40 Aniversario

El Palomero

5 reflexiones olímpicas para cerrar

Por: Juanma Iturriaga

25 ago 2016

Hoy es jueves y clausurados los Juegos, analizados los resultados, recibidos los atletas de vuelta a casa, paseados los más mediáticos por radios y teles y celebrados los homenajes a aquellos paisanos que triunfaron, a otra cosa mariposa. Pero antes de cerrar la tienda, dejadme hacer cinco reflexiones sobre todo este tinglado olímpico

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-Conclusión equivocada. A pesar de resultar, como se ha explicado por activa y por pasiva, un método nada fiable, el asunto del medallero ha estado presente durante toda la competición. Como España fue de menos a más y los últimos días se recogió una buena cosecha, pues oye, grandes juegos que hemos hecho. Además, se igualó lo de Londres y con más oros. Total, que estamos bien, incluso mejor que hace cuatro años. Pues mira, va a ser que no. La situación de nuestro deporte y deportistas es bastante peor en la mayoría de los casos. La crisis económica ha limitado ayudas y el ejercicio de voluntarismo que tienen que hacer incluso alguno de los que ahora tiene una medalla expuesta en su salón, es tan admirable como frustrante. Buena parte de los éxitos que hemos celebrado no tienen nada que ver con planes, proyectos o un buen sistema de ayuda y apoyo institucional, sino con el empecinamiento de unos deportistas capaces de superar cualquier obstáculo.

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-Esas gradas. Se ha hablado de unos Juegos maravillosos. Supongo que se referían a lo ocurrido en las pistas, piscinas, estadios o pabellones, donde hemos asistido a momentos mágicos, actuaciones heroicas, despedidas olímpicas inmejorables como las de Phelps, Bolt o Pau Gasol. Ahora bien, todo esto, al menos televisivamente, quedaba deslucido por la imagen que llegaba desde la grada. Los asientos vacíos hacían daño a la vista y no se entiende muy bien el por qué. Que si los patrocinadores que luego no van, que si las entradas caras, el caso es que el COI, entre comida y comida, debería darle una pensada a este tema.

 

-Histerismo sonoro. El deporte es pasión y emoción. Sin duda. Ahora bien, he estado diecisiete días preguntándome si era necesario esas retransmisiones al borde de una ataque de nervios, esos gritos incontrolados, esos ¡vamos! que ponían a prueba las cuerdas vocales de los narradores. Lo entendería si se encargase de las narraciones a los familiares o amigos de los participantes pero no es el caso. El griterío radiofónico futbolístico está invadiendo todos los espacios y da igual que haya imagen por medio o no. Hay que hablar sin parar, como si te hubieses tomado cinco cafés y a un tono entre alto y altísimo, como si estuvieses hablando en una discoteca. Luego hay que animar como un hincha, por tu familia, por España, por diosssss. Y si ganamos, ufff, ahí entramos en concurso de frases, adjetivos, parabienes, invocaciones al olimpo y lo que haga falta. Dicen que es porque hay que trasmitir la emoción. Pues vale.

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-¿Se retiran o no? Hace dos años, con motivo del Mundial, se empezó a hablar de la ultima carga de la generación baloncestística del 80. Pasó lo que pasó, y entonces se puso el foco en Río. Ahora, transcurridos los Juegos, nuestros ilustres se resisten a poner fecha a su despedida. Les preguntan y contestan con un ya veremos. Este mutis nos muestra una de los secretos de este equipo, que no es otra que el placer que experimentan en reunirse, entrenar, cenar, jugar a las cartas y finalmente competir. La selección es un juguete que reciben todos los veranos con ilusión y que se resisten a abandonarlo. Ahora bien, no todos llevan igual los 36 años, por lo que no me cuesta trabajo visualizar de nuevo a Pau (¿un último torneo junto a su hermano Marc?) y a Felipe (que batiría el record de Epi) y no tanto a Calderón y Navarro, mucho más castigados físicamente que los otros dos.

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-A ver si es verdad. Una vez más, las españolas han dado el callo y han aportado buena parte de los grandes momentos vividos. Mireia Belmonte, Ruth Beitia, Carolina Marín, Maialen Chorraut, Lidia Valentín, las jugadoras de baloncesto, el equipo de gimnasia rítmica, son algunos de los focos más importantes que han dado luz y energía a nuestra participación. ¡Como las hemos jaleado! ¡Qué orgullosos hemos estado de ellas!. Pues bien, a todas ellas y a las que vengan, les vendría muy bien que todo este reconocimiento no caiga en el olvido hasta dentro de cuatro años, que se ayude más y se discrimine menos, que se mantenga la atención a sus logros, que los seguirán teniendo. Ah, y de paso a ver si nos liberamos de esa caspa machista que en cuanto nos descuidamos, aparece (estos Juegos han sido un claro ejemplo de ello con sus noticias, titulares, comentarios y chascarrillos impresentables).

Pues nada, dicho esto, viva Japón 2020

La guinda adecuada

Por: Juanma Iturriaga

22 ago 2016

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No debía ser de otra forma. Después de un partido agónico, duro como el pedernal, taquicárdico hasta el final, España pudo poner la guinda que buscaba al historial olímpico de la mejor generación de su historia. No ha sido su mejor torneo, tardó algo más de lo recomendable en ajustarse, pudo, quizás, con un mejor rendimiento, derrotar por fin a EEUU y ante Australia sufrió de lo lindo. Pero al final, ahí están, colgándose de nuevo otra medalla al cuello. Porque en las duras y en las maduras, España siempre compite, siempre está ahí. Desde 2006 y salvo en los Mundiales de Turquía 2010 (sin Pau) o España 2014 (el único gran borrón) nuestra selección no ha faltado nunca a su cita en semifinales. 9 de 11. Asombroso.

Esto es lo realmente difícil y lo que hace grande, enorme, a este grupo. El haber podido mantener durante tanto tiempo el compromiso, la tensión, el hambre, las buenas relaciones, la gestión de los egos, la conciencia colectiva. No sólo esto, sino que lo han logrado cuando el catálogo de parabienes casi se ha agotado, encumbrados deportivo y socialmente y con las cuentas corrientes gozando de excelente salud.

El éxito tiene sus peligros y su digestión no siempre es la correcta. A este colectivo, cada triunfo, cada objetivo conseguido les ha hecho más sabios, más competitivos, más ambiciosos. Muchas veces todo ha cuadrado y se ha tocado techo. En otras, nos hemos quedado a un pasito o nos hemos tenido que conformar con un el segundo objetivo. Pero como todos deberíamos saber, el ganar y hacerlo casi siempre, es muy, pero que muy difícil.

El partido ante Australia fue un buen ejemplo de la capacidad de la selección para sobrevivir en las condiciones más extremas. Sobre todo a partir de que los australianos subieron su agresividad defensiva un par de peldaños y España se atragantó perdiendo doce puntos de ventaja. Los rebotes fueron otra vez un quebradero de cabeza, y Mills, al que maldecimos unas veinte veces durante el encuentro, pareció capaz en un determinado momento de ganar él solo el partido a pesar de dedicarle toda la atención del mundo por parte de Llull, Ricky, Claver o quien fuese.

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Se puso tan complicado el partido que Scariolo tuvo que tirar la calculadora de minutos de Pau a la basura, manteniéndole en pista a riesgo de que llegase agotado al tramo final. Menos mal, porque lo que volvió a hacer Gasol fue inconmensurable. Su caudillaje resulto abrumador, echándose al equipo a la espalda por enésima vez. Si alguien simboliza la capacidad competitiva de esta selección es Pau. No porque sea un talento estratosférico, que también lo es, no porque se le caigan los puntos de las manos, que se le caen, sino porque cuesta trabajo recordar una noche de enjundia en el que no haya estado a la altura.

Con el partido en el alambre, se llegó a esos momentos donde todo el trabajo, el esfuerzo, las ilusiones, se dirimen en un par de jugadas. Esta vez salió bien. Sergio Rodríguez metió los dos tiros libres y Ricky y Claver tocaron un balón por el que les tendrían que poner una calle en su pueblo. Decir que España se lo merecía igual es mucho decir, pues también Australia hizo méritos suficientes. Pero lo que si es indiscutible que una trayectoria como la española a lo largo de más de una década pedía cerrar esta página con una sonrisa.

Se cierra exitosamente la travesía olímpica de unos jugadores emblemáticos e inolvidables que comenzó hace 16 años en Sidney, donde dieron sus primeros pasos unos imberbes pero ya atrevidos Navarro y Raúl López, que en aquellos tiempos eran los estandartes de aquel grupo. Cuatro años después en Atenas, y ya incorporados Felipe, Pau y Calderón, aprendieron la impagable lección de que en estos campeonatos lo importante no es el grupo (terminaron primeros ganando a Argentina e Italia, finalmente oro y plata) sino el cruce (derrota ante una EEUU menor). Ya como campeones del mundo y en plena madurez, asombraron en Pekín y Londres, asustando a la galaxia NBA. Por último, más cerca de los cuarenta que de los treinta y junto a otros chavales que aprendieron de baloncesto y de valores a su sombra, cierran el álbum de fotos subidos de nuevo a un cajón, con una medalla en el pecho, enlazadas las manos, disfrutando y haciéndonos disfrutar. El futuro traerá lo que sea, pero mientras tanto que nos quiten lo bailado. Que ha sido mucho y bueno.

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El casi menos casi

Por: Juanma Iturriaga

20 ago 2016

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En la pelea de los refranes, el de “a la tercera fue la vencida” ganó al “no hay dos sin tres”. Estados Unidos se volvió a salir con la suya en un partido bien diferente a los dos anteriores y que curiosamente dejó una impresión digamos que extraña. Por inevitable comparación, todos, jugadores españoles incluidos, vieron las puertas de un posible triunfo más abiertas que nunca. Este equipo norteamericano, plagado de nombres ilustres, queda algo distante de las dos versiones que estuvieron presentes en Pekín o Londres. Siguen siendo muy buenos, buenísimos, tienen físicos potentes, potentísimos, alguna muñeca, como la de Thompson, para conservarla en formol, y cuando uno no está de dulce siempre aparece otro para coger el relevo pues el fondo de armario es largo y profundo. Pero como se ha demostrado a lo largo de estos juegos, donde han pasado dificultades en demasiados de sus partidos, su talento, descomunal en muchos de sus hombres, no llega a las constelaciones interplanetarias vistas en China o Inglaterra.

Por lo tanto, estábamos antes la Estados Unidos más vulnerable de los últimos tiempos, sensación confirmada durante casi todo el partido. Ahora bien, jugando dignamente, no dejando que los norteamericanos rompieran el partido a base de controlar el ritmo de las idas y vueltas, y complicándoles la vida muchísimo en defensa dejándoles en 82 puntos y limitando al mínimo a sus dos grandes puñales, Durant y Anthony, España, no logró crear esos momentos que se vivieron en los dos anteriores Juegos, donde hubo arreones que hicieron palpables la posibilidad de un triunfo histórico.

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Esta vez no, esta vez España hizo la goma, no dejó nunca de dar la cara, pero le faltó punch, energía, fuerza física, puntería más afinada, unos cuantos rebotes mejor cerrados (qué pesadilla), menos técnicas señaladas, no sé, algo de esto o un poco de cada cosa. Siendo su comportamiento otra vez admirable, faltaron cosas relacionadas directamente con el juego que no con la ambición. España necesitaba hacer un partido sobresaliente y se quedó en el notable, lo que provocó que las olas que pudo levantar en sus mejores momentos nunca tuvieran la altura suficiente para hacer creer a sus rivales que el barco podía irse a pique. Aunque el marcador pueda decir lo contrario pues la diferencia fue la menor, la sensación fue que el tercer casi fue el menos casi de todos. Metiendo todo en una coctelera, entiendo el grado de frustración mostrado por los jugadores españoles después del partido y supongo que compartido por la afición. Ellos mejor que nadie saben que esta vez sí hay una parte de la derrota responsabilidad directa de un rendimiento mejorable. En anteriores ocasiones, no hubo ni un pero que poner. 

Con lamentos o sin ellos, no hay tiempo para mucha cháchara, pues esto no se ha acabado y lo que queda en juego es extremadamente importante. Son los últimos Juegos de Pau, Navarro, Felipe o Calderón. No sé, a tenor de sus declaraciones, si será la última vez que les veamos con la camiseta roja, pero por cuestiones lógicas, ninguno estará en Japón, la próxima cita del más importante torneo que se celebra, allí donde cimentaron gran parte de su leyenda. Por eso lo de Australia vale su peso no en bronce, sino en oro. Verles subirse al cajón, aunque sea en el escalón más bajo, es la última foto casi perfecta de su álbum. No va a ser fácil, pues aunque en el día más importante los australianos dieron el cante, su comportamiento en esta competición es digno de elogio.

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Solía decir Raimundo Saporta, personaje capital en la historia del baloncesto español, que era mejor quedar tercero que segundo, pues te ibas a casa después de una victoria y no de una derrota. Parece más consuelo que teoría sostenible, pues nadie cambiaría una cosa por la otra, pero en esta ocasión, el valor simbólico que tendría el que finalmente España consiguiese pillar metal hace del partido una cita de importancia capital. Esperemos que como lo ha hecho siempre, la selección esté a la altura, supere su posible malestar, recupere el aliento, las piernas y la puntería y termine una maravillosa travesía de más de tres lustros con una gran actuación que le lleve hasta el pódium olímpico. Se lo merecen de sobra.

Sobre el blog

El palomerismo es toda una filosofía de vida que se basa, como la termodinámica, en tres principios. El de la eficiencia: “Mínimo esfuerzo, máximo rendimiento”. El del aprovechamiento. “Si alguien quiere hacer tu trabajo, hacerte un regalo o invitarte a comer, dejale”. Y el de la duda: “Desconfía de los que no dudan. La certeza es el principio de la tiranía”. A partir de ahí, a divertirse, que la seriedad es algo que ahora mismo, no nos podemos permitir.

Sobre el autor

Juanma López Iturriaga

Básicamente me considero un impostor. Engañé durante 14 años haciendo creer que era un buen jugador de baloncesto y llevo más de 30 años logrando que este periódico piense que merece la pena que escriba sobre lo que me dé la gana. Canales de televisión, emisoras de radio y publicaciones varias se cuentan entre mis víctimas, he logrado convencer a muchos lectores para que comprasen mis libros y a un montón de empresas que me llaman para impartir conferencias. Sé que algún día me descubrirán, pero mientras tanto, ¡que siga la fiesta!

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