Autora invitada: ANA ISABEL CARO, maestra y licenciada en Filología
Hispánica, experta en lectura y bibliotecas escolares.
Estábamos distraídos leyendo cuando una gigantesca ola nos envolvió, nos atrapó y nos hizo creer que ya no seríamos capaces de salir a flote. Fue hace algunos años. Al sacar la cabeza y echar una mirada alrededor, vimos que algunos ya estaban surfeando incluso con soltura.
Aquella ola fue la de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (las famosas TICS), y cambió sustancialmente la manera de entender la lectura. Internet y la digitalización han ejercido una poderosa influencia en nuestros hábitos culturales y, por tanto, en nuestra capacidad para leer y entender lo que leemos; es decir, en nuestra competencia lectora.
El concepto de lectura se ha hecho más complejo y seguirá creciendo en significados e importancia, y, como consecuencia, en dificultad. Ya no leemos como leíamos. Lo de hoy es a menudo un concepto híbrido que combina el texto escrito con fotografías, vídeos y audios. Y hemos de relacionarlo todo para construir un nuevo significado. Esto supone, a la vez, un nuevo campo de creatividad para los autores.
La lectura de ahora también se hace más compleja al posibilitar Internet interacciones culturales antes inalcanzables. Si en el pasado nos manejábamos, con ligeras excepciones, en un contexto cultural homogéneo, ahora la posibilidad de relacionarnos y acceder a información de cualquier parte del planeta nos enriquece, claro que sí, y nos obliga a un mayor esfuerzo de comprensión, porque necesitamos familiarizarnos con el contexto socio-cultural de quien nos transmite la información, sea en Facebook, Twitter, un blog o un diario digital de cualquier país (con sus matices lingüísticos diferenciales aunque compartamos idioma).
Curiosamente, nunca hemos usado tanto el signo de interrogación para indicar que no hemos entendido nada o estamos totalmente desconcertados.