Apuntes científicos desde el MIT

Apuntes científicos desde el MIT

Este Blog empezó gracias a una beca para periodistas científicos en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Boston, donde pasé un año aprendiendo ciencia con el objetivo de contarla después. Ahora continúa desde Nueva York buscando reflexiones científicas en otras instituciones, laboratorios, conferencias, y conversando con cualquier investigador que se preste a compartir su conocimiento.

El Punto-G es el clítoris interno

Por: | 11 de mayo de 2013


Clit pene
El punto-G podría ser una zona del interior de la vagina desde donde se alcanza la estructura interna del clítoris, órgano que es mucho más similar al pene de lo que pensamos y que también crece internamente durante la excitación sexual

 

La búsqueda científica del punto-G tiene aspectos casi cómicos. En 2012 La revista Journal of Sexual Medicine publicó una revisión de 96 artículos peer-reviewed sobre el punto-G, la fisiología de los genitales femeninos, la eyaculación femenina y el orgasmo vaginal, y una de las conclusiones fue: “las encuestas demuestran que la mayoría de mujeres sí creen que el punto-G existe (…) pero medidas objetivas han fracasado en aportar evidencias fuertes y consistentes de la existencia de un lugar anatómico que pudiera estar relacionado con el punto-G. (…) Quizás el punto-G no se ha estado investigando correctamente”.

Es decir, que cuando más allá de conversaciones de bar o esa acientífica costumbre de referenciar siempre en función de experiencias personales, los investigadores realizan encuestas amplias y metodológicamente rigurosas, un porcentaje alto de mujeres dice tener un área en la parte frontal de la pared vaginal a unos 2-4 cm de la entrada que -cuando están excitadas y en diferente grado depende de la mujer- resulta más sensible que el resto de la vagina. Otra cosa es que los científicos se pongan de acuerdo en qué diantre es fisiológicamente el tan esquivo punto-G… 

La búsqueda científica del Punto-G

El médico alemán Ernst Grafenberg fue el primero quien en los años 50 sugirió la existencia de “una área erótica de 1-2 cm en el interior de la vagina que inducía orgasmos por estimulación mecánica directa”. Sus hipótesis pasaron desapercibidas hasta 1982 cuando tras varios estudios la sexóloga Beverly Whipple publicó con su colaborador John Perry el best seller “El punto-G y otros descubrimientos sobre la sexualidad humana”.

Desde entonces la ciencia occidental (en la India ya hacía siglos que hablaban de zonas más sensibles en el interior de los genitales femeninos) empezó a buscar qué podía haber en esa parte frontal de la vagina que ofreciera un placer más intenso.

Primero hicieron análisis anatómicos para ver si encontraban alguna especie de órgano o estructura interna específica que pudiera ser el punto-G. Pero no descubrieron nada.

Luego con estudios histológicos analizaron si esa área de la pared vaginal tenía más concentración de terminaciones nerviosas que pudieran ser responsables de la mayor sensibilidad. Tampoco.

Posteriormente algunos autores sugirieron que las glándulas de Skene (glándulas situadas cerca de la uretra de origen común con la próstata masculina e involucradas en la eyaculación femenina), podrían ser contactadas presionando desde el interior de la vagina y ser las causantes del placer. Pero estudios fisiológicos lo descartaron entre otras cosas por no tener suficientes receptores sensitivos.

Tal fue el fracaso el la búsqueda anatómica del punto-G, que algunos científicos empezaron a declarar que el punto-G era “un mito de la ginecología moderna” (Hines TM, 2001).

Entrevistada para el libro "S=EX2", Beverly Whipple reconoce que “quizás el problema haya sido el nombre de punto, que nos hace pensar en una especie de botón mágico cuyo contacto directo genera más placer. Nosotros nunca dijimos que fuera una unidad anatómica independiente, sino simplemente un área de la pared vaginal con más sensibilidad que el resto. Y eso es incontestable, por mucho que los investigadores no sepan identificarla.”

La ciencia iba un poco perdida, hasta que en 2009 la francesa Odile Buisson publicó una hipótesis realmente interesante: el punto-G no era más que una zona de la vagina desde donde contactar indirectamente con el clítoris interno.

Screen Shot 2013-05-11 at 5.25.24 PMEl clítoris de la mujer es mucho más grande y parecido al pene de lo que pensamos (ambos vienen de la misma estructura embrionaria, sólo que el pene crece y sale hacia fuera y el clítoris se desarrolla por dentro). La parte externa que vemos del clítoris es sólo su glande -equivalente al glande masculino-, y por dentro tiene un cuerpo mayor con cuerpos cavernosos y esponjosos que como el pene también se hinchan durante la excitación sexual. Mediante detallados sonogramas, Odile Buisson demostró que cuando el clítoris está erecto sus partes internas quedan muy cerca de la vagina, y sugirió que esto podría ser la explicación a la mayor sensibilidad.

Screen Shot 2013-05-11 at 12.16.01 AMOtros estudios con imágenes de ultrasonidos encontraron diferencias en el grosor del espacio uretrovaginal entre mujeres que tenían orgasmos por contacto en el punto-G y las que no. Uniendo todos estos datos, Buisson concluyó que el punto-G sería la zona de la vagina desde donde ejerciendo presión –y favorecido por un espacio uretrovaginal estrecho- se podrían alcanzar la parte interna del clítoris.

Los orgasmos exclusivamente vaginales son menos frecuentes, pero sí existen

La hipótesis de Buisson es la más aceptada hasta la fecha, y algunos la han interpretado asegurando que en realidad todos los orgasmos femeninos son clitorianos, ya sea por estimulación externa directa o interna a través del punto-G. No es del todo acertado.

Cierto que la mayoría de orgasmos “vaginales” durante la penetración lo son por contacto indirecto con el clítoris interno, pero hay varias evidencias de que el orgasmo exclusivamente vaginal sí existe.

La primera sería que muchas mujeres definen ambos tipos de orgasmos como muy diferentes. El clitoriano sería más localizado y el vaginal más “corporal”. Esto no invalida necesariamente la hipótesis anterior, puesto que las terminaciones nerviosas que llegan al glande y cuerpo de penes y clítoris son diferentes. A los glandes sólo llega el nervio pudendo mientras que al cuerpo lo hace también el pélvico, y eso podría explicar las diferentes sensaciones.

Sin embargo estudios recientes introduciendo sensores térmicos en las vaginas han observado mayor sensibilidad de la pared anterior que la posterior sin necesidad de realizar presión alguna, y también recientemente el italiano Emmanuelle Jannini ha sugerido la existencia de una zona más gruesa y con más terminaciones nerviosas en la pared vaginal anterior, que en lugar de punto-G él prefiere llamar complejo clito-uretro-vaginal (CUV). Además por otra parte sabemos que algunas mujeres tienen orgasmos “no genitales” por estimulación de pechos u otras áreas del cuerpo, sin que el clítoris esté involucrado.

Pero quizás los datos más concluyentes son los de Barry Komisaruk con escáneres de resonancia magnética funcional, mostrando que se activan dos zonas diferentes de la corteza sensorial del cerebro cuando una mujer estimula su clítoris o el interior de la vagina. Esto indica que hay diferentes nervios recibiendo la señal del clítoris y de la vagina, y que en algunas mujeres la estimulación sólo de estos últimos puede conducir al orgasmo.

Screen Shot 2013-05-11 at 11.51.58 AMDe hecho Barry Komisaruk ha investigado con mujeres con lesión medular sin sensibilidad en clítoris ni entrada de la vagina, debido a que la lesión es por encima de la salida del nervio pudendo y pélvico, pero que sí tienen sensibilidad en áreas vaginales más internas y en el fondo del cuello del útero. Allí llegan el nervio hipogástrico (que sale de la columna vertebral a una altura superior) y el nervio vago (que no pasa por la médula espinal y transmite información al cerebro de órganos internos como riñones, hígado, estómago, pulmón o útero). Según ha publicado Komisaruk algunas de estas mujeres discapacitadas sin sensibilidad clitorial han alcanzado orgasmos estimulando zonas más profundas de la vagina, siendo la evidencia más fuerte hacia la distinción entre ambos tipos de orgasmos.

Cierto que en realidad muchos de los orgasmos “vaginales” en realidad son “clitorianos internos”, pero varios estudios indican (además de las experiencias de millones de mujeres) que los exclusivamente vaginales también pueden existir.

 

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Si pones una rata macho en una celda con cuatro hembras en celo, copulará con todas ellas hasta quedarse exhausto sin ganas de más. Las hembras pasarán por delante de él y le irán mostrando su espalda arqueada, pero durante un tiempo el saciado macho no les hará ni caso.

Screen Shot 2013-04-27 at 11.42.59 AMSin embargo, si de repente introduces una hembra nueva en la caja, se tirará de golpe sobre ella. Esta renovación instantánea de interés sexual se denomina Coolidge effect, y es el efecto de que el período refractario (tiempo necesario para sentir excitación sexual y tener una erección tras eyacular) se acorta ante la aparición de parejas nuevas. Una rata macho prefiere copular con dos hembras diferentes que dos veces con la misma, y observaciones de comportamiento animal indican que es muy frecuente en otras especies. Ningún comité de ética ha aprobado experimentos parecidos en humanos, pero estudios indirectos indican que el Coolidge effect puede mantenerse.

Significado evolutivo del Coolidge effect

El nombre de Cooldige effect proviene de una anécdota muy graciosa: cuentan que a finales de los años veinte la esposa del entonces presidente de los Estados Unidos, Calvin Coolidge, estaba paseando por los jardines de su casa de campo, y cuando vio a una pareja de gansos en plena acción preguntó al granjero que la acompañaba: “¿Cuántas veces al día se aparean?”. “Docenas!”, respondió el granjero, a lo que la sorprendida Sra. Coolidge  interpeló “¿Ah sí? ¿Podría ir a informar de este hecho al Sr. Coolidge por favor?”. Cuando el granjero se lo comunicó al presidente éste le preguntó “¿Siempre copulan con la misma hembra?”. “No señor; van cambiando”. “¿Ah, sí?… ¿Podría ir a informar de este hecho a la Sra Coolidge, por favor?”, replicó con sorna el presidente.

Desde entonces se denomina Coolidge effect a esta disminución del período refractario ante la presencia de nuevas parejas sexuales, que tiene mucho sentido evolutivo. Se especula que evolutivamente la pérdida de interés sexual y erección tras la eyaculación masculina es un mecanismo para evitar gastar energías y reservas espermáticas con una hembra con la que acabas de copular. Para maximizar las posibilidades de reproducción es “mejor” tener período refractario, pero al mismo tiempo, que se acorte de inmediato si aparece una nueva hembra en celo.  Evolutivamente tiene mucha lógica, las observaciones de etología animal lo confirman, y los científicos están buscando mecanismos para explicarlo.

Hombres sin período refractario

Sin duda las hormonas deben estar implicadas. Sabiendo que los antidepresivos que aumentan los niveles de serotonina disminuyen la excitación sexual y extienden el tiempo requerido para llegar al orgasmo, los investigadores disminuyen los niveles de serotonina en ratas y ven cómo se acorta el período refractario.

También sabemos que la adrenalina excita de manera general el organismo, y que la dopamina (hormona de la motivación ante nuevos estímulos) facilita las reacciones sexuales: inyectar en ratas adrenalina y dopamina también acorta el período refractario.

Pero la hormona más sospechosa es la prolactina, claramente asociada a una disminución de deseo sexual, y que se segrega en grandes cantidades tras el orgasmo. Sospechando que podría ser la clave neuroquímica del período refractario, investigadores alemanes decidieron hacer pruebas con un chico de 25 años que no perdía la erección tras la eyaculación.

Porque sí, esto ocurre: hay hombres sin período refractario. Son hombres que pueden tener una relación sexual convencional, llegar al orgasmo, eyacular, y si quieren pueden continuar sin problema. No sienten hipersensibilidad en el pene ni pierden un ápice de erección. Si deciden parar, a los segundos baja. Pero si se sienten todavía estimulados, pueden retirarse tranquilamente, quitarse el preservativo, poderse otro, y proseguir como si nada. Durante la escritura de S=EX2 conocí a un chico de 30 años al que le ocurría, y varias mujeres que explican haberse encontrado con algún caso. Pero qué mayor evidencia, que el estudio alemán.

Los investigadores de la University of Essen convocaron a su laboratorio al chico alemán y nueve voluntarios de su misma edad, y con la ayuda de películas pornográficas les pidieron que se fueran masturbando. Ellos registrarían los tiempos e irían tomando muestras de prolactina. Los resultados fueron muy significativos: el chico sin período refractario se masturbó bastantes más veces (llegó a tener dos orgasmos con eyaculación separados sólo por dos minutos), y sus niveles de prolactina en sangre no se vieron alterados. En cambio en los otros voluntarios los valores de prolactina subieron sustancialmente tras el primer orgasmo, no pudieron repetir la estimulación, bajaron un poquito a los 20 minutos, y volvieron a subir después del segundo orgasmo. Junto con otros datos experimentales, los científicos alemanes publicaron una revisión concluyendo que la segregación de prolactina inducida por el orgasmo era uno de los mecanismos involucrados en el período refractario.

Screen Shot 2013-04-27 at 10.57.13 AMEstos resultados han sido matizados, y en una extensa y más actual revisión de bibliografía científica sobre el período refractario publicada en The Journal of Sexual Medicine, el grane experto en fisiología de la sexualidad Roy Levin argumenta que la hyperprolactinemia no siempre provoca falta de deseo, y que no es el principal factor. Levin cree que el rol de la oxitocina no ha sido todavía investigado, y que al modelo le falta incorporar la pérdida de actividad en algunas zonas del cerebro como la amígdala.

Mujeres con período refractario

¡Claro que las mujeres también tienen período refractario! Obvio que ellas tras el orgasmo pueden continuar con penetración vaginal, y llegar a tener más orgasmos, pero en muchas ocasiones su clítoris también pierde flujo sanguíneo y se vuelve hipersensible, pidiendo a sus parejas que eviten la estimulación directa. Hay muy pocos estudios sobre período refractario en mujeres, pero uno canadiense publicado en 2009 pasó un cuestionario a 174 estudiantes universitarias (media de 25 años) preguntando (entre otras cuestiones):

1) “¿Tu clítoris se vuelve más sensible cuando tienes un orgasmo? (A-Si, en el momento del orgasmo; B-Sí, pero no hasta después del orgasmo; C-No)”.

2) ”Después de tener un orgasmo, ¿deseas continuar con la estimulación clitoriana directa? (A-Si, en seguida; B-Sí, pero me concentro en mi pareja; C-Si, pero necesito algún tiempo; D-No)”.

Screen Shot 2013-04-27 at 11.06.07 AMAnte la primera pregunta el 96% de las chicas respondieron la opción B y el 4% restante la C.

A la segunda pregunta sobre el deseo de continuar la excitación clitoriana el 86.2% de las chicas respondieron “D-No”. El 11,5% “C-Sí, pero necesito tiempo”, el 1.7% la “B-Sí pero me centro en él”, y sólo el 0.6% “A-Sí, en seguida”.

La hipersensibilidad del clítoris tras el orgasmo es muy frecuente en mujeres, cosa que no implica que no puedan continuar el coito y tener más orgasmos. De hecho una de las preguntas del cuestionario era “¿Cuán a menudo tienes múltiples orgasmos?”. El 6.9% respondió “siempre”; el 10.3%, “sólo con masturbación”; el 8.6%, “sólo durante el coito”; el 25.3%, “ocasionalmente”; el 21,8%, “raras veces” y el 27%, “nunca”. Sobre la pregunta “¿Cuántos orgasmos sueles tener durante el coito?” el 50,6% dijo “uno”; el 13.8%, “más de uno” y el 29.9% respondió “ninguno”. Conclusión: al menos entre las estudiantes universitarias canadienses, la anorgasmia durante el coito es más frecuente que la multiorgasmia.

De entre todas las participantes las investigadoras seleccionaron un grupo de 11 voluntarias para hacer un seguimiento más exhaustivo sobre la hipersensibilidad del clítoris, y comprobaron que la hipersensibilidad puede durar desde unos segundos a varios minutos, que en la mayoría la punta del clítoris es la que está más hipersensible, y que en masturbación la molestia es menor que en pareja porque ellas pueden regular la estimulación mejor que el amante. 

La ciencia te puede explicar muchísimas cosas sobre la sexualidad humana, algunas tan o más interesantes que las encontradas en novelas eróticas. Si las fotos de títulos de artículos científicos te despiertan tanta curiosidad como las típicas de hombres o mujeres en actitud sensual, S=EX2 te va a encantar. 

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Tú también tendrías sexo en público

Por: | 13 de abril de 2013

 

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Frame de la entrevista "El orgasmo es como el ataque de un león", por @aberron y Javier Álvarez (lainformación.com)

Ayer hice la prueba durante la presentación de S=EX2 en el Fnac de Madrid. Pregunté a los asistentes: ¿Cuántos de vosotros creéis que –si entrarais en un club de intercambio de parejas- os atreveríais a desnudaros y tener sexo con vuestro/a acompañante en frente de otras personas haciendo lo mismo? De los 60 o 80 asistentes, sólo 3 manos se levantaron.

Luego pregunté cuántos obedecerían la instrucción de infringir dolorosas descargas eléctricas a alguien sólo porque fallara preguntas en un test, y nadie alzó el brazo.

No me estoy yendo del todo por las ramas. Algo que la psicología ha demostrado reiteradamente es que “en frío” somos incapaces de predecir cómo nos comportaremos en situaciones o estados emocionalmente muy intensos. La experiencia en un club swinger (de intercambio de parejas) tiene fuertes analogías con los experimentos en psicología social de Stanley Milgram de obediencia a la autoridad, o el de la prisión de Stanford de Philip Zimbardo

Milgram reclutó a personas convencionales como las que ayer asistían a mi presentación, y les dijo: “vamos a hacer un experimento: yo iré realizando preguntas a un sujeto que verás frente a ti detrás de un cristal, y cada vez que se equivoque, le darás una descarga eléctrica, que además irá subiendo de intensidad”. Inicialmente la gente decía que no quería hacer daño a esa persona (no sabían que era un actor y fingía el dolor), pero una vez empezado el experimento, a petición del director del estudio todos iban dándole fortísimas descargas eléctricas a pesar de los gritos de dolor, peticiones de piedad y casi desmayos del actor detrás del cristal. La gente superaba fácilmente los límites que ellos creían que tenían.

Zimbardo cogió a varios estudiantes de la universidad de Stanford y los puso en una prisión abandonada, pidiéndoles a unos que se comportaran como guardianes y a otros como reclusos. Al estilo "gran hermano", quería analizar cómo se comportaban. A los pocos días tuvo que detener el experimento porque los guardianes se volvieron sumamente autoritarios, abusivos y hasta torturadores, y los reclusos empezaron a sentir fuertes crisis y estados depresivos. Todos se mimetizaron en la situación a un extremo que nadie (ni los investigadores ni los propios estudiantes) habían imaginado. Eran capaces de sentir y hacer actos que antes del experimento hubieran asegurado que nunca realizarían.

Para S=EX2 yo he estado en clubs swingers, y estoy convencido que una vez dentro, a muchos de vosotros os pasaría como a los estudiantes de Stanford y –en un estado emocional diferente al que estáis ahora-tendríais reacciones y comportamientos sexuales que quizá ahora pensáis imposibles. Es muy interesante ponerse a prueba. El deseo sexual es un impulso irracional, más condicionado por la emoción que por la razón.

En otro experimento que participé para el libro, esta vez en el Kindsey Institute de la Universidad de Indiana, me dijeron: “te vamos a pasar fotografías de mujeres más o menos atractivas, y tú nos tienes que responder cuan posible sería –del 1 al 4- que tuvieras sexo con ellas si te lo propusieran una noche tras acabaros de conocer en un bar. También verás un número indicando con cuántos hombres diferentes han tenido relaciones sin protección en los últimos 2 meses”. Después de explicarme esto, pensé convencido: “fácil; ni que yo sí utilizara preservativo, de ninguna manera tendría sexo con una desconocida, por atractiva que fuera, si ha tenido relaciones sin protección con varios otros chicos en un período tan corto de tiempo”. Empieza el experimento y sale una chica normal con un “2” y dices “2!”, una guapa con un “0” y dices “4!”, una que no te gusta mucho con un “5” y dices “1”… hasta que aparece una realmente atractiva, con un “10” en la pantalla, y a los pocos segundos de bloqueo aparece el mensaje “responda por favor”.

Screen Shot 2013-04-13 at 4.13.55 PMPreguntado minutos antes y sin foto hubiera respondido que no me acostaría con esa chica, pero teniendo esa mirada y labios delante, algo empezó a decirle a mi mente que seguro escogía muy bien a sus amantes, o que se la veía muy sana… todo para justificar mi deseo emocional de intimar con esa mujer. Seguro que nuestra capacidad de autocontrol lo hubiera evitado, pero en el Kinsey institute repiten el experimento con voluntarios habiendo tomado o no alcohol, o tras haberles mostrado primero imágenes eróticas, o diferentes tipos de mensajes de prevención de HIV. Es una manera de evaluar efectividad. Pero una conclusión fue idéntica: el deseo sexual es irracional, y estando “en frío” somos incapaces de predecir racionalmente nuestras reacciones. Ayer tras una comilona me prometí convencido que no volvería a atiborrarme en el buffet del hotel, y hoy lo hice de nuevo. 

Todo lo que los psicólogos trabajando en economía conductual (behavioral economics) nos explican sobre el poder de las emociones, de las primeras impresiones, de las distorsiones cognitivas… aplica perfectamente a nuestro comportamiento sexual. Sin embargo lo estudian poco, por el tabú que como actividad social que es, la ciencia también tiene respecto al sexo (el humano, porque con el de animalitos o antepasados evolutivos sí se atreven los muy cobardes).

Y es una lástima (o ventaja para mi), porque interpretar el sexo bajo la mirada de la ciencia, sin pretender en absoluto reducirlo a ello, es extraordinariamente novedoso, original, y fascinante. Da un juego tremendo.

Volviendo a los intercambios de pareja, en S=EX2 yo utilizo mis visitas a clubes y conversaciones con swingers para discutir aspectos como la monogamia social vs sexual en la naturaleza (cuando decimos que en el reino animal hay especies monógamas es inexacto: hay animales que forman parejas estables para colaborar en el cuidado de las crías –especialmente las aves-, pero todos son absolutamente infieles, tanto ellos como ellas. La monogamia social existe en la naturaleza, la sexual no). Hablo de la interesantísima relación entre los celos y la atracción (reflexionad sobre esta pregunta: ¿Podemos desear algo que ya tenemos?), de estudios analizando niveles de testosterona (relacionada con el deseo) y cortisol (estrés) en swingers y poliamorosos (personas que tienen varias relaciones románticas de manera simultánea bajo total sinceridad y aceptación por todas las partes), de estudios hechos por sociólogos analizando –de manera mucho más rigurosa de la que te puede contar una pareja swinger aislada y condicionada en un documental de televisión- cómo afectan estas prácticas a la estabilidad de la relación (altos índices de fracaso en poliamorosos, bastante menos en swingers), de predisposición innata a la infidelidad (no hay “genes de la infidelidad”, pero sí polimorfismos en genes asociados al metabolismo de la dopamina que hacen tener personalidades más o menos aventureras –o técnicamente llamada “novelty seeking”; buscador de novedades- convirtiéndose el deseo de affairs con nuevas personas en una característica de esta personalidad aventurera), y reflexiono hasta de la falacia naturalista: que algo sea más o menos coherente con la evolución no indica en absoluto que sea mejor o peor -ni más o menos deseable- desde el aspecto sociocultural. Ya iré desarrollando estos y otros temas en el blog (están en el libro también ;) ). Pero de momento el principal mensaje era éste: no conocemos nuestros límites. Ni ante experiencias emocionalmente intensas que todavía no habremos vivido, ni ante situaciones nuevas en momentos de excitación sexual. Muchos que ya se han puesto a prueba, lo pueden corroborar.

La ciencia del sexo, cuando es seria, rigurosa, y multidisciplinar con enfoque biopsicosociológico, nos ofrece infinidad de reflexiones y una magnífica excusa para aprender cómo funciona nuestro cuerpo y nuestra mente, y para intentar provocar algunas pícaras dudas sobre si seríais capaces de tener sexo en público. De verdad; puede haber reacciones imprevisibles, tanto hacia un lado, como hacia otro. La mente da sorpresas, y el cuerpo también. ;)

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Por fin puedo desvelar en este blog –y con una megailusión infinita- en qué peripecias he estado inmerso durante los últimos 18 meses. Hoy 4 de Abril es la publicación oficial de mi nuevo libro "S=EX2 – La Ciencia del Sexo"

Que no os suene a frívolo. Es una obra amena y llena de anécdotas pero tremendamente rigurosa. He asistido a congresos de medicina sexual, visitado centros de investigación como el Kinsey Institute, participado en experimentos sobre excitación y deseo, entrevistado a los principales científicos en el estudio de la sexualidad humana, conversado con infinidad de sociólogos, psicólogos y terapeutas, leído ya no sé cuantos artículos científicos publicados en revistas de referencia, recopilado desde los testimonios y experiencias más cotidianos a los más peculiares, y cómo no, acudido a clubs de sadomasoquismo, de intercambios de parejas, o a talleres de sexo tántrico. Siempre con una mirada científica, desde luego. ;)

 

El conocimiento no-excluyente siempre suma, nunca resta. En este sentido añadir ciencia a algo tan cotidiano como el sexo le multiplica el interés, nos muestra una visión de la sexualidad que no conocíamos, y lo convierte en una herramienta fabulosa para divulgar cómo funciona el cuerpo y la mente humana.

Prometo ir desgranando mensajes y aventuras cientificosexuales de manera más concreta en este blog. Pero de momento permitidme que os anticipe que empezando por la parte más biológica y avanzando hacia la más sociocultural, en el capítulo 1-“Sexo en tus células” aprenderemos sobre hormonas, genes y desarrollo embrionario. En el 2-“Sexo en tu cuerpo” hablaremos del sistema nervioso, flujos sanguíneos, erecciones, fisiología genital, las razones de los gatillazos, y de si la distancia del clítoris a la vagina influye en los orgasmos femeninos durante el coito. En el 3-“Sexo en tu cerebro” conoceremos al primer hombre que se masturbó bajo un fMRI y abordamos lo que la neurociencia nos puede explicar sobre el placer sexual. El 4-“Sexo en tu mente” versa sobre psicología, la diferencia entre deseo y excitación, la historia de la sexología, y cómo el aprendizaje condicionado influye en comportamiento sexual adulto. En el extenso 5-“Sexo en tu cama” hablaremos del multiorgasmo, de las razones fisiológicas y evolutivas del período refractario, o de las sonografías y experimentos científicos para conocer el punto-G y la eyaculación femenina. En el 6-“Sexo en la consulta médica” revisamos las principales disfunciones sexuales de hombres y mujeres, los trastornos psicológicos más comunes, las enfermedades de transmisión sexual, y analizaremos lo delicado de la inminente farmacología del deseo. En el surrealista 7-“Sexo en la naturaleza” empezaremos describiendo los primeros intercambios de genes bacterianos, la aparición de gametos, y nos ensimismaremos con la diversidad del sexo animal y vegetal. El 8- “Sexo en la evolución” nos dará una perspectiva para entender algunos predeterminantes biológicos de nuestro comportamiento, y comprenderemos hasta qué punto somos monógamos sociales, sexuales, o emocionales. En el 9-“Sexo en los bares” discutiremos sobre el poder del subconsciente en la atracción, hablaremos con sociólogos que nos contarán la evolución del sexo casual y el impacto de internet, y aprenderemos a interpretar el lenguaje no verbal de la seducción.

Foto relleuY de allí hasta el capítulo 18-“Congeniando monogamia social y sexual en clubs de swingers” conoceremos a asexuales, hipersexuales, poliamorosos, fetichistas, e intersexuales, junto a los científicos que investigan su comportamiento. Escucharemos a un reconocido psiquiatra que empezó su carrera intentando -sin éxito- cambiar la orientación de homosexuales. Conoceremos a directoras porno, recibiremos lecciones de sensualidad por parte de discapacitados, sabremos por qué el yoga mejora la respuesta sexual, conoceremos diferentes modelos de pareja, analizaremos la relación entre placer y dolor gracias a los sadomasoquistas, presenciaremos una operación de cambio de sexo desde el mismo quirófano, desterraremos viejos mitos entre el sexo y la salud, probaremos técnicas de tantra para acumular energía sexual y tener un orgasmo con la mente, nos sobrecogeremos con los límites a que pueden llegar las obsesiones y las parafilias, sabremos qué nos pueden revelar las fantasías sexuales, conoceremos diferentes tipos de terapia de pareja, discutiremos estudios sobre la infidelidad y la relación entre el sexo y el amor, y muchísimas más historias, reflexiones, curiosidades, estudios, referencias históricas, contenidos sesudos, y algunos que otros disimulados consejos condensados en 480 paginotas que (lo se, me volví a exceder) espero os entusiasmen en caso de leerlas. Yo, como podéis imaginar, me he divertido mucho investigando y escribiendo S=EX2

Y pensar que la idea nació en este mismo blog a consecuencia de un post sobre la estimulación clitoriana de las ratas… ;)

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Teoría de la Mente

Por: | 31 de marzo de 2013

Theory of mind

Imagina estar tú, un niño de 5 años, y otro de 3, observando a través de una cámara oculta qué ocurre en una habitación vacía donde sólo hay un sillón, una caja, y una pelota.

De repente veis entrar una niña en la habitación, jugar un rato con la pelota, dejarla dentro de la caja, e irse. Pasan un par de minutos, y aparece una mujer caminando de manera sigilosa, saca la pelota de la caja, la esconde detrás del sillón, y se va como comprobando que nadie la haya visto.

Pasa otro par de minutos, vuelve a entrar la niña, y entonces unos investigadores detienen la imagen y os preguntan: ¿dónde irá la niña a buscar la pelota: dentro de la caja o detrás del sillón?

Tú evidentemente respondes que irá a buscarla dentro de la caja, porque allí es donde la dejó. El niño de 5 años responde lo mismo. Sin embargo, el de 3 años contesta que irá a buscarla detrás del sillón, porque allí es donde está la pelota.

Experimentos como éste se han repetido infinidad de veces, y todos los niños menores de 3 años responden que la niña iría a buscar la pelota donde ellos saben que está, y los de 5 –a excepción de los autistas- donde la niña cree que está.

A los tres años, el cerebro todavía no ha desarrollado la capacidad de interpretar la mente de otros. Es en algún momento alrededor de los 4 años que aparece en el cerebro una capacidad cognitiva que los psicólogos llaman “teoría de la mente”, que nos permite ser conscientes del estado mental ajeno e imaginar qué están pensando otras personas.

Obvio que hay un componente de observación y aprendizaje por parte del niño, pero que aparezca de manera tan consistente alrededor de esta edad indica que existe también un claro condicionante neurofisiológico.

RtjDe hecho, escaneando con resonancia magnética funcional el cerebro de niños de diferentes edades mientras realizaban tests parecidos al de la pelota-caja-sillón, Rebecca Saxe del MIT descubrió una zona en el neocortex justo detrás de nuestra oreja derecha que va desarrollándose y especializándose durante la infancia y adolescencia, y que está claramente asociada a la capacidad de interpretar qué puede estar pasando por la mente de otras personas. El área se llama Right Temporoparietal Junction (rTPJ), y la utilizas negociando con un cliente, intentando buscar los motivos de la cara de enfado de tu pareja, pensando qué regalo le gustará más a una amiga, o juzgando si alguien que cometió un error lo hizo con mala fe o de manera inocente.

(*) Nota: la expresión “teoría de la mente” es confusa: no se refiere a una teoría/hipótesis, sino a una capacidad cognitiva. Tener teoría de la mente es tener capacidad de interpretar la mente ajena.

Modificar tus juicios morales con un click magnético transcraneal

Similar a la situación anterior habitación-niña-pelota, ahora estás observando desde una cámara oculta a Olga y Esther.

Olga y Esther son dos jóvenes investigadoras que trabajan en mismo laboratorio y que, aunque intenten disimularlo, no se caen nada bien. Se toleran, van a tomar café juntas, hablan de sus cosas, pero en realidad se tienen una profunda manía mutua. Especialmente Olga hacia Esther.

Son las 11 de la mañana, y como cada día a esa hora van a tomar café a una pequeña sala anexa a su laboratorio. Olga prepara los cafés, y le pregunta a Esther cuantas cucharadas de azúcar quiere. Esther dice que dos, Olga va a ponerlas, pero justo al lado del bote de azúcar ve otro idéntico que contiene un compuesto de textura muy parecida al azúcar, pero que ella sabe provoca fuertes diarreas. Olga se detiene un par de segundos, y a plena conciencia pone dos cucharadas del producto tóxico en el café de Esther.

Sin embargo, antes había ocurrido algo que Olga desconocía: Alguien cambió las etiquetas de ambos botes, y en realizad lo que Olga puso en el vaso de Esther fueron dos cucharadas de inofensivo azúcar. ¿Cómo juzgas la inocua acción de Olga?

Imagínate el caso que le hubiera dado el tóxico sin saber lo del cambio de etiquetas, convencida de que era azúcar. ¿En cual de las dos circunstancias sería más culpable “moralmente”? Tú seguramente asumirás que lo segundo fue un error que no merece castigo, y lo primero un acto de mala fe que, a pesar de no tener consecuencias, sí merece ser reprobado.

Si le preguntas algo parecido a un niño de 3 años sin teoría de la mente, opinaría todo lo contrario: Olga es culpable cuando provoca una intoxicación a Esther y no lo es cuando nada ocurre. Y si haces la prueba en niños cada vez mayores, irás viendo una gradación en las respuestas, con una variabilidad que todavía se mantiene en edad adulta.

De hecho Rebecca Saxe puso varios hombres y mujeres bajo el scanner de fMRI mientras les planteaba situaciones como ésta, y encontró una asociación significativa entre la actividad de la rTPJ y la proporción de culpa que daban a Olga en ambas situaciones (dar azúcar pensado que era tóxico, o dar tóxico pensando que era azúcar). Siempre la juzgaban como más culpable cuando su intención era provocar un daño aunque no lo consiguiera, pero cuanta menor actividad tenían los voluntarios en la zona rTPJ, más grado de responsabilidad le otorgaban cuando causaba un daño por accidente involuntario.

Y aquí llega lo más espectacular: una investigadora del grupo de Saxe, Liane Young, consiguió alterar el juicio sobre la actitud de Olga de varios voluntarios, desactivando su rTPJ con Estimulación Magnética Transcraneal (TMS). El título del paper de PNAS es contundente: “Disruption of the right temporoparietal junction with transcranial magnetic stimulation reduces the role of beliefs in moral judgments” (La distorsión del rTPJ con TMS reduce el rol de las creencias en los juicios morales).

 

Pere estupinya tms
Estimulándome con TMS mi corteza motora, el pasado marzo en laboratorio de Mar Cortés (Burke Rehabilitacion Center, NY)
En función de la frecuencia a que se aplique, la estimulación magnética transcraneal puede servir para activar o desactivar circuitos neuronales específicos del cerebro. Liane Young planteó el dilema entre Olga y Esther a voluntarios mientras les bloqueaba el rTPJ, y observó que modificaban significativamente sus opiniones sobre el grado de culpabilidad de Olga. No llegaban a invertirlo, pero sí daban significativamente más valor al resultado final de la acción y menos a la intención oculta de Olga. Impresionante. Unas simples ondas magnéticas pueden desactivar temporalmente una parte de nuestro cerebro y cambiar nuestros juicios morales, que por otra parte solemos considerar tan sólidos.

 

Conocí a Rebecca Saxe durante mi época en el MIT, y hablé de ella en el “rascar donde no pica”. Pero cuando el mes pasado volví a verla presentar sus apasionantes investigaciones durante el congreso de la AAAS, me prometí que debía explicarlo en este blog.

Asociar comportamiento a actividad cerebral tiene un punto demasiado reduccionista, la capacidad diagnóstica del fMRI se ha exagerado (más por culpa de los propios investigadores que de los medios, aunque ellos se autoprotejan diciendo lo contrario), y es un tema muy delicado pues se empieza a pretender identificar delincuentes o psicópatas reincidentes mirando al cerebro en lugar de al comportamiento. Obvio que se necesita ser cauteloso, pero queda fuera de toda duda que nuestros pensamientos y decisiones son fruto de una actividad neuronal, y que en realidad la personalidad y sensación de identidad son una ilusión generada por nuestro cerebro, para dejarnos tranquilos haciéndonos creer que somos siempre el mismo individuo. No lo somos.

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Pere Estupinya

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