Ayuda al Estudiante

Ayuda al Estudiante

El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

¿En tu habitación o en la mía?

Por: | 07 de abril de 2014

Chica estudiando

EL MÉTODO DE ESTUDIO V

 

¿Qué más da dónde estudie uno mientras estudie? Típica pregunta retórica que da por descontada la respuesta de que el lugar es irrelevante. No lo es. De hecho, decir que el dónde importa poco comparado con todos los demás factores sería una verdad a medias, lo que viene a ser una mentira camuflada. Y eso, aunque todos conozcamos a chicas y chicos que dan mucha importancia al sitio, otros que ninguna, unos que prefieren su habitación, otros que huyen de ella como de la radiactividad, estos que eligen un sitio conocido y aquellos que prefieren cualquiera por conocer. Realmente hay gente pa tó, como dijo el torero Lagartijo, pero eso no convierte en iguales todos los criterios: algunos son más iguales que otros.

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La guerra de los distractores o la entropía del estudiante

Por: | 31 de marzo de 2014

Castillo1
El lenguaje metafórico te da la posibilidad de entender el mundo saltándote muros repletos de 
detalles. Y si dejas que la metáfora se quede un rato dando vueltas en la mente, sirve también como agitador de ideas. Así que usaré la metáfora de la entropía para referirme a una situación que los estudiantes conocéis espléndidamente: el ataque masivo de galácticas naves distractoras justo cuando ibais a decidir sentaros a trabajar en vuestro escritorio. Una de las mejores explicaciones sobre la vulnerabilidad de esos momentos la oí no hace mucho de labios de una chica de 15 años: “Es que cuando voy a ponerme a estudiar, de repente hasta las paredes de mi habitación se vuelven importantes”.

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Profesora 2
AUTOR INVITADO: MARIANO FERNÁNDEZ ENGUITA, catedrático de la Universidad Complutense y sociólogo especializado en la educación.

 

Es un lugar común en las conversaciones entre y con profesores la idea de que no gozan del apoyo ni del reconocimiento adecuados, sea en términos materiales (remuneración, condiciones de trabajo, recursos, autoridad) o simbólicos (prestigio, reconocimiento, imagen pública). Para sustanciarlo siempre hay disponible un stock de anécdotas sobre el-caso-del-compañero-al-que-le-sucedió-esto-o-lo-otro, lo que desde luego no es difícil que ocurra, con cerca de 700.000 docentes y más de 8 millones de alumnos. Sin embargo, como he mostrado en otros escritos (remito a entradas recientes en mi blog o en el blog del INEE, así como a un par artículos anteriores en Revista de Libros y en Papeles de Economía y a una comunicación al Congreso de Sociología, para no repetirme), cuando pasamos de las anécdotas a datos más sistemáticos recogidos mediante estadísticas y encuestas, el panorama es enteramente distinto.

De hecho, una encuesta tras otra muestran que el profesorado goza de un elevado prestigio.

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El tiempo lo hará más grande

Por: | 24 de marzo de 2014

La muerte del presidente Suárez convierte casi en una frivolidad hablar hoy de otra cosa, así que renuncio a ello. No porque tenga nada especial que aportar, lo que sería difícil habida cuenta del aluvión de artículos. Pero sí me gustaría expresar dos sentimientos.

El primero es un reconocimiento de culpa (que hace años formulé en mi fuero interno). Fui uno de esos ciudadanos que se consideró con derecho y con razones para juzgarlo muy duramente en algunos momentos de su trayectoria política. Hoy sé que la razón de fondo estaba de su parte y yo opinaba desde el Olimpo. Aún me pregunto cómo pude ser tan arrogante y cómo podía estar tan equivocado.

El segundo es mi admiración por su complejísima tarea política, que se convierte en veneración cuando caigo en el penoso ejercicio de compararlo con los de ahora. Y en un puro estupor cuando leo u oigo tantos elogios de salón entre los políticos. La cosa podría ser formulada de manera muy simple: si tan bueno era, aprendan de él y traten de emularlo en las grandes líneas. Y menos palabritas.

Creo que, cuando mueren, los buenos profesores siguen viviendo en lo que con ellos aprendieron sus alumnos (y en lo que gracias a ellos siguen aprendiendo). Y creo que, mucho más allá de sus errores, el presidente Suárez vivirá siempre en nuestra historia personal como un extraordinario ejemplo de reconciliación. Siempre lo recordaremos como uno de esos valientes ciudadanos que nos trajeron las urnas para cambiar las cosas en paz. Ahora es fácil usarlas.

El tiempo lo hará más grande. No porque lo digan hoy los periódicos, sino porque nuestros hijos y nuestros nietos ya no podrían ni imaginarse lo que fue vivir bajo una dictadura. Por mucho que lo estudien en clase.

 

 

Conoce a tu profesor como a ti mismo (o casi)

Por: | 17 de marzo de 2014

Estudiantes en clase

EL MÉTODO DE ESTUDIO IV 

 

La película de la educación tiene varios protagonistas, y el principal eres tú, querido estudiante. Si renuncias al protagonismo, no hay película y todo queda en un mal guión abandonado. Hoy me centraré en cómo sacar partido a tu manera de entender a los profesores, unos coprotagonistas que, a diferencia de tus padres, van cambiando de vez en cuando. A lo largo de tu vida estudiantil los tendrás de todos los colores, pero en este artículo hablaré de ellos en singular, porque tu actuación debería seguir una estrategia singularmente adaptada a cada uno.

Si hicieras una supersíntesis para ponerle etiquetas a tu gama de actitudes frente al profesor con cinco adjetivos, más o menos abiertos y permeables por los flancos, podría salirte quizá algo parecido a esto: fascinada, constructiva, indiferente, reticente u hostil. Es probable que la distribución sea bastante menos frecuente por los extremos y más por el centro (es decir, gaussiana), y los adjetivos evocarán sumariamente todo lo que lleva dentro una relación profesor-alumno, pero no te costará encontrar la etiqueta adecuada para definir tu actitud con este o con aquel profesor.

Las actitudes incluyen un notable ingrediente emocional (no siempre consciente ni controlable, aunque ahora no lo analizaremos), pero te vendrá bien saber que la parte no positiva, es decir, la indiferencia, la reticencia y la hostilidad, conlleva el riesgo de salir perjudicado como estudiante. No es una valoración, es un comentario práctico. Te diré por qué.

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Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: arroyocarlos@ayudaalestudiante.com

Libros

Soy estudiante y necesito ayuda

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100 cosas que debes hacer para mejorar como estudiante

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