Ayuda al Estudiante

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El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

Una reforma de cartón piedra

Por: | 12 de febrero de 2013

Cualquier reforma educativa es el reconocimiento implícito de un fracaso o, mirado con buenos ojos, una reacción terapéutica ante desajustes importantes o generalizados. Pero también es una gran oportunidad, con toda la dosis de incertidumbre que tienen las oportunidades.

En cualquier sitio, menos en España. Aquí nos permitimos el lujo de afrontar ciertas oportunidades dejando su margen de incertidumbre reducido a nada. Es lo que sucede con la reforma educativa (Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa, LOMCE) con la que el Gobierno está sacudiendo el ecosistema educativo y social.

La moneda del éxito o el fracaso de la llamada reforma Wert no está en el aire. Ha caído y deja ver la cruz del fracaso.

Y Wert lo sabe. O debería saberlo, porque de él se pueden decir muchas cosas, pero no es inteligente dudar de su inteligencia. Quizá sí del estado transitorio de su inteligencia, pero no de ella en sí misma. Qué le vamos a hacer… uno de los efectos secundarios de la política partidista es una severa intoxicación de la mente de cualquiera que pase un cuarto de hora expuesto a sus radiaciones. Le pasaba de vez en cuando al mejor político del mundo, que fue Leo McGarry, inolvidable jefe de Gabinete del presidente Jed Barlett, en El Ala Oeste de la Casa Blanca. Cómo no habría de pasar en el entorno, bastante más rústico, que disfrutamos aquí.

Leo McGarry, jefe de Gabinete del presidente Barlett, en El Ala Oeste de la Casa Blanca
Decía el premio Nobel de Física Richard Feynman que “lo que no está rodeado de incertidumbre no puede ser verdad”. La reforma Wert está rodeada de cualquier cosa menos incertidumbre, en cuanto a sus posibilidades de éxito, así que deberíamos seguir a Feynman (algo sumamente recomendable en general) y reconocer que esa reforma no puede ser verdad o, por decirlo menos metafóricamente, está condenada al fracaso. De hecho, ya es una reforma de cartón piedra que debemos dar por fracasada un año antes de entrar en vigor.


El premio Nobel de Física Richard Feynman
Para llegar a esa conclusión no es necesario leer sus 68 páginas, en las que inevitablemente hay puntos con los que estar de acuerdo no requiere descomunales esfuerzos. Pero este comentario de hoy no se adentrará en su contenido, analizado profusamente en los medios. La única excepción es la del párrafo inaugural de la exposición de motivos, que de septiembre a diciembre se metamorfoseó de modo desconcertante:

En septiembre: “La educación es el motor que promueve la competitividad de la economía y las cotas de prosperidad de un país; su nivel educativo determina su capacidad de competir con éxito en la arena internacional y afrontar los desafíos que se planteen en el futuro. Mejorar el nivel de los ciudadanos en el ámbito educativo supone abrirles las puertas a puestos de trabajo de alta cualificación, lo que representa una apuesta por el crecimiento económico y por conseguir ventajas en el mercado global”.

En diciembre: “Los alumnos son el centro y la razón de ser de la educación. El aprendizaje en la escuela debe ir dirigido a formar personas autónomas, criticas, con pensamiento propio. Todos los alumnos tienen un sueño, todas las personas jóvenes tienen talento. Nuestras personas y sus talentos son lo más valioso que tenemos como país”.

De la comparación de ambos párrafos nace la pregunta ella solita. Si en tres meses hay un cambio de arranque tan brutal ¿en qué estarán pensando los promotores de la ley, de verdad de la buena? ¿En lo de comienzo de curso: economía, globalización, competitividad, vida laboral? ¿En lo de Navidad: persona, talento, autonomía, creatividad?

Parecen dos leyes distintas. Dos leyes de distinto partido. No hay que ir muy allá para maliciarse que no es más que un maquillaje de corrección política para reducir el flanco de exposición a la indignación y a las numerosas críticas generadas en la comunidad educativa, ya suficientemente castigada por la tijera gubernamental.

Pero volvamos al enfoque inicial. ¿Qué tiene esta reforma que la convierta en un fracaso antes de estrenarse? Cinco majestuosas equivocaciones de manual y a las que ya somos aficionados en España: objetivo desenfocado, rechazo docente, pésima explicación social, desconsideración territorial y falta de consenso político. Solo con estos cinco lastres, daría igual que su contenido fuera plausible, nefasto o mediopensionista. Ya es un fracaso.

El ministro de Educación, Juan Ignacio Wert

Esos errores se deben al incumplimiento de los cinco principios que ningún político debería perder de vista antes de embarcarse en la extraordinaria tarea de llevar adelante una reforma educativa. Wert ha sido ingenuo o arrogante, o una refinada combinación de ambas cosas, al desatender estos prerrequisitos para el éxito de las reformas educativas:

  1. Que tengan como objetivo esencial, real y creíble, la mejor educación de los estudiantes. Lo cual requiere un diagnóstico y unas propuestas en las que algo podrían decir los expertos y, entre ellos, los docentes que trabajan a diario con los estudiantes, pero no parece que este haya sido el caso. Dicho sea con el respeto político que a cada uno le merezca, el propósito de “españolizar a los alumnos catalanes” (minuto 2.43 de este vídeo) no es ninguna contribución a la mejora de la educación. Es una sobresaliente declaración política de intenciones, que no es lo mismo.
  2. Que cuenten con un buen nivel de apoyo de los profesores. Para lo cual las propuestas tienen que ser debatidas en su ámbito. Si quienes tienen que implementarlas no participan en su articulación, su aplicación será desganada y de cualquier manera, aunque fuera la mejor reforma del mundo.
  3. Que sean bien explicadas a las familias y a la sociedad en su conjunto. Su complicidad es necesaria para que las reformas se consideren un bien necesario, por el que merece la pena esforzarse en cambiar. Si las familias no entienden o no comparten el sentido de la reforma, también se sentirán excluidas y esta nacerá desprestigiada, sin el arraigo social que necesita cualquier proceso de cambio colectivo.
  4. Que sean corresponsabilidad de todos los Gobiernos. Gestionar la relación del Gobierno central con las Administraciones autonómicas al viejo estilo de “yo invito y tú pagas” es una técnica que no funciona. Por muy crítico que uno sea con las duplicidades administrativas, cualquier político despierto debería tener muy en cuenta la geografía del poder antes de lanzarse al ruedo creyéndose ungido de la razón de Estado. No es lo mismo ser valiente que temerario: Esperanza Aguirre lo vivió en sus propias lágrimas, en diciembre de 1997, con el rechazo del Parlamento a su Plan de Humanidades.
  5. Que sean estables en el tiempo. Los movimientos educativos son lentos, graduales y casi subterráneos. Siembra un ministro (o un partido) y recoge otro. Para lo bueno y para lo malo, la educación se toma su tiempo. Traducido en términos políticos, esto quiere decir que cualquier reforma no consensuada entre los partidos mayoritarios nace con fecha de caducidad (por efecto de lo que podríamos llamar la venganza alternativa).

Por todo lo anterior, que imagino que Wert conoce a la perfección, está cantado que la salida del Gobierno supondrá sin duda el fin de la LOMCE. Y después vendrá la octava reforma de la democracia. A este paso superaremos en reformas educativas al Real Madrid en Copas de Europa. Lo único que queda por concretar es cuándo. Mientras, estudiantes, profesores y padres siguen esperando una reforma de consenso, bien trabajada previamente y enfocada a la educación.

Sentados, eso sí.

 

Otros posts sobre la reforma educativa

En este blog se han publicado otros posts sobre la reforma educativa. Por si el lector se siente interesado en ellos, son los siguientes:

Necesitamos dos cosas: reconciliación educativa y reforma multipartidista.

Yo sospecho de ti y tú sospechas de mí: el colapso educativo.

Por la superación de la ignorancia (a modo de posdata). Autor invitado: Juan Francisco Martín Castillo.

La burbuja educativa: origen y necesidad de una reforma. Autor invitado: Juan Francisco Martín Castillo.

No necesitamos una contrarreforma educativa. Autor invitado: Oriol Prunés.

Qué enseñar y cómo aprender.

La educación traicionada.


 


Hay 15 Comentarios

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¿Y donde están los jóvenes ejerciendo de tales? Si, a veces hacen una procesión....pero sin fe.

Profesor de filosofía me recuerda a un interino de la pública que daba palmas por la concertada. Este curso, de momento, está a cien kilómetros de casa. El que viene, con seguridad, parado en casa.

Profesor de Filosofía, cuando te quedes en paro en dos años o termines dando clases (dado que han eliminado tu asignatura) de alternativa a la religión, que la LOMCE, reforma catequista, quiere meter con calzador, y en condiciones de privilegio, en la educación española, entonces acuérdate de las palmas que diste en nombre de una "renovación educativa" que esta ley diseñada a través de estudios de mercado y bajo la influencia del Opus Dei y los Legionarios de Cristo va a traer. Ya veremos cómo salen los chavales que estudien en los oscuros años de la LOMCE en comparación con los que les precedieron y con los que les sucedan. Y es muy arrogante, por cierto, creer que los que critican algo que a uno le gusta "desconocen el texto"; puede que se lo hayan leído y hayan entendido su calado mucho mejor que Ud.

El mundo es un enorme mercado en el que todo se vende, tanto los recursos como los talentos. Una enorme fábrica en la que hay muchas más personas ocupadas en vender lo que se produce que en fabricarlo. Se crean así miles de empleos ficticios y de necesidades inventadas y se construye una sociedad de trabajo y de ocio en la que se paga para que alguien o algo nos diviertan.

Somos muchos y no hay suficiente para todos, solo para los mejores, para los más listos o los más fuertes, para los que están mejor preparados. Este es el mensaje y está en contradicción con el modelo de escuela pública que se postula en las leyes educativas: una escuela que facilita la igualación social incluyendo a todos y en la que nadie debería sentirse discriminado por su diferencia.

Pero esta incoherencia entre lo que se dice y lo que se hace nos afecta a todos. Hay un sentir ambiguo en el que, por un lado, queremos una educación distinta y, por otro, necesitamos la seguridad de que esta educación no nos deja en desventaja. Y buscamos una solución de compromiso que quiere creer que la fórmula consiste en formar mejor a los profesores, en que estén mejor pagados, dispongan de más recursos y sean capaces de motivar más a sus alumnos. Esto ayudaría, pero no basta ni es lo fundamental.
http://www.otraspoliticas.com/educacion/incoherencias

Estoy totalmente de acuerdo con la exposición, por lo demás bien razonada, del comentario del "Profesor de Filosofía". Se nota, desde las primeras líneas, que escribe con pleno conocimiento de causa. Recomiendo, para seguir leyendo, los artículos de Martín del Castillo, aparecidos en la revista salmantina "Foro de Educación" (www.forodeeducacion.com). No tienen desperdicio.

Estoy de acuerdo con lo esencial de este artículo. En un mundo global la educación ha de ser multifocal y dialógica. Esto no es incompatible con una cultura del esfuerzo. Ahora bien, el esfuerzo y los objetivos cumplidos tienen que identificarse con una mezcla de formación especializada y capacidad crítica general. Identificar, como hace la LOMCE y la futura reforma del sistema educativo superior universitario con la competitividad, el individualismo y el éxito económico- financiero-empresarial, perdón, pero eso sí que es un error de bulto. Fdo.Profesor de antropología de una universidad pública del estado español...

Es cierto que hay un enorme problema en la educación española. Cualquiera lo puede advertir echando un simple vistazo a la realidad de las aulas. Precisamente, eso es lo que le falta a este artículo, que, como tantos otros, reduce la cuestión a la banalidad de una posición ideológica. No discuto que uno pueda ofrecer su particular punto de vista, si está convenientemente fundamentado en la experiencia o en el concurso de la razón experta, pero ni lo uno ni lo otro se reflejan en el texto del artículo. Decir que la mayoría del profesorado está en contra de la nueva disposición legislativa es de tal arrogancia que no merece comentarios. Muchos docentes guardamos silencio, justamente, para que no se malinterpreten nuestras palabras o, dado el caso, para que no sean manipuladas por el supuesto especialista de turno. España necesita una reforma educativa de gran calado, que revise a fondo la pedagogía paternalista, nacida bajo el cobijo de la desgraciada LOGSE, que degrada a los alumnos haciéndoles creer que la educación no precisa esfuerzo y dedicación. Mezclar, por último, el artificio de la supuesta privatización de la enseñanza con lo que, en esencia, es la cruda realidad de una educación en niveles paupérrimos no deja der ser otra maniobra manipuladora del gusto de estos pedagogos de salón. Soy profesor en un centro público con un largo recorrido profesional a las espaldas, y me siento orgulloso de ello, pero de ahí a que se desprecie la idea de un cambio radical en el sector educativo hay un abismo. Por favor, antes de editar artículos de opinión, como el de referencia, sería deseable una lectura atenta del mismo, sobre todo, para evitar las desagradables e injustas generalizaciones que el firmante exhibe como las verdades del barquero.

Muy buen artículo. Gracias.

el mayor problema es que se considera que la educacion debe de tener la carga ideologica del gobierno que esta en el poder y se cambian. y eso se hace sin tener en cuenta a los padres, a los alumnos y al profesorado. y encima, con hipocresia, diciendo que la educacion es basica mientras se les recortan los fondos.

Propongo que alguien en change.org, recoja firmas para llevarlas al Parlamento y poner en la picota al indeseable de Wert. Si eso se hace se puede recoger 500.000 firmas. Adelante.

Esta ley es un atentado contra la libertad y una limitación de nuestras posibilidades intelectuales. Quieren crear robots programados sin pensamiento crítico. Muy del PP, vaya! Espero que les pete en la cara antes de que entre en vigor!

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Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: [email protected]

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