Ayuda al Estudiante

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El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

¿Premiar por estudiar?

Por: | 07 de marzo de 2013

Jóvenes motoristas
“Te regalo una moto si apruebas todo el curso”. ¿Os suena de algo? ¿Habéis oído esa frasecita? Peor aún, ¿la habéis pronunciado? Mil perdones, pero debo decir que, normalmente, es un gran error, y que me disculpen también los fabricantes de motos, los motoristas, los mecánicos de motos e incluso William S. Harley y su amigo Arthur Davidson en persona.

Utilizo la moto como símbolo. No tengo nada contra las motos conducidas como si fueran skateboards en el Paseo de la Castellana, de Madrid, por estudiantes de Bachillerato, como tampoco contra los coches deportivos de color rojo en manos de chicos de 18 años y un mes. Pobres motos y pobres coches. Pero, dejando a salvo posibles excepciones, lo tengo, y mucho, contra el trasfondo educativo que hay en esas situaciones.

Cuando los padres utilizan la moto (insisto, como símbolo) como premio, convendría que tuvieran en cuenta esta especie de diez mandamientos sobre el arte de premiar conductas adecuadas, con el fin de que los premios, en lugar de ser perniciosos, sirvan de refuerzo de los comportamientos positivos:

  1. Explicar las razones concretas del premio (no dejarlas en la niebla de una conducta general).
  2. Premiar más pronto que tarde (el retraso diluye el vínculo con la conducta premiada).
  3. Premiar algo realmente destacado dentro del contexto general (no cualquier cosa, aunque sea positiva).
  4. Premiar más bien pocas que muchas veces (los premios continuos se perjudican unos a otros en su respectiva capacidad de refuerzo).
  5. Premiar con algo que sea apreciado por el premiado (no solo por el premiador).
  6. Premiar con algo que no sea considerado negativo por el premiador (aunque sea deseado por el premiado).
  7. Premiar especialmente las conductas que supongan un cambio a mejor (más que las rutinarias, aunque puedan ser positivas: esas no necesitan apenas refuerzo).
  8. No incumplir jamás la concesión de un premio cuando se cumplan las condiciones preestablecidas.
  9. Distinguir las situaciones en las que un reconocimiento sincero tiene igual o más valor que un premio material.
  10. Premiar de forma ponderada (no dar premios exagerados por conductas normales o incluso exigibles).

A la luz de esta decena de pautas, la mayoría bastante reconocidas por todos a poco que las piensen, creo que podremos mirar de otra manera la situación en la que los padres (generalmente el padre) le prometen una moto a un chico de 17 o 18 años simplemente por aprobar (habrá ocasiones en las que solo aprobar ya es muy meritorio, pero no son, ni mucho menos, la mayoría).

En términos generales, prometer una moto a un chico o una chica para que haga aquello que tiene obligación de hacer incumple sobre todo el punto 10 y el 3, y probablemente también el 6 y el 7. Si a ellos sumamos que, a menudo, la razón de la moto de un joven es simplemente que su amigo o su amiga ya la tienen, hay que reconocer que la moto puede ser cualquier cosa, menos un premio razonable. En muchos casos se ha convertido en una especie de derecho básico de la juventud. Lo cual es una aberración. Todo ello, sin contar con la cuestionable capacidad de conducir con sensatez y sin sobrevalorarse de muchos adolescentes, que raramente llega a ser de aprobado raspado.

Dejando aparte el motorismo deportivo, el síndrome de la moto adolescente es una moda, una tendencia, un sueño juvenil, una exigencia filial o todo lo que se quiera, pero, desde luego, en la mayoría de los casos, no es precisamente un acierto educativo.

Con el permiso de nuestros campeones mundiales y de los numerosos aficionados al género.

Hay 13 Comentarios

Trabajé como profesora un año en un barrio con un alto índice de paro, en un barrio en que la mayoría de los niños vivían con sus abuelos y en la al menos un progenitor estaba o había estado en la cárcel. Y todavía se me ponen los pelos de punta cuándo recuerdo niños que no sabían leer ni escribir (y no exagero, es textual) manipulaban a sus padres para que les comprasen una moto ( y uso bien la palabra, manipular) porque luego si le compraban la moto aprobarían. ¿Alguien adivina lo qué paso? Pues sí, le compraron la moto ahh pero por supuesto no aprobaron.
Así que lo siento, eso de los incentivos funciona con qué determinado tipo de adolescentes. Segundo, creo que un estudiante su responsabilidad es estudiar. Y la recompensa, pues antes (en estos tiempos no sé) era el poder trabajar en lo que quisieses, en tener un futuro. Y la recompensa puede ser incluso el aprender por el simple placer de aprender.
Y más se me ponen los pelos de punta cuando recuerdo que había alumnos que no tenían para comprarse un libro pero sí para comprarse unas zapatillas último modelo. Y vuelvan a adivinar qué era más caro. Le aseguro que el libro no.

Tengo la suerte de tener dos hijas que sacan buenas notas--trabajan mucho para ello, y en casa bien que nos preocupamos por ello y les ayudamos y apoyamos. Hace poco una de sus amigas le dijo a una de ellas "y con esas notas que has sacado, qué te van a comprar tus padres?" Cuando ella le dijo que nada, la otra le contestó que si ella sacara notas como ésas, "podría pedirle a su padre cualquier cosa que quisiera"... Cuando mi hija me lo dijo le repliqué (en tono de broma, eso sí) que para otra vez le podía decir que si ella sacara las notas de su amiga, "su padre le arrancaría cualquier apéndice del cuerpo que quisiera"... es que somos...

Totalmente de acuerdo con el artículo, y con los comentarios (por ejemplo) de adndna, Vicente García, o Ricardo...

Totalmente de acuerdo con el artículo. Esto lo deberían leer algunos padres de mis alumnos, sobre todo de estos: http://detapasporsevillayotrascosillas.blogspot.com.es/2012/11/joder-con-la-ensenanza.html

Cuando cumplí 14 años, en cuarto de la ESO, mi padre me prometió una scooter si sacaba sobresaliente en 7 de las 10 asignaturas, por supuesto las chungas (en verdad siempre sacaba muy buenas notas y hasta él pensaba que me la iba a tener que comprar). Acabé sacando 9 sobresalientes ese verano, todas menos Ciencias Naturales que era una de las de la lista en la que tuve notable. Me quedé sin moto. Al año siguiente todas sobresalientes, tampoco hubo moto. Ni ese año ni nunca... yo creo que 14 años después todavía suspira aliviado por aquel notable.

Estoy de acuerdo con el decálogo, actualmente tengo un problema similar al de la moto pero con el móvil. No obstante una cosa son los premios para logros de "nivel", y otra cosa el refuerzo diário. He observado que una actitud positiva frente a los pequeños éxitos diarios representa un gran incentivo para nuestros hijos. Hay que acordarse de felicitar todos los pequeños retos que se consiguen cada dia ya que les aumenta la autoestima, les anima a abordar nuevas metas y además refuerza la afectividad y la autoridad moral que se pueda tener sobre ellos.

Resulta desalentador, pero la mayoría de nuestros comportamientos buscan conseguir un premio o evitar un castigo; es decir, están movidos por el interés o por el miedo. Y en esto se basan todos los sistemas de entrenamiento y adoctrinamiento, incluida la enseñanza: en producir placer o dolor manejando la fuerza o manipulando las emociones. Es una forma de condicionamiento que alterna entre el golpe y la caricia, la alabanza y el desprecio, la promesa y la amenaza. Así es como se acostumbra a las personas a obedecer y a buscar la aprobación.
Lamentablemente, cuando se intenta prescindir de estas prácticas, confiando en la responsabilidad y el buen criterio de las personas, los resultados no son los esperados, sino que tienden a dar la razón a aquellos que justifican su necesidad. Sin instrucciones, sin la tensión que provocan el palo y la zanahoria parece que nuestros comportamientos tienden a relajarse, parece que el cuidado, la atención y el esfuerzo que se ponen en una tarea son inferiores a los empleados cuando hay una amenaza o una recompensa. Lo cual es lógico, porque para prescindir de los premios y los castigos se necesitaría otro tipo de educación.
http://www.otraspoliticas.com/educacion/la-carita-triste-y-la-carita-alegre

A ver, Corbeau y dursakurrin: vuestro razonamiento es simplemente lamentable. No os dais cuenta de que el inculcar a un niño que el estudio es su obligacion al que mayores recompensas dara es precisamente a el mismo. Lo de la justicia y lo del beneficio se lo explicais al puñetero vago que creareis con vuestros metodos.

Me suena a lo que decian las monjas en mi colegio "tenéis que estudiar porque es vuestra obligación, no porque os vayan a regalar nada". Vamos a ver, todos hacemos algo por un beneficio. De adultos, ¿Vamos a trabajar porque somos responsables o porque a final de mes nos pagan? Pues de chavales lo mismo. Lo que debería cambiar es la cuantía del premio. La moto si sacas todo sobresalientes. Si apruebas todo, pues otra cosa a gusto del consumidor (unos zapatos, un videojuego, etc.)

Corbeau, ¿a qué te refieres con que "conseguir que nuestros hijos mantengan la salud mental con la que nacen hace innecesario el conductismo y permite la felicidad y el éxito"? Además, lo calificas como sistema, ¿qué tiene de sistemático lo que describes?
También hablas de "manipular conductualmente a nuestros hijos" como si hubiese algún ser humano que viviese libre de recibir influencias de su entorno. Toda educación es manipulación en el sentido en que produce cambios en las conductas del individuo. Además, si no es el padre el que influye, será el Gran Hermano o un Tronista de Telecinco.
Lo que en este artículo se describe trata simplemente de que las contingencias que un padre establezca en el contexto de su hijo no sólo sean eficientes, sino que , además, produzcan conductas calificables como esfuerzo. Aun a riesgo de generalizar, apuesto a que el 99% de los chicos que creen que no merece la pena estudiar si al aprobado no le sigue una moto dificilmente perseverarán en el estudio. Cada vez hará falta "una moto más grande". El estudio ha de ser reforzante por sí mismo.
Si realmente has leído algo sobre conductismo y aun así sigues afirmando eso, es que tu historia personal no ha establecido las contingencias necesarias que te preparasen para comprenderlo. No te culpo, no eres responsable de ello.

Negar que un incentivo de ese tipo puede mejorar el rendimiento del alumno es absurdo, como también lo es negar las consecuencias negativas que trae esto. ¿Donde queda la educación en la responsabilidad? ¿Y si el niño espera premios similares o mayores partir de entonces y si no, pues baja su motivación?

Yo soy de los que piensa que en estos casos es premio es más un refuerzo para el que lo da, haciéndole sentir que es un padrazo por llevar a su hijo al aprobado sin hacer más esfuerzo que sacar la billetera.

http://cocinarconciencia.blogspot.com.es/2013/03/guiso-de-cerdo-con-arroz.html

En el punto 7 hace un comentario sobre que ciertas actitudes “no necesitan apenas refuerzo”. Esto me descubre el matiz conductista del artículo: sólo hay que premiar cuando es útil a la hora para motivar. Yo no estoy de acuerdo. A veces, hay que premiar porque es lo justo, no porque refuerce nada. Manipular conductualmente a nuestros hijos puede proporcionar resultados materiales (o no), pero conseguir que nuestros hijos mantengan la salud mental con la que nacen, hace innecesario el conductismo, y permite la felicidad y el éxito. Prefiero este segundo sistema.

Habría que calcular el porcentaje de chavales que promovidos por tal incentivo aprueban o no, si el porcentaje es alto, estaré de acuerdo con lo cuál serán productivos y se merecen la moto desde luego

Se llama incentivar y no me parece mal, es productivo si tu cumples los objetivos obtendrás esta recompensa , esto se debería llevar a niveles más amplios de la sociedad, para que se aprenda a ser productivo por objetivos

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Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: arroyocarlos@ayudaalestudiante.com

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