En busca del tiempo perdido: Cinema Paradiso

Por: | 28 de octubre de 2013

“Nuestro futuro depende de cómo entendamos el pasado”. (Gustavo Cerati)

 “Mi gran pesar en la vida es que mi infancia fue innecesariamente solitaria”. (Truman Capote) 

 “Lo que Juanito no aprende, no lo sabrá nunca Juan”. (Proverbio Alemán)

No conozco mayor patria que la infancia, ni mejor refugio. Cuando a veces necesito cobijarme cierro los ojos y evoco la casa de mi niñez. Sin darme apenas cuenta emergen de golpe imágenes de la vigilia de Reyes. Mi padre colocaba estratégicamente dátiles y bandejitas con comida por toda la casa. Nos decía que las dejaba porque los Reyes Magos de Oriente y sus camellos necesitaban reponer fuerzas en una de sus jornadas más maratonianas. A continuación, abría las ventanas de par en par para que pudiesen entrar sin hacer ruido. Todavía hoy puedo sentir aquel frío que se podía palpar con las manos. ¿Es posible que hasta el viento helado que sentíamos fuese diferente al de ahora? Es curioso, nunca dude de que toda aquella escenificación pudiese ser mentira. No he vuelto a querer a mi padre tan intensamente como cuando le veía representar aquel teatro para nosotros. Con los años las cosas cambiaron, aunque de eso ya he hablado en otro post y es otra historia.  

Mi madre insiste en decir que aquel era el mismo hombre del que se enamoró y al que quiso hasta el último minuto de su vida. Ahora sé que no hay mayor fortuna que contar con puertas que nunca se cierran, como las suyas. Las últimas horas que mi hermana mayor estuvo velando a nuestro padre, se pasó la noche reviviendo la víspera de Reyes. Anna nos dijo que aquella madrugada había tenido la extraña sensación de que era nuestro padre quien cuidaba de ella, y no al revés. Nunca sabremos si es verdad, o fue fruto de su poderosa imaginación. Mi hermana es escritora de cuentos desde que nació y cuando deja volar su fantasía no hay ser humano que sea capaz de retenerla y hacerla descender a la tierra.  Algo maravilloso e indestructible se forja cuando uno ha disfrutado de una infancia mágica.  

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Mis hermanos mayores Anna y LLuís

Cinema Paradiso cuenta la historia de Salvatore, un reputado director de cine que regresa a su pueblo para asistir al entierro de su mejor amigo Alfredo, que trabajó como operador en el cine local. Desde que abandonó Giancaldo (hace treinta largos años), Salvatore ha priorizado su profesión por encima de los afectos. Creyó que al lograr el éxito se iban a cumplir todas sus expectativas. Pero una vez alcanzada la cima se da cuenta de lo inconsistente que resulta el triunfo. Respecto a sus relaciones sentimentales, que enlaza una tras otra, tampoco le satisfacen. Al principio cree estar enamorado, pero se trata simplemente de la excitación de lo novedoso y un halago para su vanidad. La película refleja la lucha de un hombre corriente contra la rutina y la mediocridad. Su propósito es que su amigo "Toto", a través del cine que los une encuentre las suficientes herramientas para querer volar y ser libre. 

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Un día recibe una llamada que le obliga a enfrentarse con el pasado, y es entonces cuando se da cuenta, de lo importante que ha sido Alfredo en su vida. El director Giuseppe Tornatore utiliza de manera magistral la relación que se va gestando entre el niño y el anciano proyeccionista de cine. A través suyo vemos como Salvatore crece y va descubriendo la vida. La estructura en flashback, según sus recuerdos, nos va preparando para un clímax final que es un sentido homenaje al séptimo arte como vehículo de entretenimiento y aprendizaje para la vida.  

La película nos devuelve a la tierra de nuestra infancia. Retrata de manera sublime la vida de un pequeño pueblo italiano marcado por la postguerra con multitud de elementos característicos, como el poder de la Iglesia, la censura, la educación, las relaciones familiares o la emigración a Alemania en busca de un futuro mejor.  Una fábula dolorosamente actual. ¿Quién nos asegura que no tendremos que volver a pasar por situaciones análogas a la de nuestros padres?  

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En fin, un film sobre sentimientos. Un viaje por la vida, repleto de melancolía, humor y nostalgia. La vuelta atrás de un náufrago en busca de un tiempo perdido. La historia del pequeño Salvatore “Toto” y de Alfredo nos muestra lo difícil que resulta renunciar al pasado. Y como nuestra manera de mirar y de interpretar el mundo viene determinada por los primeros afectos y rechazos. Nuestra necesidad de amor, aprobación y seguridad se forjan entonces. 

Para nuestra suerte, mi hermano Lluís les regaló a sus hijas las mismas noches de ensueño, regalos, sorpresas y dátiles que nuestros padres nos dieron a nosotros.  Calladamente y sin hacer ruido (no como yo), lucha por mantener el espíritu de aquellas noches vivo. Por el contrario yo me debato entre el amor incondicional a mi familia y la certeza de que no hay mayor foco de dependencias, miserias y patologías que dentro del núcleo familiar. Y, sin embargo, sabiéndolo y reconociéndolo, así, persiste en mí la necesidad de sentir de nuevo la seguridad primigenia de mi infancia. Al igual que Salvatore, necesito cerrar los ojos y sentir a mis seres queridos cerca.  

El cine representó para muchas generaciones la única ventana al mundo. Recuerdo ir cada sábado junto a mis hermanos a las sesiones dobles que se proyectaban en los cines de nuestro barrio. Allí descubrimos la primera versión del “Planeta de los simios” de Charlon Heston, las películas extrañas y góticas de “Fu Man –Chu” con Christopher Lee y last but not least “Con faldas y a lo loco” con Tony Curtis y Jack Lemmon. Nunca olvidaré la impresión que me causó ver a Marilyn Monroe por primera vez en una enorme pantalla cantando “I wanna be loved by you”

 

Como “Toto”, al acostarme y antes de quedarme dormido, guionizaba mis propias fantasías para llevarlas al cine. Durante años, al meterme en la cama, lo primero que hacía era pensar el género y luego buscaba un título comercial que impactara. Incluso elegía a los actores, que me acompañaban hasta que conciliaba el sueño.  A medida que fui creciendo aquellas fantasías fueron cambiando. Pasé del Hollywood más clásico, al western, melodrama y cine negro. Finalmente acabé decantándome por el cine bélico y social. Recuerdo perfectamente una escena que transcurría durante la revolución cubana del 59: Ava Gadner conducía un descapotable por La Habana con un vestido ceñido medio roto. Huye de su amante “El Rey de Sierra Maestra” interpretado por Paco Rabal. Escapa a toda prisa, pero se le cruza un perro pulgoso por el camino y se despeña por el Malecón.  Afortunadamente, salta del coche a tiempo (no había bebido) y consigue llegar a nado hasta Miami, donde la espera Sinatra tocando el piano. 

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“Cinema Paradiso” es sin duda una oda a todos los que amamos el cine y a todos los que recordamos las películas como un descubrimiento fundamental en nuestras vidas. En la película se hace referencia a algunos de los mejores clásicos: “La diligencia”, “El jeque Blanco”, “Ladrón de Bicicletas” y “Alemania Año Cero".  Y aparecen las figuras más representativas del cine: Chaplin, Keaton, Fonda, Gable, Wayne, Garbo y Monroe. Después de verla es imposible no entender cómo el cine ha representado desde sus inicios mucho más que un refugio. Es un placer, una fuente de conocimientos, un descubrimiento y una diversión. Y lo mejor de todo, un lugar donde uno puede asilarse del mundo. Y como dice Alex de la Iglesia: “coloca al espectador en posiciones morales en la que nunca estuvo”. Por consiguiente, un espacio (como la literatura) donde uno puede pasar de ser un triste oficinista (en la vida real) a ser Indiana Jones, Tarzan, Cleopatra, Ben Hur o Atticus Finch. 

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Bertrand Russell decía que los ingredientes que componen la felicidad son cuatro: salud, medios suficientes para no sufrir privaciones, tener unas relaciones personales satisfactoria y desempeñar una actividad laboral con éxito. Yo añadiría sin dudarlo, una vida cultural plena. Aquellos sábados de cine con mis hermanos me han servido para crecer con ilusión y con fantasía. Siempre hay tiempo para regresar a la realidad.

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Recuerdo que cuando venía a casa el practicante para pinchar a nuestra hermana pequeña con parálisis cerebral, los tres hermanos corríamos para esconder nuestras cabezas debajo de la almohada con el propósito de no escuchar sus gritos. Jamás he preguntado que tipo de inyección le ponían, pero sus llantos todavía resuenan en mi memoria. Lo único que nos salvo entonces, es la seguridad de ver a nuestro padre cerca, siempre pegado a un libro o un periódico y a nuestra madre fuerte y positiva cantando desde Casta Diva de  Bellini a las melodías de Nat King Cole y nuestras siempre esperadas sesiones de cine. Tuvimos además la inmensa fortuna de contar con el amor incondicional de nuestra tía Chiqui. Nunca podremos agradecerle lo mucho que hizo por alegrarnos la vida y hacérnosla más fácil. Era la persona más desinteresada y bondadosa que he conocido. Gracias a ella nos hemos dado cuenta de que las ataduras de la infancia son muy difíciles de desanudar.

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Nuestra tía Chiqui en su Vespino

 

De la misma forma que en la mayoría de nuestras vidas, la película cuenta con una galería de personajes sencillos, cálidos y entrañables. Personajes que definen la manera de ser pensar y comportarse de un período irrepetible, la infancia. En ningún momento se cae en el sentimentalismo barato, en los tópicos, estereotipos o en la obviedad. Cinema Paradiso duele porque emociona y porque recuerda la intensidad emocional que despiertan los recuerdos. Esa melancolía que salta a chorros cuando la memoria rememora hechos que marcaron nuestra vida y que han quedado atrás. 

Lo que más me conmovió de la película es cuando Alfredo le da alas a Salvatore para que no acabe sus días en el pueblo. Me pareció una de las declaraciones de amor más grandes llevadas nunca a la pantalla y un final sublime: "este pueblo está maldito. ¡Vete!, vete y no vuelvas nunca. Y si algún día te gana la nostalgia y regresas… No me busques. No toques a mi puerta porque no te abriré. Busca algo que te guste y hazlo, ámalo como amabas de niño la cabina del Cinema Paradiso. Desde hoy, ya no quiero oírte hablar; ahora, quiero oír hablar de ti…".

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Ben hur

 

Hay 6 Comentarios

He llegado a este artículo por casualidad, sabiendo que esta noche cierran La Sexta Tres emitiendo esta película. No recordaba el nombre del niño y me he puesto a buscarlo, Totó... Y me he encontrado con usted. Solo puedo definir su artículo con una palabra: excelso. Me ha hecho llorar, amigo... Gracias.

Hay niños de infancia triste que añoran la suya.

El cine es algo maravilloso. ¿ Como en una sola representacion artistica se puede fusionar las otras en perfecta armonia ?. La musica, la imagen, el guion, la interpretacion ... y lo mejor de todo es que algunos genios son capaces de conseguir que el conjunto de todo esto sea mucho mejor que las partes individuales.

Aquel año, después de las fiestas de navidad, no guarde los adornos hasta la primavera. Las bolas de cristal, el árbol, las figuras, todo quedo congelado dentro de una muda tristeza. Sólo el transcurso de los meses y la desaparición del frío que siguió a la muerte de mi padre, hicieron posible que dejara de lloverme por dentro. Creí que nunca más habría una fiesta de reyes, porque el Rey Mago se había marchado de golpe, dolorosa y repentinamente. Fue luego, al volver a acercarse la fecha, que recordé la última noche de su vida, en coma en el hospital. Sentí la incomodidad de la silla, la frialdad de la madrugada, la dificultad de su respiración, y al mismo tiempo, envuelto en cariño, el sueño de verle repartiendo juguetes bajo la ventana. Veló mi sueño aquella noche, desplegó a mi alrededor los mejores recuerdos y me dejo, sin que lo supiera, toda su magia. Los padres pueden legarnos muchas cosas, pero las importantes son las que llevamos cerrando los ojos, sintiéndonos queridos. No todos tenemos tanto suerte, y los que la tuvimos, necesitamos compartirla. Gracias Josep.

Este artículo es casi tan encantador como su papá y su tía Chiqui.Y sus hermanos. Y todos los que puso.
Cine. Nostalgia de la infancia.
Tanto como Ud., lo amo Manuel Puig.
Su novela:"La traición de Rita Hayworth" es muy buena.

Cuando mi compatriota Francisco fue electo papa, colgué en mi muro un video de "La misión".
La música, de Ennio Morricone.

grande Josep. La fotografía de tu hermana es preciosa, pero después de leer acerca de ella y su espíritu icariano, creo que no existe una imagen más sugerente... tu hermano Lluís, con su rictus lógico y su brazo protector, parece que intente mantenerla afectuosamente en un mundo más racional y más terrenal pero la mirada de Anna ya está en los aires... no dejéis de volar! http://www.youtube.com/watch?v=Kw6muw2aWyM

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Amores Imaginarios

Sobre el blog

El componente humano primordial debería ser el del reconocimiento del otro. Sin los demás no podríamos existir. Por lo tanto, disfrutemos de “otros mundos” y que esa diferencia –en vez de aislarnos- sea el camino para conseguir un mundo más justo, menos convencional y más libre. En este blog rendimos homenaje a algunas de las más significativas creaciones humanas que han marcado nuestra existencia: libros, películas, autores, canciones, etc. y que han estimulado nuestra (mi) necesidad de pensar, sentir y gozar. Al mismo tiempo, es un espacio que indaga sobre la realidad humana e intenta contribuir a la reflexión y al aprendizaje.

Sobre el autor

Josep Giralt Josep Giralt. Trabajó en Canal Plus, en el Congreso de los Diputados y como fotoperiodista en América Latina, África y Asia. Coautor del libro Sentir Etiopía, (RBA), compatibiliza su trabajo como periodista en una Fundación con el de colaborador en tertulias de actualidad en Ràdio Barcelona-Cadena Ser. Anteriormente dirigió durante cuatro años el espacio Películas incómodas en Com Ràdio. Ha publicado artículos y entrevistas en El País, Avui, y El Mundo, entre otros. Su frase: "No sirvo ni para seguir ni para conducir", de Nietzsche; su película: Rocco y sus hermanos, de Visconti. Sus libros: Los ensayos, de Montaigne y Conversaciones, de Cioran.

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