Videojuegos y enseñanza: un pacto por la educación

Por: | 12 de noviembre de 2012

La educación me parece un tema fascinante. Últimamente pienso mucho en ella y gran parte de la “culpa” la tiene el documental La educación prohibida, película nacida de un grupo de investigadores argentinos preocupados por el sistema educativo actual. El filme recorre ocho países entrevistando a un total de noventa educadores de distintos campos, todos ellos coincidentes en lo mismo: la nula capacidad de la escuela para responder a las necesidades individuales, porque se ha convertido en (o siempre ha sido) un centro de instrucción, de adiestramiento y formación de trabajadores, no de personas.

La educación prohibida, que les recomiendo ver ya, plantea una serie de cuestiones absolutamente necesarias en nuestra sociedad, una basada en un sistema que desdeña el juego, la práctica, en favor de la lógica, la teoría. El aprendizaje basado en la experimentación (el único aprendizaje verdadero, según los pedagogos del filme) frente al aprendizaje basado en la observación y la memorización. “El aprendizaje profundo”, dice el narrador, “sólo puede estar fundado en el interés, la voluntad y la curiosidad, y se origina más allá de las fronteras de la razón. En mucho más que analizar o relacionar conceptos. Aprender implica un profundo proceso donde se crean relaciones entre la persona y su entorno”.

Relaciones, asegura el Dr. Carlos Calvo Muñoz, que la escuela impide por culpa de sus muros políticos e ideológicos. Nos recuerda la fábula aquella de Borges en la que el cartógrafo comienza a realizar el mapa de un terreno. Poco a poco, éste va añadiendo cada vez más detalles, cada vez más detalles, ampliando la escala... con el objetivo de acercar el mapa todo lo posible a la realidad. Llega un momento en que el mapa tapa por completo el territorio. Irónicamente, lo que la gente ve ya es sólo el simulacro de la realidad, no la realidad en sí. “La escuela se enclaustró, se metió dentro del mapa. ¿Qué es lo que enseña? Verdades que están en el mapa, no el territorio”.

Pero lo que más me maravilla de las reflexiones plasmadas en el filme es la idea del joven alumno participando en la selección de los contenidos didácticos desde muy temprana edad. Los entrevistados tachan por unanimidad la idea de un sistema educativo donde siempre se enseña lo mismo, a las mismas personas, en base a una misma escala decimal como una práctica antigua, innecesaria y perjudicial para el desarrollo de la persona. “Todos tenemos que hacer lo mismo”, critica Ginés del Castillo, de la Escuela de la Nueva Cultura La Cecilia. “A pesar de que los adultos no sabemos todos lo mismo, a pesar de que no nos dedicamos todos a lo mismo, en las escuelas todos tienen que querer hacer lo mismo y hacerlo igualmente bien”. Otros, como Carlos González, pediatra español, dicen que “en la escuela aprendemos muy pocas cosas que en la vida cotidiana necesitemos, porque podemos vivir sin saber logaritmos, pero no podemos vivir sin saber relacionarnos con otras personas o sin saber caminar o sin saber usar herramientas. Todas estas cosas las aprenden los niños mediante el juego”.
¿Los niños solo? Y los no tan niños. Inconscientemente, el documental proyecta la asociación de juego con infancia, lo cual fortalece el muro que desde la divulgación de videojuegos queremos derribar.

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De las muchas cosas que nos han enseñado los videojuegos, la más importante, arraigada en su naturaleza, es que el verdadero aprendizaje se realiza con la práctica, no con la contemplación del otro. Aprendimos a jugar a Super Mario Bros. con el mando en nuestras manos, no en las de nuestro primo, hermano o vecino. Solo cuando uno vence el miedo al fracaso (la muerte en el videojuego), está preparado para superar el desafío. No en vano, los mayores avances históricos en el campo de la ciencia han sido posibles gracias a innumerables errores previos al acierto. “Lo que tenemos que aprender, lo aprendemos haciendo”, dijo Aristóteles.

A título personal, mi vida ha estado marcada, entre otras aficiones, por los videojuegos. Yo nunca me habría acercado a uno con la etiqueta en portada de juego educativo ni loco, porque así éramos los niños. Así siguen siendo. Huimos de los que nos quieren adoctrinar, pero nos volvemos locos por descubrir cosas nuevas. Por eso, nunca he dejado de aprender con ellos. He devorado la historia de los grandes imperios gracias a las campañas de Age of Empires II. He aprendido, no es broma, más inglés jugando a un título como Shenmue (me lo pasé con doce años enteramente en este idioma) que en todas las clases del colegio juntas. He alimentado mi ya de por sí eminente pasión por la música con juegos creativos como Electroplankton, Vib Ribbon o Music 2000. He comprendido cómo se gestiona una ciudad (SimCity), un parque de atracciones (RollerCoaster Tycoon) o un hospital (Theme Hospital), asimilando a muy temprana edad conceptos de economía como ingresos, beneficios, pérdidas, crédito o deuda. He desarrollado mi propio modelo de conducta, construyendo el self (la mismidad, diría Castilla del Pino) o cuestionándolo, gracias a juegos basados en el comportamiento social y la autoproyección como Los Sims o en decisiones morales como Black & White. He desarrollado un carácter competitivo, he aprendido que sin esfuerzo no hay recompensa, he mejorado mis reflejos, mi atención y la capacidad de resolver problemas. Fue un proceso sencillo y natural, porque “el ser humano propende a aprender. Incluso, podemos decir más todavía, no es ningún mérito del ser humano aprender. Más todavía: es que no puede no aprender” (Dr. Carlos Calvo Muñoz).

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No es magia. Sencillamente aprendemos mucho mejor aquello que realizamos por voluntad propia. Es más, no se enseña a un niño a ser responsable impartiendo unos conocimientos que son obligatorios. ¿Qué clase de madurez se esconde en ese proceso? La verdadera madurez reside en la libertad para elegir. No se es más responsable por aprender algo que es incuestionable. Simplemente, se es más dócil.

Hay 7 Comentarios

Incluso se aprende cuando miras al otro, en vez de coger el mando, ¡ Vale que aprendes otras cosas distintas al que coge el mando! pero como NO SE PUEDE NO APRENDER,
estas aprendiendo algo también, aunque no quieras, Aprender es una capacidad innata que tienen los hombres y otros seres vivos.

Articulo muy reflexivo e interesante.

Un artículo fenomenal y excelente para invitar a la reflexión. Increíble, Carlos.

Yo tengo mi teoría al respecto: cuantas más emociones haya implicadas en el aprendizaje, más eficaz es el complejo proceso de adquirir conocimientos. En el caso de los videojuegos, hay una serie de relaciones emocionales complejas entre juego y persona(s). Claro que, esto solo del chico (o la chica) en relación con el material lúdico y el metamundo que almacena su interior en formato electrónico digital, visible y jugable a partir de los materiales tecnológicos necesarios. En todo caso se disfruta, por lo que los recuerdos empíricos cargados de, valga la redundancia, emociones, se difuminan con una mayor dificultad en comparación a las evocaciones que se hacen con respecto a los estudios o enseñanzas teóricas en cualquier caso. Todo ello debido a la constante sensación de emoción positiva y de placer, sensaciones que se graban bastante bien en nuestra mente, muy en especial si se es niño, porque te marca.

Si hay algún gamer que haya leido de pequeño instrucciones de videojuegos, apenas recordará la lectura años después en comparación a la mecánica y jugabilidad prácticas, porque ambas características se adquieren mediante actividades lúdicas. Y todo eso se disfruta con satisfacción. Inevitablemente, quién disfruta con plenitud de cualquier actividad teniendo un mínimo de conciencia, acaba aprendiendo, porque siempre están presentes las emociones y la buena voluntad.

La imposición y la obligación son acciones que limitan mucho el gozo personal y por ende, se adquieren determinadas facultades de manera ineficaz (generalmente hablando). Los conocimientos teóricos apenas nos mueve porque no nos emociona. No nos motiva. No nos mueve del sitio y con ello, difícilmente hay voluntad.

Aunque no tenga la cultura de ustedes, pongo las manos en el fuego para opinar que el aprendizaje y las emociones tienen su relación. Y lo considero como una afirmación que a mi juicio meramente personal, tiene sus puntos coherentes.

Excelente artículo.

Creo que no solo el sistema tiene la culpa de esa "automatización", sino también los padres la tenemos pues es cómodo delegar en el sistema y en los propios niños esa responsabilidad.


Quizá merece la pena para completar el debate ver la iniciativa por fomentar el juego compartido entre padres e hijos de esta marca comercial. La comparto con ustedes no como publicidad sino porque pienso que es relevante al tema tocado.

http://www.juegacontushijos.com/

La forma en que se enseña a los niños en los colegios ha cambiado algo en los últimos 50 años, pero no demasiado.

Antes todo era aprendizaje a base de la letra con sangre entra, mientras que ahora hay algo más de aprender a base de juegos, de prácticas, de cooperación, de experimentos, de laboratorio.

De todas formas, estoy absolutamente de acuerdo con que se aprende mucho mejor aquello que realmente nos interesa que lo que nos es impuesto y no es de nuestro interés.

Y también es una verdad contrastada que se aprende mucho más con la experimentación que con el estudio de la teoría.

Es curioso lo que ha avanzado la ciencia y la tecnología en los últimos 100 años y lo poco que ha evolucionado la forma de enseñar en los colegios.

Carlos: Me había propuesto no volver a comentar nada en este diario (por quitar apoyo de consumidor a J L Cebrián y sus políticas, especialmente contra el ERE), por lo cual sólo leo titulares de portada y RARO que ingrese a algún tema o blog. Pero juegos y enseñanza son dos temas que me llegan hondo y decidí hacer una excepción.
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Más que nada, porque considero que mereces una felicitación por este artículo, tan bien pensado y llevado en general. No porque sea impecable (siempre se puede mejorar), sino porque es difícil hallar calidad como la lograda por ti en el presente.
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En principio me sorprendió y chocó que ponderaras al documental “La educación prohibida”, ya que el mismo defraudó al grueso de mis expectativas (cuando al fin lo publicaron), por mostrar y reiterar conceptos harto sabidos y remanidos, en lo que considero un desperdicio de recursos técnicos y económicos. Quiero decir: con los mismos recursos podrían haber logrado muchísimo más y mejor (Más de dos horas de video desprolijo (pobremente organizado), subjetivo, con mucho desperdicio de tiempo visual. Han visitado más de 10 países y no profundizaron casi nada, reiterando conceptos de modo salteado, sin realizar propuestas claras de modo objetivo. Apenas menciones vagas, incompletas, sobre otras metodologías que se intentan llevar a la práctica). Sin embargo parece que, como a ti te resultó útil y esclarecedor, me evidencia que muchas personas ignoran demasiadas cosas que, para mí, deberían ser obviedades en el tema educativo; ya que saltan a la vista para cualquiera que tenga alguna relación con alumnos o ex alumnos y dialogue con ellos, con mente abierta y objetiva, sobre sus problemáticas con los estudios y sistema educativo en general.
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El aprendizaje profundo siempre fue por la vía de la experiencia personal, de la experimentación y ensayo. Por eso existe el juego hasta en los animales ¿O casi todos los cachorros no juegan entre ellos y con sus madres? Los humanos sólo hemos ampliado la clase de juegos ( de defensa y cacería) para incluir otros aspectos específicos de lo que es necesario para la supervivencia y desarrollo en una sociedad tan compleja como la humana, como el detalle de ejercitar las relaciones humanas para una sana convivencia (cuando las niñas juegan a las muñecas, tomar el té (anfitrionas y visitas) o se juega a “policías y ladrones” entre otros muchos ejemplos posibles, de los cuales, los juegos y deportes en equipos, ejercitan también la estructuración y coordinación armónica de funcionamiento grupal).
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La memorización de datos o adquisición de informaciones requiere siempre de un antecedente o parámetros vivenciales para saber catalogarlo y ubicarlo en contextos adecuados. De lo contrario, queda como erudición abstracta que ¿cuándo corresponde o se puede usarlo adecuadamente y que la memoria lo tenga presente en los momentos oportunos?
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Frecuentemente dialogo con personas universitarias y el principal problema que noto, es que han automatizado el criterio a aplicar conocimientos únicamente en las situaciones previstas. Es decir: En un altísimo porcentaje parecen incapaces de asociar e interrelacionar posibilidades de diferentes áreas o materias, aunque en la teoría tengan claro de que se relacionan; el trazar paralelismos y adaptar soluciones o esquemas de otros asuntos a aquél que tienen por resolver. Si no hay una solución memorizada, se quedan dándole vueltas al asunto cual púa en discos de vinilo que están rayados. Que es a lo que suelo denominar pensamiento circular, incapaz de buscar senderos mentales alternativos por asociaciones. En este artículo, has dado evidencia de que no es tu caso, ya que has sabido recurrir eficazmente a parábolas como la del cuento de Borges y el mapa que cubre todo el territorio. Lo cual es otro detalle que aplaudo de este artículo. Porque las parábolas y alegorías colaboran a abrir las mentes, a ejercitarlas en la asociación de detalles aparentemente inconexos, pero con mecánicas o procesos similares, a trazar paralelismos entre situaciones o circunstancias cuyas soluciones o consecuencias suelen poder trasvasarse de modo similar y hacen al ingenio y creatividad que tanta falta hacen en la actualidad.
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Precisamente, por esto último es que las BUENAS historias (cuentos, novelas, etc) e incluso juegos (de humanos) tienden a ser parábolas o permitir el trasvase de ideas y conceptos para poder aplicarlos en situaciones propias. Forma parte de la naturaleza animal en general, no solo humana en particular. Es instintivo trazar paralelismos en las búsquedas de soluciones (pero también a “mezclar” datos y reacciones habituales, por lo cual se censura tanto a los juegos que permiten y hasta parecen incentivar, o no penalizar, inconductas atroces o criminales, ya que el inconsciente tiende a transpolarlo a la vida real). Pero… los sistemas educativos en general, desalientan y tienden a anular tal proceso cognitivo natural, al insistir en las apuradas memorizaciones conceptuales, de datos esquemas y procesos, sin dar mayor lugar (ni incentivar) la experimentación reiterada y en variables de los mismos, en aspectos que formen parte de la cotidianeidad de los educandos. Demasiados contenidos casi inconexos del resto, con mínimo tiempo para aquilatarlos y catalogarlos en sus correctas dimensiones y posibilidades de aplicaciones amplias.
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En conclusión, porque estoy siendo demasiado extenso, los sistemas educativos tienden a automatizar los procesos del pensamiento, aborregando los de formación de criterio y respuestas. Pero ignorando en la práctica cuánto es lo que pauperizan a la capacidad mental y se termina pervirtiendo la conducta humana, por la acumulación de presiones y frustraciones, en violencias de toda clase (hacia sí mismos en baja autoestima e inseguridades, o hacia terceros degradándolos, subestimándolos, potenciando también al egocentrismo extremo) y que parecen surgir de modo espontáneo y sin motivaciones o detonantes válidos.

Me parece perfecto, el aprendizaje basado en la experimentación , prueba y error, en vez de máquinas automatizadas estaríamos formando personas con capacidad para pensar y tomar decisiones
podríamos especializarnos totalmente y no como ahora, que da pena, que halla que estudiar carreras enteras para poder trabajar en un tema muy concreto, está claro que para ser contable no tienes porque saber macroeconomia...etc

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Sobre el blog

El Aula de Videojuegos es un proyecto académico surgido en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla. Su objetivo principal es fomentar un espacio multidisciplinar erigido sobre las diversas perspectivas teórico-prácticas concitadas en los últimos años alrededor del videojuego. Nuestros intereses combinan la praxis y el desarrollo de juegos con la reflexión crítica y el análisis de uno de los modos de expresión más apasionante de todos los tiempos.

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Luis NavarreteLuis Navarrete. Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla. El Aula de Videojuegos es un proyecto surgido en el marco de su asignatura Guión de Videojuegos, impartida en el Máster Universitario en Guión, Narrativa y Creatividad Audiovisual.@AdVNavarrete.

David AcostaDavid Acosta. Investigador en el área de Innovaciones Tecnológicas Audiovisuales en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla, CEO de la agencia de comunicación Innn, y un apasionado jugador y reflexionador en torno al mundo del videojuego.

J.J. VargasJ.J. Vargas. Profesor de la Universidad de Sevilla y crítico de videojuegos en prensa generalista. Actualmente estudia el videojuego desde una perspectiva antropológica y psicoanalítica, lo que explica que le ponga tan nervioso hablar con gamers como con detractores del medio.

Carlos RamírezCarlos Ramírez. Licenciado en Periodismo y Máster en Guion, Narrativa y Creatividad Audiovisual. Trabajo como guionista en la desarrolladora Revolution System Games. He escrito en Mundogamers, Marca Player, Giant Magazine y Pocket Invaders. @carlosRmrz.

Carlos G. GurpeguiCarlos G. Gurpegui. Alumno de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Sevilla. Alumno encargado de Miscelánea en la revista académica LifePlay. Jugador desde hace años e interesado por las relaciones del videojuego con otros ámbitos como los juegos de rol y la literatura. @Gur_pegui.

Rafael Cruz DuránRafael Cruz Durán. Estudiante de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Sevilla. Dedicado al videojuego en su faceta periodística en todo tipos de ventanas posibles. ¿Un juego? Shadow of the Colossus. ¿Un maestro? Tetsuya Mizuguchi. @RafaelCruzDuran.

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