Salvando los muebles

Por: | 23 de mayo de 2013

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Esta tarde comienzan los playoffs de la Liga Endesa con unas cuantas urgencias. Las del Madrid, Laboral Kutxa y Barcelona por dar lustre a sus temporadas, lujosa en halagos pero vacía en títulos en el caso del Real Madrid, irregular y ciclotímica si hablamos del Baskonia y sospechosa la del Barcelona. La huelga de jugadores añade un punto de incertidumbre al momento cumbre la temporada doméstica, al que por encima de quien tiene razón o no, cosa que reconozco se me escapa, no le hace nada bien a la competición en un momento en que en lugar de hablar de conflictos laborales, deberíamos hacerlo de las eliminatorias, en su mayoría atractivas. Como de líos administrativos sé bien poco, hablemos de baloncesto.

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Real Madrid-Bluesens. A priori el enfrentamiento más desequilibrado. El Real Madrid tiene la obligación de concretar con un título las buenas sensaciones que lleva todo el año emitiendo pero que a día de hoy no  se han traducido en ningún título de enjundia. Coronados Mirotic como MVP de la temporada, Laso como mejor técnico y Rudy como jugador más espectacular, llega la hora de recoger un botín más sabroso. En este primer escalón se encontrará con el Bluesens, de fiesta desde que el Unicaja se despeñase en Barcelona. Seguro que no regalarán nada, pero sospecho que para los gallegos serás más una fiesta con la que celebrar su extraordinaria temporada que un enfrentamiento a cara de perro. Ahora bien, un equipo que ha ganado este año en Madrid, Barcelona, Vitoria y Málaga no es como para no prestarle atención. Aún así, no veo otra cosa que una victoria blanca por la vía rápida. Pronóstico: 2-0 Real Madrid

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Laboral Kutxa-Herbalife. Hay que darle a estos dos equipos el mérito que se merecen. Los vitorianos pueden presumir de una temporada regular convulsa pero efectiva en resultados. El equipo parece enchufado y más estable que en cualquier otro momento de la temporada. Los canarios vuelven otra vez a entrar en los playoffs, lo que por un lado no debería sorprender, pues llevan años haciéndolo casi cada curso, pero viendo altibajos de otros equipos, su contumaz presencia adquiere relevancia. Cierto es que la barrera de los cuartos de final parece insalvable para los insulares, y más si tenemos en cuenta su desventaja de campo, pero su fortaleza en casa me inclina a pensar que esta serie podría llegar al tercer partido. Pronóstico: 2-1 Laboral Kutxa

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Barcelona-Uxue Bilbao Basket. No diré que han sido dos decepciones, pero sí que ninguno de estos dos equipos han terminado ocupando los lugares que en un principio se podía prever. El Barcelona por fuerza ha tenido que salir tocado del fiasco londinense y su recorrido hasta el ansiado título es un camino de obstáculos donde deberá recuperar el juego y ánimo que mostró en Febrero y Marzo y que se extravió para no volver en los cuartos de final de la Euroliga. El Bilbao Basket, si tenemos en cuenta su último mes de competición, no está para casi nada, pero los playoffs tienen la ventaja que te permite resetear y comenzar de cero. Pero su tendencia ha sido tan decreciente que mi bola de cristal no le otorga, ni aún contando con efecto Mirivilla, muchas opciones. Pronóstico: 2-0 Barcelona 

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Valencia Basket-CAI. Por último, el choque estelar, al menos por lo incierto, de todos los cuartos de final. Dos locomotoras que han llegado al final de temporada lanzados, con gran juego y resultados acordes a él. Pelearon hasta el final por el cuarto puesto y se me antoja que ambos equipos eran conscientes de su importancia. El Valencia tiene mayor responsabilidad, pues con lo hecho por el CAI hasta ahora, le da para considerar a su temporada como magnífica. De los valencianos siempre esperamos algo más. Por otro lado, la baja de Norel es un enorme contratiempo para los maños, a sumar a la desventaja de campo. Preveo partidos apretados pero un triunfo final del Valencia, que si se cumplen los pronósticos, podrá asaltar al favorito para el título, que no es otro que el Real Madrid. Pronóstico: 2-1 Valencia Basket

Pues eso, que los hados sean propicios, que se llegue al acuerdo, que veamos buen baloncesto y que el sistema de competición actual tenga el sentido que debe a través de un mes de baloncesto intenso  apasionante. Estaremos atentos. 

Cinco reflexiones para cerrar la Final Four

Por: | 14 de mayo de 2013

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El asalto a la Euroliga terminó malamente y nuestros dos aspirantes se volvieron de vacío. Con algo más de reposo y recuperado de la noche londinense, que tiene mucho peligro, cerremos el tema con cinco reflexiones cinco, de la ganadería palomero.  

Ganó el mejor. Ya he comentado en más de una ocasión que el sistema de competición de la Euroliga no me parece el más justo. Después de tropecientos partidos y un playoff a cinco, liquidas la competición en un fin de semana con dos cara o cruz. Por eso no sé si en otro modelo, el de NBA o Liga Endesa, por ejemplo, el final hubiese sido el mismo. Pero lo que no tengo ni la más mínima duda es que en Londres, el Olympiakos ha sido el mejor de largo. Laminó hasta la exasperación al supuestamente poderoso CSKA, que vivió un infierno de principio a fin, y más allá del primer cuarto, dominó desde entonces y con claridad al Real Madrid. Sospecho que hemos pecado un poco de cierta infravaloración del equipo griego. Yo el primero, pues le daba por perdedor ya en la semifinal. Aunque estábamos hablando del vigente campeón, parecía que esto había sido obra de un milagro, el de la final de la temporada pasada, y los milagros se dan de pascuas a ramos. Su trayectoria este curso tampoco dio como para tenerle miedo y las pasó canutas ante el Efes en cuartos, que tampoco es el Efes un rival que de para tanto. Pero puede que se nos olvidase que en este tipo de competiciones, los griegos se mueven como pez en el agua. No es la primera vez que llegan con la lengua fuera a la final a cuatro y terminan llevándosela a casa. Jugando en la agonía del ser o no ser en cuarenta minutos se manejan a la perfección y tampoco les falta juego. Su nomina de jugadores expertos y baqueteados es larga, tienen físico, profundidad de banquillo, ideas muy claras y juego muy coral. Con ellos enfrente los partidos se hacen muy largos y no pierden la compostura nunca. Si encima les sale un día donde las meten hasta de espaldas, pues apaga y vámonos. Habitualmente no soy muy fan del Olympiakos, pero en esta ocasión me tengo que quitar el sombrero. 

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Hombres contra niños (dicho con todo el respeto hacia el Real Madrid). Hubo un momento durante la final que me vino una imagen peliculera a la cabeza. La de ese grupo de adolescentes americanos que salen de fiesta y de repente y por una equivocación terminan en un tugurio lleno de hombres de pelo en pecho, marineros con varias vueltas al mundo a cuestas, gente de mal vivir, mucho humo, un pianista al que nadie le hace caso y siempre una pelea a punto de empezar. Mirabas la cara y la pinta de gente como Antic, Printezis o incluso Spanoulis y luego a los jóvenes y angelicales madridistas, y hasta pasabas miedo por ellos. Estoy exagerando, claro, pero sí que el partido transmitió, una vez se difuminó el subidón madridista inicial, que allí había una clara desventaja en veteranía, madurez y saber estar, cuestiones básicas en este tipo de partidos. Luego estaba también el juego, claro, donde al Madrid también se le echaron cosas en falta. Ese pivot duro, roqueño, intimidador, sobre el que puedes hacer girar el juego pues no sólo asusta sino que le buscas para darle el balón con la confianza que sabrá qué hacer con él. Ese pivot que lleva buscando hace años el Madrid y que no lo encuentra. U otro Carroll más parecido al habitual y no al que se le ha encasquillado la metralleta en el peor momento posible. Tampoco hubiese venido mal un mejor equilibrio entre el juego interior y exterior que no deje al equipo demasiado a expensas de porcentaje en triples. Cuando te meten 100 puntos en un partido, es difícil hablar de eficacia defensiva y tampoco fue un buen día para los dos Sergios e incluso Rudy, cuyos números estuvieron por encima de su incidencia.  Pero aun contando con estos peros, el partido me dejó la sensación que lo había ganado Olympiakos más que haberlo perdido el Madrid. No es que consuele mucho, pero sí un poco. Mayor alivio produce el pensar que el Madrid tiene un futuro que invita al optimismo, con un equipo joven, un entrenador competente y un estilo que gusta y además funciona. Este es el mejor antídoto con la decepción. Habrá más oportunidades y llegará el momento donde meterse en el garito de la gente peligrosa no producirá ninguna inquietud. 

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Menos consuelo para el Barcelona. “No es mi trabajo pero sí, creo que debemos reforzar el equipo”. El que ha dicho esto no es uno cualquiera, sino Juan Carlos Navarro, santo y seña del Barcelona. No le falta razón, pues su equipo se quedó muy corto en la gran cita. No sabemos qué hubiese ocurrido si hubiese podido contar con Mickael y Jawai, pero eso entra dentro del siempre resbaladizo terreno de las suposiciones. El caso es que en el momento cumbre, los azulgranas se quedaron muy lejos del equipo que hasta cuartos de final dominó la competición con claridad. Demasiado dependientes de Navarro y Tomic, con Lorbek fuera de foco, Marcelinho sin encontrar el punto ideal de cocción y poco aporte de la segunda unidad, dio la impresión que para el futuro necesita algo más que un repaso de chapa y pintura. Le falto pujanza física y también juego, a mitad de camino entre veteranos con problemas y jóvenes que todavía no han dado el salto competitivo. Llegan ahora los playoffs y no hay mucho tiempo para la reflexión o arreglos milagrosos, por lo que tendrán que tirar con lo que tienen. Que tampoco es poco, ni mucho menos. El Barça ya ha demostrado su capacidad para sobrevivir, pero ni siquiera un éxito en la Liga parece que debería evitar una renovación de cierto calado. 

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El arbitraje. Distando mucho de ser una excusa, tengo serias dudas de si la permisividad arbitral que se ha visto durante todo el fin de semana favorece un juego más vistoso y generoso con el espectador, al menos para los no amantes de la lucha libre. Se permitió todo o casi todo y ese baremo siempre favorece a aquellos que juegan al límite de lo permitido. En este caso, por ejemplo, a la defensa griega. Insisto que no es una excusa para justificar nada, pues ni rusos ni madridistas perdieron por ello (el Madrid hizo 88 puntos, lo habitual) pero tanto mandoble favorece más a los expertos en destrucción que a los amantes de la construcción. Viendo por ejemplo la primera semifinal, reflexionaba sobre el atractivo que puede tener un partido así para el aficionado menos entendido o menos comprometido emocionalmente con alguno de los dos equipos. El baloncesto europeo tiene problemas de captación de seguidores y creo sinceramente que se debería proteger más a aquellos que son capaces de generar elementos que se asocian con el atractivo del juego. Sí, ya sé que una defensa puede tener su belleza, pero no acabo de ver los beneficios de permitir que un partido de baloncesto se convierta en un intercambio de leñazos. 

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El puto amo. Me cuesta recordar otra competición donde un jugador haya mandado tanto, tan bien y de forma tan decisiva. Lo de Spanoulis fue de traca y su MVP, incuestionable como pocas otras veces. Se jugó como él quiso, machacó el aro cuando había que hacerlo y dominó el escenario como si fuese Mick Jagger en un concierto de los Rolling Stones. Ya en la última etapa de su carrera, la cabeza le funciona mejor que nunca mientras el físico y sobre todo su muñeca, no le ha abandonado ni mucho menos. Fue un director de orquesta perfecto, pero además de dirigir con su batuta a sus compañeros, cuando era necesario la cambiaba por un martillo pilón para dejar temblando a sus rivales con sus triples. Fue principio y también final de un equipo armonioso que puede presumir que su jugador referencia siempre está de guardia.  Menudo crack. 

Pues eso, dicho esto, cerremos la tienda europea y a otra cosa mariposa. Ya no va a haber ni novena ni tercera pero la vida sigue. Como lo hecho, hecho está, sólo queda por desear que  se cumpla esa máxima que reza que de las derrotas se aprende más que de las victorias. Negadas estas, que el análisis traiga soluciones para que en doce meses, los resultados sean otros.

Ah, Antes de que se me olvide, si vais a Londres, os recomiendo The Box. Uffffff.  

 

Los extremos se tocan en la final

Por: | 12 de mayo de 2013

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Desde que el Madrid encontró su camino hace poco más de año y medio y poco a poco fue limando diferencias frente al Barcelona hasta el partido del viernes -no digo suponga un cambio de ciclo, pero sí al menos un cambio de tendencia, pues el Madrid ha pasado a ser la referencia, la vara de sobre la que medirte que antes el Barcelona- uno de los puntos clásicos de análisis se ha centrado en los muy diferentes estilos que poseen ambos equipos, lo que suele derivar hacia el control del ritmo de juego como una de las claves de sus enfrentamientos. En la semifinal los beneficios y penitencias que sufrían los dos cada vez que era el rival el que marcaba el tempo fueron más evidentes que nunca. Los cuartos impares, dominados por el Barcelona, se jugaron bajo un férreo control azulgrana, dispuesto a todo para evitar que el partido cogiese fluidez. Los pares, con la presencia de Sergio Rodríguez, se disputaron a otra velocidad, a un ritmo mucho más alto y reportaron enormes dividendos a los madridistas. El más importante, la victoria final.

Bueno, pues esta disparidad a la hora de jugar y entender el baloncesto da una nueva vuelta de tuerca en la final. Si la distancia que separa los modos y maneras de actuar entre Madrid y Barça es grande, la que tienen Madrid y Olympiakos casi podemos decir que se convierte en sideral. Donde uno busca el ritmo, el otro la pausa, mientras uno persigue los espacios abiertos, el otro es un provocador de claustrofobias, si a uno un buen tiro le vale siempre, sea el momento que sea, el otro sólo entiende el ataque a la canasta cuando la reglamentación no le permite ya más posesión de pelota, si el Madrid necesita encontrar el placer en el juego para dar lo mejor de sí mismo, al Olympiakos sólo le interesa el marcador, no atiende a disfrutes de ningún tipo y tampoco entiende un partido sin convertirlo en una batalla de desgaste sicológico donde el pasarlo bien siempre queda para después. Por si todo esto no fuera suficiente, el Madrid es joven y hace 18 años que no juega esta final mientras el Olympiakos pinta canas, es el actual campeón y sus riendas las marca un veterano de mil guerras como es Spanouli. Vamos, que los dos equipos se parecen en el blanco de los ojos y poco más.

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Eso sí, nadie se va a poder sentir ni engañado ni sorprendido. Los dos idearios son irrenunciables y ahí están las semifinales para confirmarlos. El Olympiakos le metió una paliza al CSKA a base de una defensa ya de por sí agresiva y que con la permisividad arbitral que parece reinar en esta Final Four le permite llevarla a terrenos de garrotazo y tente tieso, lo que le terminó por desquiciar a los fortachones rusos. Y en ataque, el que tire a menos de 20 segundos de posesión y sin el permiso de Spanoulis, se la carga. Total, partido trabado, si es a 60 puntos mejor que 70, sin ni una sola concesión a la galería ni un motivo de satisfacción salvo para sus incondicionales aficionados. Baloncesto nada sugerente, que no invita a pasar un segundo más de lo necesario delante del televisor, pero que para desgracia del pasado reciente, presente y futuro de este deporte, es eficaz y gana títulos.

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Difícil papeleta para el Madrid, lo que tampoco es motivo de extrañeza pues estamos hablando de la gran final. Va a tener enfrente un equipo experto, duro y bragado, con una capacidad de destrucción muy difícil de salvar y un excelente manejo del partido sicológico que te lleva al diván en cuanto te despistas un poco. Encima se anuncia la llegada de unos miles de aficionados griegos más a sumar a los que ya pululan por aquí, por lo que la superioridad en las gradas va a ser grande. Por ello el Madrid necesitará constancia, paciencia, temple, ideas claras y habilidad para lograr al menos en determinados momentos zafarse de la camisa de fuerza a la que le someterá el equipo griego. Pero tiene el suficiente talento, fortaleza, variedad de recursos tácticos y humanos y una moral multiplicada después de superar el síndrome azulgrana como para ser optimistas. La novena espera. Que llegue ya.

 

El Palomero

Sobre el blog

Palomero: Según la RAE, persona aficionada a la cría de palomas. En el mundo del baloncesto tiene otra significación. Sirve para apodar al personaje ese de la foto. El que se hace el inteligente poniendo la manita como si estuviese pensando.
www.juanmaiturriaga.net

Sobre el autor

Juanma Iturriaga

es un todoterreno de los medios. Tras una brillante carrera deportiva, colabora en prensa, radio y televisión. Artista renacentista, polifacético y multidisciplinar, ve la vida de forma optimista desde su 1,95 de altura. No le gusta la gente pesimista ni dogmática. Tiene más de 50 años pero no los aparenta.

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