Ayuda al Estudiante

Ayuda al Estudiante

El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

Tormenta de exámenes

Por: | 29 de abril de 2013

Examen 4
Nuestros chicos afrontarán pronto los exámenes más importantes del año, así que intentemos a ayudarles. O mejor, ayudémosles a ayudarse a sí mismos, empezando por convencerles de una idea simple: al contrario de lo que suelen pensar, no es cierto que aún les quede mucho tiempo: la tormenta de exámenes ya está a la vuelta de la esquina. 
Así que, si me lo permitís, os sugiero que, después de leer estos posts, se los enviéis por mail para que los impriman y los pongan en su escritorio.

Pero antes de ir a lo práctico con ellos, dejadme esbozar una consideración general que quizá en el futuro habría que retomar. Los exámenes no deberían ser lo más importante del proceso educativo, pero lo son. Deberían ser una parte relevante de la evaluación, pero no la evaluación en su integridad, la cual, muy resumidamente, debería tener las siguientes fases:

1. Comprobar la situación de partida. 

2. Proponer objetivos de aprendizaje en un tiempo determinado.

3. Medir y analizar la evolución (conocimientos, destrezas, actitudes, valores).

4. Compararlos con lo establecido como objetivo y sacar conclusiones sobre las carencias y cómo mejorar para alcanzar el nivel buscado. 

5. Proponer cambios y refuerzos necesarios para que se alcance ese nivel.

6. Comprobar la consecución de objetivos o proponer nuevas medidas.

Los exámenes se encuentran en la tercera fase (y no es un chiste malo). Cuando el examen es lo único que importa (hay centros que incluso suspenden las clases en época de exámenes), lo más normal es que quede fuera lo que más debería importar: las propuestas de mejora (generales e individuales), que ni mucho menos se desprenden de una calificación sin más. 

Una vez resaltado este fallo general del sistema (en mi opinión, admitido acríticamente por estudiantes, profesores, padres y la sociedad en su conjunto), conviene reconocer la extraordinaria importancia de los exámenes en el progreso académico de nuestros hijos (en este otro post, Qué enseñar y cómo aprender, propugno la necesidad de evaluar con un mayor equilibrio anglosajón entre trabajos especiales y exámenes).

Pero volvamos al mundo real y veamos algunas pautas para mejorar la manera de abordarlos y realizarlos.

Estas pautas están redactadas directamente para los estudiantes. Observaréis que no son nada mistéricas, sino de pura lógica. Otra cosa es que se apliquen o no. Pero creo que compartirlas con ellos merece la pena.

 

INFÓRMATE

1. Inicio. El examen ya ha empezado. ¿Cómo? ¡¿Cuándo?! Pues justamamente el primer día de curso. ¿Te parece exagerado? No lo es. Aquel día empezaste a recibir las primeras informaciones que deberían haber inspirado tu manera de prepararte, y también desde entonces has ido modelando la imagen que el profesor se ha hecho de ti. Ahora ya no estás a tiempo de dar una primera impresión, que es muy importante, pero aún puedes exhibir tu decisión de cambiar y darlo todo en el sprint final: eso puntúa al alza, no lo dudes.

2. Pistas. A lo largo de todo el año, el profesor da innumerables pistas, explícitas e implícitas, sobre cómo concibe y enfoca la materia, y cuáles son los temas o aspectos a los que concede más relevancia. Ignorarlas es ponerte una zancadilla a ti mismo.

3. Estilo. El profesor tiene su estilo pedagógico y lo refleja en el examen: ¿prefiere lo literal o lo creativo? ¿es puntilloso o abierto? ¿pregunta un poco de todo o solo lo esencial? ¿es muy estructurado o no tanto? Es desoladora la cantidad de alumnos que van a un examen prácticamente sin saber o sin tener en cuenta cómo es el profesor que les va a calificar.

4. Tipo. Qué modalidad de examen y de qué tamaño: respuesta larga o corta, prueba objetiva, comentario de texto, problemas o teoría, muchas preguntas o pocas…

5. Antecedentes. ¿Qué exámenes solía poner otros años? Porque es probable que sean similares. 

6. Expectativas. Es conveniente intercambiar opiniones con los compañeros más fiables para centrar expectativas sobre cómo será previsiblemente el examen y orientarte así en su preparación.

7. Criterios de corrección. ¿Puntúan los ejercicios más que las preguntas teóricas? ¿Puntúa todo por igual? ¿Penalizan mucho los errores ortográficos y de expresión? ¿Se valora más la expresión personal o la reproducción literal? ¿Penalizan los fallos ocasionales en razonamientos matemáticos correctos?

8. Penalizaciones. En los tests de selección, ¿penalizan las respuestas erróneas?

9. Horario. Hora exacta de comienzo y tiempo disponible. Y flexibilidad temporal del profesor.

10. Material. Debes conocer perfectamente cuál será el material necesario (tablas, calculadora, diccionarios, etc.) y también el material autorizado.

 

Examen 1
PREPÁRATE

1. Casi todo normal. La época de exámenes es una dura prueba física, mental y psicológica a poca responsabilidad que le pongas. Así que intenta que el descanso, las horas de sueño, las comidas y las condiciones de vida sean casi normales. 

2. El miedo es el fracaso. Cierta tensión positiva controlada te empuja hacia el éxito, pero el descontrol y el miedo al fracaso es la antesala directa del fracaso. ¿Cómo evitarlo? Con estudio anticipado y repaso planificado. Eso te dará tranquilidad y confianza, una gran aliada siempre que no se convierta en autosuficiencia.

3. Los estimulantes traicionan. Los estimulantes no aportan conocimiento ni nada que no supere una buena planificación. Solo aplazan el cansancio, a veces para llevarlo traicioneramente al peor momento posible. 

4. Planificación. Solo si planificas tienes garantías de ir dominando la materia en condiciones. La buena preparación de los exámenes no admite la improvisación. A medio y largo plazo, tienes que elegir conscientemente tu territorio: o planificación o resultados mediocres.

5. Repasos. Preparar exámenes no significa estudiar de nuevas, sino repasar, repasar y repasar. Y luego, repasar. Es decir, acumular sucesivos estudios hasta dominar la materia adecuadamente.

6. Jerarquización. Orienta tus repasos previendo qué preguntas pueden salir en el examen. Además, si el tiempo se desborda y no puedes prepararte a conciencia, no trates de abarcarlo todo: haz una selección inteligente y concéntrate en los temas esenciales, en los que tienen más probabilidad de salir, basándote para ello en toda la información de que dispones. 

7. No hay último minuto. Los palizones y trasnoches en vísperas de exámenes no son ningún motivo de orgullo ni prueba alguna de responsabilidad personal, sino la confirmación de un gran fracaso organizativo y de planificación. Y el último día ya es tarde para resolver dudas. El hecho de que la mayoría de las personas practique el adrenalínico arte del último minuto no lo convierte en algo deseable.

8. Ultimo paso tras el último repaso. Échale una mirada de refresco al contenido. Esa última mirada, más gráfica que conceptual, es necesaria por dos motivos: favorecer el recuerdo visual y ganar tranquilidad.

9. Ultimísimo paso tras el último repaso. Aún hay un paso más: los preparativos materiales, que jamás deben dejarse para la mañana del examen. Todo debe quedar preparado la noche anterior, sin excepciones (es decir, ropa incluida). Sería tirar piedras contra tu propio tejado autoprovocarte un estado de nervios unos minutos antes del examen.

10. Un añadido sobre la preparación. ¿De verdad crees que tus exámenes mejoran sustancialmente con lo que que puedas conseguir repasar mientras caminas por la calle hacia clase con los apuntes en la mano, cuando faltan apenas 20 minutos? ¿No mejorarían más siguiendo las pautas anteriores?

 

 

Mañana, nueva entrega

El tema de los exámenes tiene, en mi opinión, suficiente relevancia y amplitud para ocupar dos entradas en este blog. Si en la de hoy hablamos de cómo informarse previamente y cómo prepararlos, en la de mañana veremos las pautas para la realización de los exámenes en sí mismos.

Queda fuera de estos posts un tema de importancia capital: cómo estudiar. Es decir, el método de estudio. Sin él, hablar de cómo abordar los exámenes puede ser para algunos estudiantes una especie de abstracción. En el libro Soy estudiante y necesito ayuda le dedico numerosas páginas y a ello volveremos aquí en otro momento.

Hay 6 Comentarios

Estos exámenes son de lo peor ya que, te lo juegas todo si apruebas lo tienes todo aprobado si suspendes, supendes. Muchos nervios se pasan en estos exámenes!!

Hola. Si queréis más información sobre selectividad, exámenes de años anteriores, temarios y cursos podéis visitar el blog. Ánimo que falta poco!

Mira esta noticia

Suponiendo que todo le haya ido bien y que no haya repetido ningún curso, un licenciado universitario ha tenido que superar, aproximadamente, entre 600 y 800 exámenes a lo largo de su historia académica. Desde los nueve años, o incluso antes, ha tenido que demostrar periódicamente su cualificación o valía.

En la mayoría de los casos, incluso en las enseñanzas universitarias, aprobar el examen consistió en trasladar datos e informaciones de un soporte a otro (de los apuntes o el libro de texto a los folios del examen) empleando la memoria como recipiente. El mayor o menor éxito de la operación residía en la capacidad de la memoria, el tiempo necesario para llenarla y la mayor o menor habilidad para recuperar lo que habíamos guardado en ella. Terminado el examen, una vez cumplida su función, la memoria se vaciaba para que pudiera almacenar otra cosa.

Así, sin haber leído a Quevedo, fui capaz de enumerar, con éxito, las principales características de la lírica barroca. De forma similar, memorizando y reproduciendo sin llegar del todo a comprender, dejé atrás las ecuaciones, la formulación y las declinaciones latinas.

Imagino que la mayoría de los que hemos pasado por la escuela hemos tenido una experiencia similar; por eso no deja de sorprenderme que le otorguemos tanta credibilidad a este tipo de pruebas, asumiendo que existe una relación directa entre la nota que se obtiene en un examen y la cantidad de conocimientos que se poseen.

http://www.otraspoliticas.com/educacion/examenes

Una buena guía para los estudiantes y profesores

Muy buen post!! Muy completo, deseando leer el de mañana!

http://areaestudiantis.com

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Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: arroyocarlos@ayudaalestudiante.com

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