Ayuda al Estudiante

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El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

¿En qué se parecen un profesor y un director de orquesta?

Por: | 18 de febrero de 2013

Daniel Baremboim

Una de las mayores frustraciones de un profesor es comprobar cómo sus esfuerzos se estrellan contra una rica gama de actitudes que van de la flojera mental a la indiferencia, si no algo peor. No siempre es así, pero, cuando ocurre, es desesperante. Son situaciones que provocan sentimientos muy negativos y generan en las ganas de enseñar de cualquier profesor un desgaste cada vez más corrosivo.

A ello se suma el hecho de que a los profesores se les valora en general por los resultados de sus alumnos, más que por su trabajo propiamente dicho, si es que ambas cosas pudieran diferenciarse tan fácilmente. Eso provoca que un profesor pueda creer que desempeña su tarea bien, o incluso muy bien, pero, a la hora de la verdad, si sus alumnos no entran en el juego, se considera que ha hecho un mal trabajo. Aunque ya están acostumbrados, muchos docentes siguen resistiéndose a aceptar esa forma de evaluación indirecta.

Su tentación es pensar: “Enseño lo mejor que puedo, y el que no me siga, allá él. Yo he hecho mi trabajo”. O incluso: “Yo tengo mi dignidad y no me voy a matar por unos descarriados que no se merecen mi esfuerzo”. Es una manera de ver las cosas que puede llegar a comprenderse, pero es equivocada. Es necesario cambiar la perspectiva, y para ello resulta inspiradora la metáfora del director de orquesta.

Me apoyaré en un excelso pianista y director de orquesta: Daniel Barenboim. Este artista (nacido en Buenos Aires, y con una singularísima triple ciudadanía española, israelí y palestina), suele afirmar algo que debería mover a la reflexión a los profesores: el director de orquesta es el único músico sobre el escenario que no tiene contacto físico con ningún instrumento. Por lo tanto, tiene que sacar lo mejor de sí mismo sacando lo mejor de los músicos que tiene delante. Su esfuerzo no habrá valido la pena si no consigue ganarse a los integrantes de la orquesta y conducirlos hacia la idea que él tiene de esa obra en concreto (hacia la interpretación ideal de la Orquesta Sinfónica Celestial, como suele decir el maestro Enrique García Asensio para corregir a sus músicos cuando ensaya).

Enrique García AsensioLa única herramienta de ese singular músico sin instrumento es un sencillo palito de madera de abedul: la batuta. Con ella y con ese baile ante el atril que, visto desde lejos, podría calificarse de uno de los más ridículos jamás vistos, tiene que poner en juego todo el sentimiento artístico y la energía creativa de sus músicos para llegar a la cima: una belleza que solo se despliega cuando suena, no en la partitura.

(Permitidme intercalar aquí un pequeño paréntesis en homenaje al inspirador de la metáfora que a continuación desarrollo: disfrutad de Barenboim dirigiendo el Triple concierto de Beethoven, nada menos que con el violochelista Yo-Yo Ma y el violinista Itzhak Perlman (que padece poliomelitis), y él mismo al piano y a la dirección. Paradójicamente, justo en esta ocasión el director sí tiene contacto con un instrumento).

El hecho de que los alumnos que cualquier profesor tiene delante no sean profesionales retribuidos, ni expertos en la materia, ni personas ya maduras y con muchos ensayos encima, sino jóvenes inquietos, en busca de sí mismos, con cierto descontrol emocional, inexpertos en muchas materias y asistentes casi obligados a las clases, hace que las situaciones sean extraordinariamente diferentes. Pero, en mi opinión, eso no le quita ni un gramo de poder inspirador al pensamiento de Barenboim, siempre que se tome como una metáfora, y no como una descripción entomológica de la clase.

Si nos ponemos a pensar con cierta libertad en el papel ideal del profesor, ¿qué conclusiones prácticas cabe sacar de la idea del director de orquesta?

  1. El objetivo de un profesor no debería ser imponer orden y disciplina por sí mismos, sino conseguir un ambiente que favorezca las ganas de aprender y canalice el aprendizaje en sí mismo. Es mucho mejor una clase agitada, pero enfocada al aprendizaje, que una clase paralizada en la que cada mente está en lo suyo.
  2. Un profesor no está en clase para demostrar lo mucho que sabe, sino para conseguir que sus alumnos aprendan, sobre todo aquello que les creará una palanca para volver a aprender. Es como el director de orquesta: por muy clara que tenga en la cabeza la idea Concierto para violín y orquesta de Mendelssohn (otro regalo: no os perdáis a Janine Jansen con la BBC Simphony Orchestra), fracasaría si no conduce a los músicos hacia esa idea y hacia una mejora permanente.
  3. Un profesor no trabaja con contenidos, sino con personas que deben asimilar contenidos y proyectarlos hacia el futuro con el objetivo de sacar lo mejor de sí mismos, como los músicos de la orquesta.
  4. Un profesor no debe limitarse a lamentar que haya alumnos díscolos, sino que debe intentar insuflarles ganas de aprender. Es algo de extremada dificultad cuando hay muchos, pero es algo que va en el oficio. En eso hay que reconocer que la diferencia con el trabajo del director es sustancial.
  5. Un profesor no solo debe transmitir mecánicamente conocimientos, sino inspirar la idea de que los conocimientos son enriquecedores personalmente. Habitualmente, el director no toca, hace que los músicos quieran tocar como él cree que deben hacerlo.

Todos sabemos que ningún director de orquesta es aclamado si los músicos que dirige no tocan bien. Así que, a semejanza de ello, es una buena idea que el profesor tenga siempre en mente cómo interpretaría la Orquesta Sinfónica Celestial la música de cada día en el aula. Es decir, no solo cómo lo hace él, no solo cómo enseña, sino qué tipo de relación con el aprendizaje quiere transmitir a sus alumnos para que estos aprendan. Es decir, qué consigue que consigan sus alumnos, no él. Exactamente como el director de orquesta. Ese que a veces es aplaudido por sus propios músicos.

Ojalá fuera así en el aula, aunque solo fuera con la mirada.

Hay 8 Comentarios

La labor de los profesores es vocacional y, aunque algunos no lo piensen así, es complicada y sumamente importante para la sociedad, pues forman a la sociedad futura. Es una lástima que en España no tengan la reputación que merecen.

Gerk, si usted es mediocre, no arrastre al resto a su mediocridad. Yo sí he visto lo que es capaz de hacer un buen profesor. Momentos donde se alcanza la sinergia en el aula, es decir, el todo es más que la suma de las partes y toda la clase forma un cuerpo donde el profesor es la cabeza que dirige. No se consigue siempre, pero se consigue. Es lo más parecido a magia.


Y en cuanto a los no disciplinados, eso se marca el primer día que el profesor entra en la clase. Ahí se ponen las normas del juego, no verbales, sino mentales.


El artículo me ha encantado :)

Yo leo estos artículos y cada día me siento peor... Sales de casa y da igual los dias y dias que te pasas preparando cosas nuevas para que todos se enganchen que no ocurre, y encima me siento culpable, no lo hago bien, me piden papeles, la inspectora quiere que aumenten los aprobados, preparas miles de cosas y algunos no sacan ni el lápiz... Los 12,13,14, 15, 16 son edades muy difíciles, luego cambia, pero es frustrante matarte a trabajar y que casi nunca salgan cosas bien... Tenemos toda la presión en nuestras cabezas, ¡basta ya!

Au que me gusta la idea, la comparativa mas acertada sería con un entrenador de fútbol y sus jugadores. Todos profesionales (nuestros alumnos no lo son) pero sí miden su saber hacer por los resultados obtenidos. Si no gana, no vale.
Con una diferencia. Un entrenador tiene muchos ayudantes y todo los medios que necesite a su alcance. Un profesor, casi nunca recibe apoyo, se ajusta a lo que tiene y en ocasiones, tiene que lidiar con la diversidad que supone un aula de de 35 alumnos.
Dejémonos de metáforas y Demos al profesorado lo que se merece: apoyo!!! Familias, instituciones, sociedad.
Menos ratio, mejores resultados. Menos ratio, mayor autonomía y motivación. Guiemos a nuestros alumnos, no impongamos, de acuerdo, pero con apoyo

Vaya... Qué artículo más precioso. Jamás se me podrá separar como profesora de lo que hacen mis chavales. Sus alegrías y sus penas son mi oficio de cada día, pues si no conecto con esa emoción no podré ayudarles a encontrarse, ni a ellos ni a la música que pretenden interpretar, esa música que debería tocarles profundamente. Si no adapto lo que soy a lo que son, ¿cómo podría creer que hago mi trabajo, que consiste en que sean ellos los que se encuentren con la música, la analicen, la encaren, la entiendan, la quieran compartir..?

Para hablar de mis dificultades, como foro de encuentro y ventana que habla de lo que compartimos abrí hace tiempo elblogdelaula300.blogspot.com

Diría que algunas de las hermosas frases recogidas en este artículo están esbozadas de una forma mucho más modesta en los diferentes posts de la 300..

Casi Nada que objetar a tus ideas, pero el ejemplo de Barenboim ya es cargante. A través de su"ejemplo" se intenta borrar lo que de verdad esconde.
Uno, para empezar España no permite la doble nacionalidad. Y prácticamente muy pocos países: Si eres español no puedes pedir una doble nacionalidad, pero Israel la otorga sin problemas (si cumples sus requisitos, claro)
No puede tener ciudadanía Palestina porque Palestina no tiene Pasaporte puesto que para poder salir de allí, es el invasor Israel quien lo decide. No tienen más que un papel que a veces sirve y a veces no, pero seguro que te digo que para viajar no vale.
El rollo estomagante del "Middle East Diwan" ese suyo no engaña más que a los bobos. La música no hace la paz entre quienes llevan los fusiles y obligan a agacharse a los otros. Hay Palestinos que viven en Israel por azar pero bajo sus normas. Los Israelíes que se "acercan" al problema Palestino y piden que se solucione siguen viviendo en casas que no eran suyas y con privilegios que superan al de los mínimos derechos de los Palestinos. Así es fácil pedir" que todos seamos hermanos"
Y con respecto a comparar a Docentes con Directores de Orquesta... sólo basta un día en una escuela pública de España para ver que los alumnos que no quieren no son disciplinados músicos y que la emoción con la que hablas del Bluff de Barenboim no se repite con"el de Ciencias" o "el de Inglés" de cualuqier IES de España.

Comparar músicos profesionales con estudiantes adolescentes no es del todo acertado, aunque comparto la idea final.

http://areaestudiantis.com/

Suele suceder que, al acordarnos de alguno de nuestros profesores, recordemos cuáles eran sus virtudes, manías y peculiaridades antes que los contenidos académicos que nos impartió. En contadas ocasiones, podemos asociar un profesor con una enseñanza concreta que nos impactó en su momento y hemos mantenido a lo largo de nuestra vida.

Esto me hace pensar que lo más importante que aporta todo aquel que se dedica a la docencia es su persona; aquello que la hace única y se manifiesta en una forma de estar, de moverse, de hacer y de transmitir las cosas. Y eso es lo que se recuerda, lo grato o lo ingrato de su compañía, lo valioso o nefasto que resultó trabajar con él y las puertas que fue capaz de abrir o que tuvo a bien cerrar.

Es una mala comparación, pero hay cierta similitud entre el desarrollo de una clase convencional y la representación de una obra de teatro. En uno y otro caso se recita un texto escrito por otros y el éxito o el fracaso de la obra depende, además de la calidad del texto, de la aportación del actor.

Porque, por más que se quiera profesionalizar y por muchos libros de didáctica que se escriban, la educación tiene tanto de arte como de ciencia. No basta con dominar una materia, también hay que saberla comunicar y, sobre todo, poner pasión en ella. Y hay un tercer componente, posiblemente el más importante, que es la intención, la dedicación y la responsabilidad de facilitar que los demás aprendan.
http://www.otraspoliticas.com/educacion/el-valor-anadido

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Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: arroyocarlos@ayudaalestudiante.com

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