Ayuda al Estudiante

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El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

Estudiantes de hoy y profesionales de mañana

Por: | 14 de octubre de 2013

Biblioteca 2

Nuestros hijos pasan una veintena de años en un muy singular ecosistema: el aula. No hagamos caso al gardeliano tango Volver dando por hecho que "veinte años no es nada". Hay dos maneras de abordar esas décadas de educación formal: pasar el rato escatimando esfuerzos con la vana esperanza de que mañana será otro día (muy distinto) o afrontarlas como un periodo de permanente y acelerado enriquecimiento intelectual, emocional y psicológico, siempre en busca de uno mismo. 

Pero también hay dos maneras de ponerse en marcha, parecidas desde fuera y vividas de forma radicalmente diferente desde dentro. Uno puede dejarse llevar únicamente por la obligación de aprobar y el correspondiente deseo de decir adiós (a este profesor, a esa asignatura, a aquel colegio), o puede motivarse y luchar por alcanzar grandes objetivos: formarse, asumir valores, ampliar conocimientos, adquirir habilidades y competencias, desarrollar creatividad, generar hábitos… Es decir, mejorar para quedar en condiciones de volver a mejorar (en una paráfrasis de esa expresión extraordinaria, aprender a aprender, que tanta incomprensible incomprensión provoca).

Supongamos que en plena conversación sobre su futuro profesional y la mejor manera de prepararse para afrontar las incertidumbres, nuestros hijos se nos plantan delante y nos preguntan a bocajarro: “Déjate de grandes rollos y dime cuáles serían los principios que deberían inspirar mi vida de estudiante para llegar en buenas condiciones al futuro que me espera".

Glub… ¿Alguien se atreve?

Es una temeridad... pero me atreveré.

Incluso dejando fuera cosas importantes (y me disculpo por ello). Con una precisión y una condición. La precisión es que eludo deliberadamente el mundo del arte (que el pasado 12 de septiembre analizó brillantemente Ana García López en su post Modelos desnudos o lo que de verdad te pierdes si no estudias arte), porque es un tema que, más allá de reconocer su trascendencia en el ser humano, no soy capaz de objetivar para incluirlo en un perfil genérico de competencias para abordar un futuro profesional. Seguramente, porque es más importante incluso que la profesión.

Debo aclarar, además, que cada punto contiene en su interior todo un mundo complejo. Así que la condición es que los lectores se animen aquí a hacer comentarios con sus ideas, especialmente las divergentes, pero no den por hecho que lo excluido es despreciado. 

Dicho lo cual, ahí van esos Diez Mandamientos de destrezas estratégicas a desarrollar durante una buena carrera estudiantil. Matizo, antes de empezar, que no hablo de desarrollo personal integral, sino profesionalizante.

1. Conviértete en un gran lector. La lectura es una de las principales claves del conocimiento. Aprendemos muchísimo de lo que oímos y lo que vemos, pero fundamentamos el conocimiento transmisible en lo documentado. Por lo tanto, sin menospreciar otras manifestaciones excelsas e irrenunciables (¿cómo podríamos hacerlo con obras como La Pasión según San Mateo, el busto de Nefertari, Los girasoles o El espíritu de la colmena?), en los textos te esperan cantidades inabarcables de conocimiento que contribuirán de forma decisiva a tu desarrollo personal, profundo y complejo. Y no solo hablamos de conocimiento técnico, práctico o específico, sino sobre el género humano en su sentido más amplio (incluido el conocimiento sobre ti mismo), y asimismo entretenimiento, diversión y consuelo.

2. Aprende a escribir y elaborar buenos documentos y trabajos. Debes dominar la escritura con habilidad investigadora (competencia informacional la llaman ahora), solvencia lingüística, soltura expresiva, sentido del ritmo, rigor conceptual, cuidado formal y, algo mil veces olvidado, capacidad de adaptación al destinatario y al uso previsto del documento. Un documento mal concebido, descuidado o mal redactado se convierte, a los ojos de quien lo lee, en un desacreditado reflejo de la personalidad de quien lo escribe.

3. Domina el inglés. Podríamos hablar en general de las competencias comunicativas, pero prefiero segregarlas. No tengas una sola duda: tu primer idioma extranjero es el inglés. Luego, si fuera posible, alguno más (ahí entran en juego los gustos: chino, árabe, alemán, francés, etc., dependiendo de los intereses profesionales y culturales de cada uno). Pero la posibilidad de evitar el inglés como lingua franca y futuro idioma de trabajo disminuye cada día a un ritmo vertiginoso. Teniendo en cuenta nuestras tremendas deficiencias en su enseñanza, se hace imprescindible tomar iniciativas personales que garanticen su dominio. Un profesional maduro sin el inglés pierde oportunidades; pero un joven, además de perderlas, queda automáticamente bajo sospecha.

4. Aprende a trabajar en equipo. La vida profesional moderna es inconcebible sin la necesidad y la capacidad de trabajar en equipo. No solo mano a mano, como en un instituto, sino también con interlocutores a miles de kilómetros, conectados por Internet, comunicados por videoconferencia e incluso redactando documentos conjuntos. Y con personas de otras culturas, otras costumbres y otros códigos de comunicación que necesitarás conocer suficientemente. Además, trabajar en equipo de forma eficaz exige previamente un manejo adecuado de la reuniones de trabajo (este tema de las reuniones requerirá un post futuro).

 

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5. Aprende a hablar en público. Otra competencia comunicacional para la que el sistema educativo español no prepara absolutamente nada. La vida profesional y la privada nos ponen a menudo en situación de hablar ante los demás. Es una lástima que una persona brillante en privado se vea mermada en público. Los nervios son inevitables al principio, y solo hay un remedio: sufrirlos unas decenas de veces y entrenarse hasta que desaparezcan. En otras palabras, el pánico escénico solo se combate como las agujetas, sufriéndolo muchas veces hasta llegar a superarlo. Y todos sabemos que al principio parece imposible. Para apreciar en su medida la necesidad de hablar en público, considera que cualquier persona con habilidades expresivas es sistemáticamente sobrevalorada en sus otras competencias. Es una especie de efecto halo, que nos hace creer que quien se expresa bien es más culto e inteligente. Hoy en día, esta capacidad de hablar en público incluye, por supuesto, la de hacerlo en inglés.

6. Acostúmbrate a establecer jerarquías. Y esto tiene su miga, porque implica ponderar permanentemente la realidad para distinguir la importancia de las cosas, identificar lo relevante, dominar así el arte de la síntesis y ser capaz de asignar prioridades a las tareas. Es importante poner las cosas en su orden, según su relevancia objetiva, su importancia subjetiva y su nivel de urgencia. No todo pesa ni vale lo mismo. El criterio para escoger eso, hacer en primer lugar esto o dedicar más esfuerzo a aquello no puede ser el azar. Tienes que desarrollar la capacidad de tomar decisiones bien ponderadas sobre la marcha. Hasta que se vuelva instintiva.

7. Desarrolla tu capacidad de organización y planificación. La capacidad de establecer jerarquías es el primer paso para ser una persona organizada y, consecuentemente, planificada. Sin negarle su papel en la vida, no podemos dejar que el azar determine nuestras jerarquías ni el caos nos imponga su horario. Decía Píndaro, y otros muchos han glosado, que "ningún viento es favorable para quien no sabe adónde va". Como es natural, la organización y la planificación requieren una alta sensibilidad en la gestión del tiempo: tienes que cultivar el arte de predecir cuánto necesitas para hacer las cosas y, establecida la duración, esforzarte en darle un cumplimiento lo más exacto posible. Y a posteriori, sacar conclusiones de los fallos, sean de planificación sean de ejecución. La semana que viene volveremos a este tema.

8. Desarrolla tu autonomía. La autonomía personal, la capacidad de tomar decisiones y abordar todo tipo de situaciones sin sentirte bloqueado por su dificultad o su novedad, es una cualidad trascendental para la vida adulta, cuyo desarrollo los padres no siempre favorecemos y, la mayor parte de las veces, impedimos. La adquisición de esta autonomía es un proceso complejo. En ocasiones incluso doloroso, pero sus beneficios son extraordinarios. Sentirte perdido a veces cuando eres joven te hará encontrar muchos caminos cuando seas adulto.

9. Aprende a conocer a los demás y desarrolla tu empatía. La adolescencia es una etapa de ensimismamiento, como consecuencia del proceso de autoconocimiento. Pero incluso entonces es necesario abrir los ojos a los demás, conocer y analizar cómo son tus interlocutores, y desarrollar la capacidad de entenderlos y modular tu conducta en consecuencia. Si no te esfuerzas en saber a quien tienes delante tropezarás con muchas dificultades que podrías haber evitado fácilmente y también perderás oportunidades de aprender. Con una denominación no precisamente muy evidente, los psicólogos lo llaman "teoría de la mente", refiriéndose a la capacidad humana para interesarse, suponer y averiguar lo que hay en la mente de nuestros semejantes, con toda su complejidad. Es decir, para entrar en su mente. Y es una característica fascinante, quizá de las que realmente nos hace más humanos.

10. Profundiza de forma equilibrada en la autoestima y la autocrítica. La vida es complicada sin su buena dosis de autoestima, pero también la carencia de autocrítica priva a las personas de cosas importantes: la posibilidad de mejorar continuamente (sin enrocarse en el rancio argumento de que "yo soy así") y las ventajas de conocer realmente su lugar en el mundo. La autoestima sin límites o el sentido autocrítico desaforado generan un desequilibrio que el resto de las personas percibe con claridad. La clave es considerar que la autocrítica, que a menudo se alimenta de la crítica ajena, debe estar siempre habilidosamente orientada hacia la mejora. 

He seleccionado 10 (que, si nos pusiéramos a desarrollarlas, serían 100). Creo que quizá no están todas las que son, pero todas las que están lo son.

 

Por cierto... (sobre la reforma Wert)

Ciertos amigos y algún lector me han preguntado si no iba a escribir sobre la reforma Wert justo en estos días en los que está convocada una huelga general contra ella. Aparte de esta nota, no lo haré por dos motivos elementales.

WertEl primero, que en este periódico y en todos los medios han corrido metafóricos océanos de tinta y, sinceramente, dudo lo suficiente de mi capacidad para decir algo que no haya sido dicho unas cuantas docenas de veces.

El segundo, que ya hace meses que he escrito lo que pienso en este blog, específicamente en Una reforma de cartón piedra, La educación traicionada, Qué enseñar y cómo aprender, Yo sospecho de ti y tú sospechas de mí: el colapso educativo, Necesitamos dos cosas: reconciliación educativa y reforma multipartidistaNo podemos avanzar si la mitad de nosotros se queda atrás y¡Travelling, educa... acción! (Pública). No es poco.

A ello se suma lo que han escrito invitados como los profesores Oriol Prunés, Juan Francisco Martín Castillo y, hace apenas tres semanas, el padre de la LOGSE, Álvaro Marchesi.

Con lo cual, quizá solo quede reiterarme en lo que he escrito y recordar mi convicción de que necesitamos indudablemente una reforma, pero no la de Wert, que, con toda la legitimación política del mundo, ha cometido un error tan monumental que solo su irresponsable arrogancia política e intelectual le impide verlo. ¿Tardará en darse cuenta él mismo? Quizá, pero, lamentablemente, ya será otra oportunidad perdida. Aunque me inclino a creer que pensará que el mundo estaba equivocado.


 

 

Hay 14 Comentarios

Muy Intersante Articulo, digno de toma en cuenta, ideal para todo aquel que quiera se un profesional en toda la extensión de la palabra

Me he sentido muy identificada ya que yo he tenido que buscarme las castañas para suplir las carencias de la educación pública con respecto al inglés. Y por ello me parecen claves los puntos 3 y 5 (dominar el inglés y aprender a hablar en público). Ahora mismo estoy estudiando inglés por Skype con profesores nativos a través de One2OneAcademy (http://www.one2oneacademy.com/) y tanto mi nivel gramatical como oral han mejorado muchísimo. Menos mal que existen academias como estas. Una pena la educación pública.

"Matizo, antes de empezar, que no hablo de desarrollo personal integral, sino profesionalizante." ¡Error! No se puede separar al individuo del profesional. Este ha sido otro de los grandes problemas del sistema, pretender que durante 8-10h cada día nos convirtamos en robots y nos olvidemos de que somos seres humanos. El secreto de una buena educación y por ende de personas felices, plenas y realizadas radica en integrar el factor humano y el profesional. La profesión ha de ser la forma en que el individuo se relaciona con la sociedad y aporta algo a ésta como servicio. La retribución o salario debería permitir satisfacer las necesidades básicas con holgura, pero es primordial que la profesión aporte sentido al individuo ya que si no éste se pasará la vida perdido queriendo ganar más dinero para llenar el vacío interior, consumiendo más y más, acopiando cada vez más cosas ya que se convierte en una carrera sin final... Una persona feliz no necesita más dinero que el necesario.

Debería existir un único mandamiento: CONÓCETE A TI MISMO. Todo lo demás está subordinado a esta máxima de todas las grandes culturas y filosofías. Educar no es atiborrar a alguien de conceptos con el fin de conseguir un trabajo para ganar un sueldo. EDUCAR es dar el tiempo, espacio y herramientas al alumno para que éste descubra sus talentos y habilidades innatas con el fin de que los explore y desarrolle. La propia palabra EDUCAR significa sacar lo que uno lleva dentro, guiar.

La primera frase del artículo lo resume el principal problema: "Nuestros hijos pasan una veintena de años en un muy singular ecosistema: el aula."

Qué puto coñazo con lo del inglés, pero qué coñazo joder.

Excelente síntesis, teniendo en cuenta la dificultad que encierra resumir en diez puntos las bases de la estructura formacional de una persona en sus primeros veinte años de estudiante.
Si estos principios rigiesen de verdad el proceso formativo de nuestros alumnos, rápidamente superaríamos a los paises nórdicos que me parecen son por ahora los punteros.

En el logro de los objetivos que propone el autor, veo necesaria la figura de un mentor comprometido, tanto en las escuelas y universidades ya que muchos corresponden al desarrollo integral de la persona.

Desde mi punto de vista, incluiría también la atención a la forma física (mens sana in corpore sano), la madurez emocional , la formación en valores y la automotivación.

Estimado Sr. Arroyo, "aprender a aprender" es un retruécano, se mire como se mire. Estudiar es dedicación (esa es su etimología latina), dedicar tiempo a adquirir conceptos, aprender técnicas, métodos y modelos de pensamiento e interpretación. Si no, el tiempo de estudio se vuelve vacío, una huera pérdida de tiempo y recursos. Esa es mi experiencia tras esos veinte años de estudiante de los que habla y otros veinticinco como profesor. Reciba un cordial saludo.

Sr. Robertti Gamarra. He visitado su blog y, para mi asombro se define Ud. como empresario y ESCRITOR. Resulta que la última palabra que escribe en su comentario...¡ tiene una grave falta de ortografía ! ¿ Adivina cuál es ? Mire Ud. OBSERVACIÓN no se escribe con SIÓN...y eso que es Ud. escritor profesional...no me imagino cómo serán sus negocios. ¡ Manda uebos!

No puedo estar más de acuerdo con sus mandamientos (a la vez creo que es algo obvio para cualquiera que haya participado del mercado laboral capitalista en el que vivimos hoy en día) pero creo que no ayuda mucho ya que si este artículo lo lee un estudiante (figura a la que se dirige el mismo) no llega a la leer ni el tercero.
Esto me lo ha intentado transmitir mi padre durante toda la vida (tengo 27 años así que desde hace 15 años ya) pero lo realmente complicado es conseguir transmitírselo a un adolescente y que cale en él el mensaje.

entre los puntos descritos falta el desarrollo a través de la sobrexposición a la vida mas pura, que suele ser más ruda, de la inteligencia emocional.......pero para eso hay que enseñar a no tener miedo, ese miedo que resulta tan valioso para el poder en sus multiples vertientes......aunque también hay que saber si se quiere apostar por una eduación suministradora de mano de obra de la maquina del mercado o una educación preocupada en el progreso social...y la eduacion parece haber tomado partido por la fabrica de esclavos.....solo el didactismo nos hace libres y nos encamina hacia la realización soñada........que aconsejaria hoy en dia un orientador a un hijo que sueña con ser periodista, cuando el mercado solo necesita Comunity managers o expertos de comuniicacion corporativa........o que sueña con ser filológo cuando el mercado solo necesita economistas......hay que empezar a entrever la educación como fabrica de kamikaces inmoladores......la proxima crisis no sera cuantitativa, no la tendremos a través de indicadores bursatiles.....

Yo era una persona muy motivada como estudiante, pero al llegar a la Universidad solo encuentro trabas al estudio y tareas realmente inútiles y carentes de contenido, lo cual me ha llevado a tener que guardar mis ganas de aprender a cuando me dejen tiempo para dedicarlo correctamente. Y a situarme en esa actitud de "que acabe ya, quiero dejar todo esto atrás".

Como siempre, Carlos nos ilumina con su sapiencia, un mucho de estudio y un magnífico sentido práctico.
Me ha alegrado mucho que ponga en primer lugar la lectura de cualquier cosa que caiga en nuestras manos y nos pueda interesar, cuestión en la que estoy totalmente de acuerdo. E internet nos facilita esta lectura curiosa, que primero se fija en el titular y luego se dedica a recorrer toda la información que sobre un tema nos ofrece para tener una panorámica general o profunda de ese asunto que nos ha interesado. Además, permite la posibilidad de guardar la fuente mientras dure en la página correspondiente o copiarla en un archivo para cuando se necesita y organizando los archivos por carpetas, temas, asuntos,... Este manejo debería ser una herramienta básica de la formación diaria y fácilmente adquirible desde primaria.

Una de las características comunes con las que me he encontrado un sinfín de veces, haciendo entrevista a candidatos para una puesto de trabajo, es la falta de experiencia y las secuelas del aprendizaje mecanizado. Se nota mucho cuando alguien ha sacado la carrera aprendiendo todo mecánicamente, lo cual le lleva a no saber aplicar los conocimientos cuando se queda delante del compromiso de defenderse como profesional. Esta no es una crítica, sino una obervasión.
http://interesproductivo.blogspot.com.es/

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Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: arroyocarlos@ayudaalestudiante.com

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