No se parecen en nada (tampoco a Butch Cassidy y Sundance Kid de la película) salvo en una decisión: los dos han adoptado unas medidas sin estar legitimados para hacerlo. Los dos podían tomarlas formalmente, pero no era lícito que lo hicieran al no contar con el respaldo de quienes permitieron que estuvieran en esa posición, a partir de un compromiso mutuo plasmado en el apoyo a un programa y en la confianza dada para que lo pusieran en práctica. Yo digo que voy a hacer una serie de cosas, y yo te voto para que las hagas, ese es juego de la democracia.
Y esa es su esencia, es cierto que los imprevistos son tantos y las circunstancias tan variables, que no siempre se puede hacer aquello que se dijo que se haría, pero si la soberanía es del pueblo, debe ser el pueblo quien decida cuando las modificaciones del compromiso sean sustanciales y afecten al núcleo de la decisión. Es algo elemental, puesto que en esas nuevas circunstancias los ciudadanos pueden no querer que se lleven a cabo las medidas propuestas, o aceptando que hay factores y elementos que las hacen irremediables, puede ser que para asumirlas prefieran que las aplique otro, bien porque lo consideren más capacitado o, simplemente, porque la falta de anticipación al problema sea suficiente para desconfiar de ese Gobierno. El pueblo no es tonto, y la madurez democrática se gana con responsabilidad, no con el paternalismo de unos partidos políticos cargados de intereses.
¿Alguien cree que el PP habría ganado las elecciones con 16 puntos de ventaja con un programa en el que hubiera recogido lo que ahora está haciendo? Con toda seguridad no, de hecho, según las últimas encuestas ya habría perdido la mayoría absoluta y 8’8 puntos respecto al resultado del 20N, sin que las circunstancias actuales apunten hacia un panorama diferente. Habrá muchos que piensen que eso no es nada para la que está cayendo, pero se equivocan como se equivocó Zapatero al actuar como lo hizo, no debemos olvidar que lo que más se le ha criticado, y por lo que aún se le cuestiona en la actualidad, es por no haber reconocido a tiempo la crisis, no por lo que llevó a cabo una vez que se instauró, y Rajoy va por el mismo camino al no reconocer una realidad que sólo acepta cuando aparece en un telediario o en el BOE, y al no llamar a las cosas por su nombre. Podrá seguir insistiendo en que todo es culpa de la herencia recibida, pero la pérdida de confianza generalizada en su gobierno y en las políticas que pone en marcha se la ha ganado él solito.
Da la sensación de que tanto Zapatero como Rajoy han buscado salvar antes su gestión que la situación de España, y eso que puede parecer un gesto de autoridad en verdad es un signo de debilidad. En democracia no puede haber fortaleza si no es en compañía del pueblo, y Zapatero fue sólo al Congreso aquel día de mayo de 2010 cuando anunció sus medidas, como Rajoy lo hace cada semana cuando presenta nuevos recortes, la compañía no está en los votos de un día, está en el compromiso diario. Ninguno tenía el consentimiento democrático para hacerlo, los votos en el Parlamento pueden dan la victoria en una votación, no la razón. Al PSOE le ha costado, de momento, las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2011, las Generales de noviembre del mismo año y las andaluzas de marzo de 2012, aunque en estas haya podido formar Gobierno con Izquierda Unida; y al PP le puede costar España, no es el futuro lo que está en juego, como dice Rajoy, el mañana siempre ha de ganarse cada hoy, de lo que se trata ahora es de si en ese futuro estará este país tal y como ahora lo entendemos o habrá un sucedáneo.
Nunca será suficiente buscar la falsa sensación de tranquilidad al presentar al otro como culpable para evitar el remordimiento, siempre que se sigue ese camino se fracasa en el intento.
Zapatero y Rajoy llegaron al mismo destino del error. Se creyeron más ungidos que elegidos, y se equivocaron al no cumplir su palabra, al traicionar a sus votantes y al atacar la democracia con la propia democracia.