Ayuda al Estudiante

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El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: arroyocarlos@ayudaalestudiante.com

Libros

Soy estudiante y necesito ayuda

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La trampa de la multitarea

Por: | 28 de febrero de 2013

La multitarea es casi una caricatura de la tarea

A mediados del siglo XVI no existían Facebook, Twiter, WhatsApp o Tuenti, los modernos herederos de la televisión en la categoría de ladrones de tiempo, pero ya había quien denunciaba los problemas derivados de querer estar a la vez en todas partes, la mejor manera de no estar de forma provechosa en ninguna. Nada menos que el filósofo Blaise Pascal decía: “La desgracia del hombre proviene de una sola cosa, y es el no saber permanecer en reposo en una habitación...”.

Pascal murió a los 39 años, pero seguro que le hubiera dado un patatús aún más prematuro si hubiera tenido ocasión de ver a los jóvenes del siglo XXI en sus habituales sesiones de multitarea. Es decir, haciendo simultáneamente cosas como ver la tele, repasar un examen, atender al mail, mantener una charla por WhatsApp, oír música con un solo auricular, tener el ordenador portátil sobre sus piernas vomitando fuego, tomarse un vaso de zumo y un par de galletas (sembrando de miguitas el sofá) y consultar en la web qué ponen en la mismísima tele que está viendo, todo ello mientras se van poniendo poco a poco el pijama.

Así que aquel deseo de Pascal de permanecer en reposo en una habitación, se supone que concentrado en sus pensamientos o simplemente relajado, es hoy casi una especie de locura o alucinación. Con la salvedad de esos seres excepcionales que practican yoga o meditación trascendental. Pero creo que no vendría mal recuperar la certeza de que la multitarea es una trampa paquidérmica. ¿Por qué?

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La educación traicionada

Por: | 25 de febrero de 2013

Manifestación en defensa de la educación
 

Decir que la educación es muy importante y en ella nos jugamos el futuro ya no sirve para nada. Porque es un tópico sin el que nadie sale de casa, y mucho menos el político que va al encuentro de un micrófono o una cámara. Como todo el mundo lo suscribe y nadie dice lo contrario, aunque la educación le preocupe lo mismo que la mosca del vinagre, ha degenerado en una frase altamente sospechosa de ser pura coartada o un lanzagranadas político contra el de enfrente.

Lo más sensato es considerarla por defecto el apartado 0 de cualquier intervención política. Como si fuera una especie de carraspeo para afinar la voz y así pasar directamente al siguiente punto, que debería ser y casi nunca es una respuesta clara a esta pregunta: “¿Qué propone usted que hagamos?” . Ahí es donde se complica la cosa, porque entramos en un terreno en el que lo que cuenta es la credibilidad de quien habla y el contenido de sus propuestas, y no la mera reconstatación de los problemas, el volumen de sus proclamas o el color político que luce en la banderita de la solapa.

Lo cierto es que la educación es ahora un territorio minado sobre el que algunos ciudadanos y la mayoría de los dirigentes políticos caminan como si fueran expertos (algún lector me ha reprochado exactamente lo mismo a mí), con ese áspero aire tabernario de “esto lo arreglo yo en un pispás”, mientras algunos otros huyen medio acobardados por la sospecha de que “esto no hay quien lo arregle”.

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El deporte que educa

Por: | 21 de febrero de 2013

Dos deportistas excepcionales, Raúl y Xavi

Antiguamente se decía que, en deporte, lo importante es participar. Traducido al idioma actual, que no ganábamos ni atando de pies y manos a los rivales. Aquellos tiempos los han conocido muchos profesores y padres, pero no la mayoría de los estudiantes. A estos les ha tocado vivir una época en la que participación y victoria son palabras frecuentemente asociadas.

Que se lo digan a Nadal, a Gasol, Gemma Mengual, Arantxa Sánchez Vicario, Mireia Belmonte, Xabi, Iniesta o, aunque algunos lo hayan olvidado, ese modélico deportista llamado Raúl González. Es solo parte de una larga lista en la que están por méritos propios las selecciones masculina y femenina de waterpolo y de balonmano, así como las majestuosas de fútbol y baloncesto, o numerosos escaladores, como Edurne Pasabán o Iñaki Ochoa, fallecido en el Himalaya y una personalidad muy especial (si se puede ser montañero sin una personalidad muy especial).

Todos ellos, y unos cuantos más, son auténticos modelos de inspiración para los jóvenes (y no jóvenes), y algunos, además de ser admirables por su tipo de personalidad, lo son porque se rigen en su vida deportiva por valores morales más elevados que el común de los mortales. Lo que hace atractivos a deportistas como Nadal, Xabi, Iniesta o Raúl no es que hayan ganado mucho, sino que, habiendo ganado casi todo, saben perder mejor que los que no han ganado casi nada. Son tan elegantes, o más, en la derrota que en la victoria. Y no es fácil, porque la competitividad al máximo nivel se lleva por delante unas cuantas cosas. A veces, casi todo.

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¿En qué se parecen un profesor y un director de orquesta?

Por: | 18 de febrero de 2013

Daniel Baremboim

Una de las mayores frustraciones de un profesor es comprobar cómo sus esfuerzos se estrellan contra una rica gama de actitudes que van de la flojera mental a la indiferencia, si no algo peor. No siempre es así, pero, cuando ocurre, es desesperante. Son situaciones que provocan sentimientos muy negativos y generan en las ganas de enseñar de cualquier profesor un desgaste cada vez más corrosivo.

A ello se suma el hecho de que a los profesores se les valora en general por los resultados de sus alumnos, más que por su trabajo propiamente dicho, si es que ambas cosas pudieran diferenciarse tan fácilmente. Eso provoca que un profesor pueda creer que desempeña su tarea bien, o incluso muy bien, pero, a la hora de la verdad, si sus alumnos no entran en el juego, se considera que ha hecho un mal trabajo. Aunque ya están acostumbrados, muchos docentes siguen resistiéndose a aceptar esa forma de evaluación indirecta.

Su tentación es pensar: “Enseño lo mejor que puedo, y el que no me siga, allá él. Yo he hecho mi trabajo”. O incluso: “Yo tengo mi dignidad y no me voy a matar por unos descarriados que no se merecen mi esfuerzo”. Es una manera de ver las cosas que puede llegar a comprenderse, pero es equivocada. Es necesario cambiar la perspectiva, y para ello resulta inspiradora la metáfora del director de orquesta.

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Una reforma de cartón piedra

Por: | 12 de febrero de 2013

Cualquier reforma educativa es el reconocimiento implícito de un fracaso o, mirado con buenos ojos, una reacción terapéutica ante desajustes importantes o generalizados. Pero también es una gran oportunidad, con toda la dosis de incertidumbre que tienen las oportunidades.

En cualquier sitio, menos en España. Aquí nos permitimos el lujo de afrontar ciertas oportunidades dejando su margen de incertidumbre reducido a nada. Es lo que sucede con la reforma educativa (Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa, LOMCE) con la que el Gobierno está sacudiendo el ecosistema educativo y social.

La moneda del éxito o el fracaso de la llamada reforma Wert no está en el aire. Ha caído y deja ver la cruz del fracaso.

Y Wert lo sabe. O debería saberlo, porque de él se pueden decir muchas cosas, pero no es inteligente dudar de su inteligencia. Quizá sí del estado transitorio de su inteligencia, pero no de ella en sí misma. Qué le vamos a hacer… uno de los efectos secundarios de la política partidista es una severa intoxicación de la mente de cualquiera que pase un cuarto de hora expuesto a sus radiaciones. Le pasaba de vez en cuando al mejor político del mundo, que fue Leo McGarry, inolvidable jefe de Gabinete del presidente Jed Barlett, en El Ala Oeste de la Casa Blanca. Cómo no habría de pasar en el entorno, bastante más rústico, que disfrutamos aquí.

Leo McGarry, jefe de Gabinete del presidente Barlett, en El Ala Oeste de la Casa Blanca
Decía el premio Nobel de Física Richard Feynman que “lo que no está rodeado de incertidumbre no puede ser verdad”. La reforma Wert está rodeada de cualquier cosa menos incertidumbre, en cuanto a sus posibilidades de éxito, así que deberíamos seguir a Feynman (algo sumamente recomendable en general) y reconocer que esa reforma no puede ser verdad o, por decirlo menos metafóricamente, está condenada al fracaso. De hecho, ya es una reforma de cartón piedra que debemos dar por fracasada un año antes de entrar en vigor.

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