Autopsia

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El blog “Autopsia” es una mirada. Sólo una mirada y las palabras que deja como rastro para volver.
No creo en la inocencia de la casualidad. Hoy es más fácil crear una nueva realidad a la que mirar que enfrentarse a la existente, por eso tenemos que “ver por los propios ojos”, aportar nuestra mirada y compartirla.

El error

Por: | 03 de agosto de 2013

EL ERROR
Cuando el error es una razón la imprudencia forma parte de la conducta.

Vivimos en una época en la que el error se entiende como perdón, como una especie de justificación ante un resultado negativo, cuando en realidad lo que suele reflejar es, como mínimo, la falta de prudencia en la responsabilidad que conlleva el ejercicio de unas determinadas funciones. Hace unos días hemos visto cómo el maquinista del tren Alvia accidentado en Santiago de Compostela actuó mal desde el punto de vista profesional (según las informaciones conocidas), y cómo dicha acción se identifica con un error. “Me despisté”, dice. Y hace unas horas el Presidente del Gobierno, en unas circunstancias en las que todo apunta a que se “sobrepasó” el límite de lo correcto y de lo legal en la financiación de su partido, entiende que su responsabilidad se reduce a un error respecto a la persona que lo señala a él “sobre” los demás. “Me equivoqué”, dice.

Y curiosamente, cuando se produce este tipo de situaciones nunca falta el apellido para denominarlo “error humano”, un apellido que suele estar ausente cuando la prepotencia previa de las conductas que se llevan a cabo las identifica más con lo celestial que con lo terrenal.

Errar es de humanos y herrar de herreros, eso ya lo sabemos. El problema es cuando se utiliza el error como parte de un estrategia, como una especie de válvula de escape para en caso de necesidad poder huir a través de su argumento. Y eso es lo que se deduce cuando el teórico error persiste en el tiempo y se hace compañero de un viaje que tiene como destino el silencio y, curiosamente, algún tipo de beneficio personal o reconocimiento.

Desconozco los detalles de la investigación del accidente del tren Alvia, pero en general resultaría muy extraño que un error de “despiste” se produjera por ir circulando a 80 km/h cuando debía hacerlo a 200; lo mismo que sería sorprendente que Rajoy se equivocara por mantener durante 20 años a un tesorero en el partido que en lugar de acumular beneficios en cuentas suizas, y de entregar sobres con la puntualidad de un reloj (por supuesto suizo), hubiera tenido deudas y hubiera pedido sobres a los altos cargos para poder pagarlas. Los errores como excusa no nacen tanto de la falibilidad humana como de la voluntad, lo mismo que el chaval o la chavala que llega más tarde de la hora dada por sus padres y dice que se despistó, o como el estudiante que no se prepara el examen a tiempo porque se equivocó en la planificación del estudio… Nunca suele ocurrir lo contrario, y que sea un error el que haga volver al chaval una hora antes del límite fijado, o terminar de preparar el examen con una semana de antelación, es cierto que serán varios los elementos que influyen en el resultado, pero ninguno de ellos con la suficiente intensidad como para desplazar la voluntad de las circunstancias generales que conducen al error y al beneficio buscado.

Por eso me sorprende que un Presidente del Gobierno pueda resumir todo lo que se está conociendo sobre el llamado “caso Bárcenas” y la posible financiación irregular del Partido Popular, con un “me equivoqué”.

¿Por qué se equivocó?... ¿Porque confiaba en que haría las cosas con más habilidad para que no lo descubrieran?, ¿porque nunca pensó que podría llevar a cabo actividades ilícitas?, ¿porque no pudo imaginar que si un día era descubierto hablaría sobre todo lo realizado?... Si quiere quedarse en ese argumento del “mi equivoqué”, tendrá que explicar por qué y en qué se equivocó. No basta con intentar cambiar la realidad y hacernos creer que “quien tiene un amigo tiene un tesoro” y que “quien tiene un tesorero tiene un enemigo”.

No debemos olvidar que el error ha surgido tras el fracaso de la negación, lo cual forma parte del circuito habitual de la justificación: Negación de los hechos, asunción de un error, petición de perdón, y promesa de que no volverá a ocurrir… Por lo menos hasta la próxima vez.

De momento el Presidente ya ha negado y ha reconocido el error…

El error en sí no es motivo de perdón ni de imputación, son las circunstancias que llevan a ese error las que nos dirán si se actuó con responsabilidad o no. El problema de los tiempos que vivimos no está en los errores del pasado que ahora se juzgan, si no en el argumento del error que se prepara hoy para justificar mañana lo que se está haciendo mal en la actualidad.

La solución no es esa, la solución es hacer las cosas bien.

Hay 7 Comentarios

Confiemos en que la corrupción del PP no se use para tapar la de los otros: los ERE de Andalucía o la financiación irregular de CIU. Necesitamos atacar la corrupción por todos los lados.

NO VOLVERÁ A PASAR.

el rey en botsuana.

A partir de ahora, haremos como tú, Lorente: no equivocarnos nunca, y si lo hacemos, no reconocer el error. ¿Qué tendrá que ver el maquinista con Rajoy? Podemos estar seguros que en las palabras del maquinista hay implícitas un ruego de perdón y un intenso deseo (aunque inútil) de volver hacia atrás en el tiempo y evitar su error, su despiste. En Rajoy no hay nada de eso: ni angustia, ni arrepentimiento ni deseos de morir.
Pero claro, se me olvidaba que tú vives de calumniar y difamar a los hombres, un error que tú no tendrás la decencia de confesar nunca, me temo. Oye, ¿y qué tal si dedicas unas palabras de reconocimiento a todos los hombres que se aprestaron a socorrer durante horas a los pobres accidentados? ¿Esos no cuentan para ti? ¿También ellos se equivocaron y no merecen unas palabras tuyas?
No todos somos como tú, infalibles. Y luego vas diciendo la tontería ésa de que los hombres juegan a ser Dios. ¿No será ése tu juego preferido, don infalible?

El error de Rajoy y de cualquier personaje político, involucrado en un problema de corrupción, es no haber tenido la valentía de reconocer los hechos. Ha quedado como un gran mentiroso, un verdadero "Pinocho" del cine político. Y lo peor es que piensa que el pueblo es tonto. En el juego del ajedrez político la Opinión Pública le ha dado el jaque mate, a él y a su pandilla de farsantes.

A los seres humanos nos enseñan (o deberían) que tras el error cometido, viene la responsabilidad a asumir, a estos políticos parece que nadie les ha educado así...lo peor es el engaño al que nos tienen sometidos constantemente. A ver si algún día despertamos...y nos levantamos con políticos honrados, ¿tan difícil es estar en el poder y no corromperse?

No entiendo que hacen juntos el conductor del tren Alvia siniestrado y Mariano Rajoy en el debate sobre Bárcenas. No sé, fuera de que ambos son varones no encuentro motivo para relacionarlos. De Mariano Rajoy no diré nada, pero si diré que la confesión de error de Francisco Garzón es un acto que le honra porque desde el primer momento no ha rehuido su responsabilidad, no pretendió engañarnos y contarnos que él pasaba por allí y la culpa correspondía a la señalización, la vía o el tiempo, no. Reconoció en todo momento que la responsabilidad era suya. No pretendió edulcorarla o traspasarla a otros, no. No fue esa su actitud. Deberá pagar por su error y seguramente la pena mayor no será la que le puedan imponer los jueces, pero no reconocerle su honestidad en la forma de afrontar su responsabilidad me parece una villanía.

El error de Rajoy fue simplemente el pensar que con el dominio de los medios y militantes del PP entre los jueces y magistrados nunca lo iban a pillar.

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Sobre el autor

Miguel Lorente

Miguel Lorente Acosta . Aunque parezca extraño, soy Médico Forense, también Profesor de Medicina Legal de la Universidad de Granada, Especialista en Medicina Legal y Forense, y Máster en Bioética y Derecho Médico.
He trabajado en el análisis del ADN en identificación humana, el análisis forense de la Sábana Santa, y en el estudio de la violencia, de manera muy especial de la violencia de género, circunstancia que llevó a que me nombraran Delegado del Gobierno para la Violencia de Género en el Ministerio de Igualdad.

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