Ayuda al Estudiante

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El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

La memoria no es lo primero

Por: | 21 de marzo de 2013

Profesora en la pizarra
La memoria da juego en las conversaciones adultas. Cuántas charlas no estarán impregnadas de lamentos por su ausencia, cuando no del pánico ante la posibilidad de que se vaya para no volver. Solo el paso de los años deja asumir su fragilidad, que en realidad es la de nuestras fatigadas redes neuronales.

Nuestros hijos viven ajenos a esa realidad. A menudo sobrevaloran sus posibilidades y pagan inconscientemente las consecuencias, en forma de mediocres resultados, sobre todo en sistemas educativos como el nuestro, que siguen promoviendo el memorismo de forma excesiva. Pero no pretendo centrarme en el sistema educativo: mi objetivo es solo animar a los adultos a convencer a los jóvenes a quienes educan de que venzan la tentación de ponerse a memorizar incluso antes de sentarse ante el escritorio. Porque, para aprender, la memoria no es lo primero.

La lista de los reyes godos, como encarnación de determinado enfoque pedagógico, es un símbolo remoto para la mayoría de las personas. Pero el memorismo, la reivindicación de una añorada enseñanza basada en el recitado o evocación literal de contenidos (hayan sido o no interpretados, comprendidos, analizados y conectados para enganchar nuevos conocimientos), sigue vigente, de forma más sofisticada, en el inconsciente (¿solo en el inconsciente?) de no pocos padres, profesores e incluso estudiantes.

Y nos vemos entonces en una encrucijada. La que se produce entre el memorismo y el “aprendizaje significativo”, que no es incompatible con la memoria, pero se basa esencialmente en la comprensión. Es un dilema sustancial, que ha dado incluso combustible para foguear divergencias políticas sobre la manera de concebir la educación.

Puestos a elegir, todos preferimos la comprensión. La diferencia es qué proponemos para cuándo no se alcanza: ¿nos conformamos con memorizar literalmente, o seguimos trabajando hasta conseguir la comprensión? No es un dilema menor, y podría reflejarse en paralelo con algunos otros: aceptación sumisa o revisión crítica; reproducción mecánica o creatividad personal; descripción o indagación. O, dicho en términos más prácticos: hasta aquí y a partir de aquí. En fin, cada uno podría idear decenas de esquemáticos dilemas paralelos.

Pero quizá necesitemos reorientar el foco hacia la dicotomía comprender / memorizar. Separemos para luego reunir.

  • Comprender implica, en su sentido más profundo, tejer una red en la mente en la que se alojan ideas, conceptos, términos, nombres, números o hechos con relaciones bien definidas entre sí (antes/después, causa/consecuencia, mayor/menor, azaroso/causado, más amplio/más restringido, interdependiente/independiente). Esta especie de tela de araña se soporta consistentemente a sí misma y genera eficazmente huecos mentales para comprender, asociar y alojar nuevas ideas. La comprensión da una enorme solidez al conocimiento preexistente y lo proyecta hacia la comprensión de lo nuevo, hacia la exploración de lo desconocido. Un mundo comprendido es un mundo que pide más. Se asemeja al conocimiento científico: solo comprendiendo progresivamente el universo llegamos a ampliar el límite de nuestro conocimiento a zonas inicialmente alejadas incluso de nuestra percepción. Ello no sería posible sin la comprensión y sin el pensamiento derivado de ella. (Nadie se imagina a Newton formulando su Teoría de la Gravitación Universal solo porque de pronto recordó algo estudiado de memorieta).
  • Memorizar es una función, idealmente posterior a la de comprender, que resulta imprescindible para que luego podamos recuperar y, por lo tanto, utilizar o aplicar, lo comprendido. En un mundo teórico, si los humanos no pudiéramos memorizar, no podríamos ejercitar casi ninguna función intelectual y, en concreto, las relacionadas con el aprendizaje. Luego no se trata de desvirtuar la palabra, porque memorizar es esencial para un estudiante, siempre que sepa que es necesario, pero no suficiente.

Joven estudiando
El enfrentamiento encarnado por estos dos términos es un asunto controvertido, pero, en sentido estricto, debería ser considerado un falso dilema. Quiero decir que es erróneo abordar el asunto de forma excluyente, como si uno tuviera que elegir a la fuerza entre uno de los dos términos: o comprender o memorizar. Elegir es perder. Al menos por estos cinco motivos:

  1. Comprender sin memorizar es quedarse a medias, porque el objetivo del aprendizaje es incorporar las ideas a la mente, no simplemente captar las relaciones entre ellas para dejarlas abandonadas a continuación.
  2. Intentar comprender sin que la mente se proponga memorizar provoca una caída de tensión intelectual que puede entorpecer el proceso de comprensión. Se trata de dotar a este proceso de un objetivo exigente.
  3. Memorizar sin comprender (lo que se suele llamar aprender de memorieta, o memorizar a palo seco) es una tarea ardua a poco que el contenido sea complejo, porque los circuitos neuronales no ofrecen gran soporte a aquello que no adquiere relevancia o es significativo por diversos motivos (por ejemplo, porque se entienda bien, porque haya una gran implicación emocional, porque suscite un enorme interés previo, o porque haya resultado sorprendente, grato o incluso traumático).
  4. Memorizar sin comprender es relativamente fácil solo para contenidos breves y con cierto nivel de relación interna, por parecida razón a la citada anteriormente. Pero es complicado para contenidos largos y no muy claramente conectados
  5. Con la excepción de aquellas memorias prácticamente de concurso, que se comportan como un super glue con todo aquello que pasa a su lado, memorizar sin comprender no ofrece la menor garantía de permanencia en el tiempo, porque, al estar los conceptos  enganchados en la mente prácticamente con alfileres, con las mismas que llegaron se van. Y si lo memorizado no dura en la mente, ¿para qué lo queremos? ¿Para salir del paso de una pregunta o un examen? ¿Ese es el objetivo de la educación a largo plazo? ¿Salir de un apuro o enriquecer el conocimiento del mundo para aportar algo al mundo?

De modo que deberíamos transformar el dilema Comprender/Memorizar más bien en un proceso interactivo: comprender-memorizar, comprender más-memorizar más, comprender mejor-memorizar más sólidamente. Es decir, comprender antes de memorizar, y aprovechar lo memorizado para comprender mejor lo nuevo, que también se ha de memorizar, en la medida de lo posible, para así alimentar en profundidad ese gran ciclo de aprendizaje.

Esa es la estrategia intelectual a seguir para nuestros estudiantes. Porque la comprensión sin memoria es insuficiente y la memoria sin comprensión es dificultosa y poco fiable. Así que no queda más remedio que considerarlas una pareja de hecho encantada de haberse conocido. Pero eso sí: la comprensión, primero.

Es fácil decirlo.

Aplicarlo a fondo a un sistema educativo sería una revolución.

 

 

 

Hay 2 Comentarios

Hola muy interesante artículo, muy de acuerdo =)
comparto: https://www.youtube.com/watch?v=mq-elO4eejs

Decir que la escuela mata la creatividad es casi un tópico, especialmente después de la gran difusión de los vídeos de Ken Robinson sobre el tema, pero lo cierto es que en el mundo de lo académico no suele buscarse el cambio, sino que se dificulta o no se tolera. No se fomenta la búsqueda de respuestas nuevas, sino que se tiende a reproducir las soluciones que parecieron válidas en otro tiempo. Y con esta actitud de aferrarnos al pasado no estamos facilitando las innovaciones que nos demandará el futuro.

Se concibe el aprendizaje como una acumulación de informaciones, cuantas más mejor, que van ensamblándose con las anteriores. Pero así no puede surgir nada distinto de lo conocido, solo se refuerza o se retoca lo que ya se tiene. El verdadero aprendizaje supone una transformación. Para que afloren nuevas formas de hacer y de pensar, es preciso destruir y construir continuamente. Se necesita estar dispuesto a desprenderse de lo que no sirve aunque no estemos totalmente seguros de lo nuevo.

Pero no se puede crear sin conocer, partiendo de la nada. Y esta es una de las funciones reconocidas de la educación: proporcionar una base sobre la que impulsarse.

http://www.otraspoliticas.com/educacion/desaprender

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Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: arroyocarlos@ayudaalestudiante.com

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