El deporte resulta excelente caldo de cultivo para producir héroes y villanos. Su ventaja ante las otras dos grandes factorías de este tipo de personajes que son los comics y la ficción escrita o representada, es que en este caso surgen de la realidad y no de la imaginación de un dibujante o un guionista. Cada uno de nosotros tenemos nuestros héroes y villanos particulares y asistimos con interés a sus aconteceres para jalearles o maldecirles. No son listas cerradas, por lo que vamos sumando con cierta regularidad nuevos nombres. Un jugador, un entrenador, un árbitro, un equipo entero, nuestros sacos de héroes y villanos son como el que llevaba Harpo Marx o el estómago de Fernando Romay, sacos sin fondo donde se mezclan propietarios, alquilados, invitados y fugaces paseantes.
El ser héroe en un saco casi te asegura tambien el ser villano en otro, pues en el deporte no hay monedas con una sola cara. Existe también algun tipo de conexión casi invisible que conecta los dos sacos y consigue que alguien pueda pasar de un lado en un suspiro, y si no que se lo pregunten a Figo. Por eso existen pocos héroes para todos y durante todo el tiempo. Quizás Nadal, una vez más inmenso este mediodía frente a uno de nuestros nuevos villanos favoritos, de nombre Djokovic. Por eso es probable que moleste tanto lo de los guiñoles franceses, porque proyectan sombras sobre el único héroe 100% héroe que tenemos. Un héroe capaz de seguir siendolo incluso cuando pierde, lo que contradice la victoria como único camino para la gloria.
También hay muchas formas de convertirse en villano. Eso sí, la que más molesta es la que viene provocada (o empujada) por las tácticas de algunos para seguir siendo héroes: apuntar hacia otro lado para salvarse ellos mismos (el Madrid tiene un auténtico profesional en su banquillo futbolero). Ejemplo Pau Gasol. La temporada pasada. Fue irritante como a sus deméritos deportivos (no jugó bien) se unieron las voces y actitudes del entrenador y algún que otro compañero que no dudaron en señalarle. Su estrategia surtió efecto y Pau se convirtió en el villano número uno, en el causante directo de la eliminación, en el tipo del que había que desprenderse. Le salvó (es un decir) la campana y ha completado una nueva temporada que seguramente acabará en unas horas. Pero el camino ya está mostrado. Y cuando vienen mal dadas, lo más fácil es apuntarle de nuevo. Manda huevos que Kobe le señale despues del cuarto partido de la semifinal de la Conferencia Oeste. Ahora va y dice que tiene que ser más agresivo en ataque. Más morro y se lo pisa. ¿Más agresivo cuando es la tercera opción de ataque de su equipo? ¿Más agresivo cuando su entrenador le hace jugar casi como guardia de la circulación desde más allá de la línea de tiros libres? ¿Más agresivo cuando Kobe prefiere jugarse un partido tirando de espaldas que dándosela a otro? ¿Más agresivo al estilo Bynum? ¿O al del descerebrado Meta World Peace? No seré yo quien diga que Pau está jugando un gran baloncesto, ni mucho menos. Y que el error en el pase robado por Durant fue decisivo y de esos que se consideran imperdonables. Pero el apuntarle con el dedo me parece una bajeza, sobre todo cuando el que apunta es tan responsable (o más) de donde se encuentran ahora los Lakers.
Pero estabamos hablando de héroes y villanos. El sábado, en la final de Champions, los sacos estaban todos revueltos y no se sabía muy bien quienes eran unos y quienes otros. Para los que nos gusta el fútbol de cierta clase, respetuoso con el balón, que busca dominar, asociar, crear y divertir, el Chelsea es el demonio personificado. Pero hay mucho amante del resultado por encima de todo, del esfuerzo solidario aunque sea para meterse todos a la vez en el área defensiva, de la lucha en solitario de un delantero como Drogba. Y luego están los seguidores del Chelsea, que son muchos, como se ha visto en las celebraciones en Londres. Y estaban Torres y Mata, que bueno, si te da igual, pues tiras un poco para casa. Y muchos del Madrid, a los que no se les ha pasado el disgusto (no me extraña, viendo el partido del sábado y el “nivelazo” de los dos equipos) ni se les ha olvidado la chulería de algunos como Neuer, el que dijo que no sabía que a Sergio Ramos le gustaba tirar los penaltis por encima de la portería. La venganza se sirve fría, y Neuer la probó alegrando con su fallo y su derrota el corazón a más de uno. O sea, que ese diablo que veíamos muchos eran ángeles para otros.
En Bilbao, mientras tanto, Prigioni terminaba su ida y vuelta entre sacos siendo causante directo de una dulce revancha para el Caja Laboral. El base argentino hace años ganó como pocos el corazón de la hinchada baskonista y aquel amor parecía no tener fín. Pero esos amores eternos no existen en deporte, y bastó recorrer 400 kilómetros para pasar de héroe a villano, de generoso a pesetero, de aplaudido a pitado. Aquello daba la impresión de no tener remedio, pero tampoco por eso existen en deporte los desafectos irremediables. Recorrió de vuelta los 400 kilómetros, comenzó tímidamente, poco a poco, a coger los mandos y ha terminado prácticamente donde empezó. Siendo el capo del equipo y contando con el cariño que sólo consiguen los hijos pródigos.
Y así podíamos seguir, hablando de unos y de otros como si fuesen unos y otros cuando en realidad son sólo unos a los que vamos poniendo disfraces según nos interese o sintamos. No, no existen ni los héroes ni los villanos. Y tampoco existe diferencia entre la ficcion y esa supuesta realidad, porque esa supuesta realidad no lo es tal y sólo existen las realidades de cada uno. Condicionadas por nuestros gustos, aficiones, simpatías, herencias emocionales, historias y leyendas escuchadas o por algo tan efímero a veces como los éxitos y los fracasos. Sólo así puede haber gente capaz de ser héroe y villano a la vez, cuando probablemente no sea ni lo uno ni lo otro. !Vaya chasco!
Postada.- Hoy se despide para siempre el Doctor House con la emisión en EE UU del último capítulo de la octava y terminal temporada. House es toda una metáfora de esta dualidad en las que nos movemos. En la imposibilidad de la pureza absoluta. En la inutilidad de las etiquetas sin matices. A pesar de sus altibajos, le echaré de menos. A Hugh Laurie y a muchos diálogos extremadamente inteligentes.

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Villa se autodescarta. Llorente es seguro. Torres, Adrián, S...
Bien por tu defensa cargada de razón de Pau, más allá de la ...
está...
Por eso decia que Villa o Adrián. Si esta bien Villa, Villa....
Por el botxo ya se comienza a preparar la final. http://www...
Mis villanos favoritos: Isiah Thomas, Joe Dumars, Adrian Dan...
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