Apuntes científicos desde el MIT

Apuntes científicos desde el MIT

Este Blog empezó gracias a una beca para periodistas científicos en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Boston, donde pasé un año aprendiendo ciencia con el objetivo de contarla después. Ahora continúa desde Nueva York buscando reflexiones científicas en otras instituciones, laboratorios, conferencias, y conversando con cualquier investigador que se preste a compartir su conocimiento.

Piensa como un científico, no como un abogado

Por: | 23 de octubre de 2012

Los buenos científicos son los seres más escrupulosos del planeta. Cuando por mínimo que sea algún detalle no termina de encajar en sus teorías, enseguida dudan que su hipótesis podría estar equivocada. Para ellos la frase “la excepción confirma la regla” es el sinsentido más grande que podamos imaginar. 

Todavía recuerdo a Vera Rubin explicarme cómo a principios de los años 70 vio que las estrellas exteriores de la galaxia Andrómeda giraban a la misma velocidad que las del centro. “No podía ser! No podía ser No podía ser!” me decía a sus más de 80 años todavía activa en su despacho de la Carnegie Institution en Washington DC.

Las galaxias acumulan muchísima más masa en su centro, y según todas las leyes de la física, esto debería hacer que las estrellas centrales giraran mucho más rápido que las exteriores. “Al principio sí pensé que había cometido un error de cálculo o que quizás Andrómeda tenía algo peculiar”, me explicaba Rubin, “pero observé otras galaxias y ocurría lo mismo. Podía parecer un detalle sin importancia, pero enseguida pensé que podía implicar un gran error en nuestras leyes de la física o conocimiento sobre el universo”. A la postre el descubrimiento de Rubin fue la primera evidencia experimental de que el universo contiene cantidades ingentes de una materia oscura oculta a nuestros sentidos, y que todavía no hemos averiguado de qué está constituida.

En ciencia una excepción nunca confirma una regla, todo lo contrario; es una amenaza. Eso de ignorar las evidencias cuando desafían nuestras convicciones no forma parte del buen uso del método científico. Reafirmarse no es una muestra de fortaleza sino de debilidad metodológica. Si algo chirría, es que algo falla y quizás toca sustituir el modelo.

Fíjate si no en los físicos teóricos empecinados en que una de sus dos teorías más exitosas, la mecánica cuántica y la relatividad de Einstein, debe contener algún error fundamental pues la primera describe perfectamente el mundo subatómico y la segunda todo lo demás, pero no terminan de encajar matemáticamente entre ellas. Con lo fácil que sería contentarse aplicar una u otra en función del sistema que analices, esta incompatibilidad les chirría profundamente, dudan, y su inconformismo les hace buscar entre supercuerdas alguna teoría mejor que destrone una de ambas.

En la sociedad también hay infinidad de cosas que chirrían, y que en lugar de aceptarlas como mal menor te piden revolución y cambio radical de modelo. Algunas son obvias y otras más sutiles. A mi alma científica hay algo que desde hace tiempo le tiene consternado: la rutina de trabajo de los abogados.

Me dicen que les llega un cliente pidiendo que defienda sus intereses en un caso, se plantean unos objetivos, y empiezan a buscar pruebas que los respalden. Aparentemente lógico. No nos suena extraño. Pero no puedo dejar de pensar que representa el proceso inverso de la metodología científica: el investigador primero busca evidencias y luego saca conclusiones. En cambio el abogado parte de unas conclusiones y a posteriori busca pruebas para defenderlas. Incluso trata de esconder las que le sean contrarias. Algo chirría.

Ya sé que muchos científicos malos hacen lo mismo, y que el abogado es parte de un sistema donde también hay fiscales, jueces y procedimientos. Y reconozco que lo natural en nuestro quehacer cotidiano es pensar y actuar como abogados. Pero sus frases como “hay dos verdades; la real y la del caso” o “lo que no está en los autos no está en el mundo” irritan profundamente a mi razonamiento científico. Es más; creo que aplicadas a altas esferas conllevan graves efectos negativos en la sociedad, y que plantearnos sus efectos podría tener consecuencias revolucionarias.

Como explico en la página 390 de “El ladrón de cerebros”, mi disquisición empezó hace un par o tres de años conversando con una amiga abogada de un prestigioso bufete de Washington DC, que a sus veintitantos años ganaba 5 veces más que cualquier investigador posdoctoral con 10 años más de experiencia. Se quejaba por mucho trabajo en un caso complicado donde defendía a Microsoft. Estábamos comentando el caso, y en un momento determinado se me ocurrió preguntarle si en el fondo Microsoft llevaba razón o no. Se quedó pensando con expresión de qué pregunta más absurda, y me dijo “claro que no tiene razón. Por eso vienen a nosotros. Les van a sancionar seguro, pero nuestro trabajo es conseguir que la cantidad sea la menor posible”. Por fin entendí la lógica tras el copioso salario de mi amiga y ciertos bufetes de abogados: A Microsoft le merecía la pena ir a ese bufete porque era uno de los mejores, por tanto uno de los que conseguiría mayor reducción de sanción, y aunque facturaran mucho más que otros profesionales, les continuaba saliendo a cuenta. Mi amiga me decía que si la acusación fuera injusta quizás con sus propios abogados ya resolverían el caso. Todo muy lógico, pero perverso también. Desde entonces tengo cierta manía a los abogados ricos. Por lo menos los estadounidenses. Creo que en gran medida lo son a base de intentar tergiversar la realidad. 

Sé que yo también estoy tergiversando y no atendiendo a la enorme mayoría de abogados que trabajan por una sociedad más justa. Mi reflexión no es hacia ellos sino contra esta manera de pensar donde primero se sacan conclusiones y después se buscan las evidencias. Independiente de la profesión. Recuerdo un físico contratado por un lobby nuclear explicándome que su trabajo era reunirse con congresistas y personalidades influyentes para convencerles de las ventajas de la nuclear y necesidad de invertir más en ella. Ese físico de alma impura no tenía nada de científico. Me confesó sin miramientos que si estuviera contratado por el lobby antinuclear encontraría fácilmente argumentos para defender lo contrario, y que “una cosa es mi opinión personal y otra mi trabajo”.

Yo lo entiendo, al igual que la abuela siempre defenderá a su nieto, el forofo argumentará a favor de su equipo preferido, o el alcalde sabrá cómo justificar la contratación de su amigo que le invita cada año a regalos. Esta manera de pensar donde primero decidimos y después buscamos el argumento que nos justifique, es la que nace en nuestra mente de manera natural. Y seguro es la más adecuada para que nuestros genes sobrevivan y se reproduzcan con el máximo bienestar posible. Pero no deja de chirriarme. Porque una cosa es el fútbol, los amigos o la religión, y otra la toma de decisiones políticas. 

Resulta que me han invitado a participar como ponente en el congreso “El Ser Creativo” que se celebra los próximos 6 y 7 de noviembre en el circo Price de Madrid, con el lema “Ideas para cambiar el mundo”. Me indicaron que pensara en alguna idea nueva, creativa, provocadora, y que pudiera tener un impacto en la sociedad. Participando en el bloque de educación, no pude dejar de imaginarme qué pasaría si a los niños les enseñáramos de verdad a pensar como científicos en lugar de como abogados. A hacer de la duda una aliada y no un signo de debilidad. A atender más a las evidencias empíricas que a la ideología o ideas preconcebidas. Al fin y al cabo si la educación y cultura nos humanizan es por corregir algunas de las instrucciones que el pasado evolutivo ha instalado en nuestros genes.

Y todavía más lejos; ¿qué pasaría si al igual que la medicina tomáramos decisiones sociopolíticas basadas en la evidencia y no la ideología?. ¿Qué pasaría si poco a poco la sociedad fuera sustituyendo el pensamiento del abogado por el pensamiento del científico? Yo siempre digo que no tengo ideas sino hipótesis. Simplemente se trata de atender primero a las pruebas y sacar conclusiones después, en lugar de a la inversa.

En seguida pensé en recuperar el lema “Piensa como un científico, no como un abogado” para mi charla. Pero no lo voy a hacer. Me ocurre una cosa: no sé suficiente de economía, historia, política y sociología como para responder a las preguntas que acabo de plantear. Me parece una idea provocadora y una crítica muy válida, pero lo que en realidad hace avanzar el mundo no son sólo las críticas sino las propuestas constructivas. Y no logro identificar bien los aspectos en los que sustituir el pensamiento de abogado por el de científico repercutiría en mejoras en la sociedad. Y si bien defiendo a la duda como una aliada, es cierto que también llega a ser una tortura.

Sé que el pensamiento científico es constructivo, inconformista, colaborativo, optimista, piensa a largo plazo, está por encima de la ideología, y siente un gran respeto por la verdad. Me siento plenamente convencido que –más allá incluso de aplicaciones tecnológicas y mejoras médicas- si la metodología científica impregnara a la sociedad, el mundo sería mejor. Y me suena fabuloso esto de pensar como científicos y no como abogados. Pero me da pavor la demagogia, y el discurso constructivo no está maduro todavía. Las discusiones entre científicos duran poco cuando hay datos de por medio.

Sin embargo gracias a la ciencia he aprendido algunas pocas cosas más: en un sistema complejo las conexiones hacen que el todo sea más que la suma de las partes y de varios cerebros contrastando ideas desde diferentes conocimientos de partida puede emerger algo inexistente en ningún cerebro aislado. Que internet tiene justo esta magia de conectar y expandir memes cuando resulten exitosos. Que la intuición no es fruto de casualidades aleatorias sino de mensajes elaborados a partir de toda la experiencia acumulada en nuestro inconsciente, y que si bien la razón en ocasiones nos previene de espetar sandeces en otras es un freno que coarta nuestra creatividad: Si la intuición te pide que a pesar de tus dudas racionales lances con fuerza el mensaje “Piensa como un científico no como un abogado”, porque te dice que algo de poderoso hay en él, no puedo evitar terminar estas líneas solicitando vuestras opiniones sobre en qué medida, bajo qué circunstancias y en qué ejemplos concretos pensar como científicos en lugar de cómo abogados implicaría mejoras a nivel individual, y sobre todo social. 

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Web: www.elladrondecerebros.com

 

Hay 66 Comentarios

Interesante comparación la del procedimiento científico con la forma de proceder de los abogados.

En mi caso, tengo que estar de acuerdo con otro comentario que incide en la baja catadura moral de una gran cantidad de abogados.

En una película en la que Pierce Brosnan hacía de abogado matrimonialista, hay una escena en la que da un discurso a una audiencia de abogados. En medio del discurso dijo algo así como que "los abogados son la escoria de la sociedad". Y ante el estupor de la audiencia apostilló, "y los abogados matrimonialistas son el moho que se crea debajo de la escoria".

Los abogados y su forma no científica de proceder son un mal necesario en la sociedad de la mentira en la que vivimos.

Merkel o Solana son famosos científicos dedicados al mundo de la política. Su cerebro debería de funcionar como el de un científico, ¿se ha notado en sus accciones?

Concuerdo con Antonio y contigo: No es necesario y no es constructivo. No es necesario contraponer para fundamentar tu argumento. Apoyo el argumento de fondo, adelante con eso.

Lo que decís me toca de cerca porque mi viejo es abogado y yo estudio Lic. en Bioquímica. Aprender el método científico y aplicarlo a otras disciplinas que no están propiamente relacionadas con la ciencia tiene enormes ventajas porque implica de entrada involucrarse con lo que está sucediendo, la única forma de pensar como un abogado (es decir, sacar conclusiones antes de tener ninguna prueba) es desafectándose del suceso en cuestión. Pensar de esta manera en cuanto a políticas relacionadas a la educación, a los recursos naturales, a la asistencia social, o al manejo de la información periodística… es inmedible el beneficio de poder prescindir de intermediarios los cuáles no están afectados cuyo único interés es sacar una tajada y no aportan nada. De todos modos un ejemplo claro de esto (para aportar un poco a tu idea y no divagar tanto filosóficamente) es el debate que hay en Argentina hoy sobre la legalización del aborto, en donde una postura sostiene su argumentación en base a una fuerte evidencia, que es la estadística de muertes maternas anuales, lo cual es un hecho que sucede todos los días, mientras que la otra postura se intenta sostener en base a argumentos que son generados posteriormente a asumir que el aborto “está mal” por una serie de hechos que “no son cuestionables” (como por ejemplo asumir que es un “asesinato”, como si un cúmulo de células con un par de semanas de gestación fuera una “persona”). Entiendo que esto es un poco jugado y que quizás no te sirve para mencionarlo en tu charla, pero está clarísimo que postura tiene un médico que está en contacto directo con la situación y con las personas involucradas (sino preguntale a Favaloro) y que postura tiene un juez que está en su despacho fumando un habano que le regaló un colega que se fue de vacaciones al Caribe. Me encanta tu trabajo porque trata de darle un contexto social a la ciencia sacándole el hermetismo que la caracteriza, y de eso se trata esto. Saludos.

De todos los oficios, el que más me repugna es el de los abogados. Se me hace cuesta arriba entender cómo es posible que todos los abogados no estén presos. Si este mundo fuera realmente justo, debería haber jaulas a la salida de la Universidad de Derecho. Cada vez que salga un jovencito recibido de abogado, con su toga ridícula y su diploma enrollado, habría que cerrar con llave la jaula y mandarlo al zoológico. Que me perdonen las focas.
La Justicia tiene un bache gigantesco, una tara de nacimiento, por la que le resulta imposible funcionar correctamente. Siempre, en un juicio, habrá un abogado que miente. Siempre habrá uno que sabe la verdad e intenta disfrazarla de otra cosa. Siempre habrá uno que, por dinero, tiene permitido mentir y falsear la realidad. Cuanto mejor sea un abogado en su oficio, más personas dirán de él: "qué hijo de puta".
Y aquí nace el error de ciertos oficios, creo yo. Cuando el mejor en algo es, al mismo tiempo o por eso, el peor, tenemos un problema. Y si la base de la justicia humana recae en uno de estos oficios, si quienes dictan sentencia inapelable son los peores seres humanos de un grupo, entonces el problema es un problemón.
Hay únicamente dos clases de oficios en el mundo: los que ya existían cuando éramos inocentes, y los que no. En un mundo inocente habría payasos, putas, ebanistas, dibujantes y panaderos. Y no habría (por innecesarios) ni policías, ni abogados, ni árbitros de fútbol, ni políticos populistas. Aquéllos oficios, los nobles, están ligados a nuestras necesidades básicas; éstos, en cambio, surgieron por culpa de la degeneración, de la trampa y del caos. Los impuros son oficios que están aquí no desde siempre, sino desde que el mundo es una mierda.
Cuando éramos inocentes necesitábamos reír, comer, sentarnos, viajar, soñar y que nos chuparan la pija. Y por eso teníamos payasos, panaderos, carpinteros, caballos, músicos y putas. No hacía falta más. ¿Qué pasó entonces? Posiblemente ocurrió el primer conflicto. No sabemos cuál, pero podemos imaginarlo. El payaso hizo un chiste que ofendió al carpintero. O el panadero le vendió al músico medio kilo de pan diciendo que eran tres cuartos. O la puta no quiso acostarse con el caballo. Algo de eso.
Entonces nació el abogado: un tipo que debía decir quién tenía razón. Claro que, en los oficios nobles, cada actividad o servicio tuvo siempre una paga. ¿Cómo le pagaríamos al abogado por su trabajo? O mejor, ¿quién le pagaría? Se decidió entonces que el que más tenía más pagaba. No hubo tiempo para llamarle a esa práctica soborno, porque el que más pagaba eligió llamarlo Justicia.
Cada vez que veo o escucho a un abogado me da asco. No puedo evitarlo. Y me preocupa mucho ver de qué manera nos acostumbramos (por una cuestión cultural, por una cuestión de pereza mental) a no objetivizar la vida. Nos parece normal que todo sea así. A nadie le pone los pelos de punta saber que estamos en manos de unos tipos que cobran por mentir, que deciden si vamos presos o no, que deciden casi todo con argumentos rarísimos, con palabras inventadas, con leyes que no tienen sentido y que impulsaron sus abuelos, que también eran abogados o políticos (un político es un abogado más viejo).
Tengo la impresión de que hay un porcentaje mínimo del mundo que está enfermo. Gente ruin, equivocada y manipuladora. Pero lo que más me causa espanto es que el resto mira el circo casi desde la costumbre ancestral, casi desde la resignación, casi de acuerdo.
Los oficios ruines nacen y se reproducen en el seno de la gente ruin, con el objeto de salvar a la gente ruin. Los demás (la gente serena, la gente pobre; la gente) puebla el mundo con el secreto designio de cumplir una condena injusta.
El oficio de puta es necesario. Tanto, que es el primer oficio que se recuerde. El oficio de puta es noble y no le hace mal a nadie. El oficio de policía es innecesario, es post-degeneración, es turbio. Entonces, el policía se mete con la puta, la encarcela, la acosa, le dice chupame y te dejo ir. Nos parece normal.
El abogado defiende mejor al que mejor le paga. El árbitro le saca amarilla al delantero habilidoso que se tira en el área. El diputado sólo recuerda al votante rico y hunde al pobre en la rabia silenciosa. Nos parece normal.
Mi vida, desde el principio, estuvo ligada a la abogacía. Cuando yo era chico, todos me recomendaban ser abogado por dos razones. La única universidad que existía (y existe) en Mercedes forma estudiantes de derecho. Eso por una parte. Y por la otra, todo el mundo descubrió temprano que yo había nacido con la ambigua capacidad de engañar, de convencer a la gente sobre cualquier cosa.
Y tenían razón. Yo habría sido un gran abogado. El más hijo de puta de todos. El más respetado, el que más culpables ricos habría salvado de la cárcel, el que más inocentes pobres habría metido en prisión. Un gran abogado, sí señor. Una mierda de persona. Hasta tendría un chalet con pileta, un auto grandote.
Pero gracias a dios, para cada oficio espurio hay uno noble. Incluso si tu talento en la tierra es el de mentir. Yo por ejemplo elegí contar cuentos y decir públicamente barbaridades sin importacia. Si mi talento hubiera consistido en correr atrás de una pelota, tambien tendría una opción correcta y otra incorrecta: mediocampista o árbitro. Y así podríamos seguir toda la tarde: payaso o político, carpintero o banquero, primera dama o puta.
No sólo eso. He descubierto no hace mucho que mis amigos verdaderos, todos ellos (no son muchos) practican oficios nobles. No tengo un solo amigo que desarrolle una actividad post-degeneración. Ni uno. Y me siento feliz por esa casualidad no buscada.
Por eso, si algún lector de Orsai con oficio degenerado es habitual de estas páginas y ha llegado hasta aquí, debe saber que me da asco tener lectores espurios. Si tuviera lectores de esta clase, les pido que se vayan a otra parte, que no comenten, que nos dejen en paz. Es posible que el mundo esté lleno de gente de mierda, es posible que no podamos hacer nada para evitarlo; pero en mi casa, en mi vida, en mis historias, somos todos inocentes aunque se demuestre lo contrario.
"M'hijo el dotor" , Hernán Casciari (Blog Orsai).

Me ha gustado la manera antagónica de actuar que has planteado con respecto a científicos y abogados. Creo que es absolutamente cierta y que el lema "Piensa como un científico, no como un abogado" es muy necesario y debes presentarlo. ¿Que no sabes de economía, historia o política?, para lanzar una idea brillante no hay que tener todas las respuestas. Lo importante es sembrar la semilla y aquellas personan que la reciban y sepan de esos temas ya se encargarán de aplicar el lema. (Es legítimo aconsejar la conducción a 110 en autopistas aunque uno no sepa conducir).

¿Un análisis cientifico concluiría que hay que recortar la inversión en educación e I+D?. No, porque es una inversión esencial para nuestro futuro. Pero llega el abogado y sin analizar nada concluye que hay que recortar y entonces mete la tijera sin importar dónde.

¿Un análisis científico concluiría que hay que reducir la atención sanitaria pública?. No, de hecho varios científicos y médicos han asegurado que recortarla aumentará la cantidad y gravedad de algunas enfermedades y esto redundará en un mayor coste económico y un descenso del bienestar. Pero el abogado puso por delante sus conclusiones.

Un científico vería claro que si se va poco al cine, teatro y otros espectáculos, y si se lee poco habría que favorecerlos. Además, está demostrado que el ocio y la cultura favorecen el bienestar de la población, lo cual redunda en todas las esferas sociales. Sin embargo llega el abogado y sube el IVA a los espectaculos y nos hace sufrir, para los libros electrónicos, el IVA más alto de la Unión Europea.

Cada 'abogado' (lease gobierno) de este país destroza el sistema educativo existente y crea otro acorde a sus conclusiones de abogado. Si fuesen científicos analizarían la situación y alcanzarían conclusiones de consenso que no variarían en lo esencial cada vez que hay un cambio de gobierno.

Y así sigue y sigue. No lo dudes. PIENSA COMO UN CIENTÍFICO, NO COMO UN ABOGADO.

Enhorabuena. Me ha encantado ver expresada con tanta claridad una idea que siempre he defendido: la formación del pensamiento científico y su aplicación en la vida social y política. Yo nunca la he contrapuesto a la forma de pensar de un abogado, quizá porque como tú bien dices, me falta conocimiento para argumentar en ese campo. Pero no creo necesario contraponer el pensamiento científico a ningún otro. Por sí solo es perfectamente defendible y creo que totalmente necesario. Adelante con el mensaje "piensa como un científico" (por el momento, olvidemos a los abogados)

Estoy con Ángela. Por la ilusión que me ha hecho y también por poder leerlo.
No creo que lo que comentas sea solamente una expresión del pensamiento colectivo. Es también una necesidad. De restauración, sin duda. Por lo tanto, la primera aplicación creo que sería esta. Es un buen antídoto contra la violencia.
Creo que es el momento adecuado también para la Industria el plantearse invertir el orden: formar a los técnicos para solucionar problemas. El credo de la obsolescencia ya no tiene tanto cauce.
Pero si piensas en salud, conseguirás ayudar mucho más. Comentas que "Y si bien defiendo a la duda como una aliada, es cierto que también llega a ser una tortura". Entiendo que cuando se convierte en una parte o aspecto tan importante que te priva de valor; de libertad de pensamiento, movimiento o decisión. ¿Cuántas veces ocurre esto?

Estoy con Ángela. Por la ilusión que me ha hecho y también por poder leerlo.
No creo que lo que comentas sea solamente una expresión del pensamiento colectivo. Es también una necesidad. De restauración, sin duda. Por lo tanto, la primera aplicación creo que sería esta. Es un buen antídoto contra la violencia.
Creo que es el momento adecuado también para la Industria el plantearse invertir el orden: formar a los técnicos para solucionar problemas. El credo de la obsolescencia ya no tiene tanto cauce.
Pero si piensas en salud, conseguirás ayudar mucho más. Comentas que "Y si bien defiendo a la duda como una aliada, es cierto que también llega a ser una tortura". Entiendo que cuando se convierte en una parte o aspecto tan importante que te priva de valor; de libertad de pensamiento, movimiento o decisión. ¿Cuántas veces ocurre esto?

Me ha emocionado este post a lo largo de su texto desde el principio, y hasta el final. Releo. Y deduzco, que si entre todos dudamos podemos construir algo inexistente en el individuo y mejor para todos.
Gracias Pere. :)

Me ha encantado leerlo. Me parece una interesante y honesta propuesta y que, desde luego, abre la puerta a una profunda reflexión.

Me ha gustado tu post. De todas formas, en el caso que comentas tendrías que tener en cuenta que hay otro personaje destinado a demostrar exactamente lo contrario que el abogado defensor, el fiscal, y por encima de ellos un juez y un jurado. De todas formas coincido contigo en que no me gusta el sistema. Y aunque soy economista, te recomiendo un libro de un físico que quizá conozcas, 'The structure of scientific revolution', de Th. Khun. No es un simple desajuste lo que paraliza a la ciencia, afortunadamente, sino su acumulación. De otro modo todavía estaríamos haciéndonos las preguntas que seguro que se hacían los primeros hombres. En definitiva, que defiendo el método científico, pero no es tan exagerado como creo que 'lo pintas', y mucho más pragmático. todosobreenergia.com

He leído tu libro hace poco y lo he disfrutado muchísimo. Tengo ganas de volver a leerlo, pero esta vez comprándomelo y no sacándolo de la biblioteca, para poder subrayar muchas ideas que tenía en mi cabeza pero no conseguía poner en orden o expresarlas con claridad y que tú explicas de forma magnifica.
Es un libro que, si pudiese llevarlo encima y que estuviese presente en las clásicas conversaciones/debates de sobremesa, zanjaría más de una discusión ;)
Respecto a los ejemplos concretos que pides.. si tú dices que no sabes suficiente sobre economía, política, etc, para responder a las preguntas, yo menos aun.. pero sí que creo firmemente que en política sería muy necesario aplicar el pensamiento científico y dejar de lado el de abogado de una vez por todas, para acabar con debates sobre derechos sociales o sanitarios en los que desde el punto de vista médico o científico el tema está muy claro pero se entremezclan argumentos moralistas de cierta parte de la sociedad que evitan el progreso de esos derechos.
Un saludo, y ojalá puedas compartir con nosotros más adelante tu participación en el congreso 'El Ser Creativo'!

Te felicito sinceramente Pere, tu post es realmente interesante. Profesionalmente me debato entre dos ciencias sociales, la Historia y la Economía, dónde (como en el Derecho) las realidades son, aparentemente, múltiples (o las herramientas teóricas están insuficientemente desarrolladas). Si dispones de un segundo te invito a visitar, y a todas las personas que lean este comentario, un blog que pretende añadir un poco de humor a través de breves relatos de inspiración económica.
http://lluviaderatones.blogspot.com.es/

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Sobre el autor

Pere Estupinya

. Soy químico, bioquímico, y un omnívoro de la ciencia, que ya lleva cierto tiempo contándola como excusa para poder aprenderla.
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