Ayuda al Estudiante

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El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

La doble imagen de los profesores

Por: | 18 de abril de 2013

Una profesora en clase
La identidad del profesor es uno de los temas sometidos por los investigadores a análisis científicos y académicos, que es exactamente la aproximación que deseo evitar en este blog. Los profesores no necesitan grandes modelos teóricos para saber perfectamente cómo se sienten en su rol, cómo conciben su profesión y cómo observan el entorno. Pero esa perspectiva de los docentes contrasta, a menudo dolorosamente, con la forma en que son vistos por las familias, los alumnos o la sociedad en su conjunto. Se diría que estamos ante dos universos paralelos sin mayores tentaciones de confluir, como pudo ocurrir en el pasado.

Precisaré que no intento trazar un perfil general de los profesores, sino solo comentar el problema de la doble imagen, porque el desfase entre ambas visiones produce un extraordinario desgaste entre los profesores, y cierto nivel de incomprensión, descrédito e incluso intolerancia por parte de las familias (y la sociedad, genéricamente).

Eso sí, para ampliar el contexto, reconozcamos que el de la doble imagen es un problema que afecta a múltiples profesiones y, en algunas, con una brecha aun mayor que entre los docentes. Sin comparar personas, pensemos en los pilotos de avión, los funcionarios de ventanilla, los banqueros o los políticos, y se nos antojará que el de los profesores es un caso menor.

Por otro lado, convengamos en que hay profesores buenos y malos, anticuados y modernos, experimentados y novatos, con conocimientos superficiales y profundos; vocacionales y accidentales; asqueados y entusiastas... en fin, de todos los colores. En eso no se diferencian de periodistas, blogueros o artesanos del mimbre. Negar la biodiversidad, en uno u otro sentido, sería un ridículo ejercicio de sectarismo o de inocencia angelical.

A partir de aquí haré una generalización básica, pero que dibuje a grandes rasgos cómo se materializa ese divorcio en la imagen, pensando que, al ponerla en palabras, esta lista de dipolos permitirá extraer conclusiones. Aquí se plasman esos dos mundos paralelos.

El listado incluye en primer término el autoconcepto de la mayoría de los profesores. En segundo, la imagen que muchas veces se tiene desde fuera.

Soy un profesional de alta formación. / Es un profesional de formación mediana.

Me preocupo de saber mucho más de lo que necesito para transmitir y generar conocimiento. / Le basta con saber lo que va a transmitir (más o menos, dominar su libro).

Además de conocimiento, necesito dotes didácticas, y habilidad y paciencia para manejar grupos, que, además, actualmente son excesivos. / Suelta sus explicaciones y no se esfuerza en ayudar a quienes más lo necesitan.

No me dan recursos básicos para hacer bien mi trabajo. / Siempre se están quejando, pero, cuando les dan ordenadores, ni los usan.

Me piden que aplique nuevas tecnologías, pero la Administración ni me las da ni me facilita que aprenda a utilizarlas. / Están desfasados: los chicos saben mucho más que ellos de tecnología.

Gasto mucha energía en algo que debería ser ajeno a mi trabajo: controlar, disciplinar y bregar con muchos alumnos desinteresados. / Fracasa en enseñar a los chicos sentido de la disciplina y responsabilidad.

Mi trabajo es duro y muy estresante. / Solo trabaja veintitantas horas semanales y unos nueve meses al año [nota: no son datos reales, sino ideas circulantes].

La Administración me ha quitado la autoridad para gestionar eficazmente a los alumnos. / La Administración le ha quitado la capacidad de imponer sanciones exageradas o arbitrarias.

Soy un profesional vocacional cuya motivación solo ha desgastado el tiempo y la actitud de alumnos, familias y políticos. / No destaca por su vocación: quizá esté ahí porque no encontró otra cosa.

Hago por los estudiantes más de lo que muchos se merecen. / No se entrega lo suficiente con los alumnos con dificultades (y, en particular, con mi hijo).

Muchos alumnos y sus padres no me aprecian ni me respetan como merezco. / Es un profesional que no se hace respetar y no tiene en cuenta a las familias.

Muchas familias se entrometen en mi trabajo sin tener ni idea y casi nunca me apoyan. / Es susceptible y reacio a todo lo que venga de nosotros: parece que siempre molestamos.

Muchas familias depositan en mí responsabilidades suyas. / Se resiste a educar en conjunto, y solo quiere enseñar su materia, que es lo más cómodo.

Muchos padres me creen a mí menos que a sus hijos. / No sé qué tiene contra mi hijo, con lo buen chico que es cuando se le sabe llevar.

La sociedad solo me exige, pero no me otorga prestigio. / Su profesión es necesaria; pero, si quieren prestigio, que se lo ganen.

Mi retribución es insuficiente para mis responsabilidades. / Su retribución es más o menos razonable teniendo en cuenta las vacaciones que tienen. En muchos países ganan mucho menos.

La Administración nos gestiona mal y nos manipula a su antojo. / Siempre echa la culpa a la Administración y nunca reconoce sus errores.

Clase 2
La verdad es que uno echa una ojeada a la tabla precedente y le entran ganas de salir disparado, y estoy convencido de que los segundos términos no serán muy compartidos por los lectores de este blog (no solo docentes). A muchos le parecerán extraordinariamente ingratos, pero pienso que en términos sociales, muchos de ellos han calado y constituyen escollos reales que es mejor conocer que ignorar. En España ya hemos aprendido lo que pasa cuando decimos que las cosas no deberían ser así e ignoramos olímpicamente que sí son así. 

Si personalizáramos los dos extremos, ¿quién tiene razón? Estoy convencido de que la posición hipercrítica de los segundos términos está profundamente sesgada por los siguientes motivos, no todos ellos evidentes:

Sesgo por generalización. Cualquier profesión es vista de forma distinta desde fuera y desde dentro. Pensemos en médicos, periodistas o políticos. Desde fuera son tomados como arrogantes y malos comunicadores, ignorantes entrometidos o inútiles ventajistas, según los casos. Conozco a unos cuantos y creo que esos enfoques no tienen nada que ver con su autoconcepto y, frecuentemente, tampoco con la realidad en general. Se produce un sesgo de generalización: dos o tres rasgos destacados llegan a deformar la imagen de toda la profesión vista desde lejos (como si alguien creyera que todos los españoles bailamos flamenco).

Distorsión por proximidad personal. La tendencia a distorsionar la realidad es mayor cuando lo que está en juego nos afecta personalmente. Sucede con la educación de nuestros hijos. Si ocurriera con los de los demás, no tendríamos una visión tan vulnerable a la subjetividad. Si alguien tiene un hijo en el instituto, lo que pasa en ese nivel, para bien y para mal, agranda su apariencia y su importancia, mientras que lo que pasa en las guarderías pasa casi inadvertido.

Pseudoexpertos. La educación es una víctima dialéctica de los pseudoexpertos (incluido el que suscribe, según algunos lectores de este blog). Todo el mundo ha pasado por el colegio y cree entender lo que pasa en el aula. Por lo general, es una visión fragmentaria, sin matices y muy unilateral, cuando no simplemente deformada. La mayoría jamás ha tenido la oportunidad de ponerse en el lugar del profesor (si la hubieran tenido, sus opiniones variarían: no tengo ni el menor átomo de duda). Es normal que impregnen su visión con una mezcla de prejuicios y recuerdos alterados por el paso del tiempo. Sin animo de molestar, el problema es que el semiconocimiento es más difícil de reconducir que la ignorancia, como más difícil es desvelar la verdad a medias que la mentira absoluta.

Evaluación indirecta. Hay profesiones más o menos transparentes, porque su ejercicio es visible directamente, pero no ocurre así con la de profesor: lo realmente visible es su efecto en los propios estudiantes. Pero debería tenerse en cuenta que, mirando a los alumnos, se obtiene una evaluación indirecta, en la que los propios chicos también influyen, y en una medida trascendental. Los profesores trabajan con personas complejas, no son mecánicos fácilmente evaluables según funcione o no el coche tras la reparación.

Dificultad intrínseca. Trabajar con jóvenes es cualquier cosa menos fácil. Sus parámetros psicológicos e intelectuales son radicalmente distintos a los de los adultos. Son niños-adultos, en cierto sentido se rigen por otras leyes, con la dificultad añadida de que algunas se parecen a las nuestras. Eso, lejos de ayudar, introduce una extraordinaria confusión en el trato. Si se añade que, lógicamente, lo que les ofrecemos en clase no suele ser el colmo de la acostumbrada diversión para ellos, sino que tiene que ver con el esfuerzo, el autocontrol y la compleja construcción del conocimiento, y eso les queda neurológicamente lejano, no debería ser tan difícil para los padres y para la sociedad en su conjunto valorar la gigantesca envergadura de la tarea docente. Y sin embargo, no todos la comprenden.

Responsabilidades delegadas. La tendencia natural de algunas familias es escurrir el bulto y desplazar hacia los profesores y los centros algunas de sus responsabilidades básicas, como hemos analizado en No todo se aprende en el colegio. No deja de ser llamativo que algunos padres que no son capaces de controlar a sus hijos exijan a los profesores que sí lo hagan. Es un caso perfecto de doble vara de medir, a la que tan aficionados somos en España. Sería bueno que la sociedad asumiera que, en muchos aspectos, los chicos ya deben venir educados de casa. Los profesores no pueden empezar su trabajo desde cero, y menos aún, desde esa zona negativa de la línea de desarrollo que podemos denominar "mala educación".

Ahora bien, estos seis puntos no legitiman a los profesores para desoír las críticas sociales. Porque lo cierto es que, a veces, la visión exterior da en la diana. Los segundos términos del listado muestran una visión mayoritariamente muy injusta, pero describen cristalinamente a los malos profesores. Y pueden contaminar severamente la imagen de los buenos.

Elias Canetti
La reacción habitual de cualquier colectivo cuestionado, justa o injustamente, es la cerrazón corporativa, la negación de los fallos, la generación automática de un cuerpo sólido e infranqueable, sobre todo cuando muchos de sus integrantes se consideran maltratados por la Administración. Dejando al margen lo justificado o no de sus quejas, ese es un tremendo error. Es una respuesta explicable (obedece a los patrones de la masa atacada, que trata de cerrar filas y autofortalecerse, descrita modélicamente por Elias Canetti en Masa y poder), pero no es más que una precaria defensa provisional. Cerrar filas jamás ha servido para convencer a nadie que no estuviera convencido de antemano o dentro de esas filas.

Y además, cualquier reacción corporativa es una manera de igualarnos, pero por abajo. Así que los más interesados en no formar parte del mismo saco deberían ser los buenos profesores, los que se mueven en los parámetros de los primeros términos del listado y sueñan con que algún día la doble imagen se funda en una sola: la de los profesores apreciados y, en no pocos casos, inolvidables para los estudiantes.

 

Invitación a los lectores

Dentro de unas semanas escribiré un post sobre el que considero que fue mi mejor profesor. Con él me gustaría abrir una especie de serie. Me animo a pedir a los lectores que me envíen por mail (arroyocarlos@ayudaalestudiante.com) sus textos sobre el que para ellos fue “El mejor profesor de mi vida”. Iremos publicando una selección.

La intención es hacer honor al extraordinario mérito de estos grandes docentes y que, en la medida de lo posible, ello sirva como acicate para los jóvenes. Las normas son bien simples: textos de menos de 1.000 palabras centrados en contarnos cómo eran aquel profesor o profesora. No importa de qué nivel educativo fuera, solo que dejara una huella imborrable. Obviamente, tanto el profesor como el autor del texto deben estar plenamente identificados.

Hay 24 Comentarios

Las actividades que van un poco más allá del uso del libro, el lápiz y el papel, necesitan y suelen venir acompañadas de mayor movimiento y ruido del habitual. Ya se cuenta con ello y nunca ha sido un impedimento para realizarlas. Pero es que, a medida que van pasando los años, se está produciendo otro tipo de ruido. Comportamientos que antes eran excepcionales, como hablar o levantarse cuando a uno le parece, maltratar el material, sentarse de cualquier manera o enfrentarse abiertamente con un adulto, son cada vez más habituales; tanto dentro como fuera de la escuela. Por otra parte, la dificultad para despertar y mantener el interés por una actividad es cada vez mayor, especialmente si los resultados no son inmediatos sino que requieren de cierta constancia y algo de tiempo para producirse. También esto ocurre dentro y fuera de la escuela.

En definitiva, ahora resulta mucho más difícil que los niños y adolescentes se comporten como pretenden los adultos. Y lo que antes se conseguía o se aceptaba, más por miedo que por respeto, ahora hay que encontrarlo de otra forma. Una forma que, además, debe ser políticamente correcta y no violar ninguna normativa, ni dar pie ni motivo a la intervención de ningún padre, madre, asistente social, delegado sindical o miembro de cualquier otra institución. Porque son tiempos en los que, en vez de colaborar, desconfiamos los unos a los otros.
http://www.otraspoliticas.com/educacion/actividades-de-riesgo

Estimado Sr. Arroyo,

Me gustaría contar una historia que aclara cuáles son los problemas de la escuela española.
El otoño pasado mi hijo empezó ESO.
Al comienzo del curso se realizó una reunión para los padres.
El director de la escuela nos presentó a los profesores y nos enteramos de que las asignaturas son diez (10!), sin contar la educación física.
Seis horas de clase por día, más el lunes por la tarde.
A continuación, el director habló durante veinte minutos acerca de la disciplina, de cómo son las sanciones, de lo que ocurre después de una falta, después dos, después tres, de suspensiones y de expulsiones, y así sucesivamente.
Nunca he oído hablar tanto acerca de la disciplina al igual que en la escuela española (tal vez en el Ejército).
A continuación, durante otros veinte minutos, el director habló de notas: las evaluaciones de final del trimestre, asignaturas con evaluación continua y no, el cálculo de la nota media de los examen, cuándo y cómo se repite el año, y así sucesivamente.
Entonces ... eso es todo. La reunión ha terminado.
¿Y el plan de estudios?
Ni una palabra.
En cuarenta minutos de reunión, nadie ha encontrado el tiempo para decirnos lo que nuestros hijos van a estudiar.
¿Hay alguien que todavía duda acerca de lo que son los problemas de la escuela?

Atentamente. Una madre

Gracias por su acertado artículo, me tomo la libertad de hacer una pequeña aportación desde mi postura de presidente de un AMPA. Su tabla de blanco-negro de las distintas percepciones que se tienen de la labor del docente, es un pelín rígida;

- los docentes se "enfrentan" al ejercicio de su profesión en situaciones muy cambiantes de año a año ( a veces de día a día), por su edad, por su situación anímica, los cambios de centro, etc etc

-porque cada año los alumnos que llegan o están ya en el colegio presentan situaciones muy cambiantes ( situaciones legales, legislativas, madurativas, afectivas, sociales etc)

-por que los padres-madres se enfrentan a la educación de sus hijos de forma muy distinta , desde infantil hasta la segundaria, si suspenden o no, en función de su propia edad, de su formación profesional, etc etc.

En definitiva una casuísticas amplísima de situaciones que se combinan y que no se suelen dar en otras profesiones.

Por otro lado, “las resistencia” o lo que usted llama “reacción corporativa” que encuentran algunos padres-madres, que quieren participar más en la educación-enseñanza de sus hijos en el colegio ( por desgracia pocos), es cada día mayor y más eficaz ( en algunos casos justificada ante padres-madres agresivos o como dicen los profesores; disrruptivos). Pero faltan mecanismos más eficaces para potenciar esa colaboración, las simples menciones en la Ley educativa se demuestran insuficientes.

Javier de Luis
FAMPA MAINAKE

¡Felicidades por el artículo! Estoy completamente de acuerdo con lo que dices en él.

Como madre diré que para mí es muy importante que los docentes os sintáis a gusto desempeñando vuestro trabajo porque creo que ello revierte por una parte en vuestra tarea, por otra parte en cómo los alumnos perciben vuestro trabajo e interiorizan los conocimientos.

Soy madre de un niño de 4º de primaria y de una niña (chica!) de 1º de ESO. Los dos traen a casa unas notas fantásticas, de los dos me hablan sus tutores maravillas. ¿Por qué? Creo que en casa hemos hecho nuestros deberes y les hemos educado en el esfuerzo y en el respeto.

Dejando aparte mi situación personal diré que creo que tanto profesores como padres y madres tenemos un mismo objetivo que debería unirnos, un objetivo que podría formularse de mil maneras pero que acaba siendo el mismo: educar a las futuras generaciones en unos valores y dotarlos de unos conocimientos, darles herramientas para que puedan ser felices y puedan encontrar su lugar en la sociedad. Si todos lo tenemos tan claro y todos estamos seguros de hacerlo bien, ¿de dónde viene este divorcio?

Hay una cosa que estoy viendo últimamente que me anima mucho: la crisis y los recortes en educación están haciendo que familias y docentes nos movilicemos juntos. En Cataluña MUCE (Manifiesto Unitario de la Comunidad Educativa) aúna a los tres puntales de la comunidad (alumnos, familias y docentes) para luchar por una educación pública y de calidad. Espero que sea el principio de una gran amistad.

Y ahora podéis llamarme ilusa.

Soy profesor y padre. Conozco a muchas docentes, madres/padres y chavales. Leo y vuelvo a ver el divorcio social existente, analizado con detalle y con aportaciones muy interesantes y válidas. Pero el análisis se realiza desde un solo ángulo.
Si analizáramos la doble imagen de las familias o del alumnado, vistas por ellas mismas y por el profesorado, volveríamos a ver, también, imágenes hechas a partir de generalizaciones simplificadoras, basadas en la extensión del juicio sobre una "mala familia" arquetípica construida de retazos de esta, aquella y la de más allá. Es como una guerra de trincheras, basada en la propaganda de unos contra otros. Y nadie parece encontrar la fuerza para detener tal absurdo y ponerse a construir una causa común, donde todos fuéramos capaces de hacer autocrítica, aportar crítica constructiva y potenciar nuestras fortalezas y las del otro.
No es que sea fácil, pero si es posible.

Estoy muy de acuerdo con Jesús. La gente qu no tiene vocación y que no se entrega al cien por cien no puede ser enseñante. Trabajamos con material sensible.

Muy interesante. Soy padre y profesor, además de haber trabajado en la administración educativa y estoy totalmente de acuerdo en que ese desencuentro genera desconfianzas y difícilmente vamos a poder construir algo juntos profesionales, familias y sociedad si ni siquiera vemos la misma realidad.

asombroso, ¿le pagan por esto?

Soy profesor de instituto desde hace casi dos décadas y su artículo me ha parecido excelente. Enhorabuena.

Si lo hago bien o mal no lo sé. Pero sé que dudamos juntos, que buscamos juntos. Que nos encontramos.

elblogdelaula300.blogspot.com.es

Como profesor de instituto creo que el artículo es muy ecuánime y recoge gran parte del abanico de situaciones que se dan entre el profesor, el estudiante y las familias.
Únicamente un pero, común a todos los estudios o reflexiones sobre la problemática de las aulas, que terminan en el triángulo referido. Sin embargo para mi la problemática es cuadrangular y nunca se toca. ¿Cuál es la responsabilidad de la administración?. ¿Están los currículos adaptados a la edad y madurez de los alumnos?. ¿Son adecuadas las programaciones para el mundo actual o responden a las demandas y necesidades de los alumnos?. ¿Que son las materias instrumentales y qué es instrumental en esas materias?. Bajo mi punto de vista las programaciones desarrolladas por la administración son una importante fuente de stress.

Creo que los profesores también tendríamos que reflexionar más sobre la distancia que hay entre ambas percepciones y los motivos que la generan. Por ejemplo, el asunto de la educación (entendiendo "educación", no "enseñanza"):
Muchos profesores nos quejamos de que los chavales no están educados, y que las familias delegan la educación, que debería ser su responsabilidad, en nosotros. Pero, ¿realmente pueden las familias actuales "educar" como hacían los padres en los 80? Antes, "mamá" solía estar siempre en casa. Hoy, tenemos una colección de niños-llave, pues ambos progenitores trabajan. En realidad, y mirándolo friamente, la mayor parte del tiempo que pasan los niños despiertos y acompañados de un adulto, lo pasan en los centros educativos. No quiero decir que la educación deba recaer enteramente en maestros y profesores, pero no veo posible que las familias en general se puedan hacer cargo de la educación "a tiempo completo", si se me permite la expresión. Quizá, los profesores deberíamos asumir como algo natural que una parte de la responsabilidad sobre la educación en la sociedad actual recaiga sobre nosotros. A su vez, los padres podrían intentar delegar de modo real esa parte de la responsabilidad y trabajar en equipo con el docente de turno para mejorar la educación.
Mientras padres y docentes no entendamos que estamos en el mismo bando en la educación/enseñanza de los chavales, ambas percepciones no podrán conciliarse.

Hace unos días le hice un comentario algo indignado acerca del trato que hacía del rol del profesor. Hoy reconozco que su artículo apunta hacia la complejidad del rol del profesor, acertadamente en mi opinión, e igual que le dediqué aquellas palabras, hoy le expreso mi conformidad con este punto de vista. Otra cosa es que espere "regalarme los oídos". Usted lo ha dicho bien, hay de todo en este oficio y generalizar es... banalizar. No se puede decir todo en un artículo y habrá más opiniones, pero su contribución me parece coherente.
Es necesario discutir el rol del profesor en la sociedad actual, pero es imprescindible hacerlo con seriedad.
Gracias por trabajar en este sentido.

Creo que las opiniones de la primera columna son mucho más acertadas que las de la segunda. De hecho las de la segundason majaderías que no tienen nada que ver con la realidad, aunque están bastante extendidas (sobre todo entre gente sin estudios, sin educación y padres de alumnos mediocres y/o conflictivos). Digamos las cosas por su nombre: el problema principal radica en que el sistema educativo actual ("La Reforma") es un desastre. Y lo ha sido desde antes de aplicarla. Nunca se ha contado con la opinión de los profesionales, y así nos va la educación en este país. En cuanto a la opinión respecto a los profesores, creo que sería interesante que les evaluaran sus propios alumnos. Saber que piensan los chavales de sus profesores sería muy interesante (por supuesto las encuestas deberían tener en cuenta el tipo de alumno: trabajador, con buen comportamiento, con dificultades de aprendizaje, gandul o gamberro asocial.)

Dos matizaciones:
1. Me sorprende que no tenga en cuenta los criterios de los compañeros de centro al evaluar al profesor, con lo cual resultaría una evaluación triangulada; ¿o es que los integra con la representación social- familiar?
2. No siempre coinciden las opiniones de los alumnos y las de sus respectivas familias. Diría que en escasas ocasiones.
He sido profesor de secundaria durante más de cuarenta años, con un grado de aceptación general bastante bueno, creo; o, al menos, superior al que hubiera esperado.

Muy buen artículo y como profesor me he sentido reconocido.
Hay días que salgo muy contento de instituto, y días en que he tenido problemas y se me cae el mundo encima.
En este trabajo no sólo puedes tener problemas, también te los buscan.
También debemos comprender que aunque creamos que todo puede salir bien, y aún teniendo cualidades, te puede ir rematadamente mal.
Quizá debemos entender que la educación es un problema complejo y por tanto más parecido a un arte que una "ciencia" exacta.
Gran parte del profesorado es competente y dedicado, aunque hay mucho impresentable que a los profesores "normales" nos perjudica muchísimo ( si bien podemos decir que nunca más de un 5%), la mayoría intentamos ser competentes y podemos trabajar mejor cuando se colabora con nosotros.
Como mensaje para los que creen que debemos hacer todo lo que el "usuario" quiera y hacerlo bien le digo que siempre se intenta defender los intereses del alumno.
Creo que he podido ayudar a algunos alumnos, e incluso ayudarles con problemas graves. Pero si el día a día es muy difícil, no digamos que con nuestras limitaciones podemos resolver todas las necesidades de las personas sobre las que tenemos responsabilidad.
Mi conclusión personal es la siguiente: Numerosos "expertos" nos dicen que los problemas están en nosotros y en la metodología (La mayoría de mis compañeros son buenos profesores y saben enseñar). El problema es más un problema social que de método. De corresponsabilidad, apoyo mutuo e interés por la enseñanza de administración, profesorado, familias y alumnos que de fórmulas magistrales que en mi opinión de enseñante de a pié, dudo que existan.

Hay, desafortunadamente, muy malos colegios. Hay, desafortunadamente, muy malos profesores. Son puntualmente ciertas, desafortunadamente, muchas de las segundas aseveraciones, y sobre todo es terriblemente desafortunado el corporativismo entre los profesores. Todo esto es importantísimo porque, si habláramos de cualquier otra profesión los efectos serían mucho menos graves que los que produce en un niño una desgraciada sucesión de malos maestros en varios años de su paso por primaria... El material humano con el que trabaja un profesor es tan importante que no deberían existir los poco preparados, los poco motivados, los no vocacionales, los "funcionarios", etc.

Gracias, creo que es de lejos lo mejor que he leído sobre mi profesión.

Qué razón tienes, pero esto para nosotros no tiene solución, en este país de envidiosos nosotros somos los que no hacemos nada y tenemos muchas vacaciones...

http://cocinarconciencia.blogspot.com.es/2013/04/masterchef-capitulo-2-rico-o-bonito.html

Imaginaos que alguien se acerca y os plantea esto:

1.- ¿Me puede decir dónde trabaja?
2.- Bien, mandaré a 25 adolescentes (escogidos al azar) a trabajar con usted, una ó dos horas al día, durante la próxima semana.
3.- En un plazo de quince días, le solicitaré una entrevista para darle mi valoración sobre su desempeño en el puesto de trabajo, en función de la visión que uno de los adolescentes, escogido al azar, tenga de su trabajo.

(Por su puesto, es su responsabilidad que la conducta de los adolescentes sea ejemplar en todo momento, así como que comprendan en qué consiste su puesto de trabajo)

Así nos veis. ¿Aceptaríais el reto?

Hay un desfase enorme entre los valores que se supone que debe inculcar el profesor y lo que el alumno encuentra en la sociedad. Incluso entre lo que muchos padres intentan inculcar a sus hijos y la sociedad. El problema de la docencia es la manifestación de un problema moral de mayor envergadura, como nuestra crisis actual ha puesto de manifiesto. No se puede hacer entender el valor del esfuerzo y del trabajo en un mundo en el que el triunfo se consigue por otros caminos, con bastantes dosis de impunidad, por cierto.

Soy autodidacta.

http://adf.ly/4hVPL

Muy buen artículo!

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Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: arroyocarlos@ayudaalestudiante.com

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