40 Aniversario
Apuntes científicos desde el MIT

Apuntes científicos desde el MIT

Este Blog empezó gracias a una beca para periodistas científicos en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Boston, donde pasé un año aprendiendo ciencia con el objetivo de contarla después. Ahora continúa desde Nueva York buscando reflexiones científicas en otras instituciones, laboratorios, conferencias, y conversando con cualquier investigador que se preste a compartir su conocimiento.

Sobre el autor

Pere Estupinya

. Soy químico, bioquímico, y un omnívoro de la ciencia, que ya lleva cierto tiempo contándola como excusa para poder aprenderla.
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Libros

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El ladrón de cerebros La ciencia es la aventura más apasionante que puedas emprender.
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Primates que estudian primates

Por: | 09 de mayo de 2011

La madrileña Sara estudia monos araña en la estación de biodiversidad de Tiputini en medio de la selva Amazónica de Ecuador. Pero a quien alguien debería estudiar es a ella.

Desde hace 8 meses se levanta cada día a las cinco de la mañana para adentrarse en la selva y pasarse 13 horas seguidas observando un grupo de monos y tomando notas sobre su comportamiento. Cuando regresa a las 18:30, cena con otros investigadores, pasa datos al ordenador, y a dormir. Y por sorprendente que parezca, Sara no para de sonreír. Dice estar encantada y que no tiene ningunas ganas de regresar a Madrid para continuar su doctorado en la Complutense. Su conducta de primate es digna de análisis científico también.

Cierto que el lugar es precioso. Pero aislado. La carretera más cercana está a 2 horas en lancha por el río. En Tiputini no hay ni turistas, ni nativos. Así de recóndito debe ser porque “como no hay caza, los monos araña no huyen de nosotros como ocurre en otros sitios, y podemos estudiar su comportamiento”, explica Sara en el acogedor comedor que reúne a los 8 científicos que los días de mi visita estaban habitando la estación.

Uno de ellos era Terry Erwin del Smithsonian; un entomólogo muy reconocido en el mundo de la biodiversidad porque hace años colocó redes de 3x3 metros en el suelo de la selva, entre árboles de decenas de metros de altura, empezó a fumigar, y analizó qué iba cayendo. Con ello estimó que esos bosques contenían la barbaridad de 100.000 especies por hectárea; muchísimo más de lo que hasta el momento se había estimado, e incluso imaginado. Terry continúa buscando escarabajos, y se apasiona por encontrar cada día de diferentes.

El carismático Kelly Swing, director científico de la estación Tiputini desde sus inicios, tiene mil historias a explicar sobre sus primeros encuentros con Huaoranís, y sobre la extrema diversidad de fauna de la zona. “¡Aquí está todo!” explica entusiasmado. Pero lo que más le interesa resaltar frente a un comunicador es su gran preocupación por que la comunidad internacional no conceda antes de fin de año los millones de dólares que pide el gobierno de Ecuador para no ampliar las perforaciones petrolíferas en Yasuní. Y se empiecen a crear carreteras que destrocen este paraíso. “Sólo por las tribus no contactadas ya merece la pena”, dice. Sí; a pocas horas selva adentro de donde yo estaba, existen seres humanos que todavía no han visto a alguien “desarrollado”.

Monos monógamos, y multimacho-multihembra Y luego está Amy Porter, otra primatóloga que estudia dos especies de monos pequeños llamados titís y sakis, que entre otras peculiaridades, tienen comportamiento monógamo. Nadie sabe todavía porqué.

Esto contrasta con los monos araña de Sara Álvarez, quien además de investigar cómo esparcen semillas, defienden el territorio, o sus relaciones dentro del grupo como que las únicas agresiones que se dan son de machos a hembras, también recoge datos para entender su alta promiscuidad que en nombre técnico llama

“relaciones multimacho-multihembra”, y en términos coloquiales “todos con todos”.

Sara dice que como los monos araña tienen patrones de comportamiento muy similares al chimpancé, todos estos datos que ella y otros investigadores están recogiendo para el Project Primate, servirán para entender el origen de la naturaleza humana. Puede ser. Pero sí se plantea una interesante dicotomía: los monos Titís y Saki de Amy son monógamos en el mismo entorno que los promiscuos monos araña de Sara. Y aunque los cambies de selva y condiciones, Titís y Sakis continúan siendo monógamos. Es su naturaleza. La monogamia está impregnada en su cerebro desde que nacen, como lo está la promiscuidad en los monos araña. Y nosotros, ¿que habrá impregnado la naturaleza en nuestras mentes? Miremos primero a las ranas de Yasuní.

Diseccionando cerebros de ranas en la jungla La otra estación biológica que visité fue la de Yasuní. Allí conocí a la neurocientífica Kim Hoke, cuyo objetivo es llegar a lo más profundo de porqué una especie de hembra de rana elige machos que cantan con un solo tono, y otra especie prácticamente idéntica elige otros que con un segundo tono al final de croar. Y cuando digo lo más profundo, no me refiero a explicaciones evolutivas, sino al mecanismo cerebral que lo hace posible.

Kim coge primero estas ranas, les clava 3 electrodos bajo la piel de su cabeza, y les hace escuchar los diferentes cantos. Mirando la actividad de su cerebro pretende descartar primero que la diferencia esté en la capacidad de escuchar este segundo tono o no. La segunda prueba es teñir y diseccionar cerebros de rana inmediatamente después de escuchar el tono, y mirar una proteína llamada Fox para ver qué zonas se habían activado.

En realidad, Kim está investigando la base neurobiológica de cómo el cerebro modula la atracción, y cómo toma decisiones. Y asegura que eso permite después dar un retrato más completo de la evolución. Amy y Sara quieren comprender porqué sus primates se comportan de manera diferente. Y posiblemente, la respuesta última esté en la neuroquímica y cableado de su determinista cerebro.

Por suerte o por desgracia, no es nuestro caso. Yo no se si nuestro cerebro de primate es más parecido al de los monógamos Titís o los multimacho-multihembra monos araña. Quizá la neurociencia nos brindará la respuesta. Pero si sé que existe una fuerza misteriosa que modula nuestros instintos, y hace que no te comportes como un primate a pesar de estar colgado sobre los puentes que unen las copas más altas de los árboles de la selva y te permiten disfrutar de un atardecer impresionante, a solas junto a una joven primatóloga que insiste en asegurar que observando monos podemos entender mucho sobre nuestro comportamiento. No lo tengo tan claro. Insisto; a quienes deberíamos estudiar es a estos primates que se dedican a estudiar primates, escarabajos, o ranas, entre muchos otros misterios que todavía nos esconde la naturaleza en la fabulosa estación de Tiputini.

¡Continuaremos desde Galápagos!

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