40 Aniversario

El Palomero

Pues habrá que tomarse unas vacaciones ¿no?

Por: Juanma Iturriaga

04 jul 2016

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Pues sí, parece que es el momento adecuado. Hace un calor que te quita las ganas de teclear y si echas un vistazo al panorama competitivo de este mes de julio, pues hombre, tampoco es para tirar cohetes. Salvo el Tour de Francia, pero ¿existe acaso un acontecimiento deportivo que se adapte mejor a las vacaciones? ¿no son un deleite para el cuerpo, la mente y el ánimo esas siestas donde tu consciencia va yendo y viniendo mientras Contador y compañía se pelean por esas montañas francesas? Pues eso, vacaciones y Tour de Francia. Planazo.

Alguno podría pensar, ¿y la Eurocopa, a la que le queda una semana?. Y yo le podría contestar ¿estás de broma? ¡Menudo puro! La verdad es que el fútbol tiene mucha suerte, en el sentido que mientras a otras especialidades deportivas se les exige unas cuantas condiciones para ser seguidas (espectáculo, emoción, talento, que sea fácil de comprender, que haya españoles para poder identificarnos etc) la capacidad del personal de tragarse partido tras partido de fútbol, casi juegue quien juegue, y aunque sean un rollazo, es realmente destacable. Hace una eternidad que no vemos un Mundial o una Eurocopa que permanezca en nuestra memoria más allá de lo que haya hecho nuestra selección. Lo entiendo por un lado, pues el enganche emocional del fútbol en la mayoría de los países del mundo es descomunal y la maquinaria propagandística abrasadora. El producto, en términos de marketing, es cada vez más impecable. Y lo será durante muchos años, pues lo mismo que en España la corrupción no paga peaje, la calidad del fútbol cada vez interviene menos en la ecuación del seguimiento (¿comparación cogida por los pelos? quizás, pero es que el tema tiene coj….). Que se juegue mejor o peor da igual, pues siempre habrá un ganador y un perdedor, bastará con un par de jugadas buenas que serán viralizadas hasta la extenuación,de vez en cuando, surgirán historias como la de Islandia, que consigue engancharte un poco, habrá una megaestrella dispuesta a comentar o sacarse una foto en calzoncillos, un árbitro que meta la pata para alimentar miles de tertulias o un presidente denunciando una campaña en contra de su club. El circo goza de excelente salud, pero casi todo esto tiene poco o nada que ver con el juego, por lo que para los sólo nos interesa lo que ocurre durante los partidos, las posibilidades de muerte por aburrimiento crecen año tras año, Mundial tras Mundial, Eurocopa tras Eurocopa.

Hala, ya me he despachado a gusto.

En julio tendremos también la ración mensual de lamentos de Fernando Alonso, pero creo que podré vivir sin ellos. ¿Wimbledon? Nadal lesionado, Djokovic y Garbiñe eliminados… (mantendré un ojo entreabierto ahora que a Federer tiene un huequito para volver a triunfar). ¿Motos? Eso hasta septiembre no se calienta de verdad. ¿La ruta ÑBA? Esa me la sé ya de memoria. ¿La lluvia de millones que está cayendo sobre muchos jugadores de la NBA, algunos de ellos no valiendo ni la mitad de lo que cuestan? La ley de la oferta y la demanda, que no tiene por qué tener relación con la justicia (y así nos va). ¿Lo de Casillas y Del Bosque? Ninguno se mereNada, no hay tema que dure más de un par de líneas. 

Por eso está claro que es el momento de la desconexión. En agosto llegan los Juegos y va a ser un sinvivir por lo que me despido hasta entonces. Que paséis el mejor mes de Julio posible.

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Así compite el Madrid

Por: Juanma Iturriaga

23 jun 2016

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El deporte no es una ciencia exacta, pues nada te asegura el éxito. Afortunadamente. Puedes hacerlo muy bien y terminar en la lona de la misma manera que en otras ocasiones y con rendimientos menos lucidos, alcanzar tus objetivos. En un momento puntual, la diferencia entre las risas y los llantos puede quedar depositada en un lanzamiento, un balón que escupe el aro, tropieza en un poste o termina besando las redes. Ahora bien, siendo imposible cualquier ecuación que garantice los títulos, también es comprobable que existen algunos caminos por los que las posibilidades de tocar cima se acrecientan.

Para distinguir la casualidad de la consecuencia, la prueba del algodón es la continuidad. A lo largo de la historia ha habido campeones producto de un trabajo bien hecho pero también otros más ocasionales, que basaron sus triunfos en conjunciones planetarias puntuales. Lo difícil no es llegar sino mantenerse, por eso estos últimos aparecieron para seguidamente no saber de ellos en un tiempo. En cambio, los primeros, para los que el triunfo no es un fin sino una consecuencia, suelen llegar para quedarse un rato.

El Madrid es de nuevo campeón de liga y ha completado un lustro, coincidente con la llegada de Pablo Laso al banquillo, donde la cosecha ha sido tal que para encontrar algo parecido en la casa blanca hay que remontarse a cuando Internet era cosa de películas de ciencia ficción. En estos cinco años ha habido de todo. En el primero se empezó a construir el edificio poco a poco. Se intuyeron ideas e intenciones y del pesimismo almacenado en años y años de decepciones se pasó a ver la luz al final del túnel. El saldo en títulos fue escaso, una Copa del Rey, pero el ambiente había cambiado por completo. En el segundo dio un paso más hacia delante, apuntalando su estilo e incorporando jugadores acordes con la filosofía que se quería imponer. Resultados, final de la Euroliga y primer título de Liga.

En el tercer curso de la era Laso se tocó el cielo en cuanto a juego. El Palacio de los Deportes se convirtió en un parque de atracciones donde cada partido era una fiesta. Pocas veces antes un equipo había llegado a combinar de una manera tan atractiva estética, velocidad y eficacia. Las victorias iban cayendo una a una hasta batir records. Pero llegó la final de la Euroliga después de apabullar al Barcelona en semifinales y el Maccabi le dio un portazo en todas narices. El daño fue descomunal, tan grande que dejó al equipo sonado para los restos, que fueron que el Barça se hiciese con la liga. Llegamos al año 4, y todo encaja a la perfección. El juego, los fichajes, el ánimo y las victorias. Se gana cuando se tiene que ganar, el equipo llega fresco a los momentos álgidos de la temporada y uno por uno aterrizan en el salón a Madrid todos los títulos posibles, incluido la ansiada Euroliga. En la quinta temporada, desde el principio el Madrid va con el agua al cuello, lo que no le permite tomarse ni un respiro. La Euroliga es una agonía constante y aunque se reivindica en la Copa, no alcanza ni siquiera la Final a Cuatro. Esta vez el varapalo no pasa de ser lógico y el equipo se rearma una vez más para pasar como un ciclón por los playoffs y entonar de nuevo lo de Campeones, Campeones.

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Expuestos los datos, vayamos con las conclusiones. Y la más importante es que por encima de que en unos años la recogida de galardones haya sido mayor que en otros, que en determinados momentos se haya jugado mejor o menos bien, lo que sí ha hecho el Madrid siempre ha sido competir de forma extraordinaria. Y para ello ha tenido que construir, pulir, restaurar y completar para no perder nunca nervio competitivo. Eso sí, siempre sin renunciar a aquellas ideas que se empezaron a poner en práctica hace cinco años. Entonces se apostó por un determinado estilo de juego, españolizar en todo lo posible al equipo, divertir al público a partir del divertimento de los propios jugadores, recuperar la irreductibilidad que ha anidado siempre en el ADN de este club. Ideas, paciencia, mejora, colmillo.

Hasta el comienzo de esta nueva era, la historia de la sección del Real Madrid era una sucesión de chispazos. Se ganó una Liga con Maljkovic, otra con Scariolo, otra con Plaza…. Pero se apagaban rápidamente. La gran lección del Madrid dirigido por Juan Carlos Sánchez y Alberto Herreros en los despachos y Pablo Laso en el banquillo es que cuando las cosas están bien hechas, cuando detrás de las decisiones no hay caprichos ni ventoleras sino coherencia, cuando se comprende que la derrota no es una enmienda a la totalidad y la victoria tampoco lo valida todo, cuando se asume que Zamora no se ganó en una hora, el resultado suele tener una solidez y vigencia que va más allá de un éxito puntual. Estos últimos cinco años pueden dar fe de ello.

Algo más que un empate a uno

Por: Juanma Iturriaga

19 jun 2016

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Empecemos con los datos. El Barcelona venció por 100-99 en el primer acto de la final de la Liga Endesa. Fue un partido espectacular, impecable, donde por encima de afinidades, disfrutamos como niños de ese tipo de baloncesto que a todos gusta. Bueno, salvo a aquellos que piensan que una canasta siempre es un error del defensor y no un acierto del atacante. El Madrid lo tuvo en la mano, pero se lo robó Perperoglou cuando ya paladeaban recuperar la ventaja de cambio a la primera oportunidad. 48 horas después, no hubo emoción ni dramatismo. El Madrid, desde el salto inicial, fue un martillo pilón que no dejó casi en ningún momento de machacar la canasta y la moral del Barça. Cuando todavía faltaba algún espectador del Palau en llegar a su asiento, la diferencia era ya respetable, y a cada intento de reacción azulgrana, el Madrid respondía con un par de mandobles tipo “ni se os pase por la cabeza que vais a poder remontar”. Total, 20 puntos de diferencia y la serie empatada de vuelta a Madrid.

¿Empatada? No del todo. Primero porque ahora los chicos de Pablo Laso tienen ventaja al poder cerrar el playoff a favor de ambiente. Y más allá de esto, porque sospecho que la ascendencia sicológica está su lado. En la extensa previa que dedicó Movistar + antes del segundo partido, pudimos escuchar a unos cuantos protagonistas de ambos equipos. Y curiosamente (creo que lo comentaron y coincido plenamente) a pesar de haber logrado la primera victoria, los azulgranas parecían más preocupados que los madridistas, que eran los que estaban obligados a una victoria si querían seguir vivos. Con lo que decían y cómo lo decían, daba la sensación de que a pesar de haber salvado una situación muy, pero que muy complicada, el Madrid les había metido el miedo en el cuerpo, dejando claro que iban a necesitar más de lo que habían dado para aguantar las embestidas de una maquinaria ofensiva en estado de máxima fluidez y acierto. Algo menos de dos horas después, los temores mostrados se confirmaron. El Madrid volvió a irse a noventa puntos y esta vez no hubo respuesta.

Dado que las cosas en una serie como esta pueden cambiar de un día para otro y lo que podamos escribir un domingo o un lunes por la mañana corre el peligro de venirse abajo un lunes por la noche, cualquier opinión resulta arriesgada, por lo que sólo se puede hablar de sensaciones, de tendencias, válidas hasta que no se demuestre lo contrario. Y la de esta serie es que el Madrid tiene la sartén por el mango del juego, algo casi tan importante como lo que puedan decir los resultados. Tanto el miércoles como el viernes, los partidos han ido por caminos más deseados por los blancos que por los blaugranas. No dudo que estos son capaces de jugar de muchas formas, pero no tengo tan claro que puedan aguantar tempos de juego muy altos durante mucho tiempo. Por lo que preveo que su respuesta a la derrota en el segundo partido va a ir más por intentar enfriar un poco el ritmo que por seguir jugando a altas revoluciones.

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El baloncesto es un juego de equipo, pero existen cuestiones individuales que lo condicionan. Y el Barcelona no ha solucionado todavía el factor Carroll, una de las claves de esta final. El norteamericano está de dulce y ya no es sólo lo que produce, sino que la atención que el Barça está obligado a dedicarle si no quiere que le acribille, está posibilitando la apertura de espacios donde otros se benefician. Si a esto sumamos que el volcán Llull anda en erupción, Ayón de MVP, Rudy a rachas pero qué rachas y un buen tono general, la ecuación defensiva culé no ha tenido por ahora solución. Y eso que Sergio Rodríguez no esta teniendo el protagonismo habitual.

En un playoff largo, se dice que son los perdedores los obligados a mover ficha. Lo hizo el Madrid en el segundo, manteniendo lo que había hecho bien en el primero (un ataque demoledor) y mejorando su eficacia defensiva, rebotes, intimidación y defensa de los pick and roll. Para el tercero el Barça deberá hacer algo distinto, recuperar una iniciativa que a unas cuantas horas de un partido crucial, parece en manos del Real Madrid.

Cuando termine el encuentro, pues una de dos. O bien tiramos todo lo dicho anteriormente a la basura, o entonamos un “ya lo había avisado”. Pase lo que pase, seguirá quedando trecho que recorrer y serie que disfrutar.

Mientras tanto, en EEUU.....

 

 

Sobre el blog

El palomerismo es toda una filosofía de vida que se basa, como la termodinámica, en tres principios. El de la eficiencia: “Mínimo esfuerzo, máximo rendimiento”. El del aprovechamiento. “Si alguien quiere hacer tu trabajo, hacerte un regalo o invitarte a comer, dejale”. Y el de la duda: “Desconfía de los que no dudan. La certeza es el principio de la tiranía”. A partir de ahí, a divertirse, que la seriedad es algo que ahora mismo, no nos podemos permitir.

Sobre el autor

Juanma López Iturriaga

Básicamente me considero un impostor. Engañé durante 14 años haciendo creer que era un buen jugador de baloncesto y llevo más de 30 años logrando que este periódico piense que merece la pena que escriba sobre lo que me dé la gana. Canales de televisión, emisoras de radio y publicaciones varias se cuentan entre mis víctimas, he logrado convencer a muchos lectores para que comprasen mis libros y a un montón de empresas que me llaman para impartir conferencias. Sé que algún día me descubrirán, pero mientras tanto, ¡que siga la fiesta!

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