Apuntes científicos desde el MIT

Apuntes científicos desde el MIT

Este Blog empezó gracias a una beca para periodistas científicos en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Boston, donde pasé un año aprendiendo ciencia con el objetivo de contarla después. Ahora continúa desde Nueva York buscando reflexiones científicas en otras instituciones, laboratorios, conferencias, y conversando con cualquier investigador que se preste a compartir su conocimiento.

Sobre el autor

Pere Estupinya

. Soy químico, bioquímico, y un omnívoro de la ciencia, que ya lleva cierto tiempo contándola como excusa para poder aprenderla.
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Libros

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En esta nueva aventura científica que recorre desde laboratorios y congresos de medicina sexual hasta clubs de sadomasoquismo o de swingers, Pere Estupinyà nos ofrece la obra más original y completa que ningún autor hispanohablante haya escrito nunca sobre la ciencia de la sexualidad humana.

El ladrón de cerebros La ciencia es la aventura más apasionante que puedas emprender.
En El Ladrón de Cerebros, Pere Estupinyà se infiltra en los principales laboratorios y centros de investigación del mundo con el objetivo de robar el conocimiento de los verdaderos héroes del siglo XXI —los científicos— y compartirlo con sus lectores. El Ladrón de Cerebros

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La mujer que corría, y corría… porque no se acordaba de parar.

Por: | 28 de julio de 2009

Pregunta para los que soláis ir a correr de manera frecuente: ¿creéis que durante el recorrido, estar pensando cuánto falta por llegar o el tiempo que ya lleváis forzando vuestros músculos, influye de manera considerable en el cansancio físico percibido? La experiencia de una de las mejores corredoras de larga distancia del mundo, que mejoró sus marcas tras una operación en la que le extirparon una parte del lóbulo temporal derecho de su cerebro, parecen indicar que sí. A pesar del título tan veraniego del post y de introducir el asunto con cierta ligereza, la historia de la estadounidense Diane Van Deren, esconde más dolor que entusiasmo. A los 16 meses de edad Diane sufrió una lesión en el cerebro que en aquel momento pasó desapercibida. Los médicos la encontraron años más tarde, cuando se pusieron a buscar las causas de los ataques epilépticos que Diane empezó a padecer a sus 30 años, durante el embarazo de su tercer hijo. A partir de entonces, la situación se agravó y los ataques iban apareciendo de manera cada vez más frecuente, llegando a producirse 4 o 5 veces por semana. Había una solución: como la lesión estaba muy localizada, en 1997 los doctores optaron por quitar un fragmento del tamaño de un kiwi del cerebro de Diane. Los ataques desaparecieron, pero también algunas de sus capacidades. Desde la operación Diane es incapaz de orientarse, tiene mucha menos capacidad de memorizar, de organizar tareas, y ha perdido gran parte de su concepción del espacio y el tiempo. Esto último, sin embargo, la ha convertido en una mejor atleta. Diane ya era una aficionada a las carreras de larga distancia antes de que aparecieran sus problemas. Pero ahora, a sus 49 años, compite en carreras de más de 100 millas (161 km), y el año pasado ganó la Yukon Arctic Ultra 300 (480 km) Como opina el neurofisiólogo que la trató en el artículo del New York Times que describe su historia : “cuando está corriendo, la cirugía cerebral le ayuda”. Diane entrena horas y horas por las Montañas Rocosas de Colorado y compite en larguísimas distancias sin el freno que puede suponer la percepción del tiempo y el espacio. Simplemente avanza y avanza sin capacidad para recordar donde se encuentra, y cuanto falta por llegar. Los problemas de memoria y organizativos de esta madre de familia hacen que su día a día no sea nada fácil, pero como ella misma describe en este inspirador video (en inglés): “utilizo mis piernas como mis palabras. Cuando gano una carrera, es como una demostración de que todos podemos superar las tragedias que ocurren en nuestras vidas.”

La vertiente más pop-science de la psicología evolutiva dice que los aspectos más básicos de nuestra personalidad están inscritos en los genes y son consecuencia del entorno natural y social en el que sobrevivieron nuestros ancestros en los últimos centenares de miles de años. Aunque los más deterministas suelan llevar este razonamiento a extremos casi cómicos, es indiscutible que a grandes rasgos, así es. ¿ocurrirá lo mismo con perros y gatos domésticos? ¿Estarán justificados evolutivamente los tópicos de que los primeros son leales y los segundos unos acaparadores que van absolutamente a su aire? Según un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), la selección natural explica esto y mucho más. Pero ojo! En el caso de los animales domesticados, debemos añadir otro factor a la ecuación: la selección artificial. Los humanos hemos dirigido a nuestra conveniencia qué vacas, cerdos, aves, caballos o perros sobreviven y dejan descendencia. ¿también los gatos? No al mismo nivel. Empecemos por la domesticación del mejor amigo del hombre, que según el artículo de PNAS empezó antes incluso del desarrollo de la agricultura y el sedentarismo. Buscando restos de comida y cierta protección, los primeros lobos poco temerosos empezaron a acercarse a los asentamientos de cazadores recolectores ofreciéndose a cambio como centinelas nocturnos que avisaban frente a visitas indeseadas. Posteriormente nuestros antepasados los empezaron a utilizar como ayuda en sus labores de caza, y poco a poco los fueron domesticando. Primero seleccionando como acompañantes sólo a los que más se adaptaban a sus necesidades, y bastante más tarde decidiendo incluso con quien se iban a aparear. (un inciso aquí recordando la conversación en Yellowstone con Douglas Smith , el considerado mayor experto del mundo en lobos. Dos cosas quedaron claras de esa charla: la lealtad e incluso sumisión que tienen los lobos hacia el líder de la manada, y la extrema cohesión de sus grupos sociales. Están dispuestos a compartir y arriesgar sus vidas por defender a cualquier miembro de su grupo, y al mismo tiempo atacar ferozmente a invasores aunque sean de su misma especie. Quizás tal lealtad quedó presente en los primeros lobos-perros que empezaron a identificarse como parte de un grupo que contenía humanos) La domesticación de los gatos salvajes siguió caminos diferentes. Los análisis genéticos publicados en el artículo de PNAS demuestran que los gatos domésticos actuales son mucho menos diversos entre ellos de lo que lo son las distintas razas de perros, y que están mucho más cerca evolutivamente de los gatos salvajes de lo que están perros y lobos. Los autores del artículo argumentan con ello y otras referencias arqueológicas que nuestra relación con los gatos empezó bastante más tarde, una vez los humanos ya vivían en asentamientos estables, y de una manera muy diferente a los perros. Según los autores, las características iniciales de los gatos salvajes (solitarios y defensores individuales de su territorio exclusivo) los hacían poco aptos para la domesticación. Sin embargo en los primeros poblados con graneros, “corrales” y desechos abundaban las ratas, ratones, pájaros… comida fácil para los felinos y favor indirecto a los humanos. Durante mucho tiempo, la relación hombre-gato fue simplemente una tolerancia mutua, sin que interviniera en ningún aspecto la selección artificial. Convivencia sin pretensiones por ambas partes. Posteriormente en algunas culturas como la Egipcia se empezó a venerar a los gatos, pero según los datos genéticos del estudio no fue hasta una fecha muy, muy reciente que empezamos a lograr dirigir mínimamente con quien se reproducían. Los autores del estudio dudan de la utilidad que tuvieron los gatos durante su proceso de domesticación, en el que la única característica importante que desarrollaron fue tolerancia a la gente. En la conclusión de su artículo dicen que el gato doméstico es el producto de 11 millones de años de evolución libre de hombres, 12.000 de selección natural compartiendo por interés nuestro hábitat, y sólo unos 200 en los que hemos empezado cierta selección artificial. Así opinan que la domesticación de los gatos no está completa todavía, y que no han superado su instinto de sentirse más unidos a los lugares que a las personas y ser unos acaparadores de nuestras casas. Defensores de los gatos, podéis replicar.

El fin de la carrera espacial

Por: | 20 de julio de 2009

Hace un par de semanas Michio Kaku publicaba en el Wall Street Journal un artículo titulado “La nueva carrera hacia la Luna”, en referencia a los proyectos de EEUU, China, Rusia, India y Japón de enviar misiones tripuladas de vuelta a nuestro satélite. Esta mañana he estado en la sede central de la NASA en Washington DC atendiendo una sesión para la prensa con 7 de los astronautas que han pisado la Luna en las misiones Apollo. Y tras constatar, como ya sospechaba, que la verdadera justificación al descomunal gasto que supondría un viaje tripulado a la Luna y después a Marte, no son tanto los beneficios científicos ni innovación tecnológica que puedan conllevar, sino el afán explorador de nuestra especie y sobre todo inspirar a las nuevas generaciones como hizo en su momento el Apollo 11, creo que toca replantear el concepto de “carrera” espacial. A mi, por lo menos, no me inspira ver a una serie de países gastando dinero público en paralelo “compitiendo” para plantar su banderita y sacar pecho a la antigua usanza. Si el principal motivo para enviar humanos a explorar el espacio es inspirar (una de las palabras más repetidas durante la conferencia de hoy) y que la humanidad logre una nueva gran hazaña… perfecto. Hagámoslo. Pero tendría mucho más sentido hacerlo todos juntos en una misión internacional que aunara esfuerzos y representara no sólo a un país, sino a todos los pueblos del mundo. Aunque sea por las limitaciones presupuestarias, quizás este podría ser el futuro del viaje tripulado a la Luna. ¿MERECE LA PENA VOLVER A LA LUNA? Planes aprobados ya los hay. En 2004 George W. Bush anunció la intención de enviar de nuevo humanos a la Luna en el 2020 para recolectar materiales, realizar investigaciones científicas, entender funcionamiento del cuerpo en el espacio, y fundamentalmente prepararse para una futura misión tripulada a Marte. Pocos son los confiados en que se van a cumplir los plazos, pero es que además, existen bastantes discrepancias entre los convencidos de que la exploración humana del espacio es imprescindible y los que opinan que los costes exceden holgadamente los beneficios esperables. En resumen, hay 3 motivos básicos que se suelen apuntar para justificar que “vale la pena” ir a la luna: recolectar materiales, investigación científica / innovación tecnológica, e inspiración. Pero todos tienen sus detractores. Concretemos: Recursos minerales: Conseguir Helio-3 Aprovechar recursos y exportar materiales de la Luna es uno de los argumentos utilizados para justificar su regreso. Se ha hablado con relativa seriedad, por ejemplo, de instalar placas solares que permitirían enviar energía hacia la Tierra. Pero el compuesto que más interés ha generado es el Helio-3, un isótopo extremadamente escaso en la Tierra pero que los vientos solares han dejado en cantidades considerables en el suelo lunar. Su interés radica en que por sus características químicas podría ser muy útil en los reactores de fusión nuclear. Los críticos apuntan que las enormes cantidades de materiales lunares que deberían ser transportadas a la Tierra para una vez aquí extraer el Helio 3, la hacen una tarea demasiado costosa. También dicen que sería bueno primero asegurarnos de que podemos controlar la fusión nuclear… y en otra consideración muy relevante, se plantean si eso mismo no lo pueden hacer robots de manera más barata y segura. De hecho, este es uno de los principales focos de discusión. La cuestión no es si debemos explorar el espacio o no, la rotundidad del sí está fuera de cualquier duda. La discusión es si debemos hacerlo con humanos o con unos mucho más baratos robots. Los defensores del viaje tripulado replican que esos mismos argumentos existían al inicio de los 60 y posteriormente se vio que las habilidades y versatilidad humanas eran muy superiores. Continúa siendo así, pero sin duda llegará un momento en que el cuerpo humano tendrá más limitaciones que los futuros robots. Ciencia: Telescopios en la Luna Enviar un astronauta geólogo a recoger muestras e investigar la superficie lunar estaría muy bien, si fuera seguro y más barato. De momento esta brutal inversión científica no parece justificada por mucho que nos ayudara a conocer mejor el origen de nuestro planeta o del sistema solar. Otra iniciativa científica que cuenta con muchos adeptos es instalar telescopios en la cara oculta de la Luna. Su superficie estable permitiría construir estructuras mayores que los telescopios espaciales, y sin una atmósfera que interfiera en las observaciones, y escondidos de las radiaciones de radio terrestres, permitirían explorar en un espectro de bajas frecuencias todavía no testadas. Y el pasado nos dice que siempre que vemos con una nueva lente descubrimos alguna novedad. Los críticos se preguntan hasta qué punto es factible construir un telescopio en las condiciones lunares. Argumentan que, como en el caso del helio 3, los defensores de los viajes tripulados no prestan suficiente atención a las profundas limitaciones técnicas de dichos proyectos. De nuevo, no se trata de investigar sí o investigar no. Claro que sí! Pero si queremos maximizar la relación coste/beneficios, los científicos de la NASA prefieren invertir el dinero en otros telescopios, exploración con robots, sondas… que en viajes tripulados. Inspiración Apollo 11 fue histórico, un hito de nuestra especie que inspiró a jóvenes y adultos pero… ¿volvería a ocurrir lo mismo? Difícil de pronosticar, la sociedad ha cambiado mucho y el concepto “presencia física” a disminuido su valor. Sin duda un proyecto como el de enviar un humano a Marte (a la Luna ya hemos ido) sería tremendamente inspirador, pero quizás no tanto como lo fue el Apollo en su momento. Está en nuestros genes En el epílogo de su libro “Man on te moon”, Andrew Chaikin dice que le irrita oír a la NASA repitiendo la expresión “the next logical step is…” (el siguiente paso lógico es….”. “¿Qué tiene que ver la lógica con todo esto???”, se pregunta Chaikin. Para él, y muchos otros, explorar el espacio es algo más emocional que racional, algo instintivo intrínseco a la naturaleza de nuestra especie. Innegable. Para los pro, éste es uno de los motivos más poderosos. Y para los anti, de los más absurdos. El debate se intensifica cuando unos y otros le añaden argumentos bastante flojos como “algún día la humanidad deberá salir de este planeta” o “tenemos otros problemas aquí en la Tierra”. La segunda carrera espacial A no ser que aparezca la interesante propuesta de un programa conjunto, a nadie se le escapa que las opciones Chinas y Rusas son una “amenaza” al liderazgo estadounidense en la exploración espacial. Uno de los astronautas de la reunión de hoy en la NASA ha citado el programa Ruso buscando la motivación para acelerar el de USA. Ojalá el hombre pise de nuevo la Luna, pero sin que sea una carrera absurda. Innovación tecnológica Es uno de los puntos fuertes para defender el viaje tripulado. Obvio que una empresa así genera grandes avances en su camino que revierten posteriormente en la sociedad. Claramente es un motor de innovación indirecto. La pregunta de los críticos es si los mismos se pueden conseguir de manera directa y sin rodeos. “Pues quizás no, porque como en muchos otros campos, la investigación en lo desconocido es imprevisible”, sería la respuesta más corta y contundente. Ir a Marte, and beyond Está clarísimo: ir a la Luna no está justificado si no es pensando en ir más lejos después. ¿Por qué no vamos directamente a Marte entonces? Es la sugerencia de Buzz Aldrin . “Porque debemos entrenarnos antes”, es la respuesta oficial. La luna sería un lugar ideal para testar cómo responde el cuerpo humano a la vida fuera de la Tierra, y establecer una base que en algún momento podría actuar como parada intermedia en el viaje a Marte. Si esta es la mejor opción o no, es un debate técnico más que ideológico y por lo visto en la sesión de hoy, no parece todavía absolutamente claro. En definitiva, está claro que habrá futuros astronautas pisando la superficie de la Luna, Marte, u otros rincones del Sistema Solar. La discusión es si debido a los enormes costes que eso representa debemos empezar ya o vale la pena esperar un poquito. Lo que sí está claro es que si EEUU quiere cumplir el mandato de Bush de llegar a la Luna en el 2020, Obama deberá decidir pronto si pone todavía más dinero para hacer que sea posible, o anuncia que tiene otros planes prioritarios tan inspiradores para el planeta como las Misiones Apollo. Yo apuesto por lo segundo.

Neuroevolución

Por: | 16 de julio de 2009

Texto escrito por Miquel Bosch, investigador del Picower Institute (MIT)
LOS SUEÑOS DE LAS ESPONJAS DE MAR”, por Miquel Bosch Reconozco que a menudo a los neurocientíficos se nos va un poco la mano con esto del prefijo “neuro-“. Lo ponemos en todas partes: que si neuroeconomía, neuroética, neuromarketing, neuropolítica… En fin, una exageración total. Dicho esto, y con vuestro permiso, voy a introducir una nueva palabra: neuroevolución. ¿Es posible conocer el proceso evolutivo que ha seguido nuestro cerebro desde el origen del sistema nervioso? ¿Existen huellas o fósiles de cómo eran nuestros circuitos neuronales hace 100 millones de años? A partir de las marcas y formas de cráneos fosilizados podemos deducir ciertas características del cerebro que contuvieron en su momento, como por ejemplo, que un tipo de Australopithecus tenía una parte de su lóbulo frontal más puntiagudo y por tanto más capacidad de abstracción y decisión que otro homínido de su misma época. Pero poca cosa más se puede decir. ¿Cómo podemos saber cuándo aparecieron los circuitos neurales que nos hacen humanos, como los que permiten el lenguaje o la planificación del futuro? O yendo aún más atrás… ¿Cuándo apareció la corteza cerebral? ¿Y las propias neuronas? ¿Cuándo se empezaron a comunicar entre ellas? Neurogenómica comparativa Solemos imaginarnos a los expertos en evolución como personas curtidas por el sol desenterrando, cepillo en mano, rocas en forma de hueso de algún yacimiento lleno de polvo en Oriente Medio. Pero los hay que trabajan exclusivamente delante de una pantalla de ordenador -puede que también cubierta de polvo- observando pacientemente fósiles tales como este: ATGAACGGTACCGAAGGCCC… En realidad tenemos un montón de yacimientos dentro de cada uno de nosotros. Nuestro ADN está repleto de genes inactivos y olvidados, de mutaciones fosilizadas de nuestros antepasados más lejanos. Cada una de las células de nuestro cuerpo lleva inscrito en su genoma la historia de nuestra especie. Podemos hallar cicatrices de las batallas luchadas contra los virus o las soluciones que desarrollamos ante los múltiples cambios climáticos que hemos sufrido. Solo se necesita un pico y un cepillo (en este caso una pipeta y un tubo de ensayo) para desenterrar esa cantidad enorme de información. Eso es precisamente a lo que se dedica la genómica comparativa , una rama de la biología que está causando una auténtica revolución en el campo de la paleontología. Comparando las secuencias de los genes de diferentes especies podemos saber cuándo se bifurcaron sus historias evolutivas o cuándo se inventó una determinada habilidad, como el lenguaje, la visión en colores, los pelos, la respiración o los contactos sinápticos. ¿Sueñan las esponjas de mar con ovejas porosas? La respuesta es… “No!”. Las esponjas -y me refiero a las poríferas, esos animales tremendamente simples y amorfos que viven en el lecho marino- no pueden soñar porque carecen por completo de tejido nervioso, neuronas, alma o cualquier sistema de control central. Por no tener, no tienen ningún órgano o tejido especializado. Son básicamente agregaciones de células que filtran el agua para retener los nutrientes que flotan en ella. Por eso mi sorpresa fue mayúscula cuando, descuidadamente, me colé en la conferencia que Kenneth Kosik vino a darnos al MIT. Comentaba, visiblemente entusiasmado, que cuando se mudó de Harvard a la Universidad de California decidió hacer realidad uno de sus sueños científicos: dedicarse a buscar los orígenes evolutivos del sistema nervioso. Y no se le ocurrió otra cosa que buscarlos en los únicos animales que no disponen de él, las esponjas de mar. Mediante las potentes técnicas bioinformáticas que ofrece la genómica comparativa, un estudiante de su laboratorio llamado Onur Sakarya hizo un descubrimiento asombroso: Encontró que la esponja Amphimedon queenslandica, uno de los animales más antiguos y más tontos que podemos encontrar por estos mares, poseía en su genoma prácticamente todas la piezas necesarias para construir las mismas sinapsis que encontramos en el cerebro humano. Pero, ¿para que querrán las esponjas todos esos genes y proteínas sinápticas? Las sinapsis son, sin lugar a dudas, la clave del funcionamiento del cerebro. Son los puntos de contacto entre las neuronas, allí es donde se comunican, donde se envían mensajes químicos en forma de neurotransmisor. También es allí donde se almacena la memoria, ya que cada uno de los cien billones de sinapsis que tenemos en nuestro cerebro puede cambiar de forma independiente, bien potenciándose, bien debilitándose, grabando así la información que reciben del mundo exterior o de nuestros propios pensamientos interiores. En las sinapsis encontramos una maquinaria muy especializada, llamada “densidad postsináptica ”, hecha de centenares de diferentes proteínas, cada una colocada en un lugar muy concreto, cada una con un trabajo muy definido que hacer. Forman un andamiaje fuerte pero maleable, que cambia constantemente a medida que aprendemos. Siempre había pensado que debe de haber costado muchos millones de años de dura selección natural para llegar a este diseño tan inteligente y tan eficaz. Pero resulta que toda esa maquinaria ya ha estado allí desde los mismos orígenes del reino animal. Las esponjas, de las que los humanos nos desviamos evolutivamente hace unos 600 millones de años, ya tienen y tenían entonces la gran mayoría de estos ladrillos moleculares (en azul en la siguiente figura) que constituyen una típica densidad postsináptica humana. Únicamente les faltan unas pocas piezas, como los receptores de glutamato -las “orejas” que reciben los mensajes- (en amarillo en la figura), que no surgirán hasta unos millones de años más tarde con las medusas y las anémonas, y unos pocos elementos proteicos aún más modernos (en verde y rojo) que actúan como pegamento final para unir todas las piezas del puzzle. En realidad no se sabe qué hacen esas proteínas en las esponjas, pero se sospecha que podrían agruparse para crear proto-conexiones en las larvas, que poseen cierta capacidad de recibir señales del exterior. Otra explicación alternativa es que las esponjas sean, en realidad, reliquias degeneradas de ancestros más evolucionados, y que en algún triste momento de la evolución perdieron su sistema nervioso y se apalancaron en el fondo del mar a vivir una existencia mucho menos estresante. Los dominios de las proteínas La lección que podemos aprender del trabajo de Kosik es que la vida evoluciona y soluciona sus problemas reciclando, reutilizando y combinando las piezas que ya tiene. Este fenómeno se conoce como exaptación : aprovechar inventos existentes, viejas estructuras, y reutilizarlas para una función completamente nueva. Otro ejemplo clásico son las plumas de las aves, que en su día fueron una invención de los dinosaurios para regular su temperatura corporal. ¿Y cómo se hace esto a nivel molecular? Simplificando un poco, podemos decir que un gen posee la información para fabricar una proteína, y cada proteína realiza un trabajo concreto en la célula. Pero las proteínas suelen estar formadas a su vez por dominios proteicos , es decir, fragmentos estructuralmente compactos, cada uno con una habilidad única. La función final de esa proteína será la suma de las habilidades de sus dominios. Viendo las proteínas como estructuras con piezas intercambiables (como la cabeza de Mr. Potato®, o como un puzzle, Tetris®, Lego®, Tente®, Mecano®…), podemos hacernos una idea de cómo trabaja la evolución. Recombinando estos dominios se pueden crear una infinidad de nuevas proteínas con propiedades inéditas, y a partir de ahí, funciones, órganos y especies completamente nuevas. De entre los dominios más famosos, hay uno denominado PDZ que actúa como el Velcro®. Une selectivamente unas proteínas con otras y es crucial para mantener las sinapsis correctamente ensambladas. Los colegas de Kosik descubrieron que la similitud molecular entre los PDZ humanos y los de la esponja era de más del 90%. Es decir, el diseño básico no ha cambiado mucho en los últimos 600 millones de años. Y es que, en el fondo, si nos ponemos las gafas de bioquímico y comparamos detenidamente los mecanismos moleculares que permiten a los humanos reflexionar sobre el origen del universo o inventar robots que paseen por Marte… y los mecanismos que les permiten a las esponjas llevar su apacible y so-porífera vida en el fondo del mar…pues, la verdad, no hay tanta diferencia.
Miquel Bosch

Discurso Científico de Obama

Por: | 08 de julio de 2009

La semana pasada Obama ofreció un discurso en Moscú en el que se aproximó a Rusia. A principios de junio se aproximó al mundo musulmán en su histórico discurso de El Cairo . Buen momento para rescatar el discurso de hace un par de meses en la National Academy of Sciences de Washington DC, en el que se aproximó a la ciencia y dejó claras cuáles son las principales apuestas científicas de su administración. La posición oficial de su gobierno la podéis consultar aquí , pero del muy recomendable video de su intervención, destacaría los siguientes momentos: Relevancia global de la Ciencia “En un momento tan difícil algunos creen que el apoyo a la investigación es un lujo, algo no prioritario. Estoy en absoluto desacuerdo. La ciencia es ahora más esencial para nuestra prosperidad, seguridad, salud, medioambiente y calidad de vida de lo que nunca antes lo ha sido” “Sabemos que la investigación en un aspecto concreto de la física, química o biología puede no dar beneficios en un año, en una década, o nunca. Y cuando sí lo hace, a menudo los beneficios son compartidos de manera amplia entre los que han sufragado sus costes y los que no. Por eso el sector privado suele invertir poco en ciencia básica. Y Por eso debemos hacerlo desde el sector público, porque sabemos que aunque el riesgo es grande, también lo son los beneficios a nuestra economía y sociedad”. En clara referencia a Bush: “bajo mi administración, los días en que la ciencia estaba por detrás de la ideología se han terminado. Menospreciar la integridad científica es menospreciar nuestra democracia” (Aplausos) “quiero asegurarme que las decisiones políticas se toman bajo la mejor y más imparcial información científica” Retos El gobierno de Obama tendrá muchos más frentes abiertos en materias científicas y sociales, pero durante su discurso puso énfasis en los siguientes retos a solucionar: - Tenemos un sistema médico que promete nuevos tratamientos y curas, unido a un sistema de salud pública que puede llevar a la bancarrota a familias y negocios. - Un sistema energético que alimenta nuestra economía pero simultáneamente pone en peligro a nuestro planeta - Los estudiantes estadounidenses de 15 años ocupan el 25º lugar en conocimientos matemáticos y 21º en ciencia, comparado con el resto de naciones del mundo Estas parecen ser las líneas prioritarias para Obama, pero dejó entrever cuál es su gran apuesta. El principal Reto “En ninguna área la innovación será más importante que en el desarrollo de nuevas tecnologías para producir, utilizar y ahorrar energía. Por eso mi administración se compromete a desarrollar la energía limpia del siglo XXI” Obama explicó que hace medio siglo, cuando la Unión Soviética lanzó el satélite Sputnik, los estadounidenses quedaron aturdidos; Les habían vencido en la carrera espacial... Los EEUU tenían dos opciones: aceptar la derrota o asumir el reto, y como siempre, decidieron por lo segundo. El presidente Eisenhower creó la NASA y pocos años después Kennedy anunciaba la intención de enviar un hombre a la Luna. Toda la comunidad científica se volcó en el programa Apollo, que además de conseguir su objetivo generó grandes avances tecnológicos y beneficios incalculables en la percepción popular de la ciencia. “El momento Sputnik de nuestra generación es romper nuestra dependencia de los combustibles fósiles”, estableció un contundente Obama. Soluciones Obama dijo que en los últimos años la inversión de EEUU en ciencia ha ido menguando, y como consecuencia, otros países están empezando a adelantarse en la carrera hacia los grandes descubrimientos de la actual generación. Pero el carácter estadounidense no es seguir sino liderar. Y para liderar de nuevo “Estoy aquí hoy para anunciar que dedicaremos más del 3% de nuestro producto interior bruto (GDP) a la investigación y el desarrollo. Esto representa el mayor compromiso con la ciencia y la innovación de nuestra historia. Más incluso que durante la carrera espacial. Este compromiso posibilitará nuestro éxito por otros 50 años.” Con la Ley de Recuperación económica de este año se está consolidando la mayor inversión puntual de la historia en investigación científica, pero en cuanto a apuestas concretas Obama destacó: - 150 mi millones de dólares en los próximos 10 años para invertir en eficiencia energética y fuentes de energía renovables que sean competitivas. No son palabras vacías. Obama ofrece los recursos que los científicos andan pidiendo. La pelota está en su tejado. Si Obama cumple pero dentro de 10 años continuamos igual, más de uno perderemos algo de confianza en la ciencia. De nuevo, Obama no lo hace sólo por proteger el medioambiente: “la nación que lidere el mundo en la energía limpia del siglo XXI, será la que lidere la economía global de este siglo”. - Computerización de todos los registros médicos para evitar duplicaciones, pérdidas y errores que cuestas miles de millones de dólares y miles de vidas. Este es uno de los aspectos que suele destacar Obama, convencido que el manejo conjunto de todos los datos médicos tiene el potencial de mejorar la prevención, obtener informaciones que nos permitan entender mejor la enfermedad, y encontrar nuevas estrategias en la gestión de la salud. Apoyo total también a la investigación en biomedicina. Incremento para los National Institutes of Health, y 6 mil millones de dólares para la investigación sobre el cáncer con el objetivo de doblar los fondos destinados a curar esta enfermedad. - Educación: “hoy anuncio un compromiso renovado a la educación en ciencias y matemáticas. Esto es algo que me preocupa profundamente”. Por el tiempo que le dedicó y el énfasis que le puso en su discurso, parece que así es. Entre las medidas, Obama quiere renovar la plantilla de profesores. “la calidad de los profesores es el factor más importante en el éxito del alumno”. También dijo que el 20% de estudiantes en matemáticas y el 60% en química y física son enseñados por profesores sin experiencia en estos campos, y que para el 2015 se prevé un déficit de 280.000 profesores en estas disciplinas. 5 mil millones de dólares en el programa Race to the Top para repartir entre los estados que más se esfuercen en solucionarlo (educación no depende del gobierno federal sino de los estados). Más becas, facilidades para acceder a la universidad… pero presión a los estados para que mejoren la calidad de sus profesores, premien a los buenos, y faciliten la entrada de profesionales en las aulas. Idea global: apuesta clara por formar a las nuevas generaciones para que afronten los grandes retos de este siglo. “El descubrimiento científico requiere tiempo, trabajo duro, paciencia… mucho aprendizaje y el apoyo de una nación. Pero sustenta una promesa como ninguna otra área de la actividad humana” Si el evento hubiera sido en la NASA en lugar de la NAS seguro que Obama habría modificado algún punto. El programa entero de su gobierno cuenta con muchos otros aspectos científicos a considerar, pero cuando le toca abreviar a 30 minutos de discurso, el presidente de EEUU deja claras cuáles son las líneas que pretende priorizar para su país.

El País

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