10 ago 2011

El gran maestro Català-Roca

Por: Antonio Espejo

Volver a pisar asfalto después de hacerlo en la arena de las playas, cuesta un poco. Menos mal que aquí, en Barcelona, el mar es uno de sus límites y las  playas están a tiro de piedra. Pero no solo eso, las grandes ciudades también tienen sus ventajas ahora que hay más turistas que residentes. Hay muchos más sitios donde ir, más salas, más exposiciones, más inauguraciones y se pueden disfrutar con más tranquilidad.

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Paseo de Recoletos. Madrid. 1953.

Tratándose de fotografía, hay dos citas ineludibles que se inauguraron, por fin, en Barcelona mientras no estaba, las de Català-Roca y Brangulí, dos sagas catalanas que pese a convivir en el tiempo, no coincidieron en la concepción, ni en el tipo de trabajo que desarrollaron. Ambas vienen de otras ciudades españolas, Madrid y Vigo, y seguirán su periplo al acabar aquí. No se las pierdan.

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Fábrica Punto Blanco. Igualada. Barcelona. 1965.

Puestos a elegir, he empezado por la del gran maestro Francesc Català-Roca, el mejor documentalista que la fotografía española ha tenido y puede que también el máximo representante de la fotografía en blanco y negro. La muestra es espléndida, son 184 imágenes exquisitamente seleccionadas por Chema Conesa que ejerce de comisario. La mayoría refrescarán su memoria, las recordarán, no en vano Català-Roca dedicó la mayor parte de su producción a mostrarnos como éramos realmente, como era esa España de los cincuenta y sesenta. Una realidad, mucho más lejana por los años que nos separan de ella, que por lo que nos muestra.

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Señoritas por la Gran Vía de Madrid. 1953.

Y es que Català-Roca era sincero, pero sin dejar de ser irónico, incluso divertido. Despojaba a sus obras de todo lo superfluo, las minimizaba. Era el mensaje directo, la documentación pura. Si algo molestaba lo recortaba, tanto en el momento de disparar como en el de ampliar, le daba igual. Cuenta Chema Conesa en el catálogo-libro que descubrió con sorpresa que la mayoría de las fotografías son de formato cuadrado, 6 x 6, -yo mismo le recuerdo con su Hasselblad SWC siempre a mano-, era a posteriori, cuando Francesc recuadraba la escena por exigencias de la publicación.

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Salador Dalí en el Parc GÜell de Barcelona. 1952. 

Dice Chema: "Al contrario de lo que suele pasar con otros fotógrafos, en las hojas de contacto es donde se descubren los secretos de la falta de técnica y de rigor en el planteamiento del trabajo, en la obra de Català-Roca la coherencia es total, aún reconociendo la sensatez gráfica en los encuadres propuestos por el propio autor, la copia del negativo completo no tan solo no desmerece la composición, sino que nos descubre otra dimensión más real, más bibliófila y cercana a la forma de mirar y de resolver el momento crítico decisivo: el clic del obturador."

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 Positivo/Negativo. Semana Santa. Sevilla. 1959.

Hay en la exposición un buen ejemplo de ello. Está la conocida fotografía del policía a caballo con un pirulí de publicidad detrás, en el que aparece un anuncio de polvos de talco con la cara de un bebé que parece sonreir al agente. El original abarcaba mucho más caballo, e incluía la presencia de un hombre anuncio con su cartel que está hablando con otro, ambos con boina y gafas, encuadrados justo debajo de la cabeza del animal. Creo que incluso hay más disparos con el mismo encuadre cuadrado en el que el hombre-anuncio está mirando a cámara y se puede leer algo más del cartel que lleva. La fotografía, por cierto, está hecha muy cerca de mi casa, a la salida o entrada de una corrida de toros en la Plaza Monumental de Barcelona en 1953.

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Barcelona. 1952.

A Francesc tuve la suerte de conocerlo y de trabar una admirada amistad con él. Hablar de fotografía era su pasión, del porqué del blanco y negro, "acromático", sin color, como le llamaba. De su posterior conversión al negativo de color que siempre que podía, él mismo revelaba y ampliaba, como hacía con el blanco y negro, y de su siempre exigencia de hacer las cosas bien. Me cuenta Martí, su hijo mayor, que algunas copias (puede que todas) de la exposición están hechas en los laboratorios Sabatè y que las supervisó personalmente su padre, de ahí la magnífica calidad que tienen. Una gozada. 

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Hay 4 Comentarios

Impecable fotografo, con un sentido del encuadre que me parece muy actual, tal vez por el volumen de sus fotos..

Que buenas fotografías. Impresionante

6 disparos, 6 emociones diferentes: Actividad, rutina, guiño, curiosidad, misterio, sonrisa.

Bellas fotos, Dalí y semana santa especialmente.
http://schaeffers30.blogspot.com/

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SOBRE EL BLOG

Yo usaba carretes de los de antes, los que se llamaban Tri X y Kodachrome, aunque me encantó la llegada de los TMax y la Velvia. Paralelamente empecé a darle al Spectrum, y me engancharon los bits. Del escáner al sensor sólo era cuestión de tiempo y fe en la tecnología. Y siempre la tuve, la defendí y ahí sigo, con un dedo en el teclado del ordenador y otro en el disparador de la cámara. De eso hablaré en este rincón, de fotografía y de fotografía digital.

Sobre el autor

Antonio Espejo

Antonio Espejo (Murcia, 1952) es periodista licenciado en la Universidad Autónoma de Barcelona; y más tarde profesor de la misma y en escuelas de fotografía. Fotógrafo de diarios, revistas y agencias, hasta 1982 que entró en El País, donde permanece aunque ahora dedicado al Ciberp@ís

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