Autopsia

Autopsia

El blog “Autopsia” es una mirada. Sólo una mirada y las palabras que deja como rastro para volver.
No creo en la inocencia de la casualidad. Hoy es más fácil crear una nueva realidad a la que mirar que enfrentarse a la existente, por eso tenemos que “ver por los propios ojos”, aportar nuestra mirada y compartirla.

Sobre el autor

Miguel Lorente

Miguel Lorente Acosta . Aunque parezca extraño, soy Médico Forense, también Profesor de Medicina Legal de la Universidad de Granada, Especialista en Medicina Legal y Forense, y Máster en Bioética y Derecho Médico.
He trabajado en el análisis del ADN en identificación humana, el análisis forense de la Sábana Santa, y en el estudio de la violencia, de manera muy especial de la violencia de género, circunstancia que llevó a que me nombraran Delegado del Gobierno para la Violencia de Género en el Ministerio de Igualdad.

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La Comunidad

Por: | 05 de junio de 2012

LA COMUNIDAD
¿Qué clase de comunidad es la que deja y contempla que el régimen sirio asesine día a día a inocentes para consolidar su dictadura sobre el miedo material, y en cambio pone todos sus esfuerzos para que el déficit no se mueva una décima de lo previsto,
aunque para ello naciones enteras tengan que renunciar a la sanidad, a la educación, al trabajo digno…? ¿Qué comunidad es la que no hace nada para evitar que cada año mueran en África más de 200.000 mujeres de parto, tal y como ha denunciado Esther Madudu, y por el contrario aplica toda su maquinaria para que los mercados sigan obteniendo beneficios a consta del bienestar ganado y merecido de las personas…? 

La respuesta es sencilla, se trata de la Comunidad Internacional, la misma que unas veces se presenta con el traje de la UE, otras con el de Naciones Unidas, si lo hace en la región de Oriente Medio con el de la Liga Árabe, o en cualquier lugar con los vaqueros del G-20, G-8 o G-7… siempre es la misma con los mismos: “la Comunidad Internacional”, y nosotros formamos parte de ella.

Hablar de “comunidad internacional” es un contrasentido, si difícilmente llegamos a alcanzar referencias comunes dentro de un mismo marco cultural y social, menos aún se conseguirá en un ámbito mucho más amplio y heterogéneo como el internacional. Cuando uno analiza los elementos que definen esta comunidad transfronteriza comprueba que lo que más nos une no son los elementos comunes, sino todo lo contrario: la defensa de las posiciones particulares dentro de un ámbito amplio formado por más países. Los distintos países llegan a los foros internacionales no para encontrar elementos comunes, que siempre conllevan una renuncia a lo particular, sino para imponer o extender sus referencias individuales, objetivo que se consigue de manera proporcional al poder que ocupan como países independientes, no como impulsores del encuentro entre distintos Estados.

El problema no es la comunidad, sino quienes han hecho de ella una extensión de su propiedad. Alemania quiere, por ejemplo, una UE que sea como un Länder más, Francia como si se tratase de una región añadida al territorio francés, Reino Unido como una nueva isla de su archipiélago, y Estados Unidos como el Estado número 51. Otros países más lejanos y alejados no la quieren de ningún modo, lo cual es una forma de quererla, y así ocurre con cualquier “comunidad internacional” que se precie, pues en el fondo son espacios donde desarrollar el poder que se tiene o que se quiere tener, unos directamente, otros apoyando a países que actúan como el "Primo de Zumosol" o como la "Prima de Riesgo", siempre al amparo de ese familiar protector dispuesto a ayudarnos mientras le mostremos nuestro “cariño incondicional”, como ocurría con el tío de América y su suculenta herencia cuando América estaba al otro lado del Atlántico.

Lo común es lo que nos une, y la comunidad el espacio o las referencias compartidas que nos damos para hacer de cada uno de los elementos algo más que la suma de todos, y mucho más que cada uno por separado. Desde hace un tiempo, la esfera internacional, que era esa especie de globo terráqueo con cada uno de los países pintado en un color diferente, se ha convertido en la “comunidad internacional” para alentar ese espíritu de unión y  esa armonía de tonos en los distintos colores. La globalización primero y las finanzas después, han emborronado los límites coloreados del mapa y ahora sólo se ven unos pocos colores difuminados por un espacio mayor o menor: el blanco occidental, el amarillo oriental, el negro invisible africano, el verde esperanza latinoamericana, y el oscuro óleo de la franja árabe que completa la paleta de un mundo cada vez más plano.

Sin embargo, a pesar de los elementos comunes y de los esfuerzos en vestir la comunidad de una misma forma para darle una nueva identidad, el interior permanece vacío y ocupado por los intereses individuales de quien no mira más allá de su tiempo. Confundir el tiempo con el momento nunca es un error, siempre es una intención dentro de una estrategia. Si algo ha caracterizado al desarrollo de la humanidad ha sido superar el presente para lograr un mañana con más elementos compartidos, en eso consiste la cultura, algo que hoy la comunidad hace al contrario, rompe lo común que tenemos e intenta alejar los distintos elementos y referencias compartidas, para que el mañana vuelva a ser ese mapa de colores en contraste, quizás no sobre las fronteras que son muy visibles y evidentes, pero sí sobre las ideas, creencias y valores.

Recuerdo a un compañero que dijo, allá por los inicios de la informática cuando se unían las limitaciones técnicas a nuestro desconocimiento, “los ordenadores resuelven los problemas que no tendríamos si no tuviéramos ordenadores”. A veces me da la sensación de que la Comunidad Internacional sólo resuelve los problemas que no tendríamos si no tuviéramos “comunidad internacional”. 

Lo internacional de una comunidad formada por distintos países es obvio, lo que necesitamos es más comunidad, no aumentando el número de “internacionales”, sino potenciando lo común, que siempre conlleva parte de renuncia a lo particular.

El País

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