Ayuda al Estudiante

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El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

Qué enseñar y cómo aprender

Por: | 04 de abril de 2013

Alumnos trabajando con una pizarra digital
La responsabilidad de que muchos de nuestros estudiantes aprendan menos de lo debido es en buena parte suya, pero sería una comodísima simpleza pensar que la solución está en sus manos y solo en ellas. La educación no es territorio fértil para las recetas simples. Que algunos jóvenes no aprenden porque son vagos, indisciplinados, desmotivados o están flotando por entre las nubes de su móvil es cierto, pero no deja de ser una observación de bajo valor terapéutico y alto poder anestesiante respecto a las posibilidades de cambio y mejora.

No todas las verdades generan cambios por sí mismas, por mucha solemnidad que les adorne. Y esta es de las que no. Cuando todo el diagnóstico se queda anclado en lo anterior, me gusta deslizar una clásica analogía con el artículo 6 de la Constitución de Cádiz, La Pepa, (“El amor a la Patria es una de las principales obligaciones de todos los españoles y, asimismo, el ser justos y benéficos”) y preguntarme luego por los beneficios prácticos de aquella proclamación fabulosa.

Limitarse a exigir la necesaria responsabilidad personal del estudiante sin apelar a la colaboración de los profesores en el centro y los padres en las casas es algo parecido a una vía muerta. Pero, además, hay factores mucho más poderosos en cuanto a su capacidad de desencadenar cambios. Aunque tengo bastantes papeletas para ser malinterpretado, me centraré solo en uno de ellos: el importante desfase metodológico y pedagógico que padecemos en el sistema educativo. O, para ser justo, en buena parte de él, porque hay profesores que se esfuerzan en potenciar el aprendizaje con estilos que nada tienen que ver con la vieja cátedra, que era dignísima en su tiempo, pero hoy ya es disfuncional.

Imaginad que invertimos el paso del tiempo. No hace falta llegar al “Decíamos ayer…” de Fray Luis de León. Quedémonos en los pasados años cincuenta. Si al mejor cirujano del mundo de entonces lo coláramos en un quirófano de hoy, se quedaría más o menos como nosotros: con los ojos como platos y sin saber qué hacer. Los métodos y las tecnologías aplicadas han evolucionado tanto que lo habrían expulsado de la cirugía.

Vayamos ahora a finales del siglo XVI y traigamos a un eximio profesor: Fray Luis de León. Si volviera a un aula, seguro que no se sentiría como una cabra en un garaje, porque su metodología sería similar a la de no pocos profesores actuales. Vale decir que un cirujano de hace medio siglo ya no podría ejercer, pero un profesor de hace cuatro o cinco siglos apenas llamaría la atención. ¿Es para quedarse tan tranquilo, echándole la culpa a los macabros inventos pedagógicos, mientras miramos para otra parte?

Alumnos con tablets
¿Qué quiere decir esto? Que la educación se ha quedado metodológicamente anticuada. Que el tiempo no ha cambiado mucho las cosas en ese aspecto. Que las tecnologías aplicables al aprendizaje han entrado en clase de una forma tan superficial e inconsistente que aún no han aportado casi nada a la manera de aprender.

Mucha gente se quedaba tan contenta cuando los gobiernos anunciaban inversiones en ordenadores (en aquel pasado mitológico), pero aquellos grandes anuncios siempre me parecieron una pamema descomunal. Porque lo importante no son los aparatos, es la formación; lo importante no es la tecnología, sino hasta qué punto se incorpora con eficiencia a la manera de aprender del destinatario. Eso es lo importante: centrarse en mejorar la manera de aprender, no comprar aparatitos que se usan sin criterio (si se usan). Probablemente Fray Luis pensaría hoy: “No sé para que sirve ese artefacto, pero yo, a lo mío”. Y ningún alumno se extrañaría, porque están acostumbrados a profesores que, de algún modo, parecen estar hablando a los bancos de madera de la majestuosa aula Fray Luis de León de la Universidad de Salamanca.

Aula Fray Luis de León en la Universidad de Salamanca
Hay aulas en las que se trabaja como si en las cocinas aún hiciéramos el salmorejo a mano, en lugar de con la batidora o la Termomix. ¿Que es más auténtico a mano? Permitidme tildar esa opinión de mero arrebato tecnofóbico. ¿Que en las aulas antiguas había figuras extraordinarias como el propio Fray Luis? Por supuesto, pero no será porque ahora las malogre la pedagogía o la metodología de aprendizaje.

A pesar de las alergias que suscita esta frase, hoy sabemos que, en educación, el qué es trascendental (sin un qué de calidad, ya no hay más que añadir), pero ese gran qué, sin el consiguiente cómo, corre el riesgo de convertirse en una verdad etérea que flota majestuosa en el vacío sideral que a veces generan los alumnos en el aula.

Aunque imagino que no lograré neutralizar los malentendidos, insisto en dejar sentado que el cómo jamás podría diluir la importancia del qué. Y este dilema remite en realidad a otro que está en el corazón de la educación: enseñanza o aprendizaje (iba a escribir versus, pero es más sensato poner o). Parece lo mismo, pero no lo es. En pocas palabras, hablamos de conocimiento aportado o conocimiento asimilado. Más que un post, necesitaría un libro para desarrollar la idea (que no es nueva, ni mucho menos), así que esbozaré una versión esquemática. Pero antes pido permiso para soslayar el perpetuo debate colateral de la LOGSE (que frecuentemente degenera en una charla tan autoafirmativa como estéril para modificar la realidad) y concentrarme en el dipolo enseñanza-aprendizaje.

Son dos conceptos íntimamente relacionados, pero no intercambiables. En una lluvia desordenada de ideas, y con los matices que se desee, un enfoque centrado en la enseñanza suele dar más importancia al temario establecido que a atender a las peculiaridades, necesidades o curiosidades de los estudiantes; a lo que el profesor conoce, más que a lo que el estudiante necesita; al procedimiento establecido, más que a las dinámicas vivas del aula; a la teoría, más que a la práctica; a la exposición magistral, más que al trabajo colaborativo de los estudiantes; al dictado del profesor, más que a la presentación de trabajos; a la información literal, más que a estimular la singularidad creativa; al examen como único instrumento de evaluación, más que a la evaluación continua (real, no ficticia); al estudio individual, más que a los trabajos especiales como forma monitorizada de descubrimiento y aprendizaje; a la ciencia en el aula, más que a la ciencia en el laboratorio; al libro de texto, más que a los recursos tecnológicos coherentes y eficaces; al libro único, más que al entrenamiento en el manejo de documentación complementaria; al alumno promedio alto, más que al refuerzo (si fuera posible) de alumnos con ligeros déficits; a las calificaciones, más que a las notas con propuestas directamente orientadas a la mejora, y, lo más relevante en mi opinión: al aprendizaje memorístico, más que al aprendizaje significativo.

Como es obvio, un enfoque centrado en el aprendizaje hace hincapié en todos los segundos términos del párrafo anterior. No se trata de que los primeros sean detestables y los segundos la panacea universal (no hay panacea en educación), pero estoy convencido de que la mejora de la educación exige inclinar decididamente la balanza hacia el aprendizaje, sin que ello signifique la exclusión indiscriminada de los primeros términos de la anterior enumeración. Se trata simplemente de un proceso de reponderación que habilite incluso ulteriores procesos de desaprendizaje (¿o no tuvieron que desaprender, con perdón por el verbo, los pioneros de la relatividad, la física cuántica y, más tarde, la teoría de las supercuerdas?).

Salvo excepciones, no es concebible un aprendizaje acelerado sin la correspondiente enseñanza, pero una enseñanza egocéntrica (más pendiente de lo que se transmite que de lo que realmente se recibe) provoca disfunciones notables en los procesos individuales de aprendizaje.

Alumnas en el laboratorio de Física
No olvidemos que la educación es en esencia un proceso comunicativo, y este no existe sin sus dos polos: emisor y receptor. Tampoco olvidemos que, en última instancia, la unidad de aprendizaje es la persona, no el grupo de personas de un aula (aunque también para esto hay modernas teorías contrarias).

Alguna vez algún amigo me ha preguntado cómo resumiría en un titular el cambio metodológico que necesita la educación española. No soy capaz de hacerlo en un titular, porque me saldría una simpleza. Pero, si valen tres ideas a las que les daría una gran prioridad en el tiempo, serían estas:

 1. Aprendizaje significativo (basado en la comprensión y en la generación de redes conceptuales listas para la ampliación),

 2. Inteligente integración de recursos tecnológicos validados directa y personalmente por cada profesor en concreto,

 3. Al estilo anglosajón, muchos más trabajos complejos (individuales y colectivos) y creativos que exámenes (especialmente, los meramente reproductivos). No propugno la desaparición de los exámenes, que son casi imprescindibles: solo su equilibrio con los trabajos.

Creo que eso sería una revolución para la mente de muchos profesores (y para su actividad diaria), pero también sería fundamental para que nuestros estudiantes caminaran con mucha mayor soltura por el camino de un autoaprendizaje sólido, versátil y automotivado.

Todo ello, presidido por la misma idea que vertebra los procesos comunicativos: una vez que se tiene la idea, lo importante es cómo llega al destinatario ("Saber expresar una idea es tan importante como la idea misma", decía Aristóteles). En nuestro caso, el que aprende.

Entre otras cosas, porque hoy día apreciamos y necesitamos algo que antiguamente se valoraba menos: el pensamiento crítico, la creatividad, la divergencia intelectual, la libertad de razonamiento, la búsqueda de nuevos caminos. O deberíamos hacerlo. Es evidente que debemos facilitar y acelerar el aprendizaje de los alumnos, pero no tiene sentido plantearlo en términos que supongan la erradicación de esa creatividad intelectual que tanto necesitamos en el mundo moderno.

 

Nota

A lo largo del post he hecho referencia al alto riesgo en que se incurre hoy cuando se habla de enfoques pedagógicos. Los partidarios de la vieja escuela identifican cualquier comentario sobre inquietudes didácticas, metodológicas o pedagógicas, menos las suyas (que no consideran una tendencia, sino la Religión verdadera) con peregrinas ideas como el aprobado general, la estupidez generalizada, el amigoteo entre profesores y estudiantes, y, casi, la decadencia del Imperio Romano.

Así que asumo la posibilidad de ser tildado de pedagogo de salón, adalid de la vagancia, promotor de la indisciplina o profeta de la desidia. Haré una pequeña aclaración que nadie me ha pedido: soy tan crítico con las metodologías de enseñanza desfasadas como con la inmadura idea de que es posible lograr algo importante sin muchísimo esfuerzo. En mi libro Soy estudiante y necesito ayuda utilizo la palabra esfuerzo 179 veces y la palabra cambio 133 veces. Sin esfuerzo no es posible el cambio, y sin cambio no es posible la mejora.

De hecho, considero que aquellos jóvenes que pasan por toda una etapa de su vida tan importante y duradera como la de estudiante (una veintena de años en promedio) sin apenas esforzarse incurren en una grave responsabilidad moral.

Y no se merecen lo que reciben, aunque la sociedad esté genéricamente obligada a dárselo.

 

 

 

 

Hay 39 Comentarios

Estimado Juan Angel - si la carrera de Magisterio "NO" prepara para la docencia, entonces, ¿para qué prepara? (Magisterio=Docencia).

Estimado Carlos Arroyo,

gran artículo según mi opinión. No podría estar más de acuerdo en todo lo que has planteado. Pero lo que más me inquieta del asunto no es tanto lo expuesto, sino la negatividad con que ha sido recibido por algunos compañeros.
Lo cual hace que me plantee una vez más que el problema no radica tanto en las buenas e innovadoras TEORÍAS, sino en la falta de ideas creativas y PRÁCTICAS para llevarlas a cabo. Siendo más específico, en la falta de un currículo y actividades concretas para realizar en el aula y no solo escribirlo de forma teórica en un artículo o un libro. No sé si me explico.

El caso compañeros, es que no estamos solos en esto y ni mucho menos somos los primeros que nos hemos planteado tales cuestiones. Por lo que del mismo modo existen ya dichas propuestas prácticas que se están llevando a cabo en numerosos colegios del mundo, como en el Colegio Monserrat de Barcelona (aquí mismo).

Tal vez solo hiciera falta difundirlas con más ímpetu y formar a los docentes de este modo, pues como muchos estaréis de acuerdo, carreras como Magisterio poco preparan de verdad a la docencia.

Por cierto eso de que los estudiosos de la mecánica cuántica tuvieron que "desapender" es falso de toda falsedad:
ADVERTENCIA: Soy licenciado en física y sé lo que digo.
Cuan se usa la ecuación de Shrödinger se está resolviendo la ecuaciónde Hamilton pero para una fucniónde Onda: SE aplica la solución clásica del hamiltoniano para un objeto nuevo que es la ecuaicón de onda. Hay otros ejemplos como la venerable ecuación de Planck, que deduce la estadística de las energías de la radiación electromagnética en función de osciladores (solución de mecánica clásica), con un número entero de frecuencias de oscilación (novedad cuántica).
El que me entienda sabe que digo la verdad.
El saber no se desaprende, se complementa y se mejora basándose en lo anterior.
Las ecuaciones de la relatividad restringida de Einstein se basaban en soluciones para dar coherencia a las ecuaciones de Maxwell (las transformadas de Lorentz) cuando se resolvían en sistemas en movimiento . Las ecuaciones de Maxwell seguían siendo válidas, pero se coplementaba la solución.
Un saludo.

Ya me imagino a Fray Luis en mi modesto instituto del sevillano pueblo de Arahal. Tan gran intelectual sin recibir respeto ni consideración. Ningún interés ni voluntad de aprender de él. Ninguna curiosidad por lo que diga. Ninguna discilpina para recibir de él tanto como les pueda aportar.
Caso real: Cuando se les da matemáticas manimulativas a un aula de 20 alumnos en un instituto de la periferia de Sevilla, sólo siguen la clase unos pocos, A pesar del material alternativo, de resolver problemas con colores, aprender papiroflexia, usar recursos como la criptografía y otros medios informáticos.
Yo soy un friky de la informática, además de profesional de la misma, y sé utilizar los medios: Pizarra digital, aula TIC con sus recursos, los sistemas de mensajería de aulas TIC, etc. Y sé positivamente que no aprende el que no quiere aunque se ponga con una magnífica guarnición de aparataje y artificios digitales.
Nadie quiere comprar la burra que no quiere y a la gente le trae al fresco el aprender.
Lo que se nos vende como panacea a nuestros problemas es el bálsamo de Fierabrás. Para los que no lo sepan, a Don Quijote se le puso entre ceja y ceja que era la cura de todos los males. Ya se sabe lo "bien" que les sentó a Don Quijote y Sancho.

La docencia es uno de los trabajos que más ansiedad o depresión produce, tanto por las presiones externas y las condiciones en las que se desarrolla como por las propias expectativas. La comparación entre cómo deberían estar las cosas y cómo realmente están puede conducir al desánimo, la frustración, el abatimiento o el desencanto; a la sensación de fracaso y de impotencia; de que poco o nada se puede hacer. Y, curiosamente, esta sensación puede coexistir con brotes de prepotencia, de alarde de poder, que no dejan de ser una de las reacciones habituales cuando nos sentimos atacados o cuestionados en nuestro trabajo.

Metidos en la maquinaria educativa, resulta difícil evadirse de sus estructuras y sus inercias. El docente de a pie, incluso el docente con un poquito de mando, está sometido a múltiples limitaciones; tanto las que fijan las leyes como las que impone la tradición.

Sin embargo, por muy adversas que sean las circunstancias, por muy solo que uno se encuentre en su tarea, siempre es posible hacer algo, siempre se puede contribuir a que las cosas cambien; nuestra pasividad es, en gran parte, decisión propia y no puede excusarse con las limitaciones externas.
http://www.otraspoliticas.com/educacion/el-dia-a-dia

Hace un siglo el gran novelista LEON TOLSTOI así lo indicaba ya: "Hay que decidir entre un escuela en la que a los maestras les sea fácil enseñar o una escuela en la que a los niños les sea fácil aprender". Enseñanza o aprendizaje, aunque dos caras de la misma moneda, pero donde hay que rediseñar su equilibrio. La formación del profesorado es un hándicap que tiene nuestro actual sistema educativo y se precisan acuerdos dedididos y compromisos valientes: los países con los mejores resultados han cuidado esta faceta al máximo, los mejores han de ser los que han de formar al futuro, ¿o no?

El apartado final "Nota" ha sido la guinda del pastel. ¡Completamente de acuerdo! Fui maestro, profesor y hoy jubilado después de 43 años de "servicio" y si no hubiera sido así tal vez "la profesión" hubiera podido conmigo. Hay algo que sí quiero comentar que no necesariamente pueda entrar en contradicción con alguno de tus planteamiento pero es tan cierto como que estoy escribiendo en un teclado. Si hago un esfuerzo en recordar mis estudios Primarios y Medios pongo un cero a los Medios empezando por el profesorado: ¡No tengo ningún recuerdo de válido para posterior aportar en la universidad ni en las personas ni en las formas! Me ahorro comentarios no deseados. No así en Primaria. Desde los seis a los diez años es cuanto hoy me ha servido para poner en el lugar que corresponda a quien me enseñó a ver el mundo a través de una instrumentación que desconocía. Hay que decir que era un maestro rural, "Practicante" -A.T.S- y una persona excepcional. El que no le interese este trabajo que ni intente actuar o que lo deje y no esté hasta que se jubile "viviendo de la papa dulce. El daño que puede hacer me recuerda mi tiempo. Cierto que todo se ha complicado pero no tanto como en los años 50. Un abrazo y felicidades por tan hermosa reflexión que, a fin de cuentas, no remite el mal sabor de boca.

Carlos. Muy bien tu posición.
Echo de menos en tu lista de categorías, y en el "cómo" una vista sobre el sentido del humor como herramienta educativa y como cualidad personal a potenciar en profes y alumnos.
Es una deformación personal

Ad human, creo que has dado en el clavo. El ser humano encuentra una satisfaccio`n enorme cuando entiende algo que observa. Yo creo que es una recompensa (la satisfaccio`n) que premia na estrategia evolutiva con mucho e`xito (la inteligencia). Y esto lo ha utilizado el sistema productivo en su beneficio, cortando la curiosidad peligrosa.

estando de acuerdo con unas cuantas cosas del artículo, tengo que incorporar algunas ideas que pueden abarcar algunas respuestas del profesorado. El proceso de enseñanza-aprendizaje es de las situaciones más complejas y dinámicas, que no se pueden reducir a la metodologìas. Tiene factores de todo tipo que intervienen tanto en el proceso como en los resultados: económicos, políticos, sociales, culturales, familiares...Es la situaciòn donde coinciden el curriculum, los objetivos, los contenidos, los sistemas de evaluación y el rol del docente (nada definido en nuestras leyes) la cultura organizativa del centro, e incluso cada grupo clase, dado que nunca es un proceso individual. Podría seguir enumerando las cuestiones que demuestran la complejidad y dinamismo que no puede reducirse ni al que enseña ni al que aprende, ni sólo a la escuela ni sólo a la familia, ni a la voluntad de unos ni al esfuerzo de los otros. Hace falta mucha reflexión crítica y menos recetas

Soy profesora y doy clases en Secundaria. Estoy de acuerdo con la idea de aprendizaje significativo, con la integración de las nuevas tecnologías en el aula, y con la elaboración de trabajos por los alumnos. El problema es que, en un instituto como el mío, con 4 unidades por nivel en la ESO, más bachillerato, disponemos de dos aulas con ordenadores para alumnos. Cuando quiero utilizarlos lo tengo complicado. Aparte de eso, para ver un vídeo, o utilizar un ordenador con un proyector, tengo que desplazar al grupo a alguna de las dependencias preparadas con estos dispositivos (no los tenemos en cada aula). Por otro lado, para que el alumnado pueda llevar a cabo un trabajo, buscando información, colaborando en grupo, haría falta buenas bibliotecas dentro y fuera del centro. La que tenemos en mi centro es algo pobre, con libros antiguos.
Creo que si no se invierte algo más en Educación a estos niveles (recursos tecnológicos y bibliográficos), difícilmente se nos puede pedir al profesorado que utilicemos algo que no tenemos.
l

Absolutamente de acuerdo con bmh. Bravo por el comentario!
Esa es la clave, de donde no hay no se puede sacar.

' Unos recursos de información y conocimiento que se hacen propios mediante la memorización. '

Soy profesora de Formación Profesional. Creo en las nuevas tecnologías, pero con unos requisitos que, en la mayor parte de las veces, no se dan en el aula. A saber:

1. Unos equipos razonablemente en buen estado, con software actualizado, con un acceso rápido a Internet, y como máximo dos alumnos por PC. Esto no siempre es así.

2. Un aprendizaje "tradicional" previo. Esto es, es fundamental tener una base teórica previa, y para esa base el esfuerzo del alumno es fundamental. Las nuevas tecnologías son un complemento fantástico, pero no un sustituto de los libros y el esfuerzo. Sin esfuerzo no hay aprendizaje, antes y ahora.

3. Unos trabajos adecuados a las TIC, que difieren mucho de los antiguos trabajos de extraer información de textos. Estos trabajos (Webquest, etc.) si se preparan bien son altamente motivadores para los alumnos, el problema es que cuesta muchas horas prepararlos, muchísimas.

De nuevo la anécdota de Fray Luis de León y su aula. Es la tercera vez que me tropiezo a la susodicha en charlas o artículos de pedagogos (las dos primeras veces en sendos cursos de formación del profesorado impartidos en la Universidad de La Laguna en 2010), cada uno de los cuales (pedagogos) la presentó como ocurrencia propia. (Estaría bien que acreditaran debidamente quién es el padre de la idea, por corrección al menos, como se suele hacer en el ámbito académico.) Frente a su uso como ejemplificación de que algo debe de andar muy mal (pero que muy mal) cuando la enseñanza universitaria ha cambiado tan poco en tantísimo tiempo (lo cual es en sí mismo una gran falacia) quisiera oponer la siguiente reflexión: ¿no será ésta pretendida inmutabilidad, por el contrario, una indicación del éxito del tipo de enseñanza que el articulista intenta denostar? En definitiva, si algo se ha preservado esencialmente inalterado a lo largo de tantos siglos, adaptándose a los tiempos y haciendo de motor de la sociedad y el cambio, no puede ser tan malo. Esa es mi opinión al menos.

Como profesor universitario en una facultad de Física conozco algo de lo que el autor del artículo habla y pese al tono victimista que permea en su escrito puedo asegurar que los muchas veces alocados e irresponsables promotores del cambio por el cambio, o del cambio por no se sabe qué, detentan un elevadísimo poder en el sistema universitario español. La integración de cambios metodológicos y de las nuevas tecnologías en las aulas es algo que se hace de forma natural desde siempre, según mi experiencia, sin necesidad de mayores crispaciones y quejosas defensas. Forma parte de la idea del cambio y de la adaptación que antes expresé. Y una cautela en este punto: información no es lo mismo que formación. Para lo primero valen las (no tan nuevas) tecnologías. Lo segundo, es una labor para la que principalmente cuentan la capacidad y el esfuerzo personal. En los tiempos de Fray Luis y en los de ahora. Vale. AMF.

Señor Arroyo no me ha gustado su artículo, perdone mi franqueza. Tras un número innecesario de palabras llega usted a unas conclusiones palmarias y para llegar a ellas no hacía falta el resto del artículo.

La escuela actual ha evolucionado poco desde la escuela decimonónica y se ha adaptado mal a los tiempos, es verdad ¿no lo sabía ya usted?. Pero en esa mala adaptación han tenido más importancia los intereses de los grupos de poder que el estilo de los docentes. Infórmese mejor al respecto.
Su artículo tiene calidad de soliloquio -en base a sus propios prejuicios- y no es constructivo. Si solo fuera por eso no me hubiera molestado en contestarle. Lo que me indigna es que, empleando unos cuantos tópicos, usted sirve la polémica, el rifi-rafe, cuestionando el desempeño de muchos docentes en una época en la dignidad y el buen hacer de esos muchos está en cuestión y eso, señor Arroyo, es indigante y reprobable.

Si le digo que además soy docente INTERINO y que el trabajo que estoy desempeñando -como el de muchos-se va a acabar de mala manera en breve tiempo, es que ya me toca las narices. Eso independientemente de si soy de la vieja escuela, o no lo soy (que no lo soy).

Piense en términos éticos la próxima vez que vaya a escribir. Muchos se lo agradeceremos.

La realidad no es apta para dejar de modificar la metodología pero aún así desde hace varios años muchísimos colegios no solo han apostado por el cambio, ya se empiezan a ver los primeros resultados, algunos dispersos pero seguimos adelante , realidad como modificaciones de ratio, disminución de la población infantil, incertidumbre a la educación concertada, religiosa o de colegios cooperativos, situación de los miles de interinos, convocatoria de oposiciones para 500 plazas, cuando se prevén 1000 jubilaciones.mantenimiento y recursos de los colegios públicos disminuidos por la ola de la crisis desde hace 2 años. Pero aún así se siguen cerrando aulas de informática, escuelas 2.0, intercambios con colegios franceses, ingleses, italianos y alemanes, proyectos de jóvenes emprendedores, proyectos de investigación en ciencia y tecnología, proyectos de lectura y formación de pensadores, entre otros muchos que demuestran que la realidad enseñanza y aprendizaje si presenta un importante cambio desde fray Luis de León, aunque sí entrara en nuestros colegios vería como a los pocos días recibiría denuncias judiciales de los padres, visitas de inspectores de educación y auditorías para mejorar la calidad, no para qué mejore su metodología y si para crear un espacio de inestabilidad y en algunos casos enfermedades laborales

Antonio, su comentario en respuesta al artículo me ha parecido de lo más acertado, gracias por escribirlo...en mi instituto nos conectamos a la red wi-fi de una facultad que está justo al lado. Cuando vamos a la sala de informática, tengo que vigilar que mis alumnos no roben los ratones (no los dejo salir del aula hasta que hago un recuento)...en fin, 32 alumnos, 3 de ellos con necesidades especificas bastante altas...a veces parezco más un Clint Eastwood cualquiera (recuerden El sargento de hierro) que un profesor al uso...pero claro, sólo soy un desfasado que se pasa el día quejándose de que no tiene recursos y de que no hay pasta. Y a la señora que pregunta que por qué le preguntan a su hija por los golfos de África: claro que si, señora, a ese profesor lo cambiamos por usted y se acabó el problema

Soy profesor de universidad e investigador, y me gustaría aclarar que (sin menoscabo de la utilidad que las nuevas tecnologías aportan) en la universidad los estudiantes que no sean capaces de coger un libro y estudiarse por si mismos una materia compleja terminan naufragando con con alta probabilidad. Es decir, que las nuevas tecnologías son muy útiles como como método de motivación, y captación del interés del alumno, pero al final las cosas son como siempre: Sabes o no sabes el contenido del libro, y eres capaz de aplicar dicho contenido a la resolución de un problema de cierta dificultad en un tiempo acotado, o no eres capaz para lo cual hay que entrenarse pensando a la vieja usanza. Esto debe empezar en el bachillerato, y desde luego el entrenamiento de la memoria es crucial, sin aditivos ni colorantes. Las pruebas de acceso a la universidad pretenden seleccionar a los que son capaces de hacerlo, pero de este tipo de alumnos hoy en día hay muchos menos de los que admitimos.

Absolutamente de acuerdo con todo lo que se dice en el artículo. Está claro que lo que dice el autor no es fruto de imaginación ni de hipótesis, posiblemente de la experimentación. Yo al menos sí y creo que el enfoque mencionado es exitoso. Me gusta la pedagogía pero no soy enseñante titulado. Mi experiencia es de siempre con jóvenes, adultos y mis hijos. Lo que veo más difícil y sin duda es gran parte de la solución, es inculcar la palanca del esfuerzo.


El articulo esta lleno de lógica, pero no aporta nada nuevo, llegando a ser algo obvio. Quizá no lo sea para los neófitos, pero puesto que esta dirigido supuestamente para el sector educativo, los profesores no sacamos ninguna idea nueva de una disertación. El uso de la nueva tecnologia es apasionante pero requiere de unos medios costosisimos mal aplicados, un sistema de aprendizaje para el profesorado mal planteado y requiere el uso de un tiempo que por desgracia no tenemos al estar imbuidos en una burocracia necesaria para la justificacion jerárquica.
Me gustaria que me explicara mi desfase en el siguiente contexto:
1º el Estado, con la crisis, deja a medias el proceso de introducción de material en el aula, que en muchos casos se queda desde el inicio obsoleto, y en otros muchos tienen un complejo mantenimiento.
2º Todo lo que he aprendido para el uso de medios lo he hecho por mi cuenta, en youtube y otros medios como foros y tutoriales, puesto que los cursos de formación son ineficaces.
3º ¿Formamos a nuestros alumnos de una manera cuando al final el grados, la selectividad y el sector universitario exige otra? A no, es verdad, debemos atender a la diversidad con 35 alumnos.
4º ¿El curriculum establecido da facilidad para ello o se basa en un sistema tradicional? Cuando leo las leyes y decretos me de que el legislador ha ido poco a poco (en un Estado con un sistema legislativo educativo complejisimo) amontonado conceptos que son casi inaplicables por su gran cantidad en tan poco espacio temporal (espero que ningún prohombre este leyendo esto, ya que quizá tenga la eficaz y original idea de hacerme trabajar en Verano con 45º a la sombra).
5. ¿Es ético basar un sistema educativo, y justificarlo, en los principios capitalistas y de la sociedad de consumo?

Pues mira, tenías razón. Decías que ibas a ser malinterpretado y al final es lo que ha hecho la mayoría. Soy profesor de Física en Bachillerato y no puedo estar más de acuerdo en la necesidad de centrarse en el cómo, en lugar de en el qué. Aunque también estoy de acuerdo con muchas de las personas que han comentado negativamente en que no toda la culpa la tienen los profesores. Yo como Físico, y amante de la docencia de la Física, me encuentro maniatado con respecto a lo que debo enseñarles a mis alumnos. Intento usar metologías mucho más participativas, inventarme procesos de evaluación diferentes y más justos... Pero lo cierto es que tengo que preparar a mis alumnos para superar las Pruebas de Acceso a la Universidad, en las que el cómo da igual, y lo único que importa es el qué. Así que deberíamos empezar por crear una ley educativa que potencie ese cambio metodológico, porque si bien creo que tienes razón al afirmar que mucho profesores están anclados a métodos ineficaces, hay otros que llevamos tiempo más que convencidos de que la metodología debe cambiar, pero no podemos cambiarla porque no nos dejan. Y eso lo digo trabajando en un colegio privado en el que los recursos tecnológicos están a la altura de la NASA. Si trabajara en un instituto público clamaría al cielo por la falta de recursos cuya consecuencia directa es la masificación de alumnos en las aulas, la ausencia de espacios adecuados, la ausencia de material necesario, etc. Y eso tampoco podemos cambiarlo los profesores. Lo único que podemos hacer es entrar en clase con los alumnos y buscarnos la vida para que aprendan lo más significativamente posible, y que dentro de un mes no se desmayen al preguntarles por lo que les explicas hoy...

Para detapasporsevilla:

... alguna vez ha trabajado (del verbo haber, con hache)

Este artículo es un buen resumen del tipo de pensamiento que ha destruido la educación. Confunde el ideal con lo posible, repleto de apriorismos y sin ningún rigor científico, sin apoyarse en estudios serios y objetivos.


Es ver las dos primeras fotos y ya siento rechazo. Las fotitos TIC para que el profe obsoleto se ponga al día... ¿no es eso? Realidad: Los PCs de mi centro se apagan solos, si uno se rompe, la administración no lo repone (y el centro no se repone porque no hay pasta ni para la luz); los alumnos meten palillos en la toma de auricular, cambian las teclas de sitio en cuanto te das la vuelta, y bla, bla, ... Segunda foto: tabletas....¿en la escuela pública? ¡anda ya! En mi centro hay ¡UNA SOLA! PDI para 600 alumnos, y en una sala de uso común que muchas veces se usa para otro fin (exámenes) porque es la mayor (cuando sólo caben 60 alumnos). No hay salón de actos (bye bye teatro, bye bye actos musicales). Así que: efectivamente, lo suyo es no vivir la realidad y sí, es un usted otro pedagogo de salón y lo peor, sobráis. Lo que necesita el sistema educativo es recursos.... ¡recursos! para la atención a la diversidad y para cubrir necesidades básicas (incluidas, triste es decirlo, de mantenimiento). El cambio metodológico vendrá cuando se seleccione el profesorado con el sistema adecuado, de entre los mejores licenciados y con prestigio social (prestigio social, perdonen que me ría). Así que, por favor, dejen de echarnos tierra. Toda la sociedad nos ha quitado la dignidad. ¡no venga a rematar al casi muerto!

Todo eso está muy bien, pero ¿alguna vez a trabajado con alumnos en edad escolar obligatoria (ESO hasta los 16 años) que asisten a clase por imperativo legal, sin libro, cuaderno ni un mal lápiz y lo único que hacen es literalmente joder a sus compañeros y al profesor?Cuéntale a esos alumnos de aprendizaje significativo, de trabajos complejos, etc, etc. Yo trabajo con estos alumnos todos los días y esta es mi triste experiencia: http://detapasporsevillayotrascosillas.blogspot.com.es/2012/11/joder-con-la-ensenanza.html

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Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: [email protected]

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