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El ecosistema educativo tiene un triángulo esencial: estudiantes, padres y profesores. Lo demás es contexto. Si este se sitúa en el centro de gravedad, algo va mal. Los análisis sobre educación tienen un peligro casi invisible: la paralización fascinada por lo mal que estamos. Descalificar sin analizar es injusto y analizar sin proponer alternativas, estéril. Así que el propósito de este blog es claro: ayudar a estudiantes, padres y profesores a encontrar alternativas de mejora.

La neuroeducación demuestra que emoción y conocimiento van juntos

Por: | 19 de diciembre de 2013

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NEUROEDUCACIÓN (II)

AUTOR INVITADO: FRANCISCO MORA, catedrático de Fisiología Humana (Universidad Complutense) y catedrático adscrito de Fisiología Molecular y Biofísica (Universidad de Iowa, EEUU). Autor de Neurocultura (Alianza) y Neuroeducación (Alianza). 

 

La neuroeducación es una nueva visión de la enseñanza basada en el cerebro. Es una visión que ha nacido al amparo de esa revolución cultural que ha venido en llamarse neurocultura. La neuroeducación aprovecha los conocimientos sobre cómo funciona el cerebro integrados con la psicología, la sociología y la medicina, en un intento de mejorar y potenciar tanto los procesos de aprendizaje y memoria de los estudiantes, como los de enseñanza por parte de los profesores.

Como dije en el anterior artículo, en el corazón de este nuevo concepto está la emoción. Este ingrediente emocional es fundamental tanto para el que enseña como para el que aprende. No hay proceso de enseñanza verdadero si no se sostiene sobre esa columna de la emoción, en sus infinitas perspectivas.

La neurociencia enseña hoy que el binomio emoción-cognición es indisoluble, intrínseco al diseño anatómico y funcional del cerebro. Este diseño, labrado a lo largo de muchos millones de años de proceso evolutivo, nos indica que toda información sensorial, antes de ser procesada por la corteza cerebral en sus áreas de asociación (procesos mentales, cognitivos), pasa por el sistema límbico o cerebro emocional, en donde adquiere un tinte, un colorido emocional. Y es después, en esas áreas de asociación, en donde, en redes neuronales distribuidas, se crean los abstractos, las ideas, los elementos básicos del pensamiento.

De modo que el procesamiento cognitivo, por el que se crea pensamiento, ya se hace con esos elementos básicos (los abstractos) que poseen un significado, de placer o dolor, de bueno o de malo. De ahí lo intrínseco de la emoción en todo proceso racional, lo que implica aprender y memorizar.

Los seres humanos no somos seres racionales a secas, sino más bien seres primero emocionales y luego racionales. Y, además, sociales. La naturaleza humana se basa en una herencia escrita en códigos de nuestro cerebro profundo, y eso lo impregna todo, lo que incluye nuestra vida personal y social cotidiana y, como he señalado, nuestros pensamientos y razonamientos. Esa realidad se debe poner hoy encima de cualquier mesa de discusión sobre la educación del ser humano.

Es esta realidad la que nos lleva a entender que un enfoque emocional es nuclear para aprender y memorizar, y, desde luego, para enseñar. Y nos lleva a entender que lo que mejor se aprende es aquello que se ama, aquello que te dice algo, aquello que, de alguna manera, resuena y es consonante (es decir, vibra en la misma frecuencia) con lo que emocionalmente llevas dentro. Cuando tal cosa ocurre, sobre todo en el despertar del aprendizaje en los niños, sus ojos brillan, resplandecen, se llenan de alegría, de sentido, y eso les empuja a aprender.

Solo el que aprende bien sobrevive más y mejor. Seguir vivo en un mundo exigente (y el mundo vivo lo es), desde vivir en la selva hasta vivir en un mundo social duro y competitivo, requiere  aprender, y aprender bien. El que no es capaz de aprender suele vivir menos, ya lo hemos señalado. Y aprender requiere inexcusablemente basarse en la emoción.

Clase de Infantil 3-2
Pero esa emoción en la enseñanza exige matices profundos cuando es aplicada al ser humano a lo largo de su arco vital. Aprender (y, por lo tanto, enseñar) no es lo mismo para un niño de 2 o 3 años, que, con enseñanzas ya regladas, para el niño de 6 años (cuando comienza con el tambor de las ideas en Primaria), el púber o el adolescente (que vive en un mundo cerebral convulso donde los haya), o bien el adulto joven, el adulto medio o el que atraviesa la ahora larga senescencia. Hoy habría que añadir el periodo prenatal y al perinatal (aquel que va desde la semana prenatal 32 hasta los 2 meses postnatales). Hoy la neuroeducación alcanza a todo ese amplio y, en el terreno específico de la educación, casi desconocido arco vital del ser humano.

Con todo lo que antecede, es claro, como ya he señalado, que lo que enciende el aprendizaje es la emoción y, en ella, la curiosidad y, luego, la atención. Pero la atención no se puede suscitar simplemente demandándola, ni la curiosidad tampoco. Hay que evocarlas desde dentro del que aprende.

Hoy comenzamos a saber que lo que llamamos curiosidad no es un fenómeno cerebral singular, sino que hay circuitos neuronales diferentes para curiosidades diferentes,y que no es lo mismo la curiosidad perceptual diversificada, aquella que despierta de modo común en todo el mundo cuando se ve algo extraño y nuevo, que aquella otra conocida como curiosidad espistémica, que es la que conduce a la búsqueda específica del conocimiento.

Y lo mismo podemos decir sobre la atención, cuyo sustrato cerebral nos lleva hoy a reconocer la existencia de muchas atenciones cerebrales. Atenciones que van desde la atención básica, tónica, que es la que todos tenemos cuando estamos despiertos, a aquellas otras de alerta, de foco preciso (ante un peligro), orientativa (buscar una cara entre cientos), ejecutiva (la del estudio), virtual (procesos creativos) o digital (utilizada en internet).

Pintura de un niño 2-1
Y es claro, además, que todos estos procesos difieren en el niño y el adulto, y aun en el niño para cada edad. Claramente el tiempo atencional que precisa el niño no es el mismo que el requerido por el adulto para atender una percepción concreta simple o aprender un concepto abstracto altamente complejo. Precisamente, conocer los tiempos cerebrales que se necesitan para mantener la atención a cada edad o periodo de la vida puede ayudar a ajustar tiempos de atención reales durante el aprendizaje en clase de una manera eficiente. Y también conocer cómo estos tiempos pueden ser modificados.

Y lo mismo que el aprendizaje consiste en momentos seriados de asociaciones de fenómenos o conceptos que se repiten en ese juego mental de aciertos y errores, memorizar requiere también de repetición constante de lo ya aprendido. El maestro o el profesor universitario hoy comienzan a utilizar adecuadamente fórmulas que pueden ser enormemente útiles en esa memorización de lo aprendido.

Neuroeducación alcanza pues a todo el arco de la enseñanza, desde los niños de los primeros años a los estudiantes universitarios, o en la enseñanza de formación profesional o de empresa. Y, por supuesto, también a los maestros y los profesores, sobre la forma más eficiente de enseñar. La neuroeducación comienza a poner en perspectiva, más allá de los procesos cerebrales mencionados como la curiosidad y la atención, otros factores como la extracción social de la familia y la propia cultura como determinantes del aprendizaje.

Y, más allá, la neuroeducación intentar destruir los neuromitos (falsos conocimientos extraídos de la neurociencia) y conocer la influencia de los ritmos circadianos, el sueño y su poderosa influencia en el estudio, o factores tan importantes como la arquitectura del colegio, el ruido, la luz, la temperatura, los colores de las paredes o la orientación del aula.

Y también ayuda a hacerse preguntas como estas: ¿Por qué los niños están siempre preguntando?¿Se puede enseñar por igual a niños crecidos en culturas y de etnias diferentes? ¿Hay que ser de raza judía para ser académicamente brillante? ¿Por qué el ambiente familiar de estudio es tan determinante en las capacidades de aprender de los niños? ¿Se puede memorizar mejor durmiendo mejor? ¿Qué hace que se aprenda y memorice mejor si uno se equivoca más? ¿Por qué es más interesante una pregunta brillante que una contestación brillante? ¿Por qué hoy la letra con sangre ya no entra? ¿Es lo mismo enseñar arte o matemáticas, medicina o derecho, fontanería o filosofía? ¿Cómo enseñar que hay dos formas cerebrales de aprender matemáticas? ¿Podrán los nuevos ordenadores de alto procesamiento (relación y reconocimiento personal del estudiante) sustituir a la relación maestro-alumno?

De este modo y por este camino, la neuroeducación se adentra en el conocimiento de aquellos cimientos básicos de cómo aprender y memorizar, y cómo enseñar. Y cómo hacerlo mejor en todo el arco de adquisición del conocimiento y los múltiples ingredientes que lo constituyen. Dilucidando así los entresijos de la individualidad y las funciones sociales complejas, el rendimiento mental, el desafío cerebral de Internet y las redes sociales, o cómo llegar a ser un maestro o un profesor excelente. Añadiendo a ello la formación del pensamiento crítico y analítico, y, más allá, el pensamiento creativo. O evaluando en los primeros años a niños que sufren procesos cerebrales o psicológicos que dificultan el proceso normal de aprendizaje, para permitir así aplicar tratamientos tempranos muy eficaces.

La neuroeducación es, pues, un campo de la neurociencia nuevo, abierto, lleno de enormes posibilidades que eventualmente debe proporcionar herramientas útiles que ayuden a aprender y enseñar mejor, y alcanzar un conocimiento mejor en un mundo cada vez de más calado abstracto y simbólico y mayor complejidad social.

Facilitar todo esto requeriría la creación de una nueva figura profesional, aquella del neuroeducador, que analizaremos en un nuevo artículo la próxima semana.

 


NOTA SOBRE EL AUTOR INVITADO

Francisco Mora es catedrático de Fisiología Humana (Universidad Complutense) y catedrático adscrito de Fisiología Molecular y Biofísica (Universidad de Iowa, EEUU). Se doctoró en Medicina en la Universidad de Granada y en Neurociencias en la Universidad de Oxford.

Neurocultura, de Francisco Mora (Alianza)Su recorrido académico e investigador es extraordinario. Ha publicado más de 400 trabajos y comunicaciones científicas en el campo de la Neurobiología. Ha pronunciado más de 1.000 conferencias, y ha publicado 63 libros y monografías. Entre ellosHot Brain, junto a C. V. Gisolfi (MIT Press, USA); Diccionario de Neurociencia (junto a A. M. Sanguinetti), Neurocultura, ¿Está nuestro cerebro diseñado para la felicidad?, El Dios de cada uno: por qué la neurociencia niega la existencia de un Dios universalCómo funciona el cerebro, Genios, locos y perversos, Neuroeducación. Todos los libros citados en español, en la editorial Alianza. Hace solo unos días acaba de entregar un largo capítulo introductorio con el titulo "Neuroculture: A new cultural revolution?" para un libro que publicará proximamente la Oxford University Press (2014). 

Su actividad docente se ha plasmado en la dirección de más de 40 tesis de doctorado y licenciatura. Fue presidente de la Sociedad Española de Ciencias Fisiológicas, y actualmente es miembro de la Common Room del Wolfson College de la Universidad de Oxford. Ha recibido numerosos reconocimientos científicos y ha sido miembro del los premios Príncipe de Asturias de Ciencia y Tecnología. 

Neuroeducación, de Francisco Mora (Alianza)Como comprobaréis al leer sus artículos y las líneas precedentes, casi no se le nota la pasión intelectual que siente por el estudio de la mente humana, y también por la pedagogía y la divulgación científica. Yo leí hace unos meses su reciente libro Neuroeducación, que me parece de lectura obligada para cualquier persona interesada en la educación y, además, está fenomenalmente escrito, como es propio de él. Neuroeducación me llevó a Cómo funciona el cerebro, que también me interesó muchísimo. Y entonces me decidí a contactar con él para que escribiera en este blog. Lo pillé en plena temporada de clases de Iowa (las clases en Estados Unidos son más laboriosas que en España para los profesores y no le dejaban mucho tiempo), pero se mostró encantado de hacerlo a su vuelta a España. Y aquí estamos.

Como el tema de la neuroeducación me parece apasionante y considero necesario que el mundo docente le vaya tomando el pulso sin miedo y con cariño, le pedí que se extendiera un poco, que no se limitara a un solo artículo. Así que, además del de hoy, son otros dos:

Los niños deben empezar a aprender en la naturaleza, no en el aula, el del pasado jueves, una introducción a los mecanismos cerebrales que permiten el aprendizaje.

El próximo jueves, 26 de diciembre, Los profesores mejorarán con la ayuda de los neuroeducadores, una propuesta práctica para acercar la neurociencia no a la educación en abstracto, sino a los colegios y los institutos.

 

Hay 12 Comentarios

Excelente prespectiva Dr. Mora. En mi opinión se está generando un cambio estructural (y necesario) en lo que a sistemas de enseñanza se refiere. Los ahora excelentes educadores y/o profesores deberán pasar a ser neuroeducadores a fin de transmitir todo tipo de conocimientos de manera más eficaz, rápida y placentera. Un gran cambio, con muchas resistencias (como todo cambio) pero mi percepción es que ya comenzó y es inarrestable. Por el bien de las sociedades. Gracias.

Realmente estamos en esta disyuntiva de cómo hacer que los niños aprendan, estamos implementando en nuestros colegios partir de una motivación vivencial para captar su interés a través de un problema o suceso que tenga que ver con el interés del estudiante, aplicando juegos, actividades interactivas y que el niño construya su aprendizaje en un saber hacer. Todo esto en un clima armonioso y acogedor en el aula. No es tan fácil.

Gracias por el trabajo fantástico de hacer posible que más personas conozcan este nuevo paradigma de la neuroeducación. Son muy pocas personas las que en realidad están a la vanguardia e interesadas en los requerimientos de la nueva era educativa. Educarr en las emociones y considerar que cada individuo es único e irrepetible, conforma una nueva estructura en aprender a enseñar. Es considerar que los canales perceptuales vak maduran de acuerdo al entorno y la cultura. Que aunque los niños están inmersos en un mismo ambiente social, las percepciones siempre son individuales. Esperemos que más científicos, investigadores y maestros reconozcan esta urgencia de cambio en el sistema educativo. Gracias por compartir. http://wwwneuroquantum-alexapr.blogspot.com/2013/12/neuroeducacion-un-paradigma-de-la.html

Sólo conseguí me expressar (mal) en castelhano porque he tenido un grande incentivo emocional para esto.

https://www.youtube.com/watch?v=I3_yaW6y8KQ

La relación entre emoción y aprendizaje es sobradamente conocida.
En otros tiempos, cuando un niño se portaba mal recibía unos azotes. Hoy se emplean métodos más sofisticados. Por ejemplo, una carita triste pegada sobre el babi; un símbolo amable de que no hemos hecho lo correcto. O su contrapartida, una carita sonriente, que informa a los demás de que hemos sido buenos.

Resulta desalentador, pero la mayoría de nuestros comportamientos buscan conseguir un premio o evitar un castigo; es decir, están movidos por el interés o por el miedo. Y en esto se basan todos los sistemas de entrenamiento y adoctrinamiento, incluida la enseñanza: en producir placer o dolor manejando la fuerza o manipulando las emociones. Es una forma de condicionamiento que alterna entre el golpe y la caricia, la alabanza y el desprecio, la promesa y la amenaza. Así es como se acostumbra a las personas a obedecer y a buscar la aprobación.
http://www.otraspoliticas.com/educacion/la-carita-triste-y-la-carita-alegre

En primer lugar felicitarle por el blog, lo utilizo tanto para mis alumnos como para mis compañeros de profesión y le aseguro que con gran éxito.
Me veo en la obligación (como biólogo) de decirle que hoy en día la palabra “raza” desde un punto de vista biológico está completamente mal utilizada cuando la aplicamos a la especie humana, ( tiene sentido por ejemplo para los perros).
Seguramente usted la utiliza desde un punto de vista social, pero igualmente es incorrecto ya que no existen diferencias significativas desde la genética como para establecer esta subcategoría en la especie humana. Es correcto hablar de etnias o culturas diferentes pero de ninguna manera de raza
Raza: Cada uno de los grupos en que se subdividen algunas especies biológicas y cuyos caracteres diferenciales se perpetúan por herencia.

Lo mas importante que he leido hoy en El Pais, gracias! Algo de esperanza entre tanto desastre. Pena que el autor no sea ministro de educacion, pero claro, los partidos siempre prefieren a otro tipo de personas.

Me parece muy interesante esta idea de la neuroeducación. No obstante echo en falta la puesta en práctica de toda esta teoría. Es decir, una serie de herramientas objetivas para que el educador pueda poner en práctica dicha teoría. O dicho de otra manera, como encajar esto en la práctica diaria de nuestros colegios, institutos y universidades

Lo que más me gusta del artículo es la relación directa entre la emoción y el aprendizaje.
No es tan fácil emocionar o emocionarse. Ahí está la llave de la motivación.
Todos lo hemos vivido: el profesor que consiguió interesarnos por alguna materia determinada, el que consiguió que la odiáramos con toda nuestra alma, un idioma que aprendimos por aquel ligue veraniego o por el hombre/ mujer de nuestra vida.
Pero no todos los alumnos de ese profesor odiaron a amaron su asignatura, la mayoría quedaron indiferentes.
Es que es muy difícil para un profesor dar con la tecla de TODOS sus alumnos.
Mis hijos están aprendiendo inglés, están aprendiendo vocabulario, pronunciación, pero sé que necesitan situaciones en las que tengan que expresarse en inglés, es decir, en las que no tengan más remedio que hablar en inglés y no hablo de situaciones 'artificiales' de aula o de talleres, simplemente un lugar en el que tengan que hablar con otros niños en inglés.
Vivimos en una sociedad multicultural, en un lugar en el que imagino que viven muchos niños anglófonos, pero es sumamente difícil crear estos espacios emocionales que faciliten este tipo de aprendizaje. Nos tendremos que mudar a Inglaterra? Con esto quiero exponer la dificultad para conseguir unir, de manera no ultracostosa, emoción y aprendizaje.
También es muy típico los hijos de emigrantes que se especializan en la enseñanza del español, o de personas que siguiendo situaciones familiares acaban dedicándose a la medicina (para luchar contra alguna enfermedad con particular incidencia en la familia), a la historia (siguiendo las leyendas familiares), a la abogacía (por alguna injusticia o lucha familiar) o simplemente siguen la dinastía que corresponda (artistas, médicos, abogados,...)
Mi conclusión es que en efecto, lo que nos toca más de cerca es lo que más nos interesa.
Pero no podemos interesarnos por absolutamente TODO, implicarnos emocionalmente en TODO, es agotador y no hay tiempo suficiente ni energía.
Podríamos fomentar, en nuestros hijos/ alumnos, y en nosotros mismos el gusto por el conocimiento, el placer del estudio y la reflexión y tratar de encontrar el camino que más satisfacción nos pueda dar.

Articulo genial , Francisco Mara un sabio . Gracias

No puedo decir más que la Neuroeducación, puede llenar el vacío existente en la comprensión de los mecanismos implicados en los procesos de aprendizaje. Sin embargo me falta información más específica, que esperó encontrar en el libro, relacionada con el mundo docente. Concretamente, las barreras que pueden entorpecer la interiorización del modelo en los y las docentes ¿Será lel/la neuroeducador/a quién se ocupe de esto? Enhorabuena!!!

Como un carpintero que martillo en ristre va clavando puntillas que ahí se quedan puestas para siempre, así es la educación bien enfocada.
No solo es una mano de pintura.
La educación y la enseñanza es interés, es interesar, es orgullo de saber más, es regocijo de formar parte de la gente que sabe.
Es sentirse persona culta, ilustrada, formada, con conocimiento amplio sobre temas que se quedan fuera del alcance de la mayoría.
Ese inculcar desde el principio, requiere técnica, oficio, profesionalidad, y un ambiente adecuado, estable.
Suficiente para ambos.
El maestro o la maestra y los alumnos o las alumnas.
Con unos mínimos sociales.
Porque aprender es como pasar una esponja.
Solo hace falta hacer ver que sirve para algo más que para sacar notas y colocarse.
Siempre bajo una pauta de armonía y orden, de respeto y de seriedad.

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Sobre el autor

Carlos Arroyo

ha navegado profesionalmente entre las cuatro paredes de un aula, la redacción de EL PAÍS y la dirección del Instituto Universitario de Posgrado. Esa travesía le ha convencido de que educar bien a los hijos es saldar buena parte de la deuda con la vida. Es autor de Libro de Estilo Universitario y diversos libros de ayuda al estudiante.

Web: www.ayudaalestudiante.com
Correo: arroyocarlos@ayudaalestudiante.com

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