Apuntes científicos desde el MIT

Apuntes científicos desde el MIT

Este Blog empezó gracias a una beca para periodistas científicos en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Boston, donde pasé un año aprendiendo ciencia con el objetivo de contarla después. Ahora continúa desde Nueva York buscando reflexiones científicas en otras instituciones, laboratorios, conferencias, y conversando con cualquier investigador que se preste a compartir su conocimiento.

Sobre el autor

Pere Estupinya

. Soy químico, bioquímico, y un omnívoro de la ciencia, que ya lleva cierto tiempo contándola como excusa para poder aprenderla.
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Libros

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En esta nueva aventura científica que recorre desde laboratorios y congresos de medicina sexual hasta clubs de sadomasoquismo o de swingers, Pere Estupinyà nos ofrece la obra más original y completa que ningún autor hispanohablante haya escrito nunca sobre la ciencia de la sexualidad humana.

El ladrón de cerebros La ciencia es la aventura más apasionante que puedas emprender.
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Los que buscan pareja por internet son más altos

Por: | 07 de marzo de 2012

  Color 2Un estudio de la universidad de Duke comparó las medidas de 21.745 usuarios de portales de citas online, con la media nacional de personas de similares características. Las chicas de entre 20-29 años que buscaban pareja por internet pesaban 2,5 kg menos que la media, las de 50-59 años 10 kg menos, y los chicos eran 3,5 cm más altos. La interpretación de estos resultados fue obvia: La gente no es del todo sincera cuando se describe en internet.

Otra investigación lo confirmó comparando el peso, altura y edad online de 80 usuarios al azar, con sus datos reales. El 81% había alterado alguna de las 3 medidas. El 60% mintió acerca de su peso, el 48% sobre su altura, y el 19% modificó su edad (los investigadores matizan que la muestra era de gente relativamente joven y que en mayores esta última cifra podría ser más alta).

Ambos estudios forman parte del recién publicado artículo “Online Dating: A Critical Analysis From the Perspective of Psychological Science”; una extensa revisión de la creciente literatura científica sobre la búsqueda de pareja por internet.

Los autores argumentan que el fenómeno se está disparando, que se ha convertido en una industria multimillonaria, y qu parece estar cambiando algo tan básico como la búsqueda de pareja entre humanos: Un estudio publicado en 2010 estableció que el 22% de relaciones heterosexuales formadas entre 2007 y 2009 en EEUU se habían conocido inicialmente por internet. Esto representa la segunda vía más común de encuentro, superada sólo por conocerse a través de amistades.

Sólo en abril de 2011, 25 millones de personas se registraron en un portal de citas. En EEUU, cuando un usuario entra en su página pasa una media de 22 minutos conectado, invirtiendo un total de 12 horas a la semana mirando perfiles y contactando usuarios online. De media esto genera 1,8 horas semanales de citas cara a cara.

Evidentemente entre mujeres y hombres hay diferencias. Un estudio con 6.485 usuarios heterosexuales de EEUU comprobó que los hombres miraban tres veces más perfiles que las mujeres, y enviaban 3,2 veces más mensajes de contacto.

Según otras investigaciones, estos servicios son considerablemente más utilizados entre minorías sexuales, en profesionales con largas jornadas de trabajo, más gente de mediana edad que joven, divorciados frente a solteros, entre quienes se mudan a una nueva ciudad, y por personas que tras terminar una relación se quedan en un entorno de amistades complejo.

Se ha comparado las características de personalidad de los usuarios de portales de citas online respecto quienes buscan pareja de manera convencional, y no se han hallado diferencias significativas ni en auto estima ni en los cinco grandes rasgos de personalidad.

La aceptación social también está evolucionando. Si bien hace años la actitud hacia el online dating era de recelo y más bien negativa, una encuesta del Pew Institute reveló que en el 2006 el 44% de personas opinaba que Internet es una buena manera de encontrar pareja. Sólo el 29% de los encuestados pensaba que los usuarios sentían cierta desesperación, aunque un 66% de estadounidenses opinaba que entramaba cierto peligro. Pero…

¿Significa realmente un cambio tan radical o no?

Hace un par de semanas estuve charlando con la antropóloga Helen Fisher en su apartamento del upper east side en Nueva York. Además de todos sus libros e investigaciones académicas sobre el amor, Fisher es directora científica del portal de citas chemistry.com. A pesar de eso, me decía: “mira; nuestro cerebro continúa siendo el mismo. El online dating nos ofrece la posibilidad de conocer un número mucho mayor de personas buscando pareja, pero al final… por muchos cálculos racionales que hagas… todo se decide frente a frente. La gente se enamora ahora igual que lo hacía miles de años atrás”.

Los autores de la revisión científica que estamos comentando no están del todo de acuerdo. De una manera más estructurada, desglosan las posibles diferencias entre el método convencional y el online en 1- Acceso (poder conocer a muchísimas más parejas potenciales vía internet), 2- Comunicación (poder intercambiar información de manera online antes de un encuentro cara a cara), y 3-Matching (los portales de citas online te proponen candidatos que se adaptan a lo que estás buscando).

En su artículo, analizan cada uno de los 9 pasos del proceso desde la búsqueda inicial de servicios de online dating, la creación del perfil, el análisis de otros usuarios, el contacto virtual, el encuentro cara a cara, y la formación de una relación.

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Sus conclusiones son que si bien el online dating no ha cambiado el proceso de flirteo, ni la naturaleza de las relaciones que se constituyen, sí ha alterado de manera fundamental los mecanismos iniciales que dan paso a una relación. Entre muchos factores destacan que se pueda compartir información de manera pública con múltiples candidatos en tiempo real, la posibilidad de revisar perfiles de forma anónima, o que antes de un primer encuentro en cara a cara ya se conozcan gran cantidad de detalles personales importantes sobre la otra persona. Helen Fisher relativiza estos factores diciendo que también en la manera convencional los amigos te habrán pasado información clave sobre la persona que te van a presentar, y opina que “en lo de tener más opciones sí, pero el online dating y las citas convencionales con compañeros de trabajo o gente que comparte círculos sociales no son tan diferentes. Siempre tienes información previa antes de quedar con alguien. Lo extraño de verdad es establecer una relación con un completo desconocido en un bar”.

Pero la gran diferencia entre Fisher y los autores del estudio está en el tercer aspecto que ofrecen los sitios de citas online: los algoritmos matemáticos con base psicológica que prometen ser capaces de presentarte las parejas más afines. Helen Fisher ha diseñado esta estrategia para chemistry.com, pero uno de los mensajes más rotundos de la revisión es que estos algoritmos no sirven para nada. Dicen que no hay ni un único estudio indicando que en base a características y preferencias se pueda detectar tu media naranja. Contemplado desde la óptica a menudo comentada en este blog de que la intuición tiene más peso que la razón en nuestras decisiones, tiene sentido.   

“Relationshopping”, la homogamia, y otros peligros del online dating

Yo hace años que no salgo a comprarme zapatos (rigurosamente cierto). Cuando lo hacía iba a varias tiendas con una idea muy definida de lo que buscaba. Pero difícilmente encontraba algo que me dejara satisfecho. No prestaba la mínima atención a aquellos modelos que diferían de mi ideal, y siempre encontraba alguna pega en los que sí se parecían. En ocasiones entraba en una tienda y tenía la sensación de que ninguno me gustaba. Un sinsentido, que quizás coincide con el de aquella amiga que mira y remira perfiles en internet, y no encuentra un chico que le atraiga.

Todos los zapatos y 90% de ropa que me he comprado en los últimos años lo he hecho entrando sin más a una tienda al disponer de unos minutos libres, ojeando sin presión alguna, y dejándome enamorar por el modelo que -si hubiera ido con una idea predeterminada en mente- quizás ni siquiera hubiera contemplado. Este flechazo te puedo ocurrir en la vida real un día cualquiera desazonado y sin casa cuando unos ojos azules se crucen para siempre en tu camino. Pero difícilmente vas a tenerlo online revisando fotos diminutas cada tres segundos. Al contrario; te puede saturar.

El “relationshopping” (visitar el sitio de citas en Internet como si entraras en una tienda a buscar un producto determinado) es uno de los peligros del online dating. A priori tener muchas opciones es bueno, pero también genera bloqueo y una peligrosa sensación de indiferencia y vulgaridad. Especialmente entre chicas, todos te parecen similares y los diferentes unos raritos. Los estudios demuestran que online la gente suele buscar una similitud de características exagerada, que en el método convencional es casi irreal. El tener tantos datos sobre religión, gustos musicales, comida favorita, número de niños deseados, orientación política, si fumas o no, qué te gusta hacer los viernes por la noche, y de qué olor prefieres los pedos, favorece esta homogamia que algunos interpretan como positiva porque facilita la convivencia y objetivos vitales, y otros negativa porque impide el complemento y diversidad.

Otros efectos negativos son que muy a menudo la asimetría de información hace que se creen expectativas demasiado elevadas que se volverán en tu contra durante el encuentro cara a cara, que pasado cierto tiempo el intercambio de mensajes online pierde interés, y que se emiten juicios precipitados a partir de unos pocos datos.

A modo de conclusión, los autores de la revisión “Online Dating: A Critical Analysis From the Perspective of Psychological Science” aconsejan limitar el número de perfiles que vas a contemplar, no ir con unas ideas demasiado predeterminadas, no descartar candidatos por detalles menores, ser sincero en tu descripción pero destacar algo que te pueda distinguir del resto, no tardar mucho en quedar una vez ya has establecido comunicación prometedora, y no hacer ni caso de lo que te sugiera el portal.

Esto es lo que la materia da de si, hasta que alguien se decida a realizar un estudio randomizado poniendo un grupo de sujetos unos días a ligar por internet y otros a invertir el mismo tiempo flirteando por bares y dando voces a amigos y amigas. Aquí sí tendríamos un buen experimento científico...

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