40 Aniversario
Apuntes científicos desde el MIT

Apuntes científicos desde el MIT

Este Blog empezó gracias a una beca para periodistas científicos en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Boston, donde pasé un año aprendiendo ciencia con el objetivo de contarla después. Ahora continúa desde Nueva York buscando reflexiones científicas en otras instituciones, laboratorios, conferencias, y conversando con cualquier investigador que se preste a compartir su conocimiento.

Sobre el autor

Pere Estupinya

. Soy químico, bioquímico, y un omnívoro de la ciencia, que ya lleva cierto tiempo contándola como excusa para poder aprenderla.
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Libros

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En esta nueva aventura científica que recorre desde laboratorios y congresos de medicina sexual hasta clubs de sadomasoquismo o de swingers, Pere Estupinyà nos ofrece la obra más original y completa que ningún autor hispanohablante haya escrito nunca sobre la ciencia de la sexualidad humana.

El ladrón de cerebros La ciencia es la aventura más apasionante que puedas emprender.
En El Ladrón de Cerebros, Pere Estupinyà se infiltra en los principales laboratorios y centros de investigación del mundo con el objetivo de robar el conocimiento de los verdaderos héroes del siglo XXI —los científicos— y compartirlo con sus lectores. El Ladrón de Cerebros

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Craig Venter y su célula sintética

Por: | 29 de mayo de 2010

Aquí estamos Venter y yo a finales del 2007 en Harvard tras la presentación de su libro:

- “Oye Craig, ¿eso que dijiste antes de crear vida artificial iba en serio o era un farol?”

- “Tu espera un par de años y verás…” - "¿Te has fijado que esa chica me mira más a mi que a ti?"

- "No lo entiendo... ¡¡¡pues si yo soy un genio!!!"

Quizá a estas alturas ya habréis oído de todo sobre la célula con ADN sintético creada por Craig Venter. Pero es cierto; no podíamos dejar de comentar este hito –porque sí lo es- en el blog. Revisemos los aspectos principales, y compartamos impresiones.

La noticia

Craig Venter secuenció primero el genoma de una bacteria muy simple, luego sintetizó en el laboratorio una copia haciendo pequeños cambios, introdujo este ADN sintético en otra bacteria de características ligeramente diferentes, y logró que el nuevo ADN se adueñara de su maquinaria celular y empezara a dividirse convirtiéndose en el primer ser vivo cuyo material genético completo ha sido creado artificialmente. (O “cuyo padre es un ordenador”, como el propio Venter dijo en rueda de prensa)

¿Es un logro tan espectacular?

¡Desde luego! Me desconciertan algunos científicos diciendo que el impacto mediático está sobredimensionado y es fruto de un marketing eficaz. Enseguida les daremos la razón en que no es una sorpresa y algunos aspectos se han exagerado; pero si esta noticia científica no merece estar en primera página, que me digan cual sí.

¿Se puede considerar vida artificial?

Eso, a la larga, no lo decidimos ni tu ni yo sino el consenso de la comunidad científica. Y la mayoría de compañeros de Venter en el campo de la biología sintética dicen que no es suficiente con sintetizar un cromosoma entero e introducirlo en una célula que mantiene todo su engranaje. Será vida artificial cuando alguien consiga diseñar de novo más elementos, y a poder ser cualitativamente diferentes de lo que ya existe en la naturaleza. La bacteria con ADN de Venter quedará registrada en los libros de historia como un paso intermedio valiosísimo hacia la vida artificial, o sintética, que algún día llegará.

¿Es revolucionario?

No. Revolucionario es cuando te cuentan algo inesperado, y que rompe con toda una línea de pensamiento. Como descubrir que el Universo se expande de manera acelerada o que –más recientemente y a menor escala- todavía tengamos ADN de neandertal en nuestro genoma. El hito de Venter es la consecución de algo dificilísimo de hacer, pero que los científicos sabían que era factible y el propio Venter llevaba anunciado desde hace tiempo. Tras escucharlo hablar en Harvard en 2007 escribí textualmente en el blog: “Su idea es conceptualmente sencilla: primero identificar el número mínimo de genes que un microorganismo necesita para sobrevivir. Luego sintetizar base a base este genoma e introducirlo en una célula hospedadora. Entonces el material genético empezará a generar proteínas, y poco a poco transformará esa célula en una nueva criatura.
Por si sólo esto ya sería –será- uno de los hitos científicos más trascendentes de la historia de la biología”.

Por eso me hace gracia tanta reacción política y premura en pedir informes y exigir regulación. Porque los científicos ya llevaban esperándolo desde hace tiempo, y por otro aspecto.

¿Tendrá un gran impacto a nivel práctico?

Lo tendrá y mucho, pero no a medio plazo. Éste es uno de los hechos más controvertidos y por el que se acusa a Venter de buscar popularidad (yo lo percibo más como alguien con espíritu pionero). En la práctica, la bacteria que ha “creado” Venter podría haber sido “creada” mucho más fácilmente con ingeniería genética convencional. Y esto continuará siendo así durante muchísimo tiempo. Lo novedoso es el método, no el resultado final. Sintetizar un ADN enterito y conseguir que sea viable en una célula hospedadora es ser un genio, una demostración de poder técnico, pero queda lejos que esta aproximación de Venter sea más eficiente que otras estrategias en biología sintética. Es como lograr por primera ver el éxito de codificar información cuánticamente en una partícula subatómica, y ver lo que te falta para construir un ordenador cuántico más potente que uno convencional.

Patentes y propiedad intelectual

En este blog criticamos las patentes genéticas cuando una compañía descubre un gen humano de importancia biomédica y bloquea los tests predictivos o la investigación. Pero este caso es diferente, y se podría asemejar más al diseño de alimentos transgénicos. Es realmente biotecnología, y parece más difícil de justificar que una empresa privada no pueda reservarse derechos sobre su invención. De esta bacteria concreta presentada por Venter no se le dará la patente porque es una copia; pero si algún día logra diseñar genes nuevos que otorguen funciones nuevas –objetivo de la biología sintética-, y crear un organismo realmente original que sea más eficiente produciendo biocombustibles o sintetizando fármacos, evidentemente sí será patentable.

Es peliagudo, y quizá lo ideal sería que los gobiernos –interfiriendo lo menos posible- siempre pudieran guardarse la última palabra y establecer un “hasta aquí hemos llegado” pensando en el bienestar de la población.

¿Hay motivos éticos y preocupaciones de seguridad a considerar?

¡Claro que sí! No por el avance de Venter, que como ya hemos dicho no es más peligroso que otras herramientas de biotecnología. Ni por el cansino “jugar a ser Dios”. Sino por la constatación del vertiginoso avance y enormes riesgos potenciales de una tecnología que podría escapar de nuestro control. No se trata de ser conspirativos ni catastrofistas, pero sí exigir cautela y reflexión sociológica. La publicación de pensamiento liberalista –y esta vez simplista- “The Economist” defendía la obertura y la autorregulación interna de los propios científicos porque así “si aparece un problema enseguida se podrá encontrar una solución. Y si un patógeno puede diseñarse en un ordenador también podrá lograrse una vacuna”. Algunos no estamos de acuerdo. El grado de libertad que se le debe dar a una ciencia cada vez más poderosa es una de las discusiones más profundas e interesantes que pueden emerger del socialmente impactante avance presentado por Venter.

Repóquer de ases científicos

Por: | 25 de mayo de 2010

¿Cómo? ¿Hasta hoy no conocíamos a Eduard Batlle, Modesto Orozco, Lluís Ribas, Ernest Giralt y Marco Millán? Pues si representan al grupo de profesionales que puede averiguar cómo funciona nuestro organismo, liberarnos de enfermedades, y evitar que caigamos en la siguiente crisis económica si logramos salir de ésta…

As de Picas: Células madre trastocadas y cáncer de colon

Las células de la pared interna de tu intestino son las que más rápido se regeneran de todo tu cuerpo. Cada día produces –y expulsas- 5 gramos de ellas. El secreto de tan rápida reproducción son unas células madre que –situadas una fina capa interna de tu epitelio intestinal- van generando a toda marcha células hijas para renovar las que vas perdiendo durante el agresivo proceso de la digestión.

Pero en ocasiones ocurre algo terrible: en lugar de producir una célula hija diferenciada, la célula madre produce otra célula madre idéntica a ella que continuará generando más y más células madre sin parar. Consecuencia: poco a poco un pólipo irá creciendo en un lugar concreto de tu intestino. En ese estadio el pólipo no es grave. Pero si alguna de sus células sufre cambios genéticos, quizás se convierta en maligna y transforme ese bultito inofensivo en un tumor; un cáncer de colon que si no es detectado a tiempo podría hacer metástasis y expulsar células cancerígenas al torrente sanguíneo hasta convertirse en mortal. Pero… ¿Qué diferencia esas células madre de otras ‘normales’? y ¿por qué de repente una de ellas produce otra célula madre en lugar de una hija? ¿¡quién le da órdenes equivocadas!?

“¡Eso! ¡Exactamente eso es lo que perseguimos averiguar!” me contestó entusiasmado Eduard Batlle, el primero de los 5 investigadores del Instituto de Investigación Biomédica (IRB) de Barcelona que Sònia del gabinete de comunicación prometió presentarme cuando nos encontramos en Madrid hace un par de semanas atendiendo al congreso MFSF.

El repóquer de ases científicos empezaba a lo grande. El enigma a desentrañar por Eduard Batlle no es nimio en absoluto. El vínculo entre células madre y cáncer ha sido comprobado también en ciertas leucemias, y es una de las áreas más candentes en la cruzada contra esta enfermedad.

La investigación científica es una aventura maravillosa. El equipo de Eduard ya ha publicado un Nature explicando que las células de los pólipos (adenomas) poseen un receptor celular determinado que se encuentra desactivado en las células tumorales que crecen sin control. No os quepa duda que gracias a la investigación básica de Eduard y toda la comunidad científica que trabaja en esta dirección, en 10, 20 o 30 años lograrán responder la ansiada pregunta y quizás encontrar la manera de frenar el cáncer de colon. Lo hemos dicho más veces: los científicos están destinados a ser los héroes del siglo XXI.

As de diamantes: Recorriendo el camino científico completo

“¿Básica?”. Ya empezamos… ¿cuándo dejaremos en España de ser considerablemente buenos en número de artículos científicos publicados, pero tremendamente mediocres en producción de patentes y generación de empresas que aporten también beneficios económicos directos a la sociedad que los acoja?

Pronto, si nos contagiamos de la filosofía emprendedora de centros como el IRB y sus científicos. Lluis Ribas lo tiene clarísimo: el primer paso en biomedicina es comprender cómo funciona nuestro organismo con el máximo grado de detalle posible. El segundo es saber qué ocurre exactamente cuando enferma. Y el tercero transferir este conocimiento en algo útil. “Aquí tengo mi laboratorio de ciencia básica donde investigamos cómo el ARN mensajero se traduce a proteínas”, dijo Lluís. “Y en el piso de arriba está Omnia Molecular, la empresa spin-off donde realizamos un esfuerzo extra en este tercer punto: la transferencia de conocimiento a aplicaciones prácticas”.

Por ejemplo; antibióticos como las tetraciclinas actúan bloqueando la traducción de proteínas en bacterias, pero hay muchas especies -como ciertas cepas de tuberculosis- que son resistentes a todo lo que conocemos. Diseñar antibióticos más específicos es uno de los proyectos en que Lluís Ribas pretende recorrer todo el camino desde el conocimiento básico a la acción.

Omnia es joven. pero tiene ya dos patentes licenciadas sobre nuevos métodos de identificación de fármacos. Sin embargo, quizás por su extensa experiencia internacional, Lluís se queja: “de media, en EEUU una spin-off en biotech se constituye con 25 millones de dólares y en 5 años ya sale en bolsa. A parte del poco dinero que aquí tenemos, los primeros años ya sabes que los vas a invertir esperando que todas las instituciones se pongan de acuerdo. No sólo faltan recursos; también agilidad burocrática”. Lluís considera que no es sólo culpa del gobierno, sino de una reticencia cultural que impregna todos los eslabones de la cadena. No logra entender, por ejemplo, que a la hora de pedir un proyecto las publicaciones científicas cuenten muchísimo más que las patentes que ha desarrollado el investigador. Y a pesar de percibir esfuerzos serios de mejora, asegura que en transferencia de conocimiento España no sale perdiendo sólo al ser comparada con el científicamente todopoderoso US; está todavía muy por detrás de países europeos no tan diferentes del nuestro.

As de tréboles: Biología computacional para observar lo invisible

Mirad este vídeo, porque estoy convencido que nunca habéis visto cómo se abre una molécula de ADN. ¿Por qué estoy tan seguro? Porque el grupo de Modesto Orozco ha sido el primero en modelizarlo con sus herramientas de biología computacional, y lo acaba de publicar hace escasos días.

Me imagino que a algunos el trajín de bolitas y palitos os habrá dejado indiferente. Pero creedme; es espectacular. Imagináoslo como un microscopio poderosísimo capaz de ver en movimiento algo imposible de observar directamente. Los 35” que habéis visto equivalen a pocos microsegundos de un proceso que casi mágicamente están haciendo millones de moléculas de ADN en tu cuerpo en estos mismos instantes. Miento: no es magia. Es una tarea controladísima, y conocerlo en un grado de detalle tan íntimo es un hito en que se han invertido 4 años de cálculos en el superordenador Marenostrum.

La biología computacional será una de las herramientas más revolucionarias del siglo XXI. La idea final es aplicar los principios básicos de la física y la química para crear modelos matemáticos que expliquen –por ejemplo- cómo se abre, se copia y se expresa el ADN. O averiguar algo tan sorprendente como que un hilo de proteína recién salida de un ribosoma termine enrollándose formando una estructura tridimensional tan bien definida que le permite realizar funciones tremendamente específicas. Es un misterio. Pero se está desentrañando. Y claro está, al final también aparece el escenario del diseño de fármacos que nos sirvan para interferir en los ladrillos de la vida en un grado de detalle ni siquiera soñado.

Joker: El diseñador-cazador de fármacos

Ernest Giralt utiliza diferentes estrategias para conseguir nuevos fármacos. En unas ocasiones busca principios activos en plantas o medicina tradicional china, y en otras los diseña con herramientas de biología computacional como las de Modesto.

Su sueño de ciencia básica es lograr caracterizar en alto grado de detalle la superficie de ciertas proteínas. ¿para qué? para diseñar una moleculita que se enganche específicamente a ella y las inactive. Un ejemplo: El VEGF es una proteína clave en la generación de nuevos vasos sanguíneos alrededor de un tumor. Si se lograra encontrar un grupo de péptidos que se engancharan a ella, se podría bloquear el proceso y frenar el cáncer. Dando pasos hacia ese fin, el grupo de Ernest está a punto de publicar un artículo viendo cómo cambia específicamente la afinidad de los ligandos para el VEGF en función del medio en que se encuentren.

Ernest empieza caracterizando superficies de proteínas pero quiere llegar lo más lejos posible en el proceso de 1- encontrar un posible interceptor, 2- testarlo en cultivos celulares, 3- hacer pruebas con animales, 4- ensayo clínico de fase I con voluntarios sanos para comprobar toxicidad, 5- fase 2 con enfermos en estado muy grave, y 6- fase 3 con elevado número de pacientes de hospitales diferentes. Un proceso que puede empezar con una molécula sintética diseñada a partir de la información en un ordenador, o de un producto natural como el ácido salicílico del sauce, que una vez identificado sirvió para inspirar su versión mejorada: el ácido acetilsalicílico que encontramos en las aspirinas.

As de corazones: Las leyes Fundamentales de la biología del desarrollo

Recuerdo un físico teórico de Harvard diciéndome una vez “a mi no me importa nada de las partículas subatómicas con nombres estúpidos. Yo lo que de verdad quiero es entender las leyes físicas fundamentales del Universo que las hacen posibles”.

La excelente conversación fuera del laboratorio con Marco Milán me recordó ese mismo argumento, pero en el campo de la genética del desarrollo. Marco bloquea genes específicos, analiza alas de mosca, rastrea proteínas… pero sólo las utiliza como herramientas para entender el lenguaje de las células y encontrar las leyes fundamentales que dirigen la construcción de nuestro organismo a partir de una única célula que empieza a dividirse. Quiere averiguar la sintaxis de la vida; cómo una misma señal molecular implica funciones diferentes un una célula u otra, o qué relación hay entre la simetría de un ala de mosca y que las uñas de las manos nos salgan arriba del dedo y no abajo. En este mismo mes de Mayo Marco acaba de publicar 3 artículos científicos en revistas diferentes. “Claro que la biología del desarrollo tiene y tendrá aplicaciones prácticas. Especialmente en el crecimiento tumoral”, me responde. Pero se ve clarísimo que su motivación fundamental es comprender el funcionamiento básico de la vida. Generar conocimiento. Y no nos andemos con complejos: no es poco, todo lo contrario. Es una aventura intelectual que contagia la cultura de la sociedad que lo contiene. Y la enriquece.

El crupier

Qué mejor colofón para terminar mi estimulante tarde científica en el IRB que encontrarme con el responsable de amalgamar este equilibrio impecable entre ciencia básica y aplicada en el ámbito de la biomedicina.

Cuando me ve, el director del IRB Joan Guinovart me saluda parecido a otras veces en que hemos coincidido: “Hombre! Lo xiquet de Tortosa!”. Joan tiene un toque de genialidad que le permite combinar humor con críticas punzantes a las decisiones en materia de política científica más recientes. Nada resume mejor su visión que este inteligente texto suyo en El País. Charlamos, y no ocultó su decepción por la triste apuesta por la ciencia que se hace en España. Resulta lamentable.

“Es la ciencia, estúpido

“Es la economía, estúpido” (“it’s the economy, stupid”) fue una frase utilizada durante la campaña de Bill Clinton para plantar cara –y terminar derrotando- a un George Bush padre que había descuidado los aspectos más puramente económicos durante sus primeros y únicos cuatro años como presidente de EEUU.

“Es la ciencia, estúpido” podría resonar en los oídos de más de uno. Al póquer no se juega apostando un poquito en todas las manos, independientemente de las cartas que te salgan. Sino apostando bien fuerte cuando te llegue un repóquer de ases. No hacerlo es desperdiciar tu gran oportunidad, y permitir que al final de la partida tu contrincante te gane con peores cartas. Por cobarde.

Protegiendo arrecifes coralinos en Belice

Por: | 16 de mayo de 2010

Si piensas que los arrecifes de coral son sólo protegidos para que el ser humano no se sienta tan ruin de eliminar uno de los ecosistemas más bellos de la naturaleza, sácate esta idea de la cabeza. Daniel Mira Salama, nuestro experto en adaptación al cambio climático del Banco Mundial, nos explica su proyecto de restauración de corales en Belice y la enorme trascendencia económica y social que tienen estos animales-plantas amenazados por un calentamiento y acidificación de mares caribeños que sus países no han provocado.

Protegiendo los corales de Belice, por Daniel Mira-Salama

Coral. Arrecife. Barrera coralina. ¿Qué significan estas palabras para ti? ¿en qué piensas cuando las oyes? posiblemente a muchos de vosotros os haga pensar en vacaciones, buceo, colores, belleza. Sin embargo, si le preguntamos a un biólogo marino, muy probablemente visualice una singular asociación simbiótica entre un animal (un pólipo) y un alga, en perfecto equilibrio con su entorno, y capaz de producir un esqueleto sólido calcáreo que genera estructuras de distintas geometrías, y que encierra un fascinante secreto en su modo de reproducción: una vez al año, tras la luna llena de agosto, los pólipos liberan simultáneamente esperma y óvulos, que surcan los mares en busca de una fecundación que ocurre en la superficie del océano.

Y si le preguntamos a un habitante de la costa de Belice, la respuesta podría ser bien distinta. Podría pensar: “comida”. Podría pensar: “trabajo”.

¿Y por qué estos pensamientos? Porque, en efecto, el arrecife de coral es un ecosistema fundamental. Es comparable, en el ambiente marino, a las selvas tropicales en tierra firme. Las caprichosas estructuras sólidas, que se desarrollan en grandes extensiones cercanas a la superficie, proveen el sustento idóneo en el que los peces y crustáceos encuentran refugio, habitan, se alimentan y reproducen. Se estima que más del 25% de todas las especies de peces del océano dependen directamente de los arrecifes de coral.

Si pronunciamos las mismas palabras con que comencé este escrito ante un especialista, además del mencionado papel como base de la vida marina y fuente de sustento para las comunidades locales, nos hablaría del papel fundamental del coral en otros ámbitos, de los que señalo tres: Primero, son estructuras indispensables en la protección costera, ya que reducen considerablemente la cantidad y fuerza del oleaje que alcanza la tierra; Segundo, la acción mecánica del mar sobre el arrecife va erosionando poco a poco la superficie del mismo: ¿os imagináis esas playas paradisíacas del Caribe de brillante arena blanca? pues esa “arena” en gran parte proviene del “desgaste” del arrecife que se encuentra a escasa distancia, bajo el agua; Por último, los arrecifes son una importante atracción turística.

Especies amenazadas por el Cambio Climático

Un reciente estudio del Banco Mundial en que colaboré estima que, si el 90% del coral desapareciera en el Caribe, las pérdidas económicas estarían entre los 8.500 y los 12.000 millones de dólares al año. El coral, por tanto, no es sólo vacaciones, buceo, colores, belleza. Es un ecosistema imprescindible, estratégico, fundamental, rentable.

Y también vulnerable. La simbiosis entre el pólipo y el alga es muy sensible a cambios de temperatura del agua, un aumento de apenas un grado centígrado sobre la media, sostenido varios días, puede causar la muerte o migración del alga.

Este proceso se llama blanqueamiento, ya que el coral pierde sus colores, quedando la estructura calcárea al descubierto. Si el pólipo no es capaz de recuperar rápidamente la simbiosis con el alga, las posibilidades de muerte son elevadas. Las malas noticias son que el cambio climático no sólo está calentando la atmósfera, sino lógicamente también el océano que está en contacto con la misma (se ha observado un aumento medio global de unos 0.4ºC con respecto al año 1850, como atestiguan numerosos estudios y el Panel Intergubernamental de Cambio Climático). En años recientes han ocurrido varios episodios de “olas de calor” en el Caribe (1998, 2005), que han ocasionado la muerte en masa de enormes extensiones de coral. Este fenómeno está siendo tan importante que dos de las principales especies de coral generador de arrecife del Caribe, Acropora palmata y Acropora cervicornis, han sido recientemente incluidas en la lista de especies en peligro de extinción de la International Union for Conservation of Nature. Y las proyecciones de futuro no son nada alentadoras: el estudio al que antes aludía estima que, si el calentamiento global sigue al ritmo actual, para el 2070 todo el coral en el Caribe podría desaparecer. ¿Os imagináis el impacto que esto podría tener en países ya de por sí bajo presión?

La situación es crítica y palpable. En mi último viaje a Plasencia, en Belice, estuve buceando durante horas entre enormes extensiones de cadáveres, espectros blanquecinos, cementerio que testifica lo que aquellos mares fueron hasta hace poco y ya no son. La muerte en masa es prueba palpable de los efectos devastadores del calentamiento global, e ilustra la gran injusticia del problema, originado en zonas muy alejadas del Caribe y que sin embargo impacta mayoritariamente a los países menos desarrollados, golpeando irremediablemente a las poblaciones más pobres.

¿Qué podemos hacer?

Hay que actuar, y hay que hacerlo ahora. Desde el Banco Mundial, a través de una pequeña donación de recursos provenientes del Fondo para el Medio Ambiente Mundial, hemos iniciado una pionera experiencia piloto en Belice, diseñada para intentar minimizar los impactos en el coral de un océano más caliente, y para salvar las dos especies de la extinción.

El proyecto tiene como finalidad la selección de corales que han demostrado capacidad de adaptarse a temperaturas elevadas, que han sido capaces de sobrevivir a episodios de blanqueo o que viven en zonas muy poco profundas y de poca circulación por lo que su entorno es más cálido que el resto. Los corales ‘resistentes’ seleccionados son trasladados a criaderos marinos, auténticos ‘invernaderos’ en donde los corales crecen en ambiente controlado. Una vez seleccionados, se realiza una caracterización genética de todos estos corales, para garantizar la diversidad e intentar entender mejor los mecanismos de resistencia térmica, de blanqueo y de muerte.

(1a y 3a fotografías: marzo 2009. 2a y 4a: febrero 2010)

Una vez ‘cultivados’ los corales en los criaderos, se trasplantan a zonas en las que existieron grandes arrecifes en tiempos no muy lejanos. Y de esta forma, se da un empujoncito a la naturaleza en su selección natural, plantando unas gotas de esperanza en un océano estéril. ¡Es tan emocionante contemplar un criadero de corales, repleto de especies amenazadas con la extinción absoluta, que rebosa de individuos sanos, resistentes a temperaturas elevadas, y listos para crecer y multiplicarse en los fondos marinos del Caribe, dispuestos a volver a atraer, cual potentes imanes, la vida a sus bases!

Yo he estado ahí, he visto el gran trabajo que con pocos recursos se está realizando; el enorme valor científico de la información recabada; la ilusión y entusiasmo de la población, que se acercaba para agradecer la iniciativa; el gran compromiso de los pescadores de Plasencia, conocedores de la importancia crucial del coral, y de los guardaparques y operadores turísticos, conscientes de lo que está en juego.

Se están dando los primeros pasos. Sin embargo, como tantas cosas a día de hoy en cambio climático, esta iniciativa no es más que una gota, sólo una, en un gran océano...

Daniel Mira Salama Fotografías: Lisa Carne

¿Cuánto cuesta una especie de lagartija?

Por: | 15 de mayo de 2010

Mi intención inicial era explicaros qué dieron de sí los dos días y medio que pasé en Madrid en el Media For Science Forum debatiendo sobre el presente y retos futuros del periodismo científico en un panorama mediáticamente tan cambiante como el actual. Resultó muy interesante para los interesados. Pero entrándome el pánico de aburrir, consulté a mi lectora imaginaria y me dijo que prefiería escuchar las reflexiones suscitadas por el estudio sobre la extinción de lagartijas presentado en rueda de prensa en el mismo congreso.

Si como de costumbre –por suerte o por desgracia- mi imaginación vuelve a alejarse de la realidad, decídmelo porque además de leer el blog del encuentro podemos debatir si existe alguna fórmula para evitar la reducción progresiva de tiempos de que dispone un profesional del periodismo científico para leer, contrastar y elaborar notas de calidad si quiere mantener unos ingresos mínimamente dignos. Y si los refritos de notas de prensa o científicos voluntariosos pueden ocupar su lugar.

Pero a lo que íbamos… Como quizás habréis leído en varios medios, un artículo publicado por una veintena de autores el pasado jueves en la revista Science sugiere que el cambio climático ya ha provocado la extinción de un buen número de especies de lagartos y lagartijas. Y de continuar así, el 20% de ellas podrían desaparecer de aquí al 2080.

En zonas tropicales y cálidas, cuando las temperaturas en época de reproducción son más altas de lo normal, las muy perezosas se quedan en sus refugios para evitar que su poco autónomo sistema reptiliano de regulación de temperatura corporal les juegue una mala pasada.

Como consecuencia, se alimentan y reproducen mucho menos, y decrece el número de individuos hasta llegar a extinguirse.

Esta es la explicación que ofrecen los científicos a las pérdidas documentadas durante las últimas décadas en México y varios otros países, y viene avalada por experimentos y modelos pronosticando que seguirá en aumento.

Quizás tengáis –como fue mi caso- una primera sensación de incredulidad. ¿No estarán las lagartijas desapareciendo por pesticidas, deforestación, u otras actividades humanas? En muchos sitios sí, pero los investigadores aseguran que hay áreas inhóspitas cuyo único vector es el calentamiento global. ¿Son tan sensibles los lagartos? Al fin y al cabo, llevan millones de años superando eventos climáticos más extremos; y no son como los anfibios que necesitan charcas y condiciones más específicas para sobrevivir ¿no pueden las lagartijas desplazarse a latitudes superiores en los montes, o buscar áreas un poco más fresquitas? En los bosques y selvas que todavía se mantienen intactas sí, pero estando cada vez más fragmentadas resulta complicado. Y como el aumento de temperaturas de las últimas décadas es tan rápido, no tienen tiempo de ir adaptándose genéticamente como ocurrió en los lentos cambios climáticos del pasado.

¿Convencidos del todo? Claro que no. Como cualquier primer estudio que plantee una nueva hipótesis, debemos mantener un cierto escepticismo hasta que diferentes investigadores reproduzcan los mismos resultados. De hacerlo –y posiblemente así será porque el trabajo parece exhaustivo y metodológicamente muy sólido-, éste pasará a ser un artículo de referencia muy citado e influyente. Pero bien podría ocurrir lo contrario y con el tiempo dejarlo relegado al olvido. No olvidemos que estadísticamente la mayoría de nuevas hipótesis terminan siendo refutadas; y ya sabemos que publicándose en Science o Nature todavía tiene más posibilidades de exagerar la realidad que si apareciera en una revista de menor impacto.

Pero asumiendo que sea cierto y el cambio climático esté extinguiendo a las especies más sensibles de lagartijas; demos un paso adelante.

¿Para qué sirve este estudio?

De verdad; ¿para qué sirve conocer estos datos? Pues entre otras cosas para concienciarnos del problema y planear medidas que intenten frenar su extinción, no?

Mi pregunta a los científicos durante la rueda de prensa fue si conocían el impacto económico de la desaparición de lagartijas. Su respuesta resumida: “todavía no, pero lo estamos evaluando con gran interés”. Puede que la pregunta sonara fría y fuera de lugar, pero tenía toda la intención del mundo.

La semana pasada la ONU presentó un informe diciendo que los esfuerzos en protección de biodiversidad de los últimos años han servido de bien poco. Por mucho que hayamos mejorado en concienciación social, gobiernos e instituciones no asumen planes efectivos para protegerla. Y no se ha frenado el ritmo de disminución de especies. Uno de los factores más importantes que achacaban a esta carencia era una falta de valoración económica de la biodiversidad que permitiera hablar un triste idioma común. Como ya hemos dicho en varias ocasiones, la biodiversidad no es sólo una fuente de riqueza natural. También lo es económica. Pero para defender eso hacen falta números.

Espero no contagiarme, pero en mi periplo residiendo en Washington DC rodeado de instituciones y organismos internacionales dedicados a salvar el mundo empiezo a entender cómo piensan y actúan dentro de sus departamentos. Imagina que eres un economista trabajando en el área de medioambiente de una institución con fondos dedicados a –entre otras cosas- financiar programas de protección de la biodiversidad. Ante la avalancha de peticiones que te llegan, y con un presupuesto que no alcanza para todo, ¿qué quieres saber si te llega una propuesta pidiéndote X dólares para proteger unas delicaditas lagartijas de Perú o Colombia que no son capaces de superar unas décimas de grado más en primavera? Pues las consecuencias a medio y largo plazo de su desaparición. Y forzado a priorizar, la moneda de cambio en muchas ocasiones suele ser el mismo dólar; ¿Qué pérdidas en agricultura, turismo, o sanitarias, conllevará la pérdida de cada especie?

Evidentemente es una posición muy controvertida y con convencidos detractores. Primero por un argumento místico absolutamente válido defendiendo que no se debe economizar la ecología sino ecologizar la economía. Y segundo porque podría justificar el desentendimiento en la protección de especies cuyo valor económico para la sociedad que las alberga sea escaso. Lo se; a mi también me da un gran reparo, y muchísimas organizaciones no gubernamentales o asociaciones de voluntarios no se rigen por estos aberrantes parámetros. Pero no los menospreciemos dogmáticamente, porque conocer el impacto económico de la pérdida de biodiversidad podría jugar un papel muy a nuestro favor en la mayoría de ocasiones. De hecho, este post sirve de introducción al próximo en que uno de nuestros expertos nos explicará un clarísimo ejemplo de ello...

Bernard Kiwia: trasladando conocimiento entre Tanzania y el MIT

Por: | 07 de mayo de 2010

Me encanta regresar al MIT y encontrarme en sólo 36 horas sesudos expertos hablándote de las futuras aplicaciones del grafeno, cómo separar agua en hidrógeno y oxígeno, aplicar herramientas de ingeniería al tratamiento del cáncer, la teoría del origen inflacionario del Universo, o qué es lo más fronterizo en el campo de la neurociencia.

Pero muchísimo más inspirador fue conocer al tanzano Bernard Kiwia, quien invitado por el D- Lab pasará unas semanas explicando a brillantes estudiantes de ingeniería del MIT cómo despertar la creatividad y solucionar problemas prácticos cuando no tienes poderosos recursos entre tus manos.

Para los estudiantes afortunados que han ganado el sorteo que les permite atender a una de las clases más solicitadas de todo el MIT, la del D- Lab, el recibir periódicamente inventores de países en desarrollo y luego viajar a sus países para desarrollar trabajos específicos en el marco de la ayuda humanitaria, es una experiencia que puede cambiarles la vida.

Varios de estos estudiantes deciden redirigir sus prometedoras carreras a un campo como la ayuda al desarrollo, en el que cada vez hay más demanda de profesionales con perfiles técnicos además de economistas y consultores que intentan manejar los hilos sin enredarse en ellos. “No entiendo por qué se gastan tanto dinero en estudios para saber lo que necesitamos; yo creo que está muy claro”, me dijo Bernard en el taller mecánico del D-Lab. Otras anécdotas le han sorprendido durante sus dos primeras semanas en Cambridge: que algunas personas entren en una sala sin saludar, lo poco diestros con las herramientas manuales que son los estudiantes de ingeniería, que casi nadie cocine, el tamaño de algunos vestidos, y lo inaplicables en la práctica que son muchas de las propuestas que los alumnos le sugieren cuando pregunta cómo solucionarían ellos ciertos problemas específicos en su país.

Pero está contentísimo con el intercambio. Bernard es un inventor; un avispado e ingenioso manitas con sólidas nociones de mecánica y electricidad que hace unos meses se encontraba en Tanzania diseñando todo tipo de artilugios para mejorar la vida de quienes le rodeaban.

Cuando alguien del D-Lab descubrió su mecanismo para cargar el móvil con la bicicleta, el rudimentario pero eficiente horno solar con que calentaba agua, o la bomba hidráulica impulsada también a pedales, le invitó a pasar unas semanas en el MIT estableciendo una verdadera transferencia de conocimiento entre uno de los centros pioneros en la revolución tecnológica y una región que todavía no ha alcanzado la revolución industrial. Bernard echa de menos a su familia, pero aprovecha cada minuto para trabajar en un taller donde dispone de recursos gratuitos para probar y probar sin miedo a tener que desechar material. Y escucha atentamente a estudiantes y al resto de compañeros que le rodean: “estoy aprendiendo muchísimo, y cuando regrese a Tanzania empezaré a implantar todo lo que me han enseñado”. No se refiere sólo a aspectos técnicos; sino a aspectos más estratégicos como la manera de encontrar financiación internacional o realizar procesos a mayor escala.

Me atrevo a preguntarle qué pasaría si le ofrecieran un trabajo para quedarse en EEUU, y me responde convencido que si fuera para ayudar a Tanzania lo aceptaría, pero para trabajar en otras cosas no. Él quiere ayudar a su gente.

En sus primeros 15 días en Cambridge ha diseñado una maquinita que permite convertir unas tiras de plástico (que fácilmente puede encontrar en Tanzania) en mangueras que serán utilizadas por los agricultores de su región para regar por goteo y así ahorrar la preciada agua. Quizás te pueda parecer poco; pero imagina si sólo el 5% de viajes, estancias e intercambios horizontales entre profesores de Universidades de países desarrollados se sustituyeran por iniciativas como ésta del D-Lab. El impacto se multiplicaría.

En el blog ya hemos discutido algunas veces sobre las dos diferentes aproximaciones a la ayuda al desarrollo; una más enérgica basada en exportar directamente tecnología, recursos y soluciones desde los países más avanzados, y otra perspectiva más a largo plazo que simplemente pretende ofrecer las herramientas necesarias para que la gente local construya “de abajo a arriba” la manera más consistente de mejorar sus condiciones de vida. El contexto específico decide qué visión es más eficiente en cada caso. El trabajo del D-Lab dirigido por la carismática Amy Smith, es un claro exponente de lo segundo.

Bernard se despide dándome las gracias por invertir mi tiempo en él y diciéndome que le resulta interesantísimo conocer personas como yo. Creo que se trata del “lo mismo digo, de verdad” más sentido que en mucho tiempo he contestado, y de los “suerte” más sinceros que habré deseado. Me invita a Tanzania, y tengo el presentimiento que nos volveremos a ver.

Qué contraste tan estremecedor salir del D-Lab y encontrarte a escasos 100 metros visitando el nuevo edificio recién inaugurado del famoso icono del futurismo MediaLab del MIT. Si queda tiempo también hablaremos de sus maravillas, pero lo primero es lo primero...

El País

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