Lo recuerdo como si hubiera ocurrido hace 35 años. Yo era un niño, ahora dicen que fue un 16 de agosto, pero para mí tan sólo era un día más de vacaciones. Mis padres habían comprado la primera televisión en color, una Vanguard sistema PAL que pusimos en la misma esquina donde la vieja Telefunken en blanco y negro tanto nos arrinconó. Era el Telediario de las tres de la tarde (todavía no existían las 15’00 horas), un presentador con voz profunda y semblante serio dijo: “Elvis Presley ha muerto”. Para mí quien murió fue “Kid Galahad”, que era como se llamaba en una de sus películas, quizás la que más me hubiera gustado protagonizar. Yo tenía varios discos de Elvis-Kid Galahad que escuchaba a diario, pero ese día no fui capaz de hacerlo, y mientras las imágenes de Elvis en blanco y negro se sucedían en el nuevo televisor en color, desoyendo la voz de mi abuela me levanté y salí a la calle bajo un sol que sólo podía ser de injusticia.
No sé si fue el sudor o una lágrima, pero mis mejillas se humedecieron conforme una triste sensación fue deteniendo mis pasos a la sombra de la soledad, la misma que ahora, sin saber muy bien por qué, como ocurrió en aquel verano del 77, siento cuando escucho “Love me tender” y escribo estás letras.