40 Aniversario
Miguel Mora

La venganza del paparazzo

Por: | 11 de febrero de 2014

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Pascal Rostain, paparazzo francés.

La presunta noticia era una bomba nuclear, demasiado espectacular como para ser revelada desde este lado del Atlántico con 24 horas de antelación: The Washington Post se aprestaba a publicar en su edición del martes que Barack Obama y la cantante Beyoncé tienen una relación amorosa, confirmando así los rumores que agitan a la prensa popular estadounidense desde hace algún tiempo.

El solemne anuncio fue lanzado el lunes por la mañana por Pascal Rostain, un conocido paparazzo francés, de 56 años, aprovechando una entrevista de promoción de su nuevo libro en la popularísima emisora de radio Europe 1. ¿La razón? Rostain decidió extender ese bulo para vengarse, según cuenta a este blog, de “la hipocresía de la prensa seria".

"Mañana vamos a asistir a algo enorme", afirmó muy serio Rostain en la radio, "el Post, un periódico que no se puede considerar canalla, va a publicar una noticia sobre la presunta relación de Obama y Beyoncé, y por supuesto hablará de ella la prensa de todo el mundo".

En apenas unos minutos, el periodista consiguió su primer objetivo: ser nombrado en los medios serios; y también el segundo: el bulo fue publicado por diversas webs francesas e internacionales, siguiendo la rutina de lo inmediato y lo sensacional (es decir, del antiperiodismo) que se ha puesto de moda en el siglo XXI: primero disparar, luego preguntar, y si nos equivocamos, ya lo corregiremos. Al fin y al cabo, si el papel lo aguanta todo, Internet es un pozo sin fondo en permanente re-edición, y nos pagan por recibir pinchazos, no por escribir el Quijote o por desvelar otro Watergate...

“No había noticia ni nada. Era solo un juego, una tontería, un n’importe quoi. Solo quería demostrar que los periódicos serios publican en Internet cualquier cosa sin verificarla antes”, explica Rostain, entre asombrado y divertido por el recorrido de su ocurrencia. “Y me parece que ha quedado claro que es así”.

En efecto, la inverosímil boutade del paparazzo -no porque un romance entre Obama y Beyoncé sea imposible, sino porque resulta raro que un fotógrafo reviente desde París un presunto scoop de The Washington Post- generó nervios en muchas redacciones.

Ayudó que primero fuera recogido por la página web de Le Figaro y de Le Soir, y después por algunas revistas semanales de información y del corazón, entre otras Closer. Enseguida, Obama y Beyoncé se convirtieron en TT en el Twitter francés.

Según afirmaba la nota de Le Figaro, quizá para dar solidez al falso, “dados su agenda y sus vínculos, sobre todo comerciales, con la prensa americana, no sería sorprendente que (Rostain) esté al corriente de lo que prepara The Washington Post”.

Poco después, algunas webs italianas y europeas se hacían eco del asunto, que finalmente fue desmentido por un portavoz de The Washington Post al Vanity Fair francés con una frase seca: "El Post no prepara ninguna información de ese tenor".

Pero la mentira ya era imparable. Y para añadir confusión, el sitio francés L'Internaute publicaba que Beyoncé ha desaparecido de las galerías fotográficas de la página web oficial de la Casa Blanca, donde es recibida con regularidad porque es amiga de la pareja presidencial. Incluso en la galería de la última toma de posesión del presidente demócrata no hay rastro de la cantante, que también actuó hace poco en la fiesta del 50 cumpleaños de Michelle Obama.

 

TopelementBeyoncé y su marido, Jay Z, con Barack Obama. Esta foto, publicada por el fotógrafo oficial de la Casa Blanca, Pete Souza, ya no se encuentra en el sitio de la presidencia de EEUU, según L'Internaute. 

Autor de numerosas exclusivas –descubrió la relación de Cecilia Sarkozy con Richard Attias en 2005, y la de Carolina de Mónaco con el tenista Guillermo Vilas años antes-, consocio de la Agencia Sphinx, y amigo a la vez de las exprimeras damas Carla Bruni y Valérie Trierweiler, Rostain afirma que al lanzar el bulo solo quería “denunciar a la prensa que ha denostado el trabajo de los paparazzis y de la prensa people después de que se publicaran en Closer las fotos de Hollande visitando a la actriz Julie Gayet”.

“Me han llamado la FOX, la CNN, EL PAÍS y muchos medios extranjeros”, añade Rostain, “pero muy pocos franceses. Y es curioso, porque muchos han publicado la historia en sus webs sin hablar conmigo ni con The Washington Post, es decir sin contrastarla antes”.

Según el veterano reportero, la historia debe hacer reflexionar a los lectores que creen que el periodismo people es menos riguroso que el otro y no cumple una función social: “Los paparazzis levantamos historias, verificamos lo que publicamos y aportamos las pruebas, pero la prensa seria nos dibuja como unos canallas porque invadimos la intimidad. Mientras tanto, ellos publican los comunicados de los gabinetes de comunicación de los políticos sin tocar una coma, y defienden su derecho a la vida privada pero se aprovechan de nuestro trabajo”.

Sobre la privacidad de las personalidades públicas, Rostain tiene su teoría: “La intimidad está muy bien, es genial, pero los periodistas tenemos que contar historias. Mi carné de prensa es igual que los otros”, añade. “Los paparazzis nos hacemos preguntas e investigamos. A veces partimos de un rumor, como pasó con Hollande y Gayet. Si Obama y su mujer aparecen distanciados en una foto o en un acto, y hay un rumor sobre una relación de Obama con Beyoncé, los reporteros estadounidenses tratarán de confirmarlo y de publicarlo. Y todo el mundo hablaría de ello, porque sería un hecho político. No debemos olvidar a Kennedy y a Marilyn Monroe, a Clinton y a Monica Levinsky. Pueden ser presidentes de la primera potencia mundial, pero siguen siendo humanos”.

El asunto coincide con la visita oficial de Hollande a Estados Unidos. Rostain, que arrastra fama de provocador, recuerda que se le ocurrió la idea hablando con un periodista del Post sobre el caso Gayet. "Al explicarle lo que había pasado, le dije que era como si Obama tuviera un romance con Beyoncé, y pensé que la comparación serviría para que los franceses se den cuenta de que la privacidad de un presidente no existe".

El éxito de su fake recuerda al gran falsificador y justiciero periodista taliano Tommaso de Benedetti, que durante diez años publicó un centenar de entrevistas inventadas en diferentes medios de su país con escritores como Philip Roth, Mario Vargas Llosa o Derek Walcott, y con personajes como Joseph Ratzinger, Mijail Gorbachov o Noam Chomsky.

Su caso fue descubierto por Roth cuando una periodista de La Repubblica preguntó al escritor neoyorquino si era cierto que había hecho unas declaraciones criticando a Obama. Roth lo negó, comenzó a investigar, y sus agentes descubrieron que la lista de entrevistas falsas perpetradas por De Benedetti contenía también a autores como Laura Pérez Esquivel, Manuel Vázquez Montalbán y John Grisham. De Benedetti entrevistó de forma imaginaria hasta cinco veces a Roth. Y las cinco coló.

Nacido en Roma en 1969, casado, padre de dos hijos, profesor de Italiano e Historia en un instituto de enseñanza media, hijo y nieto de ilustres críticos literarios, De Benedetti se declaró "satisfecho" de su tarea cuando fue descubierto. "Estoy contento de ser el campeón de la mentira", afirmaba. "Creo que he inventado un género nuevo y espero publicar nuevos falsos en mi web y toda la colección en un libro, con prólogo, por supuesto de Philip Roth".

Su provocación quizá fue demasiado lejos. De Benedetti creó páginas falsas en Facebook de Vargas Llosa y un centenar más de autores, que le acusaron de suplantación de la personalidad. El maestro del embuste replicó que Facebook y las redes sociales son inseguras por naturaleza porque todo el mundo puede suplantar a otros.

Un par de años después, se supo que la NSA utilizaba a los gigantes de Internet para espiar masivamente en todo el mundo, incluso a sus aliados europeos.

A veces, como pasaba con Pericón de Cádiz y Chano Lobato, un buen embuste revela cosas que las verdades tapan. 

 

 

Francia y España: tan cerca, tan lejos

Por: | 26 de enero de 2014

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Los Pirineos fueron durante siglos una barrera espiritual y física infranqueable. Los viajeros románticos franceses y la II República española derribaron el muro durante unos segundos, y luego la dictadura franquista multiplicó por dos la vieja altura simbólica de la cordillera. Durante cuatro décadas, las fronteras solo parecieron permeables para los maquis, los exiliados, los emigrantes, Semprún y Ben Barek, los pistoleros, los niños pijos de Madrid, la gauche divine de Barcelona y los gitanos del Somorrostro. Pero Francia y España seguían separadas por un muro de incomprensión, desde la envidia de abajo al racismo de arriba.

La democracia y la Unión Europea cambiaron esa percepción. España salió del páramo, creció y se enriqueció; Felipe y Mitterrand aprendieron mal que bien a convivir y a decidir quién era el enemigo; Almodóvar sedujo a crítica y público en Cannes y París, Sarkozy fue condecorado por Zapatero, este se convirtió en un modelo para el desacreditado socialismo caviar, y los camareros de París empezaron a ser simpáticos -es un decir- con los españoles, y sobre todo con las españolas.

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Ahora, la crisis económica, la política Goldman Sachs y el miedo a la miseria han vuelto a cerrar las puertas y las cabezas. España se desliza por su rampa nacional-católica e italianizante, democristiana para los amigos y berlusconiana para todos los demás: un presidente plasmado; impunidad creciente de las mafias político-cajeras; medios cada vez más sumisos con el poder; instituciones bajo mínimos de fiabilidad; ley Fachardón y aborto confesional; Santa Teresa y la Blanca Paloma, al frente de la política social; ataques cotidianos a la justicia y a la separación de poderes, con los fiscales ejerciendo de abogados defensores de los mandarines -y sobre todo de las mandarinas-; una familia Real rota, sorda y llena de secretos; Marhuenda y la telebasura, privatización exprés del Estado de Bienestar; Liga del Norte catalana, Del Nido al talego, Rosell ya veremos y los amigotes pidiendo indultos y poniendo las barbas a remojo.

Mientras, la rica Francia de Le Président Casqué (con casco), que duplica el PIB de su vecino sureño, camina sin pulso ni duende hacia ninguna parte y rumia su evidente pero paradójica decadencia -ya la quisieran algunos- entre inquietantes señales años treinta, adobadas con unas gotas de cinismo imperial y de machismo démodé, y con un élan zapaterista (liberaliación del aborto, ley del fin de vida) como cortina de humo y único gesto realmente progresista.

Por lo demás, tenemos que anotar un ministro de Hacienda socialista con cuenta secreta en Suiza -fue cesado-; un director del FMI acusado de violar a una camarera -fue defenestrado-; y un presidente de izquierdas que engaña durante dos años ¡a su novia! y se deja cazar yendo en moto a un apartamento de la calle du Cirque, situado a 140 metros del Elíseo. Luego, en vez de pedir perdón por la exhibición de torpeza, da una conferencia de prensa de tres horas en la que reivindica su derecho a tener una vida privada y anuncia un volantazo a la derecha y un regalo de 30.000 millones a la patronal. Y para celebrar tutto quanto, se va a Roma a besar el anillo del Papa. 

Entretanto, las élites y al menos una cuarta parte de la población se abandona a los peores instintos de la extrema derecha; aplauden la persecución sistemática de los gitanos, incluso en excursiones escolares; caen en la islamofobia y el antisemitismo a partes iguales; y todo el poder del Estado se pone al servicio de un ministro que decide censurar a un humorista negacionista y perturbado...

Europa vive definitivamente tiempos feos. Hay 80 millones de pobres y casi 30 millones de parados. Los jóvenes españoles llegan en masa a Francia para buscarse la vida. La Cruz Roja de París cada vez encuentra más españoles sin techo y sin un euro en el bolsillo. Los franceses se quejan más que los españoles, aunque se ayudan menos porque el Estado todavía se encarga, y aprovechan el pinchazo de la burbuja para comprarse casas baratas en Alicante...

Los Pirineos ya no existen. Los Alpes, tampoco. La política acaba en Davos, y el sueño  europeo de Merkel, Draghi, Lagarde y sus palmeros da una inmensa pereza. Lo que antes parecía casi un paraíso se parece cada vez más al averno.

Y dicho esto, ahí va un cantecito de Don Enrique Morente.

  

 

 

Hollande, la anáfora y la erótica del poder

Por: | 14 de enero de 2014

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El gran momento de la campaña presidencial que llevó a François Hollande al Elíseo ocurrió durante el debate con Nicolas Sarkozy, el 3 de mayo de 2012. Durante tres horas, 18 millones de espectadores siguieron un áspero intercambio de golpes al mentón. En Twitter, 90.000 personas cruzaron medio millón de mensajes. Algunos ironizaban sobre la transformación de Hollande, y podrían ser leídos hoy como una profecía cumplida: “De Flamby (famoso flan de sobre) a perro de presa”.

Aquella noche marcó tendencia la etiqueta #anaphore (anáfora, repetición), la figura retórica que empleó el candidato socialista en su alegato final, cuando usó 16 veces la fórmula “Moi, président de la République” para definir su futuro estilo de Gobierno y marcar distancias con el pasado histriónico y ultra-intervencionista de su rival: “Yo, presidente de la República, no seré el jefe de mi mayoría; yo, presidente de la República, no trataré a mi primer ministro como a un empleado…”. El mutismo de Sarkozy ante las anáforas se interpretó como un síntoma de su resignación ante una derrota segura.

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Amargo retrato francés de la monarquía española

Por: | 20 de noviembre de 2013

El programa El crepúsculo de un rey, que se emitió el día 18 dentro de la serie Investigación Especial de Canal + Francia, ha ofrecido a los franceses una imagen cruda y decadente de la monarquía española. El reportaje, de 44 minutos, obra de la reportera Caroline du Saint y de Ibar Abai, arranca en el palacio de Marivent, en el verano de 2007, con la tradicional foto de familia. “Una familia ideal, tres generaciones en torno al Rey, el símbolo de la democracia española”, afirma la voz en off. “Es la última foto que se harán juntos. En ese momento, la familia estalla, y la monarquía se verá golpeada por una serie de escándalos. Un rey que mata elefantes en safaris carísimos. Una reina humillada por las supuestas infidelidades de su marido. Y un yerno que arriesga 10 años de cárcel por desviar millones de fondos públicos”.

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El reportaje afirma que España está asistiendo a “la caída de una familia que se creía invulnerable”, y subraya los problemas físicos de Juan Carlos I: “Con sus muletas, el Rey ya no es la sombra de lo que fue. El jefe de los Ejércitos desde hace 30 años empieza a vacilar. A menudo hospitalizado, sus apariciones ya solo atraen a un puñado de periodistas y de irreductibles, y no duran nunca más de diez minutos”.

Sobre la reina Sofía, se dice que “es una aristócrata profesional, nacida para el oficio”. Y sobre los príncipes de Asturias, Felipe y Letizia, “jóvenes y guapos”, que “son los maniquíes reales, el escaparate de la monarquía”, y que la princesa es “una exestrella de la televisión convertida en icono de la moda”.

Roberto Smith, un fotógrafo de agencia que cubre la Casa Real, explica que la familia está obsesionada con la imagen: “Si no cumples las normas, te echan. Controlan tu aspecto y también tu comportamiento. No te puedes dirigir a ellos y menos preguntarles nada”.

El reportaje asegura que la prensa española solo publica fotos favorables a la familia real. Y lo ilustra con un ejemplo: Smith tomó hace un par de años tres imágenes del brazo delgadísimo de la princesa. “Las fotos mostraban que, más que flaca, Letizia tiene un problema con la alimentación, y está claramente obsesionada por el gimnasio", dice el fotógrafo. "Las imágenes no se publicaron en España, sino en Alemania. Eso indica lo que se puede contar y lo que no. No se puede hablar de la anorexia de la princesa”.

Sin embargo, la foto ante un elefante muerto del rey Juan Carlos, “en un safari cinco estrellas, de 45.000 euros por semana, fue portada de todos los periódicos”, continúa Caroline du Saint, que apostilla: “Un hobby raro para el rey de un país en bancarrota”.

SI05-300x168La periodista entrevista luego a un parado, y recuerda que España roza el 27% de desempleo y que muchos desempleados viven sin ayuda del Estado y dependen de sus padres o abuelos, o de los supermercados que regalan los alimentos que no venden.

Sobre la Historia, el programa recurre al trazo grueso y rápido, y recuerda que la llegada al trono del actual rey fue decidida por Francisco Franco. El hispanista Paul Preston cuenta desde Londres que, “siendo un niño, el rey fue secuestrado por Franco, fue como si sus padres lo hubieran vendido. Franco dijo: ‘O me lo envían para que le eduquemos, o nunca será Rey”.

El relato se detiene el 4 abril de 1956, el día del “accidente” en la casa familiar de Estoril, cuando Juan Carlos de Borbón disparó en la cabeza a su hermano Alfonso, que murió en el acto. Según Preston, “no está claro si el tiro fue desviado por una puerta que se abrió. Una vez le pregunté al Rey si ocurrió así, y él me dijo que sí”.

La emisión explica que don Juan Carlos siempre mantuvo una relación de subordinación con Franco; en una entrevista televisiva de 1970, se ve al futuro monarca declarar “su admiración y afecto” por el dictador. “Será su sucesor”, afirma el reportaje. “En 1976, la monarquía regresa a España, y el Rey jura fidelidad al Movimiento Nacional. La Constitución le convertiría en un jefe del Estado, inviolable e irresponsable (ante la ley)”.

El golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 es glosado a través del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, que tenía entonces 18 años: “Estudiaba derecho, y al día siguiente tenía examen de Finanza Pública. Pasamos mucho miedo hasta que vimos al Rey en televisión. Jugó un papel fundamental”.

Gilles Tremet, veterano corresponsal de The Guardian en Madrid, afirma a continuación que hubo un “pacto entre la prensa, la política y la Corona para construir la imagen del Rey como el salvador de la patria y un hombre casi perfecto”.

La periodista visita una escuela de Valladolid para contar cómo son los concursos nacionales de los colegios públicos sobre el tema ‘Qué es un rey para ti’, apadrinados desde hace 30 años por el Ministerio de Cultura. Y da algunos ejemplos: un alumno dibuja a un superhéroe que termina con el paro y la crisis, y otro cuenta que los profesores cultivan el culto a la personalidad real: “Los profesores nos dicen que es campechano, modesto y que está disponible para ayudar a la gente”.

“Y de repente, Corinna”. Este titular de una revista sirve a Caroline du Saint para hablar de “una de las amantes” del Rey. Cuenta que vive a pocos kilómetros de la Zarzuela, en el Monte del Pardo, en una propiedad real “gestionada en secreto por Patrimonio Nacional”. La reportera intenta visitar la casa, pero un guardián le dice que Corinna no vive ahí, que la finca es “una zona reservada para animales”.

La periodista añade que “los reyes llevan separados varios años”, y da pábulo a las sospechas de que el Rey tiene hijos ilegítimos. Alberto Solá, un hombre de La Bisbal, explica a la cámara cómo su petición de someter al Rey a una prueba de paternidad fue rechazada por la jueza invocando “la inviolabilidad de la persona real”.

Otro asunto polémico es el dinero de la Casa Real, cuánto cuesta exactamente al erario público la institución, aparte de las asignaciones y los cinco palacios que el Estado pone a  disposición de la familia. El reportaje informa de que Marivent cuesta dos millones anuales, con 23 personas empleadas fijas. Y que el yate Fortuna, valorado en 21 millones, está guardado en un garaje desde hace dos años. También que el presupuesto dejó de ser secreto en 2012, tras el safari del Rey en Botswana, y que se eleva a ocho millones de euros, frente a los 39 millones que cuesta la casa real británica.

Luego, la reportera da la versión de Joan Tardà, un diputado de ERC que asegura que el presupuesto real es “diez veces mayor de lo publicado porque no se han sumado las partidas de Patrimonio Nacional, Seguridad, Defensa, Interior, transportes y logística”.

El reportaje dedica amplio espacio a los trasiegos dinerarios de Iñaki Urangarín, Duque de Palma, “el yerno ideal”. Cuenta la historia del Instituto Nóos, y su estructura de sociedades pantalla, encabezada por Aizoon, “propiedad de la infanta Cristina”. Tras visitar el palacete de Pedralbes, la abogada de la asociación ultraderechista Manos Limpias, Virginia López, asegura que “la Infanta lo sabía todo” sobre los negocios de su marido. Y el juez José Castro, cazado en un aparcamiento, declara que “no es fácil” investigar a la Infanta, aunque desmiente haber recibido presiones.

Una de las escenas más impactantes sucede cuando la reportera francesa intenta hacer dos preguntas al Príncipe Felipe durante un acto público: “¿Qué sabía de los negocios de su cuñado? ¿Por qué no se expresa nunca sobre el caso?”. En ese instante, el Príncipe es apartado del lugar por su escolta, mientras los periodistas son desalojados. Uno de los escoltas recrimina a Du Saint su actitud, y le dice que “la Constitución prohíbe a los periodistas preguntar a la familia real y que estos hagan declaraciones”.

La conclusión del amargo reportaje es que “España ha redescubierto las banderas republicanas”, y que, “para muchos españoles, Juan Carlos ya no es el padre de la nación, sino el padrino de una monarquía mafiosa”. Según Du Saint, “más de la mitad de los españoles reclama una nueva Constitución, sin Rey”.

Pero la clase política sigue defendiendo que el monarca es una referencia indispensable, añade. Zapatero afirma: “Con el Rey ahí no corremos riesgos. La democracia española se identifica con la monarquía, más allá de los vaivenes que sufre la institución, que espero podremos superar pronto”.

La abdicación, sin embargo, no parece cercana. “¿Salvará el príncipe, seductor y moderno, a la monarquía?", se pregunta la periodista. “No es seguro”, se contesta. Las últimas imágenes recogen la pitada de la “buena sociedad” catalana a los príncipes en el Liceu. Y las miradas perplejas del heredero y su esposa.

 

Auschwitz contado con maquetas y marionetas

Por: | 21 de septiembre de 2013

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La compañía holandesa Hotel Modern, fundada en 1997 por las actrices Arlène Hoornwerg y Pauline Kalker y la artista Herman Helle, ha reestrenado en el centro cultural 104 de París su espectáculo Kamp, creado en Rotterdam en 2005 y que desde entonces no ha dejado de girar por Europa.

Llamar espectáculo a la propuesta de estas tres mujeres es seguramente un eufemismo equivocado. Kamp es una reconstrucción muy fiel de un día en el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. El campo aparece ante los ojos del espectador reproducido con una gran maqueta hiperrealista, que ocupa toda la escena, realizada en cartón, papel y madera.

En la foto de arriba, tomada después de la función del viernes, Birkenau es la parte de la izquierda, con los barracones de una altura, y Auschwitz la de la derecha. Al fondo está la estación donde llegaban los trenes de la muerte.

La maqueta reproduce en miniatura pero con toda fidelidad la estructura real del campo por dentro y por fuera, desde la puerta con la leyenda "El trabajo os hará libres", hasta el interior de los barracones y de las cámaras de gas. Aunque solo muestra una pequeña parte. "Por ejemplo, solo ponemos un horno crematorio, aunque en Birkenau había al menos seis", explicó una de las actrices tras la función.

El excepcional trabajo de reconstrucción muestra la organización implacable de la "ciudad-máquina" de las SS y explica cómo se desarrollaba la rutina del exterminio. Los trabajos forzados, la llegada de los deportados en los trenes (dos veces al día), la entrega de sus enseres personales, la entrada en las cámaras de gas, los cuerpos acumulados en las fosas comunes o quemados en los hornos. Y también las cenas -líquidas- y las escasas horas de sueño.

Las 3.000 figuras que representan a los prisioneros son muñecos en miniatura, de ocho centímetros de alto, y sus rostros, todos distintos, están inspirados en El Grito de Edward Munch. Durante la función, el espectador puede ver sus cuerpos desnudos, hechos de resina y sin sexo: son como fanstasmas.

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Las tres actrices, vestidas de gris y moviéndose como autómatas por el escenario -deus ex machina-, van introduciendo al espectador en la desolación manipulando algunas marionetas (dos hombres que cortan leña, otro que vierte veneno en una trampilla...) mientras filman la acción con minúsculas cámaras de vídeo. Las imágenes, de un blanco y negro espectral, se proyectan en el muro del fondo.

No hay texto, no hace falta. Solo música y algunos sonidos mecánicos, que acentúan la sensación de estar dentro de una fábrica macabra.

Contar lo incontable, la mayor tragedia, lo demasiado real, con lo mínimo, con lo más pequeño, sin provocar rechazo ni recurrir a la demagogia.

Ese es el perturbador milagro que consigue Hotel Modern, que también ha narrado con marionetas y maquetas la Primera Guerra Mundial.

 

 

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Fillon y Valls ya miran al 2017

Por: | 13 de septiembre de 2013

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La rentrée política francesa de 2013 ha quedado marcada por dos o tres imágenes publicadas por Paris Match. que según los semiólogos, los politólogos y los civiles sin graduación anuncian dos futuras candidaturas a las presidenciales de 2017.

Las primeras fotos (arriba y abajo) son un posado de François Fillon y familia en su castillo manoir (solariego) de Solesmes. El mensaje central, inequívocamente destinado a golpear donde más duele a Nicolas Sarkozy ("Para gobernar bien hace falta ser -o estar- equilibrado"), va acompañado de una puesta en escena digna no ya de un estadista, sino de un monarca. FF con señora, hijos y apegados en plena merendola aristocrática, y (aquí abajo) FF solo ante el peligro y la responsabilidad futura, mezclando maderas nobles y Mac, tradición y modernidad, lozas y plasmas, canas y velocidad.

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La apuesta de Fillon por desmarcarse del populista Copé y por marcar distancias con el arribista e indeciso Sarkozy resulta evidente, pero los analistas más finos han resaltado dos detalles que podrían convertir en clamoroso fracaso el golpe 'people': uno, en Francia presentarse ante el electorado roneando de dinero y de château suele ser muy peligroso, y dos, el peluco que lleva en la muñeca izquierda es tan grande y ostentoso como los que le regala Carla Bruni a Sarko.

Para terminar de arruinar su carrera, el exmoderado FF ha tratado de robar espacio por la ultraderecha a sus grandes rivales de la UMP, y ha dicho que si en las municipales pasan a la segunda vuelta un candidato socialista y otro del Frente Nacional, él pedirá el voto para "el menos sectario", es decir para el que no sea Hollande. Así se construye una candidatura.

La tercera imagen es la del héroe del verano, Manuel Valls, y su esposa, la violinista Anne.

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Ese pedazo de beso, esos ojos cerrados, y sobre todo esa mano poderosa, dominadora, vertical, han constituido el verdadero pistoletazo de salida a la campaña Valls al Elíseo 2017, aseguran los que saben.

Política espectáculo, rapto de amor espontáneo, el aire cinematográfico, la ropa impoluta y vagamente ibicenca, cada pelo en su sitio, la manicura perfecta, la pinza...

El primer policía de Francia, que cada vez que puede recuerda al auditorio que "el ministro del Interior es de izquierdas" porque a veces habla de sí mismo en tercera persona y porque le indigna que se diga que su política de seguridad e inmigración se parece demasiado a la de Sarkozy como para no ser de derechas, ha conseguido que esta imagen para el recuerdo tape en parte su duelo estival con Christine Taubira, la irónica y poética ministra de Justicia, que salió claramente vencedora del pulso que ambos mantuvieron en torno a la Reforma Penal y entre los militantes que acudieron a la tradicional kermesse socialista de La Rochelle.

Metidos de hoz y coz en el gris de París y en el frío otoñal, Fillon y Valls tendrán que ponerse el abrigo y remar a conciencia para lograr sus lejanos objetivos personales. Quedan casi cuatro años para las presidenciales, y eso implica varias docenas de meriendas en el château y algunos cientos de besos acariciando cuellos de cisne.

Claro que, si se piensa bien, hay planes peores...

 


Un papelito de Joaquín Vidal

Por: | 01 de julio de 2013

 

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Foto: Claudio Álvarez

 

Rebuscando papeles me encuentro con esta joyita que escribió, ¡a máquina!, el maestro Joaquín Vidal. Era un mensaje dirigido a Juanjo Fernández, de la sección de Deportes. Creo que me la dio Inés Amado, que tantas crónicas suyas editó y tanto le quería.

He decidido reproducirla aquí -fuera de cacho- como un pequeño tributo a los dos, pensando que muchos periodistas jóvenes no saben cómo eran las redacciones hace 25 años y que seguramente muchos de ellos no pudieron leer a Vidal, que sigue siendo una de las mejores plumas de la historia de EL PAÍS (de hecho le pasa como a Camarón: a medida que pasa el tiempo, cada vez canta -es decir escribe- mejor)...

La nota dice así. O asín:

Juanjo:

Por favor, todo lo de toros (principalmente teletipos), ponédmelo en my bandeja. Díselo también a los mushashos, proclives a cubrilla de papelote, clips, sobres usados y sin usar, papel normalizado y sin normalizar, rotuladores usados, condones asímismo usados, piedra pómez, bramante, tachuelas, roña, la final de Copa del 74, hebra de tabaco, una citación para la asamblea de preparadores de tenis de mesa (femenino), un País, un trozo de otro País, la primera de Deportes del País 7-6-76, 475 impresos de quinielas, el sobre (roto) para los dichos, del lobo un pelo, una fotocopia manchada de aceite del carnet de donantes de sangre de Regueira, la tercera hoja de una carta íntima de la señora Rosario a Alberto Míguez, 4 Marcas, 3 Dicen, 5 Ases, los tiempos de Merckx (¿O Merxc?) el día en que perdió aquello, aquello que perdió Alfredo un día, media agenda de teléfonos de Paradinas, un resto de tortilla, 42 órdenes de páginas, una cinta gastada de máquina, 81 fotografías de Kubala, 44 del Aleti dándole a la bola, Evangelista en calzoncillos, Velázquez en calzoncillos, Goya y Diego de León en billetes de metro, y para qué seguir.

Gracias.
Joaquín.

Eso digo yo: Gracias, Joaquín.

P. S. En este link una pequeña referencia a su vida y obra en francés.

Y esta otra para leer algunas de sus crónicas en El País

 

Toulouse, la republicana

Por: | 24 de mayo de 2013

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Foto: Laura Ribes (Instituto Cervantes).

El Instituto Cervantes de Toulouse inició el jueves un ciclo sobre la actualidad franco-española. Su directora, la periodista María Jesús García González, despojada como todos sus pares de presupuesto pero sobrada de imaginación, tuvo la gentil ocurrencia de organizar un debate entre periodistas, y convocó al jefe de Internacional de Le Figaro, el sabio y socarrón Pierre Rousselin, gran amante y conocedor de España, y al corresponsal de EL PAÍS en Francia, a la sazón autor de este blog. La moderadora fue la exreportera y editorialista del diario local La Dépêche, Marie-Louise Roubaud Revilla, nacida en España y criada en Toulouse, que condujo con maestría y altura de miras la conversación para sortear los estereotipos y llegar, entre bromas y veras, a los asuntos importantes.

La buena noticia fue que parecía que la prensa no está en crisis: hubo mucha gente en el salón de actos del Instituto, un coqueto chalé que parece sacado de los tiempos de la Institución Libre de Enseñanza. La mayoría del público era español, una plural representación de la centenaria colonia española de Toulouse, cuajada a fuego lento desde hace décadas en diferentes oleadas migratorias que han convertido a la apacible ciudad del Garona en la más hispanófila de Francia.

La marea empezó con los emigrantes de principios de siglo XX y los exiliados políticos (republicanos de todo tipo, pero sobre todo anarquistas) de la Guerra Civil, siguió con los trabajadores que abandonaron la miseria del franquismo en los años cincuenta y sesenta, y hoy ha traído a los nuevos refugiados económicos: algunos trabajan en el consorcio europeo Airbus (paradójicamente, Francia situó en Toulouse la industria aeronática porque era el sitio más alejado de Alemania), y otros son jóvenes  licenciados o cualificados de FP que se han visto obligados a irse de un país deformado por la burbuja inmobiliaria y rematado por la cura neoliberal y anti Estado de Bienestar recetada por la canciller alemana, a la que Roubaud Revilla rebautizó en un giro buñuluesco como "Angela exterminadora".

Fue una delicia visitar la pequeña biblioteca donde Javier Campillo guarda como un tesoro las obras escritas por y sobre don Manuel Azaña y las revistas y colecciones de libros que los anarquistas continuaron creando y publicando en Toulouse después de la guerra, sin resignarse jamás a la derrota.

Lo mejor del acto fueron, como sucede casi siempre, las preguntas -unas por lo pertinentes y otras por lo apasionadas-, y la estupenda retranca de Rousselin, que dejó algunas frases memorables, sobre todo esta: "Francia y España son dos países republicanos, uno con Rey y el otro sin él".

Respecto al arriba firmante, solo dar las gracias a los amigos del Cervantes y a los tolosanos y occitanos por la encantadora acogida.

¡Viva Toulouse republicana!

 

 

En París, con Edwards el memorioso

Por: | 01 de mayo de 2013

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Foto: David del Río.

Ahora es el señor embajador de Chile, un embajador encantador, eficaz y memorioso, con miles de libros leídos y recordados, un par de decenas escritos y diez mil anécdotas que son un lujo y una delicia escuchar.

Pero una vez fue "un joven burguesito", un novelista tímido e incipente que quería ser como su tío Joaquín, al que retrató de forma hilarante y magistral en El inútil de la familia.

Entonces, Jorge Edwards era un simple agregado o ayudante de otros ilustres embajadores chilenos. El primero fue Agustín Morla Lynch, ministro durante la Guerra Civil, que acogió a 3.000 refugados españoles en Chile: "Cuando llegué estaba viudo y triste, y prefería los perros pekineses a las señoras", recuerda.

Y luego, por supuesto, fue mano derecha de Pablo Neruda, además de discípulo, amigo, biógrafo y chico para lo que hiciera falta. "Venía siempre en barco hasta Moscú porque era jurado en el premio Stalin, que luego se llamó Lenin, y de allí viajaba hasta París. Adoraba el champán, alguna noche cayó una caja entera, y cada domingo íbamos al Mercado de las Pulgas y se compraba mil cahivaches que me mandaba a casa y después se llevaba no sé cómo a Chile, supongo que porque tenía amigos en la aduana".

El escritor y diplomático chileno de porte y apellido británico Jorge Edwards llegó a París en mayo de 1962, y según cuenta el escritor peruano Fernando Iwasaki, que acaba de escribir y diseñar la Ruta Edwards del Instituto Cervantes de París -hace la número doce y la primera chilena del instituto, que anuncia ya las de Vicente Huidobro y Pablo Neruda-, ahí enfermó de "parisitis" para siempre.

Edwards ha escrito, en un breve texto que presenta su ruta por París, que su parisitis estaba casi escrita, porque nació "en una casa francesa más o menos descalabrada del centro de Santiago", y porque "antes de viajar a París ya había leído a Julio Verne, Charles Baudelaire y Jean-Arthur Rimbaud, a Marcel Proust, a Jean-Paul Sartre y a Albert Camus".

La anécdota seleccionada por Iwasaki para la web de las rutas del Cervantes es larga pero sabrosa: "Durante su primera residencia en París, Edwards trasnochaba en el Bus Palladium, “€œun enorme galpón oscuro situado en la subida de Montparnasse, donde fue más de una vez en compañía de Enrique Lihn, de Gastón Soublette, entonces agregado cultural de la embajada, de Martine Barat, ciudadana egregia de Montparnasse y del Barrio Latino, de Maritza Gligo ("una espléndida dama italiana", apunta al margen Edwards), que era, por encima de cualquier cosa, musa, y que tenía una cuerda, completamente insuperable, para bailar en forma descoyuntada, desaforada, hasta muy altas horas de la noche".

En ese lugar transcurrió probablemente esta escena narrada por Mario Vargas Llosa: €œ"Jorge Edwards era un joven tímido, educadísimo y tan futre €“un pije, dicen los chilenos, que daba la impresión de conservar el saco y la corbata hasta en el excusado y la cama. Había que intimar mucho con él para tirarle de la lengua y descubrir lo mucho que había leído, su buen humor, la sutileza de su inteligencia y su inconmensurable pasión literaria. Sin embargo, de pronto, en el lugar menos aparente y dos whiskies mediante, se trepaba a una mesa e interpretaba una danza hindú de su invención, elaboradísima y frenética, en la que movía a la vez manos, pies, ojos, orejas, nariz y, estoy seguro, otras cosas más. Después, no se acordaba de nada".

Luego, según cuenta ahora ante una copa de vino blanco en su despacho de la embajada, Edwards conocería en la legación del número 2 de la calle Motte Piquet a mucha gente apasionante. "Aquí venían Louis Aragón, Nathalie Sarraute, Jorge Guillén, Luis Rosales, una hermana de García Lorca, y La Pasionaria, que vino a ver a Neruda y nos anunció que España estaba empezando a cambiar porque el Ejército y la Iglesia estaban cambiando".

Quizá el escenario favorito del escritor, que siempre se ha movido entre los distrtos 7 y 14, sea la calle Delambre, o "€œdel hambre", según rebautizó la bohemia latinoamericana y española a esa rúa del barrio de Montparnasse en cuyos hoteles baratos, como el Lenox o el Odessa, frecuentados por César Vallejo, se alojaron muchos escritores y artistas del siglo XX.

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En el número 11 de esa calle, advierte Iwasaki, "conviene echar una ojeada al antiguo bar de jazz "€œRosebud"€, llamado así por el misterio de Ciudadano Kane, abierto en 1962 y que fue refugio nocturno de Edwards, de Carlos Fuentes, de Alfredo Bryce Echenique y de Simone de Beauvoir.

La esquina "metafísica"€ de la calle Delambre con el boulevard de Montparnasse, donde transcurre la mayor parte de la ruta de Edwards, lleva a los lugares más emblemáticos, como el restaurante Le Dôme o el cementerio de Montparnasse, donde Edwards descubrió la casi invisible tumba de Baudelaire: "Está enterrado con su padrasttro, al que detestaba, enfrente de la tumba de Porfirio Díaz".

La ruta Edwards tiene 14 puntos, y cada uno procede de una cita de sus libros. "Muchos lugares salen de las novelas parisinas El origen del mundoEl inútil de la familia, otros de las memorias Adiós, poeta", cuenta el rutero Iwasaki.

Gran mujeriego, buen bebedor, mejor anfitrión y conversador, Edwards ha llegado a los 81 años con una agilidad mental envidiable y un sentido del humor permanente. Con un mínimo punto de nostalgia, explica que lo que ha cambiado de París en medio siglo "es que en los cafés y restaurantes ya no te puedes quedar mucho rato, ahora tienes que comer rápido porque si no te echan. Se perdió el ocio y el placer de pasear y conversar. Antes veías a Samuel Beckett entrar en La Coupole, se pedía un whysky y se quedaba allí toda la tarde escribiendo. Ahora casi nadie escribe y nadie pierde tiempo".

Edwards conserva intactos los recuerdos de Allen Ginsberg, que llegó a La Coupole cuando le expulsaron de Cuba por decir en la radio que había tenido un sueño erótico con el Che Guevara -"llegó la policía al estudio y lo metieron en el avión". De los poetas rusos Anna Ajmatova, Evtuchenko y Kirsanov -"que recitaba poemas sobre las mesas"-. Y de Carlos Fuentes, "que escribió un libro sobre Mayo del 68 con lo que le contábamos los amigos por teléfono".

Y de otros decenas de personajes más o menos olvidados, como Huidobro, "que no ganaría el Nobel pero conoció a Junger y fue corresponsal de guerra en Alemania y se llevó a Chile el teléfono de Hitler. Le invitaron a visitar la casa de la montaña, y como todo le parecía de muy mal gusto, cuando vio el teléfono, cortó el cable y se lo llevó".

El último recuerdo de Edwards El Memorioso es para su pariente Joaquín Edwards Bello, inventor de la enfermedad llamada parisitis, genio y figura. "Siempre quise ser como él. Una temporada vivió en un prostíbulo que se llamaba La Gloria, y cuando a los 82 años sufrió una parálisis facial, se sentó en la cama, cantó una canción -cantaba muy bien-, agarró una pistola y se pegó un tiro".

Este pasaje de Adiós, poeta explica mejor que todo lo anterior la parisitis de los Edwards: "Queríamos morirnos en París, como en los tangos, y el recuerdo de nuestras provincias de origen solo nos producía el efecto de una momentánea punzada, un interludio melancólico y secreto en medio de la vida cotidiana, marcada siempre por un ritmo nervioso, intenso, devorador".

París resucita el cine soñado y secreto de Adolfo Arrietta

Por: | 28 de abril de 2013

 

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El cine mágico, soñado y sin presupuesto de Adolfo Arrieta, o Udolfo, Alfo o Adolpho Arrietta, según se hace llamar ahora, director amateur y underground nacido en Madrid en los años cuarenta, siempre se ha entendido y valorado mejor en Francia que en España.

La última prueba es el rescate y el homenaje, dignos de un grande del oficio, que París dedica estos días al autor de Flammes (El Bombero, 1978, en las fotos), su película más completa, que 35 años después se ha reestrenado en la sala MK2 Beaubourg y ha sido saludada por la crítica como un clásico de culto.

La esponja cultural francesa, visible en las entregadas crónicas de Le Monde, Libération y Cahiers du Cinema, y en el entusiasmo de una creciente legión de fanáticos de Arrietta, relaciona su cine con el de dos grandes excéntricos locales, Jean Cocteau y Jacques Demy, del que la Cinemateca ofrece ahora una retrospectiva integral, y con Chelsea Girls, la mítica película del artista estadounidense Andy Warhol.

El director y crítico Serge Bozon ha festejado este regreso a los felices setenta y ha escrito en Libération que “si Cocteau es madera, Arrietta es vapor y alas de papel”: según Bozon, el cineasta madrileño hereda de Demy “lo que va entre las canciones, una cierta cualidad de silencio y la dulzura de los cuentos perversos”.

El artífice de la resurrección es la productora Capricci, que además de reestrenar Flammes, edita un cofre con las 14 películas de Arrietta, desde El crimen de la pirindola (1966) en adelante; le dedica una retrospectiva en el cine Médicis, y ha editado un libro con una entrevista de Philippe Azoury al director y guionista, titulado Un morceau de ton rêve (Un trozo de tu sueño), una frase de Flammes.

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Esa película faro, que Arrietta ha vuelto a montar ahora –nunca deja de retocar sus películas- y que sigue tan fresca y original como el primer día, es un tronchante cuento de hadas, institutrices y bomberos protagonizado por Caroline Loeb y Javier Grandes, con Isabel García Lorca (foto) y una aparición breve de Enrique Vila-Matas. Trufada de diálogos espléndidos, destaca una frase de Grandes, gran amor y actor fetiche de Arrietta, fallecido en 2012: “Yo no soy bombero por vocación, soy bombero por azar”.

El universo irónico y onírico de Arrietta, siempre a vueltas con los ángeles, los fuegos y la depravación suave, o virgen –“todas mis películas cuentan la historia de una perversión”, dice-, ha sido un descubrimiento para Mathieu Lis, director de origen polaco, que ha visto Flammes ahora por primera vez. “Es una película genial”, comenta, “y he entendido por qué Arrietta es, más que un símbolo de una época, el subconsciente de todo un cine y una crítica francesa mal conocida por el gran público pero cada vez más influyente en el medio artístico”.

Sonriente y lustroso, la inesperada estrella invitada se pasea por el distrito IV con su aire de dandy y un aspecto mucho más saludable del que solía tener. Cuenta que se ha recuperado de una peritonitis y que ha dejado el tabaco y otras hierbas. Ya no se pinta los cristales de las gafas con tippex como en los noventa, y ha superado la ludopatía bursátil a la que se entregó una época. Y explica que se aburre mortalmente en Madrid: “No pasa nada de nada, salvo ese cabreo general. La pandilla del cine no tiene el menor interés. Es como si hubieran vuelto los años cuarenta”.

Arrietta llegó a París en 1968 huyendo del franquismo, pero tampoco en eso se pone pretencioso. “No vine exiliado ni a hacer la revolución, sino a divertirme y a estar con Javier... Madrid fue gracioso a su manera hasta que la policía se enteró de que había un pequeño reducto clandestino donde algunos jóvenes fumaban grifa y veían y hacían cine fuera del circuito. Entonces hubo que irse”.

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Tras rodar en Madrid sus primeros dos cortos con una cámara Kodak, se instaló en 1968 en el Hotel des Pyrénées, calle de la Ancienne Comédie, cerca del bulevar Saint Germain, con otros ‘jóvenes turcos’ madrileños: “Javier Grandes y yo dormíamos en la habitación 6; Mari Cruz, una amiga pintora, bastante  chiflada, que se tintaba las gafas de negro y derramaba copas en las fiestas desde el piso de arriba, en la 7; y Miguel Ángel Irazazabal, otro gran pintor que ahora vive en Antibes, en la 14. Ya no me acuerdo de quién pagaba las cuentas, aunque igual era yo mismo, porque entonces era rico”.

Desde la Costa Azul, Irazazabal cuenta que esos fueron los años “más felices” de su vida. “Yo llegué al hotel el 29 de septiembre de 1971. Muchas noches íbamos a cenar a casa de Marguerite Duras, que había adoptado a Javier y Adolfo, y veíamos a Vila-Matas, que vivía en su chambre de bonne, en el sexto piso. Un día le encontré muy raro, estaba con dos tipos y le dije: ‘Te dejo, que te veo muy bien acompañado’. Luego supe que eran dos policías que le acusaban de haber puesto la bomba del Drugstore de Saint Germain”.

“Mi padre no me mandaba dinero”, sigue el pintor, “pero la dueña del hotel, la señora Renoux, era un ángel. Un día me pidió que pagara, le conté lo que pasaba, y decidió que no solo no me cobraba la habitación sino que me daba 20 francos diarios para gastos. Me dijo que sabía que un día se lo pagaría todo. Y sí, se lo pagué. Siempre llevo su foto en la cartera”.

Bajo la protección fascinada de Duras, a la que conoció en el Festival de Pesaro cuando presentaba El juguete asesino (1969), Arrietta filmaría en Francia cinco películas más en una década: Pointilly (1972), un relato basado en una novela de Sade; Las intrigas de Sylvia Kouski (1975) y Tam Tam (1976) -dos recreaciones de fiestas parisienses transgresoras y llenas de travestis-, la archicitada Flammes (1978), y Grenouilles (Ranas, 1983), un intento de rodar una historia de tres hombres-rana que resultó fallida por la falta de producción: "Solo había dos trajes de buzo y eran pequeños".

De vuelta a España, Arrietta firmó Kiki, la gata (un episodio de la serie televisiva Delirios de amor, en 1989), y el ‘largo’ Merlín (1990). Tras 14 años de ausencia, volvió con Eco y Narciso (2004) y Vacanza permanente (2006), y, el año pasado acabó Dry Martini. Buñuelino cocktail, siete minutos de homenaje a Buñuel.

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Ahora, su regreso a París coincide con un fenómeno cultural muy novedoso: la reescritura de la historia del cine francés de los setenta. Según Mathieu Lis, “la revalorización de Arrieta y otros cineastas menos conocidos de aquel tiempo, como Vecchialli, Guiguet o Biette, forma parte de una suerte de revisionismo de la Nouvelle Vague, basado en la idea de que los espíritus más puros de esos años quedaron sepultados bajo el peso mítico de Godard y Truffaut. Ahora estamos asistiendo al ‘aggiornamento’ de esa historia. El reestreno de Flammes no es un epifenómeno sino una señal de los tiempos”.

Ingrid Caven, que fue musa y mujer de Fassbinder, cree que el rescate se debe sobre todo a que “el cine francés se ha convertido en una industria y ha perdido el sentido de la artesanía, la poesía y la libertad que representaba Adolfo. Su cine costaba dos francos, no necesitaba productor ni guion, pero captaba el aire de su época”.

Bozon hace la pregunta clave: “¿Por qué es importante Arrietta para la historia del cine? Por su dirección de actores, que siempre alcanza la gracia, y por la puesta en escena, o más bien por su puesta ‘en rumor’, esa capacidad de obtener la máxima atención del espectador sin recurrir a ningún suspense, privilegiando al contrario una espera imprecisa, un relato de bruma”.

Encantado de haber resucitado, Arrietta da las gracias al productor portugués Paulo Branco, que lo invitó el año pasado al Festival de Estoril, pero no se resigna a entrar en el museo y ha terminado ya el guion de su próxima película. Dice que lo escribió tumbado en el sofá, como siempre, y que será una adaptación irreverente de un clásico español. “No diremos cuál porque trae malísima suerte. Pero sé que la rodaré como las primeras. Con una camarita pequeña y sin un euro”.

Sobre el autor

es corresponsal en París, antes en Roma y Lisboa, fue redactor en la sección de Cultura y la Edición Internacional. Trabaja en EL PAÍS desde 1992, y es autor del libro ‘La voz de los flamencos’ (Siruela, 2008).

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