40 Aniversario

El "sí-sí" de Rajoy

Por: Ernesto Ekaizer | 18 ago 2016

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Calendario

    La decisión de acudir a una sesión de investidura ya estaba tomada desde al menos la semana pasada. La portada y las páginas interiores, que se reproducen en esta entrada, del pasado jueves 11 de agosto de EL PAÍS, es la prueba de ello. 

    Mariano Rajoy soñaba con acudir investido presidente a la cumbre del G-20 en China, que empieza el 4 e septiembre. El calendario de La Moncloa tenía en cuenta, obviamente, los límites que suponía el comienzo de la campaña de las elecciones autonómicas gallegas y vascas del 25 de septiembre. Y el calendario se inspiraba en la fórmula de Rajoy según la cual "a la investidura se va para ser investido". De ahí que el líder del Partido Popular soñara con acudir a la cumbre de China nada mas investido presidente.

   ¿Qué ha cambiado entre la rueda de prensa posterior al Comité Ejecutivo Nacional del PP del miércoles 17 de agosto en la que Rajoy negó que se debatiera sobre las condiciones "innegociables" de Albert Rivera y rechazó fijar fecha de investidura y el anuncio de hoy según el cual Rajoy, con el voto de confianza del partido, acepta las condiciones y pone fecha para la investidura?

   ¿Es que ha ha habido algún acontecimiento que pueda explicar el cambio de conducta de Rajoy? 

   No. Rajoy ya conocía de antemano que acudir a la investidura y aceptar las seis condiciones eran el prerrequisito para sentarse, a partir de ahí, a negociar.

   Pero lo que Rajoy no quiso anunciar el miércoles 17 lo ha aceptado el jueves 18. Y es más: el miércoles 17 incurrió en una falsedad. A saber: dijo que el Comité Ejecutivo Nacional no fue convocado para debatir las condiciones. Precisamente, él mismo justificó su convocatoria para debatir esas condiciones.

   Hemos pasado del "ni-ni" (a la fecha y a las seis condiciones) al "sí-sí". Unos lo llamarán estrategia de negociación, vale. Sobre gustos, como diría aquel, no hay nada escrito. Pero la verdad, la verdad, entre nosotros, esto nada tiene que ver con una pretendida ambigüedad gallega. Esto, entre nosotros, es para hacérselo mirar.

  Rajoy pues ha aceptado el encargo del rey Felipe sin tener los apoyos para garantizar el buen fin de la misión. Y ahora ha admitido ir a una investidura que sabe, por adelantado, que será fallida. Esto es precisamente lo que llevó a Rajoy a rechazar dos veces el encargo del Rey después del 20 de diciembre y lo que fundamentó su ataque a Pedro Sánchez al decir en su discurso de oposición a su candidatura en el Congreso que era un bluf.

   Es decir: Rajoy ha pasado de ser precandidato (condicionado a tener los apoyos de antemano) a ser candidato (sabiendo que carece de los necesarios para ser investido). Ha aceptado, pues, revisar toda su conducta pasada y cambiar la idea que venía defendiendo hasta ahora.

   Bien.

   Y lo ha hecho mal. Porque tras su "ni-ni" del miércoles, Ciudadanos le advirtió que sin cumplir el ultimátum (fecha y condiciones) no habría negociación. Y last but not least, Pedro Sánchez le dio a Rajoy hasta el viernes para fijar fecha so pena de presentar una propuesta en el Congreso por la que se instaba a la presidenta, Ana Pastor, a establecer la fecha. Un brindis al sol porque carece de recorrido. Pero al menos ante la opinión pública, Ciudadanos y el PSOE han sido los que sacaron con sacacorchos la fecha de investidura.

   El fracaso de la investidura se puede dar por hecho. El PSOE no va a abstenerse ni en primera ni en segunda votación.

  Pero esta primera ronda de Rajoy puede no ser la única. Como ya se ha visto con Artur Mas y Susana Díaz, puede volver a intentarlo.

   Se dirá: ¿y para qué?

   Porque su primer fracaso abre una nueva fase. Es a partir de esa investidura fallida que el fantasma de las terceras elecciones se corporiza. Y a partir de la cual se podrá poner a prueba la afirmación de Pedro Sánchez de que el PSOE no quiere terceras elecciones.

   ¿O es que Sánchez ha cambiado de idea?

   Las encuestas que tiene el PSOE dan una recuperación mucho más consistente que el 0,5% que le vaticinaba el CIS en su sondeo de primeros de julio.

 Sánchez piensa, según ha dibujado ante su comisión permanente y dirección del grupo parlamentario el miércoles, que lo peor ha pasado para el PSOE y que no hay que abominar de ir a nuevas elecciones.

   Pero nadie tiene la bola de cristal y jugar con la cólera de los ciudadanos ante el espectáculo de los políticos tras el 20 de diciembre y el 26 de junio supone un riesgo muy elevado. Y Sánchez y sus colaboradores lo saben.

   Por tanto, no hay, como tal, un desplazamiento de Sánchez hacia la posición ya definitiva de ir a terceras elecciones.

   No hemos mencionado, antes de abordar el tema de unas nuevas elecciones, la posibilidad de que ante el fracaso de Rajoy, el líder del PSOE se ofrezca al Rey para intentarlo. No lo mencionamos porque esta alternativa está muerta antes de nacer. Sánchez no cree en ella. Y el hecho de que Pablo Iglesias haya querido recobrar protagonismo mediático y chupar alcachofa dando a conocer una conversación telefónica con Sánchez al respecto de una alternativa a Rajoy es solo eso.

   Por tanto, tras su primer fracaso, Rajoy deberá esperar a las elecciones gallegas y vascas para aspirar a un nuevo intento. Esto nos pone en la última semana de septiembre.

    La partida entre el PP y el PSOE no ha terminado. Rajoy no ha logrado evitar la investidura -seguramente fallida- que tanto le aterrorizaba. Pero tendrá nuevas oportunidades. Y habrá que ver que hace el PSOE después del fracaso de Rajoy y después de las elecciones del 25-S. Y otras fuerzas como el Partido Nacionalista Vasco (PNV), que pueden necesitar tanto al PSOE como al PP, y al que Rajoy puede ofrecer concesiones.

   Todavía es pronto para dar por hecho que habrá terceras elecciones. Pero el anuncio de que Rajoy acepta ir a la investidura que sabe de antemano fallida ha ido acompañado a estas horas de una nueva campaña sobre el PSOE. Que viene el coco. A saber de que será el responsable de que las nuevas elecciones se celebrarían... ¡el 25 de diciembre!

  Los recursos resultan cada vez más esperpénticos.

   

   

    

   

 

 

     

 

 

 

 

 

 

El "ni-ni" de Rajoy

Por: Ernesto Ekaizer | 18 ago 2016

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   Mariano Rajoy ha convertido el ultimátum "innegociable" de Albert Rivera en un papel mojado. Al menos durante un día. Veremos lo que dice hoy en la reunión con el líder de Ciudadanos. Porque puede "compensar" a Rivera, por ejemplo, con la afirmación de que irá, finalmente, a una sesión de investidura. 

   Pero ayer ha sido ni fecha de investidura ni condiciones.

   Estrategia: ni-ni. 

   La idea de fondo es muy simple: se trata de ganar tiempo. Rajoy lo puso en evidencia cuando el 10 de agosto convocó a su Comité Ejecutivo Nacional para una semana más tarde, el 17 de agosto, para dar respuesta a las condiciones de Ciudadanos.

   Tras la reunión dijo que no había sido convocada para eso y que no se dijo ni palabra sobre esas condiciones. Tampoco, por supuesto, sobre la fecha de una posible sesión de investidura. Ahora, ha dicho, quiere hablar sobre esa posible fecha...con Pedro Sánchez.

   Esta actitud dilatoria choca con la catástrofe que, según Rajoy, nos amenazaba si no abordamos rápidamente la formación del nuevo gobierno. Los presupuestos, las pensiones, Bruselas, et al.

   El Rajoy de la rueda de prensa posterior al Comité Ejecutivo Nacional del Partido Popular no es el mismo que el Rajoy que se mofa de los periodistas en la comparecencia que siguió a la aceptación -condicionada- del encargo del rey Felipe. Es la transición de un Rajoy que las tienes todas consigo a un Rajoy que ya no las tiene. Que sabe que no habrá pacto de gobierno incluso en el caso de que lograse sacar adelante su investidura.

  Pero es que este nuevo Rajoy tampoco lo tiene ya muy claro. Por eso, va a patear la pelota hacia adelante. De ahí el "ni-ni" inicial a Rivera. 

   Hasta ahora, la idea generalizada era que si Rajoy acudía a una investidura y la perdía, podía volver a intentarlo -como fueron los casos de Susana Díaz y Artur Mas- y entonces en esa nueva fase entraría en vigor la afirmación de Pedro Sánchez sobre que no habría terceras elecciones. Esto es: que tras una primera derrota al volver a intentarlo Sánchez cambiaría su posición inicial a cambio de unas negociaciones de urgencia para evitar las nuevas elecciones.

  Rajoy también parece haberlo creído. Pero ahora quizá ya no. Por eso en su rueda de prensa posterior a la ejecutiva señaló que quería hablar con Sánchez para ver si quería ir a una repetición de elecciones. 

   Por su parte, según ha dicho Sánchez ayer ante sus dirigentes en el Congreso, si hay que ir a terceras elecciones no sería dramático porque para el PSOE, señaló, lo peor ya ha pasado.

   Por tanto, se trata en cualquier caso de mantener la vez -el encargo del Rey- pero ganar tiempo. Eso supone, por ejemplo, pensar en una posible investidura después de las elecciones vascas y gallegas del 25 de septiembre. 

  Pero para ir a ese escenario, hay que negociar con otras fuerzas y preparar a la opinión pública. No puede decir Rajoy que piensa en una investidura después del 25-S. Largo me lo fiáis. Hay que ganar semanas.

  Rajoy cometió un error estratégico al pactar con la vieja Convergencia la elección de la mesa del Congreso y prácticamente concederle el grupo parlamentario a cambio. Porque hizo visible que podía pactar con otras fuerzas de derecha. Ello hizo buena la hoja de ruta que le trazó con anterioridad Sánchez.

  Y, ahora, quizá tenga que pensar Rajoy en 1996, en la entente Arzalluz-Aznar. Es decir: esperar a la configuración de fuerzas en las elecciones vascas del 25-S.

   Rajoy ya es consciente, según lo que explicó a sus correligionarios en el Comité Ejecutivo Nacional, que la crisis de investidura es solo un episodio de la Gran Crisis política que emerge de dos fenómenos relacionados: la Gran Depresión Española y la ruptura del Bipartidismo. Que incluso en el caso de que se forme gobierno será una legislatura tortuosa.

  

MR: ¿De precandidato a candidato?

Por: Ernesto Ekaizer | 16 ago 2016

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   Estas caminatas por Sanxenxo, ¿habrán terminado por ayudar a convertir mañana, en la reunión del Comité Ejecutivo del Partido Popular, al precandidato Mariano Rajoy en el candidato Mariano Rajoy? En otros términos: ¿propondrá a Ana Pastor, presidenta del Congreso de los Diputados, la fecha para la investidura? Esa, habida cuenta de su carácter inédito, parecería ser la señal de que la precandidatura de facto, aceptada ante la propuesta del rey Felipe sin compromiso, se transformará en candidatura de iure.

  Esta pregunta no obtiene respuesta en el círculo más próximo al presidente en funciones y presidente del PP. La explicación es obvia: es él quien tiene el encargo del Rey. Es él, pues, quién propondrá a Pastor la fecha.

    Pero, más allá de su derecho, la cuestión es que Rajoy ha dicho hasta ahora que "a la investidura se va para ser investido". De lo que se deduce que si no tiene posibilidades de serlo, no irá. Vaya, él no irá.

   Sabemos que el Comité Ejecutivo Nacional va a darle la confianza para que negocie la propuesta de Ciudadanos, las seis condiciones, y no solo eso. Fuentes consultadas estiman que la ejecutiva no se limitará a darle ese mandato para que él lo administre a su saber leal y entender, sino que le encomendará negociar también con el Partido Socialista Obrero Español para lograr su colaboración-abstención a fin de ser investido y formar gobierno.

 Es la línea que Rajoy ya ha explicado desde el 20-D: los socialistas siguen con la llave. Y la conservarán después de que el pacto Rajoy-Rivera se haga realidad.

Préambulo  

  Este pacto no se formaliza automáticamente con la aceptación de las seis condiciones. Lo que podríamos llamar, a falta de una mejor definición, el preámbulo. Este, según la explicación de Albert Rivera, conduce a la mesa de negociación. Es en esta mesa en la que se articulará, previsiblemente, el futuro pacto, que incluirá el preámbulo de los seis puntos.

    Bien.

    ¿Y la fecha y hora, Rivera dixit?

   Esta condición previa es lo que, a la sazón, algunos políticos más han subrayado de la oferta del líder de Ciudadanos, a saber, poner un límite a Rajoy y obligarle a decir que, en efecto, está dispuesto a acudir a la investidura.

   Pero Rajoy, primero, no tendrá mañana pacto alguno, y, segundo, cuando lo formalice con Rivera, quedará a expensas de otro término en la fórmula o ecuación que podríamos llamar "a la investidura se va para ser investido".

   Por tanto, a menos que en Sanxenxo haya logrado, como Aladino, acceder a la lámpara maravillosa y obtener la inestimable ayuda de los genios, la ecuación descrita en Barcelona el pasado 21 de junio sigue sin despejarse. Rajoy no puede asegurar que al acudir a la investidura saldrá consagrado.

  Entonces, ¿qué? Sin la lámpara maravillosa y sin los genios, Rajoy, ¿cambiará de opinión para salir trasquilado pasando por las horcas caudinas de una investidura cuya derrota conoce de antemano?

   No parece haber optado por esa "larga caminata" para cambiar ahora, a mitad del río, de criterio. Lo más probable es que siga jugando con los tiempos. Ello no le impide, por cierto, hablar de posibles fechas.

   Pero una cosa es "barajar fechas" y otra citar la sesión de investidura. Lo que Rivera definió como "fecha y hora".

 Y sin esa fecha y hora, ¿qué dirá Rivera? ¿Retirará su oferta?

  En el Palacio de la Moncloa, por supuesto, se han anotado fechas posibles. A Rajoy le gustaría ser investido en segunda votación el 1 de septiembre y acudir el 4 a China, a la cumbre del G-20. Seria su puesta de largo ante la comunidad internacional.

  Pero, ¿está el horno para este bollo?

 Por lo que se refiere a la disposición del PSOE, la respuesta es no.

 Ahora, Rajoy iniciará la negociación con Rivera y hará de ella una gran representación con equipos negociadores de ambos partidos. Pero si se arriesga a naufragar en el Congreso, ¿no será lo que él mismo llamó el bluf de Pedro Sánchez?

  Obtendrá, pues, la complicidad del líder de Ciudadanos para mostrar en su momento que el Gobierno está en la punta de los dedos, que se avanza en la elaboración del techo de gasto y en el proyecto de presupuesto, y en este proceso hará una envolvente hacia el PSOE, con el criterio que fije el Comité Ejecutivo Nacional del PP. Que en realidad va a desarrollar el plan que él ha diseñado, como corresponde a un partido altamente jerarquizado, donde el presidente es ejecutivo, es decir, posee todos los poderes formales y reales. 

  Y el PSOE, ¿qué?

  Pedro Sánchez ha convocado para mañana en el Congreso a una reunión conjunta de su comisión permanente y la dirección del grupo parlamentario. Fuentes consultadas señalan que el líder socialista quiere refutar la idea de que el PSOE es una fuerza irrelevante frente a las negociaciones entre el PP y Ciudadanos.

   Pero, al mismo tiempo, pretende subrayar que la relevancia pasa precisamente por defender la posición que atacan aquellos que le acusan de ser irrelevante: la reafirmación de su oposición a la investidura de Rajoy. Incluso aquellos dirigentes que habían expresado en voz alta las dificultades que tendría el PSOE ante un pacto de 169 escaños PP-Ciudadanos, como ha sido el caso del presidente de la Comunidad Autónoma de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, estiman que el PSOE debe mantenerse firme en el no.

   

    

   

 

 

 

 

 

 

 

 

La condición `previa´

Por: Ernesto Ekaizer | 10 ago 2016

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   ¿Existe como tal lo que se ha venido a llamar la condición previa a las seis condiciones planteadas por Albert Rivera a Mariano Rajoy?

 Hay una cierta confusión al respecto.

  Está claro que para votar a favor (o para abstenerse o votar en contra) se necesita que el candidato acuda a la sesión de investidura.

  Y para ello se requiere fecha y hora.

  Por tanto, es una condición inherente a cualquier programa. Rivera no ha puesto, a juzgar por lo que ha declarado, ninguna fecha sobre la mesa. Tampoco ha sugerido un abanico de fechas ni plazos máximos. El candidato, pues, es quien va a decidir esa fecha.

  La obviedad de fijar una fecha ha obtenido gran atención. Algunos consideran que quizá sea lo más relevante de las exigencias.

  En realidad, si así se percibe es porque Rajoy ha dado muestras de que solo piensa acudir a una sesión de investidura si tiene los apoyos garantizados de antemano para ser investido. Fue el 21 de junio, cinco días antes de las elecciones, cuando advirtió: "A la investidura se va para ser investido".    

  Y sigue en sus trece.

  La pregunta es: con el sí exclusivo de Ciudadanos, caso de obtenerlo en las negociaciones, y quizá el de Coalición Canaria, ¿Rajoy llamará a Ana Pastor y le dirá que fije una fecha?

  Si nos atenemos al planteamiento defendido por Rajoy una y otra vez, esos 169 o 170 escaños, siendo un avance considerable, todavía no le aseguran la investidura. Por tanto, aceptar las condiciones de Rivera, caso de que previsiblemente la ejecutiva del PP así lo apruebe el próximo día 17 de agosto, ¿es seguro que conduzca por sí solo a levantar el teléfono rojo para señalar a la presidenta del Congreso de los Diputados la fecha de la primera y segunda votación de investidura?

   No lo parece. A menos que Rajoy provoque un giro copernicano.

  Lo lógico, desde su particular idea de la investidura, es que busque perfilar el pacto con Rivera, y una vez acordado, intente incorporar al PSOE al mismo, algo así como una versión adaptada del pacto antiyihadista.

  Para esto se tomará su tiempo. Ya someter la propuesta a la ejecutiva el próximo 17 de agosto supone alargar plazos.

  Y si, tras las negociaciones del sí de Rivera, no consigue a través de una nueva ronda de contactos con Pedro Sánchez, basados en la plataforma común con Rivera -en materia de corrupción y medidas económicas y sociales- la abstención del PSOE, ¿pedirá Rajoy a Pastor que ponga fecha a la investidura tirándose a la piscina como hiciera Pedro Sánchez en marzo pasado, apostando por la abstención in extremis de Podemos?

   Esta duda no está despejada en sentido positivo.

  ¿Tiene en la manga Rajoy una alternativa? ¿Puede ser el Partido Nacionalista Vasco, que afronta elecciones autonómicas el 25 de septiembre, esa alternativa?

  Es decir: un PNV necesitado de apoyos del PSOE y del PP para gobernar en Euskadi tras las elecciones del 25-S. Si confía en el PNV, Rajoy, con el PSOE instalado en el no, tendría que fijar fecha de investidura después del 25 de septiembre. Digamos los días 27 y 29. Para presentar a toda velocidad el 1 de octubre el proyecto de presupuestos generales del Estado.

 

 

Bankia y el enigma 6.913

Por: Ernesto Ekaizer | 03 ago 2016

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     El misterio de las provisiones de 6.913 millones de euros en Bankia sigue en pie. Las declaraciones de cinco funcionarios del Banco de España en calidad de testigos ante el juez Fernando Andreu  (imagen) han dejado sin aclarar al menos uno de los grandes misterios del caso de la salida a Bolsa de Bankia: los 6.913 millones de euros de provisiones (fondos que reservan las entidades bancarias para cubrir insolvencias/pérdidas) que anuncia el folleto aprobado por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) el 29 de junio de 2011.

   Los peritos judiciales, inspectores del Banco de España, Antonio Busquets y Víctor Sánchez, han calificado esos 6.913 millones como inexistentes, vaya, una invención. 

  Busquets, señala en su informe entregado al juez Andreu el 31 de marzo pasado lo siguiente: "La salida a Bolsa fue fraudulenta porque los estados financieros incumplían la normativa contable...El folleto informaba de la existencia de unas provisiones para insolvencia de 6.913 millones que eran falsas. Esta información se utilizó por Bankia como argumento comercial para transmitir a los potenciales compradores de las acciones una falsa idea de la seguridad de su inversión".

 Busquets incluye en su informe las notas técnicas elaboradas en el Banco de España por las direcciones generales de Regulación y de Supervisión.

  Y subraya: "La Dirección General de Regulación ratifica lo que ya indicaba en diciembre de 2010, que las provisiones por insolvencia de las cajas se consumieron a valor razonable [precio de mercado] y que no se traspasan ni se incorporan en los estados financieros, públicos o reservados de BFA, esto es, que no tienen impacto patrimonial ni económico".

    ¿Qué quiere decir? Las provisiones de las siete cajas que se fusionaron para crear Bankia no eran "traspasables" a la nueva entidad. Que si había, como dice el folleto, provisiones por valor de 6.913 millones, debían figurar en los libros de Bankia.

   Precisamente: el perito Sánchez sugiere en su informe que para conocer si existieron o no estas provisiones fantasma hay que determinar la fecha y el importe del cargo en la cuenta de resultados de Bankia a 31 de marzo de 2011. Es decir: hay que ir al libro diario donde presuntamente deberían figurar.

    Desde el que fuera director general de Supervisión de Bankia en el momento de la salida a Bolsa, Jerónimo Martínez Tello, hasta el actual, Mariano Herrera, pasando por el subdirector, Pedro Comín, el que fuera director general de Regulación, Julio Durán, y los inspectores Pedro González y Pedro Bravo, todos, han asegurado que esas provisiones existían. Hombre, si son las llamadas coloquialmente pepas. Las provisiones específicas pendientes de asignar.

    Pero, ¿de dónde salen las pepas? Y ¿dónde están registradas esas pepas por 6.913 millones de euros?

    El grupo de los cinco aseguró, en apoyo del socio auditor de Deloitte, Francisco Celma, responsable del seguimiento de Bankia, que en efecto esas provisiones existían. Aunque se leyó en alguna de las declaraciones la circular 4/2004 del Banco de España, donde brillan por su ausencia, los cinco no dudaron de su existencia legal ni real. En algún lugar debían estar. Se dijo que estaban en los "inventarios" y que eran un colchón suficiente.

   Esto de las pepas fue incluido en un informe que la comisión rectora del FROB (Fondo de Reordenación Ordenada Bancaria), el organismo creado durante la crisis financiera para canalizar las ayudas a las entidades financieras, solicitó al Banco de España en febrero de 2015, después que los peritos Sánchez y Busquets cuestionaran su existencia, en sus primeros informes, en diciembre de 2014. La comisión gestora del FROB, presidida por el subgobernador, Fernando Restoy, pedía un informe para contrarrestar los argumentos de los peritos. Como esto debía solicitarlo, en todo caso, al juzgado, ya que era y es acusación particular en la causa, resolvió hacerlo de manera "discreta": "Hay que mantener la menor visibilidad o injerencia del Banco de España". Eso dice el acta de la reunión del 24 de febrero de 2015.

    Los argumentos aportados por el Banco de España al FROB -de cuya existencia advirtió la defensa de Rodrigo Rato al pedir que se enviara al juzgado- eran contradictorios. La dirección general de Supervisión decía una cosa y la de Regulación, otra. La primera, que las pepas existían. La segunda, que no tenían  impacto económico. Es la nota técnica que cita Busquets en su informe.

    El juez Andreu consideró durante las declaraciones de la semana pasada, sin entrar al fondo del asunto, que los directores generales que formaban parte de la comisión gestora del FROB (Durán y Herrera, por ejemplo), es decir, peticionantes del informe técnico al Banco de España, y a la sazón participaron en la elaboración del mismo desde el Banco de España, habían incurrido en un conflicto de interés.

   Preguntó, por ejemplo, a Julio Durán, director general de Regulación en aquellos días y miembro de la comisión gestora del FROB, si no se había planteado abstenerse por ese conflicto, y preguntó de manera retórica si la conducta le parecía "moralmente admisible". El juez elevó el tono al plantear si "se podía instrumentalizar las instituciones para beneficio propio".

  A Herrera, Andreu le espetó que se trataba de una "artimaña".

  Bien.

  Si bien los hechos hablan por sí mismos, y como dijo el juez a Durán, no se necesita ser experto jurídico para saber que había un flagrante conflicto de interés y que se estaba utilizando las instituciones (FROB y Banco de España) para beneficio propio, esto es, en defensa de una actuación, el misterio de los 6.913 millones de euros sigue ahí. Esta cifra del folleto no disuadió en febrero pasado a la sala civil del Tribunal Supremo para calificarlo como un instrumento para engañar a los pequeños inversores.

   Las declaraciones no han desvelado, pues, el misterio que podríamos llamar el enigma 6.913. 

  Los funcionarios han echado una mano al socio auditor Francisco Celma y a Deloitte. Tanto el socio como la empresa habían insistido en sus declaraciones como imputados/investigados una y otra vez que actuaron en función de lo que los altos cargos del Banco de España les sugerían -excusa el Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas (ICAC)  desestimó, y que el Ministerio de Economía acaba de confirmar, al sancionar al auditor por falta muy grave y otras dos infracciones-, pero no han ayudado a identificar los 6.913 millones de euros, ese pretendido colchón para cubrir insolvencias de Bankia que, han asegurado, estaban en los "inventarios".

    Las declaraciones testificales continuarán en septiembre próximo. El día 5 prestará declaración José Antonio Casaus, jefe de equipo, lo que en la jerga llaman cabecera, de Bankia durante la salida a Bolsa del 20 de julio de 2011 y durante la reformulación de las cuentas posterior a la quiebra de 2012. 

    Y last but not least, el juez Andreu ha solicitado al Banco de España todas las comunicaciones (notas, agendas y comentarios, reuniones periódicas) que mantuvieron los equipos de inspección con los ejecutivos de Bankia en 2011. El abogado Andrés Herzog solicitó también, entre el material, los correos electrónicos intercambiados, un sistema habitualmente utilizado por los inspectores, y los ejecutivos.

  La caja negra, vaya.

 

 

 

Sobre el autor

, Buenos Aires, 1949. Ha trabajado, por este orden, en redacciones de televisión, revistas semanales y diarios en Argentina; trabaja, desde hace 36 años en Madrid, en diarios, revistas, radio y televisión. Ha escrito ocho libros.

Las materias de Analítica son
las de un viejo proverbio latino:
"Nada humano me es ajeno"...

Sobre el blog

El periodismo para seguir siéndolo debe ser Periodismo Analítico... O no será. El viejo adagio según el cual los periodistas son como mínimo tan buenos como sus fuentes requiere una actualización. Necesitamos, según dice el profesor norteamericano Mitchell Stephens, periodistas con cinco cualidades: Informados, Inteligentes, Interesantes, Industriosos, y, sobre todo, Perspicaces.

Periodismo analítico

Libros

Queríamos tanto a Luis
Terminada la investigación judicial, el relato más completo de la relación entre Luis Bárcenas y el presidente del PP y del Gobierno de España, Mariano Rajoy.

El caso Bárcenas (Editorial Espasa, 2013)
El autor sigue los rastros del tesorero nacional del Partido Popular desde su imputación en la trama corrupta de Francisco Correa.

Sed de Poder .La verdadera historia de Mario Conde (Espasa, 2012)
La crisis de Bankia y del sistema financiero español es una ocasión para revisitar la historia del ex presidente del Banco Español de Crédito (Banesto), destituido junto con su consejo de administración a finales de noviembre de 1993.

Indecentes. Crónica de un atraco perfecto (Espasa, 2012)
El relato, a partir de entrevistas e información inédita, hace un viaje hacia la gestación y estallido de una crisis que dará lugar a la Gran Depresión que afecta a la economía y la sociedad española.

Yo, Augusto (Aguilar, 2003)
Tras obtener, en abril de 2000, el Premio Ortega y Gasset de periodismo por su cobertura del caso Pinochet en las páginas de EL PAÍS, el autor publica este libro en coincidencia con el XXX aniversario del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973.

El Farol. La primera condena de Mario Conde (Temas de Hoy, 1997)
El 20 de marzo de 1997, la Audiencia Nacional condena a Mario Conde a seis años por los delitos de apropiación indebida y falsedad en documento mercantil. El delito: el pago de una factura de 600 millones de pesetas (3,07 millones de euros) en 1990 a una sociedad domiciliada en Antillas Holandesas.

Vendetta (Plaza & Janés, 1996)
He aquí la violenta historia de dos financieros: Mario Conde y Javier de la Rosa. Practican el chantaje con un doble objetivo: añadir dinero a sus capitales fuera de España y neutralizar la acción de la justicia mediante presión sobre las instituciones.

Banqueros de rapiña. Crónica secreta de Mario Conde (Plaza & Janés, 1994)
Título premonitorio. La rapiña. Este libro analiza la crisis de Banesto, las maniobras para conseguir salvar la entidad mediante un acuerdo de ampliación de capital, la mayor de la banca española hasta entonces.

José María Ruiz-Mateos. El último magnate (Plaza & Janés, 1985)
Una radiografía del imperio oficial y clandestino, del magnate de Jerez.

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