Ayuda al Estudiante

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El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

Nos legó el latín como instrumento para aprender a pensar

Por: | 31 de agosto de 2013

Post número 20 de la serie El mejor profesor de mi vida, escrita por los lectores del blog como homenaje a la profesión docente.


Autora invitada: SUSANA RODRÍGUEZ ROMÁN (Zaragoza)

 

El mejor profesor de mi vida fue un maestro al que recuerdo con reverencia y respeto absoluto, nacido del profundo cariño. Se llamaba Francisco Remiro, Paco Remiro, y era profesor de Latín en el instituto Grande Covian de Zaragoza en 1989.

Tuve la fortuna de asistir a sus clases, en 2º, 3º de Bachillerato y COU. A todas, absolutamente a todas. Incluso un día fui con las muelas del juicio recién operadas, y me dijo: "Rodríguez, espéreme en el pasillo que la voy a llevar a su casa. Se encuentra usted fatal y no es posible que no esté en la cama".

Lo suyo era impresionante, porque explicar latín y que 44 adolescentes llenos de hormonas y de granos se quedaran boquiabiertos hora tras hora y tradujeran la Guerra de las Galias sin pestañear es de Nobel.

Veréis, analicemos las posibilidades, este acusativo tiene cinco, por ejemplo, un acusativo de lugar, el sujeto de un infinitivo, un objeto directo, parece un acusativo pero no lo es.... y así, ad infinitum.

Con el tiempo, cualquiera se podía convertir en un médico con la mente entrenadísima para el análisis: mmm… me duele la cabeza, analicemos… tengo la tensión alta, estoy con la regla, hace mucho calor, tengo un tumor cerebral.... descartemos...

Paco Remiro hizo de la gramática latina un elemento esencial para aprender a pensar, a razonar, escribir, a admirar como se estructura una lengua, que es como decir como se estructura la mente humana.

Fui el número uno de mi oposición. Estoy convencida de que fue gracias a su Latín, y así fui a decírselo, agradecida, al instituto de la Bombarda de Zaragoza, donde lo encontré.

Se qué murió poco después. Su pérdida, para quienes hubieran podido ser sus futuros alumnos es ya irreparable. Los que tuvimos la enorme suerte de disfrutarlo nunca lo olvidaremos.

Para mí es un ejemplo de como una sola persona sí puede cambiar la Historia. Tu historia.

 

Nota sobre la serie El mejor profesor de mi vida

La idea de pedir la participación de los lectores para publicar esta serie surgió a finales de abril, cuando estaba retocando precisamente el post El mejor profesor de mi vida. La primera selección de testimonios de los lectores de este blog es muy emocionante. Comenzó a publicarse el pasado 4 de julio (con El milagro de Miss Phillips con la Historia) y termina el próximo día 4 de septiembre.

Sería estupendo que siguieran llegando textos y fuéramos capaces de establecer un día fijo para publicar esos testimonios más adelante. Por eso animo a todos los lectores, y también a los jóvenes que aún están a diario en el aula, a enviarme sus textos.

Las normas son muy simples:

- Identificar al autor y al profesor con nombres y apellidos.

- Extensión: 500-1.000 palabras.

- Ubicación: ciudad actual del autor y ciudad en la que se produjo el encuentro con el profesor.

Espero nuevos testimonios. Creo que el reconocimiento a los grandes profesores es nuestra deuda moral como estudiantes y nos ennoblece como sociedad. Que falta nos hace.

 

 

Hay 3 Comentarios

Se ve que abundan los profesores de las tan denostadas lenguas clásicas. Creo que es debido a la pasión que muchos de ellos sienten por sus asignaturas, que a la larga es lo que de verdad marca a los alumnos, por encima de la supuesta "utilidad práctica" de la asignatura.
Enhorabuena por la serie.

Por lo visto yo no tuve tan buena suerte... Tras estudiar una y otra vez las distintas asignaturas desarrollé una buena memoria pero poca o nula capacidad de análisis, de hipotetización, de crítica. Esos aspectos intelectuales eran ajenos a las distintas escuelas e institutos por los que pasé. De todo ese esfuerzo queda muy poco. A pesar de todo, por mis padres continúe los estudios y casi sólo volví a interesarme por el conocimiento y la ciencia. Espero que a los demás la escuela no le haya servido como a mí para restar motivación.

Susana, su artículo acerca del mejor profesor, en su caso, Paco Remiro, es muy interesante e instructivo. Su relato me recuerda mi adolescencia. Tuve la suerte de tener buenos maestros y maestras en primaria, y buenos profesores y profesoras en secundaria, no así en la universidad con un profesorado muy deficiente. LLeva usted razón, un buen educador permite desarrollar, con eficacia, la formación de la personalidad del alumno.

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Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: [email protected]

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