La confusión de títulos y autores de la que hizo gala Enrique Peña Nieto en la Feria del Libro de Guadalajara, sigue coleando más de 15 días después. Como los traspiés del candidato del PRI han continuado –desconocer la cuantía del salario mínimo en una entrevista con EL PAÍS, o mostrar un pobre inglés- y las redes sociales no han dejado pasar ni uno, a estas alturas nadie duda de que el fenómeno de Twitter, que parece tener mucho más éxito en este país que Facebook, tendrá un importante papel en las elecciones. Al menos en la demolición de los candidatos, ya que de momento en esta larga precampaña electoral nadie ha empezado a hablar en serio de los problemas de México.
Los errores de Peña Nieto, que ha tratado de rehacerse diciendo que olvida los títulos de los libros pero que no se olvida de los problemas de su país, han suscitado un debate público sobre el perfil que debería tener el futuro presidente –el modelo sería Lázaro Cárdenas aunque no fuese un hombre culto- y un juego social privado sobre los tres libros que mayor influencia han tenido en la vida de cada uno.
Como la industria editorial mexicana pone cada año en las librerías un buen puñado de títulos interesantes, ahí va una selección personal de lo aparecido en estos meses tanto en ensayo como en ficción:
- Por eso estamos como estamos. La economía política de un crecimiento mediocre, de Carlos Elizondo Mayer-Serra.
- Redentores, de Enrique Krauze.
- Mañana o pasado. El misterio de los mexicanos, de Jorge G. Castañeda.
- El último narco, de Malcolm Beith.
- El cártel negro. Cómo el crimen organizado se ha apoderado de Pemex, de Ana Lilia Pérez.
- Nuestra aparente rendición, de varios autores.
- Disparos en la oscuridad, de Fabrizio Mejía Madrid.
- Hielo Negro, de Bernardo Fernández Bef.
- Leonora, de Elena Poniatowska.
- Decencia, de Álvaro Enrigue.
- Y de propina, aunque sea de finales de 2010, Cortés. La biografía más reveladora, de Christian Duverger.