El pasado 16 de
enero participé por primera vez en una mesa redonda sobre
videojuegos. La experiencia fue inmejorable y desde aquí aprovecho
para agradecer a todo el equipo que hizo posible mi participación y
sobre todo a las personas que me oyeron. Dicha mesa redonda versaba
sobre los videojuegos indies,
más concretamente sobre “qué es un videojuego indie”. Aquí podréis acceder a más información, documentación y videos sobre dicho evento. Por
supuesto, la interrogante sigue abierta puesto que debatir sobre este
tema es como debatir el sexo
de los ángeles: todos tenemos una opinión y todas son igual de
válidas. Sin embargo, durante mi intervención quise hacer una
pregunta que lleva varios meses rondándome: ¿por qué estamos
hablando ahora
de videojuegos indies?
Con
relación a ello, voy a hacer un pequeño apunte sobre la historia
del cine, concretamente, sobre el cine norteamericano pues
creo que
refleja a la perfección la situación vivida
a
nivel mundial con los videojuegos. Hasta finales de los años 40, los
grandes estudios norteamericanos controlaban prácticamente toda la
producción cinematográfica del país y los intentos de cine
independiente eran escasos (salvo honrosas
excepciones
como David O. Selznick).
Sin embargo, esta época dorada para los
estudios terminó en 1949, cuando se obligó a la Paramount (y poco
después a todos los otros grandes estudios) a vender sus cadenas de
exhibición de películas. Eso era lo que hacía fuerte a los
estudios, controlaban tanto la producción, como la distribución, y
la exhibición. A partir de ese año los grandes estudios perdieron
paulatinamente su poder, pero toda su estructura de trabajo, medios,
contactos, equipo y platós
de rodaje, se mantuvo intocable. Poco a poco, a lo largo de los años
50 se produce una hibridación que ha dado a la historia
del cine alguno
de sus títulos más memorables. Como si del heroico Wander se trataran, los independientes comenzaron a trepar por las espaldas
de los estudios, colosos antaño inamovibles,
y al calor de dicha unión se modificó definitivamente la forma de
trabajar y nuestro modo de ver la historia
del cine.

Pero, ¿qué tienen
que ver el cine, los grandes estudios y Shadow
of the Colossus?
Lo último no es más que una metáfora muy gráfica de lo que supuso
la escalada de los pequeños estudios independientes que
nada podían hacer frente los grandes estudios, dueños
de incuestionables de la industria.
Pues bien, ¿por qué hablo, entonces, sobre los grandes estudios en
relación con
los
videojuegos indies?
De la misma manera que en los años
40 los grandes estudios sufrieron duros reveses económicos y legales
que propiciaron su caída y unión con los independientes, podemos
extrapolar una situación similar en la actualidad.
Hasta hace apenas
unos años, quizás unos seis o siete, prácticamente nadie hablaba
de videojuegos indies
ni
conocía dicho término. Todo lo que se jugaba, se vendía, se creaba
o se compraba, venía casi en su totalidad de los grandes estudios de
desarrollo de videojuegos. En nuestras estanterías teníamos decenas
de títulos de compañías como Capcom, Konami, Epic Games,
Square-Enix o Blizzard. Incluso nuestras consolas tenían
determinados estudios exclusivos (a la manera de las cadenas de
exhibición propias de cada estudio en la primera mitad del siglo XX)
y nuestros juegos de Naughty Dog solo podían jugarse en PlayStation
(esto es así a partir de los 90, antes desarrollaron para otras
plataformas como Apple o SEGA).
Podría decirse
entonces que el panorama videolúdico ha estado controlado
predominantemente por las grandes desarrolladoras hasta hace apenas
cinco o seis años. Sin embargo, hoy en día no es raro ver que la
gente juega a títulos desarrollados fuera de estos grandes colosos
del videojuego. Tampoco nos
extraña ver
como estos pequeños juegos logran incluso mejores resultados que su
homólogos
industriales; así, vemos que un título como TorchLight
II
es mucho mejor valorado que Diablo
III
(de la todopoderosa Blizzard).
“The times they are a-changin’”
que diría Bob Dylan. Hoy en día cualquiera medianamente aficionado
a los videojuegos puede observarlo. Quizás no todos los jugadores
sean conscientes de este fenómeno indie
ni se plantean si quiera quién ha creado el juego al que le dedican
tantas horas, pero sí notarán la proliferación de títulos de gran
calidad a precio más económico, la creación de grandes plataformas
de distribución de juegos como los Humble
Bundle.

Internet y la
aparición de plataformas de distribución de juegos como Steam han
herido de gravedad a los grandes estudios. Quizás esto no se note
este año, ni posiblemente en los próximos, pero tarde o temprano se
verá. La tecnología de hoy en día, mucho más extendida que nunca
y más al alcance de la mano como
en ninguna otra época ha abierto una brecha en el desarrollo de los
videojuegos.
Hoy en día, cualquiera (entiéndase esto) puede
desarrollar un juego en su casa con un ordenador de sobre mesa del
montón y en apenas unos días conseguir, además, que se distribuya
en todo el mundo por apenas dos euros. De manera similar al año 49
en el cine, los pequeños desarrolladores de videojuegos se
encuentran en una situación inmejorable en la que es sencillo
acceder a las herramientas de desarrollo de los grandes estudios. Los
pequeños desarrolladores no necesitan a nadie que les distribuya el
juego, hoy en día por internet las facilidades son inmejorables.
Creo que esta puede
ser clave de todo el fenómeno alternativo
más allá del tan manido “espíritu indie” o de la libertad del
creador. Todos estos ideales y conceptos son magníficos (y a mi
parecer, necesarios para dedicar horas y horas de tu vida al
desarrollo de un juego) pero todos esos ideales y espíritus caerían
en saco roto si no contaran con la tecnología necesaria. Claro que
desde el inicio de los videojuegos ha habido desarrollo
independiente, aquí en España durante los años 80 tuvimos claros
ejemplos que lograron hacerse un hueco en el mercado de las grandes
compañías. También a finales de los años 90 hubo incursiones en el
desarrollo independiente con los mods,
algunos de los cuales son hoy en día juegos de grandes
desarrolladoras. Sin embargo, nunca ha llegado el fenómeno indie
a un nivel como el que vemos en la actualidad.
Todo esto no es nada
comparado con lo que puede venir pronto, incluso este mismo año. Consolas adaptadas para facilitar el desarrollo de juegos
por los usuarios como Ouya u otras como GameStick o Shield. Además,
a todos estos nuevos terminales debemos unir el posible aparato
doméstico de Steam. Éste que permitiría la implementación de
todos los títulos que tenemos en dicha plataforma. En definitiva, el
panorama de los videojuegos va a cambiar radicalmente de aquí a unos
años (o meses incluso).

Parece ser que se
abre ante nosotros una época dorada para el desarrollo independiente
y todo esto apunta, o a mí me hace creer, que podremos llegar a ver
la desbandada de grandes desarrolladoras o bien un cambio de modelo
de negocio para poder adaptarse a estos
nuevos tiempos. Lo que es cierto es que parece ser que lo indie
es algo más que una simple moda y puede suponer (y supone) un
modelo de mercado, trabajo y temáticas diferentes a los impuestos
desde las grandes desarrolladoras.