Cinco reflexiones para cerrar la Final Four

Por: | 14 de mayo de 2013

1368385894_956802_1368395173_album_normal


El asalto a la Euroliga terminó malamente y nuestros dos aspirantes se volvieron de vacío. Con algo más de reposo y recuperado de la noche londinense, que tiene mucho peligro, cerremos el tema con cinco reflexiones cinco, de la ganadería palomero.  

Ganó el mejor. Ya he comentado en más de una ocasión que el sistema de competición de la Euroliga no me parece el más justo. Después de tropecientos partidos y un playoff a cinco, liquidas la competición en un fin de semana con dos cara o cruz. Por eso no sé si en otro modelo, el de NBA o Liga Endesa, por ejemplo, el final hubiese sido el mismo. Pero lo que no tengo ni la más mínima duda es que en Londres, el Olympiakos ha sido el mejor de largo. Laminó hasta la exasperación al supuestamente poderoso CSKA, que vivió un infierno de principio a fin, y más allá del primer cuarto, dominó desde entonces y con claridad al Real Madrid. Sospecho que hemos pecado un poco de cierta infravaloración del equipo griego. Yo el primero, pues le daba por perdedor ya en la semifinal. Aunque estábamos hablando del vigente campeón, parecía que esto había sido obra de un milagro, el de la final de la temporada pasada, y los milagros se dan de pascuas a ramos. Su trayectoria este curso tampoco dio como para tenerle miedo y las pasó canutas ante el Efes en cuartos, que tampoco es el Efes un rival que de para tanto. Pero puede que se nos olvidase que en este tipo de competiciones, los griegos se mueven como pez en el agua. No es la primera vez que llegan con la lengua fuera a la final a cuatro y terminan llevándosela a casa. Jugando en la agonía del ser o no ser en cuarenta minutos se manejan a la perfección y tampoco les falta juego. Su nomina de jugadores expertos y baqueteados es larga, tienen físico, profundidad de banquillo, ideas muy claras y juego muy coral. Con ellos enfrente los partidos se hacen muy largos y no pierden la compostura nunca. Si encima les sale un día donde las meten hasta de espaldas, pues apaga y vámonos. Habitualmente no soy muy fan del Olympiakos, pero en esta ocasión me tengo que quitar el sombrero. 

1368385894_956802_1368388891_album_normal

Hombres contra niños (dicho con todo el respeto hacia el Real Madrid). Hubo un momento durante la final que me vino una imagen peliculera a la cabeza. La de ese grupo de adolescentes americanos que salen de fiesta y de repente y por una equivocación terminan en un tugurio lleno de hombres de pelo en pecho, marineros con varias vueltas al mundo a cuestas, gente de mal vivir, mucho humo, un pianista al que nadie le hace caso y siempre una pelea a punto de empezar. Mirabas la cara y la pinta de gente como Antic, Printezis o incluso Spanoulis y luego a los jóvenes y angelicales madridistas, y hasta pasabas miedo por ellos. Estoy exagerando, claro, pero sí que el partido transmitió, una vez se difuminó el subidón madridista inicial, que allí había una clara desventaja en veteranía, madurez y saber estar, cuestiones básicas en este tipo de partidos. Luego estaba también el juego, claro, donde al Madrid también se le echaron cosas en falta. Ese pivot duro, roqueño, intimidador, sobre el que puedes hacer girar el juego pues no sólo asusta sino que le buscas para darle el balón con la confianza que sabrá qué hacer con él. Ese pivot que lleva buscando hace años el Madrid y que no lo encuentra. U otro Carroll más parecido al habitual y no al que se le ha encasquillado la metralleta en el peor momento posible. Tampoco hubiese venido mal un mejor equilibrio entre el juego interior y exterior que no deje al equipo demasiado a expensas de porcentaje en triples. Cuando te meten 100 puntos en un partido, es difícil hablar de eficacia defensiva y tampoco fue un buen día para los dos Sergios e incluso Rudy, cuyos números estuvieron por encima de su incidencia.  Pero aun contando con estos peros, el partido me dejó la sensación que lo había ganado Olympiakos más que haberlo perdido el Madrid. No es que consuele mucho, pero sí un poco. Mayor alivio produce el pensar que el Madrid tiene un futuro que invita al optimismo, con un equipo joven, un entrenador competente y un estilo que gusta y además funciona. Este es el mejor antídoto con la decepción. Habrá más oportunidades y llegará el momento donde meterse en el garito de la gente peligrosa no producirá ninguna inquietud. 

117996-944-550

Menos consuelo para el Barcelona. “No es mi trabajo pero sí, creo que debemos reforzar el equipo”. El que ha dicho esto no es uno cualquiera, sino Juan Carlos Navarro, santo y seña del Barcelona. No le falta razón, pues su equipo se quedó muy corto en la gran cita. No sabemos qué hubiese ocurrido si hubiese podido contar con Mickael y Jawai, pero eso entra dentro del siempre resbaladizo terreno de las suposiciones. El caso es que en el momento cumbre, los azulgranas se quedaron muy lejos del equipo que hasta cuartos de final dominó la competición con claridad. Demasiado dependientes de Navarro y Tomic, con Lorbek fuera de foco, Marcelinho sin encontrar el punto ideal de cocción y poco aporte de la segunda unidad, dio la impresión que para el futuro necesita algo más que un repaso de chapa y pintura. Le falto pujanza física y también juego, a mitad de camino entre veteranos con problemas y jóvenes que todavía no han dado el salto competitivo. Llegan ahora los playoffs y no hay mucho tiempo para la reflexión o arreglos milagrosos, por lo que tendrán que tirar con lo que tienen. Que tampoco es poco, ni mucho menos. El Barça ya ha demostrado su capacidad para sobrevivir, pero ni siquiera un éxito en la Liga parece que debería evitar una renovación de cierto calado. 

Giorgi-shermadini-olympiacos-piraeus-final-four-london-2013

El arbitraje. Distando mucho de ser una excusa, tengo serias dudas de si la permisividad arbitral que se ha visto durante todo el fin de semana favorece un juego más vistoso y generoso con el espectador, al menos para los no amantes de la lucha libre. Se permitió todo o casi todo y ese baremo siempre favorece a aquellos que juegan al límite de lo permitido. En este caso, por ejemplo, a la defensa griega. Insisto que no es una excusa para justificar nada, pues ni rusos ni madridistas perdieron por ello (el Madrid hizo 88 puntos, lo habitual) pero tanto mandoble favorece más a los expertos en destrucción que a los amantes de la construcción. Viendo por ejemplo la primera semifinal, reflexionaba sobre el atractivo que puede tener un partido así para el aficionado menos entendido o menos comprometido emocionalmente con alguno de los dos equipos. El baloncesto europeo tiene problemas de captación de seguidores y creo sinceramente que se debería proteger más a aquellos que son capaces de generar elementos que se asocian con el atractivo del juego. Sí, ya sé que una defensa puede tener su belleza, pero no acabo de ver los beneficios de permitir que un partido de baloncesto se convierta en un intercambio de leñazos. 

Asdlsdfkljaoabspan

El puto amo. Me cuesta recordar otra competición donde un jugador haya mandado tanto, tan bien y de forma tan decisiva. Lo de Spanoulis fue de traca y su MVP, incuestionable como pocas otras veces. Se jugó como él quiso, machacó el aro cuando había que hacerlo y dominó el escenario como si fuese Mick Jagger en un concierto de los Rolling Stones. Ya en la última etapa de su carrera, la cabeza le funciona mejor que nunca mientras el físico y sobre todo su muñeca, no le ha abandonado ni mucho menos. Fue un director de orquesta perfecto, pero además de dirigir con su batuta a sus compañeros, cuando era necesario la cambiaba por un martillo pilón para dejar temblando a sus rivales con sus triples. Fue principio y también final de un equipo armonioso que puede presumir que su jugador referencia siempre está de guardia.  Menudo crack. 

Pues eso, dicho esto, cerremos la tienda europea y a otra cosa mariposa. Ya no va a haber ni novena ni tercera pero la vida sigue. Como lo hecho, hecho está, sólo queda por desear que  se cumpla esa máxima que reza que de las derrotas se aprende más que de las victorias. Negadas estas, que el análisis traiga soluciones para que en doce meses, los resultados sean otros.

Ah, Antes de que se me olvide, si vais a Londres, os recomiendo The Box. Uffffff.  

 

Los extremos se tocan en la final

Por: | 12 de mayo de 2013

Images-1

Desde que el Madrid encontró su camino hace poco más de año y medio y poco a poco fue limando diferencias frente al Barcelona hasta el partido del viernes -no digo suponga un cambio de ciclo, pero sí al menos un cambio de tendencia, pues el Madrid ha pasado a ser la referencia, la vara de sobre la que medirte que antes el Barcelona- uno de los puntos clásicos de análisis se ha centrado en los muy diferentes estilos que poseen ambos equipos, lo que suele derivar hacia el control del ritmo de juego como una de las claves de sus enfrentamientos. En la semifinal los beneficios y penitencias que sufrían los dos cada vez que era el rival el que marcaba el tempo fueron más evidentes que nunca. Los cuartos impares, dominados por el Barcelona, se jugaron bajo un férreo control azulgrana, dispuesto a todo para evitar que el partido cogiese fluidez. Los pares, con la presencia de Sergio Rodríguez, se disputaron a otra velocidad, a un ritmo mucho más alto y reportaron enormes dividendos a los madridistas. El más importante, la victoria final.

Bueno, pues esta disparidad a la hora de jugar y entender el baloncesto da una nueva vuelta de tuerca en la final. Si la distancia que separa los modos y maneras de actuar entre Madrid y Barça es grande, la que tienen Madrid y Olympiakos casi podemos decir que se convierte en sideral. Donde uno busca el ritmo, el otro la pausa, mientras uno persigue los espacios abiertos, el otro es un provocador de claustrofobias, si a uno un buen tiro le vale siempre, sea el momento que sea, el otro sólo entiende el ataque a la canasta cuando la reglamentación no le permite ya más posesión de pelota, si el Madrid necesita encontrar el placer en el juego para dar lo mejor de sí mismo, al Olympiakos sólo le interesa el marcador, no atiende a disfrutes de ningún tipo y tampoco entiende un partido sin convertirlo en una batalla de desgaste sicológico donde el pasarlo bien siempre queda para después. Por si todo esto no fuera suficiente, el Madrid es joven y hace 18 años que no juega esta final mientras el Olympiakos pinta canas, es el actual campeón y sus riendas las marca un veterano de mil guerras como es Spanouli. Vamos, que los dos equipos se parecen en el blanco de los ojos y poco más.

Images

Eso sí, nadie se va a poder sentir ni engañado ni sorprendido. Los dos idearios son irrenunciables y ahí están las semifinales para confirmarlos. El Olympiakos le metió una paliza al CSKA a base de una defensa ya de por sí agresiva y que con la permisividad arbitral que parece reinar en esta Final Four le permite llevarla a terrenos de garrotazo y tente tieso, lo que le terminó por desquiciar a los fortachones rusos. Y en ataque, el que tire a menos de 20 segundos de posesión y sin el permiso de Spanoulis, se la carga. Total, partido trabado, si es a 60 puntos mejor que 70, sin ni una sola concesión a la galería ni un motivo de satisfacción salvo para sus incondicionales aficionados. Baloncesto nada sugerente, que no invita a pasar un segundo más de lo necesario delante del televisor, pero que para desgracia del pasado reciente, presente y futuro de este deporte, es eficaz y gana títulos.

Images-2

Difícil papeleta para el Madrid, lo que tampoco es motivo de extrañeza pues estamos hablando de la gran final. Va a tener enfrente un equipo experto, duro y bragado, con una capacidad de destrucción muy difícil de salvar y un excelente manejo del partido sicológico que te lleva al diván en cuanto te despistas un poco. Encima se anuncia la llegada de unos miles de aficionados griegos más a sumar a los que ya pululan por aquí, por lo que la superioridad en las gradas va a ser grande. Por ello el Madrid necesitará constancia, paciencia, temple, ideas claras y habilidad para lograr al menos en determinados momentos zafarse de la camisa de fuerza a la que le someterá el equipo griego. Pero tiene el suficiente talento, fortaleza, variedad de recursos tácticos y humanos y una moral multiplicada después de superar el síndrome azulgrana como para ser optimistas. La novena espera. Que llegue ya.

 

Londres. Instrucciones de uso

Por: | 09 de mayo de 2013

O2-arena-in-london
Vista nocturna del O2

Este blog tiene, como bien sabéis, vocación de servicio público. Por eso y dado que este fin de semana va a producirse un desembarco de madridistas y culés en Londres por la Final Four, pues me veo casi obligado a dar una serie de instrucciones para que vuestro viaje sea lo más agradable posible. Eso sí, no puedo hacer nada para que vuestro equipo gane, por lo que me ceñiré a cuestiones de intendencia, conocimientos generales y alguna que otra recomendación. Vamos allá. 

Unknown

1. Los ingleses no son como nosotros. No comulgan con el euro, prefieren las millas a los kilómetros, conducen por la izquierda, los enchufes de electricidad son endiablados (llevar adaptador) tienen cariño a Mourinho y su concepto de estar moreno es lucir el color de una gamba roja. Aunque os entren ganas de hacer apostolado y que entren en razón, ni lo intentéis. Es un caso perdido. 

2. El baloncesto les interesa entre poco y nada. Por eso no les habléis de Navarro, Lorbek, Rudy o Llull, porque ellos te saldrán con Ronaldo, Messi, Iniesta o Xabi Alonso. En el fondo son muy suyos y como el baloncesto lo inventaron en Estados Unidos y no en Inglaterra, como ocurrió con el fútbol, pues no le hacen ni caso. Allá ellos.

3. A la hora de llenar el buche, ten en cuenta los horarios. Allí no se come entre las dos y las tres, ni se cena entre diez y once. Ya, ya sé que las doce de la mañana no es ni siquiera la hora del aperitivo, y a las seis de la tarde el cuerpo te pide más un gintonic que una ensalada con pepino, pero vuelvo a lo mismo. Son muy cabezotas y no les vamos a cambiar en un fin de semana. Tampoco tengas grandes esperanzas culinarias. Salvo que quieras donar un riñón, comer es más cuestión de supervivencia que de placer. 

4. Contraataque. Si por lo que sea un inglés se pone a darte la brasa con su historia, su música, los reyes legendarios, la batalla de Trafalgar, Gibraltar y cosas así, te dejo un dato para que contraataques. Según una encuesta reciente, España ocupa el noveno lugar en los países donde más se hace el amor, e Inglaterra es el cuarto por la cola (y nunca mejor dicho). Hasta ahora siempre habíamos creído que los ingleses vienen a España por el sol. ¡Que equivocación! Vamos, que lo tienes crudo este fin de semana para comerte una rosca, salvo que la lleves desde aquí. 

Taxi1

5. Precios. Prácticamente todo en Londres es caro. Los hoteles, la comida, las compras, y sobre todo, por comparación, el transporte público. Tren, metro, autobuses, todo. Tanto que muchas veces te sale a cuenta ir en taxi como un señor. Por cierto, ¡como molan los taxis! No sabéis lo que agradecemos los altos ir en esos cacharros. 

6. Trabajo previo. Procura evitar pasarte los tres días preguntando “¿qué hora será en España? y haciéndote un lío con que si es una hora más o una hora menos. ES UNA HORA MÁS. Repítelo unas cien veces hasta que se te quede. De igual forma, una libra es más o menos 1,2 euros. Practica esta multiplicación y deja de dar la brasa con ¿esto cuanto es en euros?

Turistas-ingleses

7. No es necesario ir montando el número por la calle, ni cantar a la menor oportunidad, ni mucho menos insultar a los que veas con la bufanda del equipo rival. Y sobre todo, !no te quites las camiseta!". Recuerda siempre lo que sientes cuando ves en la tele las imágenes de los aficionados ingleses o alemanes cuando vienen a España. ¿Vas a querer ser tú como estos de la foto?

8. Advertencia cultural. En Londres, además de bares y restaurantes, hay también museos. 

9. Advertencia económica. No te dejes llevar por las ganas de llamar a todos tus amigos que no han podido ir para recordarles que tú si estás en Londres. Al final provocar envidia te puede salir caro. Desactiva el 3G y la transferencia de datos nada más llegar a Londres, salvo que tengas un plan ad hoc, pues nuestras queridas compañías telefónicas, a la que te descuidas, te meten unos viajes que para qué. Busca una wifi gratuita y bombardea a tu gente con fotos en Feisbul (Rajoy dixit) o Twitter. 

DSC_0604

10. No es absolutamente necesario, repito, no es absolutamente necesario ir al Palacio de Buckingham, ni tampoco sacarte una foto con un Bobby. Es más, incluso lo desaconsejo, pues va a estar lleno de gente que no me va a hacer caso a esta recomendación. Y olvidaros de subiros en la noria si no estáis dispuestos a pasar una hora o más en la cola. Por cierto, en general, los ingleses suelen ser muy respetuosos con las colas. O sea, que no vayas de listo hispánico y respétalas tu también. 

11. No te deprimas cuando compruebes que tu inglés es algo más macarrónico de lo que pensabas, pues no logras ni entender ni hacerte entender con los nativos. Recuerda entonces a gente como Robinson o Arlauckas, que veinte años después de establecerse en España, todavía a veces no se les entiende. Si esto no es suficiente, piensa en la mayoría de nuestros políticos, empezando por el gran Aznar, el rey del acento. ¡Fuera complejos!. Sigue intentándolo. 

12. Tristeza la justa. En el caso que tu equipo pierda la semifinal, que el mosqueo no te dure más allá de la segunda copa. Estás en Londres, te quedan dos días para disfrutar de una magnífica ciudad y antes de que te des cuenta estarás en otra Final Four. Eso sí, procura no cruzarte mucho con aficionados del equipo ganador, pues no creo que sean capaces de reprimir una mirada, una sonrisita o algún comentario no precisamente de ánimo. No lo tomes a mal. Seguramente tú harías lo mismo. 

The-simpsons-abbey-road

13. Mitmanía. Si eres beatlemaníaco y tienes pensado irte al paso de cebra de Abbey Road a sacarte una foto cruzándolo (superoriginal, por cierto) ten en cuenta que en Londres hay ¡20! calles llamadas Abbey Road. Asegúrate que es la correcta. Y tampoco te hagas ilusiones y ahorrate la visita a Nothing Hill con la esperanza de encontrarte con Julia Roberts. ¡Era una película!.

14. Mala suerte. Completamos el número mágico de 14, llevado por grandes deportistas de la historia, con algo que os sorprenderá. Este fin de semana va a llover en Londres. Es raro, pues como sabéis el clima de la City suele ser radiante, sólo comparable al de Santiago de Compostela, pero en esto vamos a tener mala suerte. Por eso no olvidéis llevaros ropa de lluvia y teclear en google “cosas que se pueden hacer en Londres cuando llueve”. 

Termino con una frase que solía decir mi madre después de alertarme de ciertos peligros y darme recomendaciones para mis viajes. “Luego no digas que no te he avisado”. 

 

Postata.- ¿Y el partido? Pues es entre lo que he dicho en la entrevista digital de esta mañana y el artículo que se ha publicado hoy en el Pais, pues poco más queda por decir. Al menos hasta que llegue a Londres y vea como está el ambiente.  

 

El Palomero

Sobre el blog

Palomero: Según la RAE, persona aficionada a la cría de palomas. En el mundo del baloncesto tiene otra significación. Sirve para apodar al personaje ese de la foto. El que se hace el inteligente poniendo la manita como si estuviese pensando.
www.juanmaiturriaga.net

Sobre el autor

Juanma Iturriaga

es un todoterreno de los medios. Tras una brillante carrera deportiva, colabora en prensa, radio y televisión. Artista renacentista, polifacético y multidisciplinar, ve la vida de forma optimista desde su 1,95 de altura. No le gusta la gente pesimista ni dogmática. Tiene más de 50 años pero no los aparenta.

¡Pregunta!

Pregunta al palomero

TWITTER

El palomero

Facebook

Últimos comentarios

Buscar

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal