Autopsia

Autopsia

El blog “Autopsia” es una mirada. Sólo una mirada y las palabras que deja como rastro para volver.
No creo en la inocencia de la casualidad. Hoy es más fácil crear una nueva realidad a la que mirar que enfrentarse a la existente, por eso tenemos que “ver por los propios ojos”, aportar nuestra mirada y compartirla.

Sobre el autor

Miguel Lorente

Miguel Lorente Acosta . Aunque parezca extraño, soy Médico Forense, también Profesor de Medicina Legal de la Universidad de Granada, Especialista en Medicina Legal y Forense, y Máster en Bioética y Derecho Médico.
He trabajado en el análisis del ADN en identificación humana, el análisis forense de la Sábana Santa, y en el estudio de la violencia, de manera muy especial de la violencia de género, circunstancia que llevó a que me nombraran Delegado del Gobierno para la Violencia de Género en el Ministerio de Igualdad.

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La crisis, la deuda, el machismo y el rescate

Por: | 17 de julio de 2012

CRISIS-DEUDA-MACHISMO-RESCATE
Todavía hay quien se sorprende cuando hablo de las similitudes entre diferentes situaciones que responden a una estructura de poder,
y de que ese esquema no es producto de la deriva del tiempo ni de la casualidad, sino que ha sido históricamente impuesto y ejecutado por quienes han estado en posición de hacerlo, que, guste o no guste, han sido básicamente hombres. Ello no significa que una vez creado el modelo no pueda ser utilizado del mismo modo por una mujer, ocurre como con la pizza, que se trata de una comida italiana con independencia de que se haga en Madrid, en Nueva York o en Tokio, y lo que sucede en la práctica es que el éxito del modelo lleva a su generalización, y  de ahí a su perpetuación. Si una mujer identifica el poder y el éxito con esa estructura actuará en consecuencia para alcanzar el reconocimiento y la aceptación de los guardianes del sistema, y de esa forma contribuirá a consolidar y legitimar el modelo. 

Es cultura, no genética, y la sociedad ha tomado como referente universal lo que la masculinidad ha considerado como bueno y adecuado para resolver los problemas y conflictos que surgen en las relaciones personales, laborales, institucionales, comerciales, internacionales… 

Voy a describir dos situaciones de sobra conocidas y ustedes decidirán si se parecen, pero en lugar de encontrar las siete diferencias, como se hace en los pasatiempos, busquen las similitudes y luego intenten encontrar las razones comunes para explicarlas. 

Una de ellas es el maltrato en violencia de género. El maltratador no es un demonio ni un bicho raro, todo lo contrario, al principio es una persona encantadora que inicia una relación de afectividad con la mujer basada en el cariño y en el proyecto de compartir múltiples cosas. Se inicia así un compromiso lleno de elementos comunes, nuevos ámbitos de relación, incluso con el tiempo pueden llegar los hijos y las hijas. Poco a poco, de forma paulatina, va distanciando a la mujer y aislándola de sus fuentes de apoyo externo (su familia, amistades, compañeros de trabajo…) y empieza a cuestionar sus elementos de identidad, aquello que la hace ser como es. Comienza a exigirle que renuncie a gran parte de su mundo, a sus iniciativas, a las personas cercanas, a sus ideas… y que adopte lo que él le impone en nombre de la buena marcha de la relación, del compromiso y de la familia. A pesar de que entre amenazas, enfados, silencios y voces la mujer hace todo lo que el agresor le dice, éste siempre encuentra algún problema, defecto o acción que echarle en cara en aquello que la mujer hace o deja de hacer, por lo que de forma paulatina aumenta su agresividad, sube el nivel de violencia, comienza con las agresiones y culpabiliza de todo a la propia mujer. Ella se siente responsable, empieza a entender que es una mala mujer, una mala esposa y una mala madre, y renuncia a todo lo que le indica el agresor hasta quedar atrapada en una violencia que en parte es vista como “normal”. 

El agresor, por su parte, cada vez se vuelve más exigente, interpreta la situación que vive la mujer como una razón para continuar ejerciendo la violencia, incluso se justifica con argumentos típicos como el ataque previo de la mujer: “es que mi mujer se empeña en llevarme la contraria”, suelen repetir. A pesar de estas circunstancias, también se producen momentos de “luna de miel” en los que todo parece maravilloso, pero luego continúa la violencia y vuelven las agresiones con una intensidad cada vez mayor y con una frecuencia cada vez más alta. El riesgo aumenta de manera significativa, y si no es rescatada del pozo donde se encuentra, puede terminar en una situación muy grave o en el homicidio. 

La otra situación que quiero traer es la crisis. La economía entró en crisis después de que unos mercados muy amables y cariñosos regalaran financiación con promesas de amor eterno e intereses compartidos: lo que es bueno para ti es bueno para mi. Poco a poco nos han seducido con sus formas, promesas y compromisos hasta el punto que nuestra relación ha quedado enganchada a esa forma tan apuesta de gestionar nuestros destinos. Nos arrojamos a sus “manos invisibles” y les entregamos nuestras vidas, pero ellos sólo miraban nuestras bolsas. Poco a poco nos empezaron a exigir renuncias y nos aislaron dentro de una Unión Europea, y comenzó la exigencia de que abandonáramos nuestra identidad y nuestras fuentes de apoyo externo: nuestros sectores económicos tuvieron que someterse a las reformas que imponían en nombre de lo común, y nuestras relaciones comerciales tenían que seguir sus dictados. Aún así, siempre encontraban algo que habíamos hecho mal, y aunque las ayudas y promesas se redujeron o desaparecieron, la culpa de todo la teníamos nosotros por empeñarnos en llevarles la contraria. 

Y, efectivamente, llegamos a pensar que éramos un mal país, unos trabajadores pésimos, unos vagos que sólo pensamos en fiestas, puentes y vacaciones. Entendimos que todo lo que los demás tienen, como funcionarios, servicios públicos, políticas de bienestar… aquí sobraba y era un exceso, y comenzamos a renunciar a nuestra identidad y a desprendernos de aquello que era nuestra salvación. 

El mercado maltratador cada vez nos ve más culpables y menos merecedores de su consideración, por lo que su violencia ha continuado y aumentado, mientras la España sumisa sólo pide perdón y se arroja a sus pies en busca de compensación y limosna. Habrá fases de “luna de miel” gracias a su mercantil condescendencia y a su “interés”, que bien lo va a cobrar, todo por hacer lo que el maltratador mercado quiere que hagamos. Pero nos equivocamos, la violencia no ha finalizado, ahora somos más dependientes y seguiremos renunciando a nosotros mismos, a nuestros sectores, a nuestros trabajadores y trabajadoras, a los servicios públicos, a la educación y a la investigación, a la sanidad y a las ayudas a la dependencia, a valores como la igualdad y a tantas otras cosas para contentar unos mercados y a una Unión que sólo busca el beneficio de unos pocos. 

Como pueden comprobar el esquema de poder y la estrategia de dominio-sumisión es similar. Algunos podrán ver más las diferencias que las coincidencias, y que no responde al modelo histórico impuesto por las referencias masculinas tomadas como universales, es decir, como adecuadas para ser utilizadas a la hora de conseguir esos objetivos. No querrán ver que su significado no está en quien lo aplica, sino en aquello a lo qué responde y lo qué se consolida con su aplicación y, efectivamente, dirán que Merkel es una mujer. 

No es que todos los hombres sean iguales, es que cuando se abusa del poder cualquiera se comporta del mismo modo. No hay nada más grave en violencia de género que cuando el teórico rescate lo lleva a cabo el propio maltratador… Veremos cómo termina el rescate económico…

El País

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