Joaquin Roy

Sobre el autor

Joaquín Roy es Catedrático Jean Monnet “ad personam” de Integración Europea y Director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami. Es Licenciado en Derecho (Universidad de Barcelona) y Doctor por la Georgetown University (Washington DC). Nacido en Barcelona, reside en Estados Unidos desde la administración Johnson.

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La Unión Europea y Centroamérica

Por: | 06 de agosto de 2012

           En el marco de la firma del Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y Centroamérica, se observa que la región latinoamericana aparentemente está a salvo de la crisis europea. Pero esta percepción, confirmada por los datos estadísticos de crecimiento, se contradice por las mismas dificultades de los avances de los planes de integración, más allá de los experimentos de cooperación y consulta inter-latinoamericanos.

Resulta paradójico que Centroamérica, Ca mapa una subregión de límites geográficos modestos, que parecía rezagada en completar su proceso y que había visto demorado preocupantemente la consecución del ansiado Acuerdo, ahora aparezca como ganadora de la atención europea. De la obsesión de la UE por la apuesta de un MERCOSUR con brillante futuro, que se fuera desparramando por el resto del continente, se ha llegado a primar una subregión de limitadas proporciones.

Al mismo tiempo, la UE se ha apresurado a firmar acuerdos con países individuales (como Perú y Colombia), replicando los existentes exitosos esquemas con Chile y México. Ante la incertidumbre de la Comunidad Andina, las convulsiones de MERCOSUR, por la suspensión de Paraguay y la entrada en tropel de Venezuela, Centroamérica se ha llevado la lotería de los favores europeos. Se ha regresado así al origen de la relación cuando América Central recibió más ayuda europea per capita que el resto del mundo, con la recompensa de haber contribuido a la  pacificación y la reconstrucción después de las gravísimas guerras internas, represión y violación de los derechos humanos.

Hay que meditar sobre el desarrollo de los sistemas de integracion latinoamericanos, por una variedad de razones, entre las que destacan dos clases. Una es el examen de la evolución de cada uno de los experimentos, ya que todos en cierta medida tienen la inspiración del modelo europeo. Otras razones atañen a la región como escenario receptor de inversiones, ayuda al desarrollo y mutuas relaciones directas, tanto en terrenos de trasvase de emigración, como en temas conflictivos (narcotráfico). Toda atención mutua debe tener siempre presente que América Latina (junto con Estados Unidos y Canadá) es la región del planeta más próxima a Europa por motivos históricos. Volcano-Nicaragua[1]

Unos curiosos párrafos del texto del Acuerdo añaden una dosis de precaución acerca de la debilidad de la parte latinoamericana, más allá de sus dimensiones geográficas y su potencial económico. El Acuerdo no está firmado por la UE y un ente similar al que se alude como “Centroamérica” (que en textos informativos se transforma en “América Central”. Aunque diversas interpretaciones semánticas no tienen reparos en considerar las dos expresiones como sinónimas, puristas de la región consideran que “América Central” se refiere a una zona geográfica, mientras “Centroamérica” tendría una consistencia histórico-política.

Lo cierto es que el Acuerdo está forjado por la UE (con plena personalidad jurídica), representada por la Comisión en los temas de su total competencia, como es el caso de ese acuerdo, y del Consejo, máxima instancia de la propia UE, ya que la simple cooperación al desarrollo (segundo pilar del Acuerdo) está rebasada por el “diálogo político” (tercer pilar). Este no es al caso de “Centroamérica”, ya que el propio acuerdo está negociado y firmado por cada una de las seis repúblicas de raíz hispana de América Central, que “en lo sucesivo” (según dice el texto) se aludirá como “Centroamérica”. A pesar de que Centroamérica cuenta con una Secretaría de Integración Económica Centroamericana (SIECA), es meramente  un ente técnico del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), Sica-flag y no lo que sería una Secretaría General con plenos poderes para implicarse en la firma de acuerdos como el presente. SIECA está dirigida por un Secretario General, nombrado por el Consejo de Ministros de Integración Económica.

El propio texto, en su ARTÍCULO 3, “Ambito de aplicación”, reza con consuetudinaria lógica que “las Partes se tratarán como iguales.” Se refiere a la UE y Centroamérica. Pero a continuación remacha con contundencia: ”Ninguna disposición del presente Acuerdo se interpretará de tal forma que menoscabe la soberanía de alguna República de la Parte CA.” Esta aclaración no se aplicaría al caso europeo, ya que cada uno de los Estados Miembros comparte su soberanía en estos temas, aunque en forma un tanto inexacta algunos observadores se empeñen en considerar ese estatus como “cesión” y, lo que es peor “pérdida”. 

Los centroamericanos deben también notar que no todo es rosáceo en Europa. Se nota la incidencia de la crisis del euro en el propio tejido de integración, base de la consolidación de la paz, la convivencia democrática y la construcción de un punto de referencia para el resto de los experimentos de integración, cooperación económica y consulta entre estados. En un plano general de la UE, se detectan dudas sobre la viabilidad de su esencia, que los ciudadanos perciben como lejana. Hay reticencias de algunos países del norte a seguir contribuyendo, con el peligro de una Europa a dos velocidades y la generación de un cisma. Se ha agotado el “método Monnet” de integración y se detecta un refuerzo del inter-gubernamentalismo. Los nuevos acuerdos estratégicos son forjados por Estados en alianzas, marginando a la Comisión. Todo esto les debe resultar conocido a los centroamericanos.

Sin embargo, la UE vista desde Centroamérica puede presentar un balance histórico positivo, ya que desde la fundación de la UE no ha habido en toda la historia de Europa un periodo tan largo de crecimiento, aumento del nivel de vida y paz: ha cumplido todas sus misiones fundamentales. Si fenece, moriría de éxito. A pesar de las dificultades socio-económicas y el deterioro político, la EU sigue siendo el modelo o punto de referencia irremplazable para cualquier experimento de integración regional en todo el planeta, y muy especialmente en América Latina. Es, reescribiendo a Churchill, el peor sistema de integración, si se descuentan todos los demás. De los éxitos y los errores europeos, Centroamérica se debe beneficiar. 

El País

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