Miguel Mora

En París, con Edwards el memorioso

Por: | 01 de mayo de 2013

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Foto: David del Río.

Ahora es el señor embajador de Chile, un embajador encantador, eficaz y memorioso, con miles de libros leídos y recordados, un par de decenas escritos y diez mil anécdotas que son un lujo y una delicia escuchar.

Pero una vez fue "un joven burguesito", un novelista tímido e incipente que quería ser como su tío Joaquín, al que retrató de forma hilarante y magistral en El inútil de la familia.

Entonces, Jorge Edwards era un simple agregado o ayudante de otros ilustres embajadores chilenos. El primero fue Agustín Morla Lynch, ministro durante la Guerra Civil, que acogió a 3.000 refugados españoles en Chile: "Cuando llegué estaba viudo y triste, y prefería los perros pekineses a las señoras", recuerda.

Y luego, por supuesto, fue mano derecha de Pablo Neruda, además de discípulo, amigo, biógrafo y chico para lo que hiciera falta. "Venía siempre en barco hasta Moscú porque era jurado en el premio Stalin, que luego se llamó Lenin, y de allí viajaba hasta París. Adoraba el champán, alguna noche cayó una caja entera, y cada domingo íbamos al Mercado de las Pulgas y se compraba mil cahivaches que me mandaba a casa y después se llevaba no sé cómo a Chile, supongo que porque tenía amigos en la aduana".

El escritor y diplomático chileno de porte y apellido británico Jorge Edwards llegó a París en mayo de 1962, y según cuenta el escritor peruano Fernando Iwasaki, que acaba de escribir y diseñar la Ruta Edwards del Instituto Cervantes de París -hace la número doce y la primera chilena del instituto, que anuncia ya las de Vicente Huidobro y Pablo Neruda-, ahí enfermó de "parisitis" para siempre.

Edwards ha escrito, en un breve texto que presenta su ruta por París, que su parisitis estaba casi escrita, porque nació "en una casa francesa más o menos descalabrada del centro de Santiago", y porque "antes de viajar a París ya había leído a Julio Verne, Charles Baudelaire y Jean-Arthur Rimbaud, a Marcel Proust, a Jean-Paul Sartre y a Albert Camus".

La anécdota seleccionada por Iwasaki para la web de las rutas del Cervantes es larga pero sabrosa: "Durante su primera residencia en París, Edwards trasnochaba en el Bus Palladium, “€œun enorme galpón oscuro situado en la subida de Montparnasse, donde fue más de una vez en compañía de Enrique Lihn, de Gastón Soublette, entonces agregado cultural de la embajada, de Martine Barat, ciudadana egregia de Montparnasse y del Barrio Latino, de Maritza Gligo ("una espléndida dama italiana", apunta al margen Edwards), que era, por encima de cualquier cosa, musa, y que tenía una cuerda, completamente insuperable, para bailar en forma descoyuntada, desaforada, hasta muy altas horas de la noche".

En ese lugar transcurrió probablemente esta escena narrada por Mario Vargas Llosa: €œ"Jorge Edwards era un joven tímido, educadísimo y tan futre €“un pije, dicen los chilenos, que daba la impresión de conservar el saco y la corbata hasta en el excusado y la cama. Había que intimar mucho con él para tirarle de la lengua y descubrir lo mucho que había leído, su buen humor, la sutileza de su inteligencia y su inconmensurable pasión literaria. Sin embargo, de pronto, en el lugar menos aparente y dos whiskies mediante, se trepaba a una mesa e interpretaba una danza hindú de su invención, elaboradísima y frenética, en la que movía a la vez manos, pies, ojos, orejas, nariz y, estoy seguro, otras cosas más. Después, no se acordaba de nada".

Luego, según cuenta ahora ante una copa de vino blanco en su despacho de la embajada, Edwards conocería en la legación del número 2 de la calle Motte Piquet a mucha gente apasionante. "Aquí venían Louis Aragón, Nathalie Sarraute, Jorge Guillén, Luis Rosales, una hermana de García Lorca, y La Pasionaria, que vino a ver a Neruda y nos anunció que España estaba empezando a cambiar porque el Ejército y la Iglesia estaban cambiando".

Quizá el escenario favorito del escritor, que siempre se ha movido entre los distrtos 7 y 14, sea la calle Delambre, o "€œdel hambre", según rebautizó la bohemia latinoamericana y española a esa rúa del barrio de Montparnasse en cuyos hoteles baratos, como el Lenox o el Odessa, frecuentados por César Vallejo, se alojaron muchos escritores y artistas del siglo XX.

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En el número 11 de esa calle, advierte Iwasaki, "conviene echar una ojeada al antiguo bar de jazz "€œRosebud"€, llamado así por el misterio de Ciudadano Kane, abierto en 1962 y que fue refugio nocturno de Edwards, de Carlos Fuentes, de Alfredo Bryce Echenique y de Simone de Beauvoir.

La esquina "metafísica"€ de la calle Delambre con el boulevard de Montparnasse, donde transcurre la mayor parte de la ruta de Edwards, lleva a los lugares más emblemáticos, como el restaurante Le Dôme o el cementerio de Montparnasse, donde Edwards descubrió la casi invisible tumba de Baudelaire: "Está enterrado con su padrasttro, al que detestaba, enfrente de la tumba de Porfirio Díaz".

La ruta Edwards tiene 14 puntos, y cada uno procede de una cita de sus libros. "Muchos lugares salen de las novelas parisinas El origen del mundoEl inútil de la familia, otros de las memorias Adiós, poeta", cuenta el rutero Iwasaki.

Gran mujeriego, buen bebedor, mejor anfitrión y conversador, Edwards ha llegado a los 81 años con una agilidad mental envidiable y un sentido del humor permanente. Con un mínimo punto de nostalgia, explica que lo que ha cambiado de París en medio siglo "es que en los cafés y restaurantes ya no te puedes quedar mucho rato, ahora tienes que comer rápido porque si no te echan. Se perdió el ocio y el placer de pasear y conversar. Antes veías a Samuel Beckett entrar en La Coupole, se pedía un whysky y se quedaba allí toda la tarde escribiendo. Ahora casi nadie escribe y nadie pierde tiempo".

Edwards conserva intactos los recuerdos de Allen Ginsberg, que llegó a La Coupole cuando le expulsaron de Cuba por decir en la radio que había tenido un sueño erótico con el Che Guevara -"llegó la policía al estudio y lo metieron en el avión". De los poetas rusos Anna Ajmatova, Evtuchenko y Kirsanov -"que recitaba poemas sobre las mesas"-. Y de Carlos Fuentes, "que escribió un libro sobre Mayo del 68 con lo que le contábamos los amigos por teléfono".

Y de otros decenas de personajes más o menos olvidados, como Huidobro, "que no ganaría el Nobel pero conoció a Junger y fue corresponsal de guerra en Alemania y se llevó a Chile el teléfono de Hitler. Le invitaron a visitar la casa de la montaña, y como todo le parecía de muy mal gusto, cuando vio el teléfono, cortó el cable y se lo llevó".

El último recuerdo de Edwards El Memorioso es para su pariente Joaquín Edwards Bello, inventor de la enfermedad llamada parisitis, genio y figura. "Siempre quise ser como él. Una temporada vivió en un prostíbulo que se llamaba La Gloria, y cuando a los 82 años sufrió una parálisis facial, se sentó en la cama, cantó una canción -cantaba muy bien-, agarró una pistola y se pegó un tiro".

Este pasaje de Adiós, poeta explica mejor que todo lo anterior la parisitis de los Edwards: "Queríamos morirnos en París, como en los tangos, y el recuerdo de nuestras provincias de origen solo nos producía el efecto de una momentánea punzada, un interludio melancólico y secreto en medio de la vida cotidiana, marcada siempre por un ritmo nervioso, intenso, devorador".

París resucita el cine soñado y secreto de Adolfo Arrietta

Por: | 28 de abril de 2013

 

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El cine mágico, soñado y sin presupuesto de Adolfo Arrieta, o Udolfo, Alfo o Adolpho Arrietta, según se hace llamar ahora, director amateur y underground nacido en Madrid en los años cuarenta, siempre se ha entendido y valorado mejor en Francia que en España.

La última prueba es el rescate y el homenaje, dignos de un grande del oficio, que París dedica estos días al autor de Flammes (El Bombero, 1978, en las fotos), su película más completa, que 35 años después se ha reestrenado en la sala MK2 Beaubourg y ha sido saludada por la crítica como un clásico de culto.

La esponja cultural francesa, visible en las entregadas crónicas de Le Monde, Libération y Cahiers du Cinema, y en el entusiasmo de una creciente legión de fanáticos de Arrietta, relaciona su cine con el de dos grandes excéntricos locales, Jean Cocteau y Jacques Demy, del que la Cinemateca ofrece ahora una retrospectiva integral, y con Chelsea Girls, la mítica película del artista estadounidense Andy Warhol.

El director y crítico Serge Bozon ha festejado este regreso a los felices setenta y ha escrito en Libération que “si Cocteau es madera, Arrietta es vapor y alas de papel”: según Bozon, el cineasta madrileño hereda de Demy “lo que va entre las canciones, una cierta cualidad de silencio y la dulzura de los cuentos perversos”.

El artífice de la resurrección es la productora Capricci, que además de reestrenar Flammes, edita un cofre con las 14 películas de Arrietta, desde El crimen de la pirindola (1966) en adelante; le dedica una retrospectiva en el cine Médicis, y ha editado un libro con una entrevista de Philippe Azoury al director y guionista, titulado Un morceau de ton rêve (Un trozo de tu sueño), una frase de Flammes.

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Esa película faro, que Arrietta ha vuelto a montar ahora –nunca deja de retocar sus películas- y que sigue tan fresca y original como el primer día, es un tronchante cuento de hadas, institutrices y bomberos protagonizado por Caroline Loeb y Javier Grandes, con Isabel García Lorca (foto) y una aparición breve de Enrique Vila-Matas. Trufada de diálogos espléndidos, destaca una frase de Grandes, gran amor y actor fetiche de Arrietta, fallecido en 2012: “Yo no soy bombero por vocación, soy bombero por azar”.

El universo irónico y onírico de Arrietta, siempre a vueltas con los ángeles, los fuegos y la depravación suave, o virgen –“todas mis películas cuentan la historia de una perversión”, dice-, ha sido un descubrimiento para Mathieu Lis, director de origen polaco, que ha visto Flammes ahora por primera vez. “Es una película genial”, comenta, “y he entendido por qué Arrietta es, más que un símbolo de una época, el subconsciente de todo un cine y una crítica francesa mal conocida por el gran público pero cada vez más influyente en el medio artístico”.

Sonriente y lustroso, la inesperada estrella invitada se pasea por el distrito IV con su aire de dandy y un aspecto mucho más saludable del que solía tener. Cuenta que se ha recuperado de una peritonitis y que ha dejado el tabaco y otras hierbas. Ya no se pinta los cristales de las gafas con tippex como en los noventa, y ha superado la ludopatía bursátil a la que se entregó una época. Y explica que se aburre mortalmente en Madrid: “No pasa nada de nada, salvo ese cabreo general. La pandilla del cine no tiene el menor interés. Es como si hubieran vuelto los años cuarenta”.

Arrietta llegó a París en 1968 huyendo del franquismo, pero tampoco en eso se pone pretencioso. “No vine exiliado ni a hacer la revolución, sino a divertirme y a estar con Javier... Madrid fue gracioso a su manera hasta que la policía se enteró de que había un pequeño reducto clandestino donde algunos jóvenes fumaban grifa y veían y hacían cine fuera del circuito. Entonces hubo que irse”.

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Tras rodar en Madrid sus primeros dos cortos con una cámara Kodak, se instaló en 1968 en el Hotel des Pyrénées, calle de la Ancienne Comédie, cerca del bulevar Saint Germain, con otros ‘jóvenes turcos’ madrileños: “Javier Grandes y yo dormíamos en la habitación 6; Mari Cruz, una amiga pintora, bastante  chiflada, que se tintaba las gafas de negro y derramaba copas en las fiestas desde el piso de arriba, en la 7; y Miguel Ángel Irazazabal, otro gran pintor que ahora vive en Antibes, en la 14. Ya no me acuerdo de quién pagaba las cuentas, aunque igual era yo mismo, porque entonces era rico”.

Desde la Costa Azul, Irazazabal cuenta que esos fueron los años “más felices” de su vida. “Yo llegué al hotel el 29 de septiembre de 1971. Muchas noches íbamos a cenar a casa de Marguerite Duras, que había adoptado a Javier y Adolfo, y veíamos a Vila-Matas, que vivía en su chambre de bonne, en el sexto piso. Un día le encontré muy raro, estaba con dos tipos y le dije: ‘Te dejo, que te veo muy bien acompañado’. Luego supe que eran dos policías que le acusaban de haber puesto la bomba del Drugstore de Saint Germain”.

“Mi padre no me mandaba dinero”, sigue el pintor, “pero la dueña del hotel, la señora Renoux, era un ángel. Un día me pidió que pagara, le conté lo que pasaba, y decidió que no solo no me cobraba la habitación sino que me daba 20 francos diarios para gastos. Me dijo que sabía que un día se lo pagaría todo. Y sí, se lo pagué. Siempre llevo su foto en la cartera”.

Bajo la protección fascinada de Duras, a la que conoció en el Festival de Pesaro cuando presentaba El juguete asesino (1969), Arrietta filmaría en Francia cinco películas más en una década: Pointilly (1972), un relato basado en una novela de Sade; Las intrigas de Sylvia Kouski (1975) y Tam Tam (1976) -dos recreaciones de fiestas parisienses transgresoras y llenas de travestis-, la archicitada Flammes (1978), y Grenouilles (Ranas, 1983), un intento de rodar una historia de tres hombres-rana que resultó fallida por la falta de producción: "Solo había dos trajes de buzo y eran pequeños".

De vuelta a España, Arrietta firmó Kiki, la gata (un episodio de la serie televisiva Delirios de amor, en 1989), y el ‘largo’ Merlín (1990). Tras 14 años de ausencia, volvió con Eco y Narciso (2004) y Vacanza permanente (2006), y, el año pasado acabó Dry Martini. Buñuelino cocktail, siete minutos de homenaje a Buñuel.

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Ahora, su regreso a París coincide con un fenómeno cultural muy novedoso: la reescritura de la historia del cine francés de los setenta. Según Mathieu Lis, “la revalorización de Arrieta y otros cineastas menos conocidos de aquel tiempo, como Vecchialli, Guiguet o Biette, forma parte de una suerte de revisionismo de la Nouvelle Vague, basado en la idea de que los espíritus más puros de esos años quedaron sepultados bajo el peso mítico de Godard y Truffaut. Ahora estamos asistiendo al ‘aggiornamento’ de esa historia. El reestreno de Flammes no es un epifenómeno sino una señal de los tiempos”.

Ingrid Caven, que fue musa y mujer de Fassbinder, cree que el rescate se debe sobre todo a que “el cine francés se ha convertido en una industria y ha perdido el sentido de la artesanía, la poesía y la libertad que representaba Adolfo. Su cine costaba dos francos, no necesitaba productor ni guion, pero captaba el aire de su época”.

Bozon hace la pregunta clave: “¿Por qué es importante Arrietta para la historia del cine? Por su dirección de actores, que siempre alcanza la gracia, y por la puesta en escena, o más bien por su puesta ‘en rumor’, esa capacidad de obtener la máxima atención del espectador sin recurrir a ningún suspense, privilegiando al contrario una espera imprecisa, un relato de bruma”.

Encantado de haber resucitado, Arrietta da las gracias al productor portugués Paulo Branco, que lo invitó el año pasado al Festival de Estoril, pero no se resigna a entrar en el museo y ha terminado ya el guion de su próxima película. Dice que lo escribió tumbado en el sofá, como siempre, y que será una adaptación irreverente de un clásico español. “No diremos cuál porque trae malísima suerte. Pero sé que la rodaré como las primeras. Con una camarita pequeña y sin un euro”.

Gitanos, la vergüenza de la République

Por: | 05 de abril de 2013

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La imagen de arriba fue tomada el pasado 15 de febrero en el campamento gitano de Ris-Orangis, a media hora de París. Los inmigrantes rumanos recibieron ese día al artista sevillano Israel Galván y a sus compañeros Bobote y Caracafé (en la imagen), que bailaron para ellos en solidaridad por el apartheid que sufrían 13 de los niños que vivían en el campamento, obligados por el alcalde socialista a dar sus clases en un anejo del gimnasio del colegio municipal, separados de los alumnos franceses -o no gitanos-.

Gracias a la generosa mediación del periodista de la revista Mouvement Jean-Marc Adolphe, bloguero de la web Mediapart, el Teatro de la Ville donde actuaba Galván invitó a algunas mujeres del campo a ver el espectáculo Lo Real, una mirada del bailaor al exterminio de los gitanos -Porraimos- y un homenaje nada complaciente a la alegría vital que ayuda a los romaníes a soportar sus fatigas. Un par de días después, EL PAÍS publicó un reportaje titulado "Apartheid gitano cerca de París", en el que se contaba la historia y la fiesta que organizaron los espléndidos voluntarios de la Asociación Perou, que habían construido una iglesia-escuela de madera en el campo para ayudar a integrarse a los gitanos.

El 1 de abril, al amanecer, la policía derribó el campo de Ris-Orangis con su iglesia-escuela incluida, y desalojó a sus más de 200 habitantes, incluidos 40 niños. Muchos de ellos tuvieron que buscar refugio en una iglesia cercana ante la negativa del ministerio del Interior a facilitarles un alojamiento alternativo. Así quedó el campamento tras la visita de la policía, que invocó razones sanitarias para desmantelar las chabolas, que a diferencia de otros lugares tenían agua y luz (foto Mouvement).

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El desalojo no es casual ni mucho menos un hecho aislado. Ris-Orangis era un lugar simbólico, un proyecto de integración que funcionaba con la ayuda de la sociedad civil. Tras la visita de Galván, los niños apartados fueron inscritos en el colegio gracias a la presión del ministerio de Educación. Pero en las últimas semanas, el ministro del Interior, Manuel Valls, ha ordenado aumentar la intensidad de las políticas represivas contra los gitanos, y ha habido numerosos desalojos forzosos seguidos de un aumento de las expulsiones forzadas.

En el primer trimestre del año, más de 4.000 gitanos han tenido que abandonar ya sus lugares de residencia, y de ellos más de un millar lo ha hecho después de que sus campamentos fueran atacados o incendiados, según los datos de la Asociación Europea por los Derechos Humanos.

Como pasó en Nápoles hace unos años, el trabajo se lo reparten entre los ciudadanos (1.007 desplazados por ataques), la policía (2.873) y las repatriaciones (272). En 2014 los rumanos podrán trabajar legalmente en Francia y al parecer muchos tiene prisa por echarlos antes de que eso suceda.

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Los bomberos, durante el incendio de un campo Rom, el 7 de febrero en Bobigny. AFP/ Pascal Raymond
Como pasa desde hace siglos, la minoría rom y sinti es el chivo expiatorio preferido de los gobernantes, se consideren estos a ellos mismos progresistas y socialistas o no, sobre todo cuando las cosas vienen mal dadas. En este caso, el ministro que más presume de defender los valores de la República ha ordenado, al revés, la violación institucional de los más elementales derechos humanos de los niños, mujeres y hombres gitanos que vinieron hasta Francia -y en algunos casos, nacieron aquí- buscando un trato mejor que el que reciben en sus países.

Este recurrente olvido de los valores republicanos -igualdad, libertad, fraternidad- tampoco es nuevo en la segunda economía de la zona euro, que lleva décadas mostrándose incapaz de encontrar una solución decente a un problema de integración que la Unión Europea financia con fondos nada desdeñables desde hace décadas. Pese a las condenas del Consejo de Europa, Francia prefiere pagar el precio de sufrir ese -pequeño- escarnio público que ponerse a trabajar seriamente en hallar una solución civilizada al "problema".

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Israel Galván saluda a un niño en Ris-Orangis. Foto: MEHDI FEDOUACH (AFP).

Quizá por cálculo político, quizá por convicción ideológica, o tal vez por ambas cosas, la fórmula elegida por Valls calca la adoptada por Nicolas Sarkozy en 2010, cuando empezaba su declive final. Pero ahora resulta especialmente llamativa -y dolorosa- porque la decisión lleva el sello del presidente socialista François Hollande, que siempre prometió que su Gobierno no haría explusiones de masa, sino caso por caso, y jamás repetiría la estigmatización de las minorías a la que se entregó sin filtros su antecesor. Claro que, hace unos días, Hollande dijo en televisión que ya no era un presidente socialista sino "el presidente de todos los franceses" (olvidó añadir payos).

Con los sondeos batiendo uno tras otro récords del descontento social, la "solución gitana" siempre resulta provechosa y rentable, sobre todo si la ejecuta la supuesta izquierda. Da una -falsa y patética- imagen de autoridad y seguridad; tiene asegurado de antemano el aplauso de la derecha; calma y colma la vena populista de los exasperados alcaldes, sean estos del signo que sean, y desvía la atención de la realidad que viven los restantes 65 millones de habitantes.

Que la solución resulte indigna de un país avanzado, próspero y democrático, que recuerde mucho al peor fantasma de la segregación racial que precedió al exterminio organizado de los años treinta, y que constituya una vergüenza y una ignominia para Europa entera, todo eso a los gobernantes parece importarles menos. Al fin y al cabo, el más débil, si es extranjero y más aun gitano, no vota ni votará nunca.

Para los que quieran saber más, resulta muy revelador el último informe de Amnistía Internacional Francia, que se puede leer en línea aquí.

Y para los que vivan en París y no tengan estómago para soportar esta barbarie, el sábado a las 14.30 AIF ha convocado una manifestación en la plaza de Bastilla para protestar por el maltrato a la comunidad romaní y decir basta a las expulsiones forzosas. Estarán la actiz Fanny Ardant, el actor Yvan Le Bolloc'h, la  violonista Sarah Nemtanu y la fanfarria balcánica Haidouti Orkestar.

Que suene la música, que se muevan las caderas. Como decía Lorca, lo que importa es el espíritu. Y los políticos incompetentes no podrán jamás con el espíritu.

 



#NoNosVamosNosEchan

Por: | 28 de marzo de 2013

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Dijo Mariano Rajoy el otro día en París que si la PAH sigue acosando a los diputados de su partido, España se puede convertir en un país invivible. El problema del presidente del Gobierno es que no sabe, o prefiere no saber, que es su brutal política de recortes, ejecutada con un celo desmesurado y una saña ideológica –visible en el famoso “que se jodan”, que deja a Angela Merkel convertida en una enfermera de cuidados paliativos-, la que ha hecho del país un lugar insufrible y una lanzadera de emigrantes.

Acaba de llegarme por correo electrónico la convocatoria parisina de la campaña internacional “NoNosVamosNosEchan”, organizada desde España por la asociación Juventud Sin Futuro. Explican que son un colectivo de españoles que vive en París, y que se han adherido a la campaña “con el fin de denunciar que la falta de oportunidades en España está forzando a miles de jóvenes (y no tan jóvenes) a emigrar al extranjero”.

El 7 de abril, a las 16.30 horas, harán una protesta en la plaza de Trocadero, donde realizarán una performance para llamar la atención “de forma original sobre la difícil situación que viven los jóvenes antes y después de abandonar España”.

Ese mismo día se llevarán a cabo acciones similares en Europa y América Latina, en ciudades como Toulouse, Lyon, Montpellier, Londres, Berlín, Bruselas, Ámsterdam, Dublín, Copenhague, Ginebra, Buenos Aires, Lima y Santiago de Chile, entre otras.

La nota explica que Juventud Sin Futuro es un colectivo de jóvenes que surgió en abril de 2011, y que “desde entonces, su trabajo ha consistido en visibilizar la situación de precariedad de la juventud en el ámbito laboral, educativo y social”.

Si la revolución que tanto temen -¿o quizá anhelan secretamente para poder sofocarla a gusto?- algunos gobernantes cuaja algún dia en Europa del sur, no será porque no haya habido señales del descontento y la frustración que producen la miseria, la destrucción del Estado de Bienestar y la inseguridad –la vital, y no la jurídica, como le gusta pensar al jefe del Gobierno-.

Si llegara la revuelta por fin -y cada día que pasa parece más raro que aun no haya llegado-, los únicos responsables serán los defensores y los ejecutores de esta política económica desalmada, ruin y desestabilizadora; los que no se atreven ni a pronunciar el nombre de los amigos y compañeros de partido que participaron en el saqueo; los que no exigen, pudiendo hacerlo, responsabilidades políticas a quien las debe poner sobre la mesa; y los que están socavando la democracia a base de gobernar para los bancos y dar la callada por respuesta cuando se les pregunta por los presuntos delitos que, en el mejor de los casos, toleraron sin imponer los controles necesarios para evitarlos.

La legitimidad que dan las urnas no basta para investir al ganador de legitimidad eterna. Vencer unas elecciones no equivale a una bula papal. Sobre todo, cuando ese gobernante no solo no cumple el pacto programático con sus votantes sino que lo incumple, a sabiendas, de forma sistemática, opaca y desleal.

Si además arrastra una previsión de un 27% de paro (el doble entre los jóvenes), y se dedica a organizarse viajes para ver un partido de fútbol a costa del erario público mientras millones de ciudadanos -y niños- están condenados al hambre y la pobreza, y se le ocurre definir a algunos de esos ciudadanos como “antidemocráticos”, lo menos que puede esperar es que le hagan no uno, sino varios escraches al día.

Desde París, cuna de la Revolución, la cosa parece, por usar su frase favorita, meridianamente clara. El punto de ebullición está cada vez más cerca. Y sí, claro que da un poco de miedo pensar que puede haber un estallido social. Pero más miedo da –y sobre todo más vergüenza- que la carnicería que Berlín nos ha animado a realizar se prolongue aun más en el tiempo y en la intensidad.

Con Chipre sin bancos ni economía; Portugal cantando otra vez el Grandola Vila Morena; Grecia en coma profundo y sin respirador; Italia sin Gobierno ni esperanzas de cambio real, España sumida en el miedo y  la pena negra, Francia desprovista de aliento, ideas y coraje, y la señora Merkel castigando a los pecadores mientras espera sentada su reelección, el panorama es, más que desolador, un polvorín.

¿Nuestras mal llamadas élites sabrán, quizá, a dónde conducen los experimentos con cobayas humanas?  Lo que a buen seguro ignoran es cuánto va a tardar el Quimicefa en explotarles en las manos. Quizá estén a tiempo de rectificar. O quizá Goldman Sachs saque de algún cajón un informe que diga que no hace falta, que necesitamos "más madera".

En los próximos meses lo veremos. De momento, encomiéndense a sus santos, sus vírgenes y sus peinetas quienes puedan y crean. Y los otros, cuidado con los escraches que los carga el diablo. O el Opus Dei.


El desahogado

Por: | 27 de marzo de 2013

Hollande-RajoyRajoy y Hollande, en el Stade de France. REUTERS.

Mariano Rajoy está hecho de corcho. Le resbala por completo lo que le pregunten. Si le hacen un escrache, pone cara de bueno y sale por peteneras. Si le insisten, se canta y se baila por farrucas. Si le molesta algo, sube un poco la voz y acusa a los otros de antidemocráticos.

Le digan lo que le digan, el hombre sereno no entra al trapo y se remite a su mantra: "Ya dije lo que tenía que decir en una intervención pública" (se refería, sí, a la de la pantalla de plasma).

Rajoy es lo que antes los castizos llamaban "un desahogao". Su única consigna es tragar y callar, no dar explicaciones ni decir más mentiras de lo estrictamente imprescindible, no nombrar nombres innombrables, recurrir a obviedades de manual ("haremos lo que tenemos que hacer"), disimular hasta el fin la evidente situación de chantaje en la que se encuentran tanto él como su partido (según creen el 80% de los votantes del PP), dejar que el tiempo pudra o confirme las acusaciones, y esperar a que escampe.

Su actitud no demuestra el menor respeto por la prensa ni por los periodistas, salvo cuando los necesita para hacer pasar algún mensaje. Don Mariano tiene un cuajo infinito, mucho más grande, aunque en un estilo más sosegado y galaico, que el del propio Silvio Berlusconi, el gran maestro del Partido Popular Europeo desde que Aznar cediera al pluri-imputado milanés el sitio que le quitó al PNV.

El martes, en París, se vio muy claro que a Rajoy solo le interesaba el partido (de fútbol), e incidir sobre dos o tres cuestiones; la primera, condenar los escraches de los movimientos contra los deshaucios, a los que acusó de ser antidemocráticos y de querer convertir a España en "un país invivible" -supino ejercicio de cinismo, cuando es su propia política la que obliga a emigrar a la gente, y cuando en vez de quemar los bancos y hacer la revolución esos ciudadanos ejemplares decidieron contener su desesperación y presentar una Iniciativa Legislativa Popular que el Gobierno intenta ignorar-.

Segundo mensaje: defender la seguridad jurídica -de los bancos, esos santos que dieron hipotecas a la gente para que se comprara casas-.

Y tercero, enviar un pacato mensaje de malestar a Alemania, recordando que el caso de Chipre es único en su especie y que los ahorradores no deben pagar los rescates bancarios.

Por lo demás, la conferencia de prensa conjunta con Hollande, quien no tardó ni un segundo en desmentir las fantasías animadas del portavoz de La Moncloa (ver post anterior) al abrir el turno de palabra diciendo "esta reunión es excepcional porque estamos aquí para ver el fútbol", fue el ejemplo vivo de la actitud profundamente berlusconiana que Rajoy ha decidido adoptar ante los ciudadanos que esperan una explicación plausible y razonada sobre la aparente podredumbre financiera del PP.

Cuando se le recordó que lleva desde diciembre (tres meses) sin hablar con la prensa en España, que la cúpula de su partido no se reúne desde hace semanas, que más de 20 años de financiación del PP están hoy bajo sospecha y bajo investigación judicial, que el señor Bárcenas tiene, o tenía, al menos 38 millones de euros en Suiza, que su antecesor, el señor Sanchís, fue imputado ayer, y que quizá su pertinaz silencio contribuye a aumentar las sospechas de los ciudadanos y a debilitar la democracia, el presidente respondió, textualmente, lo siguiente:

"Muy bien. Yo manifesté mi posición en publico pocos días despues de que apareciesen algunas noticias a las que usted se ha referido y además en una intervención en abierto (sic) que fue seguida por todos aquellos que quisieron. Esa es mi posición y la he dejado meridianamante clara. A partir de ahí, el partido político que yo presido, el Partido Popular, ha entregado sus cuentas al Tribunal de Cuentas, ha hecho una auditoría interna, y a partir de ahí estamos a lo que decidan los tribunales de Justicia como procede en cualquier Estado democrático y de derecho como es el nuestro".

Trasladado al lenguaje berlusconiano, sería, más o menos. "Yo no he pagado nunca por estar con una mujer. Yo soy un Casanova. Yo adoro el placer de la conquista. Las fiestas del bunga bunga eran noches totalmente normales, animadas charlas entre amigos. Son todo inventos de los fiscales y los jueces comunistas". Al menos aquello tenía más gracia.

De momento, Rajoy conserva el respeto por el poder judicial, al que, ciertamente, resulta difícil acusar de comunista sin que a uno lo tomen por loco. Y ahora que el buen juez Ruz va a acaparar la titánica tarea de desentrañar las cloacas del PP, el desahogo del presidente será, si cabe, todavía mayor.

Paciencia, pues, que ya escampará.

 

 


 

¿Vendría Rajoy a París si no hubiera fútbol?

Por: | 25 de marzo de 2013

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El viaje del presidente español, Mariano Rajoy, a París, donde se entrevistará con François Hollande en el Elíseo antes de presenciar en directo el partido que la selección nacional de fútbol juega en el estadio de Saint Dennis contra Francia, "responde a una invitación del presidente francés", y no tiene que ver con la conocida pasión futbolera del presidente, asegura un portavoz de Moncloa.

Según este portavoz, “el partido es una anécdota, el detonante que sirvió para buscar una fecha y para que los presidentes acudan juntos al partido, como hizo Hollande con Angela Merkel hace poco”.

Una diferencia fundamental es que la presencia de los dos líderes en el amistoso Francia-Alemania estaba prevista desde varios meses antes, ya que era uno de los actos que conmemoraba el 50º aniversario de la reconciliación franco-alemana, mientras que los detalles del viaje de Rajoy han sido organizados hace solo unos días, según dijeron a este diario fuentes diplomáticas.

Aunque La Moncloa dice que el “viaje de trabajo fue pactado hace dos o tres semanas”, el Elíseo confirmó que Hollande invitó a Rajoy durante el último consejo europeo, celebrado el 14 y 15 de marzo. Moncloa admite que Hollande y Rajoy se encontraron en privado durante ese consejo, y aunque resulta raro que los presidentes se vean otra vez diez días después, insiste en que la visita no tiene que ver con el partido sino "con unas relaciones bilaterales muy fluidas y constantes”, y con el hecho de que “hay buena química entre los dos presidentes”.

A la pregunta de si la visita se habría producido igualmente de no haberse disputado el partido en París, el portavoz responde: “Entiendo que sí”.

El viaje de Estado y estadio, único acto oficial previsto en la agenda del jefe del Gobierno español para esta semana pre-vacacional -como se ve en la página ‘web’ de Presidencia- sigue según Moncloa el formato habitual de los viajes bilaterales del presidente, tanto por el equipo que le acompañará como por la celebración de “un encuentro y una conferencia de prensa conjunta”.

Rajoy se verá con Hollande en el Elíseo a las 18.30, y luego ambos darán la rueda de prensa y se irán juntos al partido. Entre los temas a tratar, dice Madrid, "el crecimiento y el empleo en Francia, España y Europa; el apoyo mutuo en la negociación de la política agrícola común (PAC) durante la pasada discusión de los presupuestos europeos, y la situación en Siria y Malí".

El portavoz de La Moncloa añade que con Rajoy viajarán "sus asesores habituales”, aunque no precisa la identidad de los acompañantes del presidente. Sobre los costes del viaje, Moncloa tampoco tiene “los datos exactos”, aunque explica que se llenará el Falcon pequeño (modelo 900) del ministerio de Defensa, de 14 plazas. “Por ahorrar, el presidente viaja en ese avión desde que se inició la legislatura -salvo a reuniones de alto nivel-, y esta vez no hay gastos de hotel porque la delegación no pernoctará en París”, dice el portavoz.

Según un cálculo a vuela pluma, el viaje costará a los contribuyentes en torno a 15.000 euros. Defensa factura a los altos cargos de la Administración por el uso del Falcon 900 unos 2.500 euros por hora de vuelo. Calculando cinco horas de viaje –dos y media por trayecto-, el precio será de 12.500 euros. Fuentes oficiales apuntan que el traslado sería más caro si la delegación viajara en línea regular o en avión privado.

En efecto, en este último caso, según indica el presupuesto solicitado a una empresa española de alquiler de aviones privados, el coste del trayecto en Falcon 900 se elevaría hasta 19.100 euros. Si a esa cantidad se le quita el beneficio industrial del 15%, el coste es de 16.200 euros, algo más que el oficial porque a las horas de vuelo y el alojamiento de la tripulación -media jornada de hotel- hay que sumar las tasas de aeropuerto, de las que los aviones presidenciales están exentos, y el sobrecoste del combustible.

Pese a las explicaciones de Moncloa, algunos diplomáticos españoles dudan de la utilidad de la visita y creen que Rajoy y Hollande han tratado de camuflar el objetivo real del viaje: ver juntos el partido. Un diplomático cree que “combinar una entrevista bilateral con un partido de fútbol distorsiona las relaciones bilaterales, porque pone al deporte en un plano igual o superior al de la política”.

Otra fuente añade que la visita "es un baldón para la imagen de seriedad que el Gobierno intenta dar en Europa. Mientras Rajoy exige enormes sacrificios a los ciudadanos, y presume de rigor presupuestario y de marca España, parece una frivolidad que viaje a París para animar a La Roja”.

Editado (lunes, 20.55): ¿Será por dinero? La Roja se aloja en el hotel Bristol, uno de los mejores del mundo. A la altura del equipo, desde luego. ¿Pero, y del país? ¿No habría nada más baratito?

 

Israel Galván, el baile jondo

Por: | 13 de febrero de 2013

 

Israel Galván presentó el martes en París (Teatro de la Villa) su último espectáculo, Lo Real. Reducido a dos horas y bastante más rodado que en el tumultuoso estreno de Madrid, donde el siempre sensible abonado del Real pateó y gritó lindezas como "viva España" o "vete con Zapatero", la mirada surrealista y valiente de Galván y su álter ego, Pedro G. Romero, sobre el holocausto gitano, el Porraimos, arma uno de los espectáculos flamencos más fascinantes de la historia de este arte.

Tiene todavía algunos fallos, se le puede reprochar algún exceso escenográfico, quizá a ratos peca de intención vanguardista y resulta poco "comprensible", pero siempre sorprende, es de una originalidad muy galvaniana, y todo lo que se ve y se oye en el escenario tiene un interés, una calidad artística, una fuerza, una honradez y un magnetismo poco frecuentes.

Hablando de la muerte, el espectáculo está muy vivo, tiene toneladas de corazón y rebosa energía y creatividad. Y eso, viniendo de la España que viene, no es ya un acontecimiento, sino más bien un milagro. No extraña nada, por tanto, que fuera abucheado por las momias de la plaza de Oriente y maltratado por gran parte de la crítica. Seguramente no podía pasar otra cosa: el espectáculo es demasiado complejo para ser bien interpretado sin un largo rodaje previo y una labor de poda, Y Galván es demasiado personal y demasiado distinto y flamenco como para poder ser valorado justamente desde  esquemas habituados a mirar desde la alta cultura y la alta costura -zarzuelera-.

Ahora, lo fundamental, el núcleo, no tiene reproche posible. El baile, el cante y el toque flamencos brotan como oro negro por todas las esquinas. La música de Chicuelo pasea con elegancia por la toná, la granaína, la soleá, las rondeñas o las piezas contemporáneas (los portazos, que decía Morente), y el repertorio de letras y palos bebe de la más honda escolástica flamenca; Tomás de Perrate y David Lagos cantan por derecho, incluso cuando se imita a Antonio Molina, y Galván baila cada pieza (¡incluso por granaínas!) de forma más poderosa, desvalida, entregada y honda que la anterior.

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Con el torso desnudo, la escoliosis y la fibra a la vista del respetable, y usando los tirantes como un instrumento más), su despliegue de arte, talento y química es abrumador, al límite del agotamiento físico y de la enajenación mental, según pide la salvaje historia que se cuenta.

Mención aparte merece el monumento a la soleá, bailada y zapateada a la antigua (!) pero sobre una plancha de acero, y los magníficos fandangos de Ronda: más flamenco y para dentro no se puede bailar. Y lo impresionante es que, pase lo que pase, alargue lo que alargue Galván los pasos, los giros, los saltos, la percusión en todas sus facetas (uñas y pestañas incluidas), jamás pierde el compás. ¿Será cosa de la escoliosis?

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Y luego están las mujeres, sublimes las tres, cada una en su estilo.  

Belén Maya alcanza con las dos soberbias coreografías que Galván le cede el cénit de libertad, sobriedad y precisión dramática de su carrera, y parece gozar (sufriendo) hasta cuando baila subida en unos zuecos de madera; Isabel Bayón dibuja un prodigio de gracia y ligereza en la parodia de la bailaora guiri (con lo difícil que es bailar mal cuando se sabe bailar bien) encarnando a Carmen la Chinche, protagonista de la película nazi-sevillana de Leni Riefenstahl donde la propia cineasta interpretaba a una bailaora. Y la tercera es Uchi, simplemente Uchi (Carmen Lérida): una gitana tímida y genial, que baila clavada como una chincheta, sin moverse del sitio, y convierte un viejo anuncio de lejía en una creación de rap flamenco.

Bobote y Caracafé, percusión, jaleos y también guitarra el segundo, dan sabor, veneno y pinceladas de flamencura cada vez que aparecen, y cuando no también.

La poesía y la reflexión sobre el arte, la vida y la muerte que Galván destila bailando Lo Real son un abismo duro, muy personal, difícil de definir con palabras. Todo lo que diga un simple espectador sonará torpe y gastado, y seguramente será falso porque Galván baila antes que nada para él mismo.

Sus palabras, incluidas en el programa de mano, parten de la frase que le espetó una vez el filósofo Georges Didi-Huberman ("Israel, bailar lo real es bailar lo imposible") y son la mejor vía para entender el significado sagrado de su baile.

"Por muchas razones, hablar del genocidio, de la persecución nazi, ha formado parte de mi educación. No había vergüenza. Había que hablar del genocidio, de nuestra persecución. No había nada que esconder. De alguna forma, ese hablar censurado se convirtió para mí en un estigma. Lo que se hablaba en mi casa parecía molestar fuera. Este es mi caso. Bailar lo im-bailable, lo imposible de bailar, es quizás mi caso. Mi respuesta a todo eso. El proceso ha sido lento. Poco a poco, mi cuerpo se ha ido transformando por el baile. Mi manera de bailar es como un veneno que te marca para siempre, me lleva poco a poco y me ha traído hasta aquí. Hoy tengo más ganas de bailar, más ganas que nunca. Y, es verdad, me enfrento a cada paso con la sensación cierta del fracaso. Bailar lo real es como bailar lo imposible. (...) Yo siento la muerte más cerca de mi cuerpo; las fuerzas que me faltarán un día, las gasto. Bailar siempre ha significado para mí muerte y resurrección. Bailar como si fuera la última vez, siempre. Bailar, sin fuerzas ya, sacando la energía de ahí mismo, de la falta de fierzas. Todo eso Lo Real me lo está dando. Bailar me es cada vez más necesario. Me doy cuenta de que bailar, en este momento, es muy importante para todos".

 

 

 

 

 

 

 

 

El bochorno de Europa

Por: | 01 de febrero de 2013

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Edito: La "comparecencia" de Rajoy.

La sensación desde fuera de España es que la ruina moral del país ha tocado fondo. La economía y el paro quizá no, pero la basura moral sí. La monarquía, tras irse a cazar elefantes y otros bichos, está cada vez más tocada en la imaginería popular por ese chorizo rubio que se enriqueció ilícitamente -según el juez- abusando de título y de contactos y que se manifiesta "em Palma do" por ello. El presidente del Gobierno, sospechoso -muy sospechoso- de haber cobrado sobres durante al menos once años y haber tolerado el sistema de la caja B, se permite no salir a dar explicaciones a la ciudadanía de forma inmediata. El partido que ganó las elecciones con mayoría absoluta hace un año ha perdido el crédito por completo con una política económica sobrecogedora, neoliberal, amiguista y miserable que ha generado seis millones de parados y un pelotón de amnistiados fiscales, con su propio tesorero a la cabeza. La banca híperrescatada está plagada de imputados que no parecen destinados a acabar en la cárcel sino en una nueva lista de indultados. La Sanidad pública se desangra mientras la Educación fallece víctima de austericidio con agravante católica. Los crímenes de codicia con alevosía y ayuntamiento, como los del Madrid Arena, tardan siglos en aclararse por falta de medios y de coraje político.

Los obispos, por cierto, permanecen mudos como mártires, como si de repente no les gustara comentar los asuntos mundanos. El fútbol bipolarizado, todo por la pasta, pan y circo, vive un episodio racista y nadie se escandaliza ni toma cartas en el asunto. La jueza que analiza el caso de dopaje más grave de la historia no quiere ni conocer los nombres de los "pacientes" del doctor Fuentes. Los golfos ladrilleros salplicados por el cemento de sus propios escándalos lo niegan todo con una simple nota de supino desprecio, sabiéndose en el fondo tan impunes como los políticos que han tenido en nómina durante décadas. La risible oposición de izquierdas exige en voz baja explicaciones y responsabilidades sabiéndose tan desacreditada como sus adversarios, y parece igual de sucia al no atreverse a dar ejemplo de limpieza y transparencia por iniciativa propia.

La policía sale absuelta de todos sus desmanes. Los medios compiten por publicar el mayor scoop, y un día dan en el clavo pero otro se convierten en su peor enemigo y se dejan jirones de credibilidad olvidando las reglas básicas y las sanas costumbres. La fiscalía pone cara de que la cosa está fatal pero  siempre llega cuando se ha ido el furgón de la empresa que destruye documentos. El ministro de Justicia solo abre el pico para indultar a delincuentes, cobrar tasas a los pobres e intentar que las mujeres pasen un calvario para abortar. Su colega de Exteriores es capaz de mirar hacia otro lado silbando cuando Francia, su socio contra ETA, necesita ayuda en Malí.

Toda esta pesadilla, este magma hecho de dinero B y de mierda A, es sin embargo tan real que ha puesto a mucha gente -niños incluidos- a buscar comida en los contenedores de basura, y ha desbordado las fronteras de tal forma que esa inmensa boñiga maloliente es lo que conforma hoy la marca España 2013. Los periódicos franceses, británicos, alemanes, estadounidenses, lo cuentan cada día con mayor detalle y creciente asombro. El milagro español era esto.

¿Dónde y cuándo acabará la abyección de nuestras élites, este desesperante hundimiento en el fango del autoritarismo, la inmoralidad y el irrefrenable deseo de impunidad colectiva de estirpe mafiosa?

Si el escándalo de Bárcenas no es Tangentopolis, porque España siempre ha sido una especie de fotocopia borrosa de Italia (para bien y para mal) y porque nuestros jueces ya se sabe de qué pie cojean, al menos debería suponer un punto de no retorno para la ciudadanía. Si la cosa no cambia, y los próceres siguen enrocados en su atronador silencio, en sus vagas disculpas autoexculpatorias, y no rinden unas cuentas clarísimas, eso es abuso de poder, prevaricación, ética para telediarios afines y crimen de lesa democracia. Y se tendrán que ir al menos a su casa, ya que a la cárcel quizá sea mucho pedir.

Por consiguiente, como decía aquel, le toca a la opinión pública, al atónito y desencantado espectador, jugar el papel que la Historia y nuestros hijos nos exigen: reclamar cada día -sin violencia pero sin un paso atrás-, en cada foro, explicaciones, claridad, cuentas fetén, responsabilidades, crimen y castigo. Y más tarde, un sistema democrático nuevo, veraz y fiable: unos reguladores serios, unos partidos más abiertos y transparentes hechos a base de primarias, un Tribunal de Cuentas realmente independiente -y no esa pamema partidista-, juicios y condenas durísimas si llega el caso, y algunos cambios legislativos -y no elegantes pactos de caballeros- para acabar con la prescripción de los delitos económicos, la financiación opaca de los partidos y la corrupción endémica de los ayuntamientos.

Desde fuera se ve fácil y claro. Si ese cambio de época, de sistema y de valores no lo exigen de verdad los ciudadanos, nuestras élites, convertidas ya por derecho propio en las más bochornosas de Europa -Grecia e Italia incluidas-, no lo harán nunca. La mierda seguirá brotando hasta asfixiarnos. Y quizá será  tarde y tendremos que votar a un remedo españolazo de Berlusconi para sentir que nos hemos salvado.

La Parisina Liberada canta a la guerra de Malí

Por: | 18 de enero de 2013

La Parisienne Libérée es una estrella de la sátira política en Mediapart. A la semana de empezar la guerra de Malí, la artista ha colgado en la web que dirige Edwy Plenel su mirada sobre el que quizá sea el conflicto más consensuado de la historia. Ironías sobre el uranio que Francia extrae en la zona, sobre el apoyo unánime de los aliados que mandan un avión sin tripulantres, una farmacia y una camioneta...

Desde la nieve de París, una visión distinta de la Guerra contra el Mal. Ahí van la letra y el vídeo.

 

C’est une guerre africaine, soi-disant nécessaire
Une guerre aérienne, un combat exemplaire
Une guerre juste et bonne – il paraît que ça existe
Qui protège l’uranium en tuant des terroristes

Il neige sur Paris des flocons bien légers
Les bombes du Mali se sont mises à tomber
Dans l’union nationale, dans l’unanimité
La guerre contre le Mal a commencé (bis)

Les mouvements islamistes ne sont pas plus islamiques
Que les scientologistes ne sont scientifiques
On a chacun nos fous, qu’on fabrique quelquefois
Avant de lâcher les loups et les avions de combat

Il neige sur Paris des flocons bien légers
Les bombes du Mali se sont mises à tomber
Dans l’union nationale, dans l’unanimité
La guerre contre le Mal a commencé (bis)

On a tout plein de soutiens, mais toujours pas de mandat
Le parlement discute mais il ne vote pas
Nos alliés, nos amis, donnent chacun un avion
Un drone, une pharmacie et puis un petit camion

Il neige sur Paris des flocons bien légers
Les bombes du Mali continuent à tomber
Dans l’union nationale, dans l’unanimité
La guerre contre le Mal a commencé (bis)

Je vois les cristaux qui dansent dans le feu des lampadaires
À Douentza quand j’y pense, on doit vivre l’enfer
Je regarde à la télé cette belle guerre en 3D
Faire la guerre pour la paix, je ne m’y ferai jamais

Il neige sur Paris des flocons bien légers
Les bombes du Mali continuent à tomber
Dans l’union nationale, dans l’unanimité
La guerre contre le Mal a commencé (bis)

Sara Baras y el arte palíndromo de Cádiz enamoran en París

Por: | 09 de enero de 2013

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Sara Baras, en Japón (2005). Foto: Cristóbal Manuel.

Sara Baras cerró ayer dos semanas de sesiones dobles, ovaciones y entusiasmo en París. Su último espectáculo, La Pepa, ha llenado durante 20 días el Théâtre des Champs Elysées, que coproduce los espectáculos de la bailaora desde hace casi una década. En la avenida Montaigne, enfrente de donde solía cenar Carmen Amaya en los años cuarenta -y donde la legendaria artista gitana llenó de flores la casa del señor que una noche pagó la cuenta de toda la compañía-, la bailaora de San Fernando ha resucitado su romance con los parisinos, que anoche la despidieron de pie y en algunos casos entre  lágrimas, ignorando, o tal vez no, que La Pepa, aparte de ser el homenaje de Baras a la República Independiente de Cádiz, parte de una de las más humillantes derrotas francesas de la historia.

Tras un parón de casi dos años para ser madre, el baile palíndromo de Sara Baras surge en medio de la crisis económica y moral de Europa como una destilación de las clásicas virtudes gaditanas: optimismo, vitalidad, hondura y el arte bien ejecutado y mejor arrematao. La maternidad ha dado a su baile un aire más pausado, un perfil más hondo, y la pérdida de fibra no ha quitado furia ni velocidad a su zapateado meteórico. La calma y el tiempo le permiten gustarse, templar y pararse más y mejor que antes.

 

A los 40, la madurez se demuestra andando, y los paseos de transición y las escobillas lentas ofrecen ahora los mejores momentos de un baile que siempre ha bebido del virtuosismo natural y de una técnica impecable. Las metralletas (amplificadas, ¡ay¡) de sus pies siguen electrizando al público -lo que quizá le lleve a abusar algunas veces-, pero su braceo sigue siendo una belleza, las manos son flamencura pura y los molinetes a lo Carmen Amaya en las alegrías finales rozan la perfección y son de una plasticidad infrecuente.

La entrega, la honestidad, la elegancia, la pincelada del cadereo corralero, el compás y la afición permanecen intactos, o quizá mejorados, aunque quizá doña Pilar López reprocharía a Baras algunas concesiones al efectismo y la búsqueda abundante del aplauso, eso que la maestra de la ética y la estética del flamenco definía como el "Viva Cartagena" y que resumía, exagerando un poco, asín: "Ahora los bailaores paran setenta veces la música para que la gente aplauda. La paran tantas veces, que cuando llega la vez 24 y se acaba el baile de verdad, la gente se queda tan tranquila porque ya no sabe si tiene que aplaudir o no".

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  Foto: René Robert.

Al acabar la función, Baras sacó a su niño al escenario para el fin de fiesta. Se ve ya que ahí hay bailaor para rato: la criatura, de año y medio, todavía no habla, pero ya salta y zapatea como una fiera. "Yo le digo que no dé patadas por bulerías, que le dé patadas al balón a ver si sale futbolista, pero no hay forma", contaba Baras en el camerino, mientras la compañía festejaba el éxito con champán.

¿Moraleja? Con el jamón, la Roja y las clementinas, el flamenco sigue siendo el valor más seguro para exportar la tan cacareada y tan depauperada Marca España. Hace unos días, la compañía de Antonio Gades ha terminado de reventar la taquilla en el Palacio de Congresos -diez días de triunfo, con visita de Laura del Sol incluida-, y en febrero llegará el turno de Israel Galván con la criticada y jaleada Lo Real en el Théâtre de la Ville.

 

La pregunta política del día es: ¿serán conscientes los gobernantes que administran nuestra ruina del potencial del flamenco? ¿Cuántas veces habrá asistido Mariano Rajoy a un espectáculo de flamenco? ¿Sabrá quizá quién es Camarón de la Isla? ¿Y el ministro Wert? ¿Podría distinguir entre una soleá y unas bulerías? Antes de españolizar a los pobres niños catalanes, igual vendría bien que nuestros españolazos gobernantes se flamenquicen un poco...

Por cierto, que Sara Baras está a punto de anunciar un gran proyecto cinematográfico con Barcelona como telón de fondo... Todavía no se puede contar, pero en cuanto se pueda, se hará. Si es que alguien no mete antes la tijera, claro...

En fin, que perdón por la larga ausencia a los fieles que todavía leían este blog, y que ahí les dejo con doña Carmen Amaya bailando por alegrías en Estados Unidos (1944), y con don Antonio Gades bailando la farruca en las Ramblas (1963, el año que murió Amaya). Disfrútenlo con salud, y feliz 13.

 

 

 

 

 

 

Sobre el autor

es corresponsal en París, antes en Roma y Lisboa, fue redactor en la sección de Cultura y la Edición Internacional. Trabaja en EL PAÍS desde 1992, y es autor del libro ‘La voz de los flamencos’ (Siruela, 2008).

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