La buena racha de Joselu

Por: | 16 de abril de 2014

Joselu

Joselu trata de robarle el balón al jugador del Schalke Kaan Ayhan. / KEVIN KUREK (EFE)

José Luis Sanmartín Mato (24 años), conocido con el nombre de Joselu, no entró con buen pie en la Bundesliga. El carácter, el desistimiento de las tareas defensivas, la sensación de que no ponía empeño, lo hicieron asiduo del banquillo de los suplentes. Su actual entrenador, Armin Veh, llegó a reputarlo de flemático.

Para el TSG Hoffenheim, equipo que pagó por él en 2012 seis millones de euros al Real Madrid, metió cinco goles en veinticinco partidos. Una cosecha escasa para un rematador nato. Durante un tiempo fue apartado de los entrenamientos del primer equipo.

A comienzos de la presente temporada llegó cedido por una cantidad módica al Eintracht Fráncfort, donde al principio repitió suplencia. Pero, lo que son las cosas, se lesionó Alex Maier, ídolo de la afición local y uno de los valores más seguros de la delantera del Eintracht; Joselu recibió una oportunidad y la aprovechó de manera óptima, metiéndole dos goles al Schalke.

Desde entonces parece transformado. Y con él, su equipo, al que esta temporada, lo mismo que al Friburgo, le ha tocado la suerte fatídica y en modo alguna insólita de disputar un torneo europeo y estar en puestos de descenso.

Por suerte para el Eintracht, en el banquillo esperaba ese español nacido en Stuttgart, hijo de emigrantes, deseoso de que le concedieran minutos de juego. Y todo ha sido ponerlo a jugar y liberar (él solito no, como ha escrito algún periódico, pero con sus goles y sus asistencias) al equipo de la amenaza del descenso. El Eintracht Fráncfort, hace un mes con el agua al cuello, está prácticamente salvado, aunque no le vendría mal, por si las moscas, sumar unos cuantos puntos en los partidos restantes.

Ayer los periodistas criticaban a Joselu sin piedad, hoy lo buscan asombrados para sonsacarle el secreto de lo que ellos mismos han dado en llamar su explosión de efectividad y buen juego. Él alega que ha madurado. Intuimos que su entrenador, el veterano Armin Veh, lo ha hecho entrar en vereda. Y, en todo caso, lo que no se puede negar es que de la noche a la mañana, sobre el terreno de juego, emana de él un fulgor positivo.

Ahora es todo coraje, ganas, ambición, y está demostrando puntería. Metió recientemente un gol al Borussia Moenchengladbach que supuso la victoria de su equipo. Joselu ya no espera en las inmediaciones del área a que le llegue la pelota. Corre a buscarla al centro del campo o a donde sea. Se emplea, digámoslo diplomáticamente, con contundencia, a tal extremo que hace unas semanas el Bild Zeitung lo tildó de Rambo, con las letras descomunales habituales de dicho periódico. ¿La razón? Le había roto la nariz de un codazo a Petrak, jugador del Núremberg.

Su contrato con el Hoffenheim expira en 2016. El jugador no oculta que le gustaría permanecer en Fráncfort, donde nota el aprecio creciente dentro del equipo y en las gradas. Sin embargo, sus excelentes actuaciones de las últimas jornadas están poniendo en peligro el cumplimiento de tal deseo, ya que, con cada gol que mete, aumenta su valor en el mercado.

A la dirección deportiva del Eintracht Fráncfort le convendría, pues, espabilarse. El mánager Bruno Hübner ha declarado públicamente que Jo (como se apoda al jugador dentro del club) es la primera opción para reforzar la delantera. El problema es que, a fuerza de goles, Joselu empieza a ser interesante para otros equipos dotados de mayor potencia económica. Incluso el Hoffenhein podría reclamarlo de vuelta. En todo caso, es plausible que este equipo, del que Joselu no guarda buenos recuerdos, trate de recuperar los millones que pagó hace dos años por el jugador.

A su llegada a la Bundesliga, Joselu expresó en una entrevista su deseo, ¿su sueño?, de jugar algún día en la selección nacional de Alemania, para lo cual, dijo, estaba dispuesto a adoptar la nacionalidad de dicho país. La vida, que acaso le depare alegrías deportivas, esa en concreto no se la puede conceder. Los estatutos de la FIFA se lo impiden, ya que Joselu, por los días en que fue internacional sub 21 con España, carecía de la nacionalidad alemana. Le cabe quizá la esperanza de que Vicente del Bosque tenga un ojo puesto en la Bundesliga.

Pep, bajo la lupa crítica

Por: | 13 de abril de 2014

Pep

Más de media Alemania, y tal vez me quede corto, estaba deseando que el Bayern perdiera un partido de la Bundesliga. Uno por lo menos. Para que se le bajasen los humos, para que no se crea imbatible, para que haya un poco de competencia deportiva. Y sí, por fin perdió, 1-0 contra el FC Augsburgo, y numerosos aficionados al fútbol que anhelaban una derrota de los bávaros se han sentido punto menos que estafados. Ha transcurrido algo más de una semana y todavía humean las brasas de la polémica.

Con la Liga en el bolsillo, los únicos partidos trascendentales para el Bayern de aquí al final de la temporada son los que le queden en la Liga de Campeones y en la Copa. El resto es trámite, ocasión para probaturas, rotaciones. El sábado, el Borussia Dortmund le metió tres y todos tan tranquilos. Por el contrario, ciertos rumores sugieren que la derrota de la semana anterior con el Augsburgo dolió en el vestuario bávaro, donde había ilusión de perpetuarse en la historia de la Bundesliga como primer equipo que termina invicto el campeonato.

Aún resplandece con intensidad la imagen del actual entrenador. Los jugadores, otros años más contestones, más rebeldes, adoptan de costumbre, en sus intervenciones públicas, un tono de veneración al referirse a Guardiola. No obstante, por las comisuras de los labios de algunos hemos podido percibir estos días un leve tono de decepción.

Todo hace pensar que el asunto fue tratado en el vestuario durante el descanso del partido, cuando ya el Augsburgo había marcado su golito. Guardiola puso a bregar en la segunda parte a jugadores que tenía reservados para el inminente compromiso contra el Manchester United. Ni siquiera así (¿miedo a lesionarse?) se pudo evitar la derrota.

El Augsburgo es un equipo compacto y correoso. Guardiola lo recordó en vísperas del partido. No se olvida fácilmente el reñido encuentro de Copa contra los augsburgueses, ganado a duras penas, con aquellas imágenes de televisión en primer plano que mostraban la rodilla de Robben hecha un chorizo.
Sancionados para el partido de vuelta contra el Manchester Javi Martínez y Schweinsteiger, y con Thiago fuera de combate, el Bayern no se podía permitir nuevas bajas, por lo que todo el mundo entendió que Guardiola actuase con cautela y pusiera a jugar a un equipo B contra el Augsburgo.

Lo cierto es que alineó un equipo C, con jóvenes talentos (Höjbjerg, Weiser) aún en fase de maduración, los cuales nunca antes habían participado en un partido de la Bundesliga como titulares. Alineó asimismo a Ylli Sallahi, que celebró ese día su debut. La alineación de Starke, portero suplente, se truncó a última hora por lesión. A Guardiola le llovieron las críticas. Hay quien ha afirmado que los espectadores de Augsburgo apoquinaron sus buenos euros para presenciar un espectáculo que luego se les escatimó, a la manera de quien paga por asistir a un concierto y no se encuentra sobre el escenario al cantante anunciado. Este argumento se contradice con las imágenes de las gradas. El alborozo de los espectadores por la victoria de su equipo fue ostensible.

Los reproches más gruesos han salido de boca de directores deportivos y entrenadores, sin duda atemperados por la circunstancia de que el FC Augsburgo ocupa un puesto intermedio en la tabla; aunque, ojo, no sin ciertas posibilidades de clasificarse para la Europa League. De haber estado implicado en la lucha por evitar el descenso, se habría armado la marimorena, al considerar los perjudicados por el resultado del otro día, no sin cierta razón, que el Bayern había favorecido a un determinado equipo (de Baviera, además) poniendo a jugar a suplentes e incluso a suplentes de suplentes.

El presidente del Maguncia 05, equipo que rivaliza con el Augsburgo por una plaza para la Europa League, mostró educadamente su reprobación. Más directo fue Armin Veh, entrenador del Eintracht Fráncfort, que habló de falta de respeto y de puntos regalados. En parecidos términos se expresó el director deportivo del Schalke. Y a todos ellos ha seguido una larga estela de opinantes en contra o a favor de la decisión de Guardiola.

El delantero bávaro Thomas Müller zanjó el asunto con su habitual ironía. “Si ganamos al Manchester United”, dijo, “entonces la estrategia del entrenador no habrá sido equivocada”. El Bayern, en efecto, ganó. Juzgue quien sepa.

Mal año para Van der Vaart

Por: | 09 de abril de 2014

Vdv

Hace unos meses era una frase corriente. Escuchábamos, leíamos, que el Hamburgo coqueteaba, como si se tratara de un juego deliberado, con la posibilidad de bajar a Segunda División; pero no nos lo terminábamos de creer. Faltaban entonces por disputar muchos partidos y se percibía en la afirmación un tonillo de incredulidad. Todo el mundo sabe que, desde que existe la Bundesliga, el Hamburgo no ha perdido la categoría. Conque tarde o temprano, anunciaban los vaticinadores, habría una reacción, vendría una racha de victorias y el equipo abandonaría los puestos inferiores de la clasificación.

Pues no. A pocas jornadas para el final del campeonato, el Hamburgo está como quien dice al borde del abismo, endeudado y con la junta directiva malquistada. Para afrontar el tramo final de la Liga ha contratado a un entrenador nuevo, el tercero de la temporada. Su principal baza goleadora, el delantero Lasogga, se ha vuelto a lesionar. De aquí al final, al equipo le toca enfrentarse a varios rivales situados en la zona alta de la tabla, el Bayern Múnich incluido. ¿Cómo rezaba aquel refrán? A perro flaco, etc.

Aumenta de un tiempo a esta parte el número de voces agoreras que pronostican el fin de la participación del Hamburgo en la Bundesliga. Sería raro verlo en Segunda; pero, ¿qué quieren que les diga?, por ahí abajo andan clubes conceptuables de históricos como el FC Colonia o el Kaiserslautern.

A cierta prensa alemana le ha dado por ilustrar la crisis del equipo hamburgués con fotografías de su capitán, Rafael van der Vaart. Mal que le pese, su cara sirve de emblema al delicado periodo que está atravesando el Hamburgo. No quiere esto decir que lo hayan convertido en chivo expiatorio ni que se le echen en cara los errores múltiples de sus compañeros. Es otra cosa. Pierde el Hamburgo y al día siguente, en las crónicas y reportajes, aparece por lo común una imagen de Van der Vaart caído en la hierba, llevándose las manos a la cabeza o en el momento de ser sustituido.

A ello se añade una llamativa circunstancia. Dentro del equipo, el jugador holandés parece como si hubiera sido apeado de su rango de líder. Ya no es la referencia, el jefe, el que da instrucciones y anima a sus compañeros sobre el terreno de juego. Las esperanzas del grupo están depositadas en otros. En el mencionado Lasogga, cedido por el Hertha BSC Berlín, o en la joven promesa Hakan Calhanoglu, que es quien últimamente lanza los tiros libres y los penaltis, tarea hasta hace poco reservada al capitán.

No se le puede reprochar a Van der Vaart que no se esfuerce. Corre más de once kilómetros por partido. Nunca fue un guepardo. Ahora menos. Ahora se le nota justo de fuerzas, sin el nervio, la frescura y agilidad de otros años. Meses atrás le achacaban sobrepeso.

Su vida privada sigue llenando páginas en la prensa del corazón; aunque acaso ya no tantas como por los días de su ruptura matrimonial y su nuevo amor y un parto malogrado y todos esos chismes íntimos que con el fútbol tienen poco o nada que ver y que a muchos aficionados del Hamburgo les sierran, como se dice en alemán, los nervios.

Sea como fuere, la villa del jugador, a orillas del lago Alster, continúa asediada por los paparazzi. No es raro que a los turistas que den una vuelta en barco, al pasar ante la casa del jugador, el guía les cuente por el micrófono pormenores confidenciales de Van der Vaart, en un volumen de voz que fácilmente podría llegar a oídos del aludido.

Está escrito en las estrellas si las historias sentimentales del jugador holandés han redundado en perjuicio de su rendimiento deportivo; pero parece indiscutible que no han ayudado al equipo en los difíciles momentos que está atravesando. En las cuentas de Van der Vaart constan siete goles y media docena de asistencias. Dichos datos corresponden a la primera vuelta del campeonato. En la segunda, hasta ahora, no ha estado a la altura de las expectativas en él depositadas. No basta con poseer cualidades y ser, como nadie le niega, un jugador listo, rico en astucias, capaz de resolver un partido mediante una genialidad. Todo eso hay que demostrarlo en cada compromiso y al Hamburgo se le está agotando peligrosamente el tiempo.

Dortmund, Tribuna Sur

Por: | 06 de abril de 2014

Boriss

La Tribuna Sur del Signal-Iduna-Park, el estadio del Borussia Dortmund, conocida también como "la pared amarilla", es una de esas peculiaridades que confieren carácter propio a la Bundesliga. No se conoce en Europa un graderío mayor con localidades de pie. En él se aprietan, cada vez que el Borussia juega en casa, más de veinticuatro mil espectadores.

Son los más fieles entre los fieles. La prensa deportiva gusta de aplicarles apelativos: el epicentro de la pasión por el equipo, el alma del BVB (siglas del Borussia), etc. Haga el tiempo que haga y lo mismo si los locales se enfrentan a un equipo de primera categoría o a uno de rango menor, la Tribuna Sur se llena siempre.

Ha sido más pequeña, pero la ampliaron. Hoy tiene una anchura de 100 metros y una altura de 40 desde la verja de abajo, pegada a la red de la portería, hasta casi la cubierta. En la parte superior, la inclinación de la tribuna es de 37 grados, similar a la de las rampas de salto de esquí. Se sabe de espectadores que, al no lograr una localidad de pie, optan por costearse una bastante más cara de asiento y luego se las ingenian para colarse como pueden y por donde pueden en la Tribuna Sur, cambiando un asiento confortable por un reducido espacio en una grada de cemento.

El amor a los colores del equipo y el orgullo de pertenencia compensan las incomodidades. Una ley no escrita reserva ciertas zonas de la tribuna a grupos y peñas concretos. Ya una hora antes del comienzo de los partidos está la masa negra y amarilla cantando y animando. Conviene vaciarse de aguas y matar la sed y el hambre a tiempo, ya que pronto resultará imposible abrirse paso hacia los urinarios y las cantinas. Los días de triunfo memorable y, por descontado, cuando se le gana al Schalke, no es insólito que la Tribuna Sur siga abarrotada y eufórica una hora después del partido.

La atmósfera es impresionante; para los ajenos, intimidadora. Poco antes del anuncio de la alineación del Borussia, suena el legendario You'll never walk alone, que los aficionados acompañan con sus voces. Se conocen casos de personas que combaten depresiones o tratan de superar infortunios agregándose a la pared amarilla, donde es costumbre abrazar al vecino, sea quien sea (y huela como huela, según reza un dicho), cuando el Borussia marca un gol.

Tocante a los cánticos hay un inconveniente acústico. Cuentan los espectadores veteranos que en viejos tiempos la tribuna vibraba cada vez que el público daba brincos acompasados. En 1998 se le añadieron 8.800 plazas en la parte superior. Desde entonces se hace de todo punto imposible la entonación unísona de las voces de arriba y abajo. Lo habitual es que las segundas lleven un pequeño adelanto. A decir verdad, esta circunstancia importa poco a la gente. No ha ido al estadio a cantar oratorios.

La Tribuna Sur del Signal-Iduna-Park no distingue entre clases sociales. En ella se apretujan ultras, médicos, peluqueras, jubilados, menores de edad, albañiles, estudiantes, arquitectos y todo el que quepa. Los precios son populares: 16 euros una entrada, 190,5 el abono para todo el año. Para las arcas del club, esto supone, según palabras del director ejecutivo, Hans-Joachim Watzke, una pérdida anual de tres millones de euros. Poco habría de durar en su puesto el directivo que sugiriese cambios en la tribuna.

El portero Roman Weidenfeller ha declarado alguna vez que es una sensación muy grata defender la portería con el apoyo de aquella muchedumbre enfervorizada a sus espaldas. Para el portero visitante, por causas que se dejan imaginar, la experiencia no resulta tan grata. ¿Qué decir del rival que ha de lanzar un penalti de cara a la multitud vociferante y silbadora? Dicen los que saben que, por no indisponerse con ella, los árbitros propenden a favorecer a los de casa cuando les toca pitar en las inmediaciones de la tribuna.

Sea como fuere, el próximo martes el Real Madrid estará expuesto a una menor presión ambiental, dado que la UEFA, como es sabido, prohíhe en los partidos internacionales las localidades de pie. La cuestión no sería baladí si se llegara a la tanda de penaltis y al capitán del Borussia le tocase elegir portería. Esta eventualidad parece improbable dado el resultado del partido de ida, aunque...

Un peruano en el Schalke

Por: | 03 de abril de 2014

PeticionImagenCAGE874KCuando le echa ganas, Jefferson Farfán es capaz de decidir con una acción individual, con un pase certero, el resultado de un partido. Lo ha demostrado en numerosas ocasiones en el curso de los casi seis años que lleva jugando en el Schalke 04. Otras veces olvida que ha recibido de su entrenador instrucciones para presionar al adversario en el arranque de su juego, o bien, cuando los suyos pierden el balón en ataque y se han de replegar a toda prisa, a él le da por tomarse un pequeño descanso y caminar.

Caminar acaso no sea la palabra exacta. Digamos que, corto de resuello conforme transcurren los minutos, Farfán deambula sobre el césped con ese trotecillo blando que parece un correr pero no lo es. En la debacle reciente de su equipo contra el Real Madrid, descontando el primer cuarto de hora de partido, estuvo sin estar, aunque no se notó demasiado su pasividad por cuanto fue similar a la de sus compañeros.

Las cualidades de Farfán como futbolista están fuera de duda. Es especialista en el juego ofensivo por la banda derecha. Lo predispone a ello su gran velocidad. De él se ha escrito que es uno de los pocos jugadores de la Bundesliga cuya rapidez no disminuye cuando corre empujando el balón con los pies. Causan asimismo admiración su pericia para driblar y sus centros. No mete muchos goles, pero los propicia a menudo con sus pases. Es, además, un excelente lanzador de penaltis y tiros libres. Por todo ello la afición blanquiazul lo adora. Aún lo adoraría más si no fuera por ciertos rasgos caprichosos de divo que tiene. Cada dos por tres protagoniza algún episodio de indisciplina.

El último de ellos ha saltado estos días a las páginas de la prensa deportiva alemana. De vuelta a la competición nacional, tras la humillante derrota en el partido de ida de la Liga de Campeones contra el Real Madrid, al Schalke le tocó enfrentarse al Bayern Múnich en el Allianz Arena, el rival menos idóneo para tratar de recuperar la moral perdida. El Schalke recibió el segundo varapalo de la semana: 5-1. Molestaron en Gelsenkirchen las risas y compadreo de Farfán sobre el campo, al final del partido, con su compatriota Pizarro y el brasileño Rafinha, jugadores del Bayern.

Farfán terminó aquel encuentro con una rodilla lastimada. La lesión, no especialmente grave, lo mantuvo apartado de los entrenamientos y le impidió participar en el siguiente compromiso de su equipo. Le entró entretanto antojo de marcharse a Milán de compras. Lo consultó con el médico; este le dijo que por favor no, que la rodilla y tal. A lo cual respondió Farfán que contaba con el permiso del presidente.

Y se largó a Milán y dejó plantado al fisioterapeuta y dónde está Farfán y le preguntaron al presidente cómo es que le había dado permiso para largarse a Italia estando lesionado y el presidente dijo: conmigo no ha hablado, yo no sé nada, y era mentira que el jugador había hablado con él y a su vuelta Farfán le contó al entrenador que todo había sido una broma. El club ha decidido imponerle una multa de no menos de cinco cifras. Y no lo suspenden porque lo necesitan. El Schalke tiene muchas posibilidades de clasificarse para la próxima edición de la Liga de Campeones.

 

La hinchada, ¿lo perdonará? Hasta la fecha ha perdonado a Farfán lo que no ha consentido a otros jugadores, tal vez porque el peruano ha mostrado de costumbre un rendimiente aceptable sobre el terreno de juego y ha cometido sus actos más graves de indisciplina fuera del estadio.

No ha habido año en que no haya prolongado por su cuenta las vacaciones. Se han llegado a cruzar apuestas sobre la fecha de su impredecible regreso del Perú, donde, por cierto, también son conocidas sus escapadas. La Foquita, como lo llaman sus paisanos, llegó a ser excluido temporalmente de la selección peruana de fútbol por irse de farra y emborracharse durante una concentración.

Todo hace pensar que se acaban sus días en el Schalke; que esta vez, al contrario de otras anteriores, va en serio que se va. Él mismo ha dicho ante micrófonos que ya no tiene ganas de seguir en el equipo. Lo ata al Schalke un contrato hasta 2016 y una cláusula de rescisión de 14 millones. Corren rumores de que ya lo está esperando el Galatasaray.

Balón teutón

Sobre el blog

Crónicas de la Liga más alemana del mundo.

Sobre el autor

Fernando Aramburu

, donostiarra, es autor de cuentos y novelas. Desde 1985 reside en la República Federal de Alemania, donde se dedicó durante largo tiempo a la docencia. Entretanto cayó el muro, como caen tantas cosas. Y hoy pulsa las teclas y no precisamente las del piano. Lo que más le gusta del fútbol es la literatura, o sea, el barro y el gol en el último minuto, la épica y la lírica.

Archivo

abril 2014

Lun. Mar. Mie. Jue. Vie. Sáb. Dom.
  1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30        

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal