¿Quién va ganando?

Por: | 22 de junio de 2014

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Ochenta minutos después, la final de la Liga Endesa prosigue sin ser gobernada. La causa podría estar en la igualdad que existe entre dos equipos poderosos, profundos y con una nómina de excelentes jugadores que hace difícil que se establezcan grandes diferencias. O también se podría argumentar que llegados a este punto de la temporada, ninguno de los dos están para grandes alardes, entendiéndolos como tal el mantener una línea suficientemente regular en rendimiento, concentración y acierto. Sea por una causa o por otra, vamos de sorpresa en sorpresa, lo que está muy bien pero dificulta el intuir cual será el siguiente movimiento.

La primera llegó de la mano del Barcelona, que en el primer encuentro quitó el freno de mano de su vehículo y se lanzó hacia un baloncesto que parecía casi patrimonio de su rival madridista. Desmontando ciertos prejuicios que apuntan hacia el control exhaustivo de las operaciones como única vía para evitar el castigo del Madrid, el Barça mostró su cara más dinámica y atrevida, que cogió con el pie cambiado a los blancos. A partir de esa decisión, asistimos a un partido de los grandes, de esos que tirando mano del tópico, hacen afición. Hubo tiempo para casi todo, lucimientos individuales incluidos. El Barcelona hizo sangre con su juego interior, sobre todo por parte de Tomic y Nachbar, que se merendó a un Mirotic que no termina de encontrarse a gusto con su juego. Cargando el rebote, saliendo pitando hacia la otra canasta y moviendo fluidamente el balón, los de Xavi Pascual llevaron el partido sin complejos hacia el intercambio de canastas y remataron la faena con un mejor manejo en el territorio de definición, donde al Madrid le tembló un poco el pulso, cometiendo dos o tres errores que resultaron definitivos.

El objetivo principal de los azulgranas estaba cumplido a las primeras de cambio y obligaba al Madrid a tomar la iniciativa. El diagnóstico sobre la pizarra del vestuario no ofrecía grandes dudas, pero como papel lo aguanta todo, faltaba concretarlo en la pista. Dos consignas claras se debieron escuchar en las charlas técnicas del lastimado Pablo Laso. Defensa y dominio de las zonas. A ello se aplicaron desde el inicio, al que acudió el Barcelona algo hipotenso, como si su victoria del jueves le permitiese tomarse las cosas con más calma. Dos de los grandes triunfadores en el primer acto, Tomic y Nachbar, se quedaron en casi nada, apareció como un ciclón Mejri, el Madrid ganó la lucha de los rebotes y el Madrid pasó de dominado a dominador.  Aún así, la irrupción de un Oleson que parecía haberse perdido últimamente, mantuvo vivo el partido hasta casi el final, lo que hace pensar sobre lo que hubiese pasado si el colmillo del Barcelona hubiese estado más afilado desde el principio.

Total, que con los dos equipos aparentemente satisfechos, terminó la primera parte de esta historia. Motivos tienen ambos para la esperanza, pues uno vuelve a casa con el botín perseguido y el otro con las ideas más claras que al principio. Pero también sobrevuelan alguna que otra nube que no sabemos si tenderá hacía su evaporación o se concretará en alguna tormenta. Al Madrid se le examina casi siempre con el referente de sus mejores momentos de un año casi impecable en cuanto a la calidad de su juego, y algunos de sus jugadores bandera salen perdiendo en la comparación, comenzando por Mirotic, del que cuesta descifrar los motivos exactos de su bajón de rendimiento (¿agotamiento físico, futuro incierto o simplemente un descenso de prestaciones?) y que el sábado volvió a terminar irritado. También parece algo enredado Sergio Rodríguez, más en la dirección y toma de decisiones que en la puntería, y a Carroll le está costando un mundo volver a ser el que era (Oleson puede que tenga algo de culpa en esto). El Barcelona, por su parte, tiene que apechugar con unos cuantos jugadores Guadiana, de los que se salen un día y no aparecen al siguiente. O viceversa. Tomic, Nachbar, Papanikolau, Oleson o Lorbek van y vienen sin saber casi nunca qué versión van a mostrar, lo que vuelve a dejar buena parte del peso del equipo en los de siempre, llámense Marcelinho, un revitalizado Sada o Navarro.

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Completados los dos primeros actos, la serie se traslada a Barcelona manteniendo muchas de las dudas con las que arrancó. Adivinar por donde van a ir los tiros el martes es tarea compleja. Ritmo alto o bajo, pelea o explotación de talento, quién dominará la pintura, como será el rendimiento de los hombres altos o quien terminará triunfante en alguno de los duelos individuales como Rudy-Navarro o los dos Sergios versus Marcelinho/Sada son sólo alguna de las cuestiones sobre las que sigue sin haber pistas definitivas. Todo (o casi todo) será desvelado en dos partidos a jugar en la caldera del Palau, cuestión que tampoco arroja mucha luz. El Barcelona ha disputado tres partidos ante su público en estos playoffs, donde sufrió muchísimo ante el Laboral Kutxa y naufragó a lo grande (pañuelos incluidos) en su doble enfrentamiento con el heroico Valencia. En cambio, en los seis que jugó fuera, cinco victorias y una derrota corta. Con estos antecedentes, ¿es una ventaja jugar en casa?. Otra pregunta a falta de contestación.

Termino con el título de estas reflexiones. El marcador global indica igualdad pero al ser un playoff a cinco partidos una serie asimétrica (partidos impares, tres en un sitio, dos en otro) la cuestión es pertinente. Ochenta minutos después, visto lo visto y teniendo en cuenta lo que queda ¿quién va ganando? ¿El Barcelona por haber recuperado la ventaja de campo? ¿El Madrid por venir desde atrás, haberse rehecho y tener dos oportunidades para lograr jugarse el título en el Palacio? ¿El Barcelona porque ha llegado más fresco físicamente? ¿El Madrid porque su suma de talento y definición de estilo es mejor? ¿El Barcelona porque tiene a Navarro y Marcelinho? ¿El Madrid porque tiene a Sergio Rodriguez y Rudy? 

Aunque no quede muy bien en boca de un (supuesto) analista, la verdad es que fiándome mucho de estos dos grandes equipos y a la vez teniendo razones para no fiarme de ninguno de los dos, no me queda otro remedio que concluir con un rotundo no tengo ni idea.

Una final con la lengua fuera

Por: | 19 de junio de 2014

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No hay dos sin tres, por lo que Real Madrid y Barcelona se aprestan a desempatar el contencioso que mantienen sobre el liderazgo liguero y que se ha traducido en tres finales consecutivas con los mismos protagonistas. Eso sí, en esta temporada la contestación ha sido mayor que en las anteriores, con el Unicaja y sobre todo el Valencia, llevando al límite a sus adversarios en semifinales. En ambos casos se ha visto a blancos y azulgranas con muchas dificultades para desarrollar su juego, con grandes altibajos de rendimiento y concentración y ciertamente alejados de otros momentos más lustrosos de la temporada.

No deja de resultar una contradicción que cuando llega la hora decisiva, cuando en los próximos diez días se resuelve un título tan importante como el liguero, los equipos lleguen dando muestras indisimuladas de que tanto sus piernas como sobre todo su sistema nervioso están en la zona de reserva. El motivo resulta evidente, por la enorme carga de partidos y la necesidad de estar a pleno rendimiento en demasiados momentos de la temporada, lo que impide una preparación adecuada para llegar fresco hasta el final. Con estos condicionantes, el pronóstico se complica. El Madrid parte con una ventaja evidente, la de poder disputar un hipotético quinto partido al amparo de su afición, lo que ha resultado definitivo en los dos antecedentes más recientes. Pero visto lo visto últimamente, sobre todo por parte del Barcelona, capaz de ganar tres veces en una cancha tan complicada como la valenciana, tampoco parece definitorio.

Se enfrenta el mejor ataque de la competición con la mejor defensa, lo que vuelve a poner en primer plano la forma en la que se desarrollen lo partidos. No cabe duda que la intención del Real Madrid será llevarlos hacia las altas revoluciones, y tampoco es una apuesta arriesgada el pensar que una de las obsesiones de Xavi Pascual será tener el ritmo siempre bajo control. Ahora bien, si nos atenemos a los casos recientes, ni siquiera el haberlo conseguido en ocasiones ha asegurado un éxito azulgrana. En la final copera de Málaga, por ejemplo. En esta decisión que deberá tomar el Barcelona puede entrar en juego el efecto Milán, donde se llevaron un tremendo varapalo en cuanto el partido se desmadejó. Eso sí, parece necesario que el Barcelona se reencuentre con su juego ofensivo para resultar competitivo. Rendimientos como ante el Valencia, donde sus guarismos atacantes fueron de 77, 60, 70, 63 y 77 no parecen suficientes para doblegar a un Real Madrid que hasta en los días no muy lucidos no tiene grandes problemas en plantarse en los 80 puntos.

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Como muestra una de las fotos elegidas por la ACB para publicitar la final, el duelo Marcelinho-Sergio Rodriguez es uno de los grandes atractivos que nos ofrece esta serie. Dos enormes talentos que no sólo juegan, sino que son los mejores termómetros de sus equipos. El brasileño, imperial en el quinto partido de semifinales, resulta imprescindible para que el Barcelona tenga vida, chispa, y no acabe mostrando su lado más frío e industrial. De Sergio Rodríguez queda poco por decir, aunque últimamente haya perdido un poco de ángel. Como les ocurre a los grandes, el peor enemigo de Sergio es el Sergio mágico y casi infalible de otros momentos de la temporada y a veces la búsqueda de la genialidad constante termina por resultar contraproducente. 

No serán los únicos nombres propios de relevancia, y este apartado individual ambos equipos presentan luces y sombras individuales. Llull y Felipe fueron los mejores en las semifinales, donde no brillaron como acostumbran el propio Sergio Rodríguez, Rudy o Mirotic, cuyo futuro sigue sin desvelarse. En el Barcelona el gran triunfador fue Marcelinho, con Navarro irregular pero siempre decisivo, lo mismo que Tomic, que a pesar de su calvario en la línea de tiros libres tuvo una resurrección a ultima hora que resultó vital para que el Barcelona siga en competición. Pero ni Oleson, Papanikolau, Nachbar y Lorbek, este a excepción del quinto partido, anduvieron medianamente acertados, lo que sin duda influye en el rendimiento azulgrana pues son gente importante en la rotación.

Con tantos interrogantes, sólo queda esperar que la final de comienzo para que se confirmen o no las sospechas previas. Llegados a este punto, el músculo pierde importancia frente a la cabeza, y en la medida que ambos equipos sean capaces de sobreponerse al cansancio mental, incrementado por la tensión inherente a una final, estarán más cerca de lograr su objetivo. Es un todo o nada para los dos, pues el derrotado terminará el curso sin un buen título del que poder agarrarse. Y esto, tratándose de estos dos equipos, es pecado mortal.  

 

 

 

 

 

 

 

Van un estadounidense, un francés y un argentino….

Por: | 17 de junio de 2014

 

Van un norteamericano, un francés, un argentino, un brasileño, un australiano, un canadiense…… parece el principio de un chiste, pero no lo es. Estamos hablando de un equipo de baloncesto que acaba de maravillar al mundo entero ganando el anillo de la NBA con un juego superlativo. Los San Antonio Spurs, un colectivo que parece la ONU por su internacionalidad, son los nuevo campeones, y lo han hecho a lo grande, dejando casi todos los adjetivos pequeños e incompletos a la hora de explicar una forma de jugar a baloncesto casi contracultural, ahora que parece que todo se debe mover alrededor de las estrellas. Ha sido una maravillosa lección de un equipo que ha llevado hasta sus últimas consecuencias su mentalidad colectiva.   “Soy el resultado del movimiento de pelota del equipo” dijo Danny Green. ¡Que gran resumen conceptual!. 

Un equipo que hace doce meses recibió un golpe devastador cuando en el sexto partido y a falta de 28 segundos, tenían el campeonato en la mano. Se les escapó y surgieron las dudas sobre si habían perdido no sólo el título, sino también el último tren para su gran trío, ya con muchos años encima. La respuesta ha sido contundente, grandiosa, conmovedora. Sin dejar de olvidar ni un minuto lo ocurrido, alimentándose del escozor que les provocaba su recuerdo, se levantaron y pelearon por tener otra oportunidad. Y cuando llegó, frente a los mismos que les negaron la gloria un año antes, explotaron con una de las mejores ejecuciones baloncestísticas que se recuerda. Porque cuando parece que ya sólo se trata de ganar, los Spurs se pusieron a jugar, a pasarse la pelota, a buscar siempre el compañero mejor situado, a correr, a defender solidariamente, y lo hicieron tan rematadamente bien, que claro que ganaron. 

Fue la final de Duncan, Ginobili y Parker, representantes genuinos de esta franquicia y a los que se les ha parado el reloj del envejecimiento, pero tambien de Leonard, tan silencioso como gran jugador, de Boris Diaw, cuyo talento e inteligencia está muy por encima de lo que hace presumir su apariencia física o de Danny Green, Splitter, Bellineli o Patti Mils, siempre preparados. Y sobre todo fue la final de Popovich, arquitecto principal de un equipo ejemplar. Enfrente, ni el posiblemente mejor jugador del mundo pudo hacer otra cosa que rendirse a la evidencia. Y declararlo públicamente como hizo en la última rueda de prensa. “Así es como debe jugar un equipo” dijo el rey destronado. Yo apuntaría que así es como juegan todos los equipos, porque jugar así es precisamente lo que convierte a un grupo en un equipo. Y Miami no lo fue prácticamente en toda la serie.

El éxito de San Antonio es una buena noticia. Se suele decir que hay muchas formas de jugar y entender este deporte y que todas son respetables. Sin duda. Pero dentro de ese abanico, las hay más ejemplarizantes que otras. El estilo de los Spurs mama de conceptos y valores siempre recomendables y sugerentes, pues explica de manera evidente que el secreto de la poción no está únicamente en una acumulación de talento, sino en la forma que este talento se relaciona y conexiona.  Ilusión, trabajo, solidaridad, humildad, constante aprendizaje, protagonismo compartido, equilibrio, ambición, capacidad de superación son algunas de las claves para entender el éxito prolongado de una franquicia modélica.

El otro día estaba viendo un partido de futbol de chavales en la tele. Marcó Fulanito y el crío salió corriendo en solitario, apartando a los compañeros que le iban a abrazar no fuese que le quitasen su momento de gloria, mientras montaba el show besar el escudo y esas cosas. No me extrañó, pues es lo que ven prácticamente cada semana en los resúmenes. El Star Sistem, la individualización, vive momentos de gloria, por lo que no está mal que de vez en cuando se produzcan casos como el de San Antonio, o el Atleti de esta temporada, y nos recuerden que uno más uno pueden llegar a sumar tres.

 

 

El Palomero

Sobre el blog

Palomero: Según la RAE, persona aficionada a la cría de palomas. En el mundo del baloncesto tiene otra significación. Sirve para apodar al personaje ese de la foto. El que se hace el inteligente poniendo la manita como si estuviese pensando.
www.juanmaiturriaga.net

Sobre el autor

Juanma Iturriaga

es un todoterreno de los medios. Tras una brillante carrera deportiva, colabora en prensa, radio y televisión. Artista renacentista, polifacético y multidisciplinar, ve la vida de forma optimista desde su 1,95 de altura. No le gusta la gente pesimista ni dogmática. Tiene más de 50 años pero no los aparenta.

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