El rey Otto

Por: | 22 de diciembre de 2013

La prensa deportiva alemana ha importado la palabra española clásico. Ahora bien, un partido entre los dos mejores que sean siempre los mismos no existe en Alemania. Algunos dan la denominación de clásicos a los encuentros del Bayern Múnich con otro equipo de la Bundesliga que esté atravesando una buena racha. En la actualidad, el Borussia Dortmund; antaño, el Gladbach o el Schalke 04. Hubo una época, entre finales de los ochenta y principios de los noventa, en que el mayor rival de los bávaros fue el Werder Bremen de Otto Rehhagel (Essen, 1938), el rey Otto.

Franz Beckenbauer es el káiser y Otto Rehhagel es el rey, y con esos títulos regios han pasado los dos a la historia deportiva de Alemania. A Rehhagel el suyo le viene de cuando ganó la liga con el Werder en 1988. Durante los festejos del triunfo, los aficionados le ciñeron una corona de cartón. Estos ritos carnavalescos no son raros en un país que se quedó sin reyes y de vez en cuando los añora.
Por su palmarés (tres Ligas, otras tantas Copas y Supercopas, más una Recopa y la Copa de Europa de 2004), Otto Rehhagel es uno de los grandes entrenadores que ha dado Alemania. Uno, eso sí, de viejo estilo, que fía más en la veteranía, los recursos de la astucia y la motivación que en las sutilezas tácticas. Inventó el concepto de “ofensiva controlada”, una manera de anteponer el resultado a la estética. Resumió su estilo con una máxima: “Juega moderno quien vence”.

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Rehhagel y Beckenbauer, en 1996 / EPA.

En sus momentos estelares, el reinado futbolístico de Rehhagel adoptó la forma de una monarquía absoluta. “Cualquiera puede decir lo que yo quiera” es otra de sus perlas retóricas. El presidente del Werder Bremen le dejaba hacer. El mánager Willi Lemke le servía como un mayordomo mayor. Y la única persona en condiciones de llevarle la contraria era su mujer, Beate, para él su asesora, para muchos una metomentodo que intervenía en los fichajes, asistía a reuniones de la directiva, madreaba a los jugadores al tiempo que pastoreaba a sus esposas y novias. Ya lo dijo en su día Franz Beckenbauer: “Hemos contratado a un matrimonio de entrenadores”.

Hijo de un minero de la Cuenca del Ruhr, aunque gustara de adobar sus alocuciones de vestuario con citas de Goethe o Rilke, Rehhagel cultivaba en público los tonos recios, particularmente con los periodistas, a quienes trataba con escasos miramientos. Sus comienzos como entrenador fueron modestos. A gritos jaleaba a sus jugadores desde la banda para que diesen leña, por lo que fue sancionado. Siendo entrenador del Borussia Dortmund, encajó el resultado más abultado de la historia de la Bundesliga, un 12-0 que le metió el Gladbach. Lo echaron, claro.

En los setenta entrenó unos meses al Werder. Volvió en 1981 para quedarse durante catorce años. Modeló un equipo a su antojo. Se lo podía permitir gracias a un truco que en deporte funciona siempre: el éxito. Descubrió talentos (Völler, Riedle, Braseth), promovió la cantera (Neubarth, Eilts, Bode) y supo reforzarse con jugadores experimentados (Votaba, Allofs, Burgsmüller). Entre todos dieron lugar a una época gloriosa del Werder Bremen.

En 1995, el Bayern Múnich tentó a Rehhagel con el brillo del oro. Y el rey Otto se convirtió en un empleado del club, por cuanto en el equipo muniqués había demasiados generales como para permitir que viniera nadie a dar órdenes. Duró un año. Fue despedido por "fracaso deportivo", a pesar de que en el momento de su cese el equipo había alcanzado la final de la Copa de la UEFA, que ganó con Beckenbauer de interino. Huy, cómo se puso Beate. Que si le habían robado el trofeo a su marido y todo eso.

Otto volvió a reinar pronto y ¡cómo! Aceptó entrenar al FC Kaiserslautern, entonces en Segunda División. Tras subir al equipo a la máxima categoría, logró algo nunca visto en Alemania, que un recién ascendido ganase la liga. No fue su última proeza. Él, que nunca había trabajado en el extranjero, asumió a sus 62 años el cargo de entrenador de la modesta selección nacional de Grecia, con la que ganó en Lisboa la Copa de Europa de 2004. Los griegos lo colmaron de honores.
Cumplidos los 73, Otto Rehhagel trató de reencender su estrella entrenando al débil Hertha Berlín. No pudo impedir que el equipo bajara a Segunda. Una pobre despedida para un rey que acabó destronándose a sí mismo.

Hay 1 Comentarios

Fernando, usted que es experto en el fútbol alemán podría decirme si en Alemania también saben esto: http://xurl.es/y81mx o si es algo que sólo conocemos en España? Muchas gracias

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Sobre el blog

Crónicas de la Liga más alemana del mundo.

Sobre el autor

Fernando Aramburu

, donostiarra, es autor de cuentos y novelas. Desde 1985 reside en la República Federal de Alemania, donde se dedicó durante largo tiempo a la docencia. Entretanto cayó el muro, como caen tantas cosas. Y hoy pulsa las teclas y no precisamente las del piano. Lo que más le gusta del fútbol es la literatura, o sea, el barro y el gol en el último minuto, la épica y la lírica.

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