Identidad Boomerang

Por: | 30 de abril de 2017

 

El otro día encontré dentro de un libro un pequeño papel doblado que decía: “La identidad es una resonancia”. Estaba con unos amigos y no se me ocurrió otra cosa que preguntarles qué interpretación podían darme. Lo que en un principio estaba pensado como una simple lluvia de ideas, acabo en una encendidísima discusión. La teoría que yo defendía era que las identidades son como un eco, y que por consiguiente corremos el riesgo de acabar escuchando solo nuestra propia voz. Hablé también de mi absoluta desconfianza en las masas. Cuando las personas no tenemos suficientes herramientas de juicio y nos limitamos a seguir nuestras esperanzas, es cuando se siembran las semillas de la manipulación política. Tal y como señala Ruiz Zafón, “Nada nos hace creer más que el miedo, la certeza de estar amenazados. Cuando nos sentimos víctimas, todas nuestras acciones y creencias quedan legitimadas, por cuestionables que sean. Nuestros oponentes, o simplemente nuestros vecinos, dejan de estar a nuestro nivel y se convierten en enemigos”.

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Por el contrario, entiendo que es precisamente el contacto y la apertura con otras realidades y culturas, la que va haciendo grande la propia. El reverso, a mi entender es quedarse aislado en un espacio que se retroalimenta, y que finalmente se empobrece. Es lo que yo llamo “Identidad Boomerang”.

Como casi siempre, no calibré el daño que estaba haciendo con mis hipótesis. Suelo venirme arriba cuando advierto que mi interlocutor se enciende como la pólvora. Me gusta sentir que algo se mueve bajo sus pies. Sin embargo, me parece muy vanidoso pensar que mi función en la vida es hacer tambalear los cimientos de nadie. Podemos pensar sin necesidad de que nos dañen, y además deberíamos saber hacerlo con humor. En cualquier caso, hay temas mucho más delicados que otros, y en los que se necesita unas dotes y diplomacia extraordinarias. Las que peor manejamos son aquellas que nos afectan emocionalmente, y que por consiguiente racionalizamos mal. De todos modos, lo que me suscitó más preguntas fue el punto sobre la manipulación de las masas. ¿Perdemos el criterio cuando formamos parte del grupo?, ¿germinan las ideas mejor en soledad?, ¿Puede una mayoría tener razón por el hecho de ser mayoría? ¿Es cierto que la forma en que nuestro cerebro toma decisiones es diferente cuando estamos solos a cuando actuamos en grupo? ¿Qué hace que algunas personas sean más propensas a disolver su personalidad entre la multitud?

“Cambiar el mundo, amigo Sancho, no es locura ni utopía, ¡SINO JUSTICIA!".

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Me entristezco cuando veo lo fácil que resulta convocar a millones de personas para defender banderas, religiones, y equipos de fútbol, y lo difícil que es conseguir el mismo resultado cuando se trata de defender derechos sociales. ¿Qué hace que los sentimientos patrióticos, religiosos o deportivos sean primordiales para la mayoría de los ciudadanos? ¿Qué afecta realmente más a nuestras vidas, la corrupción, los recortes sociales, la extrema pobreza, o la renovación del mejor jugador de fútbol del mundo? Como señaló Miguel de Cervantes, estamos hablando de algo más grande que nosotros mismos: “Cambiar el mundo, amigo Sancho, no es locura ni utopía, ¡SINO JUSTICIA!".

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Por razones que no vienen al caso, y de las que no me siento excepcionalmente orgulloso, en la escuela aprendí que no se puede confiar demasiado en los grupos. En mis primeras aulas me enseñaron que se necesita una extraordinaria fortaleza interior para mantenerte a flote. Una vez que te sientes atacado por tu círculo, cambia tu psicología para siempre. A menudo me pregunto si la crueldad en la infancia está directamente relacionada con lo que se aprende en casa, o se trata principalmente de una cuestión de carácter. La única certeza que conservo de aquella etapa es que, tanto los niños como los adultos, nos pasamos la vida buscando la aprobación del resto con el fin de sentirnos parte del rebaño. Nadie quiere ser la oveja negra. Alguien debería enseñarnos que una persona valiente, también es aquella que establece una base firme con el dolor que otros le han ido causando.

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En definitiva, ni de niño consiguieron adiestrarme. También aprendí entonces que el silencio da consentimiento, y que todos cambiamos nuestras prioridades cuando hay un “nosotros” y un “ellos”. Y que en nuestra “casa” todo nos está permitido. Ahora vivimos inmersos en una constante perorata desinformativa a gran escala, en la que la mayoría de la población es conducida como un rebaño camino del matadero. Pero el destino es avanzar o no, porque por lo general la mayoría de las vidas pueden llegar a ser estériles. En gran medida depende de nosotros mismos. Se necesita mucha valentía para ser libre. Y el precio a pagar suele ser extremadamente grande.

Para manipular eficazmente a la gente, lo principal es hacerles creer que nadie les manipula. Todos y todas deberíamos ser conscientes y razonar: ¿por qué pensamos como pensamos? ¿de dónde vienen nuestras ideas?, ¿cómo se han conformado? ¿tienen una parte más emocional o racional? ¿de qué fuentes nos hemos nutrido? ¿somos lo que queremos ser? ¿Nos hemos construido a nosotros mismos o somos el resultado de lo que quieren los demás? ¿quiénes somos?


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“Exageráis la hipocresía de los hombres. La mayoría piensa demasiado poco para permitirse el lujo de poder pensar doble", Marguerite Yourcenar dixit. Para que esta frase de Yourcenar no se convierta en una generalización, debemos saber primero qué pasos debemos dar y tomar plena conciencia de cuáles son las técnicas de manipulación empleadas sobre nosotros, y de qué mecanismos disponemos para combatirlas. Un proverbio hindú dice: “El trabajo del pensamiento se parece a la perforación de un pozo: el agua es turbia al principio, mas luego se clarifica”. 

En el mundo hay multitud de causas por las que luchar y hay que tomar alguna como propia". Vicente Ferrer

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Siempre hay alguien que nos dice lo que debemos hacer, ya no existe el silencio, en todas partes hay ruido; pero si no nos construimos a nosotros mismos, ¿cómo van a importarnos los demás? ¿Si no “somos” qué destino nos espera? Debemos empezar de una vez por todas a dirigir el camino que queremos tomar. Necesitamos de esa vitalidad misteriosa que nos impulse a hacer algo. Hemos sido educados para pensar poco y consumir mucho. Lo menos frecuente en este mundo es saber vivir. La mayoría de la gente existimos, eso es todo. Y no podemos permitírnoslo. “En el mundo hay multitud de causas por las que luchar y hay que tomar alguna como propia". Vicente Ferrer

 

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Las 10 estrategias de manipulación según Chomsky 
 

 

 

Sé que huelo a pólvora 

Por: | 30 de marzo de 2017

Existe un dicho valenciano que reza, “Si es tan bueno, tan bueno: para el caldo”. Se refiere a la inutilidad de la bondad como cualidad humana. Durante años he tenido que escuchar como si se tratase de una característica sobrenatural, “Sufres porque eres muy sensible”. Cuando uno lleva tiempo oyendo la misma monserga, solo puede acabar haciéndose algunas preguntas. He llegado a la conclusión de que se trata de ir por la vida de puntillas y desapasionadamente, no crear problemas y sobre todo no evidenciar el dolor, ni las dificultades. La gente quiere ser feliz, y a ser posible, pensar poquito.

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La base de un cerebro sano debería ser la bondad, no el egoísmo, ni los intereses particulares. La cooperación y amabilidad deberían ser innatas. Séneca a pesar de toda su complejidad y contradicciones señalaba: “No puede hallarse ningún exilio dentro del mundo, pues nada que está dentro del mundo es ajeno al hombre. […] Es el alma quien nos hace ricos; ella nos sigue al exilio y, en medio de las soledades más ásperas, cuando encuentra cuanto es bastante para sostener al cuerpo, ella misma abunda y disfruta de sus propios bienes”. ¿Qué nos ha pasado por el camino para que acabemos haciendo justo lo contrario? ¿Cómo permitimos que personalidades con problemas psíquicos significativos asuman el poder? ¿Por qué soportamos un mundo cada vez más injusto y gris, y responsabilizamos a los demás de este retroceso? ¿Podemos ser felices mirando siempre a otro lado? ¿En eso consiste la vida, en no saber mirar?, ¿en no querer saber?

Nerón y Séneca

Nerón y Séneca

No es que tenga una visión equivocada o idealista del mundo, es que creo fervientemente que no se puede ser feliz siendo una mala persona. Sostengo la teoría de que la mayoría de los actos repudiables que cometemos, son fruto directo de nuestra infelicidad e indolencia. Manuel Rivas en su brillante libro “Rumbo a las estrellas con dificultades” evoca una de las mejores frases de Vicente Ferrer: “Sé que huelo a pólvora”. Tal y como recuerda el autor, el cooperante poseía un obturador en su mirada que se activaba cuando detectaba “el sueño de una sombra”. Él fue capaz de reivindicar el alma de los más desprotegidos. “Los que hablan teóricamente de la pobreza desconocen su efecto inmovilizante”. Les ayudó a sentir y pensar. Y como resultado perdieron el miedo a hablar.

El cooperante poseía un obturador en su mirada que se activaba cuando detectaba “el sueño de una sombra”

Existen dos maneras de entender la vida. Y normalmente tienen que ver con la forma en que sobrellevamos el sufrimiento. Lo que creemos que somos, y la verdad. Frank Underwood, (House of Cards), el personaje de ficción más cínico, sagaz y cruel de los últimos años, y ejemplo alarmante de lo que representa el poder afirma: “Hay dos clases de dolor: el dolor que te hace fuerte y el dolor inútil, es decir el dolor que solo provoca sufrimiento. No tengo paciencia con las cosas inútiles”. ¿Es que acaso el dolor puede provocar otra cosa que no sea sufrimiento? ¿Por qué creería Underwood que Vicente Ferrer dedicó su vida a construir un mundo más justo, más humano, más habitable?

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La táctica del poder es: “Si quieres ganar tienes que estar dispuesto a dar golpes bajos”. Esta forma de funcionar ha encontrado su espacio y lamentablemente ha venido para quedarse. Adam Smith, el padre de la economía moderna suponía que cada individuo se caracterizaba por su egoísmo y rapacidad naturales, empujado por deseos vanos e insaciables. Ahora solo existe una regla, cazar o que te cacen.

Cuando intento comprender el porqué de tanta deshumanización, me viene a la memoria la leyenda mitológica del anillo de Giges. Narra la historia de un un pastor que encontró en el fondo de un abismo un caballo de bronce con un cuerpo sin vida en su interior. Este cuerpo tenía un anillo de oro y Giges decidió quedarse con él. Lo que no sabía es que era un anillo mágico, y que cuando le daba la vuelta, se volvía invisible.

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El anillo de Giges, corrupción y bondad

¿Quién de nosotros podría resistirse a la tentación de conseguir todo lo que quisiéramos y actuar de manera injusta mientras parecemos justos a los ojos del mundo? Esta leyenda sostiene que todas las personas por naturaleza somos deshonestas. Sólo somos justos por miedo al castigo de la ley, al que dirán o para obtener algún favor. Por consiguiente, ¿si pudiéramos ser invisibles y solo tuviésemos una opción, pensaríamos antes en nuestro propio beneficio, o en hacer justicia?  

Séneca estaba convencido de que el sumo bien y la felicidad no sólo residen en el alma del hombre, sino que la fundan y engrandecen. Sin duda, cultivar la bondad es mucho más efectivo que centrarse en uno mismo. Sin embargo, el orden injusto del mundo nos demuestra todo lo contario. “Vivís como si fuerais a vivir siempre, nunca recordáis vuestra fragilidad, no observáis cuánto tiempo ha pasado ya. Lo perdéis como si dispusierais de un depósito lleno y rebosante, cuando puede que precisamente ese día dedicado a un hombre o una cosa sea el último”. El filósofo cordobés sostenía la idea de que no se debe posponer la lucha por un mundo más justo. Coincide de nuevo con la filosofía de la acción de Vicente Ferrer.

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Séneca y Vicente Ferrer no fueron personalidades de obediencia estoica, ni fueron pensadores pasivos, ni tan siquiera voceros de una doctrina determinada. Su serenidad era de ascendencia pragmática. Ninguno de los dos disimuló nunca su aversión natural hacia la vida vulgar, ajustada exclusivamente a normas convencionales y utilitarias sin aspiraciones más nobles. Intentaron cada uno a su forma, y desde su propia plataforma dejarnos un legado que nada tiene que ver con el que imponen los Frank y Claire Underwood de turno. “Hay que disfrazarse bien y ser hábil en fingir y disimular. En esto consiste el éxito. Todo lo demás son estupideces”.

De nuevo riqueza y pobreza, guerra y paz, explotadores y humillados. Empatía o indolencia. ¿Por qué sentir acaba incomodando incluso a nuestra propia gente? ¿Por qué tener alma y humanidad puede convertirse en una amenaza constante?

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El objetivo y el bien supremo de toda existencia sería poseer el rigor de un espíritu inquebrantable. 

El objetivo y el bien supremo de toda existencia sería poseer el rigor de un espíritu inquebrantable. Que no exista anillo posible que pueda hacer tambalear nuestra conciencia y voluntad. ¿Qué es lo mejor, lo más excelso, de lo humano?, la razón, y por ende la justicia. “Por eso es tan necesario un nuevo internacionalismo, una mundialización de la justicia. Al final somos lo que soñamos, somos los que hacemos”. Vicente Ferrer dixit.

 

 

 

Una isla en un mar cerrado

Por: | 27 de febrero de 2017

 

Hay situaciones en la vida que te rompen. Que te dejan como suspendido en el aire sin asidero posible. Es como salir de tu propio cuerpo y sentir que flotas en el espacio, inerte y alejado del mundo. La semana pasada tuve esa terrible sensación. Y cuando esto ocurre, uno tiene que luchar contra sus demonios y conseguir que la razón y la inteligencia puedan más que la derrota. Me siento incómodo ante estas situaciones en las que el intercambio emocional es abierto y franco. No puedo evitar sentirme cohibido y desarmado ante el despliegue de emociones. No me gusta sentirme frágil.  

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"Stop violence against women".

Los hombres estamos acostumbrados a que en los momentos de crisis emocional, sean las mujeres las que normalmente cojan las riendas para solucionar o aliviar las preocupaciones. Las hemos relegado al papel de lubricante social. Y así nos va. Marilyn Monroe decía que cuando entraba en una habitación y miraba a los ojos de las personas, reconocía inmediatamente a los que habían sido huérfanos como ella. Comentaba que era la infinita e imperecedera tristeza de su mirada lo que les delataba. Esto me hace pensar en un proverbio árabe que dice: “Quien no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación”.

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Criados en un cultura patriarcal impregnada de fundamentalismos y mercancías, el concepto de “normalidad” ha influido y conformado nuestra manera de hacer y sentir. Durante años aspiré a encontrar un agujero lo suficientemente confortable como para poder reptar dentro y rendirme por entregas hasta lograr ser uno más. Pero las circunstancias y mi propia naturaleza no me lo han puesto fácil. Y cuando momentáneamente y por fin me he sentido “normal” he descubierto que no hay ningún goce en ello, y que además también se puede estar muy solo. Si adaptarme significa la idea de dejar de ser libre y esconderme de mis responsabilidades, elijo ser otra cosa. Terminar con este concepto aburridísimo de homo normalis, sería el primer paso para acabar con la desigualdad y la violencia.

Y cuando momentáneamente y por fin me he sentido “normal” he descubierto que no hay ningún goce en ello, y que además también se puede estar muy solo

Todo aprendizaje tiene una base emocional. Es lógico pensar que los sentimientos, el cuidado, la empatía es mayoritariamente femenina. No podemos ir de ingenuos preguntándonos, ¿por qué siempre son ellas las que resuelvan los temas emocionales? ¿por qué hablar de sentimientos sigue siendo patrimonio de las mujeres? Incluso en aquellas sociedades más desarrolladas emerge el homo sapiens y todos los grotescos convencionalismos que llevamos agazapados en nuestro interior. Sin embargo, tras siglos de sufrimiento y limitación, millones de hombres y mujeres persisten todavía en esa anticuada y castradora idea de lo que supone ser un hombre. Incluso algunas normas, preceptos y leyes siguen constituyendo un atentado contra la libertad y desarrollo de las mujeres. Y pese a ello, sigue sin parecernos grave.

Marido y mujer

Los hombres hemos sido opresores, pero también rehenes. Hemos pasado por la vida de puntillas, sometidos a unos estereotipos que seguimos manteniendo por miedo a perder el poder y una masculinidad que solo sirve para alimentar la ficción. Los mitos construidos sobre nuestra identidad nos han impedido la satisfacción de muchas de nuestras más elementales necesidades, la elección de los comportamientos, de los sentimientos e incluso, de nuestra propia sexualidad y vida. Las relaciones, la comprensión, el amor, no pueden alcanzar su plenitud sin la capacidad de sentir. Y si no sentimos, ¿cómo nos van a importar los demás? ¿cómo vamos a entender el sufrimiento ajeno? Si nos incomoda que nos consideren principalmente hombres sensibles, antes que protectores, ¿a qué mundo aspiramos? ¿cómo es posible que nos hayamos dejado guiar por aquellos que tienen una idea primitiva, ordinaria y estricta de la identidad? ¿Es que acaso su modelo ha funcionado? Y si es así, ¿para quién, y en qué mundo?

¿Qué acto soporta la repetición eterna sin convertirse en condena?

El otro día, sin que apenas nada concreto anunciase la tormenta que se avecinaba, me acabe rompiendo. Me encontré a mi hermana pequeña (tiene parálisis cerebral) en su silla de ruedas, con la mirada triste y llorando en silencio. Me la lleve a su habitación para estar solos, y una vez allí rompí a llorar como un niño pequeño. ¿Qué acto soporta la repetición eterna sin convertirse en condena? Al verme apenado me dijo: “No llores, que ya tengo bastante”. Sus palabras me acabaron de hundir. Una vez más, sentí por ella toda la admiración y ternura que soy capaz de profesar. Y pensé que paradójicamente, de la persona que más he aprendido, y la que más ha influido en mi vida, ha sido de la más vulnerable. La misma persona a quién la sociedad consideraría menos “normal”. De hecho todavía hay gente que se refiere a las personas con capacidades diferentes como subnormales. No deberíamos juzgar nada por el aspecto, sino por la evidencia. No hay mejor regla para ir por la vida. ¡Cuánto deberíamos aprender de aquello que ignoramos!

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Le debo a mi hermana el no ser una isla en un mar cerrado.

¿Qué nos hace ser lo que somos, seamos hombres o mujeres? ¿Qué nos construye o define? Si la sensibilidad es mayoritariamente femenina, yo le debo a mi hermana el no ser una isla en un mar cerrado. A ella le debo lo que soy. El modelo masculino al uso siempre ha estado lleno de miserias y dependencias. Nuestro equilibrio e independencia se basan básicamente en tener cubiertas las necesidades afectivas. Necesitamos sentirnos amados, y sin embargo no queremos parecer “débiles” o excesivamente sensibles. Asociamos la sensibilidad, la empatía y la ternura al mundo femenino u homosexual. Esto muestra una vez más un desconocimiento absoluto del ser humano, donde uno puede encontrar desde el ser más empático, al más insubstancial y peligroso. Hasta qué punto son primitivos los instrumentos de la psicología social y de la psicología colectiva. Los convencionalismos nos entienden de límites éticos.  Es muy agotador tener que aparecer siempre como triunfadores, y dar de nosotros mismos una imagen fuerte, segura y brillante. En el fondo es algo horrible, los juicios no suelen refutarse. 

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En definitiva, el proceso de adquisición de la identidad masculina pasa por la renuncia del mundo de los afectos. Y de la represión de los aspectos relacionados con este mundo, a cambio del poder social. Es triste, pero en general la sociedad y la familia nos sigue prefiriendo muy machos. Stalin, Franco, Pinochet, Fidel Castro, Margaret Thatcher y Donald Trump son algunos de los ejemplos de cómo de haber incorporado la sensibilidad y el afecto verdadero a sus vidas, el destino de millones de personas habría sido otro. La rudeza y crueldad es y ha sido siempre un verdadero lastre. Aquello que reprimimos es lo que nos convierte en monstruos.

 

 

 

Transformación o decadencia

Por: | 31 de enero de 2017

 

Me encuentro en plena crisis creativa. La victoria de Trump, y la disparatada audiencia del Reality de las Campos me han dejado vacío y desorientado. Tengo que hacer verdaderos esfuerzos para creer en algo. Envidio aquellos que creen ciegamente en su dios, en su patria o en ellos mismos. Estoy hasta el gorro de mis contradicciones, sin embargo en el único lugar en el que me encuentro seguro es en tierra de nadie.

Trump

No me conmueven los himnos, el poder, las masas, ni en consecuencia los ismos. No creo en las etiquetas ni en las definiciones. Nada resulta sencillo y fácil. No me identifico con los valores de la derecha, y sin embargo tengo que batallar conmigo mismo contra el conservador que llevo dentro. Defiendo las ideas de la izquierda, pero he tenido la oportunidad de cruzarme con alguno de sus paladines, y puedo asegurar que están más a la derecha que el propio Berlusconi. Ocurre lo mismo con algunos compañeros de profesión. Reivindican unos derechos profesionales que deberían ser inamovibles y obligatorios, para instantáneamente dejar de hacerlo en cuanto se encuentran con su nombre y cargo en la puerta de su nuevo despacho. He visto a muchos periodistas convertirse en mera propaganda política asegurándose de esta manera un futuro prometedor. En cualquier rincón del mundo, ser un asalariado y un vocero del poder resulta muy fructífero.

Estoy muy cansado de lidiar con egos. Harto de ver gente gris que se cree superior. De tener que ir con cuidado para no ofenderles y de mirarme en el espejo y comprender que yo tampoco voy a ningún lado. Qué cómodo y fecundo sería encontrarse con gente que suma y que no aspira principalmente a salvar su pellejo. Gente con dudas, con empatía, con ganas de aprender de la vida y de los demás. Personas que comprenden que las cosas no suceden sin más, y que en esta inútil e impetuosa carrera al éxito, (en realidad todos somos frágiles y mortales) la meta es para todos la misma.

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Posiblemente, el misterio de nuestra vida lleva implícito aprendizaje y maduración. Nuestra libertad, es tener una actitud u otra, ante lo que se nos presenta interior o exteriormente. Somos nosotros quienes impulsamos personalidades que con el tiempo pueden llegar a convertirse en Trump, Putin, o en Múgica, Casaldaliga o Vicente Ferrer. Entre todos construimos el mundo que tenemos. ¿Qué nos conecta a la vida y a lo que somos?, ¿Cuáles son las consecuencias de nuestra acción o de nuestro silencio? 

¿Cuáles son las consecuencias de nuestro acción o de nuestro silencio?

La sociedad sigue sin priorizar la sensibilidad, la humanidad y la generosidad como algo imprescindible para el bien común. Robert Mussil, autor de la novela El hombre sin atributos, profetizó que el hombre moderno, el hombre atrapado por la estadística, es un hombre sin atributos, cuyo destino es no tener otra cualidad más que la cifra, es decir la de un hombre cuantitativo. En consecuencia, la única salvación está en nosotros mismos. Si esperamos que la redención venga desde fuera, no encontraremos la salida real. Solo atravesando nuestros propios miedos y oscuridad podremos acceder a la verdadera luz. Debemos pensar sobre qué tipo de sociedad y mundo necesitamos y actuar con valentía. La palabra "coraje" etimológicamente viene de corazón, que quiere decir tener el corazón valiente. 

Debemos pensar sobre qué tipo de sociedad y mundo necesitamos y actuar con valentía. La palabra “coraje” etimológicamente viene de corazón, que quiere decir tener el corazón valiente.

 

Pobres no

 

Dejémonos de imposturas, y postureo. Abandonemos de una vez la idea de parecer lo que no somos. No podemos engañar a los demás, ni a nosotros mismos durante largo tiempo. Solo nosotros podemos decidir si transformación o decadencia. Lo que hay fuera de nuestra vida y lo que hay dentro está en relación, incluso podría decirse que forman una unidad. No en vano Jung dijo que lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino. Y así nos va.

Vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no debe dejar de ser ciudadano y combatiente. La indiferencia y la abulia pueden acabar en parasitismo. No podemos permitirnos la indiferencia. Las consecuencias de seguir mirando a otro lado pueden ser devastadoras.


Camus

 

Todos podemos llegar a cometer atrocidades, por acción, o por omisión. El poder solo se sube a la cabeza cuando encuentra un cerebro vacío, y lamentablemente son muchos los factores que hacen que la independencia, la libertad y la ética se hayan convertido en algo baladí. Deberíamos estar cansados de observar la decadencia y resquebrajamiento de la democracia.  Democracia que nos ha sido robada por las elites políticas y empresariales. Con nuestra connivencia.

Todos podemos llegar a cometer atrocidades, por acción, o por omisión.

Pero lo que ignora el establishment y sus adeptos, es que aún queda gente anónima que puede ser tan resistente como el bambú. Se la puede doblegar, pero mantienen sus principios y firmeza interior de forma inquebrantable. Y nunca se dejaran contagiar de esa enfermedad terrible que es la indiferencia. A estas alturas ya deberíamos saber cuánto influye la política, la bondad y la empatía en nuestros destinos individuales.



Piensa

 

 

 

¿Qué nos está permitido decir?

Por: | 30 de noviembre de 2016

 

¿Qué nos está permitido decir? En cada familia existen determinadas emociones que pueden ser consideradas peligrosas. Se ocultan tras la mampara y todos respetan esa especie de acuerdo no expresado verbalmente. Todos sus miembros pretenden esconder su existencia, pero siempre hay algo que permanece en la superficie, y que nos recuerda, que en cualquier momento podemos colisionar con la punta del iceberg. Sin embargo, siempre hay grados en la impostura, y a menudo tienen que ver con la inmensidad y magnitud del drama. Todos escondemos algo que nos duele, pero algunos somos más conscientes de las ficciones que nos sostienen. Pero no hay nada peor que encontrarse con aquellos que de forma engreída presumen y se pavonean de contar con una familia y una vida ejemplar, sin fisuras. Tal y como decía Shakespeare, “hay más tragedia en la vida de un hombre que en toda mi obra”. Hay que saber mirar para entender que con mucha frecuencia la verdad se enmascara y que tras el esplendor del oro y la plata se ocultan infinitas miserias. Lamentablemente hay para todos. Cuanto antes admitamos nuestra vulnerabilidad y provisionalidad, más posibilidades tendremos de comprender la complejidad de la naturaleza humana y los problemas que puedan surgir. En definitiva, somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin responsabilidad quizás no deberíamos existir. 

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Vanessa Redgrave (1937)

Lo más importante de nuestras vidas, aquello que más amamos se nos escapa de las manos.

Hace poco más de un mes me llamó una doctora al trabajo para comunicarme que mi madre necesitaba tiempo para recuperarse de la operación, que requería de cuidados específicos y que no podía regresar a casa. Me sugirió que hablase con la asistenta social para encontrarle una plaza en una clínica de transición. Convocaron una reunión de urgencia (tenían prevista su salida de inmediato) para hablar de nuestra situación familiar. Enseguida reconocí la figura de mi madre en el pasillo cogida del brazo de una enfermera. Caminaba pausadamente y parecía fatigada. De golpe me encontré con la imagen de una anciana que recordaba a mi abuela, y que sin embargo era mi madre. Aquello que está siempre camuflado en mi conciencia brotó haciéndome el mismo daño que una cuchilla. Lo seres humanos somos por naturaleza olvidadizos. La angustia y el miedo a perderla me dejó paralizado. A menudo, lo más importante de nuestras vidas, aquello que más amamos se nos escapa de las manos. Fue como ver desaparecer su figura de un lienzo, gradualmente y para siempre. Uno tiene la sensación que hacerse mayor es cuando los recuerdos pesan más que las esperanzas.

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Doris Lessing (1919-2013)

Cuando llegué me estaban esperando dos asistentas en un pequeño despacho. Una asumía el rol de policía buena y la otra descaradamente el de poli mala. Me interrogaron sobre los ingresos de mi madre y sobre mi trabajo y el de mis hermanos. Expliqué que los tres trabajamos y que ninguno podía hacerse cargo de ella durante la jornada laboral. ¿Quién va a cuidarla hasta que regresemos del trabajo? Fue entonces cuando llegó la cuestión referente a mi hermana pequeña (padece parálisis cerebral): “Lo que tienen que hacer usted y sus hermanos es tranquilizar a su madre y decirle que su hermana siempre estará atendida”. Miré fijamente a los ojos de la poli mala y contesté: “¿De verdad cree que puedo tranquilizar a una mujer de 84 años que ya no puede valerse por si misma, sobre el futuro de su hija dependiente? ¿Es usted capaz de imaginar qué cosas le estarán pasando ahora mismo por la cabeza? Esta calma de la que usted habla ya no es posible. A mi madre solo le queda tiempo para certezas.

No rentable

Sentado en aquella silla y frente aquellas dos sanitarias, tuve la impresión de que el futuro inmediato de mi madre dependía de mis palabras: “Mi hermana está en un centro para personas con discapacidad severa. Han sufrido los mismos recortes que ustedes, estoy convencido de que conocen muy bien de lo que estoy hablando. Antes de llegar a esta lamentable situación, los fines de semana trabajaban ocho cuidadoras, ahora solo la mitad. Un sábado de agosto fui a verla, como hago cada fin de semana y me la encontré en un pasillo, con todo el pelo enmarañado y con vómitos hasta el cuello. No pude culpar a nadie, es imposible que esto no suceda con ella, o con cualquier otro interno. ¿Siguen pensando que puedo calmar a mi madre? Sabemos perfectamente que es una enorme suerte tenerla en esa residencia. Costó muchísimos años y mucho dolor tomar la decisión de dejarla allí para siempre. En mi familia, tanto por acción como por omisión, estamos todos dañados. Necesito que lleven a mi madre a otro hospital hasta que pueda recuperarse. Pero no me pidan de nuevo que hable con mis hermanos o que trate de tranquilizarla. Estamos emocionalmente saturados”.

 “El mayor esfuerzo de la vida es no acostumbrarse a la muerte”. Elías Canetti

Solo los dioses tienen la certeza sobre lo invisible, así como sobre lo mortal; a los hombres solo nos ha sido concedido el conjeturar. Llevo veinte años matando a mi madre. Creyendo que de mucho repetirlo, el momento no me cogerá por sorpresa. Es una pésima estrategia. Tal y como decía Elías Canetti, “el mayor esfuerzo de la vida es no acostumbrarse a la muerte”. Sin embargo hay momentos en los que es necesario olvidar determinadas experiencias vividas si queremos avanzar. Otra cosa, es si somos capaces de hacerlo, porque uno no recuerda y olvida lo que quiere, sino lo que puede. Al final, la vida de cada uno de nosotros es lo que uno hace con lo que le sucede.

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Se pronostica que de aquí al año 2050 la cantidad de ancianos que no pueden valerse por sí mismos se multiplicará por cuatro en los países en desarrollo. Verdaderamente el capitalismo no tiene nada que ver con el deseo de mejorar la condición humana. La economía dominante mira solo a la producción y el consumo, despreciando todo aquello que no sirve a la lógica utilitarista del mercado. El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquel que existe y ya está aquí. Lo creamos nosotros mismos. Según Joan Carles Melich existen dos maneras de no sufrirlo. “La primera es fácil para muchos, aceptar el infierno y volverse parte de él. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos; buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo dudar y darle espacio”. No creo que exista mayor soledad en el mundo que la de saber que no importamos a nadie. Vivimos en un sistema que funciona sin pensar en las personas: ¿Para qué gastar dinero en un ámbito condenado a no ganar beneficios? ¿Para qué destinar fondos en los más vulnerables, si jamás aportarán un tangible rendimiento económico?

Se pronostica que de aquí al año 2050 la cantidad de ancianos que no pueden valerse por sí mismos se multiplicará por cuatro en los países en desarrollo.

Mientras escuchaba las explicaciones de las dos asistentas sobre la situación de la Sanidad Pública, no pude dejar de pensar en la cantidad de gente mayor que no tiene recursos y que se siente abandonada por su familia y por el Estado. ¿Cuántas de estas personas no se encontrarán solas y sin ayuda? A menudo, cuando me siento al límite pienso en situaciones más aciagas que la nuestra, con el fin de no perder la perspectiva. Los libros también me sirven de asidero. Las palabras son para mí como el sol para las plantas.  Sin ellas, sin su significado, no soy nada. Sin embargo tengo miedo al día en que los libros ya no me sean suficiente.

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Tengo miedo al día en que los libros ya no me sean suficiente. 

 Charles Trenet (1913-2001) y Dalila (1933-1987)

Amores Imaginarios

Sobre el blog

El componente humano primordial debería ser el del reconocimiento del otro. Sin los demás no podríamos existir. Por lo tanto, disfrutemos de “otros mundos” y que esa diferencia –en vez de aislarnos- sea el camino para conseguir un mundo más justo, menos convencional y más libre. En este blog rendimos homenaje a algunas de las más significativas creaciones humanas que han marcado nuestra existencia: libros, películas, autores, canciones, etc. y que han estimulado nuestra (mi) necesidad de pensar, sentir y gozar. Al mismo tiempo, es un espacio que indaga sobre la realidad humana e intenta contribuir a la reflexión y al aprendizaje.

Sobre el autor

Josep Giralt Josep Giralt. Trabajó en Canal Plus, en el Congreso de los Diputados y como fotoperiodista en América Latina, África y Asia. Coautor del libro Sentir Etiopía, (RBA), compatibiliza su trabajo como periodista en una Fundación con el de colaborador en tertulias de actualidad en Ràdio Barcelona-Cadena Ser. Anteriormente dirigió durante cuatro años el espacio Películas incómodas en Com Ràdio. Ha publicado artículos y entrevistas en El País, Avui, y El Mundo, entre otros. Su frase: "No sirvo ni para seguir ni para conducir", de Nietzsche; su película: Rocco y sus hermanos, de Visconti. Sus libros: Los ensayos, de Montaigne y Conversaciones, de Cioran.

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