Ayuda al Estudiante

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El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

La educación de una madre

Por: | 27 de junio de 2013

Mafada se equipara en antigüedad a su madre
Autora invitada: PAZ CABERO, física, madre de dos hijos y lectora del blog.

 

Nace tu hijo y toda tu visión del mundo se vuelve del revés. Aquel plan educativo perfecto, que incluía todo tipo de estimulación, temprana y lejana, un gran colegio, y actividades escolares y extraescolares desde el nacimiento hasta los 18 años, se hace nebuloso en cuanto lo tienes por primera vez entre tus brazos. Y de esa niebla surge con claridad otro proyecto paralelo: la educación de una madre. 

Las teorías ya no cuentan y las prácticas con los sobrinos o los hijos de los amigos, menos todavía, no te engañes. Lo que tienes entre manos es un ser humano de verdad. Con su carácter, su temperamento, y conforme vaya haciéndose mayor, con sus genuinas filias y sus fobias.

Lo que habías leído hasta entonces en tantos libros se refería a un experimento en condiciones normales, que son justamente las condiciones que no se suelen dar. Porque tu hijo será lo que sea, pero no es normal: es tu hijo.

Después de dar a luz tenemos que seguir haciendo de parteras, pero en otro sentido: ayudando a nuestros hijos a sacar lo mejor que tengan, o al menos intentar que ellos mismos vayan descubriendo la mejor versión de sí mismos. Lo haremos seguramente con errores, porque no somos infalibles, pero con todo nuestro amor, al estilo de Pedro Salinas con su amada: “Perdóname por ir así buscándote / tan torpemente, dentro / de ti. / Perdóname el dolor, alguna vez. / Es que quiero sacar / de ti tu mejor tú”.

En ese largo camino de autobúsqueda, debemos procurarles las herramientas, los recursos, las bases y también, por qué no, las raíces, para que luego ellos puedan volar por sí mismos. En la familia, en la escuela infantil y en su educación primaria en el colegio estamos echando los cimientos. Son años trascendentales. 

Por eso deberíamos estar todos bien alineados en nuestros objetivos para sentar esas bases de la mejor manera posible, en estos tiempos en los que no siempre estamos presentes, no es fácil tener a los abuelos o a los tíos a mano, y contar con los vecinos también es complicado.

Debemos estar alineados con los profesores para trabajar las rutinas que les permitirán desarrollar hábitos de orden (un sitio para cada cosa, cada cosa en su sitio,  un momento para cada cosa), de respeto, de responsabilidad y de convivencia. Eso les ayudará a ser responsables, a tomar decisiones, a ser luego verdaderamente libres.

Y, aunque a veces parece una quimera en estos tiempos, también la sociedad en su conjunto debe alinearse con los niños, sentir su responsabilidad para con ellos. No para mimarlos, sino para ofrecerles modelos en los que mirarse, para mostrarles que hay personas que viven su vida de modo admirable, no sólo porque hacen cosas admirables, sino porque viven una vida de gozosa superación. Hoy día es una tarea bastante difícil, vistos los personajes que saturan los medios de comunicación y los mensajes que recibimos: “El pez grande se come al pequeño”, “Tener es mejor que ser”, “Vale más la fama que el talento”… todo muy inspirador…


Madre del año

Es en el periodo de 1 a 11 años en el que todos, y sobre todos los padres, debemos centrar todos nuestros esfuerzos para que adquieran los hábitos que harán de su vida adulta una etapa fructífera y feliz. En el primer año, ya es demasiado que podamos cantarles canciones y contarles cuentos sin dormirnos ;-)

No hay una receta única, pero creo que cada uno de nosotros, cada familia, debe plantearse de forma reflexiva qué tipo de familia quiere crear, cómo quiere evolucionar, qué papel tiene cada uno de los miembros dentro de ella, qué valores de referencia quiere compartir.

Y en función de eso, buscaremos, en la medida de lo posible, el colegio que apoye nuestra visión del mundo, para que los niños encuentren el refuerzo adecuado en aquellos aspectos que los padres consideramos más importantes para ellos.   

Creo que eso no es ningún menoscabo de la libertad de nuestros hijos. Ellos necesitan un sistema de referencia claro y estable, y es responsabilidad de los padres ofrecérselo. Más adelante, ellos se encargarán, con sus propios criterios, de validarlo o de buscar algo diferente. Es mucho más fácil y enriquecedor hacerlo así que caminar por un desierto en el que no hay referencias para la orientación y sí muchos espejismos. 

Si el colegio no puede ser exactamente el que nos gustaría, no debemos renunciar a todo. Podemos buscar los puntos que nos acerquen a los profesores y tutores de nuestros hijos, intentando construir puentes y sobre todo dejando claro a nuestros hijos que los profesores tienen toda nuestra confianza y la autoridad para corregirles, lo que significa, de verdad, ayudarles a ser mejores.

Dejadme hacer un inciso sobre el sistema de selección del profesorado en la educación pública. No es humanamente posible dar lo máximo en las clases cuando durante dos, seis o diez años el profesor está pendiente de puntos, baremos o exámenes que le aseguren una plaza o un colegio. Esa incertidumbre no le ayuda a centrarse en el progreso de los estudiantes. No digo que no le importe, sino que no puede estar completamente centrado en ello.

Por otro lado, considero que la misión del colegio debe ser transmitir el conocimiento y actuar conforme a las normas éticas que la sociedad (no los gobernantes, quiero dejar claro) necesita inculcar a los niños para que se desarrollen como personas y, con ellos, toda la sociedad.

Con esto me refiero a que la propia interacción humana en clase, sea cual sea el modo en el que se conciba, enseña a los niños los valores transversales a los que se les está dedicando, en mi opinión, demasiado tiempo que debería dedicarse a la adquisición de destrezas técnicas, fundamentalmente lectura (obtención de datos), escritura (expresión y comunicación personal) y matemática (organización de los datos y aplicación de los criterios adecuados para la resolución de problemas).

El principito
De qué nos sirve que el colegio organice jornadas de la paz, la solidaridad y la amistad, si cuando se producen conductas disruptivas en el aula el profesor no tiene el poder de atajarlas, o mejor aún, de prevenirlas, y la dirección del centro mira para otro lado cuando se trata de resolver casos que ya han ido demasiado lejos. La enseñanza de los valores se hace con el ejemplo, el de los profesores, el de los padres y el del todas las personas con las que tratamos a diario.

Pero hay algo que no debemos perder de vista. Los máximos responsables de la educación de los niños somos sus padres, con nuestros aciertos (que los tenemos) y a pesar de nuestros errores. Y siempre teniendo en la mente la imagen de cómo nos gustaría que fueran nuestros hijos en el futuro. Por ejemplo: 

-si pensamos en un estudiante responsable, tendremos que hacerle descubrir desde muy pequeño el placer de disfrutar el mundo que nos rodea, y cómo el estudio es una forma preciosa de acercarnos a él; 

-si pensamos en un adolescente autónomo, capaz de arreglar su cuarto espontáneamente o, por lo menos, confinar el caos únicamente en esa estancia de la casa, o prepararse algo de comer, tendremos que permitirle acercarse desde pequeñito, poco a poco, a los fogones, a los trapos, a las escobas y las herramientas con que acondicionar el espacio que habita;

-si pensamos en un hijo que tenga confianza en nosotros y no le cueste contarnos sus cosas (más allá de que sea de natural retraído o no), tendremos que escucharle y conversar desde el minuto cero, superando sobre todo esa etapa, surrealista y verborreica de los dos a los seis años.

Es un proceso gradual y aparentemente lento. Pero pensad que todo pasa, y un día añoraremos los momentos que ahora nos parecen arduos, porque también esos momentos, o especialmente esos momentos, son los que ayudarán a crear lazos indestructibles con nuestros hijos.

Y como me dijo hace poco una persona cercana: que sepamos transmitirles que sus límites solo deben estar fijados por la humanidad, la razón y la justicia.

 

 

Nota sobre la autora

Paz Cabero es licenciada en Ciencias Físicas (Universidad de Valladolid) y máster en Gestión de Sistemas Integrados (Calidad, Medioambiente y Prevención de riesgos laborales). Ha trabajado en la gestión de proyectos europeos Leonardo y actualmente es responsable de Calidad, Medioambiente y Seguridad y Salud en una empresa de Ingeniería. Le gusta bastante más ser viajera que turista, y ello le ha inoculado el gusto por los idiomas.

Para mí era una lectora desconocida. Contacté con ella porque me gustaron sus breves comentarios a algunos posts y adiviné en ellos mucho criterio y sentido crítico, además de un interés por la educación inocultable. Cuando le propuse escribir, enseguida surgió el tema de la responsabilidad de los padres, que ella vive con mucha profundidad. 

De hecho, presume de que el gran proyecto de su vida es su familia y, cómo no, especialmente sus dos hijos, Fernando y Carolina, todavía pequeños. Ellos le enseñan casi más de lo que se siente capaz de asimilar y le motivan incesantemente para mejorar cada día y, de camino, para celebrar las pequeñas y las grandes cosas de la vida. 

Es una lectora de la que cualquier autor de un blog puede sentirse orgulloso: se interesa por lo que le dices, pero no se traga acríticamente todo lo que le dices, sino que lo contrasta reflexivamente con sus propias ideas. El sueño de cualquier autor: el diálogo con sus lectores.


Hay 8 Comentarios

En efecto, Silvia, esa es la misión última de la educación, la búsqueda de la mejor versión de cada niño: qué se te da bien, cuál es tu talento, eso puede convertirse en tu pasión, y también en tu trabajo y si tienes pasión (que no obsesión) por tu trabajo, serás feliz.

Gracias a todos por vuestros comentarios.

Excelente reflexión, pero en el mundo actual ya no es suficiente que la implicación de los padres sea exclusivamente en la educación de valores.
Yo creo que hay que implicarse mucho más: debemos conocer el talento de nuestros hijos y animarles a que lo entrenen cada día realizando pequeños proyectos sobre aquellas cosas que les motiven y les gusten, sean las que sean.
Podéis leer sobre ello en mi blog www.silviagirones.com y muy pronto saber más en un libro en el que estamos trabajando titulado "Experimenta, descubre tu talento, entrena tu pasión, crea tu profesión y sé feliz"

Primero de todo felicito a la persona/personas que han escrito dicho artículo, esta realmente muy bien elaborado.

La familia, padres y madres, son quien influyen en gran parte a la forma de ser y de educar a sus hijos. Un papel que hoy en día no juegan con tanta precisión como años atrás. Debemos tener claro como queremos educarlo y transmitir a nuestros hijos dicha educación igual que nuestros conocimientos. Es importante, que padres e hijos mantengan una buena comunación y unos hábitos conjuntos, por ejemplo: cenar todos juntos.
Doy la razón a este blog en cuánto a la educación basada en libros o teorias establecidas por posibles estudios, pero la realidad es completamente distinta -tal y como comentaís -.
Al mismo tiempo, creo que es importante motivar a los hijos y felicitarlos por sus hechos positivos y no solo castigarlos por los negativos. Debemos hacer que nuestros hijos valoren las cosas buenas de la vida y aprendan otros valores (valores que no estan en la educación escolar, sino en el día a día, en la rutina).

Gracias a la autora por dicha reflexión, una reflexión que nos hará a todos pensar.

Con mucha frecuencia coincido en el autobús con cinco o seis niños que van camino del colegio pastoreados por una chica de nacionalidad indeterminada. Ya de por sí no pasan desapercibidos pero, entre todos ellos, el que llama la atención es Miguel. ¡¡¡Miguel!!!, para ser precisos, que es la manera habitual de llamarle.
Tiene seis o siete años y es pura simpatía. Mulato, con el pelo muy corto y rizado, de mirada viva y, en todo momento, con una sonrisa. Va de uniforme y con una mochila que tiene, más o menos, su peso y su tamaño. Se sienta siempre con otro niño, un amigo con gafitas, al que le cuenta historias que no deben de ser del todo ciertas, porque provocan risas, gestos y exclamaciones y demandan la intervención, como árbitro o juez, de la cuidadora. Todo un personaje. Una oportunidad o un suplicio para la maestra o el maestro que conviva con él dentro de un aula.
Dice la doctrina católica que a partir de los siete años nos es dado el uso de la razón y, junto con él, la responsabilidad de nuestros actos. A partir de ese momento uno es consciente de las consecuencias de sus acciones. No es una creencia exclusiva de la Iglesia, sino que está presente en muchas culturas y es muy anterior a ella, que no hizo más que recogerla como tantos otros saberes y tradiciones.
Es un hecho que avalan las evidencias científicas, que constatan que a los siete años tiene lugar un importante cambio hormonal que modela el cerebro del que lo padece y, en consecuencia, su comportamiento.
Miguel está a punto de ser responsable de sus decisiones y, aunque sigue siendo un niño, aquellos que conviven con él, deberían facilitar que dejara de serlo. Es decir, deberían contribuir a su crecimiento en lugar de mantenerlo en una larga infancia seguida de una adolescencia perpetua.
http://www.otraspoliticas.com/educacion/miguel

Gran articulo... tienes tan claro como harás las cosas..pero después, descubres en el camino que no sabes muy bien como todo lo que tenias en tu mente perfectamente planificado no se ha cumplido y has actuado según el momento en algunas ocasiones con mas acierto que en otras

Entiendo que es importante educar con ejemplos más que con discursos.
Ser coherentes y sinceros.
Brindar cariño y comprensión.
Y tantas otras cosas.
Educar para la libertad, la convivencia, la justicia, la calma, la solidaridad.
Ya es bastante si lo logramos.

Me ha gustado.

Emocionante testimonio que padres y madres que hemos reflexionado sobre nuestro ingrato y, todo hay que decirlo, pésimo papel que hemos desarrollado en un etapa que se antoja larguísima en el plano vital y llena de una inmensidad de responsabilidades, deberíamos acometer con profundidad. Es bastante probable que seamos abuelos y podremos echar una mano a nuestros hijos para que intenten hacerlo un poco mejor que nosotros (tampoco serán padres perfectos), aportando nuestra reflexión.
Comparto casi todo lo que se plantea. Quizás, en mi caso, mi experiencia con la escuela de mis hijos no ha sido buena, especialmente en secundaria, donde más se definen nuestros hijos. Tender muchos puentes a personas que no entienden los valores que uno ha intentado transmitir a sus hijos (curiosidad, reflexión, respeto a las normas,...) que son sistemáticamente violados en el aula a favor de estrategias de mantenimiento de "monitos" repetidores y una aplicación acrítica y, en demasiadas ocasiones, de tintes autoritarios, de la autoridad moral del profesor. Y con los pocos profesores y profesoras que han sido razonables, incluso no estando de acuerdo siempre en todos sus postulados, hemos coincidido en la sensación de ser supervivientes en un mundo educativo donde, al menos en mi experiencia, predominan los valores negativos, cuyos desaguisados hemos tenido que corregir con muchísimo esfuerzo y tiempo por nuestra parte, incluyendo tardes enteras de compartir estudios y deberes, de tratar de reconvencerles de las bondades de intentar acceder al conocimiento, de pagos a academias para que pudieran repetir exactamente lo que se les pedía en el aula y reuniones tensas que no han resuelto casi nada.
Supongo que a veces mis comentarios en este blog pueden parecer ácidos y hasta insultantes, pero en lo emocional es fácil dejarse llevar por la pasión y abandonar la reflexión (mea culpa), porque como muy bien dice la autora, cuidar y educar a un hijo no tiene nada que ver con lo que te habían contado o habías leído.
Espero poder mantener el excelente espíritu de la autora y reconducir mi reflexión hacia la concordia, sobre todo en un momento en que la posibilidad de ser abuelo se va acercando, para poder seguir siendo un apoyo y no en un estorbo para la educación de la siguiente generación.

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Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: arroyocarlos@ayudaalestudiante.com

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