El Monstruo que hay en nosotros

Por: | 03 de septiembre de 2017

“Cambiar de alma, cómo? -Eres tú quien debe descubrirlo”.

 Fernando Pessoa

 

Ramblas
Les Rambles de Barcelona- Agost 2017 

Nos han educado para que las emociones sean un asunto privado, y para que procuremos vivirlas en el fuero íntimo sin abrumar con ellas a los demás. Pero ya se sabe, establecemos reglas para los otros, pero hacemos excepciones con nosotros mismos. Necesito explicarme, y que eso me sirva de base para entender el mundo. Hago mío lo que veo. No conozco otra herramienta mejor. No me salva, pero ayuda a comprenderme más, a mí mismo y a los demás. ¿Significa esto que conocer las respuestas vaya a hacerme más feliz?

Hace muchos años tuve un hermano, el mejor hermano del mundo. El amor que nos tuvimos es el que ha logrado que su figura no se difumine en un mar de ausencias y silencios. Aquellos a quienes les debemos algo no siempre lo saben. Y si por suerte se enteran, probablemente ignoren en qué forma nos influyeron. Mi hermano me ayudó a ser mejor persona. Sin embargo, no podemos apreciarnos si alguien no nos recuerda lo importante que fuimos.

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Cuando éramos unos niños, y los dos hermanos regresábamos del cine nos poníamos a explicar la película al mismo tiempo. Pero mi forma de narrar la trama era de una vehemencia superlativa, por lo que mi hermano mayor acababa renunciando a la parte de protagonismo que le correspondía; se daba media vuelta y desaparecía en silencio. Mis recuerdos no son un producto de la fantasía, -a la que a menudo recurro buscando destellos de felicidad-, ni de la lógica necesidad de buscar refugio en la infancia. Como decía Nietzsche: “la escritura, el pensamiento y la visión del mundo, proceden fundamentalmente de nuestra autobiografía”.

Le recuerdo estirado en el suelo, con aquellas largas y escuálidas piernas, construyendo el fuerte donde colocaba estratégicamente a los soldados que aguardaban el ataque de los indios. Cuando todo estaba organizado, yo pasaba por detrás sigilosamente, y con la palma de la mano derribaba a todo el escuadrón de soldados de golpe. Dejaba aquel campamento como si hubiese pasado por encima un meteorito. ¿Cómo es posible que nunca me levantase la mano, o como mínimo buscase la protección de nuestros padres y hermana? Al contrario, cuando nuestra madre intentaba alcanzarme para darme una buena reprimenda, él se interponía entre nosotros dos y le rogaba firmemente que no me zurrase.

Fuerte

Lo que finalmente me desmontó para siempre, fue un día en el que encolerizado le cerqué contra la pared y le pegue con los puños. Es la única vez que he tenido un comportamiento tan violento, y ni siquiera soy capaz de recordar el motivo. Mientras le sacudía, él mantenía los brazos en forma de cruz para amortiguar los golpes. De repente, y cuando ya no me quedaban fuerzas, me miró fijamente y me dijo. “¿Ya has acabado?”. En realidad todo acto de bondad es una demostración de poder. Es así realmente como se ganan las batallas.

"En realidad todo acto de bondad es una demostración de poder. Es así realmente como se ganan las batallas".

Tuvimos la enorme suerte de tener una infancia feliz. Nos quisieron mucho y durante muchos años. Mi hermano fue siempre el favorito de mi abuelo materno. Y creo de corazón que se lo merecía. Todo cambió cuando nació nuestra hermana pequeña con parálisis cerebral. Cada uno de los hermanos fuimos asumiendo el dolor, la responsabilidad y la culpa como pudimos. Pero lo que no sabíamos entonces es precisamente lo rápido que se puede llegar a olvidar lo fundamental. La única que no se olvidó nunca de lo que significábamos fue nuestra hermana mayor. Ella nació con una sensibilidad especial, es escritora de cuentos, sobrada de ingenio e imaginación.

LLuis y Helvia

 LLuís y Helvia Giralt

A lo largo de 2017, el mundo ha asistido a unos 390 ataques terroristas en 53 países, que le han costado la vida a unas 3.215 personas, de acuerdo con un informe publicado por la Universidad Austral. A raíz del atentado terrorista en Barcelona, y del clima complicado que estamos viviendo en Catalunya, se me han acumulado infinidad de incertidumbres y mucha tristeza. ¿Qué habría pasado si uno de nosotros dos hubiese sido una de las víctimas de las Ramblas? ¿Toda esta distancia, estos años de alejamiento y de soledad agridulce, habrían valido la pena? ¿Puede llegar la política a ser más importante que el dolor y la empatía que deberíamos haber compartido los dos hermanos durante todos estos años?

Banderas

No quiero hacer un análisis simplista de la historia de nuestro país. La realidad es mucho más compleja. El mundo es una máquina enmarañada constantemente en marcha y que no se desmonta con un simple destorllinador. Quisiera ir mucho más lejos. ¿Puede una idea política alejarte de lo que más quieres? Mi abuela nunca quiso ir a votar. No lo entendí entonces, ni lo comparto ahora. Pero fue tanto el horror que sufrió durante la Guerra Civil Española, que perdió para siempre la confianza en los políticos. Toda su familia se quebró por completo y para siempre. Algunos hermanos estaban en el bando de los nacionales, y otros con la República. Nunca volvieron a dirigirse la palabra. Cada guerra es una destrucción del espíritu humano. Antes de hablar deberíamos detenernos a ver. ¿No hemos aprendido nada del dolor de nuestra propia gente?

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¿Puede una idea política alejarte de lo que más quieres?

Poco a poco mi hermano y yo nos hemos ido distanciando. Olvidándonos de quiénes somos, de dónde venimos. Nadie mejor que nosotros conoce el material del que estamos hechos. A medida que va pasando el tiempo, me voy sintiendo más cercano a mi abuela. ¿Compensan las batallas cuando se llevan por delante lo más importante?

Somos frágiles, y al mismo tiempo estúpidos. Ocurre lo mismo en todas las partes del mundo. No es nada nuevo. El odio hacia el individuo se encuentra en todos los que comulgan con ese ideal de un universal en el que se disuelven las individualidades: ideologías religiosas y totalitarias, utópicas y comunitarias, tradicionalistas y populistas. En nombre de Dios y del Estado, de la Patria y de la Nación, los conductores de hombres nos han manipulado y exigido al mismo tiempo.  ¿Nos hemos dejado moldear a su antojo?. ¿De qué han servido tantas disputas?. ¿No hay nada en las leyes y en las mentalidades que nos ayude a reivindicar una identidad que no se amolde a lo establecido?

¿No hay nada en las leyes y en las mentalidades que nos ayude a reivindicar una identidad que no se amolde a lo establecido?

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No se pueden abrir heridas y pretender que se cierren solas. Es así aquí, y en cualquier pueblo de la tierra. Cuando éramos unos adolescentes recuerdo a mi hermano salir de casa con una bandera más grande que él mismo. Nunca compartí esa pasión por nada, salvo por el cine y los libros. Sin embargo, sí recuerdo haber tenido una nefasta e imperceptible conducta de superioridad. Una manera indirecta de infravalorar sus sentimientos, de ridiculizar sus símbolos. Nunca alcancé a comprenderlos, ni siquiera a respetarlos. Me ocurre con todos, no solo con los propios. No me han emocionado nunca los himnos, ni las banderas. ¿Pero puede uno menospreciar la identidad de nadie? ¿Sus sentimientos?. No se puede tener ninguna influencia sobre aquellos a quienes uno tiene un subyacente desprecio. No he sabido hacerlo bien. Convencido de tener la razón, he ridiculizado planteamientos contrapuestos a los míos. Aunque fuesen los de mi propio hermano. ¿Qué seré capaz de hacer con alguien a quien no quiero? No estoy diciendo que actuando de otra forma el resultado sea un mundo fantástico y sin problemas. Un universo donde iremos cogidos de las mano, un lugar donde no existirá la pobreza, ni la exclusión social, ni los sufrimientos. Hablo de no olvidar nunca que la otra persona a la que estás agrediendo es un ser humano. Si olvidamos ese derecho tan básico las reglas morales reservadas para las personas ya no las aplicaremos. Y ya no nos importará nada de lo que suceda a continuación.

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Para deshumanizar al semejante hace falta una actitud irracional y de soberbia que convierta al otro en una cosa, no en un ser humano. No vemos personas, vemos enemigos. Estos últimos años han sido tan duros, que apenas me importa de qué bando venga la propaganda. No podemos demonizar al que no piensa igual. ¿Cuál será sino el siguiente paso? ¿Hasta qué punto pueden las ideas desactivar la piedad instintiva en los seres humanos? Cuando de pequeño agredí a mi hermano, y él me miró a los ojos diciéndome: ¿Has acabado?, tenía que haber aprendido la lección para siempre. No deberíamos olvidar que hay un Mr Hyde en cada uno de nosotros; lo importante es impedir que se den las condiciones que ese monstruo necesita para salir a la superficie. Solo depende de nosotros que le dejemos salir o no.

 






 

Los años perdidos

Por: | 30 de julio de 2017

  Campos de trigo

© Mario Cobos

Todas las emociones fundamentales sobre las que nos sustentamos tienen sus raíces en el amor que nos proporcionaron en la niñez. La infancia forja el carácter y también el destino. Tal y como decía Ana María Matute "A veces la infancia es más larga que la vida".  Puede ser nuestro paraíso perdido y también nuestro infierno.

"A veces la infancia es más larga que la vida" Ana María Matute

La rama familiar que corresponde a mi padre era de un pueblo del interior. Como casi todos los niños de los años setenta, pasé las vacaciones de mi infancia brincando como Kevin,  -el gamusino de Up-,  junto a mis hermanos y primos por los campos de trigo en busca de nuestro “Shangri-La” particular. En invierno hundíamos los pies en la nieve, y sentíamos algo inquietos cómo los cristales de hielo crujían bajo la suela de nuestros zapatos. Los fines de semana ganábamos la batalla a la quietud del domingo y paseábamos por las calles de adoquines de piedra camino del cine. Allí nos esperaban Fu Man Chú, Los Simios de Charlton Heston, Louis de Funés y las películas de vaqueros de serie B. Todo era distinto a la ciudad, los olores, el color rojizo de la tierra, la luz, los sonidos, la gente, y el transcurrir del tiempo.

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El paisaje de nuestra infancia es un presente del pasado. Todo parecía más primitivo, pero al mismo era más genuino y estimulante. 

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Mi padre solo tuvo una hermana. No se movió nunca del pueblo. Cuidó de sus padres, marido e hijos. No hubo otra opción, y no creo que tuviese oportunidades para decidir otro tipo de vida. Cualquier otra idea que no fuese el trabajo no entraba en su cabeza. Las dudas, caprichos, y la locura, eran cosa de las novelas y las películas. Esa fue su vida. Y amar a los suyos. Mi padre ocupaba un lugar reverencial en aquella reducida lista. 

De pequeño yo era bastante contrario a los reglamentos e imposiciones. Pero en aquella casa, me sentí muy libre. A ellos les debo haber vivido parte de los momentos más felices de mi vida. Siempre he creído, como señalaba Vázquez Montalban que la patria de cada uno es la infancia, en el sentido moral.

"La patria de cada uno es la infancia, en el sentido moral". Manuel Vázquez Montalbán

Para desayunar hervían la leche y nos la servían en unas enormes tazas blancas de loza. Qué extraña es la infancia y la memoria. Ahora mismo podría dibujar los cazos y las enormes vasijas de leche que iban a buscar cada madrugada. Me sentaba en la mesa del comedor, apartaba a un lado la mitad del mantel de hule, y me ponía a dibujar para toda la familia. En una milésima de segundo había conseguido la atención y admiración de mis tíos y primos. Esbozaba auténticos garabatos, pero a sus ojos parecían obras maestras.

Lecheras

Con su educada sencillez me hacían sentir el artista más importante del mundo. Mi tía me exhibía siempre como un dechado de virtudes. En mi interior siempre pensé que aquella admiración se debía a que no era una mujer muy viajada. Su mundo era muy reducido. No supe comprender entonces lo mucho que iba a añorarla. Al cabo de los años, y cuando perdimos contacto, me aferré a aquellos recuerdos para seguir queriéndola. Fue aquella una época muy dura.

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Santpedor 1970, Plaça Gran 

Generalmente la felicidad no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días. Y entre esas “pequeñas cosas”, los afectos ocupan un lugar primordial. No sé qué pensamiento auténtico tenía sobre nosotros, pero al fallecer mi padre dejamos de estar en su lista de
prioridades.

La mayoría de las personas tendemos a la estrechez en lo que al alcance de nuestra mirada se refiere. Solemos recluirnos fácilmente en proyectos narcisistas y nos olvidamos de las auténticas necesidades de los demás. En realidad, saber mirar es el secreto. Pero, ¿qué implica conocer la verdad? ¿Tenemos derecho a exigir de los demás lo que no saben, o no pueden darnos? Nunca se puede pedir a nadie que cambie un sentimiento.

Nunca se puede pedir a nadie que cambie un sentimiento. 

Aparentemente mi tía era muy sencilla. Sin embargo, su simplicidad encubría un rompecabezas de complejidad. Había mucho que asumir, interiorizar y digerir. Todos deberíamos hacerlo, pero se suele pagar un precio muy alto. Y no todos somos tan valientes. No hablo de culpables, hablo del laberinto que hay en cada uno de nosotros. 
Podemos imaginarlo todo, predecirlo todo, salvo hasta dónde podemos llegar.

  Look deeper

 

 

Estuvimos 20 años sin saber nada de ella. Uno de los momentos más emotivos que recuerdo fue durante un entierro. Estábamos en el cementerio, yo me había situado detrás de unos setos, ya que necesitaba estar solo. De repente vi como subía la empinada cuesta del camposanto muy lentamente hasta donde yo me encontraba. El corazón me latía a mil por hora. Llevábamos mas de dos décadas sin hablar. No me atrevía a mirar a ningún lado. De repente sentí su presencia y escuche una voz que decía, ¿No piensas darme un beso? 

Sant Pere de Santpedor

Sant Pere de Santpedor

Amo como ama el amor. No conozco otra manera de hacerlo. ¿Cómo no dárselo? Le habría dado mil veces, mil besos. ¿Cómo no abrazarme a ella?. Fue como si nos hubiésemos visto el día anterior. Todo el cariño, los cuidados, y el orgullo que sentía por nosotros, y del que presumía a los cuatro vientos, surgió de nuevo con la misma intensidad de antes. No quedaba espacio para las recriminaciones, ni el rencor. Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida. En lo único que pensé entonces, es que no existe la victoria final para los años perdidos.

No existe la victoria final para los años perdidos.

Nada nos consume más rápidamente que el resentimiento. No pretendo que esto sea un ajuste de cuentas, ni una reflexión sobre un asunto privado de familia. Escribo porque creo que en lo particular se encuentra lo universal. Y también para definirme, es un diálogo conmigo mismo. Es una forma de hablar con aquellos a los que admiro y quiero, vivos y muertos. Al mismo tiempo me da placer, aunque no tenga la certeza de que sirva para algo.

Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida

¿Qué sentido tienen ahora aquellos años perdidos? Con el tiempo recuperamos la relación, pero nunca hablamos de nada que pudiera hacernos daño. Ahora desde la ventana donde escribo, veo el banco donde solía sentarse desocupado, y no puedo dejar se sentir una enorme tristeza. Qué papel tan importante pueden llegar a tener los tíos en nuestro tejido sentimental. Qué poco tiempo nos quedó, tras largos años de silencio para podérselo decir.  

Tiweta
Estamos unos días en la que fue su casa. En el valle más grande de los Pirineos. Una gran planicie, repleta de prados verdes cruzados por riachuelos y torrentes, y protegido por la sierra y montaña del Cadí. Llevo dos semanas de vacaciones, y siento su alegría cada vez que disfruto del paisaje, de la luz y la calma.

Poble

© Raquel Artiles

¿Qué hubiese conseguido negándole un abrazo? ¿De qué sirve el orgullo? Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente llegará como la de todos, mi partida. Puede ser la más feliz o la más amarga de mis horas. Toda dependerá de que en mis sueños vuelva a encontrarme cobijado por el cariño de aquellos que creyeron en mí, mucho más que yo mismo.

 

Duermen bajo las olas...


Allá en el fondo,
todas las palabras que dijimos
y de las cuales ya no guardamos recuerdo,
duermen bajo las aguas.
Duermen aquellas que no supimos decir
y esperan su turno para salir a flote.
Las cartas que hemos roto, las no recibidas
y las veces que hemos dicho adiós.
La pena que sentimos y que ahora,
al recordarla, nos parece pequeña.
La risa o el llanto que no llegó a brotar.
La amistad que buscamos en el momento difícil
y que resultó más débil que nosotros, más falta de ayuda.
La persona a quien quisimos consolar y nos sirvió de consuelo...
Todo duerme allí, en ese fondo" ( Carmen Kurtz).

 

  

Dedicat a la memòria del meu padrí Josep Guixà Vall i la Rosalìa Puiggrós Sala.

 

El áspero olor de la pobreza

Por: | 20 de junio de 2017

 


No creo en la providencia, ni en los milagros, ni en lo sobrenatural. Ya me cuesta bastante trabajo entender algunas cuestiones terrenales como para detenerme en aquello que no se puede demostrar. Sin embargo, sí creo en una vida basada en el ejemplo, la vocación y la empatía. “Aporofobia” el libro de Adela Cortina que trata sobre la pobreza me ha hecho pensar en Vicente Ferrer y su legado. En su último trabajo la filósofa ha creado un concepto que antes no existía, “Aporofobia”: "Me pareció que había que construir un verbo que definiese el rechazo que siente la sociedad hacia las personas pobres”. Para caracterizar la pobreza, Adela Cortina la ha considerado desde una perspectiva no sólo económica, sino también social. “Ser pobre implica con frecuencia mala salud, violencia y muchos otros problemas. Enfermedades mentales, adicción al alcohol, a las drogas o una esperanza de vida más corta que el resto de la población son algunas de las contrariedades implícitas en la falta extrema de recursos". 

 

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Cristina García Rodero



¿Cuántos ejemplos podríamos nombrar de personas que han dedicado su vida a combatir la pobreza? No hablo de campañas orquestadas por el poder, con ilustres personalidades y sus sustanciosos donativos, ni de sus moralinas burocráticas que se repiten de un tirón como viejos catecismos. No hablo de populismo de manual. Hablo de seres humanos para los que la lucha por la dignidad de las personas ha sido su principal objetivo. Todos podemos ser muy solidarios, pero pienso en algo muy distinto. Hablo de compartir el áspero olor de la pobreza, su soledad, su infinita incomprensión y abandono. ¿Por qué hay tan poca ejemplaridad en el paisaje social?

 

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Cristina García Rodero

 

La figura de Vicente Ferrer nunca me interesó demasiado. Nos pasamos la vida juzgando a los demás desde el desconocimiento. Y sobre todo tendemos a generalizar. Y generalizar siempre es equivocarse. Un pasado jesuita y algunos prejuicios más hicieron que no me parase a admirar la figura de un ser humano irrepetible. Y así nos va. Vicente Ferrer detestaba los honores y los premios. Y también las generalizaciones. La Guerra Civil le inmunizó de por vida contra los sectarismos, politiqueos y dogmas. A partir de entonces puso toda su energía es combatir la pobreza extrema. No se fiaba ya de grandes proclamas. “No tengo fe en la sociedad, pero sí en las personas”. El horror vivido en la contienda le asestó una herida que solo pudo ir cerrando a medida que fue dándole la vuelta a los espantos sufridos en la guerra: “Ayudar a que la felicidad embarque en la vida de los demás es ayudar a que también desembarque en la nuestra”.

Generalizar

El cooperante comprendió muy pronto que no hay mayor beneficio social para todos que la magnitud cooperativa, que se nutre de la bondad y la justicia. ¿Puede existir mejor legado? Pasado un tiempo del campo de concentración y la guerra, VF se puso a estudiar Derecho. “No sé si me gustará esto de ser abogado. No me veo capaz de defender a uno si sé que es culpable. No lo podré hacer”. En una ocasión asistió a un intento de desahucio. Era una propiedad privada y no pagaban. Cuando Vicente entró en la casa, le dijo al guardia: “¡Vámonos! la necesitan más que nosotros.

 

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Cristina García Rodero

 
La obediencia ciega puede ser más peligrosa que la desobediencia. El mismo hombre que se negó a dejar a una familia en la calle, consiguió años después, con enorme voluntad y titánico esfuerzo, impulsar en la India un programa de desarrollo único, y que a día de hoy cuenta con más de tres millones y medio de personas destinatarias. Seres humanos que han recuperado su alma y que han dejado atrás la oscuridad de las sombras. Vicente y Anna Ferrer entendieron muy pronto que la pobreza es la falta categórica de libertad.

El modelo de desarrollo de la Fundación Vicente Ferrer es de carácter expansivo. No se trata de una ayuda provisional. Se trabaja siempre sobre la idea de la constancia, generando y manteniendo vínculos allí donde son necesarios. Nacemos solos y morimos solos. Es la condición humana, la soledad. Pero cuando alguien te quiere, te salva de la tragedia. Independientemente de las recompensas que uno tenga en su vida, si no hay amor y justicia no hay nada.

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Cristina García Rodero

 

“Es la fobia hacia el pobre la que lleva a rechazar a las personas, razas y etnias habitualmente sin recursos”. Adela Cortina dixit. ¿Quién de nosotros tiene la certeza absoluta de que en algún momento no se puede decantar la balanza y pasar a ser nosotros las sombras de las que hablaba Vicente? Para él las diferencias de lenguas y costumbres no significaron nada. Carecía de prejuicios y de orgullo racial. Para Vicente Ferrer solo había una historia: la de la humanidad.

 

Para Vicente Ferrer solo había una historia: la de la humanidad.

 

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Cristina García Rodero


“Todos los seres humanos somos aporófobos. Identificarse con el grupo y desconfiar del extraño fue durante mucho tiempo una forma de defenderse de la amenaza de otros grupos tribales. Pero también dentro del propio grupo surge el rechazo al pobre porque rompe las reglas de cohesión interna basadas en dar y recibir. Los pobres no pueden dar, luego nada se espera de ellos”. Vicente Ferrer nos enseñó que no podremos confiar en la humanidad, sino aprendemos antes que hay que controlar la estrecha y claustrofóbica geografía del yo, y acabar con el individualismo competitivo y narcisista. La eficacia de una organización como la de la FVF se suele medir, en la perspectiva convencional, por los logros visibles que se pueden contabilizar. Pero hay otro trabajo que es muy difícil de cuantificar. El trabajo de ayudar a sentir y pensar. La sensibilidad ética de Vicente y Anna Ferrer son la constatación de que en la vida un ejemplo vale más que mil palabras.

  

Vicente y AnnaVicente y Anna Ferrer, Anantapur, 1970 

Identidad Boomerang

Por: | 30 de abril de 2017

 

El otro día encontré dentro de un libro un pequeño papel doblado que decía: “La identidad es una resonancia”. Estaba con unos amigos y no se me ocurrió otra cosa que preguntarles qué interpretación podían darme. Lo que en un principio estaba pensado como una simple lluvia de ideas, acabo en una encendidísima discusión. La teoría que yo defendía era que las identidades son como un eco, y que por consiguiente corremos el riesgo de acabar escuchando solo nuestra propia voz. Hablé también de mi absoluta desconfianza en las masas. Cuando las personas no tenemos suficientes herramientas de juicio y nos limitamos a seguir nuestras esperanzas, es cuando se siembran las semillas de la manipulación política. Tal y como señala Ruiz Zafón, “Nada nos hace creer más que el miedo, la certeza de estar amenazados. Cuando nos sentimos víctimas, todas nuestras acciones y creencias quedan legitimadas, por cuestionables que sean. Nuestros oponentes, o simplemente nuestros vecinos, dejan de estar a nuestro nivel y se convierten en enemigos”.

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Por el contrario, entiendo que es precisamente el contacto y la apertura con otras realidades y culturas, la que va haciendo grande la propia. El reverso, a mi entender es quedarse aislado en un espacio que se retroalimenta, y que finalmente se empobrece. Es lo que yo llamo “Identidad Boomerang”.

Como casi siempre, no calibré el daño que estaba haciendo con mis hipótesis. Suelo venirme arriba cuando advierto que mi interlocutor se enciende como la pólvora. Me gusta sentir que algo se mueve bajo sus pies. Sin embargo, me parece muy vanidoso pensar que mi función en la vida es hacer tambalear los cimientos de nadie. Podemos pensar sin necesidad de que nos dañen, y además deberíamos saber hacerlo con humor. En cualquier caso, hay temas mucho más delicados que otros, y en los que se necesita unas dotes y diplomacia extraordinarias. Las que peor manejamos son aquellas que nos afectan emocionalmente, y que por consiguiente racionalizamos mal. De todos modos, lo que me suscitó más preguntas fue el punto sobre la manipulación de las masas. ¿Perdemos el criterio cuando formamos parte del grupo?, ¿germinan las ideas mejor en soledad?, ¿Puede una mayoría tener razón por el hecho de ser mayoría? ¿Es cierto que la forma en que nuestro cerebro toma decisiones es diferente cuando estamos solos a cuando actuamos en grupo? ¿Qué hace que algunas personas sean más propensas a disolver su personalidad entre la multitud?

“Cambiar el mundo, amigo Sancho, no es locura ni utopía, ¡SINO JUSTICIA!".

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Me entristezco cuando veo lo fácil que resulta convocar a millones de personas para defender banderas, religiones, y equipos de fútbol, y lo difícil que es conseguir el mismo resultado cuando se trata de defender derechos sociales. ¿Qué hace que los sentimientos patrióticos, religiosos o deportivos sean primordiales para la mayoría de los ciudadanos? ¿Qué afecta realmente más a nuestras vidas, la corrupción, los recortes sociales, la extrema pobreza, o la renovación del mejor jugador de fútbol del mundo? Como señaló Miguel de Cervantes, estamos hablando de algo más grande que nosotros mismos: “Cambiar el mundo, amigo Sancho, no es locura ni utopía, ¡SINO JUSTICIA!".

El Roto - Manipulación

Por razones que no vienen al caso, y de las que no me siento excepcionalmente orgulloso, en la escuela aprendí que no se puede confiar demasiado en los grupos. En mis primeras aulas me enseñaron que se necesita una extraordinaria fortaleza interior para mantenerte a flote. Una vez que te sientes atacado por tu círculo, cambia tu psicología para siempre. A menudo me pregunto si la crueldad en la infancia está directamente relacionada con lo que se aprende en casa, o se trata principalmente de una cuestión de carácter. La única certeza que conservo de aquella etapa es que, tanto los niños como los adultos, nos pasamos la vida buscando la aprobación del resto con el fin de sentirnos parte del rebaño. Nadie quiere ser la oveja negra. Alguien debería enseñarnos que una persona valiente, también es aquella que establece una base firme con el dolor que otros le han ido causando.

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En definitiva, ni de niño consiguieron adiestrarme. También aprendí entonces que el silencio da consentimiento, y que todos cambiamos nuestras prioridades cuando hay un “nosotros” y un “ellos”. Y que en nuestra “casa” todo nos está permitido. Ahora vivimos inmersos en una constante perorata desinformativa a gran escala, en la que la mayoría de la población es conducida como un rebaño camino del matadero. Pero el destino es avanzar o no, porque por lo general la mayoría de las vidas pueden llegar a ser estériles. En gran medida depende de nosotros mismos. Se necesita mucha valentía para ser libre. Y el precio a pagar suele ser extremadamente grande.

Para manipular eficazmente a la gente, lo principal es hacerles creer que nadie les manipula. Todos y todas deberíamos ser conscientes y razonar: ¿por qué pensamos como pensamos? ¿de dónde vienen nuestras ideas?, ¿cómo se han conformado? ¿tienen una parte más emocional o racional? ¿de qué fuentes nos hemos nutrido? ¿somos lo que queremos ser? ¿Nos hemos construido a nosotros mismos o somos el resultado de lo que quieren los demás? ¿quiénes somos?


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“Exageráis la hipocresía de los hombres. La mayoría piensa demasiado poco para permitirse el lujo de poder pensar doble", Marguerite Yourcenar dixit. Para que esta frase de Yourcenar no se convierta en una generalización, debemos saber primero qué pasos debemos dar y tomar plena conciencia de cuáles son las técnicas de manipulación empleadas sobre nosotros, y de qué mecanismos disponemos para combatirlas. Un proverbio hindú dice: “El trabajo del pensamiento se parece a la perforación de un pozo: el agua es turbia al principio, mas luego se clarifica”. 

En el mundo hay multitud de causas por las que luchar y hay que tomar alguna como propia". Vicente Ferrer

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Siempre hay alguien que nos dice lo que debemos hacer, ya no existe el silencio, en todas partes hay ruido; pero si no nos construimos a nosotros mismos, ¿cómo van a importarnos los demás? ¿Si no “somos” qué destino nos espera? Debemos empezar de una vez por todas a dirigir el camino que queremos tomar. Necesitamos de esa vitalidad misteriosa que nos impulse a hacer algo. Hemos sido educados para pensar poco y consumir mucho. Lo menos frecuente en este mundo es saber vivir. La mayoría de la gente existimos, eso es todo. Y no podemos permitírnoslo. “En el mundo hay multitud de causas por las que luchar y hay que tomar alguna como propia". Vicente Ferrer

 

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Las 10 estrategias de manipulación según Chomsky 
 

 

 

Sé que huelo a pólvora 

Por: | 30 de marzo de 2017

Existe un dicho valenciano que reza, “Si es tan bueno, tan bueno: para el caldo”. Se refiere a la inutilidad de la bondad como cualidad humana. Durante años he tenido que escuchar como si se tratase de una característica sobrenatural, “Sufres porque eres muy sensible”. Cuando uno lleva tiempo oyendo la misma monserga, solo puede acabar haciéndose algunas preguntas. He llegado a la conclusión de que se trata de ir por la vida de puntillas y desapasionadamente, no crear problemas y sobre todo no evidenciar el dolor, ni las dificultades. La gente quiere ser feliz, y a ser posible, pensar poquito.

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La base de un cerebro sano debería ser la bondad, no el egoísmo, ni los intereses particulares. La cooperación y amabilidad deberían ser innatas. Séneca a pesar de toda su complejidad y contradicciones señalaba: “No puede hallarse ningún exilio dentro del mundo, pues nada que está dentro del mundo es ajeno al hombre. […] Es el alma quien nos hace ricos; ella nos sigue al exilio y, en medio de las soledades más ásperas, cuando encuentra cuanto es bastante para sostener al cuerpo, ella misma abunda y disfruta de sus propios bienes”. ¿Qué nos ha pasado por el camino para que acabemos haciendo justo lo contrario? ¿Cómo permitimos que personalidades con problemas psíquicos significativos asuman el poder? ¿Por qué soportamos un mundo cada vez más injusto y gris, y responsabilizamos a los demás de este retroceso? ¿Podemos ser felices mirando siempre a otro lado? ¿En eso consiste la vida, en no saber mirar?, ¿en no querer saber?

Nerón y Séneca

Nerón y Séneca

No es que tenga una visión equivocada o idealista del mundo, es que creo fervientemente que no se puede ser feliz siendo una mala persona. Sostengo la teoría de que la mayoría de los actos repudiables que cometemos, son fruto directo de nuestra infelicidad e indolencia. Manuel Rivas en su brillante libro “Rumbo a las estrellas con dificultades” evoca una de las mejores frases de Vicente Ferrer: “Sé que huelo a pólvora”. Tal y como recuerda el autor, el cooperante poseía un obturador en su mirada que se activaba cuando detectaba “el sueño de una sombra”. Él fue capaz de reivindicar el alma de los más desprotegidos. “Los que hablan teóricamente de la pobreza desconocen su efecto inmovilizante”. Les ayudó a sentir y pensar. Y como resultado perdieron el miedo a hablar.

El cooperante poseía un obturador en su mirada que se activaba cuando detectaba “el sueño de una sombra”

Existen dos maneras de entender la vida. Y normalmente tienen que ver con la forma en que sobrellevamos el sufrimiento. Lo que creemos que somos, y la verdad. Frank Underwood, (House of Cards), el personaje de ficción más cínico, sagaz y cruel de los últimos años, y ejemplo alarmante de lo que representa el poder afirma: “Hay dos clases de dolor: el dolor que te hace fuerte y el dolor inútil, es decir el dolor que solo provoca sufrimiento. No tengo paciencia con las cosas inútiles”. ¿Es que acaso el dolor puede provocar otra cosa que no sea sufrimiento? ¿Por qué creería Underwood que Vicente Ferrer dedicó su vida a construir un mundo más justo, más humano, más habitable?

Rumbo

La táctica del poder es: “Si quieres ganar tienes que estar dispuesto a dar golpes bajos”. Esta forma de funcionar ha encontrado su espacio y lamentablemente ha venido para quedarse. Adam Smith, el padre de la economía moderna suponía que cada individuo se caracterizaba por su egoísmo y rapacidad naturales, empujado por deseos vanos e insaciables. Ahora solo existe una regla, cazar o que te cacen.

Cuando intento comprender el porqué de tanta deshumanización, me viene a la memoria la leyenda mitológica del anillo de Giges. Narra la historia de un un pastor que encontró en el fondo de un abismo un caballo de bronce con un cuerpo sin vida en su interior. Este cuerpo tenía un anillo de oro y Giges decidió quedarse con él. Lo que no sabía es que era un anillo mágico, y que cuando le daba la vuelta, se volvía invisible.

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El anillo de Giges, corrupción y bondad

¿Quién de nosotros podría resistirse a la tentación de conseguir todo lo que quisiéramos y actuar de manera injusta mientras parecemos justos a los ojos del mundo? Esta leyenda sostiene que todas las personas por naturaleza somos deshonestas. Sólo somos justos por miedo al castigo de la ley, al que dirán o para obtener algún favor. Por consiguiente, ¿si pudiéramos ser invisibles y solo tuviésemos una opción, pensaríamos antes en nuestro propio beneficio, o en hacer justicia?  

Séneca estaba convencido de que el sumo bien y la felicidad no sólo residen en el alma del hombre, sino que la fundan y engrandecen. Sin duda, cultivar la bondad es mucho más efectivo que centrarse en uno mismo. Sin embargo, el orden injusto del mundo nos demuestra todo lo contario. “Vivís como si fuerais a vivir siempre, nunca recordáis vuestra fragilidad, no observáis cuánto tiempo ha pasado ya. Lo perdéis como si dispusierais de un depósito lleno y rebosante, cuando puede que precisamente ese día dedicado a un hombre o una cosa sea el último”. El filósofo cordobés sostenía la idea de que no se debe posponer la lucha por un mundo más justo. Coincide de nuevo con la filosofía de la acción de Vicente Ferrer.

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Séneca y Vicente Ferrer no fueron personalidades de obediencia estoica, ni fueron pensadores pasivos, ni tan siquiera voceros de una doctrina determinada. Su serenidad era de ascendencia pragmática. Ninguno de los dos disimuló nunca su aversión natural hacia la vida vulgar, ajustada exclusivamente a normas convencionales y utilitarias sin aspiraciones más nobles. Intentaron cada uno a su forma, y desde su propia plataforma dejarnos un legado que nada tiene que ver con el que imponen los Frank y Claire Underwood de turno. “Hay que disfrazarse bien y ser hábil en fingir y disimular. En esto consiste el éxito. Todo lo demás son estupideces”.

De nuevo riqueza y pobreza, guerra y paz, explotadores y humillados. Empatía o indolencia. ¿Por qué sentir acaba incomodando incluso a nuestra propia gente? ¿Por qué tener alma y humanidad puede convertirse en una amenaza constante?

Dinero

El objetivo y el bien supremo de toda existencia sería poseer el rigor de un espíritu inquebrantable. 

El objetivo y el bien supremo de toda existencia sería poseer el rigor de un espíritu inquebrantable. Que no exista anillo posible que pueda hacer tambalear nuestra conciencia y voluntad. ¿Qué es lo mejor, lo más excelso, de lo humano?, la razón, y por ende la justicia. “Por eso es tan necesario un nuevo internacionalismo, una mundialización de la justicia. Al final somos lo que soñamos, somos los que hacemos”. Vicente Ferrer dixit.

 

 

 

Amores Imaginarios

Sobre el blog

El componente humano primordial debería ser el del reconocimiento del otro. Sin los demás no podríamos existir. Por lo tanto, disfrutemos de “otros mundos” y que esa diferencia –en vez de aislarnos- sea el camino para conseguir un mundo más justo, menos convencional y más libre. En este blog rendimos homenaje a algunas de las más significativas creaciones humanas que han marcado nuestra existencia: libros, películas, autores, canciones, etc. y que han estimulado nuestra (mi) necesidad de pensar, sentir y gozar. Al mismo tiempo, es un espacio que indaga sobre la realidad humana e intenta contribuir a la reflexión y al aprendizaje.

Sobre el autor

Josep Giralt Josep Giralt. Trabajó en Canal Plus, en el Congreso de los Diputados y como fotoperiodista en América Latina, África y Asia. Coautor del libro Sentir Etiopía, (RBA), compatibiliza su trabajo como periodista en una Fundación con el de colaborador en tertulias de actualidad en Ràdio Barcelona-Cadena Ser. Anteriormente dirigió durante cuatro años el espacio Películas incómodas en Com Ràdio. Ha publicado artículos y entrevistas en El País, Avui, y El Mundo, entre otros. Su frase: "No sirvo ni para seguir ni para conducir", de Nietzsche; su película: Rocco y sus hermanos, de Visconti. Sus libros: Los ensayos, de Montaigne y Conversaciones, de Cioran.

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