40 Aniversario
Apuntes científicos desde el MIT

Apuntes científicos desde el MIT

Este Blog empezó gracias a una beca para periodistas científicos en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Boston, donde pasé un año aprendiendo ciencia con el objetivo de contarla después. Ahora continúa desde Nueva York buscando reflexiones científicas en otras instituciones, laboratorios, conferencias, y conversando con cualquier investigador que se preste a compartir su conocimiento.

Sobre el autor

Pere Estupinya

. Soy químico, bioquímico, y un omnívoro de la ciencia, que ya lleva cierto tiempo contándola como excusa para poder aprenderla.
Sígueme en Facebook o a través de mi web pereestupinya.com.

Libros

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En esta nueva aventura científica que recorre desde laboratorios y congresos de medicina sexual hasta clubs de sadomasoquismo o de swingers, Pere Estupinyà nos ofrece la obra más original y completa que ningún autor hispanohablante haya escrito nunca sobre la ciencia de la sexualidad humana.

El ladrón de cerebros La ciencia es la aventura más apasionante que puedas emprender.
En El Ladrón de Cerebros, Pere Estupinyà se infiltra en los principales laboratorios y centros de investigación del mundo con el objetivo de robar el conocimiento de los verdaderos héroes del siglo XXI —los científicos— y compartirlo con sus lectores. El Ladrón de Cerebros

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Biodiversidad: “Prefiero un quetzal a cinco vacas”

Por: | 26 de febrero de 2010

"Prefiero un quetzal a cinco vacas" le dijo el alcalde de un poblado interior de Costa Rica a Rodrigo Gámez, presidente del Instituto Nacional de Biodiversidad en San José, para dejarle tranquilo ante la llegada de unos empresarios que querían explotar sus bosques. El sentido era muy claro: los quetzales –pájaros preciosos que habitan en los bosques del Caribe-, generaban muchos más ingresos en turismo que la ganadería o agricultura.

Recupero esta historia grabada y anotada el verano pasado en el INBIO, tras escuchar a un miope asegurar que proteger la biodiversidad era un capricho de países ricos, pero un lujo para países en pleno desarrollo.

Por desgracia todavía hay quien, frente a argumentos éticos y de responsabilidad con la naturaleza, dice anteponer el bienestar humano y el progreso económico a un simple pajarito. Lejos de ser coherente, esta búsqueda del beneficio inmediato es absolutamente cortoplacista. Incluso en términos estrictamente económicos, a medio plazo conservar es mucho más rentable que destruir.

Y si no, que se fijen en lo ocurrido en Costa Rica. Rodrigo Gámez me explicó que a pesar de ser un país tan pequeño, debido a su orografía, temperatura estable, y haber sido un puente intercontinental que tras su formación permitió el encuentro de especies provenientes de América del Sur y del Norte, acumula hasta el 4% de biodiversidad existente en todo el mundo. Mucha más que Canadá y EEUU juntos. Y lo más importante: ha sabido conservarla. Un tercio del territorio de Costa Rica está protegido, es de los pocos lugares donde los bosques están creciendo, y apostó por un modelo de turismo sostenible que ha enriquecido tanto a la naturaleza como a sus ciudadanos.

En los trópicos se acumula el 80% de la biodiversidad mundial. Protegerla y saber sacarle partido es una apuesta ganadora para los países que la contienen. Sin duda hay problemáticas prioritarias, pero no deben ofuscar el hecho que la biodiversidad es un tesoro irremplazable que cada vez será más cotizado, incluso económicamente.

“Es mucho mejor vender un árbol 1000 veces que sólo una”, me dijeron en la reserva biológica de Monteverde en relación a los visitantes que les llegan. “Pero no es sólo el turismo lo que da beneficios!”, insistió Rodrigo Gámez tras explicar la anécdota del quetzal.

Rodrigo me mostró sus gráficos mostrando que en los parques nacionales el turismo naturalista dejaba más ingresos por hectárea que la deforestación para plantar café. Pero enseguida mencionó los beneficios derivados de las numerosas investigaciones internacionales que atraen los manglares, bosques nubosos o arrecifes coralinos. Habló de mejoras en la calidad de vida, de la educación recibida por los 180.000 alumnos que pasan por el Inbioparque cada año, de biodiplomacia, y del síndrome de déficit de naturaleza que afecta a niños urbanos por falta de contacto con entornos naturales.

Y a continuación, me acompañó por sus laboratorios de bioprospección, donde científicos y empresarios locales perseguían descubrir principios activos de animales y plantas para sintetizar químicamente pinturas, pesticidas, o medicamentos de origen natural. Dos de los productos que esa institución ya ha patentado y comercializado eran un tranquilizante a partir de una variedad de tilo, y unas pastillas para problemas digestivos elaborados con extractos de la planta “hombre grande”, utilizada tradicionalmente para tratar dolores estomacales.

Además de los aspectos medioambientales, la clave es comprender que la biodiversidad también es una valiosísima fuente de recursos que puede generar productos de alto valor agregado si la sabemos explotar de manera sostenible.

Cuando la oruga de una mariposa Morpho se posó en el hombro de Rodrigo me preguntó si sabía cuál era el origen del color azul de sus alas. Tras mi expresión desencajada explicó que las flores deben su color a pigmentos; sustancias químicas que producen color. Pero los tonos de las alas de algunos insectos, aves o mariposas son el resultado de estructuras microscópicas que reflejan la luz a diferentes longitudes de onda. Los pigmentos llevan siglos utilizándose como tintes o pinturas, pero hace poco que estos otros colores estructurales se están empezando a utilizar industrialmente para conseguir productos con color propio sin necesidad de ser pintados. Era sólo un ejemplo de lo que se puede aprender y aprovechar con los centenares de miles de especies diferentes que habitan en Costa Rica.

A sus 73 años envidiablemente bien llevados, Rodrigo Gámez no necesitaba argumentos económicos para justificar su compromiso con la preservación de la naturaleza. Yo tampoco. Invertimos más tiempo y pasión conversando sobre los árboles del parque, los hilos de araña, o sus colecciones de mariposas y extenso catálogo de especies de insectos. Pero si como presidente del Instituto de Biodiversidad de Costa Rica le tocaba demostrar la rentabilidad de proteger la biodiversidad frente a políticos y gobernantes, disponía de argumentos sólidos para hacerlo.

La biodiversidad es una fuente de riqueza, no sólo en sentido metafísico.

La historia de la vida en 1000 palabras

Por: | 19 de febrero de 2010

Hace 4600 millones de años, restos de polvo y gas girando en un disco estelar alrededor del Sol empezaron a colapsarse hasta constituir un planeta que más tarde llamaríamos Tierra.

Esa gran masa derretida comenzó a enfriarse pero muy pronto, hace 4530 millones de años, un colosal impacto expulsó al exterior los materiales que a la postre formarían la Luna.

Mientras, la superficie de la Tierra primigenia se convirtió en un laboratorio químico prebiótico donde las diferentes moléculas químicas iban combinándose y haciéndose cada vez más complejas, hasta que en algún momento hace 4.000 millones de años aparecieron unas protocélulas constituidas por envoltorios lipídicos que daban cobijo a macromoléculas de ácidos nucleicos con capacidad de autoreplicarse.

Dichas cápsulas de previda podrían haberse creado y destruido en muchos lugares y sitios a la vez, o incluso llegado del espacio exterior a bordo de meteoritos; pero lo cierto es que fueron evolucionando hasta constituir los primeros microorganismos procariotas, con moléculas de ADN esparcidas por su interior junto a unos procesos metabólicos básicos que les permitían obtener energía de los compuestos químicos que atrapaban del medio exterior. Entre ellos, la glucosa.

La vida procariota continuó evolucionando, fusionándose, sofisticándose y haciendo todo tipo de experimentos intracelulares durante 1500 millones de años. Arqueas y bacterias se separaron, y a un tipo de estas últimas se les ocurrió inventar algo llamado fotosíntesis provocando uno de los eventos más trascendentales en la historia de la vida en la Tierra: las cianobacterias llenaron la atmósfera de oxígeno.

Se calcula que las primeras células eucariotas con núcleo y orgánulos bien definidos aparecieron hace 2.000 millones de años, y perfeccionaron una manera de compartir material genético que daría origen a una reproducción sexual que les permitiría evolucionar más rápidamente. El mundo continuó siendo unicelular hasta hace poco más de mil millones de años. Entonces, la evolución dio un salto más inverosímil, revolucionario y único, que el propio origen de la vida: varios microorganismos aprendieron a trabajar en conjunto y terminaron renunciando a su identidad individual para convertirse en los primeros seres pluricelulares. Este hecho insólito y el fin de un períodos glacial facilitó la llegada de faunas como la de Ediacara hace 650 millones de años, formada por animales y plantas que no necesitaban moverse porque vivían en paz sin necesidad de depredarse los unos a los otros.

Este entorno bucólico se transformó con la llegada de los animales modernos y la fabulosa explosión del Cámbrico 530 Ma (millones de años atrás). Fue posiblemente la etapa más esplendorosa de la vida. Como S.J. Gould ilustró en su apasionante libro “La vida maravillosa”, los organismos más aberrantes y los diseños corporales más inverosímiles que puedas imaginar aparecieron sin restricción. Había más diversidad de estructuras básicas en el Cámbrico que en la actualidad. Y llegaron los artrópodos. Representados por los extintos trilobites o Opabinia, iban a ser los precursores de insectos, arácnidos o cangrejos y representar el 85% de especies animales del planeta.

La vida continuó diversificándose en los océanos con moluscos, medusas, amebas, crustáceos, estrellas de mar, pulpos, o ciempiés primitivos que según el registro fósil empezaban ya a explorar tierra firme. También aparecieron los cordados, animales que tenían un nervio central a lo largo de su cuerpo y de los que hace 485 millones de años surgieron los primeros vertebrados.

Los peces surcaron los mares 440 Ma, y las algas verdes evolucionaron hasta convertirse en plantas que colonizaron la tierra y acelerando el desplazamiento de insectos hacia su interior.

En los siguientes millones de años a los peces les crecieron mandíbulas y dientes, y en los continentes salieron líquenes, más diversidad de plantas, ácaros y todo tipo de insectos. Incluidos algunos con alas y capacidad para volar. Cuando 363 Ma empieza el carbonífero la vegetación ya cubría la tierra, había bosques con gigantescos helechos, árboles, libélulas de 60 cm, escorpiones, y los primeros anfibios empezarían a abandonar los lagos para adentrarse en el mundo terrestre. La Tierra tal y como la conocemos estaba cogiendo forma. 300Ma aparecieron los reptiles, luego los escarabajos, y muchos nuevos tipos de plantas. La vida se iba diversificando hasta que 250Ma la gran extinción del Triásico eliminó el 96% de especies marinas y el 70% de terrestres. Se discute si fue un impacto, vulcanismo extremo, liberación de metano, o una combinación de desgracias que provocó un cambio climático extremo de consecuencias desastrosas para muchas especies, pero que permitió el brote de otras nuevas. Los mares se repoblaron con grandes depredadores, algunos reptiles dieron paso a los dinosaurios 225Ma, y pequeños mamíferos intentaban hacerse un espacio en este nuevo mundo hace 200 millones de años.

Llegó el Jurásico, acompañado de mayor diversidad de anfibios, insectos que chupaban sangre, reptiles, enormes peces, y unos dinosaurios a los que 150Ma les salieron alas convirtiéndose en los precursores de los pájaros actuales. Algo faltaba para terminar de embellecer el planeta: las flores. Las plantas con flor nacieron 130Ma, motivando una nueva explosión de diversidad cuando los insectos empezaron a utilizar y dispersar su polen. Llegaron animales como las abejas, serpientes u hormigas que se han mantenido intactas durante 80 millones de años. Los dinosaurios continuaron creciendo majestuosos hasta que la caída de un meteorito 65 Ma desencadenó la extinción del Cretácico eliminándolos a todos excepto las aves. El vacío que dejaron los dinosaurios fue aprovechado por los mamíferos para abandonar su vida nocturna, crecer en tamaño, y expandirse por los ya casi separados 5 continentes. Los pájaros se diversificaban, empezaban a cantar, y se convertían en las especies modernas que ahora conocemos. Unos mamíferos constituyeron 60 Ma el grupo primates, mientras que otros decidieron irse a vivir a los océanos y dar lugar a ballenas o delfines. Hace 40 millones de años surgieron las mariposas, y los mamíferos continuaban diversificándose en felinos, jirafas, caballos, o chimpancés.

6 Ma Ardi se convirtió en el homínido más antiguo que conocemos; una familia de primates que caminaban de pie y cuyo cerebro fue aumentando pasando por australopitecos que comían carne, habilis que fabricaban herramientas complejas, un ergaster con indicios de cierto lenguaje articulado, heidelbergensis y antecessor con conocimiento abstracto, y la llegada hace 200 mil años de un Homo sapiens que salió de África para pretender adueñarse de un mundo que durante un corto tiempo tuvo la ilusión de dominar.

Me apetecía desde hacía tiempo poner un cierto orden y asentar en mi propia cabeza algunos acontecimientos en la evolución de la vida en la Tierra filtrando los que a mi más me llamaban la atención. Qué mejor manera de hacerlo que compartirlos en el blog con quienes ampliar y matizar esta inocente pincelada a la mayor historia jamás contada.

Estrés, canas, y coronilla

Por: | 14 de febrero de 2010

Durante los últimos 2 años en mi pelo han aparecido bastantes canas. ¡Y me preocupa!

No porque piense que pueda o deba evitarlo, faltaría mas, sino por si es un signo de que el intenso y desordenado ritmo de vida que llevo puede estar pasando factura al proceso de envejecimiento celular de mi cuerpo.

Por eso, cuando la semana pasada un amigo a quien no veía desde hacía tiempo me dijo “¡Cuantas canas te han salido!”, en lugar de responder “¡Pues tú esa panza no la tenías!”, decidí buscar un poco de información científica sobre la relación canas-estrés-envejecimiento.

El primer dato encontrado fue positivo: un estudio danés siguió a 20.000 personas y no encontró ninguna relación entre mortalidad por causas naturales y edad de aparición de canas, signos de arrugas, o calvicie. Es decir, la pronta aparición de canas no parece indicar que tu cuerpo envejezca (desde una perspectiva médica, no estética) más rápido.

Interesante, pero tampoco es una gran sorpresa que digamos, y no explicaba si episodios de estrés podían adelantar el emblanquecimiento de mi pelo. Siguiendo esa pista encontré un artículo de hace algunos meses debatiendo si el incremento de canas de Barack Obama podía ser debido a la presión que estaba sometido. Los médicos consultados venían a expresar un “No. Ya le tocaba, y punto”. El principal factor –y destacado- que marca cuando tu pelo empezará a volverse blanco son los genes que te pasen tus padres. En concreto, entre razas los blancos suelen empezar más pronto, seguidos de los asiáticos y las personas de color. Lo normal es que las primeras canas aparezcan pasados los 30, y que a los 50 la mitad de nuestros pelos sean blancos. La gran diversidad que puedes observar depende básicamente de la genética.

Ok, pero… ¿el estrés acelera el proceso o no? Pues parece que no; que el vínculo vida atosigada-canas es un mito.

Sí se ha observado una relación con el estrés celular. Por estrés celular los científicos entienden la acumulación de agresiones que recibe el ADN de tus células, ya sean los famosos radicales libres, procesos metabólicos intracelulares, o factores externos como agentes químicos o luz ultravioleta. Y resulta que los melanocitos de tus folículos capilares son bastante sensibles a estos cambios.

Los melanocitos son las células que, dentro de cada folículo capilar, van produciendo el pigmento melanina que impregna y da color a las fibras de keratina de tu pelo.

A medida que envejeces las células precursoras de melanocitos van dañándose y perdiendo actividad, y un estudio publicado el pasado julio en la revista Cell sugiere que si maltratas su ADN, disminuye su diferenciación hacia melanocitos. En uno de los experimentos, sometieron ratones a radiaciones de UV y vieron un daño celular asociado a mayor aparición de pelos blancos.

Es decir, agresiones físicas sí pueden hacer aparecer más canas, pero no hay estudios científicos concluyentes que hayan encontrado una relación directa entre el estrés psicológico y que más proporción de pelos salgan blancos en lugar de oscuros.

Conclusión: Respecto mis canas, debo quedarme tranquilo y hacer caso a esa chica que me mira con buenos ojos y dice que no me hacen más viejo sino más interesante.

Pero… ¿y esa incipiente coronilla que por suerte sólo veo cuando la desalmada peluquera pasa ese espejito malévolo para mostrarme desde todos ángulos cómo quedó de mi corte de pelo?

Tras la pista de las canas de Obama, venía el cotilleo sobre la supuesta pérdida de vitalidad de la lujuriosa melena de la queridísima Sarah Palin durante la precampaña. ¿Estará relacionado el estrés con el debilitamiento y la pérdida de pelo? En esto sí, no? Pues depende.

El estrés de verdad, el que se sufre tras un suceso traumático, un momento de intensidad emocional o física verdaderamente extrema, o en ocasiones tras el nacimiento de un hijo, sí puede desencadenar un desorden llamado telogen effluvium: El ciclo de crecimiento de los folículos capilares se detiene, tu cabellera no se irá regenerando, se debilita, y a los tres meses experimentarás una perdida de pelos considerable. De normal te pueden caer unos 100 pelos cada día, y ante una situación así puede fácilmente quintuplicarlo.

Pero esto sólo ocurre en casos de estrés patológico serio. El “estoy estresado” de los que nos quejamos por vicio, que no pasa de dormir poco por trabajar mucho pero al mismo tiempo no querer perderse ningún sarao, no conlleva directamente pérdida de pelo. Si va unido a una dieta pobre, tomar más copas, o un maltrato generalizado del cuerpo, sí puedes perder más pelo y tenerlo más finito (esto me recuerda que quizás debería actualizar la foto del blog…). Pero de por sí, el “ir a tope” cotidiano es bastante menos trascendente para el debilitamiento del pelo de lo que solemos creer.

Conclusión final: que no me merece la pena bajar el ritmo…

Metagenómica: reexplorando las bacterias en los poros de tu piel

Por: | 09 de febrero de 2010

Si microbiólogos como Julie Segre del NIH frotan un algodón por la parte más externa de tu piel y lo analizan con técnicas de metagenómica (esto es lo importante del post, pero luego te cuento), encontrarán 10 mil bacterias por centímetro cuadrado. Si escarban un poquito y se quedan con las capas celulares más superficiales de la epidermis, podrán contar hasta 50.000 bacterias en cada cm2. Y si de la misma área te hacen una pequeña biopsia alcanzando los folículos capilares y las glándulas sebáceas aparecerán… 1 millón! Es decir; tu cuerpo está cubierto de bacterias, pero desiste en pretender desprenderte de ellas lavándote a fondo, la inmensa mayoría viven bien adentro de tu piel.

Que esto no te de repelús! están allí para servirte. Degradan aceite para humedecerte, controlan el pH de tus zonas íntimas, evitan que otras comunidades patógenas te colonicen… déjalas vivir en paz, y ni se te ocurra considerarlas más prescindibles que tus propias células humanas. Julie Segre, al igual que muchos otros científicos trabajando en el Human Microbiome Project, considera que “las bacterias que habitan en nuestro cuerpo son parte de tu organismo”. Tú estás formado por tus propias células eucariotas, junto a un número 10 veces superior de células bacterianas. No, no he sufrido un lapsus: ahora mismo encima y dentro de ti hay 10 veces más bacterias que células “tuyas”. Y reza porque continúe siendo así, ya que sin ellas te resultaría complicadísimo sobrevivir.

Pero vayamos a la metagenómica, la nueva ciencia que está revolucionando el mundo de la microbiología.

Hace un tiempo, si un microbiólogo quería averiguar cuántas bacterias tenías en tu boca restregaba unos palitos por la parte interior de tu mejilla, otros por encima de las encías, por el paladar, por debajo de la lengua… y embadurnaba con ellos diferentes placas de cultivo donde las comunidades de microorganismos podían crecer y ser estudiados. Pero había un problema: allí crecía sólo una pequeña parte de la diversidad de fauna microbiana que existía. La gran mayoría de bacterias quedaban ocultas. Y por si fuera poco, las que sí aparecían sólo podían ser estudiadas de manera aislada y fuera de su entorno natural.

Ahora, desde que los científicos pueden aprovechar el espectacular progreso en las técnicas de secuenciación genómica, la bioinformática, y la biología de sistemas, hacen algo muy diferente: cogen la muestra, y se ponen a secuenciar a destajo todo lo que en ella habite. No se les escapa nada. Luego, analizando fragmentos concretos del ADN son capaces de ordenar las secuencias, averiguar cuantos tipos diferentes de microorganismos hay, en qué cantidad, y cómo se relacionan entre ellos. De alguna manera están construyendo un mapa genético global de toda la comunidad de individuos que viven en un rincón determinado de tu cuerpo. Por eso al Human Microbiome Project le llaman el segundo genoma humano.

De esta forma, y cogiendo muestras de 20 sitios diferentes de la piel de un grupo bien caracterizado de voluntarios, Julie Segre ha descubierto que en nuestra piel tenemos 100 veces más tipos de microorganismos de los que conocíamos (no el doble, o el triple, o diez veces más… 100!). “Los que tú tienes en tu axila se parecen más a los de mi axila que a los de tu propio pecho”, me explicó el pasado martes Julie, en el Instituto del NIH en que Francis Collins dirigió la hace 10 años la iniciativa pública del Proyecto Genoma Humano.

“Conocer al detalle esta diversidad es fundamental”, continuó Julie. “Cuando aplicamos un antibiótico para tratar una infección podemos estar eliminando bacterias que nos son necesarias, y que antes ni sabíamos que existían. Y no es eso lo que queremos. El objetivo es tener una comunidad microbiana sana, y averiguar cuál es su papel en la salud y la enfermedad”.

Ya se que no parece un objetivo muy novedoso. No lo es, de la misma manera que hace 4 siglos Galileo también tenía como objetivo comprender cómo funcionaba el Universo. Los grandes descubrimientos vienen dispuestos por las herramientas con que cuentan los científicos. Y la metagenómica va a significar para la microbiología lo que el LHC a la física de partículas o los escáneres cerebrales al conocimiento del cerebro. Es una herramienta muchísimo más poderosa para reexplorar el mundo microbiano. Ya lo está haciendo Craig Venter en su búsqueda de genes por los océanos, ecólogos en ambientes extremos, y el consorcio del Humane Microbiome Project en el cuerpo humano. Y normalmente, cuando la tecnología suministra nuevas lentes a la ciencia, suelen aparecer resultados inesperados.

Julie reconoce que todavía están en una fase inicial de exploración. El artículo que publicó el año pasado en Science “sólo” era una descripción de la diversidad de bacterias que habían en las diferentes zonas del cuerpo humano, y cómo variaban entre individuos. Pero ya están empezando a buscar asociaciones con enfermedades y trastornos. Colegas suyos estudiando los microorganismos del sistema digestivo ya han conseguido los primeros resultados, pero asegura que las grandes sorpresas están todavía por llegar. Más a título de curiosidad, me resultó interesante una investigación sobre si los brebajes de la medicina oriental pueden ser más eficientes allí que en occidente debido a diferentes floras intestinales.

A los científicos les cuesta horrores soltar prenda antes de tener sus resultados publicados, pero preguntándole a Julie si tienen indicios de que aparecerá algo sonado, contesta un contundente “desde luego! Estamos empezando a ver resistencia a fármacos, o asociaciones con desórdenes que en principio no tienen nada que ver. Todo indica que los resultados serán muy claros, y el traslado a la práctica clínica será rapidísimo”.

Abstrayéndonos todavía un poco más del tema, esta metagenómica que analiza los genomas de toda una comunidad de individuos a la vez representa una nueva era en la microbiología. Para los que os guste divagar, puede implicar incluso un cambio en el concepto de ser independiente. Los científicos están encontrando tanto popurri bacteriano, tanta transferencia de genes, tanta flexibilidad, tantas combinaciones posibles, que la idea de organismo individual se está diluyendo, y trasciende a un conglomerado de genes que actúan en conjunto, estén dentro de unas pelotitas lipídicas u otras. Es decir: Julie Segre confiesa que en el fondo no persigue identificar microorganismos, sino genes bacterianos. La metagenómica es en realidad una “caza de genes” con diferentes funciones, y da igual si se agrupan de una manera u de otra. La vida microbiana es mucho más maleable de lo que pensábamos.

Consecuencias letales del negacionismo

Por: | 05 de febrero de 2010

No salgo todavía de mi asombro por el estudio que anoche cayó en mis manos…

Siempre han existido diferentes tipos de negacionismo y teorías conspirativas posicionándose en contra del consenso científico: la llegada del hombre a la Luna fue un montaje, los humanos no tenemos nada que ver con el cambio climático, el tabaco no provoca cáncer…

Uno de los casos más escandalosos fue –todavía hay grupos minoritarios que así lo creen- la negación de que el virus HIV fuera la causa del SIDA. “¡Es una invención de las farmacéuticas!”, decían unos pocos listos tomándonos al resto por marionetas. “Hay científicos que así lo afirman”, argumentaban apoyándose en un reducidísimo número de investigadores con ganas de notoriedad entre los que, efectivamente, había incluso un premio Nobel. “Los medicamentos son perjudiciales”, afirmaban saltándose los resultados de ensayos clínicos con total impunidad.

La verdad, nunca les había otorgado demasiada importancia, hasta este estremecedor estudio de la Harvard School of Public Health: si entre el año 2000 y el 2005 el gobierno de Sudáfrica hubiera aceptado las ayudas y fármacos que se le daban gratis en lugar de rechazarlos argumentando que eran ineficientes contra el SIDA, se hubieran salvado 330.000 vidas humanas.

Impresionante.

En el fondo es sólo poner números a una realidad ya conocida y denunciada ampliamente durante años por multitud de organizaciones. Pero las cifras impactan.

Los autores del estudio explican que en 1999 el presidente Thabo Mbeki decidió no aceptar los fármacos ZDV y AZT como tratamiento del SIDA y contra la transmisión del virus de madres infectadas a hijos. Argumentó que eran tóxicos e ineficientes contra una enfermedad que no era causada por el HIV. Mientras su ministra de salud defendía el uso de ajo, limón y ciertos vegetales.

En esos momentos la comunidad científica ya había demostrado sobradamente la relación entre virus y enfermedad y la eficacia de los antirretrovirales. Sólo un puñado de científicos -el artículo cita textualmente a Peter Duesberg- alimentaban su fama negando que el HIV fuera el causante del SIDA. Algunos de ellos formaban parte del panel de expertos que asesoraba al gobierno de Mbeki.

Los investigadores de Harvard hicieron una estimación de cuantas personas habrían recibido tratamiento entre 2000 y 2005 si el gobierno sudafricano no se hubiera opuesto, y calcularon que se habrían evitado 35.000 nacimientos de bebés ya infectados, y salvado 330.000 personas con un equivalente total de 2,2 millones de años de vida perdidos.

No es nuevo. Pero hay momentos en que merece la pena recordar las consecuencias de dar la espalda a la ciencia, y lo peligroso de seguir unas posturas negacionistas que transforman el riguroso y necesario escepticismo de la ciencia en un compromiso ideológico inflexible.

El País

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