Ayuda al Estudiante

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El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

¿Compramos 50 melones o hablamos de Facebook?

Por: | 23 de mayo de 2013

Autora invitada: CLARA GRIMA, doctora en Matemáticas, profesora titular del Departamento de Matemática Aplicada de la Universidad de Sevilla y coautora del blog Mati y sus mateaventuras

Alumnos de 5º de Primaria tras una clase de Teoría de Grafos, ¡a la hora del recreo!
Hace poco me preguntaron en una entrevista por qué en este país se le tenía tanto miedo a las Matemáticas. Por lo mismo que alguna gente tiene miedo a que aparezca la chica de la curva cuando conduce de noche, contesté. Es una leyenda urbana que nos han ido inculcando desde pequeños y no tiene ninguna razón de ser. Ni existe la chica de la curva ni las Matemáticas no son tan difíciles.

Y lo digo en serio.

¿No  sería más lógico tenerle miedo a la geografía (que me encanta, ¿eh?) por tener que memorizar nombres que han sido asignados por el capricho humano o ubicar fronteras impuestas por la ilógica de antiguas batallas? O a la gimnasia, ya que te puedes torcer un tobillo...

No, no estoy diciendo que haya que temer a ninguna de las dos, pero tampoco a las Matemáticas, porque, al fin  y al cabo, se trata de un lenguaje construido con lógica y en el que nada es caprichoso. Si existiera en otro planeta una civilización distinta a la nuestra, estoy segura de que habrían desarrollado las mismas matemáticas, solo cambiarían los símbolos utilizados para escribirla, pero no el razonamiento. De hecho, las primeras civilizaciones de nuestro propio planeta intuyeron rápidamente la necesidad de contar, sumar, dividir, medir... En cuanto a las fronteras, si nos dais 100 años más las cambiamos a bombazos.

Entonces, ¿por qué son las mates las brujas para muchos estudiantes?

Matemáticas antigüedad
No es fácil señalar a los culpables. Al menos, a mí me cuesta, porque no me gusta nada pontificar.

Pero creo que la primera causa para este pavor, desde mi punto de vista ilógico, viene del inconsciente colectivo que definiera Jung.

Siempre cuento a este respecto una anécdota personal. Mi hijo mayor, de pequeño, era la envidia de mis amigos con hijos por su pasión por las verduras. Todas le gustaban... hasta que entró en el comedor escolar. Una noche, a la hora de la cena, frente a su plato de menestra me espetó: “Mamá, yo no quiero verduras. A los niños no nos gustan las verduras”. Desde entonces, las come casi bajo amenaza de multa. Aparte de molestarme por lo que me caería encima en los años venideros, me hizo reflexionar sobre la afirmación del enano. ¿No sería eso lo que le pasaba también a los niños con las Matemáticas?

A mí también me gusta más un buen queso viejo o un jamón, de esos que desafían a la gravedad quedándose agarrado al plato, que unas coles de Bruselas. Pero entiendo que necesito un aporte importante de verduras. Pues en el mismo sentido, puede que nos gusten más o menos, pero todos necesitamos saber matemáticas para vivir en el mundo, diga lo que diga algún columnista iluminado, incluso aquellos que prefieran otras áreas del conocimiento. 

Un niño de 6 años no puede decir que se le dan mal las matemáticas. A esa altura de su formación, casi lo único que se le exige es saber sumar e identificar formas geométricas, y eso es capaz de aprenderlo aún sin pasar por una aula, simplemente contando sus caramelos o las monedas de su hucha. ¿De dónde viene es miedo? Del ambiente. Creo.

Esto en cuanto a lo que pasa en la calle. Vamos a entrar en el colegio.

Habría que preguntarse cómo se transmiten las Matemáticas en nuestras aulas de primaria y secundaria y, ¿por qué no?, en las de la Universidad.

En primer lugar y en mi opinión, siempre en mi opinión, tanto los libros de texto como los currículos en las primeras fases de la formación de nuestros alumnos, primaria y secundaria, pecan de un exceso de cálculos y algoritmos (un algoritmo no es más que una receta para resolver algo) frente a una carencia de motivación práctica y planteamiento de problemas que provoquen a los estudiantes a pensar, a intuir, a razonar.

Evidentemente, para disfrutar de una buena lectura, ya sea literatura, historia, política, ensayo, etc., es necesario primero aprender a leer (ay, la comprensión lectora, otro grave problema para aprender en general, y las matemáticas en particular). De la misma manera, alguien puede argumentar que es necesario dominar el cálculo aritmético para poder entender las Matemáticas. Y no, no estoy del todo de acuerdo. Dominar las operaciones aritméticas está bien; necesario para empezar a andar, puede. Pero no hay que olvidar que tenemos herramientas a nuestro alrededor que nos facilitan esa tarea. Sí, máquinas, como los coches que sustituyeron a los caballos. Lo que esas máquinas no saben hacer, por ahora, es pensar, razonar. ¿No deberíamos insistir en potenciar y desarrollar ese elemento diferenciador ahora que tenemos a unas cenicientas que nos hacen las cuentas?

Melones o Facebook

En segundo lugar, y también en mi opinión, habría que actualizar la temática de los problemas planteados a los estudiantes con el fin de que les provoque querer resolverlos. Ya han pasado los tiempos en los que el problema a resolver era el precio de un melón (o una sandía) cuando el protagonista de algún problema de matemáticas, sin que nadie entendiera nunca por qué, compraba una cantidad ingente de estos. ¿Por qué no les planteamos algún problema relacionado con su red social preferida? ¿Por qué no les contamos cuál ha sido el algoritmo que ha ganado el último premio Nobel de Economía? Es que eso, me dirá alguno, no está en el currÍculo. Perdón, dejadme que reformule mi pregunta, ¿por qué no se enseñan otros contenidos, como Teoría de Grafos, en secundaria, por ejemplo? Se puede, claro que se puede. Y, creedme, les gusta. Y, en mi opinión, aporta más estrategias de resolución de problemas que calcular a mano la raíz cuadrada, por citar un ejemplo.

Los puentes de Könisberg, origen de la Teoría de Grafos
En tercer lugar y, por supuesto, en mi opinión, la formación de los profesores de primaria debería incluir más formación en Matemáticas. La pedagogía y la didáctica se comen mucho terreno de la Ciencia en la formación de los mismos. Y, qué queréis que os diga, se puede aprender a bailar sevillanas en una academia en la que te enseñen los pasos o se puede aprender mirando a los que lo saben hacer. Mi experiencia es que los que siguen la segunda opción bailan con más arte. En el caso de la didáctica de las  Matemáticas en nuestras escuelas de Magisterio se podría hacer lo mismo. No, no hablo de bailar sevillanas, sino de enseñar a enseñar Matemáticas impartiendo a los futuros docentes buenas clases de Matemáticas, aportándoles a ellos no solo metodología, sino también conocimientos.

Cuando me invitan a un centro de primaria o de secundaria y trabajamos alguna entrada de nuestra Mati, muchos profesores se quejan de que ellos no han estudiado eso y no pueden enseñarlo, pero que les parece muy interesante y motivador para los alumnos. Alto. No, no vale pedir que esos maestros o profesores estudien Matemáticas o lo que sea por las tardes: ya trabajan demasiado, a pesar del poco reconocimiento de la labor que hacen. Debe ser parte de su formación en la Universidad, aunque después sigan actualizándose, usando esta herramienta que tenemos entre las manos que es Internet.

En este sentido, me parece fundamental la labor de divulgación de las Ciencias en la red para hacer llegar a estos docentes los temas de forma clara y asequible con el fin de que ellos puedan ser los transmisores a sus alumnos, que, en algunos casos, son nuestros hijos.

No tengas miedo a las Matemáticas

Para resumir un poco todo lo anterior, voy a echar mano de una frase de Richard Feynman, premio Nobel de Física, que decía, más o menos, que las matemáticas, como las conocemos, han salido de la mente humana y, por lo tanto, están al alcance de cualquier humano.

¿Por qué no tratamos de trasmitir la belleza de las mismas y su necesidad con un poco más de gracia? ¿Por qué no actualizamos el contenido y el enfoque y le hacemos un favor a nuestros estudiantes y, de paso, a nuestra sociedad? Pero también en casa. Salid a buscar con sus hijos flores de Fibonacci, haced un sudoku con ellos, planteadle el reto que nos puso Juan Mata en El País...

Es maravilloso ver sonreír a un niño (y a un adulto) cuando entiende o resuelve algún reto matemático, nadie puede evitar la sonrisa al aprender algo nuevo. Y, visto como está la actualidad, es de las pocas cosas que no nos van a poder quitar.

Sobre todo, no olviden que el anumerismo también es incultura.

 

(*) Todas las ilustraciones son de Raquel Garcia Ulldemollins

 

Nota sobre la autora

Clara Grima (Sevilla, 1971) es doctora en Matemáticas y profesora titular del Departamento de Matemática Aplicada I de la Universidad de Sevilla.

Es la autora, junto a Raquel Garcia Ulldemollins, del blog Mati y sus mateaventuras, premiado con el Premio Bitácoras al Mejor Blog de Educación 2011Premio 20Blogs al Mejor Blog de 2011.

También es autora del libro Hasta el infinito y más allá.

Es colaboradora del blog de divulgación científica Naukas y de la revista digital Jot Down.

Hay 13 Comentarios

Publicado por: cuéntalo todo | 26/05/2013 19:15:02
Cuando hablamos de los mejores, ¿a qué nos referimos? ¿A los mejores científicos o matemáticos? ¿O las mejores docentes?
No es lo mismo y aseverar una cosa u otra nos lleva en distintas direcciones.
Si optáramos por los mejores científicos o matemáticos, estaríamos hablando de que le mayor peso de la educación cae en el carácter propedéutico de la enseñanza: se prepara a los niños para ser excelentes investigadores o excelentes profesores de universidad. Pero, ¿cuántos puestos de trabajo relacionados con esos ámbitos existen? Podemos estar hablando, como máximo, del 3% de los empleos, según el INE. Por tanto, el carácter de la enseñanza sólo puede ser selectivo: hay que elegir a los más mejores entre los más mejores para pertenecer a la élite. ¿Qué hacemos con el resto? La única opción es irles aparcando por el camino en distintas ramas terminales que les permitan ir al empleo.
Si estamos hablando de docentes, pensamos en personas formadas en pedagogía, psicología y otras materias, además especializadas en unos determinados conocimientos y en unas didácticas concretas para enseñar a conocer el mundo para ejercer su ciudadanía, que incluye desde ocupar un puesto de trabajo, construir relaciones o familias de forma responsable y participar en el marco político de toma de decisiones. En esta dirección, deberíamos apostar por el aprendizaje significativo, ya que sólo la construcción de pensamiento propio a partir de lo aprendido permite ir en esa dirección, dejando a los alumnos que vayan eligiendo caminos terminales para ir optando según sus intereses e inclinaciones.
En ambos casos, no obstante, falta analizar dos aspectos importantes:
1. ¿Cómo garantizamos el aprendizaje permanente? Dos son las premisas para ello: generar competencias que permitan aprender a lo largo de la vida y crear mecanismos para permitir seguir estudiando a través de un sistema educativo bien estructurado a muchos niveles. Sólo un modelo basado en el aprendizaje significativo podría construir este sistema.
En el modelo propedéutico esto no es posible, excepto montando una sucesión infinita de aprendizajes por niveles para acercarse a nuevos conocimientos, que no responderían a criterios de realidad, ya que la ciencia debe ser aplicada para poder ser desarrollada en todos los niveles laborales. Otros contenidos quedarían fuera (valores democráticos, responsabilidad personal, educación emocional,...), que nadie sabe dónde aprenderían, a no ser que se entienda que la religión cumple esa función.
2. ¿Cómo se elige a los mejores? Hasta hora, hemos utilizado el sistema de oposiciones, en el ámbito público (en el privado no es necesario y nadie ha establecido cómo se elige a los mejores) Pero, ¿un determinado nivel de partida permite elegir a los mejores? Si hablamos de docentes, es muy complicado, pues hay una parte esencial del aprendizaje que se relaciona con la práctica docente, por lo que sólo permitiéndoles participar en la educación podríamos enseñar a los mejores.
No es fácil, pues establecer un modelo para elegir a los mejores y no tengo más espacio para extenderme sobre el particular.

Las matemáticas no florecerán en este país porque los mejores no entran en los puestos de docencia.
Fin de la historia.

Venderles a los niños que estudiar ciencias vale la pena está muy bien, pero luego viene la realidad: paro, contratos basura, endogamia, emigrar. Esto lo dice un físico y matemático.

Las matemáticas no florecerán en este país porque los mejores no entran en los puestos de docencia.
Fin de la historia.

Venderles a los niños que estudiar ciencias vale la pena está muy bien, pero luego viene la realidad: paro, contratos basura, endogamia, emigrar. Esto lo dice un físico y matemático.

Las matemáticas no florecerán en este país porque los mejores no entran en los puestos de docencia.
Fin de la historia.

Venderles a los niños que estudiar ciencias vale la pena está muy bien, pero luego viene la realidad: paro, contratos basura, endogamia, emigrar. Esto lo dice un físico y matemático.

Quisiera profundizar un poco en el último argumento de mi texto, ya que estoy convencido de mi afirmación.
Es muy fácil encontrar ejemplos de niños a los que se les dice "eres tonto" y terminan comportándose como tales, de tal modo que, adquirida la categoría, el alumno ya no tiene que hacer esfuerzo que "ser" un tonto, pues es el rolo que le han asignado los adultos que le rodean. Es el refuerzo social, estúpido, utilizando una expresión de economistas.
Si soy tonto, ¿para qué quiero aprender nada? O dicho de otra manera, si no sirvo para las matemáticas, ¿para qué las voy a aprender? El argumento es generalizable y, por cierto, aplicable a unos de los principios rectores de la actual reforma educativa: si un alumno "no vale" para las enseñanzas académicas, es que "vale para las destrezas manuales" de las enseñanzas aplicadas: le exoneramos de seguir aprendiendo con los demás y lo enviamos a que se forme para el empleo y trabaje cuanto antes.
Hemos oído demasiadas veces esa temible frase de "mi hijo no vale para los estudios", como si fuera una mente inferior que ya no tiene que seguir estudiando y más vale que se dedique a trabajar. Pero, ¿alguien se ha preguntado si su trabajo siempre será el mismo o si tendrá que cambiar alguna vez de trabajo? ¿Y esa situación no requerirá volver a aprender para poder acomodarse a una nueva realidad laboral? Y si no vale, ¿cómo va a aprender? ¿Está condenado al paro o a jercer cualquier oficio manual que no requiera formación y que le impida mejorar su situación laboral, económica y personal?
Ya lo he comentado alguna vez, pero lo vuelvo a repetir, que Alemania está en fase de suprimir progresivamente su "famosa" formación dual, entre otras razones porque el nivel de formación es tan bajo y para perfiles tan mecánicos que casi no requieren formación y para puestos de trabajo tan concretos, que los empresarios alemanes, en una situación de cambio tecnológico y organizativo constante, encuentran que esos trabajadores no les sirven para transformar sus empresas y adaptar su estructura y productividad a nuevas situaciones. Y además se encontraban con otro problema: como sólo habían aprendido una cosa y habían sido segregados muy tempranamente (unos 11 años) por "no servir para estudiar", no sabían aprender nuevas cosas.
Alguien me puede acusar de productivista, lo sé, pero este ejemplo es válido en cualquier ámbito de la vida. Por ejemplo, si sólo he aprendido una forma de ser padre y no tengo recursos para seguir aprendiendo, me comportaré como mis abuelos y justificaré determinados comportamientos que ya no son aceptables, porque no puedo seguir aprendiendo. Y es frustración se traslada a muchos padres que dudan de si son buenos padres y tienden a abandonar sus responsabilidades por no saber responder a los nuevos retos del mundo, lo que redunda en una peor educación de nuestros jóvenes. Lo mismo podríamos decir de los profesores que se quejan de la disciplina, situación muy similar a la de los padres.
En definitiva, castizamente se diría que adjudicar un sambenito, convierte al señalado en la representación perfecta del mismo. Y como alguien señalaba antes, cuando se convierte en lugar común gracias a un saber convencional que no se basa en capacidades para el aprendizaje constante, se extiende el mal y, sobre todo, la inacción y la frustración. Precisamente tener capacidades de aprendizaje significa hacer frente a los retos, analizarlos y buscar la solución. No siempre encontraremos la solución definitiva (la cambiante realidad, además, nunca lo permite), pero algo hablemos aprendido que nos permita emprender el camino para encontrar una solución o mitigar los efectos del problema.

Afectado por citar a la geografía, diría que estamos ante una mente lúcida. Ya he visto por ahí algún comentario sobre "lo difícil" que es la matemática, en un espíritu que siempre he criticado, que parece asociar aprendizaje a sufrimiento. La cuestión no es si el conocimiento es difícil o no, sino cuánto de ese conocimiento tenemos que enseñar, cómo y para qué.
La autora muestra una pasión desmedida por su materia, lo que se agradece y se manifiesta en muchos compañeros de profesión, pero siendo condición necesaria, no es suficiente. Acierta cuando busca el cómo y lo encuentra en el reto: explicarse el mundo. De ahí que sea correcta su conclusión de que los ejemplos, las actividades y la ordenación de los contenidos deben estar en función de los alumnos y no en función de la materia.
Hoy sabemos que hay animales que saben sumar y restar, por lo que parece claramente un conocimiento intuitivo. Entonces, ¿por qué no utilizar esa intuición para que un niño o una niña descubra el mundo sin que lo convirtamos en el repetidor mecánico de un instrumento que podemos ir introduciendo como herramientas para estimular el descubrimiento de lo que le rodea?
Me perdonarán los matemáticos que hay por aquí si digo que el carácter de herramienta básica de la matemática debería basarse en su aplicabilidad, es decir, introducirse en materias relacionadas con las ciencias que permiten descubrir el mundo. ¿No se basa, por ejemplo, la física y la tecnología en aplicación de herramientas matemáticas para analizar los fenómenos naturales? Por no hablar de la formulación química o el cálculo de superficies para geografía, por ejemplo.
Lo mismo puedo decir, por ejemplo, de la geografía, que puede utilizarse para analizar problemas contemporáneos (la pobreza, el desempleo, la organización de nuestro mundo,...) e ir introduciendo esa lista que cita la autora de lugares y topónimos, que no pueden ser el centro de la geografía, sino un complemento para localizar los fenómenos. ¿Para qué más sirve saber los ríos de una región o un país más que para rellenar crucigramas o exclamar en un viaje "este río me suena"? ¿Es ignorancia llegar a Londres y no saber que el río Támesis, cuando podemos leer los letreros de la ciudad o preguntar a los nativos? O como se afirma en el texto: busco en internet el nombre del río que pasa por Londres.
Por eso me gusta la definición de "Ciencias Sociales" y odio los nombres de "Geografía" e "Historia de...", porque simplemente son listas de datos que se pueden encontrar en internet.
Es de agradecer escritos como este que animen a los profesores a convertirse en pedagogos y científicos que transmiten saberes de forma significativa y motivadora, de modo que dejemos de ser archiveros de herramientas o informaciones que comprobamos si alguien los sabe repetir de corrido.
Y un ejemplo cogido de mi propia experiencia. Como soy antiguo, recuerdo que en 2º de BUP tuve un profesor de Física que nos iba hablando de los distintos fenómenos que estudiaba la física (la velocidad, la fuerza,...) que tenían sentido para nosotros. Nos daba las fórmulas que se relacionaban con el fenómeno, nos las hacía copiar en una libreta y luego nos proponía retos o problemas en que la primera premisa era entender los datos que se daban y qué se pedía, luego ordenar esos datos para averiguar qué fórmula nos permitía resolver el enigma, incluso en los exámenes. Nunca he olvidado los principios de física que aprendí y soy capaz de seguir las informaciones que aparecen en la prensa de los fenómenos que tienen que ver con la física. Algo incomprensible si se tiene en cuenta que yo sería catalogado como "de letras", es decir, declarado inútil para las "ciencias" y, por tanto, exonerado de cualquier intento por comprenderla.

Una verdad como un templo... que lleva sacándose a la luz tanto tiempo que todavía no es explicable como no se soluciona de una vez.


Desde mi punto de vista, la base del conocimiento (conocer lo ya "descubierto" o descubrir algo nuevo) parte de la curiosidad. También creo que esa curiosidad es la base de una buena motivación. Con todo eso en mente, la pregunta "¿qué nodos relacionan el nodo N1 con el nodo N12?" no motiva, con perdón, "una mierda" ni siquiera a alguien que está trabajando en un proyecto de investigación aplicado a redes sociales, como es mi caso. Sin embargo, cambiando el contexto... "¿Qué amigos tengo en común con María?", se despierta la curiosidad y se dispara la motivación, mientras se mantiene la matemática base del problema.


Soy Ing. Informático y odié todas y cada de las asignaturas de matemática que tuve en la carrera (y eso que algunas como Álgebra se me daban bien) excepto matemática discreta. Nos la enseñaba un genio que igual no era brillante en su campo, pero era genial creando contextos.

Me encanta el trabajo de Clara y Raquel. Adoro a Mati y sin así tengo un pero.
Las matemáticas SON difíciles. Como me enseño una alumna de bachillerato. Me dijo "profesor para usted todo es muy fácil" Sentía que la llamaba tonta . Las mates son difíciles aunque no debemos regodearnos en la idea de que lo son. Debemos seguir el camino de Clara, haciendo unas matemáticas bellas que aunque difíciles merezcan la pena.

Creo que más que miedo, en primaria lo que abunda es el aburrimiento, la desgana y el desinterés. No da miedo sumar, restar, multiplicar o dividir. Sencillamente pasa que la vez 200 que multiplicas con decimales ya ni le pones ganas. Además los problemas de los libros de texto no es que sean anacrónicos o poco probables, es que dan la sensación de formar de parte de un universo paralelo sin contacto con la vida real. Lo mismo pasa con sociales, geografia e historia. Si les preguntas a los alumnos, son un rollo, no sirven para su vida, se olvidan tal como se aprenden y se pueden consultar en internet en dos segundos. La diferencia con las mates es que puedes viajar hasta el Guadiana y ver que existe, más o menos aprecias que las flores nacen, crecen y mueren y que todos tenemos antepasados de los cuales sabemos cosas o sea "historia". ¿Y las mates qué? Existen en un mundo a parte, un universo exacto, sin errores, sin margen de desviación, donde o es todo o es nada. Un espacio "absurdo" desconectado de la vida real donde el autobús, el avión y el tren llegan cuando pueden, no cuando deben, donde la cobertura del teléfono va y viene sin motivo aparente y donde te sale acné la noche antes de una fiesta. No hay atajos para amar a las matemáticas, únicamente las apreciarán un número determinado de personas. Lo cual coincide fielmente con el número de personas que amarán la biología, la geología, la física o la literatura española del siglo XVI, ni serán todas ni serán la mayoría.

Me encanta el trabajo de divulgación de mi amiga Clara Grima, y suscribo casi todo su artículo de hoy, pero tengo que discrepar en un punto importante: la ansiedad, el miedo a las matemáticas, no es ninguna leyenda urbana. Es muy real. Y negar la existencia de un problema nunca ha sido el mejor camino para resolverlo. Otra cosa, claro, es dónde está el origen de ese miedo. En la mayoría de los casos, el problema arranca en la presentación de las matemáticas durante los primeros años de aprendizaje. Si las matemáticas se aprenden de forma mecánica, sin entenderlas, la ansiedad aparece sola, porque uno no se siente preparado para resolver la siguiente tarea, si no es exactamente igual. Este fenómeno está muy bien contado en el libro "Arithmetic for parents" de Ron Aharoni. Aharoni es un matemático profesional israelí que dejó la investigación para dedicarse, durante 5 años, a enseñar matemáticas a nivel de escuela primaria. Producto de su experiencia nació ese libro, que me parece una referencia estupenda para aprender sobre estos temas.

Estoy muy de acuerdo en los puntos siguientes: desde luego lo del miedo a las matemáticas tiene mucho de sugestión; las matemáticas escolares pecan de algorítmicas y mecánicas, pues así vienen en el desarrollo del curriculum continuando una tradición arraigada; en los grados de maestro se debería estudiar más matemáticas y didáctica (bueno, tampoco estaría mal que hubiese alguien por ahí que supiese dar didáctica a los profesores de secundaria, no he visto muchos ejemplos esperanzadores, la verdad).
Pero no estoy de acuerdo en que la reformulación/actualización de los problemas los haga más interesantes, ni mucho menos más accesibles. La razón es más profunda, y no deja de asombrarme: ni con acertijos ni con pasatiempos ni con problemas lógicos suficientemente interesantes (y difíciles) se suele encontrar el ahínco (ni el orgullo) necesario para resolver en un porcentaje significativo del alumnado. La razón es la misma que provoca que sea en Matemáticas el lugar en el que surge la pregunta "¿Para qué sirve esto?" y no cuando estudian el Mester de Clerecía, el genitivo sajón, la Crisis del siglo III en Roma o la nefrona: los problemas matemáticos son intrínsicamente difíciles, y de hecho tanto mejor es un problema, entre otras cosas, cuanto más difícil es. La necesidad de pararse a pensar un rato va en contra del signo de los tiempos. Que el problema sea el de la caja de volumen máximo, los conejos y las gallinas o trate del número de respuestas en Ask Fm es anecdótico; como sea difícil rápidamente te quedas con el 20% de la clase.

Muy de acuerdo, en cuanto alguien te enseña a amar las matemáticas el amor dura para siempre.

Totalmente de acuerdo !!!!!! En mi caso las mates fueron un infierno de pequeña hasta tener sudores fríos a la hora de estudiarlas.... hasta que de repente un profesor nuevo con otra forma de enseñarlas y con gran interés de que aprendiéramos hizo que mi infierno se convirtiese en el paraíso y desde entonces no solo dejo de ser un infierno.. se convirtieron en algo divertido incluso adictivo...

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Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: [email protected]

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