Algo tiene que pasar con los artistas que trabajan con las nuevas tecnologías para justificar la tan amplia difusión de piezas robóticas que se encargan por sí mismas de crear obras de arte. La experimentación en este campo tiene raíces muy lejanas: desde los autómatas del siglo XVIII hasta toda clase de criaturas, basadas en características biológicas, que le permiten actuar como los seres vivos, adaptándose al entorno y respondiendo a los impulsos exteriores con actitudes que no han sido previamente programadas.
Volviendo a los robots que pintan la iniciativa más reciente llega de la Domain Gallery, una galería online creada por el artista madrileño Manuel Fernández que está presentando Autonomic Drawing Performance (ADP) del artista argentino Eduardo Imasaka. La obra es una especie de performance en la que un pequeño dispositivo robótico, armado de un rotulador de tinta, realiza unas piezas abstractas sobre papel. La actividad del robot no depende la presencia del público, ya que su funcionalidad está controlada por la intensidad de diversas fuentes de conectividad como Wireless, WIFI o Bluetooth, presentes en el ambiente. “Antes Imasaka carga diversos presets de su propio estilo de dibujo a mano, así el robot, dependiendo de la intensidad de las señales que capta en el entorno, usa un preset u otro. Los dibujos tardan unos cuatro días en ser completos”, explica Fernández.
