Ayuda al Estudiante

Ayuda al Estudiante

El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

Qué enseñar y cómo aprender

Por: | 04 de abril de 2013

Alumnos trabajando con una pizarra digital
La responsabilidad de que muchos de nuestros estudiantes aprendan menos de lo debido es en buena parte suya, pero sería una comodísima simpleza pensar que la solución está en sus manos y solo en ellas. La educación no es territorio fértil para las recetas simples. Que algunos jóvenes no aprenden porque son vagos, indisciplinados, desmotivados o están flotando por entre las nubes de su móvil es cierto, pero no deja de ser una observación de bajo valor terapéutico y alto poder anestesiante respecto a las posibilidades de cambio y mejora.

No todas las verdades generan cambios por sí mismas, por mucha solemnidad que les adorne. Y esta es de las que no. Cuando todo el diagnóstico se queda anclado en lo anterior, me gusta deslizar una clásica analogía con el artículo 6 de la Constitución de Cádiz, La Pepa, (“El amor a la Patria es una de las principales obligaciones de todos los españoles y, asimismo, el ser justos y benéficos”) y preguntarme luego por los beneficios prácticos de aquella proclamación fabulosa.

Limitarse a exigir la necesaria responsabilidad personal del estudiante sin apelar a la colaboración de los profesores en el centro y los padres en las casas es algo parecido a una vía muerta. Pero, además, hay factores mucho más poderosos en cuanto a su capacidad de desencadenar cambios. Aunque tengo bastantes papeletas para ser malinterpretado, me centraré solo en uno de ellos: el importante desfase metodológico y pedagógico que padecemos en el sistema educativo. O, para ser justo, en buena parte de él, porque hay profesores que se esfuerzan en potenciar el aprendizaje con estilos que nada tienen que ver con la vieja cátedra, que era dignísima en su tiempo, pero hoy ya es disfuncional.

Imaginad que invertimos el paso del tiempo. No hace falta llegar al “Decíamos ayer…” de Fray Luis de León. Quedémonos en los pasados años cincuenta. Si al mejor cirujano del mundo de entonces lo coláramos en un quirófano de hoy, se quedaría más o menos como nosotros: con los ojos como platos y sin saber qué hacer. Los métodos y las tecnologías aplicadas han evolucionado tanto que lo habrían expulsado de la cirugía.

Vayamos ahora a finales del siglo XVI y traigamos a un eximio profesor: Fray Luis de León. Si volviera a un aula, seguro que no se sentiría como una cabra en un garaje, porque su metodología sería similar a la de no pocos profesores actuales. Vale decir que un cirujano de hace medio siglo ya no podría ejercer, pero un profesor de hace cuatro o cinco siglos apenas llamaría la atención. ¿Es para quedarse tan tranquilo, echándole la culpa a los macabros inventos pedagógicos, mientras miramos para otra parte?

Alumnos con tablets
¿Qué quiere decir esto? Que la educación se ha quedado metodológicamente anticuada. Que el tiempo no ha cambiado mucho las cosas en ese aspecto. Que las tecnologías aplicables al aprendizaje han entrado en clase de una forma tan superficial e inconsistente que aún no han aportado casi nada a la manera de aprender.

Mucha gente se quedaba tan contenta cuando los gobiernos anunciaban inversiones en ordenadores (en aquel pasado mitológico), pero aquellos grandes anuncios siempre me parecieron una pamema descomunal. Porque lo importante no son los aparatos, es la formación; lo importante no es la tecnología, sino hasta qué punto se incorpora con eficiencia a la manera de aprender del destinatario. Eso es lo importante: centrarse en mejorar la manera de aprender, no comprar aparatitos que se usan sin criterio (si se usan). Probablemente Fray Luis pensaría hoy: “No sé para que sirve ese artefacto, pero yo, a lo mío”. Y ningún alumno se extrañaría, porque están acostumbrados a profesores que, de algún modo, parecen estar hablando a los bancos de madera de la majestuosa aula Fray Luis de León de la Universidad de Salamanca.

Aula Fray Luis de León en la Universidad de Salamanca
Hay aulas en las que se trabaja como si en las cocinas aún hiciéramos el salmorejo a mano, en lugar de con la batidora o la Termomix. ¿Que es más auténtico a mano? Permitidme tildar esa opinión de mero arrebato tecnofóbico. ¿Que en las aulas antiguas había figuras extraordinarias como el propio Fray Luis? Por supuesto, pero no será porque ahora las malogre la pedagogía o la metodología de aprendizaje.

A pesar de las alergias que suscita esta frase, hoy sabemos que, en educación, el qué es trascendental (sin un qué de calidad, ya no hay más que añadir), pero ese gran qué, sin el consiguiente cómo, corre el riesgo de convertirse en una verdad etérea que flota majestuosa en el vacío sideral que a veces generan los alumnos en el aula.

Aunque imagino que no lograré neutralizar los malentendidos, insisto en dejar sentado que el cómo jamás podría diluir la importancia del qué. Y este dilema remite en realidad a otro que está en el corazón de la educación: enseñanza o aprendizaje (iba a escribir versus, pero es más sensato poner o). Parece lo mismo, pero no lo es. En pocas palabras, hablamos de conocimiento aportado o conocimiento asimilado. Más que un post, necesitaría un libro para desarrollar la idea (que no es nueva, ni mucho menos), así que esbozaré una versión esquemática. Pero antes pido permiso para soslayar el perpetuo debate colateral de la LOGSE (que frecuentemente degenera en una charla tan autoafirmativa como estéril para modificar la realidad) y concentrarme en el dipolo enseñanza-aprendizaje.

Son dos conceptos íntimamente relacionados, pero no intercambiables. En una lluvia desordenada de ideas, y con los matices que se desee, un enfoque centrado en la enseñanza suele dar más importancia al temario establecido que a atender a las peculiaridades, necesidades o curiosidades de los estudiantes; a lo que el profesor conoce, más que a lo que el estudiante necesita; al procedimiento establecido, más que a las dinámicas vivas del aula; a la teoría, más que a la práctica; a la exposición magistral, más que al trabajo colaborativo de los estudiantes; al dictado del profesor, más que a la presentación de trabajos; a la información literal, más que a estimular la singularidad creativa; al examen como único instrumento de evaluación, más que a la evaluación continua (real, no ficticia); al estudio individual, más que a los trabajos especiales como forma monitorizada de descubrimiento y aprendizaje; a la ciencia en el aula, más que a la ciencia en el laboratorio; al libro de texto, más que a los recursos tecnológicos coherentes y eficaces; al libro único, más que al entrenamiento en el manejo de documentación complementaria; al alumno promedio alto, más que al refuerzo (si fuera posible) de alumnos con ligeros déficits; a las calificaciones, más que a las notas con propuestas directamente orientadas a la mejora, y, lo más relevante en mi opinión: al aprendizaje memorístico, más que al aprendizaje significativo.

Como es obvio, un enfoque centrado en el aprendizaje hace hincapié en todos los segundos términos del párrafo anterior. No se trata de que los primeros sean detestables y los segundos la panacea universal (no hay panacea en educación), pero estoy convencido de que la mejora de la educación exige inclinar decididamente la balanza hacia el aprendizaje, sin que ello signifique la exclusión indiscriminada de los primeros términos de la anterior enumeración. Se trata simplemente de un proceso de reponderación que habilite incluso ulteriores procesos de desaprendizaje (¿o no tuvieron que desaprender, con perdón por el verbo, los pioneros de la relatividad, la física cuántica y, más tarde, la teoría de las supercuerdas?).

Salvo excepciones, no es concebible un aprendizaje acelerado sin la correspondiente enseñanza, pero una enseñanza egocéntrica (más pendiente de lo que se transmite que de lo que realmente se recibe) provoca disfunciones notables en los procesos individuales de aprendizaje.

Alumnas en el laboratorio de Física
No olvidemos que la educación es en esencia un proceso comunicativo, y este no existe sin sus dos polos: emisor y receptor. Tampoco olvidemos que, en última instancia, la unidad de aprendizaje es la persona, no el grupo de personas de un aula (aunque también para esto hay modernas teorías contrarias).

Alguna vez algún amigo me ha preguntado cómo resumiría en un titular el cambio metodológico que necesita la educación española. No soy capaz de hacerlo en un titular, porque me saldría una simpleza. Pero, si valen tres ideas a las que les daría una gran prioridad en el tiempo, serían estas:

 1. Aprendizaje significativo (basado en la comprensión y en la generación de redes conceptuales listas para la ampliación),

 2. Inteligente integración de recursos tecnológicos validados directa y personalmente por cada profesor en concreto,

 3. Al estilo anglosajón, muchos más trabajos complejos (individuales y colectivos) y creativos que exámenes (especialmente, los meramente reproductivos). No propugno la desaparición de los exámenes, que son casi imprescindibles: solo su equilibrio con los trabajos.

Creo que eso sería una revolución para la mente de muchos profesores (y para su actividad diaria), pero también sería fundamental para que nuestros estudiantes caminaran con mucha mayor soltura por el camino de un autoaprendizaje sólido, versátil y automotivado.

Todo ello, presidido por la misma idea que vertebra los procesos comunicativos: una vez que se tiene la idea, lo importante es cómo llega al destinatario ("Saber expresar una idea es tan importante como la idea misma", decía Aristóteles). En nuestro caso, el que aprende.

Entre otras cosas, porque hoy día apreciamos y necesitamos algo que antiguamente se valoraba menos: el pensamiento crítico, la creatividad, la divergencia intelectual, la libertad de razonamiento, la búsqueda de nuevos caminos. O deberíamos hacerlo. Es evidente que debemos facilitar y acelerar el aprendizaje de los alumnos, pero no tiene sentido plantearlo en términos que supongan la erradicación de esa creatividad intelectual que tanto necesitamos en el mundo moderno.

 

Nota

A lo largo del post he hecho referencia al alto riesgo en que se incurre hoy cuando se habla de enfoques pedagógicos. Los partidarios de la vieja escuela identifican cualquier comentario sobre inquietudes didácticas, metodológicas o pedagógicas, menos las suyas (que no consideran una tendencia, sino la Religión verdadera) con peregrinas ideas como el aprobado general, la estupidez generalizada, el amigoteo entre profesores y estudiantes, y, casi, la decadencia del Imperio Romano.

Así que asumo la posibilidad de ser tildado de pedagogo de salón, adalid de la vagancia, promotor de la indisciplina o profeta de la desidia. Haré una pequeña aclaración que nadie me ha pedido: soy tan crítico con las metodologías de enseñanza desfasadas como con la inmadura idea de que es posible lograr algo importante sin muchísimo esfuerzo. En mi libro Soy estudiante y necesito ayuda utilizo la palabra esfuerzo 179 veces y la palabra cambio 133 veces. Sin esfuerzo no es posible el cambio, y sin cambio no es posible la mejora.

De hecho, considero que aquellos jóvenes que pasan por toda una etapa de su vida tan importante y duradera como la de estudiante (una veintena de años en promedio) sin apenas esforzarse incurren en una grave responsabilidad moral.

Y no se merecen lo que reciben, aunque la sociedad esté genéricamente obligada a dárselo.

 

 

 

 

Hay 39 Comentarios

Yo acabo de ver a una alumna de tercero que le han puesto de tarea buscar y citar los golfos del continente africano. Ella no conoce la mayoría de sus países (como muchos adultos). ¿Es esto correcto?

Parece usted un pedagogo de salón, un adalid de la vagancia, un promotor de la indisciplina y un profeta de la desidia. ¿Sigue usted en un aula? Si su respuesta es sí, su opinión merece ser tenida en cuenta. Si su respuesta es no...su opinión es spam.

La realidad es que hay un grupo de alumnos que funcionan por sí solos, que son buenos estudiantes, que tienen apoyo de sus familias (normalmente, "educadas" ellas mismas), y que aprovechan, incluso con deleite, las explicaciones del profesor. Hay otro grupo de alumnos que con la motivación del docente es capaz de ir tirando más o menos. Pero también es verdad que hay un buen número de alumnos a los que es muy difícil motivar, que sistemáticamente ni siquiera hacen el esfuerzo por participar en las actividades "motivadoras" que se les plantean (Y estoy hablando de alumnos que resuelven los ejercicios que pueden hacer electrónicamente simplemente clicando encima de todas las opciones hasta que encuentran la respuesta correcta) Yo, si se me permite, encuentro más rendimiento en mi trabajo volviendo a lo tradicional (por ejemplo, el uso de canciones para que memoricen, obligarles a trabajar en el aula, y sobre todo, las rutinas repetitivas y machaconas, llamémosles "aburridas") que en las nuevas tecnologías. Por no hablar de los trabajos, que en la mayoría de los casos son simple copia de internet (aunque sean a mano), sin entender no comprender nada de lo que han puesto. En fin, "cada maestrillo tiene su librillo"

Hoy los alumnos son como los padres les hemos educado. No tienen cultura del esfuerzo. ¿Acaso no consiguen cualquier cosa sin esfuerzo? Entonces extrapolarán sus hábitos a todos los ámbitos de su vida.

Como siempre, mucho rollo muy bien envuelto en palabrería seudocientífica.
Lo realmente necesario en el aula es sentido común, como en todo en esta vida, y empatía con los alumnos. Tan sencillo y tan complejo como esto.
El sentido común nos descubre que ningún profesor puede atender individualmente a 30 alumnos a la vez, cada uno con sus peculiaridades, deficiencias, aptitudes, actitudes y circunstancias. Ni mucho menos, conocer a los 120 alumnos que le tocan por curso con la suficiente profundidad como para hacer un seguimiento muy detallado de cada uno de ellos y una programación adaptada. También nos indica que, por buen profesor que sea, no es psicólogo, ni experto en metodología adaptada a alumnos con problemas importantes, disfuncionales (otra palabreja) o con necesidades especiales. Es solo profesor de su materia, no psicólogo, logopeda, pedagogo especialista en necesidades educativas particulares, profesor de español para extranjeros, padre, madre y amigo de cada alumno.
Y por mucho que lo intente, que quiera y que se esfuerces, y aquí entra en juego la empatía, y el sentido del deber, no llegará a serlo, aunque seguramente se dejará el aliento en el camino y le saldrá sarpullido cada vez que lea artículos como este llenos de palabras sin sentido y tan alejados de la realidad del aula y de un profesorado que lo intenta todo a muerte y con cariño y que está, desde hace mucho tiempo, muy lejos de esos métodos anticuados que se le atribuyen.

Tras mucho leer bilogía, antropología, psicología y otras ciencias, llego a la conclusión de que el ser humano es curioso por naturaleza, está ávido de conocimiento, e investigar no le cuesta ningún esfuerzo. Nuestros niños nacen así, pero, como demuestran las afirmaciones que aquí apuntan los foristas, al poco han perdido todo interés. Yo considero esto algo completamente antinatural, y es debido a que algo hacemos mal. Eso que hacemos mal, a partir del mismo parto, lo que es la crianza, que algunos llaman indebidamente “educación”, destruye la curiosidad y el ansia de saber. Sucede principalmente en el hogar, pero la escuela, los medios de comunicación y el resto de la sociedad son igualmente responsables. Y la causa de todo este mal no es ni más ni menos que nuestro modelo de crianza, que es completamente antinatural e impide el buen desarrollo de nuestros hijos. Por otra parte, este sistema de crianza está diseñado exclusivamente por el bien de nuestro sistema productivo, y a la vez está tan integrado en nuestra cultura que lo creemos un bien objetivo para nuestro menores. Así que el trabajo necesario para cambiar este estado de cosas, es vasto: desafiar al sistema productivo y a nuestra cultura. Pero no es imposible. Por tanto, hay que empezar a hablar de ello.

¿Y este señor por qué escribe que es un sistema de comunicación tan antiguo?

Buen artículo. Creo que no se puede enseñar a quien no quiere aprender, en primer lugar. De la misma forma, los límites del trabajo docente llegan hasta donde comienzan los de los alumnos, es decir, por mucho método nuevo, quienes tiene que aprender son ellos, y eso supone horas de esfuerzo en casa. Finalmente, ¿Para qué tanta competencia y demás si, al final, loq que se pide es una nota de corte?

Cierto. Aunque, obviamente, somos responsables de la creación del ser humano, del sólido cincelado tanto de sus ideas como comportamientos, del asentamiento final de la persona íntegra, orgullosa de sí misma y de sus educadores, que fuimos aquellos que se detuvieron al menos un instante, a reflexionar en qué podría culminar cada aleteo generado por la mariposa que merodea los alrededores nuestros pequeños "proyectos humanos".

http://queseramihijodemayor.com/

Enhorabuena por un texto magnífico.

Estoy de acuerdo, y como profesor me esfuerzo en trabajar así, cosa relativamente fácil en mi área, tecnología. Sin embargo me encuentro con continuas protestas de los alumnos, sobre todo los más estudiosos, que prefieren mil veces que les explique algo parecido a lo que viene en el libro para luego estudiarlo, antes de trabajar como les pido, que básicamente es con mucho material, textos, vídeos, esquemas, ilustraciones... Pero de forma guiada y programada, no para que se busquen la vida. Sin embargo, como esto requiere menos esfuerzo de memoria pero más trabajó diario...

Si yo tuviera que montar una escuela, y la ley me lo permitiera, haría poco caso de los currículos oficiales. Entre otros motivos porque la lógica de algunas materias lleva implícita su propia forma de desarrollo, mientras que en otras la elección y la secuencia de los contenidos son totalmente arbitrarias y vienen dictadas por la tradición, los criterios y las preferencias de las autoridades reconocidas y las modas de cada época.

Nadie duda de la necesidad de unas orientaciones generales acerca de lo que es más conveniente en cada etapa educativa (aunque si los docentes estuvieran bien preparados no las necesitarían), pero hay dos razones poderosas para evitar cualquier intento de regular con excesivo detalle qué es lo que se debe enseñar.

La primera de ellas es que la experiencia de aprender, aunque pueda ser similar, es única para cada persona y las decisiones que se tomen deben basarse en el respeto y el aprovechamiento de esta singularidad. La segunda razón, que no se puede separar de la primera, es que cada cual debe ser protagonista de su propio aprendizaje, lo que implica hacerse responsable de él y tomar decisiones al respecto.
http://www.otraspoliticas.com/educacion/piratas

Considero que el aprendizaje memorístico es necesario para el aprendizaje significativo. Este último es el importante pero realmente se llega a él a través de la memoria, fundamental para la asimilación de conocimientos, para hacerlos algo propio y no externo, un bagaje personal al que se recurre sin aparente esfuerzo, porque ya se hizo en su día memorizando, y de forma natural, que posibilita relacionar conocimientos e informaciones de diversos ámbitos, lo que es propiamente pensar. Si creemos que lo importante es saber manejar los recursos para acceder a una información almacenada en diversos soportes estaremos dificultando la creatividad, la originalidad, que proviene justamente de la memorización, por muy paradójico e inverosímil que pueda parecer. La creatividad depende de los propios recursos que han de estar disponibles en cualquier momento y circunstancia de la vida. Unos recursos de información y conocimiento que se hacen propios mediante la memorización. No podemos decirnos: voy a ser creativo y para ello voy a consultar tales libros o voy a meterme a internet. No, es tener un bagaje cultural, una erudición, lo que lo posibilita. Es típico hablar de la memoria y sacar a relucir la lista de los reyes godos. No se habla de que por ejemplo Proust recitaba capítulos enteros de Ruskin.
Ahora bien si lo que se pretende es enfocar la educación bajo la única perspectiva del rendimiento productivo de los individuos en base a las necesidades de las fuerzas productivas de la sociedad, entonces he de darle la razón a su escrito.

Hay también una enorme laguna en cuanto a motivación por parte de muchas familias, que se nota especialmente en cuanto te metes en zonas algo más deprimidas como en la que yo trabajo. Y es que para un adolescente es muy difícil luchar contra la tentación de pasarse la tarde en la calle, sobre todo cuando los padres se los sacan de encima con tantísima facilidad.

Publicar un comentario

Si tienes una cuenta en TypePad o TypeKey, por favor Inicia sesión.

Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: arroyocarlos@ayudaalestudiante.com

Libros

Soy estudiante y necesito ayuda

Soy estudiante y necesito ayuda

El éxito en los estudios no es solo cuestión de inteligencia, sino que está al alcance de la mano con apertura personal al cambio, hábitos adecuados, una mejora organizativa, una adecuada actitud en el aula, un buen método de trabajo intelectual y una elevada dosis de motivación. Más información.

100 cosas que debes hacer para mejorar como estudiante

100 cosas que debes hacer para mejorar como estudiante

Una guía rápida con consejos concretos, claros y ordenados sobre cómo aprovechar lo que te empuja y evitar lo qué te frena para alcanzar el éxito académico. Perfeccionarás tus técnicas, aprenderás a manejar actitudes y motivación para aprovechar las clases, y mejorarás tus habilidades de organización y planificación. Más información.

Archivo

junio 2014

Lun. Mar. Mie. Jue. Vie. Sáb. Dom.
            1
2 3 4 5 6 7 8
9 10 11 12 13 14 15
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30            

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal