Hagamos ayuno digital

Por: | 18 de mayo de 2013

Vaca
                  Copyright Gloria Rodríguez http://www.gloriarodriguezphoto.com/index.php

Si es usted de esos que disfruta diciendo que está "tecnológicamente agotado" o que tiene "estrés tecnológico" -y créanme que hay gente que va por la vida diciendo estas cosas-, le proponemos un plan purificador y conventual para el fin de semana: Hagamos un ayuno digital. Y aclaro que en este caso el plural es absolutamente mayestático.

Aunque los gurús de los mercados de las tendencias vaticinaron que 2011 sería el año del D-teching, una idea de desconexión que supuestamente se apoderaría de nosotros y nos haría cancelar el ADSL y volver a los teléfonos sin Internet, esto nunca ha pasado. Los gurús a veces se equivocan.

Vaya por delante que el concepto D-teching no nació con vocación fundamentalista. Por tanto no pretende demonizar la tecnología y no aboga por la purificación total, sólo propone un ayuno temporal que hipotéticamente frene la invasión de la tecnología en cada uno de los actos de nuestra vida.  

La dieta digital

La historia que contaremos aquí es totalmente real. Su protagonista es Daniel Sieberg, ex reportero de Tecnología de CBS News y ex adicto confeso a Internet y a todos los gadgets que en el mundo han sido. Se sometió voluntariamente a un ayuno digital controlado por un corto período de tiempo, quizás un fin de semana o unos cinco días. Mucho más llevadero que el experimento extremo de Paul Miller que estuvo un año desconectado y cuya experiencia contábamos en este post.  

Para reconocer si estamos siendo invadidos por la tecnología y necesitamos someternos a un retiro digital, Sieberg, que era una especie de cobaya a la que las marcas enviaban sus nuevos juguetes, propone que intentemos contestar de modo honesto estas preguntas: 

  • ¿Alguna vez ha experimentado la urgencia de sacar su teléfono mientras otra persona está teniendo una conversación  importante con usted?
  • ¿Ha sentido en alguna ocasión que algo no ha pasado realmente hasta que usted no lo ha publicado en su Facebook, Twitter, Instagram, etc.?
  • ¿El parpadeo de la luz roja de su Blackberry (o la sucesión de notificaciones de Whatsapp) acelera sus pulsaciones? 
  • ¿Suele pasar tiempo en silencio con su pareja u otra persona querida porque cada uno está inmerso en su universo digital? 

(Solo usted sabrá cuántas respuestas positivas merecen que usted se retire un fin de semana de Internet. Desde aquí no le vamos a hacer el trabajo sucio). 

Sieberg debió responder a todo que sí porque concluyó que era "un obeso digital" y se puso a régimen. Luego contó su experiencia en el libro  The Digital Diet, un libro publicado en 2011 donde transformó su dieta severa en un flexible y pragmático sistema de cuatro pasos que permite hacer retiros digitales a la carta, léase de fin de semana, de verano o de invierno. Y que a mi parecer sigue siendo el método más fácil de renunciar un par de días a Internet

PASO 1 REPENSAR

Consiste en intentar determinar cuánto tiempo de tu vida pasas en Internet. Dice Daniel Sieberg que dedicar dos horas diarias a  actualizar Facebook y Twitter, o a “esculpir la imagen on line” y, en general, a navegar por Internet sin motivos concretos no suena demasiado terrible. Sin embargo, a final del año la suma son de casi 30 días “perdidos en el éter”. “Y esto es sólo el coste cuantitativo, sin considerar lo que se ha sacrificado en términos de privacidad, identidad personal y horas de sueño”.

 PASO 2 REINICIAR (Fase de desintoxicación)

Sieberg recomienda empezar la desintoxicación un fin de semana. Lo primero es alejar la tentación tecnológica, guardar todos los gadgets, incluido el teléfono, en una caja y quitarlos del campo visual. Lo segundo, es confiar a alguien lúcido las contraseñas de los perfiles de las redes sociales. La misión de esta persona será cambiar las contraseñas por unas nuevas y desconocidas para el practicante del retiro, que deberá grabar un mensaje en su teléfono disculpándose por no estar disponible en los próximos tres días. No serán necesarias más explicaciones. El  email deberá ser revisado una vez al día (y se recomienda hacerlo en las horas de la noche). La finalidad es reducir al mínimo la presencia de la tecnología durante un fin de semana durante el cual se espera que la persona en cuestión lea (preferentemente páginas impresas de un libro, no desde una pantalla), practique algo de ejercicio físico o se entrene en la conversación cara a  cara (en caso de que se hayan perdido la paciencia y algunas habilidades sociales).

 PASO 3. RECONECTAR

 Asegura su creador, que el propósito de este ayuno no es una cruzada contra los aparatos electrónicos o la presencia digital del implicado, sino recolocar la vida on line en el  sitio adecuado. Una de las variables a controlar es la duración del día electrónico, entendiéndose por ello las horas que pasamos entregados al móvil o al ordenador. Durante la fase 2, de desintoxicación, las horas del día digital (e-day) deben ser mínimas, cercanas a cero. Pero el objetivo final es conseguir una presencia digital balanceada. En esta fase el e-day puede ir alárgandose pero deben quedar establecidos los límites de los nuevos hábitos digitales. Por ejemplo, aún cuando esté despierto, no responda un email a las dos de la madrugada. No duerma con sus gadgets en la habitación (intente despertarse con un reloj despertador como hace 15 años). De este modo, su día electrónico comenzará más tarde y no cuando abre los ojos y revisa el email como primer acto del día.Para Sieberg. La duración razonable de un día electrónico oscila entre 90 minutos y tres horas.

PASO 4. REACTIVAR

El ayuno habrá funcionado si el sujeto consigue renovar las relaciones personales abandonadas por la vida digital. “Este régimen debería ayudar a recuperar la cordura y el juicio en nuestra relación con la tecnología y las personas”, explica Sieberg que ha elaborado unas reglas digitales que deberán ser respetadas y repetidas como un mantra en esta fase del retiro.  A saber:

. Vivo en el mundo real. Es bueno saber de amigos y familiares a través de las Redes Sociales pero no debe permitir que la pantalla sea nuestra única conexión.

. Tengo que elegir entre personas o aparatos.

. No tendré miedo a estar desconectado. Puedo retomar el Paso 2 (Fase de Desintoxicación) una vez al mes para recordar cómo era la vida antes de Internet.

. Confiaré en mis instintos. Si creo que estoy perdiendo mucho tiempo vagando por las redes sociales, jugando on line o mandando Whatsapps, seguramente será cierto.

. Eliminaré de mi conducta comportamientos groseros como plantar el móvil encima de la mesa durante una cena. 

Asegura Daniel Sieberg que este es el ayuno digital menos radical posible, y que luego es posible retornar a la vida normal de las dos horas en Facebook sin grandes traumas.

Pero si usted se considera un verdadero yonqui de Internet, le sobra el dinero o simplemente está buscando un plan de amor y lujo y todo esto de la desconexión tecnológica es solo una excusa, sepa que hoteles como el Barceló Sancti Petri Spa Resort tiene un plan de "desintoxicación del mundo 2.0" para eliminar "el estrés tecnológico".  El ayuno dura siete días y el móvil y cualquier otro aparato tecnológico quedarán requisados en la recepción del hotel hasta el final de la terapia.

Otra cadena hotelera,The Marriot  asegura que han detectado el deseo de sus clientes de someterse a una desintoxicación digital durante sus vacaciones y,de momento, han creado zonas libres de tecnología en sus hoteles. 

Puedo prometer y prometo que nadie nos paga por hacer publicidad de un sitio ni de otro. Pero pienso que habrá entre nuestros lectores quienes prefieran desconectar desde un hotel de cinco estrellas, si se lo pueden permitir. El sufrimiento con lujo se lleva mejor. Dicen. 

Terapia para ignorar las broncas en Internet

Por: | 16 de mayo de 2013

Broncas2

Llegados a este momento histórico de horas vividas en Internet es casi seguro que usted como yo habrá participado con mayor o menor pasión en broncas on line. Seguramente con mucha pasión porque así son las discusiones en la red. Si usted es de los que ha logrado dominar sus impulsos más primarios, puede postularse a merecedor de un monumento a la contención y a la prudencia.  

Es probable que a estas alturas ya haya aprendido que las broncas en Internet no conducen a ningún sitio, que unos dan la cara y otros no, que unos insultan mucho y otros, mucho más, y que al final, como todo lo que sube baja, una de las partes decidirá ignorar a la otra, dará la espalda y dará por finiquitada la bronca. Si es usted de los que se ha quedado con una bronca a medias pocas historias podrán hacerle sobre la rabia y la frustración de la raza humana.

De lo que se trata, entonces, es de aprender a ser los primeros en ignorar al otro. Una vez que tenemos claro que la única manera de ganar una bronca en Internet es darnos la vuelta primero y dejar al otro con la miel en los labios, debemos ejercitar el arte de pasar de los que buscan bronca virtual. 

Para ello repasemos algunas de las leyes de las peleas en Internet que publicó en su día en periódico Daily Telegraph, reprodujeron varios blogs, y ahora replicamos en Antigurú. 

A saber: 

Ley de Godwin (enunciada por Mike Godwing en 1990)

A medida que una discusión en internet se alarga, crece exponencialmente la probabilidad de que se emplee una comparación en la que se mencione a Hitler, al fascismo o al Holocausto. 

Ley de Poe (enunciada por Nathan Poe en 2005 durante una discusión con fundamentalistas cristianos)

Si no se utiliza un smiley (emoticono de sonrisa), o alguna otra prueba obvia de la naturaleza humorística del texto es imposible crear una parodia del fundamentalismo sin que haya al menos una persona que la confunda con una pieza de fundamentalismo real.

Ley de Skitt (atribuida a G. Bryan Lord en 1998)

Cualquier post que que intente corregir el post de otro usuario contendrá a su vez otro error (al menos). Mientras más pedante es la corrección, mayor suele ser el número de errores.

Ley de Scopie

En cualquier discusión sobre ciencia o medicina, citar a Whale.to como fuente fiable equivaldrá a perder la discusión automáticamente y a ser expulsado del foro.(Whale.to es una web especializada en publicar teorías de la conspiración. Por ejemplo,que el SIDA es la consecuencia de una campaña de vacunación o que el Holocausto nunca existió). 

Ley de Danth 

Si te ves obligado a repetir una y otra vez que has ganado una discusión en Internet, es muy probable que la hayas perdido estrepitosamente.

Ley de Pommer (enunciada por Rob Pommer en 2007)

La opinión de una persona suele cambiar tras navegar brevemente por Internet. La naturaleza del cambio es dramática: se pasa de no tener opinión alguna a tener una equivocada.

Segunda Ley de DeMyer

Cualquier persona que argumente con largas citas de personalidades más o menos célebres será ignorada automáticamente. Se considerará que ha perdido la discusión antes de haberla comenzado. 

Ley de la exclamación

A más número de signos de exclamación en un correo electrónico (o cualquier otro mensaje en Internet) crecen las probabilidades de que el autor esté mintiendo. Es también aplicable al uso indiscriminado de las mayúsculas. 

Aquí pueden consultar todas las leyes, según la recopilación de Daily Telegraph

Todas estas reglas señalan al menos un punto en común: no hay manera de mantener una bronca coherente en Internet, y lo mejor sigue siendo por tanto, no tenerla

Un experto en broncas, concretamente las de Twitter, @juanliverpool, creador del blog Twitterbroncas me habló un día de la Filosofía del pa qué como de la guía espiritual por la que debe guiarse todo usuario sabio que esté ejercitando el arte de la indiferencia digital. En aquel momento se refería a la actitud asilvestrada de algunos famosos en Twitter: "Para pinchar a un famoso funciona el insulto más básico que tengas a mano, tienen que aprender a no entrar en terreno farragoso, a aplicar la filosofía del pa qué (pa qué voy a entrar al trapo, pa qué voy a contestar, pa qué ...)". Por supuesto, para provocar a cualquier mortal también se necesita muy poco.

Estas son algunas de las  broncas que recopiló @juanliverpool en su blog  

La foto (6)

Felibroncas

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Seguramente es la pregunta que se hicieron todos en su día cuando ya el mal estaba hecho y alguien había sido lo suficientemente rápido para hacer estos pantallazos. Seguramente muchos de ellos hacen terapia para ignorar las broncas en Internet o incluso, algo más drástico, para no leer los comentarios que sobre ellos vierte la humanidad en este patio de vecinos.

Según la teoría  del psiquiatra de la Escuela de Medicina de Stanford University, Elias Aboujade, algunos se conectan a Internet y entran automáticamente en un delirio de grandeza fuerza y poder. Una vez desconectados vuelven a ser quien eran. Así, sin aparente solución de continuidad. Esto explica que alguien que es comprador compulsivo on line no lo sea fuera de la red, o que un ludópata digital no haya pisado nunca un casino en su vida analógica.

Elias Aboujaode lo llama El efecto Internet, y lo describe en su libro Virtually You (2011). En otras palabras, usted NO es exactamente usted cuando insulta por Internet, ni tampoco lo es quien que se enzarza con usted en la bronca. 

Dice Aboujade que cuando nos sentamos frente al ordenador nos ponemos el disfraz de nuestra personalidad on line, (e-personality). Este personaje respondón y desinhibido está dominado por cinco fuerzas psicológicas, según el experto de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford.

A saber:

  • Grandiosidad: El sentimiento de que, cuando estamos conectados, el cielo es el único límite que hay sobre nuestras cabezas.
  • Narcisismo: Tendemos a pensar en nosotros mismos como si fuéramos el centro de gravedad del universo digital.
  • Oscuridad: La Red alimenta nuestro lado más morboso.
  • Regresión: Todos nos comportamos como adolescentes.
  • Impulsividad: Nos ponemos a merced de nuestros impulsos.

Según el psiquiatra, todos estamos expuestos en algún grado a sufrir transformaciones en este sentido cada vez que nos conectamos. Todo esto aderezado con el anonimato y la desinhibición on line, otro teoría más conocida que postuló el psicólogo social John Suler equivalen a una licencia para matar

Así que lo mejor es practicar desde hoy el ejercicio de ignorar al que quiera bronca en la red, ¿Cómo reconocerlo? Si esto fuera un blog de expertos haría inmediatamente la lista definitiva de Diez pasos para evitar broncas en Internet. Como no lo es, solo puedo decirle que, salvo casos muy obvios, es difícil saber qué parte de tu discurso puede irritar a otra persona, entre otras cosas porque en Internet nunca sabemos exactamente con quién hablamos o quién puede estar del otro lado. Es el precio de la comunicación global.

Una vez que estás metido de lleno en la bronca, intenta borrar el comentario de la discordia y huye sin dar explicaciones. No te desgastes elaborando argumentos que desmonten la teoría de tu oponente. Eso solo traerá más polémica y no pondrá fin a la bronca. Todo lo contrario. No sigas ese instinto tan humano de la venganza respondiendo al insulto con otro peor y mucho más ingenioso.

Si usted se ve en medio de una bronca absurda, y en alguna medida todas lo son, huya a toda prisa sin mirar atrás. Recuerde que el único que gana es quien da la espalda primero y deja al otro con la miel en los labios. 

Cuando sea todo un profesional, simplemente pondrá en marcha la máquina de ignorar, esquivará con maestría los insultos e irá a lo suyo que es lo que realmente importa. Es cuestión de tesón y práctica. Ha de ponerse a entrenar desde hoy, incluso desde ahora, resistiendo la tentación de escribir un insulto en los comentarios abiertos de este blog. Pa qué?   

Consultorio Antigurú: Hashtags #como #si #no #hubiera #un #mañana

Por: | 10 de mayo de 2013

Hashtag2

#no #necesitas #poner #un #hashtag #en #todas #las #palabras #que #usas #en #Instagram.

Eso es así. 

De esto va el consultorio de hoy. De esa gente que deja etiquetas sin orden ni concierto allá donde vaya: en Twitter, en Instagram, en Pinterest, incluso en Facebook, donde no tienen sentido ni función alguna. Nos dedicaremos a la red de moda, Instagram donde la presencia de hashtags es cercana a la pandemia global.

Todo gurú de Instagram que se precie conoce el famoso artículo de Mashable donde quedaron acuñados las etiquetas más populares de esa red social. La lista llega a veinte y, en teoría, si usted utiliza una de esas etiquetas sus fotos serán más populares, conseguirán más Likes y más seguidores. En resumen, sus fotos llegarán más lejos.

#Picoftheday (la foto del día) y #nofilter (sin filtro) están entre los más empleados. Sin embargo, todo el mundo sabe que la etiqueta #nofilter es más bien una mentira piadosa. Concedo que quizás haya un 0,1% de la población mundial que no use los filtros de Instagram en sus fotos, pero les aseguro que son muchos más los que aseguran en esa red social que sus fotos están hechas con luz natural. #nofilter, ¿De verdad?

Por otra parte, el uso de #picoftheday se supone excepcional. La foto del día debe ser LA FOTO, pero si usted publica cuatro diarias con esa etiqueta, el personal se acabará cansando de su autoestima desenfrenada y perderá toda credibilidad.

Estas son algunas de las etiquetas más populares:

  •  Para las fotos de comida:

#instañam #love #instagood #instafood
#food #yum #yummy #sharefood #breakfast #brunch #dinner #lunch #dessert #recipe
#bacon #eggs #chocolat #icecream #pie #sandwich #salad #sweets #cooking

  •  Para las fotos de paisajes, playas y naturaleza en general:

#leaves #lonely #location #landscape #landscapes #loneliness #trees #thevillage #beautifulplace #fall #fields #forest #road #railway #december #dark #alone #autumn #autumnsky #autumncolor #love

  •  Para modas y estilismos varios:

 #love #cute #girl #fashion #design #beauty #style #cool #special #outfits #tops #jeans #mensfashion #trend #trends #fashionlover #menswear #men #instafashion

  •  Para viajes, excursiones y visitas a ciudades:

#love #travel #trip #summer #vacation #outdoors #architecture #nature #landscape #vacation #visiting #instatravel #roadtrip #mytravelgram #travelingram

Por supuesto, #iger (+la ciudad donde estéis)

Aunque Instagram pone en 30 el límite de hashtags a emplear, desde aquí le advertimos que el uso de diez hashtag consecutivos en la misma foto es un hecho sin explicación racional alguna y que sospechamos relacionado con el horror vacui.

Desde el punto de vista técnico la peor de las consecuencias de abusar de los hashtags es que cuando alguien se ponga a buscar fotos por etiqueta podrá encontrar cualquier cosa menos organización y buenas fotografías. Para su vida social las consecuencias serán mucho más duras: el hartazgo que produce la profusión de etiquetas por todas partes está alcanzando cotas difíciles de imaginar. Aquí Storify se ha hecho eco del clamor popular contra el uso irracional de etiquetas en Instagram.

Si con todo esto no consigo convencerle de moderar los  hashtags a un número razonable (entre dos y tres) por foto, les propondo echar un vistazo a este artículo de Sol León.

Y como recurso último y desesperado acudo a Juan Pablo Puerta, ingeniero y mente cartesiana de este consultorio para que nos ilumine con sus argumentos contundentes. Es decir, para qué fueron creados y para qué debemos usar los hashtags.

La función de los hashtags es clara: seguir la conversación de una forma no lineal y que no dependa solo de lo nos cuentan nuestros amigos. Cada tag (etiqueta) es una entrada a una de otras fotos de Instagram que -cuando tiene sentido, no es demasiado rebuscado y es adoptado por la mayoría- funciona como una suerte de armonía cibernética.

 El hecho de que tenga un hash delante viene de la nomenclatura de los canales de IRC (que por si hay alguien despistado es una forma aún muy usada de chatear con varios cientos de personas en Internet). Los canales, que iban separados por temas, empezaban por un hash si eran compartidos entre varios servidores, o por un ampersand si eran locales del servidor. El hashtag denota tanto la especificidad de un tema, la elección libre (como los canales de IRC, que los creaba quien quisiera y los cerraba el último en usarlo) y la naturaleza distribuida de los mismos.  

Ahora bien, ¿quién fue el genio que trasladó esto desde el IRC a Twitter? Fue, nada más y nada menos que el caballero Chris Messina (no el actor, el otro), que es, además, el padre del movimiento coworking (al menos, fue quien acuñó el término) y uno de los responsables de la adopción de Firefox a nivel mundial. 

Los hashtags se han convertido en una manera perfecta de sincronizar conversaciones. Han permitido pasar de una conversación entre amigos a elegir el “canal” que queremos escuchar.

En entornos donde la sincronización es complicada, cómo en las conferencias, los oradores suelen elegir el hashtag con antelación para que los oyentes puedan comentar la ponencia en tiempo real.

Otros servicios más cerrados (como Facebook) hacen que los pobres que se empeñan en usarlos con hashtag queden como modernos de pueblo. Gente que quiere ir de enterada, pero que no termina de pillar el rollo al asunto. 

Pues eso, digamos que abusar de los hashtags es un síntoma de chonismo y mal gusto.

Palabra de Antigurú. 

Un año sin Internet y te quedas más solo que la una

Por: | 06 de mayo de 2013

NoInternet

Uno de los experimentos más extremos de la era digital lo puso en marcha Paul Miller, un redactor de tecnología del blog The Verge, conectado permanentemente y cuyo trabajo consistía en probar todo tipo de juguetes tecnológicos.

Ya hemos hablado en un post anterior de su misión: No conectarse a Internet durante todo un año. Pues bien, el año ha pasado, la misión ha concluido y nuestro hombre vuelve al redil (léase a Internet) con el rabo entre las piernas. 

Poco ha quedado de los tintes épicos de los primeros meses de su experimento -él mismo reconoció que por un momento fantaseó con la idea de ser una especie de salvador de la humanidad que revelaría al mundo cómo Internet era una especie de maleficio que estaba "corrompiendo su alma". 

Paul tenía 26 años cuando se sometió por voluntad propia a su particular travesía del desierto. Pensó que perdería su trabajo, pero a los editores de The Verge la experiencia les pareció suficientemente excéntrica como para seguirle pagando su sueldo a cambio de que una vez por semana contara su vida de desconectado.

Este es el diario de su año sabático sin Internet. Unas crónicas que tecleaba en su casa y luego llevaba en metro a la redacción en un pen drive para que una colega lo subiera a la web. 

 Veamos lo que cuenta en esta especie de declaración de principios que él titula I am still here back on line after a year without the Internet (Aquí estoy todavía. La vuelta on line después de un año sin Internet). 

"Estaba equivocado". Así empieza su Mea Culpa. Paul dice que ha conseguido su propósito: ser un hombre 100% libre de Internet durante 365 días. Un tiempo durante el cual no ha revisado su email, no ha navegado por la web ni ha puesto un Like en sitio alguno.

Según cuenta, se salió de Internet porque pensaba que lo estaba convirtiendo en una persona improductiva e impaciente, y confiaba que un año de desintoxicación digital le transformaría en una especie de Mesías, un iluminado que contaría al mundo cómo renunciar a Internet lo había convertido en "un ser real y casi perfecto". 

Sin embargo -cuenta en The Verge-, el día que se disponía a contar su experiencia se despertó a las ocho de la tarde después de dormir todo el día, y con ocho mensajes de voz acumulados en el buzón de su teléfono. Antes de sentarse a trabajar, recogió dos periódicos y la revista The New Yorker del café más próximo. Entre medias vio Toy Story. Y todavía dio varias vueltas antes de empezar a escribir.

Primera conclusión: Internet nos distrae y mucho, pero no es lo único. Puestos a dispersarnos, a ser improductivos, y -para usar esa palabra tan moderna, a procrastinar-, disponemos de infinitos recursos en el mundo off line.  

I Etapa. La inocencia

A las 23.59 del 30 de abril de 2012, Paul apagó su router. Cambió su smartphone por un teléfono móvil de primera generación y se sintió liberado. Dos semanas después asistió a una reunión de judíos ultra ortodoxos en Nueva York que aprendían de los rabinos más respetados cuáles eran los peligros de Internet. "Está reprogramando nuestras relaciones, nuestras emociones y nuestra sensibilidad", decían. Los nuevos amigos de Paul lo animaban a "parar y disfrutar del olor de las flores". Paul pensó que tenía por delante un año espléndido. 

"Mi vida se lleno de acontecimientos: encuentros con personas en la vida real, paseos en bici, y literatura griega. Sin saber cómo, escribí la mitad de mi novela y conseguí entregar mi artículo a tiempo cada semana". Además, Paul perdió cerca de siete kilogramos y se compró ropa nueva. La gente le decía lo bien que estaba y lo feliz que parecía

Aunque se sentía un poco solo y bastante aburrido estaba contento con el cambio. En el mes de agosto escribió en su diario: "El aburrimiento y la ausencia de estímulos constantes me ayudan a concentrarme en las cosas que realmente importan, como escribir y pasar tiempo con los demás". 

Su atención mejoró y pudo leer cien páginas de La Odisea de una sentada. Antes leer diez seguidas le costaba lo suyo. Notó que al estar fuera de la influencia de Internet sus ideas eran diferentes a las del resto. Se sentía un poco excéntrico y eso le gustaba. 

Sin su Iphone (y sin el Imessage, tan popular en Estados Unidos como el Whatsapp entre nosotros) Paul se vio obligado a dar la cara y a aprender a manejarse en situaciones sociales incómodas, que antes solía sortear con mensajes de textos y emoticonos de sonrisitas y guiños. Como también había renunciado a sus seguidores de Twitter tuvo que ir a buscarlos a la vida real. Se sentía más conectado con la gente y con su familia. "Menos capullo, básicamente", dice en su artículo. Y apunta un hecho inédito e inexplicable en su vida: "He llorado viendo Los Miserables". 

En aquellos primeros meses estaba seguro de que su hipótesis era correcta. Liberarse de Internet lo convertiría en una versión mejor de sí mismo. 

II Etapa. La realidad

Contra todo pronóstico, los asuntos prácticos como consultar un mapa (de papel) o comprar un billete de avión (lo hacía por teléfono) no fueron un problema durante el año de abstinencia. 

Lo que sí supuso un verdadero obstáculo fue la lentitud del correo. Durante ese año, Paul adquirió un apartado postal y en los primeros meses le causaba gran alegría encontrar su buzón repleto de cartas tangibles de sus lectores anti Internet, impresas en papel, algunas manuscritas. Pero al tiempo, empezó a sentir remordimientos al comprobar que no estaba dispuesto a contestar ni a corresponder a semejante avalancha de gratitud. Debía hacerlo por misivas impresas que debían enviarse por correo postal. "Por alguna razón, ir a Correos empezó a sonarme como otro trabajo". Al poco tiempo empezó a temer a las cartas y a sentir cierto resentimiento hacia ellas. "Comprobé que responder una docena de cartas a la semana era tan agobiante como gestionar cientos de emails en un día". 

Y dejó de culpar a Internet de todas sus desgracias. "Un buen libro es un gran motivo para leer tengas o no Internet. Salir de casa y pasar tiempo con tus amigos es una elección personal que tampoco está tan condicionada por tener o no una conexión disponible", explica. 

A finales de 2012 Paul había adoptado un nuevo estilo de vida. "Había abandonado mis buenos hábitos de los primeros meses  y había descubierto nuevos vicios off line. "En lugar de aprovechar la ausencia de la hiperestimulación de la red para ser más creativo, me convertí en un consumidor pasivo y en un marginado social". 

"En un año apenas cogí la bici (...) La mayoría de las semanas no salía con mis amigos ni una vez. Mi lugar favorito era el sofá, y mi postura natural, subir los pies a la mesa del salón para jugar a Borderlands 2 o Skate 3

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El extraño caso de la dama que quedó con 100 hombres en 100 días

Por: | 03 de mayo de 2013

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                                                                                                            photobucket.com

Buscar pareja en Internet en un trabajo a tiempo completo. Hay que dedicarle horas, organizarse y trazar una estrategia clara para conseguir el objetivo (por cierto, hay que tener un objetivo). La única diferencia es que no te pagan por ello, algo que tampoco sucede en algunos trabajos. 

La historia de la señora que salió con 100 hombres en 100 días la he encontrado en The Guardian y me reafirma en mi teoría. Aunque pueden leer aquí el original (sostengo que los lectores de este blog son políglotas y cosmopolitas), me permito resumir este extraño caso. 

  • Se llama Twist Phelan, recién divorciada después de un matrimonio de 20 años. "Una novicia en el mercado", según sus propias palabras. Se mudó a Denver donde no conocía a nadie, solo a su primo Erin que le abrió un perfil en una página de búsqueda de parejas. Ella dice que nunca hace las cosas a medias y que decidió dedicarse al asunto en cuerpo y alma. Así decidió conocer a 100 hombres en 100 días. 
  • Completó su perfil donde se describía como alta y espectacular, y tres días después tenía 1.000 peticiones. Twist lo explica porque es muy fotogénica y escogió una foto muy buena. Digamos que algo tuvo que ver el hecho de ser rubia y alta. Aunque nunca se sabe. 
  • "Descartar a los raros e identificar a los posibles candidatos se convirtió en un trabajo a tiempo completo", dice. No empezó a salir con ellos de inmediato, sino que estableció "un protocolo estricto: Primero, intercambio de varios correos electrónicos; luego, llamadas por teléfono durante algunas semanas; y solo cuando se aseguraba de que el pretendiente podría ser lo suficientemente interesante, arreglaba una cita. 
  • Siempre en el mismo restaurante. Siempre en la misma mesa. Necesitaba un sitio "familiar" para sentirse cómoda con "un extraño". Informó a los camareros de su plan y ellos acabaron siendo sus cómplices. 
  • Con 100 candidatos sobre la mesa comprobó lo frecuente que son en su generación nombres como Marks, David y Stephens. Así que organizó una carpeta con las características de cada uno para no confundirlos. "Si alguno llamaba cuando no podía consultar mis datos, intentaba mantener una conversación neutra para evitar errores". 
  • Llegó a tener hasta tres citas en una noche. Se cambiaba de ropa en su coche para cada una de ellas. "Todas merecían que estuviera fresca y guapa, nunca sabría cuál sería la buena". Algunos de sus candidatos comentaban que ella apenas comía, pero nuestra chica tenía que cenar tres veces. Los camareros la ayudaban a que nunca hubiera el plato que ella pedía. No le contó a ninguno que competía con otros cien candidatos. "Podrían sentirse parte de una estratagema y yo solo estaba buscando el amor". 
  • Solo fue a una segunda cita con doce posibles pretendientes y no se acostó con ninguno. Llegó al final de su particular maratón sin que hubiera química en ningún caso. 
  • Celebró una cena con su primo para celebrar la final de su experimento y extrañamente no se sintió derrotada por no haber encontrado el amor. Había conseguido hacer de Denver su casa y había hecho seis buenos amigos. 
  • Como aún no estaba harta de los sitios de buscar pareja en Internet volvió al lugar del crimen y navegando encontró a un tal Jack que "le entró por los ojos" ... pero buscaba a una chica morena y bajita. Recordemos que nuestra chica es rubia y alta. No obstante, lo contactó. Se encontraron en una galería de arte. 
  • Según Twist, cuando se conocieron quedó clara la diferencia entre esta cita y todas las anteriores. "Todos los tópicos se cumplieron: No podía dejar de mirar sus ojos azules, hablamos hasta que el bar cerró y nunca he podido recordar de qué ... tres años después nos casamos y seis de mis candidatos a pareja vinieron a la boda". 

Fin de la historia (de esta porque hay más y mejor). 

Otro caso que confirma mi teoría es el de Amy Webb que convirtió su experiencia de buscar pareja en Internet en una obra de ingeniería que ha terminado siendo el libro Data, A Love Story: How I gamed Online Dating to Meet My Match, publicado en enero en Estados Unidos y que desde aquí exijo a cualquier editorial española que se haga cargo del asunto ya.

Amy es una experta en interpretación de digital data. Después de tres años en Match.com y en  Jdate.com (un portal para citas entre judíos) solo conseguía salir con personajes contrarios a los que ella estaba buscando. Entonces decidió poner sus conocimientos de ingeniería en función de su objetivo vital: encontrar pareja. 

Amy creó diez perfiles masculinos, los arquetipos de sus chicos ideales, y los subió al portal. Entonces se dedicó a interactuar con las mujeres que se atrevían a pedir citas con estos hombres alfa (coincidentemente, eran las más populares del sitio). Conoció (virtualmente) a 96 mujeres y catalogó su comportamiento, el lenguaje que usaban, el tiempo que tardaban en contestar un mensaje. “Simplemente quería aprender de la competencia”. 

Y esto fue lo que descubrió:
  • Las chicas populares usan un lenguaje aspiracional, algo así como: “Me gustaría viajar …” o “Mi gran ambición es …”. Sus descripciones eran cortas y genéricas y mentían sobre algunas características físicas, la altura por ejemplo. Contrario a lo que podríamos imaginar se quitaban centímetros (conocedoras de que los hombres mienten, diciendo que son más altos).
  •  Sus perfiles están redactados en un tono informal y espontáneo. Amy entendió que el suyo era muy estirado y profesional, casi como un curriculum. “Nunca me había referido a mí como una chica ni había dicho que era divertida”. Así dejó su perfil en 500 palabras que decían lo justo.
  • Sus galerías tienen entre tres y cinco fotos. Cuando publicaban más de cinco, el interés empezaba a decaer, según el análisis de datos que hizo Amy.
  • Cuando alguien les envía un mensaje y ellas estaban on line, respondían inmediatamente. Los intercambios por email son muy lentos, tardan entre 23 y 24 horas.
  • Solo mencionan sus hobbies si no son muy raros. Por ejemplo, Amy es cinturón negro de Aikido, y esto solo le trajo problemas y bromas de mal gusto en la primera cita.
  • Casi nunca mencionan su trabajo, especialmente si tenían una carrera profesional sorprendente. Según las investigaciones de Amy, los hombres con carreras de éxito no se sentían atraídos por posibles competidoras.
  • Las mujeres con pelo rizado no tienen mucho éxito. Amy lo tiene negro y muy rizado. “No lo puedo explicar, no hay razones, yo solo menciono datos, y la mayoría de los hombres prefieren mujeres con el pelo largo y liso”. Así es Amy: 
Amy2

  • Su consejo para las que lo tienen rizado es que hagan la prueba de colgar una foto en su perfil con el pelo liso. 

Con estos datos, Amy Webb creó para ella un superperfil, que consiguió a la primera más de 60 flechazos de parejas potenciales que se parecían más a los hombres que ella buscaba. Entre ellos un judío que a ella le pareció inteligente y divertido y que ha sido hasta hoy su última cita.

Moraleja: Buscar pareja en Internet (si va en serio) requiere tesón, estrategia, inteligencia y el empleo de una jornada laboral completa. Si es lo que quiere, no improvise y póngase a trabajar. Y si le da pereza -algo muy comprensible viendo el trabajo que supone, siga en manos de la casualidad pero no se queje de su suerte en el amor.  

PD. Por el momento, no disponemos de datos para los lectores masculinos de este blog, pero estamos en ello. Paciencia. 

Antigurú

Sobre el blog

Agotada de la alta concentración por metro cuadrado de gurús de las redes sociales, en este sitio se levanta un muro de contención: Todos somos torpes y primerizos en la jungla digital. No hay expertos. Eso, al menos, es lo que enseñan en la Universidad de Stanford, donde se ha inventado casi todo y nadie se proclama gurú de nada. Este es, pues, un lugar para reírse de los tropezones en Internet. El viernes abrimos consultorio. Pregunte sin piedad, porque más temprano que tarde todos tendremos nuestro minuto de miseria digital.

Sobre la autora

Karelia Vázquez

es periodista. Escribe en El País Semanal desde 2002, y en Marie Claire, desde 2005. Es la primera española que obtiene una beca J. S. Knight en la Universidad de Stanford (California), que le permitió, entre otras cosas, vivir una temporada en Palo Alto, el Dorado de las nuevas tecnologías, comprar en el mismo supermercado que Mark Zuckerberg y compartir plaza de garaje con los chicos de Facebook. También ir a clases de Clifford Nass, Clay Shirky, Evgeny Morozov y otros -esta vez sí- gurús de la era digital. Es autora del blog “Vivo entre Google y Facebook”, porque así era literalmente. Ha sido cobaya de variados experimentos extremos en Internet, y este blog no pretende ser ni más ni menos, que eso: Un sitio para radicales.

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