Ayuda al Estudiante

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El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

¿Padres contra profesores o todo lo contrario?

Por: | 07 de octubre de 2013

Escuela de Padres
Si te pregunto si te habría gustado tener como profesor a tu padre o a tu madre me extrañaría bastante que me dijeras que sí. Y creo que, si preguntas a quienes te rodean, seguramente saldrá por el estilo (dejando al margen nuestro afecto por ellos). ¿Pero por qué no los queremos de profesores? O si sois profesores, ¿por qué vuestros hijos prefieren tener a otros ahí delante de los pupitres?

Creo que se nos pueden ocurrir decenas de razones, algunas de ellas relativas a la saturación y el cambio de aires, pero hay una bastante elemental: ¿No será porque son papeles complementarios?

Y si lo son, ¿por qué tantas veces parecen divergentes, antagónicos o incluso irreconciliables?

Creo que la falta de sintonía entre padres y profesores es un notable problema de cualquier sistema educativo (y, específicamente, de cualquier centro educativo), no solo por sus posibles consecuencias catastróficas directas (no mayoritarias, por suerte), sino por la desoladora cantidad de sinergias frustradas (aunque la palabra genere algunas alergias), los desacoples de actuación entre padres y profesores (con sus efectos perturbadores en chicos y chicas) y el malestar difuso (o muy evidente) que desencadena en la comunidad educativa.

Mi objetivo en este post es demostrar (como si fuera necesario…) que los padres necesitamos a los profesores, los profesores a nosotros y nuestros hijos a ambos. Dicho de otro modo, que los tres vértices del triángulo educativo tenemos que unir fuerzas en beneficio no del sistema educativo en sí, no de la profesión docente, no de la comodidad paterna, no de la calma social, no. No es por eso, o no solo por eso. Es en beneficio de nuestros hijos. Y tampoco es para que saquen más sobresalientes, no. Es para algo más importante que los sobresalientes: para ser mejores después de pasar por las aulas (en un sentido abierto, pero que cada uno está en la obligación de dotar de contenido).

Analizaré a continuación los prerrequisitos para que esta unión de fuerzas se produzca, las razones por las que es necesaria, los principales factores de fracaso, y finalmente, unas pautas recomendables para padres y para profesores.

Qué necesitamos para que se dé la sintonía

1. Para que profesores y padres puedan unir fuerzas en beneficio de nuestros jóvenes, necesitamos profesores que tengan realmente interés por los alumnos, que sientan una cierta vinculación emocional con ellos (a pesar de lo difícil que algunos lo ponen, como todos sabemos), que los conozcan psicológica e intelectualmente, que se sientan responsables de su marcha (no únicos, por supuesto) y que dispongan de un conocimiento básico del entorno en el que viven.

2. Necesitamos padres que tengan cierta capacidad autocrítica, que estén muy abiertos a la mirada ajena, que amen a sus hijos pero no cierren filas incondicional e hiperprotectoramente y que tengan una confianza básica en el sistema educativo (a pesar de sus carencias, que también todos conocemos). La desconfianza genera desconfianza, da igual lo justificada o no que esté: jamás sucede de otra manera.

3. Necesitamos una regulación normativa que trate de forma equilibrada a los profesores y a las familias, estableciendo un marco general con dos premisas generales: en positivo, una filosofía de servicio a las familias (en cuyos hijos invertimos todos en beneficio propio, no como un favor), y, en negativo, unos mecanismos de gestión de problemas graves que den un amplio margen de actuación al buen criterio del centro (de cuyo Consejo Escolar forman parte las familias). Pero, incluso más allá de esto, necesitamos algo más sutil: una Administración educativa y unos dirigentes políticos que irradien un respeto profundo hacia la profesión docente (cosa que no verán nuestros ojos, como no sea de viaje en Finlandia).

Club de lectura padres
Por qué es necesaria la sintonía

1. Educar es muy difícil, sea cual sea el papel que a uno le toca. Nadie puede dominar todas las facetas, y el destinatario de la educación es una persona de gran complejidad psicológica y mental (y, por si fuera poco, en un estadio evolutivo muy fluido: literalmente, en fase de construcción, aunque muchos de sus cimientos datan de los primeros años y no siempre son revocables). Además, todos nos equivocamos a menudo y necesitamos un feed-back sincero y constructivo para hacer mejor las cosas. No solo los alumnos hacen mal las cosas, a veces tienen a quién parecerse.

2. Los papeles de padres y profesores son, como queda dicho, complementarios en muchos aspectos. En términos muy generales:

  • los profesores son más objetivos (y aceleradores de procesos evolutivos) / los padres más subjetivos (y ralentizadores);
  • los profesores son respetuosos, pero no hiperprotectores / los padres, más bien protectores e incondicionales;
  • los profesores conocen bien el oficio y algo peor a los chicos / la mayoría de los padres (a pesar de sus recuerdos de colegio) solo conocen bien a los chicos, y su subjetividad no siempre ayuda;
  • profesores y padres tienen ocasiones de compartir visiones muy distintas y enriquecedoras sobre la actuación de los chicos;
  • profesores y padres tienen horarios y lugares complementarios para la interacción con los chicos;
  • el ámbito de los profesores es un ámbito de socialización / el de los padres, de individualización;
  • el ámbito gestionado por los profesores es para los chicos un espacio de autocontrol, ya que son uno más, mientras que en su casa son los reyes (salvo excepciones).

Si esta complementariedad no nos permite sacar ventajas mutuamente compartibles, tenemos un problema de buen tamaño.

3. Compartir valores y pautas de comportamiento consolida su aceptación y asunción práctica por parte de los jóvenes. Algo que ellos ven y aprenden en dos lugares tan diversos como el colegio y el hogar, y procedente de personas con diferentes roles gana objetividad y tiene más posibilidades de arraigar en ellos. Es decir, la construcción de figuras, valores y pautas de referencia es mucho más eficaz cuando hay sintonía en los diversos orígenes.

4. El respeto sincero y explícito de los padres respecto al centro educativo y los profesores permite transferir a casa determinadas pautas de socialización e integración en un colectivo en el que el joven ya no es el único, el caprichoso, el rey. Dicho de otro modo, lo que tanto cuesta forzar en casa a veces ya viene hecho del colegio o el instituto. Pero solo si en el hogar se respira ese respeto hacia el centro y los profesores.

Las familias y los centros educativos
Factores de fracaso

Hay circunstancias en las que la colaboración entre padres y profesores está casi condenada, por diversas razones como las que expuse en el post La doble imagen de los profesores. Pero creo que podría destacar algunas de tremendo poder predictivo sobre este fracaso:

1. El profesor cree que se puede educar adecuadamente sin contacto con los padres. Suele ocurrir cuando piensa que su responsabilidad solo consiste en explicar contenidos, más allá de lo que de verdad aprendan sus alumnos. Es como si estos vinieran a ser un accidente en su profesión, de donde se deriva que los padres son un accidente al cuadrado.

2. El profesor reacciona a la defensiva, con carácter previo, ante cualquier solicitud o visita de los padres. Lamentablemente, y a pesar de lo que muchos docentes creen, esta es una realidad ampliamente percibida por los padres en sus acercamientos al centro.

3. Los padres descalifican la labor de profesores en lugar de explicar a los hijos de forma razonada y respetuosa cuáles son sus motivos para estar en desacuerdo.

4. Los padres creen que el centro educativo es un simple depósito de jóvenes, sin mayores responsabilidades para educarlos adecuadamente.

5. Justo lo contrario: los padres parecen no tener en cuenta que no todo se aprende en el colegio.

6. Los padres toman partido incondicional y ciegamente por sus hijos al menor problema en el centro, incluso ante de escuchar a los profesores. Más allá de las circunstancias concretas, esa es una conducta enormemente dañina para la capacidad de los jóvenes de hacer autocrítica y mejorar sus comportamientos. Flaco favor les hacemos.

7. Los padres exigen a los profesores que consigan de sus hijos lo que ellos mismos ni logran ni intentan. Utilizar una doble vara de medir es no solo injusto, sino dudosamente ético, y, en el fondo, desacredita a quien la usa.

8. Más allá de las diferencias lógicas, la divergencia frontal de valores importantes socava su eficacia formativa y, claro está, impide la colaboración sincera entre padres y profesores.

Recomendaciones para padres

1. Respetar explícitamente al trabajo del profesor y tener confianza inicial en sus criterios, especialmente delante de los hijos.

2. No minar la autoridad moral del profesor ante el hijo (naturalmente, salvo en situaciones extremas y muy evidentes). Yo iría más lejos: reforzar la autoridad moral del profesor.

3. Al margen de las reuniones generales, hacer al menos dos visitas anuales al tutor, en el primer trimestre (tras darle un margen para conocer al alumno) y a finales del 2º o inicios del 3º (por necesitamos dar algunos empujoncitos antes del sprint final). En cualquier caso, no esperar a que las cosas vayan mal para hablar con los profesores (el argumento de no tener tiempo para ir caduca tras ser usado una sola vez).

4. Reunirse con los profesores de materias que ofrezcan dificultades serias, con el fin de intentar trazar un plan de actuación adaptado en el que los padres puedan aportar su colaboración para que el hijo reencauce la situación.

5. Intentar propiciar un clima de confianza con el profesor en el que también sea posible enviarle mensajes a él o ella, y no solo recibirlos. Eso hace necesaria una preparación básica de las reuniones, en primer lugar conversando tranquilamente con los hijos.

6. Hablar con cierta frecuencia con los hijos de cómo van las cosas, interesándose no solo por las materias, sino también por los profesores, con el objetivo de sacar conclusiones (que serán privadas o no, según su naturaleza y su impacto en el alumno).

Recomendaciones para profesores

1. Considerar a los padres como aliados en la tarea de educar a los hijos. Sé que no siempre es del todo realista, pero creo que lo correcto es dejar que la realidad nos desmienta antes que dejarnos llevar por los prejuicios.

2. Implicar a los padres preguntándoles por los hijos, pidiéndoles cosas, aconsejándoles sin ningún temor a resultar demasiado didácticos. Por cada padre o madre susceptible a las lecciones educativas hay decenas y decenas que las agradecen cuando comprenden que es en beneficio de sus hijos.

3. Cuidar la comunicación con los padres, velando especialmente por que no sea solo una comunicación negativa o de alerta roja, sino también de valor informativo (y adaptado a ellos) e incluso de carácter positivo.

4. Preparar las reuniones con los padres de cada alumno para evitar que resulten una penosa exhibición de lugares comunes, aplicables por igual a Pepito que a Juanita. He sufrido unas cuantas de estas y lo único que me producían era una lamentable sensación de falta de profesionalidad. No es que esperara que me descubrieran la piedra filosofal, pero sí al menos que me hablaran de mi hijo (con cierto conocimiento de causa). 

 En materia de educación siempre he tenido un dogma. La comunidad educativa tiene tres grandes vértices: estudiantes, profesores y padres. Si los lados que comunican los vértices están llenos de interferencias, malentendidos y suspicacias, la cosa no funciona. Fuera del triángulo puede haber más o menos ruido (mejor menos que más), pero nuestro deber es preservar la armonía dentro de él. 

Hay 9 Comentarios

2. El profesor reacciona a la defensiva, con carácter previo, ante cualquier solicitud o visita de los padres. Lamentablemente, y a pesar de lo que muchos docentes creen, esta es una realidad ampliamente percibida por los padres en sus acercamientos al centro.

Evidentemente negativo, pero habría que preguntarse más bien por qué la actitud "defensiva", tensa, es tan frecuente entre los profesores, que en general son personas bastante normalitas. ¿Quizá por la frecuencia y el desparpajo con que son "atacados" y la indefensión que sienten ante esos ataques, privados y públicos?

4. Preparar las reuniones con los padres de cada alumno para evitar que resulten una penosa exhibición de lugares comunes, aplicables por igual a Pepito que a Juanita. He sufrido unas cuantas de estas y lo único que me producían era una lamentable sensación de falta de profesionalidad. No es que esperara que me descubrieran la piedra filosofal, pero sí al menos que me hablaran de mi hijo (con cierto conocimiento de causa).

Tiene usted toda la razón, pero ¿prepararlas cuándo, en qué momento del horario diario? No hay lugar para eso, ni para otras muchas cosas (necesarias) en nuestros horarios actuales. No hay ninguna hora (ni mensual) en que puedan coincidir los profesores de un grupo para hablar de los alumnos (excepto las 4 evaluaciones anuales), los intercambios de información son cada vez más de segundos, mientras uno corre escalera arriba y otro escalera bajo. Con ese grado de comunicación y 200 alumnos por cabeza cada curso, ¿de verdad cree posible que hablemos a cada padre de sus hijos "con conocimiento de causa" y sin lugares comunes?

Estos problemas que hay en la enseñanza en los colegios no sólo es en España, lo es en todo el mundo: Todas las leyes de protección al estudiante desde primaria, son ridículas e innecesarias, porque si el profesor esta desprotegido ante tanto energúmeno que hay suelto y muchos padres que les defienden a pesar de su comportamiento en clase, así es imposible que la enseñanza mejore, ya que si hay 3 o 4 alumnos por clase, que su comportamiento hacia el profesor y compañeros es de incordiar, con todo tipo de calificativos hacia el tutor y alumnos, es imposible dominar una clase, y menos ahora con el incremento de alumnos por clase.
No se les puede tocar, ni expulsar a no ser que sea una acción muy grave, por lo tanto queda por hacer que estos alumnos muy conflictivos sean expulsados o aislados de los demás alumnos, pero esta el problema que hay menos profesores y menos aulas para poder llevar acabo este gran problema, y todo esto suponiendo que los padres ayuden en este problema, que esto es otra cosa a abordar, ya que los profesores enseñan y los padres educan o tienen que hacerlo.
En el triangulo que Usted. se refiere hace falta todo esto y mas, pero sin perjuicios y sin complejos, yo creo que si no se hace así la enseñanza esta abocada al fracaso cómo hasta ahora, y me temo que los políticos nunca han estado a favor de abordar esto y para muestra un botón en tanta protección a los menores y dejar de lado al profesorado.
En todo esto esta todo muy claro, no les interesa que haya muchos alumnos con carreras ¿Donde les van a colocar? Eso en primer lugar y el otro que no les interesa que haya muchos con carreras porque así les dominan mejor. (Pueblo embrutecido)
En conclusión mano dura con todo.
¿Porque en el Norte de España hay mas chicos y chicas que acaban la carrera, mientras que en el Sur es todo lo contrario? REFLEXIONEN

las tutorías se determinan en función de los horarios, nunca en función de que sean tutores los mejores o mas experimentados para dicha labor, esto es un hecho, a partir de ahí lo que se quiera, llega un profesor/a interino a un centro y le puede caer una tutoría fácilmente por esa razón; demencial

. . padres que tenéis hijos e hijos que habéis tenido padres. La familia como santa institución sirve para inculcar la virtud en los salvajes . . . . . . ¿y algo mas?

No estoy de acuerdo en que los tres vértices del triángulo educativo funcionan bien. El Estado y resto de Administraciones crean las condiciones (y en ese sentido los últimos 25 años son un rotundo fracaso que afecta a todos los partidos y organismos públicos), pero la responsabilidad de formarse es de alumnos, padres y profesores. En un primer momento (la infancia) de los padres, inmediatamente después de los profesores junto con los padres, y en un tercer momento (a partir de cierta edad) la responsabilidad recae principalmente sobre el alumno. Es en las primeras etapas cuando se debe construir un clima de confianza y co-responsabilidad entre padres y profesores, lo que no se da en muchas ocasiones debido a la incomprensión y desconfianza entre ambos.

Creo que se tiene mucha razón en este post.

En términos generales, estoy de acuerdo con cuanto dice, Arroyo. Pero, ¿sabe una cosa, que podría añadir para completar su visión del mundo del aula, y obviamente, solo pretendo y voy a referirme a la pública? Habitual y curiosamente, salvo las excepciones que lo confirman, los tres vértices del triángulo educativo funcionan razonablemente bien. Es justo lo que deja fuera, aquello de lo que prescinde, la Administración educativa y los dirigentes políticos, lo que vienen a romper esa relativa armonía. En el mismo sentido, las directivas, dentro de la relativa armonía, suelen ser los responsables de las mayores discordancias. Bromeo y no. Es una vida en la enseñanza pública, y una vida de pasión por la enseñanza. Y claro, al tiempo que profesora, he sido alumna y madre. Gracias.

Un artículo más buscando quedar bien con todo el mundo (¡un flaco favor para resolver los problemas de nuestro sistema educativo!). Es necesario abordar los problemas con más profundidad y crítica, no todos los factores y variables inciden de la misma manera.
http://fracasoacademico.wordpress.com/

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Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: arroyocarlos@ayudaalestudiante.com

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