Ayuda al Estudiante

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El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

El mejor amigo de los estudiantes

Por: | 21 de octubre de 2013

Entre el caos y la ilusión. Obra de Ana Calderón
Mi primera tentación fue titular este post GTD para jóvenes, pero me acobardé después de hacer un pequeño sondeo casero y darme cuenta de que la mayoría de los lectores se iba a quedar con los ojos a cuadros. Me decidí por este otro, que también tiene su punto de intriga, pero no suena tan excluyente.

Así que ahora ya tenemos dos pequeños enigmas: ¿qué es GTD? y ¿cuál es el mejor amigo de los estudiantes?

Empecemos por el último. Creo que el mejor amigo de los estudiantes es nada más y nada menos que el orden. Por oposición al caos, la desorganización, la falta de previsión, la mala o inexistente planificación, el despiste permanente, la improvisación, el olvido de los compromisos y los incumplimientos generalizados. El orden es lo que convierte a una persona en fiable o la hace parecer menos confiable que un mono con una pistola, como dice un amigo mío. El orden en sus cosas y el orden en su mente.

Para desacreditar la idea del desorden, me viene bien acudir a una manipulación descarada, pero muy consolidada, de una idea de Goethe: “Prefiero la injusticia al desorden”. Es un burdo tópico derivado de la auténtica “prefiero cometer una injusticia antes que soportar el desorden”, que no es lo mismo, y que, si no recuerdo mal, Ortega y Gasset apostilló diciendo: “porque el desorden genera mil injusticias”. Con permiso de Goethe, me quedo con la frase manipulada para evocar así un cierto paralelismo con las malas consecuencias que el desorden acarrea en la vida de las personas.

Organizaré la exposición ensalzando las virtudes del orden y desvirtuando ese fastuoso caos al que parecen golosamente encadenados tantos jóvenes estudiantes (y no solo ellos), para concretar luego unas tablas de la ley del orden (solo que con 20 mandamientos). En el próximo post propondré algunas herramientas bastante básicas, pero que soportan fenomenalmente el edificio del orden de cualquier estudiante que lo intente con convicción.

Debo decir que alguna de las ideas que siguen están inspiradas por un autor que se ha convertido en una especie de gurú de la organización profesional y personal, David Allen, principalmente con su libro Getting Things Done (GTD), que podríamos traducir libremente como Consiguiendo hacer las cosas (o Cómo conseguir hacer las cosas), y que ha sido publicado en español como Organízate con eficacia [ver nota al final de este post].

Tarde apacible. Obra de Ana Calderón
Veamos ahora las virtudes del orden:

1. El orden libera la mente. Con la inestimable ayuda del papel, el orden libera nuestra memoria operativa (working memory) de la necesidad de estar “pendiente” de todo lo que tenemos “pendiente”. Nuestra memoria operativa es una especie de RAM cerebral de capacidad limitada, así que no tiene sentido que la malgastemos usándola abusivamente, como si fuera un disco duro de miles de teras, para recordarnos asuntos, compromisos e incluso minucias, en lugar de hacerlo para su más noble cometido: analizar, planificar, enfocar o pensar. Y qué decir si ni siquiera se molesta en recordárnoslos y, en consecuencia, olvidamos nuestros asuntos.

2. El orden es facilitador, porque permite una visualización limpia, rápida e intuitiva de todo lo que tenemos por delante, y también de lo que hemos dejado atrás, lo que, dicho sea de paso, conlleva su buena dosis de motivación y respiro: algo imprescindible para vivir dignamente.

3. El orden clarifica nuestros objetivos y permite visualizar bastante mejor los resultados deseados. Por lo tanto, es un factor muy relevante y, en ocasiones, imprescindible para la consecución de nuestras metas.

4. El orden es sumamente orientador en la toma de decisiones racionales, analíticas y basadas en buenas jerarquías.

5. El orden es tranquilizador, ya que neutraliza eficazmente el estrés que generan las urgencias y las incertidumbres.

6. El orden (de la mente) se refleja en el orden (de nuestro escritorio). Y sospecho que también un pelín a la inversa.

Antes de detallar algunas consecuencias del caos, quizá merezca la pena hacer el esfuerzo (inútil, lo sé) de romper la mitológica asociación que tantas personas hacen entre caos y creatividad. Es evidente que del caos han surgido grandes creaciones, y es innegable que hay personajes de creatividad tan elevada como extremo su caos.

El único problema es que eso ocurre una vez entre miles; es decir, con una aproximación asintótica a cero (a medida que se restringe el número de personas). Hablando en general, no es nada probable que te toque a ti, porque, para la mayoría de los mortales, el caos no es creativo, es improductivo. Salvo que se considere que, por ejemplo, una tormenta de ideas es algo caótico, idea que yo no compartiría (porque pienso lo contrario: las tormentas de ideas no son caóticas, sino increíblemente creativas, incluso las individuales).

Odio. Obra de Ana Calderón
Hecha esta aclaración, dediquémonos con el mejor ánimo a combatir el caos:

1. El caos es altamente ineficiente porque, con mucha frecuencia, nos hace entrar en un bucle improductivo  y desgastante, cuando no directamente nos obliga a abandonar lo que tenemos entre manos.

2. El caos no es complejo en un sentido positivo: lo que es es un lío monumental (en griego es antónimo de cosmos, orden). Mutatis mutandis, se le podría aplicar la frase del fundador de Dee Hock, fundador de Visa:  “Los propósitos y principios simples y definidos dan lugar a un comportamiento inteligente y complejo. Las reglas y normas complejas dan lugar a un comportamiento simple y estúpido”. Sustitúyase “simples y definidos” por ordenados y “reglas y normas complejas” por caóticas y lo tendremos interesadamente traducido.

3. El caos no es creativo, salvo para algunos privilegiados que, obviamente, tampoco parece que basen toda su creatividad en el caos, sino que tienen unos cuantos atributos más importantes, empezando por la creatividad en sí.

4. El caos no es fácil, al menos a medio y largo plazo. Lo es solo en el primer momento, si reconocemos que controlar la entropía de las cosas requiere inicialmente un buen gasto de energía, pero este gasto sale luego bastante más rentable que la inicial tentación de dejarse invadir por el desorden.

5. El caos es oscuro, confuso y traicionero: siempre esconde sorpresas desagradables, desde perder cosas a incumplir compromisos o fracasar en nuestros intentos. (No negaré que también ofrece ocasionalmente algunas agradable sorpresa: 1 de cada 10, tirando por lo alto).

6. El caos genera estrés por causas tan variadas como la falta de control sobre la propia vida, la inacción o la falta de preparación antes de actuar (con el consiguiente riesgo de fracasar).

7. Como irónico y áspero remate en negativo, podríamos poner la frase de un personaje siniestro como Mao Zedong: “Cuanto más grande es el caos, más próxima está la solución”. Si lo dijo él, me inclino decididamente a pensar que será cierto lo contrario.

Entre el sueño y la tormenta. Obra de Ana Calderón
Veamos ahora una personal (y muy arbitraria) especie de tablas de la ley del buen orden y la buena organización (orientada, eso sí, a la acción, no a la mera contemplación de la armonía):

1. Afronta las cosas cuando surgen, no cuando estallan (David Allen). Y menos aún cuando se pudren, añadiría.

2. La escasez de tiempo no impide la organización: la exige perentoriamente.

3. Todo a la vez es nada por el momento. Ni más ni menos. Así que unas cosas antes que otras, no un espectáculos de saltos de trapecio en trapecio.

4. La tinta más pálida es mejor que la memoria más retentiva (proverbio chino). Muchos lo saben y no tantos lo ponen en práctica (minuto a minuto).

5. La mente es para pensar, no para clavar chinchetas con recordatorios. Lo normal es acabar pensando en las chinchetas (ni siquiera en los recordatorios): es decir, "Sé que tenía que acordarme de algo relacionado con el examen del lunes, pero ¿qué era, qué era...?".

5. Anótalo y deja de pensar en ello (hasta que lo hagas). No lo anotes y te verás en esta disyuntiva: darle vueltas a la noria u olvidar. Pero anota las tareas y los compromisos de inmediato y definiendo bien la acción (con verbos y lo más concretamente posible, no de forma difusa).

7. Mejor hacerlo antes que después, porque los imprevistos tienen la fea costumbre de llegar de forma imprevista. Así que puedes meter directamente en tu ecuación el término 2x (o incluso 3x), en el que x significa “imprevistos”.

8. “Piensa antes de hacer, pero no te pases tanto tiempo pensando que no llegues a empezar” (Benjamin Disraeli).

9. Si vas a tardar solo un par de minutos, hazlo ya y sin planificarlo, porque tardarías lo mismo en lo uno que en lo otro (David Allen).

10. Empezar algo ya es media acción, y la acción tiene un increíble y casi mágico efecto autoorganizador [dedicaré un post futuro al efecto milagroso de empezar a hacer las cosas para acabar de hacerlas"].

11. Quítate cosas de en medio y sabrás bien lo que es disfrutar.

12. Es más productiva la decisión de avanzar que la prisa por acabar. La primera rinde frutos; la segunda produce errores.

13. Ordenar es reordenar (frecuentemente): en el orden, como en el amor, nada es eterno (porque todo es entrópico).

14. El primerísimo paso del orden es un buena bandeja de entrada o Inbox (David Allen): un sistema centralizado de recogida de asuntos y compromisos (no valen los bolsillos de tres pantalones, dos mochilas, tres cajones, medio escritorio, la mesita de noche y el fondo del armario). Es decir, la bandeja de entrada no puede ser un universo en expansión, sino todo lo contrario: un embudo absoluto. Traducido al lenguaje escolar, una bandeja en el escritorio y una subcarpeta (de un color único, no compartido) en la mochila, ambas exclusivas para recibir nuevos asuntos.

15. La papelera es una de las mejores aliadas del orden (también de la creatividad, ya que el ensayo y error es uno de sus fundamentos).

16. No hay un buen día a día sin una buena revisión semanal de la agenda (David Allen).

17. Hay cosas peores que organizarse mal o incluso muy mal: no organizarse en absoluto. Lo que está mal se mejora. Lo inexistente, no.

18. La acumulación de urgencias no se llama urgencia acumulada: su nombre suele ser desorganización.

19. “Siempre lo he hecho así y me va bien, a estas alturas no lo voy a cambiar” es un argumento insignificante, porque todos deberíamos pensar que es imposible que no sea posible mejorar. Decía Séneca: "¿Hay algo mas necio que no aprender por no haber aprendido antes? El estudio es una escuela que admite a los hombres de cualquier edad. Mientras uno es ignorante, siempre es tiempo de aprender".

20. Quien organiza descansa (sin perjuicio de que algunos lo hagan también rebozados en el caos).

Para no alargar en exceso este post, dejo para el próximo lunes 28 de octubre las herramientas que pueden ayudar a los estudiantes a mejorar su organización.

Pero antes, una pregunta muy maliciosa: ¿Es posible que nuestros hijos lleguen a ser ordenados si en casa le enseñamos, con el ejemplo, todo lo contrario? Y otra: ¿Es posible que lleguen a ser ordenados si en casa todo se lo ordenamos nosotros?

Sobra la respuesta.


 

Primera nota (de agradecimiento a la pintora Ana Calderón)

Hace unos días, buscando otra cosa, di casualmente con el blog de Ana Calderón y me gustaron mucho sus cuadros, enormemente expresivos y muchos de ellos con una tensión geométrica que salta a los ojos quieras o no quieras. Se me ocurrió que podía ilustrar con ellos este post y le mandé un mail pidiéndole permiso. Fue dicho y hecho. Y por ello le agradezco muy especialmente su generosidad al autorizarme a usar sus obras. Aquí la tenéis a ella.

 

Segunda nota (sobre GTD y David Allen)

Los lectores interesados en cuestiones de organización y productividad en el trabajo conocerán probablemente a David Allen, y su GTD (Getting Things Done), publicado en español como Organízate con eficacia (Urano, colección Empresa Activa).

Organízate con eficaciaMe parece un autor interesante, aunque idolatrado en exceso por el subsector de la organización y la consultoría en esta materia. Tiene no pocas ideas interesantes (especialmente las más simplificadoras), pero las expone a veces de una manera tan repetitiva y endiabladamente ambigua e inespecífica que uno no sabe si es para captar asistentes a sus seminarios o por que esa es su manera de pensar o escribir (que, por cierto, deja que desear). Lo cierto es que ha tenido un éxito extraordinario y ha dado lugar incluso a una especie de industria de aplicaciones y programas informáticos del tipo de productividad y agenda que siguen sus pautas.

Insisto en que su metodología organizativa es inspiradora (no muy simple ni tampoco mágica, en mi opinión), pero hay otras tres cosas que me resultan particularmente curiosas: una cierta vena cuasirreligiosa en algunos de sus comentarios (fuera de lugar en el contexto); una notable incapacidad para formular de forma simple y clara algunas de sus propuestas y, por último, una manera de poner títulos y nombres a las cosas que más vale que entrenara. Quizá siga en ello la cruz de la tradición anglosajona, que ofrece dos caras muy opuestas: excelentes títulos de majestuoso poder de síntesis y otros en los que, por lo contrario, se refleja lo primero que se les ocurre, por estúpido y nulamente evocador que resulte.

 

Hay 3 Comentarios

Hola a todos!

Coincido en lo importante del orden, a nivel educativo, pues es un facilitador del aprendizaje.

Pero...añado que el desorden (bien llevado) y en cierta medida es muy productivo. Desarrollar la creatividad en ambientes excesivamente rígidos es IMPOSIBLE.

Si cambiamos la estructura de las clases, de algunas clases, comprobaremos que los alumnos al principio están muy despistados porque no están acostumbrados a moverse, trabajar en murales en las paredes, hablar en alto con su equipo, a discutir problemas con sus compañeros y a diseñar soluciones...Para crear ambientes creativos es imprescindible un ambiente más informal y menos estricto; relajado y divergente.
Como profesora, reconozco que da miedo llevar una clase más libre, pero en la Florencia de los Medicci funcionó y potención un gran talento...
Os aseguro, que viendo el resultado del trabajo con una metodología activa y abierta, en algunas materias debemos cambiar nuestro rol y el de los alumnos para que aprendan haciendo.

Saludos a todos!!!

cristina necesita ayuda

Tengo algo interesante que decir al respecto de todo este asunto. Siempre he sido terriblemente desordenada para la mayoria de las cosas, mi escritorio es el ejemplo del perfecto caos, lo mismo que mi carpeta y mochila de clase (aunque en absoluto ocurre lo mismo con el ordenador, curiosamente).
El asunto interesante, es que en mi casa todo el mundo es increíblemente ordenado y limpio. Mi familia es la más ordenada que conozco, siempre me han enseñado a serlo y me han obligado a recoger mis cosas, pero yo sigo siendo un desastre en cuanto al orden, incluso cuando cuento con agendas, calendarios o listas "To do".
Adoptada no soy, a si que me surge la duda razonable, ¿de donde sale el ser desordenado? ¿habrá algún gen recesivo al respecto?

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Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: [email protected]

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