40 Aniversario

El Palomero

Cinco debates de lunes

Por: Juanma Iturriaga

02 may 2016

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En Munich se vuelven a encontrar Atlético de Madrid y Bayern, cuyo único punto en común en sus respectivos credos es que salen once jugadores al terreno de juego. Pero a partir del silbido inicial, resulta casi imposible encontrar alguna similitud entre ambos que vaya más allá de la búsqueda de la victoria. Cuando se cruzan estilos tan antagónicos, el debate está servido. Depende del ánimo o simpatías del analista, una misma cuestión puede ser loable o criticable. La intención innegociable de Guardiola de tratar bien el balón, tenerlo y manejarlo como premisa para intentar dominar los partidos es, para muchos, una apuesta relevante y un regalo para el fútbol. Pero hay otros tantos que la encuentran más estética que efectiva, y sobre todo cuando no logra sus objetivos, se escucha eso de “bah, tanta posesión para nada”. En el banquillo de los visitantes se sentará Simeone, el hombre que ha logrado desterrar el victimismo representado por el concepto “pupas” y ha colocado al Atleti en la aristocracia europea. Sus resultados no ofrecen duda, pero muchos, entre los que me incluyo, no comulgamos con una forma de entender el fútbol donde el balón es pieza secundaria o donde como ha ocurrido esta semana, te pasas setenta de los noventa minutos encerrado en tu área, tengas delante al Bayern o al Rayo Vallecano. Lo que ocurra en el Allianz dará razón a filias y fobias, pero durará sólo hasta la próxima, pues la discusión entre los que ponen el foco en el marcador y a los que les importan los comos es eterna como el mismo fútbol.

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En Madrid el tema estrella es Cristiano Ronaldo y su estado físico. Nadie sabe a ciencia cierta su situación real, quizás ni él mismo, pues para comprobarla se necesitaría un partido, no unas cuantas fotos en un entrenamiento. El debate que me sugiere esta situación es saber quien va a tener la última palabra en su posible alineación. ¿El jugador? Si las lógicas ganas de jugar (sobre todo los grandes partidos) de cualquier profesional pueden llegar a nublar la capacidad de análisis, en el caso de Ronaldo el riesgo es aún mayor, pues precisamente sus empecinamiento en jugarlo todo sin que nadie haya sido capaz de pararle ha terminado con su cuerpo diciendo basta. ¿El médico? No apostaría por ello. ¿El entrenador? ¿Le pongo y me arriesgo que haga un Diego Costa y tenga que cambiarlo en el minuto 15? ¿No le pongo y pierdo gol, presencia, intimidación y efecto sicológico de su presencia? ¿Y si está bien como me jura que está? ¿Y si me la está intentado colar?. 

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En Barcelona, mientras tanto, aunque sea un poco a trancas y barrancas y no emitiendo las mejores vibraciones, el Barça está ya a dos partidos de poder cantar el alirón liguero. Y yo me pregunto si no cambiarían un par de puntos por ser ellos los que tuviesen partido entre semana. Hace tiempo hablaba con un madridista de pro que me contaba que aunque evidentemente nunca lo iban a decir, pero que el orden de prioridades del Madrid era este: primero la Champions, luego la Champions y finalmente la Champions. Y que la Liga pues nada, había que jugarla pero que en el fondo, no pasaba de ser un trofeo menor. No sé si la realidad resulta tan extrema, pero tengo la sensación de que para clubes como el Madrid y el Barça, la brecha entre lo que suponen ambas competiciones no para de crecer. Y por eso sospecho que la falta de encanto en las últimas actuaciones de los azulgranas tiene que ver más con la tristeza por no estar donde querrían que con otros asuntos.

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En Rusia sonaron las campanas, pues Alonso llegó sexto en un Gran Premio de F1, lo que ha declarado el estado de optimismo. En esa constante venta de lo que vendrá (aunque esté tardando en llegar) en la que está metida el universo alonsista desde hace varias temporadas, en esta ocasión incluso hay datos que pueden sustentarla aunque sea mínimamente. Y encima según cuentan los expertos, ha sido en un circuito que era de los que no le vienen bien a su McLaren (sí, yo también me he preguntado, a la vista de los antecedentes, si hay alguno que le venga bien). Y espera, que ¡se anuncia mejoras para Barcelona!. ¡Como no vamos a ver la botella medio llena!. Si me apuras, hasta ¾ llena. ¿Excesiva alegría por un sexto puesto a más de una vuelta del ganador? Quizás, pero es lo que tiene venir de los infiernos, que cualquier ráfaga de aire refresca el ambiente.

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Por último, en Madrid se está disputando el Master tenístico donde a la vista de cómo está jugando Rafa, lo mismo tenemos el domingo un Djokovic-Nadal. Pero aquí mis dudas no son deportivas, sino surgen de la grada. Más concretamente de las zonas VIP, llenas de famosos guapísimos y sonriendo con sus sombreros, gafas de sol bien puestas y dentaduras impecables. ¿Van a disfrutar del tenis o a pintar un poco la mona? No quiero pensar mal, pero por si acaso que tengan cuidado, no vaya a ser que les entrevisten y podamos descubrir a los farsantes. Lo que está claro es que el Master madrileño se ha convertido en fecha señalada para dejarse ver un poco, tomar el sol, tirar de catering de lujo y echar la tarde noche.Tengo que reconocer me ponen un poco de los nervios, aunque en el fondo sé que es envidia porque a mí no me invitan. 

Abanderado Nadal

Por: Juanma Iturriaga

28 abr 2016

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No hace falta ser un lince para darse cuenta que somos un país en donde nos cuesta un mundo ponernos de acuerdo. Ahí está el espectáculo que desde el 20 de Diciembre está dando nuestra clase política, a la que se le llenó la boca durante el periodo de campaña hablando que llegaban nuevos tiempos, que los pactos serían inevitables, que había que tener amplitud de miras, generosidad, trabajar para ponerse de acuerdo, bla, bla, bla, bla. A la hora de la verdad, los pactos han pasado de inevitables a imposibles, la amplitud de miras no ha llegado más allá de los ombligos de cada uno y de generosidad mejor no hablemos. Eso sí, ha seguido (y seguirá durante dos meses más, joder que hartazgo tan enorme) el bla, bla, bla, bla.

Quizás es que queremos pero no sabemos. Nos gusta debatir, intentamos el acuerdo, pero lo hacemos muy mal. Tan mal, que en lugar de debatir, lo que hacemos es discutir. Que no es lo mismo. Y lo hacemos, además, de la forma menos constructiva, al más estilo sálvame, chiringuito o tertulia al uso donde se habla poco y se grita mucho, se sublima lo insustancial sobre lo sustancial y sobre todo, no se ejercita para nada el noble arte de la escucha Por eso cuando ocurren cosas en las que estamos casi todos alineados, habría que entonar el aleluya. Como la elección de Rafa Nadal como abanderado español para los Juegos Olímpicos de Rio el próximo verano.

Nunca he ocultado mi simpatía hacia este personaje. No le conozco ni a él ni a sus interioridades y de sus creencias o tendencias más personales sólo sabemos a ciencia cierta su debilidad por el blanco y el escudo madridista. Pero dada mi convicción de que por sus actos conoces mejor a una persona que por lo que salga por su boca, el comportamiento de Nadal siempre me ha parecido ejemplar. En el éxito, su hábitat natural, y sobre todo en sus decepciones, que por otro lado, son también las nuestras. Podría ser un bicho raro y no lo es. Dentro de la excepcionalidad de su vida y su carrera, Rafa tiene un punto de tipo normal, de naturalidad es sus reacciones ante cualquier circunstancia que la empatía hacia su persona resulta inevitable. Solo así se entiende que nos alegremos tanto cuando él está contento, y se nos quede tan mal cuerpo cuando las cosas no le han ido bien.

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En un plano teórico, el abanderado de un país tiene que presentar una hoja de servicios que vaya más allá de unos logros deportivos. De alguna forma se intenta que aquel que porta la bandera en el desfile inaugural de unos Juegos, represente lo mejor que podemos ofrecer. Un deportista exitoso pero también una persona que ejemplifique otros valores. Y Nadal resulta a todas luces ejemplar. Ahora bien, la forma de ser de Rafa tiene características que van un poco en contra de los tiempos. Estando su imagen mercantilizada como la de cualquier superestrella, su persona no se ha convertido en un producto semiartificial. Viviendo como vivimos en un excesivo culto hacia los deportistas exitosos, sobre todo futbolistas, que no contraen los suficientes méritos personales como para ocupar lugares de referencia social, Nadal mantiene una actitud intachable. En un universo donde la cultura del éxito justifica comportamientos dudosos, Rafa dignifica el deporte siendo capaz de competir al máximo sin dejar reconocer la grandeza de sus adversarios y la aceptación sin excusas ni malas maneras las derrotas.

Por eso, y por muchas razones más, su elección resulta oportuna y acertada. Cuando le veamos sonriente a la cabeza de nuestra delegación, nos sentiremos cómodos, sabedores que nos encontramos a alguien que no tiene trampa ni cartón, divismo ni altanería. Un tipo al que el éxito, la fama y el dinero no parece haberle cambiado mucho, y que después de todo lo vivido, todavía se atisba en su mirada la chispa de la ilusión. Por jugar a tenis, por competir con los más grandes y también por ser depositario de la representatividad de su país.

Y el Baskonia qué, ¿otra vez en la Final Four?

Por: Juanma Iturriaga

25 abr 2016

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Hubo un tiempo en el que el Baskonia era casi un fijo en las Finales a Cuatro, acto final de la Euroliga. De 2005 a 2008 consiguió meter la cabeza en el club europeo más exclusivo durante cuatro temporadas consecutivas, toda una hazaña para un club de una ciudad con menos habitantes que algún barrio de las urbes con las que tuvo que competir. Pero llegaron las vacas flacas, disminuyeron las ayudas, se fueron marchando aquellos jugados sobre los que edificó su imperio, y alcanzar glorias pasadas se convirtió en una quimera. La posibilidad de lograr objetivos lustrosos parecía que se iban empequeñeciendo curso tras curso, y en alguna ocasión, como la temporada pasada, ni siquiera era capaz de ganarse el pasaporte para la Copa, otra de sus competiciones fetiche. El modelo parecía agotado o al menos incapaz de remontar el vuelo. Pero quizás estábamos olvidándonos de que hablamos de un club especial.

El Baskonia es una organización muy particular, hecha a idea, imagen y semejanza de su presidente, Josean Querejeta, un personaje al que unos ven como un mesías y otros se lo imaginan acariciando un gato en su despacho y poniendo en marcha un plan diabólico para dominar el mundo. Su obra está ahí, partiendo casi de la nada, lograr colocar a su ciudad y a su equipo en un lugar destacado en un panorama europeo dominando por equipos de resonancia histórica, social y económica. Sacó petróleo de las instituciones cuando el dinero público fluía, sus redes de pesca de jugadores pillaron extraordinarias piezas, peleó por cambios de normativa que le facilitasen el trabajo y supo tocar el orgullo de los vitorianos, que vieron en el baloncesto el deporte en donde podían sacar pecho y reivindicar su ciudad. Bilbao tenía su Athletic, San Sebastián a la Real, pero Vitoria tenía al Baskonia.

Con la crisis empezaron a escasear los cuartos. Y la pesca se hizo difícil. Como la paciencia no es una de las virtudes más destacables de Querejeta, el club entró en una dinámica complicada. Su poder en los despachos se alejaba de sus méritos deportivo. El departamento de contratación (y despido) tenía trabajo a destajo y jugadores y entrenadores iban y venían con tanta velocidad que a veces no te daba tiempo ni para aprender sus nombres. La operación Lamar Odom, deportivamente todo un disparate, fue un claro exponente de cierta pérdida de norte. Cada año, casi todo nuevo, y como para construir un equipo se necesita tiempo y este suele escasear por esos lares, al próximo septiembre, vuelta a empezar. Un dato. En esta temporada, el jugador más veterano en la plantilla cuenta con sólo tres temporadas en el equipo.

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Y en estás comenzó la 2015/2016 sin excesivos indicios de que podía ser diferentes a las anteriores. Pero el deporte tiene su parte misteriosa, o puede que se cumpliese eso de que quien nunca deja de buscar siempre puede llegar a encontrar. Ya bien al comienzo se pudo observar que la conjunción entre técnico, jugadores y estilo tenía buena pinta. Pero sólo con la estética no se suben las grandes montañas y no era la primera vez que el proyecto cumplía los requisitos sobre el papel. Se metió sin problemas en el Top 16 y su punto de inflexión llegó en una semana mágica donde fue capaz de ganar en el Palau y en el Palacio de los Deportes de Madrid. Son esos momentos donde pasas de posible a candidato real y además te lo crees. Lograda la ventaja, supo administrarla para llegar en la mejor disposición posible al paso del Rubicón, ese playoff de cuartos que separa los sueños de las decepciones. En ese momento crítico, tampoco le temblaron las piernas. Más bien lo contrario. 1, 2, 3 y hala, a reservar hoteles en Berlín

El mérito es descomunal y colectivo, con especial mención a aquel o aquellos visionarios que supieron intuir que a Bourousis le quedaban toneladas de baloncesto en sus manos, piernas y cabeza, tanto como para pasar de prejubilado a aspirante a MVP de la competición. El colectivo tiene juventud, frescura y talento a raudales, mezcla bien, compite mejor y vive con el aliento de su afición pegado a sus nucas. Espera el más difícil todavía, un Fenerbahce demoledor capaz de avasallar al anterior campeón. Pero eso será dentro de unas semanas. Ahora toca recibir merecidas enhorabuenas, disfrutar del éxito, preparar el viaje, soñar con alcanzar por fin la gloria más deseada. Eso sí,sin perder tensión que luego cuesta recuperarla. Pero bueno, con Perasovic por ahí dudo que sea posible.

Yo no sé si en Berlín son conscientes de lo que les viene encima, la marea azulgrana, la charanga incansable, la fidelidad máxima a un equipo. Pero bueno, si no lo saben, ya se van a enterar.

Postdata.-Hablando de enhorabuenas, desde aquí una grande al Perfumerías Avenida, campeón de la liga femenina. Salamanca, buen embutido y gran equipo de baloncesto. ¿Qué mas se puede pedir a la vida?

 

Sobre el blog

El palomerismo es toda una filosofía de vida que se basa, como la termodinámica, en tres principios. El de la eficiencia: “Mínimo esfuerzo, máximo rendimiento”. El del aprovechamiento. “Si alguien quiere hacer tu trabajo, hacerte un regalo o invitarte a comer, dejale”. Y el de la duda: “Desconfía de los que no dudan. La certeza es el principio de la tiranía”. A partir de ahí, a divertirse, que la seriedad es algo que ahora mismo, no nos podemos permitir.

Sobre el autor

Juanma López Iturriaga

Básicamente me considero un impostor. Engañé durante 14 años haciendo creer que era un buen jugador de baloncesto y llevo más de 30 años logrando que este periódico piense que merece la pena que escriba sobre lo que me dé la gana. Canales de televisión, emisoras de radio y publicaciones varias se cuentan entre mis víctimas, he logrado convencer a muchos lectores para que comprasen mis libros y a un montón de empresas que me llaman para impartir conferencias. Sé que algún día me descubrirán, pero mientras tanto, ¡que siga la fiesta!

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