsiguiente.

Y por último, un homenaje a todos esos libros de memorias, de peripecias olvidadas y autores hoy desconocidos,  escritos por exiliados republicanos  que ya solo se encuentran en las maravillosas librerías de viejo de Ciudad de México. Títulos como Cuando la muerte no quiere, por el gobernador de Almería don Juan Ruiz-Peinado Vallejo; ¡¡Refugiados en México!!, de Mariana Moch o Páginas del exilio, de Eulalio Ferrer Rodríguez, y tantos otros.

 

 

Martín Cortés, historia de un olvido

Por: | 06 de septiembre de 2012

The_New_World_of_Martin_CorEn una pequeña librería de la maravillosa Oaxaca di con un libro que me llamó la atención, de pastas azules y pequeño formato: The New World of Martin Cortes, de la historiadora australiana Anna Lanyon. El subtítulo, The evocative and mysterious story of México’s first mestizo-son of a conquistador, acrecentó mi curiosidad y  la publicidad de la contraportada -”Intriguing” (New York Post), “Brilliant” (New York Sun), “Heartbreaking”, “Entertaining, “Luminous proof that history glows with emotion”, etcétera-, hizo irresistible la tentación de comprarlo. Mi desconocimiento de la historia del hijo de Hernán Cortés y la Malinche era parejo del de la autora pero 260 páginas después comprobé que los tabloides de Nueva York habían dado en el clavo: el libro es extraordinariamente ameno, un relato al tiempo académico y emocionante de la oscura vida de un hombre del siglo XVI a caballo entre España y América que nunca acabó de pertenecer a ninguno de los dos mundos, un drama que aún espera autor.

Lanyon conduce al lector por las ciudades y pueblos de España y México que marcaron a Martín Cortés, le lleva por los archivos históricos de los dos países y le hace cómplice de sus averiguaciones a medida que éstas avanzan. No se sabe mucho del llamado primer mestizo, cuya vida siempre estuvo oscurecida por su hermanastro de mismo nombre, diez años menor que él, hijo de Juana de Zúñiga y heredero del título, hacienda y fortuna del conquistador, pero cada dato, cada brizna de información, sugiere un pesar poético, un perfil melancólico tallado en la infancia perdida, las penalidades del soldado y la desgracia del exilio.

Arrebatado a su madre a los dos años, a los seis viaja con su padre a la península cuando éste acude en 1528 a la Corte para obtener la aprobación de Carlos V a sus conquistas. Hernán Cortes hace que le nombren siendo niño caballero de la orden de Santiago, logra su legitimación mediante una bula papal y hay testimonios de su preocupación por su salud. Sirve como paje junto con otros hijos de nobles y es educado en el ideal caballeresco, en la reticencia, el estoicismo  y la reserva. Martín Cortés fue soldado de la corona española guerreando en Piamonte y Lombardía, participando en la batalla de San Quintín y, junto a su padre, en el fiasco de la toma de Argel frente a los piratas  berberiscos.

No sería su última batalla. Pero no se distinguió durante su carrera militar y su pista se pierde hasta que reaparece en el testamento de su padre. El conquistador nombra heredero a su hermanastro, un tipo arrogante, pomposo, racista y estúpido a partes iguales y a él le deja una generosa renta que motivará después un largo litigio familiar. En 1562 los dos hermanos junto con un tercero, Luis Cortés, se instalan en México, donde al poco se verán envueltos en una supuesta conspiración de los   eriquecidos hijos de los conquistadores contra la corona española.

La rebelión, que al parecer fue más bien una exhibición de alcohol y fanfarronería, estuvo motivada por la decisión de Felipe II de ratificar la orden de Carlos V que obligaba a la segunda generación de los conquistadores a devolver sus propiedades a la corona y por la prohibición de esclavizar a los indios. Veinte años antes un motín de españoles en Perú había sido sofocado a sangre y fuego y su recuerdo estaba aún muy presente para las autoridades del virreinato, que no dudaron un instante en ejecutar y decapitar a los rebeldes tras torturarlos y someterlos a juicio sumarísimo. Los Cortés no tenían nada que temer de las nuevas leyes pues su patrimonio tenía carácter permanente desde 1528, pero aún así se vieron implicados y como era de esperar fue el hermano mestizo quien corrió con la peor suerte.

VaMartín Cortés fue sometido a largas sesiones de tortura –dislocación de miembros en el potro y el waterboarding de la época, al reo se le ponía un embudo en la boca y se le hacían tragar litros de agua sin dejarle respirar- y condenado a muerte. Durante todas aquellas jornadas de horror y  tormento el desgraciado caballero mestizo, y así está documentado, no delató a ninguno de los conspiradores limitándose a repetir una y otra vez: “He dicho la verdad, no tengo más que decir”.  Al final, tras una complicada historia de desencuentros políticos y judiciales entre la metrópoli y la Nueva España, se le conmutó la pena capital, condenándosele a una fuerte multa, casi a la ruina, y al exilio en la península, donde moriría años después tras participar como capitán a las órdenes de Don Juan de Austria en el sometimiento de la rebelión de los moriscos (1568-1571).

La anodina historia del primer mestizo conocido quedó olvidada, archivada, despreciada, confundida siempre con la de su hermanastro hasta muy recientemente. En 1974 el cineasta mexicano Alejandro Galindo estrenó la película El juicio de Martín Cortés, que al parecer fue un fracaso de crítica y público, y Carlos Fuentes dedica uno de sus cuentos a los hermanos de igual nombre, pero en ambos casos se le retrata como a una trágica víctima de las dos culturas y su vida solo sirve de excusa a un esquema moral de indios víctimas y españoles verdugos.

El cataclismo demográfico que supuso la Conquista –murió el 90% de la población nativa en el primer siglo- y el logro posterior de México de convertirse en un país mestizo en unos años en los que en Europa dominaban las ideologías de la supremacía racial ya lo contó muy bien, entre otros, Arturo Warman en Los indios mexicanos en el umbral del milenio.

Pero el destino individual del niño que apenas conoció a su madre, aturdido en su diferencia en una corte de flamencos y castellanos, soldado sin fortuna frente a la gloria de su padre, eclipsado siempre por su hermano blanco, que solo se redime y alcanza un perfil heroico al soportar la tortura por una causa que no es la suya y acaba sus días en una tierra que no le pertenece, esa historia está aún
por contar.

Sobre el autor

es corresponsal en México, Centroamérica y el Caribe. Desde febrero de 2007 ha sido redactor jefe de la sección de Internacional de El PAÍS. Ahora empieza una nueva etapa.

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