Miguel Mora

Sobre el autor

es corresponsal en París, antes en Roma y Lisboa, fue redactor en la sección de Cultura y la Edición Internacional. Trabaja en EL PAÍS desde 1992, y es autor del libro ‘La voz de los flamencos’ (Siruela, 2008).

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Rajoy debería darle las gracias a Hollande. Hoy mismo.

Por: | 10 de junio de 2012

Hollande_rajoy

Mariano Rajoy y España tienen una deuda (figura literaria) con François Hollande.

El presidente francés, ninguneado por nuestro jefe de Gobierno -y por tantos otros, y otras-, es seguramente el mayor responsable de que el rescate europeo no haya sido tan leonino como el que han sufrido nuestros primos del acrónimo PIGS, grupo en el que permanecemos con toda justicia no porque seamos unos cerdos sino por la mala cabeza de nuestros banqueros y políticos, que no solo han vivido por encima de sus posibilidades (ellos sí que sí) sino que, como pésimos gestores que son y han sido, han prestado y animado a prestar muy por encima de las posibilidades de los Poceros, los Pérez, los Gil y tantos cientos de promotores -trileros y catetos-, sin más oficina que su móvil y sin más currículum que su BMW, y que en las dos últimas décadas han asesinado primero la costa y la naturaleza y después el progreso democrático y cultural del país (España).

Este rescate mouche que como ha escrito Lluis Bassets no dice su nombre en homenaje y al servicio del presidente Rajoy es en gran parte un logro de esta nueva Francia socialista, europeísta de verdad y solidaria sin proclamarlo, que desde el primer minuto ha defendido la soberanía y la autonomía española, su condición de "gran país europeo" y el espíritu realmente unitario de la UE.

Aunque nos duela que nos tengan que ayudar desde fuera, lo cierto es que a los hombres de negro de Montoro los tenemos metidos en casa desde hace tiempo, y hoy ya no es el día de lamentarse sino de imaginar -una vez más, merci- lo que podría haber pasado ayer si Sarkozy, el del Toisón de Oro, hubiese ganado las presidenciales hace un mes.

Rajoy tuvo la brillante idea de ponerse farruco al rechazar la idea de recapitalizar a la banca española desde Europa, lanzada con toda educación y sensatez por Hollande nada más ser elegido, y replicó en un evidente exceso de sarcasmo gallego que quizá el presidente francés conocía datos sobre los bancos españoles que él no conocía (y, la verdad, hoy tendemos a pensar que es verdad).

Después de tamaña chulería, no sería mala idea que hoy, en vez de irse a ver a la Roja a Polonia como un forofo con posibles en busca del subidón, saliese a dar la cara -por una vez- y agradeciese a Hollande en público, y a ser posible con toda la humildad, su gestión, su generosidad y su ayuda.

No conviene olvidar que fue su ministro de Economía y mano derecha, Pierre Moscovici, que por cierto recibió a Luis de Guindos hace unos días, quien insistió más durante la teleconferencia eurogrupal para diseñar un "ajuste fino" y a la carta, distinto a los anteriores, que tuviese en cuenta las tremendas reformas hechas por Madrid y el sufrimiento de sus cinco millones de parados.

Si Moscovici no hubiera estado ahí quizás ahora estaríamos hablando de una intervención a la griega, cosa que Finlandia y Holanda defendían (gracias, chicarrones del norte) y que a Frau Merkel, esa gran aliada de sí misma, no debía parecerle mala cosa porque el viernes corrió a convocar al Eurogrupo a través de Reuters sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo.

Urge, por tanto, un agradecimiento público, señor Rajoy, a monsieur Hollande, y estamos seguros de que la colonia hispana de París y la France, los muchos miles de espagnoles nacidos o venidos que se buscan la vida en esta tierra libre, mestiza, culta y bien educada (no todos son Marine Le Pen ni Claude Guéant, aunque a veces lo parezca por las crónicas), sabrán reconocerle el mérito de ser honesto y de decir -por una vez- la verdad a sus asustados conciudadanos.

Prometemos que no se lo tendremos en cuenta como precedente.

Bastaría inlcuso con que en el descanso del partido salude a Berlusconi y mueva los labios diciendo "Vive la Republique", todos le entenderíamos.

Ayer Affelay dijo "mi puta madre" al fallar un gol con Dinamarca y todos supimos que Europa habla español, digo espagnol.

 

 

El País

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