Luis Prados

Sobre el autor

es corresponsal en México, Centroamérica y el Caribe. Desde febrero de 2007 ha sido redactor jefe de la sección de Internacional de El PAÍS. Ahora empieza una nueva etapa.

Eskup

Pemex ya está privatizada

Por: | 27 de julio de 2013

Vista de la torre de Pemex en la Ciudad de México.

En mayo de 2006 entrevisté en Oslo al entonces ministro de Exteriores noruego, Jonas Gahr Stoere. Salió publicada en EL PAÍS con este titular: “En Noruega no hay un solo millonario del petróleo”, sacado de mi última pregunta:

P. Noruega es uno de los pocos países en los que la abundancia de petróleo y gas ha sido una gran ventaja y no una maldición. ¿Cómo se las ingeniaron para que fuese un éxito?

R. Bueno, creo que depende mucho de las características de cada país. Cuando encontramos petróleo en los años setenta, Noruega era una democracia muy sólida, con instituciones sólidas. No había corrupción y existía un consenso político en la redistribución de los beneficios. Se tenía claro que los recursos pertenecían a la gente y que el Estado gestionaba esos recursos para beneficio del pueblo. Fue un punto de partida muy bueno. Hoy hay gente rica en Noruega, pero no hay ningún individuo que se haya hecho multimillonario con el petróleo. La propiedad del gas y del petróleo es estatal, aunque operen compañías extranjeras. Eso sí, pagan un 80% de impuestos sobre sus beneficios.

Siete años más tarde, en febrero de 2013, mi colega Salvador Camarena y yo entrevistamos al director de Pemex, Emilio Lozoya. Merece la pena recordar algunas de las cosas que nos dijo: “Pemex no se va a privatizar. No se trata de abrir su capital a empresas privadas sino de permitir a Pemex constituir joint ventures con otros socios en exploración de yacimientos, refinerías o transporte de gas. El objetivo de la reforma es aprovechar el potencial que tiene México en materia energética, que Pemex deje de ser una petrolera enfocada en generar divisas y mude a una empresa que genere más energía, más barata y más limpia, más empleos y de mayor calidad y también más impuestos”.

Y añadió: “Junto con Corea del Norte, México tiene el marco regulatorio más restrictivo del mundo y hay que generar uno más competitivo porque el mercado de la energía es global. Una empresa que no vea rentabilidad suficiente en sus inversiones en México se irá a Angola o a Rusia. En todo el mundo hay condiciones mucho más favorables para las empresas. Este es un punto crítico”.

México no es Noruega. El ministro recibió a este periodista en la puerta del Ministerio de Exteriores para subir juntos a su despacho, sin controles ni edecanes y México sí tiene un millonario del petróleo bien conocido: el histórico jefe del sindicato, Carlos Romero Deschamps. Tampoco es fortunadamente Corea del Norte.

Pero pronto México tendrá que elegir entre la inercia o el progreso. Faltan pocas semanas para que dé comienzo un debate que se anuncia bronco en el Congreso y en la calle sobre la reforma energética y, por tanto, la de Pemex. Todo se ha escrito ya sobre los males de la petrolera -pérdida de competitividad global, descenso de producción, falta de capacidad de refino, sin recursos para invertir y modernizar instalaciones al haber sido sangrada durante décadas por el fisco, carencia de investigadores, exceso de burocracia y una corrupción legendaria- y casi nadie discrepa en el diagnóstico ni en la necesidad de su reforma. Dicho de otro modo: Pemex es desde hace mucho tiempo una empresa privatizada en los hechos por un sindicato corrupto y una miríada de comisionistas aprovechados e indirectamente por todas las grandes compañías y magnates que no pagan un peso en impuestos.

Sin embargo, la izquierda mexicana, o buena parte de ella, se dispone a dar la última batalla del nacionalismo mexicano agitando el espantajo de la privatización del monopolio estatal -hay tantos argumentos en contra del error de anteriores privatizaciones o como pruebas del fracaso de compañías nacionales- y declarando intocable el Artículo 27 de la Constitución. Cabe recordar que el 27 consta de 4.520 palabras, repartidas en más de 40 párrafos y que su texto ha sufrido más de 50 modificaciones, adiciones y derogaciones en 1934, 1960, 1975, 1976, 1983,1986, 1992, 2011 y 2013, según el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

La clase política mexicana acaba de salir de unas elecciones municipales y estatales, en teoría las que mayor interés por cercanía deben tener para los ciudadanos, con una abstención superior al 60%. Un dato que debería preocupar más que los resultados. Revela la distancia entre gobernantes y gobernados, la lejanía del votante con el orden clientelar que rige a nivel local y hasta la propia debilidad de los partidos.

Convertir ahora la reforma de Pemex en un falso debate sobre la esencia de la nación mexicana al que se sume el cinismo de la derecha tiene el riesgo de cerrarla en falso sobre las espaldas de millones de pobres del petróleo.

Matanza en la guardería

Por: | 03 de junio de 2013

Una nueva película se suma al extraordinario momento que vive desde hace unos años el cine documental mexicano: ABC Nunca más, de Pedro Ultreras, sobre el pavoroso incendio de la guardería ABC, de Hermosillo, capital del Estado de Sonora, que el 5 de junio de 2009 acabó con la vida de 49 niños y dejó con graves lesiones a 104 cuando dormían la siesta.El documental conmueve e indigna a partes iguales. A la desesperación del dolor, al llanto inconsolable de los padres, a los casos de aquellos para los que la vida no es que dejara de tener sentido, sino que dejaron de sentirla, y de quienes con heroica perseverancia lograron rehacerla, se une la impotencia ante la sordera de la justicia, la negligencia de la Administración y la falsedad, el cinismo y la dureza de corazón de la clase política.

Aquella fatídica tarde de hace cuatro años un fuego desatado en un archivo de la Secretaría de Hacienda estatal se corrió al techo de la guardería, un plafón de material altamente inflamable y tóxico. Las llamas y, sobre todo, el humo convirtieron el sueño de los niños en un infierno de pesadilla. Madres y padres corrieron al jardín de infancia para saber de sus hijos, algunos bomberos vomitaban por el horror. Al grito desgarrador de a aquel al que le confirmaban la muerte de su pequeño, le sucedía la espantosa decepción de a quien le informaban de que estaba vivo pero ciego o desfigurado.

Cuando todo se redujo a cenizas y las familias de las víctimas fueron, poco a poco, abandonadas a su suerte, comenzaron a emerger algunas verdades. Pese a que la guardería había superado cientemente una inspección de seguridad, carecía de extintores, salidas de emergencia y personal suficiente. La ABC era una más de 1.480 guarderías subcontratadas por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en situación irregular y sus dueños tenían fuertes conexiones políticas. Una de las propietarias era familiar de la esposa del entonces presidente Felipe Calderón. En agosto de 2009 recibió un auto de prisión formal, pero jamás pisó la cárcel. En noviembre de 2010 fue exonerada.

 

Su caso no fue único. De unos 30 implicados, según el documental, solo tres personas, empleados de la guardería, están entre rejas pero por no poder la fianza. El delegado del IMSS fue excarcelado por motivos de salud. El alcalde de Hermosillo entonces es hoy senador y el ex fiscal de Sonora es ahora diputado local. Nada les ha ocurrido tampoco ni al ex director del IMSS, ni al gobernador  priista del Estado en aquel momento ni a su secretario de Hacienda. Es más, en junio de 2010 el Tribunal Supremo mexicano dictaminó que en las guarderías dependientes del IMSS no había “un desorden generalizado en el otorgamiento de contratos, operación y vigilancia”.

Resulta patético a estas alturas ver en el documental a Calderón prometer en televisión con ese repelente énfasis en sus convicciones al que nos tienen acostumbrados los políticos que todo el peso de la ley recaerá sobre los responsables de la tragedia de la guardería sin importar “nombres ni apellidos”.  Al final el compromiso presidencial acabó en una ley más en la que se contemplan los protocolos de seguridad que deben cumplir las instituciones infantiles públicas y privadas. Pero una ley no es lo mismo que la verdad. Emilio Álvarez Icaza, que ha acompañado a los familiares en su lucha y es desde el año pasado secretario ejecutivo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, afirma en el documental: “En México la justicia es una entelequia, es la excepción, no la regla”.

La organización de padres de la guardería ABC denunciaron hace unas días que el incendio en la dependencia de la Secretaría de Hacienda no fue accidental, sino provocado por la destrucción de unos documentos relacionados con una deuda de 10.000 millones de pesos (600 millones de euros) generados durante el mandato del anterior gobernador. También han pedido reunirse con el residente Peña Nieto y castigo para los culpables. Quién sabe.

De momento lo único cierto es que el documental  ABC Nunca Más, que ya ha sido exhibido y premiado en varios festivales en el extranjero, se ha estrenado en la cineteca de Ciudad de México y en tres ciudades de Sonora.

El juez Twitter y abusos del poder en México/ 2

Por: | 27 de mayo de 2013

Ya son 45 millones los mexicanos conectados a Internet. Su crecimiento imparable en los últimos años ha convertido a las redes sociales en este país en una especie de quinto poder,vehículo cada vez más imprescindible de información y juez implacable de la actualidad política. Probablemente, no sea exagerado decir que con el movimiento viral que generan ante cada escándalo empiezan a marcar la agenda más que la prensa y la televisión.

Los últimos dos casos de abuso de poder denunciados que han dominado las conversaciones de la semana se refieren al llamado “saqueo de Tabasco”, por el antiguo gobernador del PRI de este Estado del Golfo de México, Andrés Granier, y el arreglo político, que no judicial, de la paliza propinada por el nieto del Procurador General de la República (PGR) a su ex novia, hija del director del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen). Un auténtico conflicto de poderes.

Lo de Tabasco es grave, pero no es serio. Resulta que hace unos días saltó la noticia de un audio, grabado en octubre de 2012, tres meses antes de que dejara el cargo, en el que el gobernador Granier se jactaba de tener 1.000 camisas de diseño, 400 pares de zapatos, 400 pantalones y 300 trajes, además de casas en el DF, Miami, Cancún y Villahermosa, la capital del Estado. A la indignación popular siguió el humor: un mexicano lograba un nuevo récord al superar a Imelda Marcos en cantidad de zapatos. Granier trató de arreglarlo diciendo que la grabación se hizo durante una boda  y que estaba “pasado de copas”. Probablemente nunca un político fue tan sincero. ¡Cómo estaría que varias de las versiones del audio en Youtube incluyen subtítulos para que se le entienda!

Lo de la ropa es una broma. Lo que no tiene gracia es el desfalco de las arcas de Tabasco, un Estado con un 57% de pobres. Cuando Granier llegó al Gobierno en 2006, el Estado tenía una deuda de 500 millones de pesos (40 millones de dólares). Cuando lo dejó en 2012, el agujero era de 23.000 millones (1.800 millones de dólares). La prensa mexicana asegura que tenía 160 personas a su servicio y que la familia gastaba entre 12 y 14 millones de pesos anuales. Sus hijos eran verdaderos mirreyes. Mariana tenía 3.000 millones de pesos en cuentas bancarias que ya le han sido embargadas y Fabián posee varias propiedades en Cancún y la Rivera Maya.

Lo peor estaba por llegar. El miércoles la fiscalía de Tabasco descubrió casi 90 millones de pesos en cinco cajas de cartón escondidas en las oficinas de una persona relacionada con el ex secretario de Finanzas del Estado. El fiscal ha citado a declarar a éste y a Granier la semana que viene, pero nadie da un peso porque comparezcan. El secretario habría pedido amparo en Yucatán y el gobernador está en paradero desconocido desde que dejó el cargo en diciembre porque, según él, le perseguía el cartel de los Zetas. Se especula que está en Miami y también con que estas hayan sido sus últimas palabras para la opinión pública: “Me empedo… ¿por qué me empedo? Porque me siento bien, me siento contento, estoy relajado”.

El segundo caso es el de Alexia Imaz, de 22 años, hija del director del Cisen, El 20 de mayo subió a su cuenta de Twitter una fotografía de su rostro golpeado tras ser asaltada en su casa de Cuernavaca (Estado de Morelos) por Gerardo Saade Murillo, de 21, nieto del procurador general de la República. Su hermana María escribió en su página de Facebook: “Se saltó a la casa como delincuente a golpearla mientras dormía. Ayúdenos a detener la violencia contra las mujeres, es un delito. Denunciemos”.

Cisen

Las chicas se presentaron ante la fiscalía de Morelos conintención de denunciar la agresión, pero, según ha contado la periodista Lydia Cacho en el periódico digital Sin Embargo, el abuelo del joven pidió al padre de la victima que no levantaran cargos contra el nieto y que éste ofrecería una disculpa pública. Así fue. El maltratador acudió a la procuraduría de Morelos, admitió haber golpeado a Alexia, allanado su hogar y estar arrepentido. “Como si la Procuraduría fuera la iglesia, la confesión sirvió para absolverlo de toda responsabilidad”, escribe Lydia Cacho. En un país, continúa la periodista, “donde tres cada 10 jóvenes son violentadas por sus parejas, lo cierto es que el director de la agencia más importante del país y el titular de la PGR eligieron hacer política, en lugar
de acompañar a sus hijas en una batalla ejemplar contra el maltrato machista”.

Hace más de 40 años, el gran intelectual mexicano Daniel Cosío Villegas escribió en un artículo ya célebre:

“Ningún hombre puede vagar indefinidamente sobre la tierra sin creer en algo, sin confiar en alguien. Tampoco hay hombre en este mundo que resista muriéndose eternamente de recelos y desencantos. Y esto es quizá más cierto aún del mexicano, que nació sin aguardar gran cosa de sus paisanos y nada absolutamente de sus gobernantes. Por eso ya va siendo largo el proceso de decaimiento moral en que este país ha caído, si bien en los últimos años se ha acentuado de un modo que lastima y sobresalta”.

Mirreyes, ladies y abuso de poder en México

Por: | 20 de mayo de 2013

Un escándalo y una película han vuelto a poner bajo la lupa en las últimas semanas los abusos de poder en México de los mirreyes, ladies, pirruris, fresas, -las mil palabras con las que se definen aquí a los que en España se llama pijos-, una casta de zánganos, frecuentemente hijos y familiares de funcionarios de “primer nivel”, caprichosos y tiránicos, que se mueven por la ciudad y el país como si fuesen suyos.

A finales de abril la hija del Procurador Federal del Consumidor (Profeco), amenazó a la dueña del restaurante Maximo Bistrot del DF con cerrarlo por no darle de inmediato la mesa que quería para cenar con sus amigos pese a no tener reserva.  Esa misma noche tres inspectores de Consumo se presentaron en el local y los clausuraron. La historia saltó enseguida a los periódicos y redes sociales como el caso Lady Profeco, una joven malcriada y prepotente a la que había que darle una lección. La presión obligó al presidente Peña Nieto a destituir al padre semanas después.

Lady_profecoA principios de mayo, la llamada por la prensa Lady Roma, volvió a indignar a la opinión pública. Conduciendo un Porsche en estado de ebriedad atropelló a una mujer de 50 años, que moriría cuatro días después, en la colonia Roma de Ciudad de México.  Cuando fue detenida le dijo a un policía: “No
me toques cabrón, ni se te ocurra porque soy familiar de Alfa 3 y te vas a quedar en la calle”. El tal Apolo Alfa 3 es un supuesto alto cargo de la policía de la capital y la ya famosa lady resultó ser una delincuente habitual.

Llueve sobre mojado. No son inusuales los casos de mirreyes abusando de los meseros de restaurantes o antros de lujo, -y aquí abusar quiere decir que sus guaruras (escoltas) ametrallen el local porque al niño no les gustó el servicio- o el escandaloso tren de vida que llevan, por ejemplo,  los hijos del líder histórico del sindicato de los trabajadores del petróleo, Carlos Romero Deschamps, con viajes en jets privados, coches de lujo y un consumo millonario y disparatado.

Lo nuevo tal vez sea que la opinión pública mexicana no está dispuesta a tolerar un abuso más y que las redes sociales se han convertido en un eficacísimo instrumento de denuncia. También, que al poder, al Gobierno del PRI, no parece temblarle la mano a la hora de cortar la cabeza de aquellos que
dañen su imagen.

La película es Nosotros,los Nobles, el debut cinematográfico de Gaz Alazraki y una divertida comedia que se ha convertido en la más taquillera de la historia de México al recaudar más de 255 millones
de pesos (unos 16 millones de euros). Cuenta la historia de un padre empresario y viudo que harto de la inutilidad y frivolidad de sus tres hijos finge que está arruinado y se mudan a vivir a un barrio popular del DF. Sus vástagos tendrán que ponerse a trabajar y aprender en carne propia la dureza de una sociedad tan desigual como la mexicana.

Un personaje interesante es su novio, basado según algunos críticos en Colate, el ex de Paulina Rubio. Se trata de un tipo que se hace pasar por español, lleva pins con la bandera española y el escudo del Real Madrid y habla como un pijo madrileño, palabrotas incluidas. Quién lo diría, pero en determinados ambientes fresas hablar así es un signo de distinción y queda mucho mejor decir por ejemplo coche que carro o autobús por camión, que suenan muy vulgares. 

Nosotros los Nobles es un buen retrato sociológico del arriba y abajo mexicano, aunque para las élites de izquierda del DF que se han dignado a ir a verla les resulte demasiado amable y demasiado indulgente con los ricos y poderosos. En cualquier caso, la película marca un cambio de tendencia. Antes, era la caricatura del vecindario popular lo que hacía reír. Ahora es la burla de las clases altas.

Lamentablemente, dado el desastre de la distribución mundial del cine que no es estadounidense, la película no tendrá mucho recorrido fuera de México. Una pena porque entre otras cosas no estamos perdiendo la diversidad y la riqueza de nuestro idioma, en el que hablamos y escribimos más de 400
millones de personas.

Para que se hagan una idea, reproduzco parte de una página de humor del diario Reporte Índigo,
en el que el periodista Alejandro Fuentes remeda el habla de los pijos mexicanos a través de una supuesta carta abierta a la opinión pública de Lady Profeco.

Ahí  va:

 “A ver, o sea, ya bien les voy a decir qué onda con mis sentimientos.

Ya sé que estuvieron fregando para que mi papi renunciara, pero no se les hizo caso. Bueno, al final en súper mal plan Enrique Peña Nieto lo cesó. Pero, tipo de que está súper mal porque, o sea, yo me la estaba pasando brutal y no quiero que otros niños y niñas pasen por lo que estoy pasando.

No está padre que su papi vaya a trabajar todos los días para que por una simple clausura insignificante les quiten lo que ustedes se merecen. Es por eso que a ustedes les digo: ¡¡No renuncien!!!  

No renuncien al derecho que tienen por ser hijos de funcionarios súper nice de primer nivel.

No renuncien a utilizar los vehículos oficiales para ir de wiken o de reven.

No renuncien a saludar de beso al cadenero del antro. Tipo de que asco, pero se ve cool.

No renuncien a decir claves mamucas y apantallantes como Alfa3 o ClaveCondor cuando les pare la
policía

No renuncien a su prerrogativa de amenazar a cualquier naquete diciéndole que va a perder su chamba si no les hacen caso A-H-O-R-A

No renuncien a usar los celulares de sus papis que, of cors, lo paga el presupuesto.

No renuncien a su derecho a no mezclarse con la Prole.

No renuncien a pedir champú y la mesa de la pista en el antruki.

Lady’s de México

¡Uníos! Por un Mirreynato más justo para nosotros”.  

Una amiga mexicana, que vio la película y le gustó, recomendó a sus hijas adolescentes que fueran a verla. Las niñas respondieron: “O-B-V-I-O que no, mamá”.

La novela de Irak

Por: | 25 de marzo de 2013

Powers

Los diez años de la guerra de Irak han motivado grandes relatos periodísticos, importantes ensayos políticos y unas cuantas buenas películas pero de momento poca literatura de ficción. Los pájaros amarillos, la primera novela de Kevin Powers, un joven escritor de Richmond (Virginia), es una excepción. El libro, que acaba de ser traducido al español por la pequeña y prestigiosa  editorial mexicana Sexto Piso, ha ganado desde su aparición el año pasado el First Book Award del diario británico The Guardian; ha sido finalista del National Book Award de EE UU, seleccionado como el segundo mejor libro de narrativa del 2012 por Amazon y hace unos días recibió el Premio Hemingway. Además, Powers ha sido comparado con el autor de Por quién doblan las campanas, Erich Maria Remarque, Norman Mailer, Tim O’Brien  e incluso se podría añadir a esa lista a Tobias Wolff.

Hasta aquí la contraportada. ¿Demasiado bueno para ser verdad? Probablemente sí.  Powers sirvió en una unidad de combate durante la guerra en la ciudad de Al Tafar, en la provincia de Nínive, limítrofe con Siria, entre 2004 y 2005, y el libro cuenta  su experiencia de aquellos días y sus consecuencias, a través del soldado Bartle, de 21 años, y su colega Murphy, de 18, a quien trata de proteger.

“La guerra intentó matarnos en primavera (…) Cuando dormíamos, la guerra frotaba sus mil costillas contra el suelo, rezando; cuando forzábamos el paso hasta la extenuación, los ojos se le ponían en blanco y se quedaban abiertos en la oscuridad y, cuando comíamos, aceleraba sin más alimento que su propia penuria. Hacía el amor, daba a luz y se extendía con el fuego”. Así empieza Los pájaros amarillos, una novela escrita con extraordinaria intensidad y precisión, donde se oye el ruido del
sufrimiento de los hombres bajo un sol, demonio del mediodía, que tiñe de sangre, cuerpos mutilados y melancolía el campo de batalla.

KevinNo hay tremendismo ni indiferencia ante el horror por parte de Powers. Irak tampoco es ese “jardín del mal” como llamó Tim O’Brien a Vietnam. Es más bien una lotería macabra y febril, donde la muerte tiene tu número en una bala disparada a ciegas o más probablemente en un artefacto explosivo de fabricación casera que estalla en una cuneta. Un mundo de extremos, entre un sol incandescente y las tinieblas de los callejones, el estruendo de los morteros y el silencio de la noche, de esperas vacías y carreras alucinadas, en el que Bartle y Murphy son un par de intrusos, cuyo “mayor error consistía en creer que lo que pensábamos tenía importancia”.

Los pájaros amarillos se suma también a la tradición de relatos y películas que han tratado el difícil y doloroso regreso a casa de los veteranos de guerra. Como los de Vietnam, otra guerra fracasada, los de Irak como Bartle vuelven de la pesadilla derrotados aunque no vencidos, ni víctimas ni verdugos, dislocados emocionalmente, intrusos también en su propio hogar, en su propio país, frágiles en todo menos en la certeza de su integridad. Powers ha escrito probablemente la mejor novela de guerra del siglo XXI.

Hermanos de espuma

Por: | 05 de febrero de 2013

Un amigo colombiano y otro venezolano me descubren dos vidas americanas unidas dramáticamente a España. Dos historias personales que evocan un pasado ido para siempre y son, o quizá sería más preciso decir para desgracia nuestra que eran, parte de una misma comunidad cultural y sentimental, dos hermanos de la espuma de un océano que en las últimas décadas parece haberse ensanchado.

Guty Cárdenas, cantante y compositor yucateco, tuvo una carrera fulgurante plagada de éxitos en los años veinte en México, viajó a Nueva York, grabó con el sello Columbia Records, fue amigo de Nicolás Guillén con quien escribió en La Habana Canto Negro (redescubierta 80 años más tarde y estrenada en 2010), y en 1931compuso el corrido La República en España. Un canto a las esperanzas e ilusiones que despertó la II República en este lado del Atlántico, trágicamente rotas.

Óiganlo.

 

La canción le costaría la vida. El 5 de abril de 1932 en la cantina Salón Bach del centro histórico de Ciudad de México (fundada en 1901 y hoy restaurada), Guty tuvo una pelea con dos hermanos comerciantes españoles monárquicos. Uno de ellos lo mató de un disparo. Tenía 27 años. Su asesino volvió a España y no hace falta ni decir en qué bando participó en la guerra.

Qué hubiera pasado si…

Rafael Bolívar Coronado, escritor y poeta venezolano, pero sobre todo bohemio y pillastre, pertenece a lo que el escritor peruano Fernando Iwasaki ha llamado preboom de las letras latinoamericanas en España. Ingresó en el hampa literaria de Madrid a principios del siglo XX, a donde llegó huyendo del dictador Juan Vicente Gómez. Cansinos Assens lo cita en su maravillosa La novela de un literato como uno más entre las decenas de sablistas que recorrían las calles del foro en aquellos días. Pero Bolívar Coronado, -los apellidos son ya una ironía-, era un verdadero artista, un falsario genial –llegó a utilizar 600 seudónimos- pero que nunca plagió.

Publicó una antología de los 45 poetas bolivianos más ilustres, con autores, biografías y versos inventados de cabo a rabo, estudios sociológicos que eran puro embuste y alcanzó la gloria del engaño cuando logró que su compatriota, el escritor y diplomático Rufino Blanco Fombona, creador de la Editorial América,  cuyas colecciones Biblioteca del Porvenir y Tiempos Nuevos, divulgaron entre los españoles a los socialistas clásicos y a los novelistas rusos, publicase nueve, nada menos que nueve, crónicas de Indias tan inéditas como falsas.

Bien es verdad que eran obras de títulos y autores irresistibles, que colmaban las ambiciones culturales del editor: La Gran Florida, por Juan de Ocampo, autor también La Nueva Umbría, sobre la conquista de una región imaginaria entre Venezuela y Colombia en 1518; Fray Nemesio de la Concepción, autor de Los caciques heroicos; Fray Salcedo y Ordóñez que describió su viaje a la región de los Chiapas en el más que improbable río Paraguay….

El exceso de confianza y el éxito le delataron. Amigos del editor le empezaron a advertir de que algunas crónicas contenían anacronismos inconcebibles (palabras como “urbanizaciones” en el castellano del siglo XVI) o se desarrollaban en lugares fantásticos. Don Rufino, indignado por la estafa, lo persiguió por cafés y redacciones de periódicos, y el falsario huyó a Barcelona.  Allí se amancebó con la hija de un obrero impresor de tendencias anarquistas y llegó a publicar crónicas extraordinarias sobre la guerra de Marruecos, donde jamás había estado, con las anécdotas que recordaba haber escuchado en las tabernas de Málaga.     

Se dice que su mujer más de una vez se despertaba por las noches con las carcajadas del tipo a la máquina de escribir.

El propio Bolívar Coronado, que escribió una autobiografía con el título de Memorias de un semibárbaro,  explicó el éxito de su estafa citando una frase de Emilio Carrere: “En España viven del libro los que no saben leer”-

Murió en 1924 pobre, alcohólico y tuberculoso. Pero al final logró la inmortalidad por ser el autor de la letra de Alma Llanera, algo así como un segundo himno para los venezolanos.

Cuelgo la versión karaoke por si se animan.

 

Lecturas americanas

Por: | 22 de diciembre de 2012

No son los mejores libros del año, ni tan siquiera son todos de 2012. Son solo una serie de lecturas que quizá sean tan útiles para quienes estén interesados en América Latina como lo han sido para mí. Empecemos por el principio.

Américo. El hombre que dio su nombre a un continente (Tusquets), del historiador británico Felipe Fernández Armesto, es una biografía inteligente y amena de Vespucio, florentino embaucadAmericoor, sagaz  mercader,  mediocre navegante y, sobre todo,  un genio de la autopromoción, cuyas crónicas, debidamente adornadas de forma sensacionalista por sus editores  -suya es la responsabilidad de imprimir en la imaginación europea la idea del supuesto canibalismo de los indios- le otorgaron para la posteridad una gloria inmerecida. Merece la pena descubrir en sus páginas el asombro de aquellos primeros aventureros avanzando a tientas por una tierra incógnita con el único bagaje de la tradición literaria y un precario conocimiento científico. 

Los indios mexicanos en el umbral del milenio (FCE), del antropólogo mexicano Arturo Warman, es una útil introducción a la realidad indígena de este país -siempre en transformación contra lo que manda el tópico- desde la hecatombe demográfica que supuso la Conquista en el siglo XVI hasta su marginación práctica y glorificación retórica por la república.

 ElSimonBolivar2egía criolla (Tusquets), del historiador español residente en México, Tomás Pérez Vejo, ofrece una sugerente reinterpretación de las guerras de independencia hispanoamericanas, menos romántica y más compleja de lo que enseñan las historiografías oficiales, como conflictos civiles que duran hasta bien entrado el siglo XIX en búsqueda de una legitimidad aún inacabada. El hundimiento de la
Monarquía Hispánica, fenómeno telúrico comparable a la caída de la Imperio Otomano o a la más reciente implosión de la Unión Soviética, dio lugar a la guerra, la gran partera de naciones. 

La cultura mexicana en el siglo XX (El Colegio de México), del siempre brillante Carlos Monsiváis, traza, a partir de unas notas de 1977, un recorrido por la historia cultural de su país desde el modernismo hasta 1980, con sus cambios de percepción –“el nacionalismo ya no persuade, pero la
atención a lo nacional es obsesiva”-  y su papel de resistencia.

El narco. En el corazón de la insurgencia criminal mexicana (Tendencias Editores), del periodista británico Ioan Grillo, probablemente es uno de los mejores libros, de los cientos que se publican sobre el tema, para comprender el fenómeno del narcotráfico y la tragedia, vista muy de cerca, que azota a México  desde hace seis años.

Ahora o nunca. La gran oportunidad de México para crecer (Debate), del analista Jorge Suárez Vélez, es a la vez un diagnóstico y una agenda de este país para los años que vienen, de sus posibilidades de crecimiento en una coyuntura internacional favorable ante la desaceleración de China y Brasil.

Violencia pública en Colombia, 1958-2010 (FCE), del historiador colombiano Marco Palacios, es una utilísima guía para entender en apenas 200 páginas ese medio siglo Farcdel conflicto colombiano, que tal vez comience a terminar con las conversaciones de paz de La Habana. De la guerra fría a la guerra a las drogas pasando por la guerra al terrorismo, el libro subraya la dimensión internacional en la dificultad para consolidar un Estado democrático y el juego de poder entre las élites políticas, guerrilleras, paramilitares y criminales. 

La herencia de la tribu. Del mito de la Independencia a la Revolución Bolivariana (Editorial Alfa), de la novelista caraqueña Ana Teresa Torres,  explora el peso aplastante de los mitos políticos de la identidad venezolana –demasiada épica y poca ciudadanía- y la fabricación de esa alegoría nostálgica de Bolívar y la independencia por parte de ese chatarrero de la historia que es Hugo Chávez.

La rebelión de Carloslos náufragos (editorial Alfa), de la periodista venezolana Mirtha Rivero, analiza el segundo mandato del presidente Carlos Andrés Pérez y la crisis política que llevó a su renuncia en 1993 con el derrumbe institucional subsiguiente.

Y por último, un homenaje a todos esos libros de memorias, de peripecias olvidadas y autores hoy desconocidos,  escritos por exiliados republicanos  que ya solo se encuentran en las maravillosas librerías de viejo de Ciudad de México. Títulos como Cuando la muerte no quiere, por el gobernador de Almería don Juan Ruiz-Peinado Vallejo; ¡¡Refugiados en México!!, de Mariana Moch o Páginas del exilio, de Eulalio Ferrer Rodríguez, y tantos otros.

 

 

Martín Cortés, historia de un olvido

Por: | 06 de septiembre de 2012

The_New_World_of_Martin_CorEn una pequeña librería de la maravillosa Oaxaca di con un libro que me llamó la atención, de pastas azules y pequeño formato: The New World of Martin Cortes, de la historiadora australiana Anna Lanyon. El subtítulo, The evocative and mysterious story of México’s first mestizo-son of a conquistador, acrecentó mi curiosidad y  la publicidad de la contraportada -”Intriguing” (New York Post), “Brilliant” (New York Sun), “Heartbreaking”, “Entertaining, “Luminous proof that history glows with emotion”, etcétera-, hizo irresistible la tentación de comprarlo. Mi desconocimiento de la historia del hijo de Hernán Cortés y la Malinche era parejo del de la autora pero 260 páginas después comprobé que los tabloides de Nueva York habían dado en el clavo: el libro es extraordinariamente ameno, un relato al tiempo académico y emocionante de la oscura vida de un hombre del siglo XVI a caballo entre España y América que nunca acabó de pertenecer a ninguno de los dos mundos, un drama que aún espera autor.

Lanyon conduce al lector por las ciudades y pueblos de España y México que marcaron a Martín Cortés, le lleva por los archivos históricos de los dos países y le hace cómplice de sus averiguaciones a medida que éstas avanzan. No se sabe mucho del llamado primer mestizo, cuya vida siempre estuvo oscurecida por su hermanastro de mismo nombre, diez años menor que él, hijo de Juana de Zúñiga y heredero del título, hacienda y fortuna del conquistador, pero cada dato, cada brizna de información, sugiere un pesar poético, un perfil melancólico tallado en la infancia perdida, las penalidades del soldado y la desgracia del exilio.

Arrebatado a su madre a los dos años, a los seis viaja con su padre a la península cuando éste acude en 1528 a la Corte para obtener la aprobación de Carlos V a sus conquistas. Hernán Cortes hace que le nombren siendo niño caballero de la orden de Santiago, logra su legitimación mediante una bula papal y hay testimonios de su preocupación por su salud. Sirve como paje junto con otros hijos de nobles y es educado en el ideal caballeresco, en la reticencia, el estoicismo  y la reserva. Martín Cortés fue soldado de la corona española guerreando en Piamonte y Lombardía, participando en la batalla de San Quintín y, junto a su padre, en el fiasco de la toma de Argel frente a los piratas  berberiscos.

No sería su última batalla. Pero no se distinguió durante su carrera militar y su pista se pierde hasta que reaparece en el testamento de su padre. El conquistador nombra heredero a su hermanastro, un tipo arrogante, pomposo, racista y estúpido a partes iguales y a él le deja una generosa renta que motivará después un largo litigio familiar. En 1562 los dos hermanos junto con un tercero, Luis Cortés, se instalan en México, donde al poco se verán envueltos en una supuesta conspiración de los   eriquecidos hijos de los conquistadores contra la corona española.

La rebelión, que al parecer fue más bien una exhibición de alcohol y fanfarronería, estuvo motivada por la decisión de Felipe II de ratificar la orden de Carlos V que obligaba a la segunda generación de los conquistadores a devolver sus propiedades a la corona y por la prohibición de esclavizar a los indios. Veinte años antes un motín de españoles en Perú había sido sofocado a sangre y fuego y su recuerdo estaba aún muy presente para las autoridades del virreinato, que no dudaron un instante en ejecutar y decapitar a los rebeldes tras torturarlos y someterlos a juicio sumarísimo. Los Cortés no tenían nada que temer de las nuevas leyes pues su patrimonio tenía carácter permanente desde 1528, pero aún así se vieron implicados y como era de esperar fue el hermano mestizo quien corrió con la peor suerte.

VaMartín Cortés fue sometido a largas sesiones de tortura –dislocación de miembros en el potro y el waterboarding de la época, al reo se le ponía un embudo en la boca y se le hacían tragar litros de agua sin dejarle respirar- y condenado a muerte. Durante todas aquellas jornadas de horror y  tormento el desgraciado caballero mestizo, y así está documentado, no delató a ninguno de los conspiradores limitándose a repetir una y otra vez: “He dicho la verdad, no tengo más que decir”.  Al final, tras una complicada historia de desencuentros políticos y judiciales entre la metrópoli y la Nueva España, se le conmutó la pena capital, condenándosele a una fuerte multa, casi a la ruina, y al exilio en la península, donde moriría años después tras participar como capitán a las órdenes de Don Juan de Austria en el sometimiento de la rebelión de los moriscos (1568-1571).

La anodina historia del primer mestizo conocido quedó olvidada, archivada, despreciada, confundida siempre con la de su hermanastro hasta muy recientemente. En 1974 el cineasta mexicano Alejandro Galindo estrenó la película El juicio de Martín Cortés, que al parecer fue un fracaso de crítica y público, y Carlos Fuentes dedica uno de sus cuentos a los hermanos de igual nombre, pero en ambos casos se le retrata como a una trágica víctima de las dos culturas y su vida solo sirve de excusa a un esquema moral de indios víctimas y españoles verdugos.

El cataclismo demográfico que supuso la Conquista –murió el 90% de la población nativa en el primer siglo- y el logro posterior de México de convertirse en un país mestizo en unos años en los que en Europa dominaban las ideologías de la supremacía racial ya lo contó muy bien, entre otros, Arturo Warman en Los indios mexicanos en el umbral del milenio.

Pero el destino individual del niño que apenas conoció a su madre, aturdido en su diferencia en una corte de flamencos y castellanos, soldado sin fortuna frente a la gloria de su padre, eclipsado siempre por su hermano blanco, que solo se redime y alcanza un perfil heroico al soportar la tortura por una causa que no es la suya y acaba sus días en una tierra que no le pertenece, esa historia está aún
por contar.

CSI: Monterrey

Por: | 18 de junio de 2012

Va
Miguel Ángel Hernández López estudió para programador informático, fue cámara de televisión y desde hace cinco años es empleado de los servicios forenses del Estado de Nuevo León. Su misión es recoger y trasladar cadáveres en un enorme camión-ambulancia. Ni que decir tiene que no para, "ocho, 20 servicios al día, depende”. A parte de los enfermos y ancianos y de quienes mueren en accidentes o riñas, la violencia vinculada a la delincuencia organizada mata entre 120 y 150 personas al mes en esta región del norte de México.

Cuenta que él y sus compañeros vuelven del lugar del crimen custodiados porque es bastante frecuente que los sicarios  les den el alto, les digan “malas palabras“ y exijan ver los cadáveres para comprobar que han cumplido el encargo o simplemente se los roban: “Vamos desarmados  y no voy a pelear por lo que no es mío”.  Otras veces son las propias familias de las víctimas quienes les amenazan. Como les ocurrió el pasado febrero cuando 44 presos murieron en el  penal de Apodaca durante una pelea entre el cartel de los Zetas y sus rivales. “La gente sobrepasó el cordón policial y nos rompieron los vidrios del camión porque querían ver a sus muertos. Si llegan a abrir la puerta trasera se llevan a los 12 cadáveres chorreando sangre que llevábamos”.

Miguel Ángel asegura que “nunca platica del trabajo en casa“. “Cuando llego le doy vuelta a la hoja. Todos los días veo cosas extrañas y diferentes y no me llevo a casa ni el asco”. Y ha visto auténticas salvajadas. Desde el casi medio centenar de mujeres asfixiadas por el humo, apelotonadas en su desesperación en  los baños, durante el incendio criminal del Casino Royale de Monterrey el pasado agosto a los reos empalados por la boca, cortados con CDs o agujereados con picahielos de Apodaca o los 49 cadáveres descuartizados, entre ellos seis mujeres - “tres embarazadas”- encontrados en bolsas negras de basura la noche del 13 de mayo de este año en el kilómetro 47 de la carretera Monterrey-Reynosa, cerca del municipio de Cadereyta.   

“Las bolsas estuvieron dos horas tiradas en la calle. Llevaban muertos  entre dos días y una semana. Olían feo. Las únicas marcas que tenían los cuerpos eran tatuajes pero no tenían nombres, solo figuras decorativas, alitas y cosas así. No había niños pero sí eran gente joven. Habían sido desmembrados por alguien que sabía cómo hacerlo, supongo que con sierras mecánicas. Sin
cabezas no hay huellas dentales y sin manos nos las hay dactilares. Con muestras de piel, sangre o pelo puedes sacar el ADN pero no hay modo de identificarlos porque no hay con qué compararlos”. Más de un mes después de  los hechos oficialmente no se sabe quiénes son las víctimas de esta nueva venganza entre los carteles que se disputan la plaza de Nuevo León.

“La saña de los crímenes está aumentado”, continúa Miguel Ángel. “Supongo que la intención es pegar dos veces, causar más daño a las familias y a la sociedad, crear psicosis y terror. A los 20 años no había visto un muerto. Ahora tengo 40, he visto 50 cadáveres en un sola noche y estoy seguro de algún día tendré que ir a recoger a 80 tirados en la calle”.    

No se queja de su trabajo, aunque no todos lo aguantan, “hay mucha raza que después de un servicio ya no vuelve más”. El salario mensual oscila entre los 6.000 y los 9.000 pesos (entre 340 y 512 euros), dependiendo de incentivos. Visten de blanco, llevan gafas especiales y unas mascarillas contra gases orgánicos para evitar el hedor de la muerte. Así evitan también ser reconocidos por los sicarios que a veces graban en vídeo la escena del crimen “para cerciorarse de que están muertos porque deben de necesitar pruebas”.

Cuando termina su trabajo empieza el de los médicos forenses. “Hay días en que no dan abasto. Se suspenden turnos y llaman a estudiantes de medicina para que los ayuden a limpiar cadáveres o les saquen fotos”.  Luego a la morgue -“donde hay cadáveres que están seis meses porque en la mayoría de las muertes violentas nadie se atreve a reclamarlos" - y de ahí a la fosa común.

Dice Miguel Ángel que cuando salen a un servicio “hay gente de la calle que al verlos se persigna” y que hay planes para ampliar la morgue. Esta no es la ficción de la televisión gringa sino la realidad mexicana, la de una insurgencia criminal cuyas secuelas perdurarán mucho tiempo en la sociedad de este país.     

 

¿Por qué Ciudad Juárez?

Por: | 10 de mayo de 2012

 

Juarez
Las autoridades del Estado de Chihuahua aseguran que Ciudad Juárez ya no es la más violenta del mundo. Ese honor recae ahora en San Pedro Sula, en Honduras, o en algunas zonas de Río o Caracas, quién sabe. Los asesinatos han pasado de más de 3.000 en 2010 a 2.000 el año pasado y la tendencia continúa a la baja. Un nuevo gobernador, la presencia de policías federales durante el último año y medio, inversiones multimillonarias del Gobierno federal y la movilización de sus ciudadanos han contribuido a ello. Sin embargo, los periodistas locales atribuyen la caída en la cifra de homicidios a una razón muy simple: el cartel de Sinaloa, el de Joaquín, el Chapo, Guzmán, se ha impuesto sobre los remanentes del cartel de Juárez, el que hace unos 20 años fundara Armando Carrillo Fuentes, el Señor de los Cielos, llamado así por la flota aérea de la que llegó a disponer para trasladar cocaína a EE UU. 

Pero, ¿qué pasó para que la ciudad de los indios mansos que encontraron los franciscanos españoles, la de los liberales de Benito Juárez, la de las escaramuzas apaches, la de las correrías de Pancho Villa se convirtiera en este cambio de siglo en la capital mundial del crimen?

Ciudad Juárez impresiona, tiene una vibra especial como dicen los mexicanos. Una enorme extensión de terreno llano urbanizada hasta que alcanza la vista con edificios que no superan las dos plantas. Al oeste y al norte la limitan las montañas y la frontera; al sur, el desierto. Por sus calles polvorientas, no siempre asfaltadas y mal iluminadas, circulan destartalados coches sin matrícula, impresionantes camionetas Suburban o Explorer de cristales tintados y las pick ups de las patrullas policiales. No  caminan por ellas guapos y duros como Benicio del Toro con su hablar bajito y  sus ojos entornados, sino pinches adolescentes chaparros, pobres y probablemente armados. En realidad no se pasea. Ciudad Juárez no invita a nada al forastero, lo pone a prueba.

Es el gran patio trasero de El Paso, Tejas, paradójicamente la ciudad más pacífica de EE UU. De este lado la separa el río Bravo, porque una vez tuvo riadas y crecidas, y que es hoy un foso seco. Del otro, el río Grande, se atisba verde y canalizado. Tres puentes cruzan la aduana internacional, por donde miles de vehículos tardan más de hora y media en recorrer  a vuelta de rueda apenas 500 metros. En el principal, antes de llegar al cartelón que desea “¡Buen Viaje!", una cruz sobre un fondo rosa y un pequeño letrero al pie que dice “¡Ni una más!” recuerda a las más de 1.200 mujeres asesinadas, baleadas, violadas, torturadas,  decapitadas y descuartizadas en los últimos 20 años.

Ciudad de frontera y feminicida, fue una mujer, Ignacia Jasso, la Nacha, la que inició a finales de los años veinte del siglo pasado el contrabando de drogas con el norte. La marihuana y la heroína fluían con naturalidad hasta los corazones de los soldados gringos. La Nacha, con la ayuda  de su hombre, el Pablote, una pareja de leyenda, logró dominar el negocio sin graves percances durante 50 años. 

Va

Luego Juárez comenzó a cambiar. A mediados de los años sesenta llegaron las maquilas, las fábricas de componentes que dominan la mitad del territorio, convertidas hoy en símbolo de explotación laboral. Hombres y mujeres, sobre todo mujeres, del sur de Chihuahua encontraron trabajo en ellas.
La nueva industria y el viejo contrabando llenaron los bolsillos de la ciudad, pero aún faltaba por llegar lo peor.

La firma del Tratado de Libre Comercio con EE UU en 1993, el mismo año que nace el cartel de Juárez  -otra paradoja-  hizo mucho más grande el negocio.  Los destellos de este improbable Eldorado llegaron hasta el sur de México. Miles de mujeres viajaron hasta allí en busca del empleo que habían perdido en el campo. La ciudad recibía 100.000 nuevos habitantes al año, la población se duplicó en una década hasta el casi millón y medio de ahora, al mismo ritmo que crecía la especulación inmobiliaria.

Pero solo les esperaba el hampa, no desde luego los servicios públicos. Encontraron un pantano de impunidad donde criminales y funcionarios y policías corruptos imponían la ley. Había muchas armas, muchas drogas y mucho dinero. Matar era muy fácil y ser castigado  casi imposible. Había nacido La Fábrica del crimen como titula su imprescindible libro la periodista Sandra Rodríguez. Los homicidios pasaron de un año a otro de 55 a 120. Miles de pandilleros, es decir, los “que a los 17 años”, como ha escrito Magda Coss Nogueda en Tráfico de armas en México, “ya han elegido con qué canción quieren ser enterrados”, se convirtieron en sicarios. Surgieron Los Aztecas, los Mexicles, los  Artistas Asesinos, llamados así por su origen grafitero, y también  La Línea, el grupo de agentes al servicio del cartel.

Y en esto llegó el Chapo. A partir de 2007 y sobre todo en 2008 el cartel de Sinaloa empezó a disputarle la plaza al de Juárez. Reclutó a los Artistas Asesinos como brazo armado y dividió, sobornó y amenazó a sus rivales así como a los funcionarios y policías infiltrados en el crimen organizado. Una ola de traiciones y venganzas se extendió por la ciudad, los ajustes de cuentas hicieron que algunos meses los asesinatos superaran los 200. La guerra de los carteles  dejaría miles de cadáveres y desaparecidos en las calles, en fosas comunes, en el desierto. Ahora, esa ruleta de la muerte comienza a detenerse. El sol empieza a ponerse sobre el gran escenario del crimen.

El País

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